Curtis73
Rango5 Nivel 21 (507 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

El amante espacial

Rubén Mesías Cornejo

Ephila conoció a Zoltan, allá arriba en una zona de esparcimiento selenita. Hicieron el amor con suprema pasión, y ella quedó tan fascinada con su vigor amatorio que pactaron volverse a encontrar para cuando ella necesitara la atención de un amante tan excepcional.

Sin embargo, cuando Ephila retornó a la Tierra no pudo evitar que el recuerdo de Zoltan se impusiera sobre todo lo que hacía, y su actitud hacia el resto de hombres cambio, y casi sin darse cuenta, empezó a darle la espalda a todos los contactos que tenía a través de la Red, pese a saber que su perfil resultaba atractivo para todos los machos que buscaban a alguien como ella.

Su actitud generó una ola de despecho entre sus admiradores más fervientes, y en un arranque de ira todos juraron olvidar la existencia de aquella mujer que se había vuelto tan esquiva. Y desertaron masivamente de su lista de contactos.

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Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Un relato divergente. Sígalo a ver dónde nos lleva.


#2

Y la soledad invadió la vida de Ephila como nunca antes lo había hecho. Necesitaba de alguien a quien mostrarle el cuerpo voluptuoso que ostentaba, pese a tener cinco décadas de vida encima, y también contarle sobre las pequeñas cosas que dotaban de sentido a su existencia.

Pero ahora no había nadie al otro lado, y eso era tan horrible como una pesadilla cualquiera; entonces se acordó del cubo que Zoltan le había regalado cuando se despidieron allá en la Luna.

Ephila extrajó el cubo de su bolso, y empezó a tocar, con las yemas de sus dedos, las facetas que conformaban la superficie del artefacto como si estuviera digitando un mensaje sobre el teclado de una computadora. Repitió la operación una y otra vez hasta que las frases que componían aquel secreto conjuro partieron al espacio como invocando la presencia de aquel experto amante.

Y Zoltan acudió la cita franqueando realmente distancias siderales. Ahí estaba aquel magnifico macho sonriente y desnudo, de cuerpo atlético y verga erecta, dispuesto a darle todo el placer que ella quisiera, pues para eso lo había invocado.

Apenas lo vió, Ephila sintió que la esencia de mujer afloraba como la lava de un volcán en erupción, y se abalanzó sobre aquel cuerpo radiante y desnudo para que pudiera poseerla inmediatamente.

Zoltan la desnudó con habilidad y premura, en seguida ambos cuerpos se acoplaron como una sola carne , y cayeron sobre el suelo insonorizado del departamento, poseídos por el gozo que les provocaba repetir aquel supremo placer que habían compartido allá en la Luna.

Y así continuaron, hasta que ella perdió la conciencia y pareció quedarse dormida entre los musculosos brazos de su amante que, en ese momento, dejó de serlo para convertirse en una bestia alienígena que no tardó mucho tiempo en digerir la carne de la infeliz mujer que había caído en su ardid.

FIN

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