Urgeundiario
Rango8 Nivel 38 (2823 ptos) | Poeta maldito
#1
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Creo que ha pasado un mes desde que se fue, quizá más o menos. Lo que menos me importa ahora es estar al pendiente del calendario. Cuando se vaya este hueco en mi estómago y en mi corazón es cuando me daré cuenta que han transcurrido años. Tomo mi celular y reviso mis mensajes. Ni uno solo, desde ese día desapareció por completo. La palabra desaparecer aun me causa dolor. Tiro el celular lo más lejos que puedo y me acuesto en la cama. Debo dejar de llorar, pero realmente no puedo hacerlo. Los ojos son incontrolables, tan solo recordar su nombre hace que comience a llorar. Abrazo mi almohada y dejo que las lágrimas corran. Y como cada tarde vuelvo a recordar ese día, ese dialogo que he repetido tantas veces en mi mente que creo que lo he memorizado por completo.

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#2

El día era perfecto, inicios de verano así que el calor apenas estaba en su punto donde te hace radiar. Sentirte viva. Tomé mi vestido rosa, ese que tanto le gusta y fui a cambiarme. Ya era bastante tarde, recuerdo que hubiera llegado puntual si mi madre me hubiera despertado. Pero en ese tiempo, ella estaba muy rara, todos en casa lo estaban. Apenas y los veía, apenas y me hablaban. Me arregle para él y salí corriendo de mi habitación, pase por la sala y alcance a decir un, ¡adiós mama! cuando ya estaba abriendo la puerta. No recuerdo si me respondió o no. Llegue al parque, puedo recordar como si aún estuviera ahí, las flores amarillas por todos lados hacían que el lugar tuviera un aroma especial. Corrí hacia el mismo banco de siempre y lo vi, con la cabeza mirando el suelo y me acerque sonriendo. Tan plenamente feliz como él siempre me hacía sentir, completa, con tanta seguridad. Yo sabía que era la mujer más hermosa ante sus ojos así que me sentía como tal, vivía como tal. Sabiendo que alguien podía admirarme y amarme de esa manera. Lo salude y también recuerdo bien que me ignoro. Su cabeza seguía mirando hacia abajo.

–Damián, ya llegue te dije hola.

Le costó tiempo levantar la cara, ¡Oh por dios! Pensé al ver su rostro. Su mirada aun esta tan clavada en mi mente, sus ojos azules se estaban inundando en las enormes ojeras que tenía. Su piel blanca cada vez era más pálida y se notaba perdido. Me preocupe por él, sin duda aún está teniendo todas esas pesadillas de las que no me quiere contar. Se puso de pie frente a mí y me dijo tenemos que hablar, esa frase se repite constantemente en mi mente. Todo sigue y sigue como un Déjà vu. Yo jamás imagine que las cosas fueran así, que de su boca pudieran salir esas palabras.

–Amor podemos hablar en el restaurante –dije inocente.

–Victoria necesito irme, necesito alejarme de ti.