Cyanancy
Rango10 Nivel 46 (4856 ptos) | Fichaje editorial

-¿Quién eres tu?- le pregunto lleno de ira a la chica de capa azul como el zafiro.

-Soy tu asistente aprendiz- me dice monótonamente con cara de desacuerdo.

-¿Qué hiciste con mi madre?- salen lagrimas de mis ojos por la desesperación. No entiendo lo que esta ocurriendo.

-Tu madre ha sido secuestrada, se encuentra en otra dimensión.

Me lanzo sobre ella pero en el instante que lo hago mi casa desaparece y de pronto me encuentro en un mundo que jamás en mi vida entera había visto.

-Bienvenido al mundo de los magos- me dice con una sonrisa triste -un mundo que se encuentra en guerra.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 2 años

Asombroso, es imposible no seguir leyendo.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 2 años

@Cyanancy Por desgracia creo que no comentamos lo suficiente los relatos de los demás por eso yo siempre que puedo lo hago. Un saludo.

ernestoguerra21
Rango6 Nivel 29
hace más de 2 años

Me gusta, solo que a veces tantas aclaraciones entre diálogos se vuelven cansinas y monótonas. Intenta quitarlas y la historia fluirá. No puedo esperar a leer más ♥

ernestoguerra21
Rango6 Nivel 29
hace más de 2 años

Gracias a tí por no ponerte brava. Jajajaja, Por fa lee mis cosas y aconséjame

MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 2 años

Gran introducción.
¡Saludos!
;)


#2

-¿Cómo se encuentra?- escucho vagamente a lo lejos una voz suave como la brisa del mar. Está preocupada pero no sé de quién se trata. Afuera parece estar lloviendo.

-Solo se desmayó, eso es normal. Es un milagro que no haya muerto de un infarto- le responde una voz de anciano -debiste haber sido más cuidadosa- le está reprimiendo. Quiero abrir los ojos pero mis párpados pesan toneladas.

-Fue culpa de él. Estuvo a punto de golpearme ¿Qué es? ¿Un troglodita?- claramente su preocupación pasó a segundo plano, en este momento su enojo es más que notorio. –No entiendo por qué este artilugio eligió a este inútil si no sabe nada de magia. Ser aprendiz significa aprender, no enseñar a niñitos mimados -Entonces mi mente recuerda de golpe lo sucedido antes de desmayarme.
Abro los ojos de golpe e intento incorporarme pero me doy cuenta de que estoy acostado en una vieja mesa de madera atado de pies a cabeza.

-pero qué rayos ¿Por qué me amarraron a una mesa?- exclamo molesto. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy en una pequeña choza bastante rústica. Hay un desastre de libros por doquier de todos los tamaños y colores.

-porque pareces una bestia enojada apunto de atacar- dice la chica de capa azul.

-¿y cómo quieres qué este?- empiezo a decir – llego de mi aburrida rutina de la mañana y me encuentro con una loca en mi casa que me dice que mi pobre madre ha sido secuestrada- estoy hiperventilando y eso me impide seguir hablando.

Mis ojos se cruzan con los de la joven que me evalúa de pies a cabeza. No lo había notado pero… es muy bonita. A pesar de sus gafas redondas, sus ojos azules cual zafiro no pierden su encanto.
De su capa saca una vara de madera con una forma bastante peculiar “vaya pero si debe tratarse de una varita mágica” pienso sarcásticamente. La chica que se dice ser mi aprendiz la acerca a mi pecho y de pronto mi respiración vuelve a la normalidad. Inexplicablemente me siento relajado.
Un estruendo en el exterior de la choza me escama.

-¿Qué fue eso?- cuestiono a ambos. Ellos se limitan a mirarse sin decir nada.

-Estamos en guerra- me responde finalmente el anciano cuya vestimenta consiste en unos pantalones grises, una camisa de vestir blanca, un chaleco del mismo color de los pantalones unos zapatos negros como la noche y una capa igual de oscura. Tiene bastantes arrugas como para poder contarlas, un cabello blanco como cal y una barba bastante poblada.

-¿Por qué hay una guerra?

-Por culpa de tu padre- escupe la insolente.

-¿Qué?- es lo único que logro decir – mi padre murió en un accidente de auto cuando yo era un bebé.

-Hijo- me dice el anciano a la vez que se me acerca para tomarme de los hombros –Tu padre murió en manos de Nícolas Rub, el hombre más temido en los últimos 14 años. Desde tu partida, no ha hecho otra cosa más que buscarte. Pero tu padre era un mago magnifico, logró esconderlos bastante bien a tu madre y a ti borrándoles la memoria.
¿Mi padre era un mago? ¿Me borraron la memoria? ¿A mi madre también le borraron la memoria?

-¿y por qué ella dice que es culpa de mi padre?
El anciano inhala profundamente y después exhala. Entonces abre la boca para hablar pero no dice nada.

-¿Y si me quería, por qué secuestró a mi madre en lugar de haberme llevado directamente a mí?- pregunto estupefacto.

-Pues porque él es solo un mitad mago, su poder no es suficiente para tomar a la fuerza a un mago completo. Al menos no por ahora, aunque sus poderes crecen cada vez más, tu magia es más fuerte que cualquiera que haya visto en mis 70 años de vida.

-Pero ella me trajo hasta aquí, en contra de mi voluntad.

-¿Estás seguro?- me reta con una sonrisa burlona. – si tu no hubieras querido ella no te hubiera podido traer hasta aquí.

-Por supuesto que yo no quería venir a este lugar- exclamo confundido.- y ya suéltenme, prometo no atacar a nadie- el anciano usa su varita fea y las cuerdas caen al suelo. La joven de capa azul pone los ojos en blanco y se gira hacia la pared
Los estruendos en el exterior se hacen más constantes y las voces y gritos de preocupación se hacen lugar entre nuestra disparatada conversación.

-Están atacando el valle. Él sabe que estas aquí- me dice la chica cuyo nombre desconozco aún.

-Hijos, deben huir pronto de aquí- dice el anciano preocupado mientras se asoma por la ventana.

La joven aprendiz hace un ademán con su varita en mi dirección diciendo unas palabras impronunciables. Mi vestimenta ha cambiado por completo, ahora llevo casi lo mismo que el hombre que sigue mirando por la ventana.

-¿Pero qué le has hecho a mi ropa? Eran mis Nike negros favoritos- le digo, pero me ignora y me empuja hacia la salida. -¿Estás loca? No pienso salir, me van a matar- Parezco una completa gallina.

-Yo te protegeré, ese es parte de mi trabajo. Mi nombre es Nora por cierto, gracias por preguntar.

Abro la puerta armado de valor y lo que veo es un completo caos. Gente corriendo con niños en los brazos, hombres luchando con varitas como las de Nora. Hay chispas por todas partes y casas llenas de llamas al ser tocadas por dichas chispas. No hay que tocar esas chispas.

-Llévate este libro contigo- el anciano me entrega un libro que pesa montones –yo los veré después, tengo algo que hacer.

Salimos de la pequeña casa y corremos zigzagueando a la gente -¿A dónde vamos?- le grito para que me escuche entre todo el bullicio. Me siento tan genial con mi capa oscura.

-Lejos de aquí- Se limita a decir mientras agita su varita de un lado a otro embistiendo a los que se nos acercan para atacar.

Un hombre alto toma a Nora por la espalda hasta desplomarse ambos al suelo húmedo. Sin pensarlo más le doy de golpes con el libro, el hombre cae inconsciente y le ayudo a Nora a incorporarse.

-Vaya, no eres tan inútil, como parece- suelto un bufido antes de continuar nuestra carrera hacía un lugar que desconozco.

Hemos salido del Valle como lo nombró Nora. Cuando mi aprendiz se detiene para tomar aire me doy vuelta para ver el desastre que dejamos atrás. Una brillante luz roja como la escarlata baja del cielo justo encima del Valle. Cuando toca el suelo de dicho lugar, la gran explosión mata todo a su paso. Es tan fuerte el impacto que nos tumba a Nora y a mí a pesar de la distancia en la que nos encontramos.

Hace más de 2 años

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#3

Pasan las horas más largas de mi vida en la clase de física. Era mi clase favorita, hasta que el alumno superó al maestro. Mi madre estaba tan orgullosa de mí cuando me gradué como el mejor de la clase en la secundaria, que para verla aún más feliz le dije que quería un maestro particular que me enseñara clases avanzadas. En todas era excelente.

Ahora solo me limito a cambiar de página cuando escucho que todos lo hacen.

Desvío la mirada de la ventana para mirar lo que la maestra apunta en la pizarra; veo que es una formula simple así que decido que no vale la pena prestar atención y me enfoco en el paisaje que me brinda la ventana. Cuando lo hago observo a lo lejos una figura envuelta en una capa azul zafiro y recuerdo que Nora es real.

Despierto y veo el cielo en penumbras ¿Estoy en el bosque?

Recorro con la vista hasta donde la luz de la fogata me lo permite, una sombra oscura se acerca de entre los árboles. Me pongo en pie lo más rápido que puedo, pero luego me relajo cuando sé que se trata de Nora “mi aprendiz”

-Hasta que despiertas Bello durmiente. Fui a revisar el perímetro.

-Eres una mujer bastante sarcástica ¿lo sabías?- ¡Dios! ¿De dónde sacaste a esta mujer? –Tengo muchas preguntas para ti- le anuncio. Me siento en frente de ella y la observo cómo le hecha leña al fuego cuidadosamente.

-Adelante- no se toma si quiera la molestia de voltearme a ver.

Analizo mi lista de preguntas; salta a mi mente el anciano de la choza.

-¡El anciano se murió!- grito asustado.

-Tranquilízate. Estoy segura que tu abuelo sobrevivió. Es un hombre bastante sabio, después de todo es padre del mago que provocó todo este desastre.

-¿Es mi abuelo?- Mi expresión provoca en su rostro algo que no logro distinguir. Creo que se quería reír.

-Así es Nathan. El “anciano” como tu le dices, es tu abuelo. El Sr. Nathan Stone, padre de tu padre.

-Eso significa que yo Soy… Nathan Stone Sellers- Pero qué tarado me sentí, era más que obvio que si. Nora pone los ojos en blanco y yo me aclaro la garganta para continuar mi cuestionario.

-Tu odias a mi padre ¿verdad?

-No del todo, hizo muchas cosas buenas. Su único error fue haber tenido la mala suerte de obtener como aprendiz al medio mago Nícolas Rub.

-¿Y Qué fue lo que pasó?

-Verás, tu abuelo me contó que cuanto tu padre, El mago Jeremías Stone, tuvo como aprendiz a Nícolas; éste le insinuó muchas veces que iniciaran una investigación juntos para que los que eran mitad magos como yo, tuvieran la posibilidad de ser magos completos como tu y no fueran tan marginados, de hecho déjame decirte que eres un caso especial- abro la boca para hablar pero ella sigue platicando y decido quedarme callado.

-Cuando un mago completo se casa con un mitad mago, existe una mayor probabilidad de que el hijo solo sea mitad mago. Sin embargo tu eres un mago completo y debe ser por eso que Nícolas Rub te esta buscando. Imagínate lo poderoso que se volvería si se hace de alguien tan peculiar como tu. Siguiente pregunta- Sonríe fingidamente, frota sus manos una y otra vez. Caigo en cuenta de que hace frío y ella lleva un vestido negro que le llega cerca de las rodillas. Trago saliva para deshacer el nudo que se ha formado en mi garganta; en pocas palabras, ese tal Nícolas Rub quiere asesinarme.

-¿Acaso no es bueno que mi padre se haya tomado la molestia de buscar convertir a los mitad magos en magos completos? Deberías de estar emocionada- sus zafiros hierven ante la pregunta y me encojo de hombros porque no sé qué es lo que le ha incomodado.

-Para poder convertir a un mitad mago en mago completo tienes que sacrificar gente. Entre más magos completos mates más poderoso se vuelve el mitad mago. Por su puesto que estoy en contra de eso. Nosotros ni siquiera deberíamos de existir.

-¿Por qué lo dices?- su expresión se ha vuelto todavía más inexpresable, no sé si esta triste o aburrida.

-Un mitad mago existe por dos razones. La primera es que un mitad mago se case con un mago completo como ya te lo dije, pero también existen, gracias a magos que revelan su secreto ante una persona normal como tu padre. Él se enamoró de tu madre una persona completamente normal; cuando ellos se casaron obviamente le dijo toda la verdad y automáticamente el mundo mágico le brindó la oportunidad de ser mitad maga para que ambos pudieran vivir en este mundo. Aunque también hay magos torpes que lo hacen sin darse cuenta.

-Vaya, sabes más de mi familia que yo ¿Qué hay de la tuya?- Se levanta como resorte e ignora mi pregunta. Saca su varita de juguete y el fuego se hace más tenue.

-Es hora de dormir- objeta acurrucándose en el pasto.

-Oye yo sé que eres mitad maga, pero ¿no puedes aparecer unas camas o mínimo unas cobijas? Hace frío.

Su varita resplandece, seguido de esto una cobija me cubre y sobre mi boca emerge un pedazo de cinta adhesiva que me quita la posibilidad de seguir hablando. Pongo los ojos en blanco. Buena jugada Nora, muy divertido.

Hace más de 2 años

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#4

Escucho su dulce voz decir mi nombre, después de haberme caído de la bicicleta que ha provocado sangrado en mi rodilla de niño.

-Me duele mami- le digo con lágrimas en los ojos. Quiero parar, pero solo logro traer más llanto.

-Ya no llores mi pequeño, con un beso se quita- su voz melodiosa cura mi dolor y el llanto se detiene. Sus delicados labios tan suaves como el algodón rozan levemente mi rodilla lastimada. Me hace cosquillas y empiezo a esbozar risas que le contagio.

-¿Ya lo ves? ya estás bien. Yo siempre te protegeré, ese es parte de mi trabajo. Ahora vamos a casa para limpiar mejor esa herida.
Abro los ojos y mi sueño se convierte en pesadilla con la terrible realidad. Busco a Nora; está sentada en el pasto leyendo atentamente el libro que el... mi abuelo me dio el día de ayer, cuando mi vida cambió. Ya no traigo la cinta adhesiva en la boca que impidió seguir hablando anoche.

-Tengo que rescatar a mi madre- Mi voz suena determinante. Lo más valiente que he dicho desde hace no sé cuánto tiempo.

-Eso no se va a poder- su mirada sigue atenta al libro. Miro detenidamente su figura inmóvil, pareciera que solo existen ella y el libro; me pongo a pensar que desde ayer no se ha quitado su capa en ningún momento.

-¿Por qué no?

-Morirías al instante ¿Acaso no es evidente?- cambia de página.

-Oye, que me haya portado como una completa gallina ayer, no significa que lo sea- me empieza a hervir la sangre. Escucho que cierra el libro de golpe atrayendo mi atención de inmediato.

-Pues, demuéstralo- Deja el libro en el piso, levanta la mirada al mismo tiempo que se va poniendo en pie. Desenvaina su varilla mágica desprendiendo una luz morada en la punta de esta.

Salto como resorte sin quitarle la mirada a la loca que me mira sin expresión alguna en el rostro ¿Qué está haciendo? pienso; mi cuerpo va dando pasos hacia atrás sin que yo se lo pida, el instinto me dice que me relaje pero mis extremidades tienen un plan distinto. El corazón se me acelera como loco y de nueva cuenta no puedo respirar.
La chispa de su vara cambia de color a un azul tenue como el cielo despejado.

-¿Tienes asma?- Dirige su vara a mi pecho y de nuevo me siento relajado.

-No- le digo- en el mundo normal, yo era el joven más sano que pudiera existir en el planeta tierra.

-No pretendía hacerte daño, solo quería ver tu reacción ante un ataque y fallaste por completo.

Reflexiono mi reacción buscando una tonta excusa para que no me vea como un total cobarde fracasado.

-Obviamente que mi reacción iba a ser esa, tú tienes tu vara fea, mientras que yo me encuentro desarmado- sonrío ampliamente. Da media vuelta en dirección al libro; lo hojea más rápido de lo normal. Del viejo libro saca una varita negra y me la lanza. Trastabillo con ella en las manos antes de que caiga al piso.

-Ahora bien, te voy a enseñar lo más sencillo que pueda existir. Te ayudará a defenderte- me dice haciendo una postura demasiado ridícula.

-Dime que la pose es opcional- una comisura de su labio se doblega ante mi comentario y debo reconocer que me agrada.

-Solo hasta que la domines, de lo contrario no podrás hacerla. Además te servirá de motivación- confiesa –Sostenla con la mano firme y apuntando a tu enemigo. Debes concentrarte en el objetivo, de lo contrario mandarás el hechizo por todos lados. Debes sentir la magia que hay dentro de ti.

-¿y no hay palabras mágicas?

-No cuando estás utilizando la varita. Solo debes concentrarte en lo que quieres hacer. Pero debes aprender varios movimientos de varita.

Utilizo toda mi concentración, pero no siento nada. Cierro los ojos para enfocarme mejor, los nudillos de mi mano están al máximo, siento una leve chispa en la palma de mi mano que sostiene la varita y abro los ojos. En el instante que lo hago sale una chispa en dirección de Nora que logra esquivarlo ágilmente.
Un bufido sale de ella y le escucho decir algo como “no lo mates, apenas está aprendiendo”

-Muy bien- me apremia- intenta hacerlo pero en otra dirección y con menos poder o nos descubrirán.

Hago un intento más y me sale igual de horrible que el primero, dudo si hacerlo de nuevo pero me arriesgo. Estoy apunto de expulsar la energía cuando algo entre los arbustos se mueve haciendo ruido. Me concentro en el objetivo y me doy cuenta de que se trata de un ciervo del tamaño de un caballo.

-!No le hagas nada!- Nora mueve mi varita a un lado y la luz destroza un árbol a unos metros de nosotros. Ni siquiera me di cuenta de lo rápido que se movió.

-lo siento, no era mi intención herir al ciervo- tiro la varita para no asustar más al venado. Nora se le acerca y le acaricia la cabeza, cualquiera pensaría que le da miedo tocarlo.

-Él nos llevará a nuestro destino. Toma tus cosas y súbete.

-Hecho. Deja te ayudo- le digo pero me aparta las manos y se sube ella por si misma.

Hace más de 2 años

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#5

-Te llamaré Steve- le susurro a mi nuevo amigo de cuatro patas.

-¿Qué dices?- habla mi aprendiz por lo alto del sonido del aire cortado por la poderosa velocidad del ciervo.

-Nada, se lo decía al ciervo.

Steve se detiene después de una hora de recorrido por un aperitivo; Nora decide bajarse de él y yo hago lo mismo.

-Préstame tu libro- hace un ademán con la mano. Me quito la mochila y se la doy. Encuentra el tronco que le parece más cómodo para sentarse; abre el libro y continua con su lectura olvidándose una vez más de mi. Estoy aburrido y desesperado ¿Estará bien mi madre?

-Me pondré a practicar un poco ¿Vale?- solo se limita a dar vuelta a la página. El que calla otorga digo en mi interior y desenfundo mi varita -Vale, gracias. Deberías observar, digo, puede que aprendas algo nuevo.

Concéntrate, tu puedes. Lanzo una luz hacia la piedra más grande que encontré, sin embargo otra vez no lo consigo. Presiono los nudillos a la varita tanto como puedo hasta que se tornan a blanco.

-No te olvides de la posición- habla en voz baja; escucho que vuelve a dar vuelta a la página.

-No entiendo cómo es que el niño que vivió lo hizo tan fácil- murmuro.

Todo es un gran silencio, Steve se ha quedado dormido. Entonces una luz roja me pasa cerca de la nuca y por instinto me agacho.

-¿Qué te pasa? no lo hice tan mal- le digo pero Nora ha desaparecido -¡¿Nora?!- el viento susurra cerca de mi odio sin decirme nada.

-Alto ahí muchacho- un hombre bastante alto sale de los arbustos con mi aprendiz desmayada en los brazos -suelta tu varita o no la vuelves a ver- sus dientes se asoman reluciendo una sonrisa socarrona. Detrás de él había más hombres altos con capas grises. Todos apuntándome con su varita.

Hace más de 2 años

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#6

-Suéltala, te daré lo que quieras- Los nervios se convierten en latidos ensordecedores para mis oídos. Debo atacarlo pero aun no sé hacerlo bien, y Nora podría salir lastimada. Veo de reojo a los hombres que le rodean; no me han quitado la mirada de encima desde que nos emboscaron.

-¿Y qué pasa si te digo que la quiero a ella?- Acerca su horrible rostro a la nuca de mi aprendiz, se acerca despacio a su castaño cabello ondulado y absorbe todo su aroma. Me carcome la impotencia.

-No estoy para bromas...

-Dime algo niño- me interrumpe -¿Por qué un medio mago como tú, trae una capa de mago completo?

-Porque lo soy- le digo enojado. Analizándolos de pies a cabeza a todos, Sus orejas puntiagudas, ojos tan negros como agujeros negros; son extremadamente altos y pálidos. Me doy cuenta de que todos llevan uniforme. -¿Acaso son del gobierno?

La multitud de gigantes uniformados estallan en risotadas que lastiman mis odios; hago un esfuerzo por seguir firme pero la respiración amenaza con fallarme de nueva cuenta. ¡Maldición! No otra vez.

-El gobierno aquí ya no existe ¿Cuál es tu nombre?- tiembla ligeramente mi mano y no logro hacer que se detenga. Respira despacio, me recuerdo.

-mi nombre no te importa ¿Qué es lo que quieren?- les grito. Estoy hiperventilando.

-Quería sus cosas de valor pero veo no tienes ni en qué caerte muerto. Así que me la llevaré a ella- pareciera que la desnuda con tan solo la mirada. Estoy furioso. ¡Concéntrate! susurra una voz de mi interior.

Inspiro profundamente el aire que me brindan los árboles. Me vuelvo inexpresivo; muevo la varita apuntando al líder de todos ignorando la posición que me enseñó Nora.

Mi ataque choca contra el árbol más grande del área; pienso que he fallado pero luego de eso el árbol comienza a desplomarse sobre mis enemigos.

Me propongo repetir mi ataque; el hechizo brota en todas direcciones haciendo lo que quiere a su paso. El ejercito de uniformados esquiva lo que les doy, solo soy capaz de derribar a uno que otro, pero el resto me ataca acertando en dos, tres, cuatro ocasiones; para el quinto acierto me desplomo sobre mis rodillas careciendo de sentido porque todo esto me sigue pareciendo una locura. Entonces miro a Steve.

Mi amigo de cuatro patas se llevó el sexto impacto en un intento por salvarme. Su cuerpo inerte se derrumba frente a mí y el corazón se me retuerce. El dolor quiere salir por mis ojos pero están secos cual desierto.

Siento la necesidad de salvarla, pero en este mundo yo soy un inútil. Cuánta ironía; en el mundo normal, yo era el mejor de mi clase, el mejor deportista, el mejor hijo, el mejor en todo: aquí, soy nada.

Hago un último intento y solo logro derribar un árbol más, la vista se me nubla. Siento un dolor insoportable en todas partes; creo que alguien me ha pateado ayudándome a terminar de caer. Mi vista hace un esfuerzo por buscarla y la encuentro a los pies de ese maldito sujeto aun inconsciente. Maldita sea.

Me rodean victoriosos, satisfechos con su fechoría. 10 varitas letales me señalan burlándose de mi patético final.
Mis ojos se rinden, pero mis oídos me ayudan a saber que algo está pasando, escucho a Nora pronunciar unas palabras que no comprendo del todo, y una luz excesivamente brillante sobre pasa el negro de mis párpados. Oigo pisadas precipitadas alejarse.

-Discúlpame por la tardanza ¿Nathan?- Su mano cálida se posa en mi mejilla, un cosquilleo de bienestar me trae su delicado gesto. – ¡Nathan!- grita en esta ocasión.

-Me…- mi voz me falla, la respiración no le deja el paso fácil a las palabras que quiero decir; pero vuelvo a intentar –Me estoy cansando de desmayarme y que me salves- le intento expresar una media sonrisa pero no estoy seguro de haberlo logrado.
Colapso… otra vez.

Hace más de 2 años

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#7

-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?- mi cabeza parece reventar del dolor, mis débiles párpados luchan por separarse pero parece casi imposible de lograr. Sé que no he muerto porque siento el dolor de todos los golpes en carne viva.
Cuando al fin mis párpados ceden ante mi esfuerzo, trato de identificar en dónde me encuentro pero no tengo ni idea de dónde estoy; solo escucho el rechinar de la puerta abrirse lentamente y me doy cuenta de que se trata de Nora, lleva consigo un balde que humea un aroma bastante repulsivo.

-!Oh!- exclama algo sorprendida –no esperaba verte despierto, he estado preparando una infusión para que te recuperes lo más pronto posible; lo malo es que tarda todo un día en estar lista y lo peor es que ahora que estas consiente te va a doler más.

Quiero hablar, pero en el momento que abro la boca ella me toma rápidamente con una mano la cara, y sin una pizca de duda me ingesta toda la infusión que lleva en el balde.

-Sa-sabe a mil demonios- tartamudeo mientras mi cuerpo se retuerce en la cama. Las heridas duelen infinitamente más, pero luego de unos instantes todo se empieza a sentir mucho mejor. –Vaya, parece magia.

-No lo parece: es magia.

Mi asistente deja la habitación por un momento y en su regreso la veo con toda mi ropa... TODA.

-¿Me- me qui-quitaste hasta el pantalón?- no lo puedo ver pero estoy seguro que mis mejillas arden en llamas por la vergüenza. Nunca antes una chica me había visto así.

-Por su puesto, tenía que tratar las heridas de tus piernas y hacerlo con el pantalón puesto no me iba a dejar hacerlo con exactitud- me sorprende la manera tan pasiva de confirmarme que ella misma me los quitó. Por alguna razón siento la necesidad de picarle la cresta.

-Que cinismo de tu parte- empiezo, reprimiendo las risas –¿no será que más bien tenías curiosidad de ver que tal estaban?

Sus mejillas se tornan intensamente rojas y no logro controlar la risa que me golpea en el pecho rogándome salir.

-Un chiste más de esos y te regreso al estado en el que te encontrabas cuando te rescaté como damisela en peligro- Eso no fue nada gracioso. No sé exactamente pero desde que estoy en esta “dimensión” me siento más vivo que en la ensoñación de mi aburrida y perfecta realidad.

-Eso no hubiera pasado si no hubieras estado tan ocupada leyendo como si yo no existiera- el enojo se quiere abrir lugar en la conversación.

-No es mi culpa que me haya tocado por mentor un jovencito con la vida perfecta que no tenía ni la más mínima idea de que era un mago.

-Pues eso tampoco es culpa mía- objeto sin saber qué más decir a pesar de las ganas que tengo de seguir –por cierto, dame el libro. Ya que no puedo irme de este lugar sin recuperar a mi madre; quiero ser lo más independiente de ti que se pueda- estiro la mano en espera de que me entregue el libro, pero Nora se queda inmóvil.

-¿Qué es lo que pasa?- le pregunto al no recibir respuesta alguna.

-Ellos se llevaron el libro- en su mirada se refleja la más sincera verdad. De pronto me siento un tarado por enojarme con ella, si no parece tener más de 17 como yo.

-¿Qué edad tienes?

-¿A qué viene esa pregunta tan fuera de lugar? No es algo que te deba decir- desvía la mirada pretendiendo que con eso la conversación ha concluido. Pero esta muy equivocada.

-Es lo menos que merezco después de haber perdido mi valioso libro que mi querido abuelo me dio- inconscientemente sale de mí una sonrisa socarrona. La escucho soltar un bufido por lo bajo, señal de resignación: yo gano.

-Tengo 16- suelta –y en cuanto a lo del libro, te doy mi palabra que te enseñaré todo lo que debes saber y hasta un poco más. Te espero afuera en dos minutos o vendré por ti así como estés y te llevaré sin más.

Le tomo la palabra y me visto lo más veloz que puedo. Me miro en el espejo antes de salir con mi aprendiz, y noto que algo extraño hay en mis ojos: ya no son lilas. Ahora son de un simple y triste gris. Toco la pupila para saber a qué se debe pero mi dedo no toca nada salvo glóbulo ocular.

Hace más de 2 años

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#8

En el exterior solo hay casas derrumbadas, pareciera que un temible terremoto arrazó con todo a su paso. En el suelo yace uno que otro esqueleto que me pone la piel de gallina al imaginar la feroz batalla que se dio lugar aquí mismo, y a toda la gente inocente que tuvo la desgracia de vivirla. Inexplicablemente me culpo por todo esto y siento que debo hacer algo antes de regresar a mi realidad.

Sigo inspeccionando todo lo que veo, miro a mi derecha y me encuentro con el bosque que se ve a la distancia. Me pregunto cómo hizo Nora para traerme ella sola hasta acá mientras me encontraba medio muerto.

Camino un poco más por el desastre hasta ver a mi loca y enojona asistente. Coloca su menuda figura a unos metros de mí; está en posición de atacar y sé que debo hacer lo mismo. Desenfundo mi varita mágica, tomándola con firmeza dejando fluir la magia entre mis dedos que sorprendentemente no se encuentran temblando para variar.
De su varita sale un rayo amarillo que evado a duras penas y derriba la pared de una casa.

-para hacer esto debes decir “rayo del mortal” en tu mente. De este modo tu atacante no sabrá a lo que se enfrenta- me dice.

-Creí que las palabras mágicas no eran necesarias- le digo lo más serio que puedo.

-Te mentí. Prepárate.

Me pongo en posición de nueva cuenta. Esta vez, Nora lanza dos rayos más pequeños en mi dirección, hago uso de mis tácticas de esgrima y me siento satisfecho cuando veo que las he esquivado.

-intenta atacarme- me incita y no dudo en obedecerle. Aprieto los nudillos de mi mano, tengo fijo el objetivo y disparo. Su capa ondea ante el movimiento tan veloz de su portadora. Hago un segundo ataque pero no me sale tan bien, para el décimo creo que lo he logrado y ella empieza regresarme los ataques. Lanzo uno; me asusto porque creo que no logrará evadirlo pero con su varita logra desviarlo hacia un montón de piedras.

-Para esquivarlo, solo debes hacer este movimiento- su ágil mano va de derecha e izquierda siguiendo un patron que aprendo de inmediato –si sientes que no te ha salido correcto el movimiento, refuérzalo con la palabra “esquivo” en el instante que el ataque toque tu varita. También puedes hacer un campo de fuerza, para hacerlo solo cruza los brazos haciendo una “x” y di “praesidium” no te lo puedo mostrar porque como mitad maga, hay ciertas cosas que no puedo hacer.

Lo intento una vez: el escudo que aparece es apenas perceptible pero funciona para evitar por unos segundos los ataques que Nora sigue lanzando sin descanso.
De pronto la batalla se va tornando reñida y cansada; no estoy seguro de cuánto tiempo ha pasado pero el sol empieza a descender en el horizonte y el hambre y la sed se adueñan de todos mis pensamientos.

-Creo que necesitas un descanso- Nora, a diferencia de mí, no presenta cansancio alguno. La veo a escondidas de pies a cabeza y su capa tanto como su vestimenta, están casi intactas. La mía parece una porquería llena de polvo y tierra.

Cuando entramos otra vez a la casa, mi cabeza reacciona que ésta parece bastante normal, e incluso denota características de lo que en el mundo normal está de moda. De hecho, esas cortinas son iguales a las de mi casa.

-Dime qué fue lo que le hiciste a mis ojos- le dije al verme en el diminuto espejo que colgaba en la sala. Mi cara semi cuadrada, estaba llena de sudor mezclado con polvo y un par de mechones dorados pegados a la frente.

-Tus ojos no son muy comunes- me dice desde una habitación. Quiero creer que está cocinando algo –si alguien los mira, te relacionarán de inmediato con tu padre que también los tenía de ese color. Son horribles por cierto.

-Pero por supuesto que no, mis ojos son hermosos, ya quisiera tener estos ojos- susurro haciendo una rabieta, aprovechando que ella no está presente.

Busco entre los escombros un buen lugar para sentarme lo más cómodo posible para poder quitarme los zapatos placenteramente. Cuando doy con el lugar más cómodo del feo sofá, encuentro un artefacto muy similar a una televisión; dicho aparato se prende de la nada con una pésima señal, veo la silueta de un hombre muy alto que desaparece al instante, sin embargo el audio aún lucha por aferrarse y entonces escucho el anuncio más terrorífico de mi vida…

Hace más de 2 años

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#9

-Debo matarlo... quiero matarlo...- susurra una voz de ultratumba entre los siseos de la interferencia -su magia me pertenece... sé que me escuchas Nathan -mi piel se eriza al escuchar mi nombre en esa tétrica voz-, también sé que tu nieto esta aquí entre nosotros. Lo mataré igual como maté a su padre, miraré de nuevo esos ojos lilas suplicantes implorando por un poco de compasión, miraré de nuevo cómo se le va la vida de sus ojos lenta y agonizantemente a un Stone... te encontraré Nathan Stone Sellers. Tu vida me pertenece.

Me quedo en el limbo, sin saber qué hacer, asustado y con un nudo en mi garganta imposible de deshacer.
Nora se hinca a mi lado completamente muda. Sus manos tratan de consolarme, o eso es lo que pienso hasta que veo que en realidad lo que trata de hacer, es soltar mis manos desquiciadas aferradas a mi cabello; sus bellos ojos azules me miran con pena y mis instintos se aferran a ella en un abrazo que no me niega, siento su cuerpo cálido y paralizado ante mi reacción; ni yo mismo lo comprendo pero no quiero soltarla.
Una acaricia roza mi cabeza despeinada. Me siento tan débil, ya no quiero que Nora me vea así de nuevo, pero el mensaje me ha vuelto loco de dolor y un miedo indescriptible al pensar que ese maldito lunático tiene en su poder a mi madre.
Juro por mi madre, que esta es la última vez que Nora me verá así de débil.

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#10

–Gracias– le digo al mismo tiempo que la suelto lentamente después de haberla abrazado en respuesta a su pequeña demostración de empatía. A lo que ella me responde propinándome una buena bofetada. Entonces recuerdo que esta mujer me cae mal por malhumorada. –¿Y eso a qué se debe?– le pregunto sobándome la mejilla.

–Te estabas aprovechando– su tono de digna me molesta. Se levanta en un santiamén y se aleja lo más que puede de mí, mientras sigo tumbado en el piso estupefacto por lo ocurrido, ni siquiera sé si estar enojado, resignado o divertido por su reacción tan infantil.

–¿Por qué estaría aprovechándome de una niña que aún no se termina de desarrollar?– suelto enfurruñado. Sé que mi comentario la ha lastimado y eso me carcome la conciencia.

–Lo siento– murmuro sonrojado. Me encuentro buscando a escondidas el rostro de Nora, ella entre abre la boca para hablar pero un golpeteo en la puerta la interrumpe. Un escalofrío me recorre la medula y me pongo en pie, recordando el juramento que me hice hace un momento.

Sacamos nuestras varitas mientras nos dirigimos sigilosamente a la puerta. Mi aprendiz se asoma por la mirilla de la debilitada puerta. No sé qué es lo que ha mirado, pero debe ser algo muy bueno porque instantáneamente la atmósfera pesada de hace un momento se evapora cuando Nora abre sin pensar un segundo la puerta.

–¡Profesor!– Exclama con entusiasmo exagerado, en un segundo Nora ya se encuentra en brazos de aquel alto y extraño hombre. No voy a negar que es apuesto y me molesta que Nora le abraza con tanta enjundia cuando a mí me golpea por hacerlo. No soy muy bueno calculando las edades, pero me da la impresión de que este sujeto pálido tiene alrededor de unos 20 años. Es muy grande para ella, objeto como si mi opinión le importara.
Bueno, ¿Y ultimadamente a mí qué me importa?

–Hola, Nora– le dice amablemente. Atrás de él se mira una figura: Es Steve.

–¡Steve!– grito de alegría. Al parecer Steve también me extrañó ya que se me echa encima y me lame la mejilla –Yo también me alegro de verte– le digo feliz –Nora, ven a saludar a Steve.

–No, gracias.

–pero Steve te ha extrañado, y le da gusto verte– Steve se le acerca a Nora con movimientos simpáticos, pero ella pega un pequeño salto y se acerca más al visitante, el supuesto “profesor”.

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#11

–Vengo por ustedes. El señor Nathan esta muy preocupado por ustedes. Llegó a pensar que el ataque en el Valle…

–Lo siento, tuvimos unos cuantos imprevistos y me dediqué a enseñarle unas cuantas cosas a Nathan– El profesor dirige su mirada hacia mi como su hubiera encontrado al eslabón perdido, hasta podría decir que le brillaron los ojos de emoción.

–Tu debes ser Nathan– su voz amable me revienta los estribos. Lleva una capa exactamente igual que la mía.

–Si, soy yo. ¿y tu como te llamas?

–Es un placer conocerte Nathan, mi nombre es Thomas Delt– tiende la mano en mi dirección en plan de estrechar la mano; pienso en dejarlo con la mano tendida pero al cabo de un segundo cedo ante su muestra de amistad.

–¿Qué eres tu de ella?

–La conozco desde hace ya varios años. El orfanato en el que vivía, se quemó a causa de la guerra, Nora fue la única sobreviviente de aquel desastre. La encontré llena de hollín llorando bajo un árbol cerca de la quemazón. Vivió muchos años conmigo hasta que un día decidió independizarse para no causarme más molestias aunque la verdad es que su compañía me era bastante grata.

–o sea que no siempre un témpano de hielo– susurro mirando de reojo a Nora quien mira con temor a Steve.

Ya no digo nada por un buen rato… porque Nora y el tal Thomas se la han pasado charlando del otro lado de la habitación. Me encuentro analizando las pocas palabras que crucé con ese tipo, y reflexiono que la actitud de Nora se debe a todo lo que pasó todo este tiempo. Me retuerzo internamente, yo no he hecho mas que lloriquear por el giro tan radical de mi vida, pero al menos alguna vez mi vida estuvo basada en amor, paz y tranquilidad, mientras que la de ella… La busco a escondidas y la veo sonreír sincera y plenamente por primera vez.

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#12

La noche pasó más rápido que de costumbre. Nora me despierta antes de que el sol haga presencia en el horizonte. La madrugada es bastante fría, creo que es la primera vez que presencio tal grado de frío.

Nora me da una patada en la espalda al ver que he hecho caso omiso a su orden de levantarme para partir. Me incorporo lentamente tallándome los ojos con la esperanza de despertar así más rápido y ponerme en acción; no recuerdo en qué momento me quedé dormido pero lo que sí, es que fue una noche libre de sueños.

Asomo la cara por una de las ventanas rotas y miro con asombro una espesura blanca por todas partes: ¡Nieve!

Donde vivo la nieve no cae, el clima es bastante cálido y por alguna extraña razón nunca mostré interés en ir a lugares nevados. Después de verla en el suelo comprendo que he errado: me encanta la nieve.

–Espero que le hayas enseñado bien – escucho decirle a Nora cuando voy a su encuentro en frente de la puerta.

–Por supuesto que sé, Nora me enseñó bien– Veo a Nora poner los ojos en blanco; lo extraño es que a pesar de mi malhumor, Thomas no parece percatarse de que su presencia me molesta, sigue con esa facción de serenidad que me provoca cólera.

–Me imagino, tuvo un buen maestro durante tu ausencia– dice ensanchando todavía más su sonrisa orgulloso de sí mismo.

–Es hora de irnos– interviene Nora que ya se encuentra afuera con Steve a una distancia considerable ¿Le tiene miedo? ¿Pero si unos días atrás ella lo montó?

Y así una vez más salimos a enfrentar la crueldad de esta dimensión caminando hacia el oeste, dejando que el sol vaya iluminando poco a poco nuestro camino hacía un lugar totalmente nuevo.

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Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace más de 2 años

jeje... ups. Gracias por la corrección. Aveces no solo se me lengua la traba, también a los dedos les pasa :(

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace alrededor de 2 años

Me encantan las historias y los paisaje con nieve.


#13

La nieve nos sorprende a mitad de nuestro tercer descanso. Extrañamente el trayecto ha sido bastante tranquilo, no sé si eso sea buena señal o una mala señal.

Me pongo a practicar con la varilla disparando hacia el tronco de un árbol feo. Mis ataques son certeros, pero débiles, aún no comprendo cómo expulsar por completo la magia ¿Cuál será el verdadero secreto de todo esto?

-Vamos a practicar un poco- escucho decir a Thomas a mis espaldas. Quiero decirle que me deje solo, pero al final de cuentas él no me ha hecho nada como para despreciar así su amable gesto.

-De acuerdo- susurro mientras giro a su encuentro.

-¡Vulnus!- la luz impacta en mi hombro izquierdo y me descontrola el ligero dolor que provoca su rose.

-¡Aún no estaba listo!- le grito enojado.

-En la guerra, hay que estar listo en cualquier momento- una sonrisa burlona se asoma en su rostro.

-¡Vulnus!- grito yo esta vez. Olvidé que el ataque se puede decir en silencio y logra esquivarlo sin mayor esfuerzo.

Regresa a su posición de ataque, yo hago lo mismo. Estoy preparado para lanzar lo primero que me enseñó Nora "izquierda, arriba y al frente" pero el disparo me sale espantoso.
Thomas empieza a contra atacar y logro esquivar uno, pero es demasiado rápido; apenas me disponía a lanzar otro ataque y ya venía la misma luz que me dio en el hombro, entonces recuerdo que si cruzo los brazos puedo esquivarlo... lo logro. Se siente bien.

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#14

Sus ataques me llegan de todas partes, es demasiado rápido ahora comprendo de dónde sacó Nora su habilidad con la varita y su gran velocidad y gracia con la que esquiva todos los ataques.
Siento mi respiración acelerada, pienso que debo parar pero me molesta estar cansado y ver como Thomas sigue como si no le resultara esfuerzo alguno.

Mi aprendiz Nora yace recostada bajo la sombra de un árbol enorme, la brisa mueve ligeramente su ondulado cabello mientras duerme plácidamente. Mi concentración se desvanece de la batalla cuando siento un rasguño en la oreja.

-Auch- exclamo sobándome la oreja.

-Eso te pasa por mirón.

-No sé de qué me estás hablando- objeto desviando la mirada hacia la nada.

-Me alegro de que hayan terminado- dice Nora mientras nos sentamos los tres alrededor de un pequeño tronco donde había una comida bastante... peculiar.

No sé qué es, pero posee un aspecto, feo. Sin embargo, mi olfato la encontraba deliciosa y mi paladar también. Una vez que empiezo a comer ya no me puedo detener hasta que termino con toda mi porción.

-¿No les parece bastante raro, que estando en una guerra, aún nadie nos ha emboscado o robado, o algo por el estilo?- pregunto a mis acompañantes. Los dos se miran entre sí con la duda en la cara y empiezo a sentir que algo anda mal.

Algo roza la cabeza de Nora cortando el aire y aterriza en el pecho de Thomas. Ella reacciona al instante y derriba al ser dueño de la flecha, me levanto a trompicones para tratar de ayudar a Thomas, “esta gente es tan extraña” pienso al ver a Thomas tratando de sacarse la flecha del pecho con tal fuerza que solo de imaginarlo me duele.
Cae una flecha cerca de mi pie y me giro de inmediato para proteger a Thomas.

-¿Puedes quitarte esa flecha tu solo?- le pregunto mientras cruzo los brazos para darle tiempo de sacarse el arma de su cuerpo.

-Si. Dame un minuto- su semblante empieza a distorsionarse, está sufriendo por el esfuerzo lógicamente.

-Nathan, atrás- me grita Nora.

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#15

Una resplandeciente espada se encaja en la tierra a unos milímetros de mi zapato. Tomo la espada con la mano libre deshaciendo el escudo. Thomas ha terminado de sacarse la flecha y se dispone a levantarse cuando una especie de duende sale de entre los arbustos para atacarlo por la espalda.

Mi cuerpo actúa de forma instintiva, desentierro la espada de la tierra revuelta con la nieve y le hago una gran herida que cruza todo su pecho, su cuerpo se retuerce del dolor, su sangre es como tinta negra.

-Corre- me grita Nora. Quiero buscarla con la mirada pero un nuevo atacante me amenaza con su vara y me pongo en guardia. Utilizo la espada para defenderme de la mujer que ataca sin descanso, logro esquivar sus ataques con la espada, mi cabeza me dice que debo usar la varita pero no me siento seguro usándola. La loca mujer grita con cada ataque que suelta y termina por mandar volando la espada por los aires.

-¿Te parece dos de tres?- La estupidez se apodera de mi. La amenazo con mi varita, sin embargo eso no le asusta en lo absoluto, si no que empieza a reírse como loca.

-Te mataré y así me convertiré en una maga completa- su mirada esquizofrénica me perturba "Sé valiente" me dice una voz en mi interior.

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#16

La ataco una y otra vez con mi varita, pero eso no es suficiente para desvanecer su maldita sonrisa demente, si no todo lo contrario parece avivar más sus deseos de aniquilarme.
-"Rayo del mortal"- le apunto directamente a los ojos, ha quedado cegada por la luz y me da justo el tiempo para correr por la espada.

Me inclino para tomar una vez más la espada de entre la tierra, pero esta atorada "¿Por qué me tiene que pasar esto a mi?" me pregunto cuando siento la presencia de la mujer loca detrás de mí.

Quiero girar de un tirón todo mi cuerpo y caigo en cuenta de que la capa se ha quedado estancada en la empuñadura. Estoy luchando con mi propia respiración que me quiere fallar como ya se le está haciendo costumbre, pero me aferro a controlarme.
Con un ademán hace sangrar mi mejilla, sigo intentando zafar la torpe capa de la espada pero no estoy haciendo un buen trabajo. La mujer toma con una mano mi cara y la miro con furia; ha hecho otro movimiento con su varita y mis manos no se pueden mover.

-Tu magia ya es mía, pequeño asmático- siento su lengua en mi mejilla bebiendo la sangre que hay en ella.

Le ordeno correr a mis piernas sin respuesta alguna, mi atacante alza su varita apuntando directo a mi cara que aun tiene aferrada a su mano, de pronto su mirada se distorsiona y ahora lo que hay es ¿miedo?

-Esos ojos lilas- tartamudea -¿Eres tu al que busca Nicolas Rub?

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#17

Aprovecho su momento de confusión para mandarla disparada hacia un barranco, no sé cómo lo hice pero no me detengo a analizar mis acciones. He localizado a Nora teniendo problemas con un grandulón; bueno parecía estar en problemas hasta que observo que le destroza las piernas en cientos de rasguños de todos tamaños, el sujeto grita de dolor. La guerra es demasiado para mí.

-oye ¿por qué hiciste eso?

-era él o yo- me dice con la más fría de las expresiones. Desatora mi capa de la espada con un par de movimientos de su varita.

Dos mujeres nos atacan por detrás haciéndonos caer a ambos al fondo de un agujero. Todo el peso de mi aprendiz cae sobre mí y nuestras cabezas chocan provocándome que me desoriente por unos segundos, trato de disimular el dolor pero me doy cuenta de que Nora se ha desmayado. Hacia una media hora de que nos habíamos separado y por la apariencia de su rostro y su ropa no dejaba lugar a duda de que había librado más de diez batallas por sí sola: está agotada.

La tengo todavía en mis brazos cuando una de las dos mujeres se asoma de la superficie. De su vara empieza a disparar todo tipo de rayos, trato de actuar de manera rápida, muevo todo mi cuerpo para cubrir a Nora con mi cuerpo y siento el dolor en carne viva. Me decido a contra atacar una y otra vez, si no logró darle al menos le haré las cosas más difíciles.

Mi joven aprendiz sigue sin despertar y mi escudo se empieza a debilitar. Para nuestra buena suerte alguien más ha embestido a loca mujer.

-Nora, despierta ¿se te olvida que estamos en una guerra?- le doy ligeros golpecitos en sus mejillas sonrojadas aún por su esfuerzo físico. Mirando su rostro lleno de paz ya no veo a la aprendiz indiferente y malhumorada, es como una delicada muñeca de porcelana. Mis pensamientos empiezan a divagar y decido dejar de tratar, el silencio se ha hecho de ultratumba después de unos minutos. Pienso que la mejor opción es tratar de escalar en busca de una cuerda o algo para subir a Nora pero dejarla aquí sola sería peligroso; mis opciones se resumen a uno: Thomas.

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#18

Una extraña esfera de color rojo y con picos de distintos tamaños cae en el agujero donde nos encontramos, lo siguiente pasa demasiado rápido como para poder hacer algo más inteligente, rodeo lo más que puedo a Nora y el extraño artefacto hace explosión ¿al menos habrá servido para hacer que esta mujer despierte? Me es grato comprobar que ella no ha sufrido daño alguno, pero me sorprende más que yo siga consiente, será porque me preocupa el bienestar de ella o porque me estoy volviendo menos gallina.

No viene nadie, ni siquiera los del lado enemigo. Ya lo he identificado: todos los que nos atacan llevan capas rojas. Volteo a ver a Nora sumisa en su letargo "hay que ponerse en acción" pienso y sin más, trato de cargarla en mi hombro bueno. No sé de qué estaba hecho este agujero pero la explosión no le hizo ni cosquillas.
-¿por qué pesa tanto?- gruño.
-Nathan- me sobresalta escuchar su voz aterciopelada -inútil- quiero mirarla con cara de enfado hasta que la escucho decir algo más antes de volver a quedar en silencio: -pero sus ojos me gustan.
Mis mejillas se prenden, las manos me sudan y me caigo cuando apenas llevaba unos cuantos centímetros escalado.

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#19

El caos se aviva con más intensidad después de aquel silencio sepulcral. Se escuchan gritos, pisadas y estruendos por doquier; los lamentos de la gente herida, se puede sentir su dolor en carne viva. A pesar de todo eso, sigo firme a salir de esa madriguera con Nora a como dé lugar.
Me quito la capa que más que ayudar solo me estorba, vuelvo a cargar a Nora con gran pesadez, pues los efectos de la bomba empiezan a surtir efecto, luchando contra la gravedad, el cansancio y la pesada de mi aprendiz que de hecho me empieza a preocupar, ya han pasado aproximadamente media hora desde que cayó inconsciente y no he logrado hacerla despertar. Ya no me quedan muchas fuerzas para seguir tratando de escalar, así que la acuesto lo más suave posible en la tierra. ¿Dónde está el tarado de Thomas? me pregunto desesperado.
Se me ocurren varias ideas para despertar a Nora, aunque bueno no estoy seguro de si quiero poner en marcha alguna de las dos. La primera opción sería usar la varita para hacerle despertar, pero soy tan torpe que temo hacerle daño, así que sin más preámbulo me voy por la segunda opción: después de todo, esos labios de bella durmiente me daban curiosidad desde que los miré por primera vez.

Era por el bien de los dos, pero estaba nervioso; si me golpeó por haberla abrazado, ¿qué me haría si se entera que la besé?
Solo estoy perdiendo el tiempo, no puede hacerte nada tan malo después de todo eres algo así como su superior, ponte los pantalones.

Me aproximo sin más rodeos a su pacifico rostro, cuando escucho el tambor de mi corazón. De cerca es todavía más bonita, su débil respiración choca en mi rostro y pierdo el hilo de mis pensamientos ¿Qué me está pasando?

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#20

—¿Qué crees que estás haciendo? — alzo la vista para encontrarme con una mirada de desaprobación por parte de Thomas ¿por qué se le tenía que antojar venir hasta ahorita?

—tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Estuve esperando un largo rato pero no llegabas para auxiliarnos. Date prisa y sácanos de aquí— mis palabras salieron todas atropelladas, mis nervios me traicionan como si me hubieran descubierto robando un banco, aunque bueno si estaba a punto de robar algo.

—para despertar a alguien solo tienes que darle tres toques con tu varita justo en el centro de la frente.

Teniéndola en mi regazo le doy tres ligeros toques con mi varita.

—No pasa nada.
Thomas no me responde, pues se ha puesto a atacar a alguien de capucha roja. Miro de nuevo a mi aprendiz que se empieza a mover lentamente.

—¿Nathan? — escuchar su sensata voz me relaja y me llena de satisfacción saber que esta vez fui lo suficientemente útil como para mantenerla a salvo.

—Espero que hayas descansado a gusto estos treinta minutos de inconsciencia porque la guerra no ha cesado allá arriba.

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 2 años

Me he podido imaginar cada fragmento del relato. 😁. Me ha gustado bastante.


#21

Hemos logrado salir del hoyo, gracias a un truco que me enseñó a utilizar Nora: básicamente golpeó su varita grácilmente con su índice y con ella logró hacer surcos sobre la tierra como si de una espada se tratase. Le sedo el paso para que suba primero, entonces recuerdo que ella lleva… vestido.
Elevo la vista inocentemente, pero me sorprendo al darme cuenta de que lleva unos jeans oscuros ¿Ah?
Me concentro en subir lo más rápido que puedo, tomo la mano que me ofrece Nora y me dice al oído: —¿Creíste que sería tan fácil verme las panties?

—no sé de qué me estás hablando ¿No ves que estamos en guerra?- le digo mientras suelto un rayo sobre un enemigo que se encontraba de tras de ella ¿En qué momento se puso ese pantalón?

El brillo de la espada me hace entrar en acción, es extraño que nadie haya tomado una espada tan perfecta como esa mientras me encontraba estancado allá abajo. La saco de la tierra con suma facilidad, Nora me cubre las espaldas pues acá arriba la batalla no ha cesado.

—¿hacia dónde debemos ir?

—¿Para qué quieres esa espada?

—Esta cool— objeto sin más.
Con energías renovadas, la joven aprendiz embiste a cuanto hombre, mujer, duende, cosa se le atraviesa en su camino: da miedo.

—Trata de no alejarte mucho de mí. Debemos caminar en esa dirección.

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#22

Empezamos a correr hacía un nuevo bosque más espeso que el anterior ¿De dónde salía tanta gente? Conforme nos acercábamos al denso bosque, nos rodeaba más gente.

—¿No te parece que hay mucha gente a nuestro alrededor? — un hombre intenta hacerme caer pero soy lo bastante rápido como para esquivarlo.

Los ojos azules de Nora me miran en busca de algo y parece encontrar la respuesta en mis ojos llenos de duda.

—El hechizo que te puse en los ojos, ya se acabó— objeta sin detener nuestra desenfrenada carrera.

—Nos están siguiendo porque te han reconocido— de pronto deja de correr y de su vara desprenden cientos de luces que ciega a todos a nuestro alrededor incluso a mí, siento que me jala de la manga y nos tumba debajo de unos arbustos.

—oye ¿por qué no hiciste eso unos minutos atrás? Nos hubiera servido bastante.

—lo siento, soy humana— se disculpa. La miro asustado por la cercanía de su cara con la mía. A ella no parece importarle, su vista está en otro universo muy lejano al mío.

—Acércate.

—¡¿Más?! ¿No me vas a golpear o algo parecido?

—No seas infantil, te voy a cambiar el color de los ojos de nuevo, y quizá la ropa también.

Acerca su varita a mi rostro pero la desvío antes de que haga otra cosa —¿Qué haces? — me dice exasperada —no tenemos tiempo.

—no quiero que me cambies el color de los ojos— su rostro se ve enfadado, pero en verdad no quiero que me los cambie ¿Por qué? No lo quiero admitir.

—¿No te gustan mis ojos?— confieso después de un segundo que pareció eterno.
La sangre ruboriza sus mejillas, para comprobar que lo que dijo era cierto, aunque ¿Qué ganaba yo la saber que le gustaban mis ojos?

—¿Eres imbécil? ¿Eso qué tiene que ver en estos momentos? Ya te lo había dicho, son horribles.
Toma mi cara con una de sus manos y me acerca a unos milímetros de su cara. Su aliento fresco me abruma mientras pronuncia algo en voz baja. Una comezón me domina en los ojos y levanto una mano para rascarme con la manga. Ella sujeta ambas manos y me reprime por mi acción.

—Abre los ojos. Tenemos que irnos.

Desesperada me toma de la mano y salimos nuevamente disparados hacia la misma dirección. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que entramos a este caos pero el cielo se torna de un gris extraño, copos de nieve empiezan a caer ligeramente sobre el mar de sangre que hay en todas partes.

—Chicos, encontré al ciervo— Thomas monta a Steve a toda velocidad. No le toma mucho tiempo alcanzarnos.

—Súbete— dijo con la respiración entre cortada –luces bastante cansado.

—Estoy bien— le respondo jadeando.

—vas extremadamente lento, súbete ya.

—Que no— obstinada en obligarme a subir, sacude su varita mágica como si tratara de dirigir una orquesta. Siento que mis pies se despegan del suelo ahora cubierto de nueva nieve. Su hechizo me hizo flotar hasta mandarme a sentar en Steve.

—¿Cómo hizo eso?

—Mejor cállate— le ordeno a Thomas.

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 2 años

me gusta esta historia =D


#23

El trote de un caballo a mis espaldas me hace voltear de manera violenta; su enorme jinete tiene el aspecto más horroroso que pueda existir: arrugas sobre arrugas, ojeras sobre ojeras, y una piel rosa provocada –deduzco- por quemaduras de tercer grado. Una espada reluciente apunta directamente a mí.

—Te atraparé, Nathan Stone— me amenaza —Nicolas Rub me prometió riquezas a cambio de ti— su corpulento cuerpo se inclina hacia enfrente para alcanzarme, su hermoso e imponente caballo negro como una noche sin luna, relincha cada que su dueño le da con la espada para apresurarlo más. De su varita mágica, sale una luz rojo escarlata. Hago uso de mi nueva espada como escudo, no lo había notado antes pero al impactar la maldición con la espada esta resplandeció justo antes de mandar a volar el rayo al cielo.

El hombre ataca sin descanso y lucho contra todo mí ser por no caerme de mi ciervo. Nora se ha quedado atrás cuando me caigo del lomo de Steve y me desplomo como de costumbre; por suerte la nieve amortiguó mi descenso.
Salta de su caballo y me propina tremendo golpe en el estómago, sacándome así todo el aire de mis pulmones: algo dentro de mí se quebró.

Escucho a Thomas atacar al gigantesco hombre, pero este ha sacado una especie de escudo —¿Por qué no usé el escudo hace rato? Tarado— a base de unos simples movimientos y los ataques del profesor no surtían efecto alguno, de hecho, este lo ignora por completo mientras me levanta en vilo y me hecha en su hombro izquierdo.

Los pulmones no se han recuperado del golpe que este sujeto me ha dado, lo cual provoca que me arquee en busca de aire “maldita asma” pienso. La vista se distorsiona.

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#24

El aire sopla con vehemencia, no ha cesado en lo absoluto, puedo ver claramente cómo acaricia la melena rubia oscura de Nathan. Mi mago sigue convulsionándose en busca de aire, sus pulmones han sido lastimados gravemente por causa del golpe que le propinó ese imbécil.
Se me remuerde la conciencia por haber sido tan egoísta; haberlo traído a este infierno solo por aferrarme a la idea de tener un mentor, es algo que no tiene perdón, lo sé. Pero debía pensar en algo para recuperarlo, quizá si Thomas lograba tenerlo distraído un momento, podría hacer un ataque lo suficientemente fuerte al menos para debilitarlo un poco y así poder quitarle a Nathan: Nadie va a alejar a Nathan de mí tan fácilmente.

“Asa maide fugo soul. Asa miude vea” en mi vara se empieza a formar una densa neblina con matices grises y negros. “Asa maide fugo solu. Asa miude vea” Nathan ha dejado de arquearse, mi corazón se oprime inusual y dolorosamente; llevo mi mano al pecho, jamás había sentido algo así antes, debo concentrarme; el ataque está casi listo, puedo sentir cómo el poder se lleva una gran parte de mi energía cuando lo lanzo con furia al enemigo.
He logrado atravesar el escudo que llevaba y así he logrado destantearlo, pero algo ha salido mal; el sujeto me ha visto y lanza una risotada a un decibel insoportable para mis oídos.

—No me estorben pulgas— dice antes de sacar de su pantalón una esfera negra —es un exterminador de plagas como ustedes.

—Devuélvemelo— le grito desenfrenadamente, el maestro Thomas me toma de los brazos evitando que me abalance sobre ese maldito, que ha lanzado la bomba al aire.

Muchas cosas suceden en ese mismo momento. La esfera suelta humo a 10 kilómetros a la redonda, no se puede ver nada por unos minutos, estoy hecha un desastre, el humo provoca dolor en todo mi cuerpo, pero no es nada comparado con la opresión que siento después, cuando la niebla se dispersa y Nathan no está por ningún lado.

He fallado, mi cuerpo no sabe qué hacer, sigue paralizado, mi corazón sigue paralizado.

Hace más de 2 años

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#25

—No, y no me repliques. Es muy peligroso que vayas sola.

—Le doy mi palabra que regresaré entera, y con su nieto sano y salvo.

—No insistas, te aprecio demasiado como para dejarte a hacer locuras de ese tamaño. Y te advierto que si te sorprendo una vez más tratando de escapar del refugio, te encerraré en una celda especial.

Han pasado cuatro días desde que mi mago asignado fue secuestrado. No he logrado conciliar el sueño desde entonces, tan solo el pensar que lo puedan estar torturando por culpa mía, no me deja en paz.
Nathan no es santo de mi devoción, es torpe y delicado: el típico niño rico y mimado. Me bastó verlo un instante para saber que carece de excentricidad alguna. Sin embargo no niego que es poseedor de un noble corazón, al menos hasta donde me ha permitido ver.

La hora de poner en marcha mi fuga ha llegado junto con la noche y la luz de la luna. El pasillo está despejado, los guardias de la tarde han terminado su turno y pronto llegarán los relevos.
El Sr. Stone me quitó mi varita después de uno de mis tantos intentos por escapar, pero no sabe que he conservado la de Nathan todo este tiempo, y he descubierto que tengo poder sobre ella.
Me acerco a la ventana del pequeño cuarto para derribar los barandales de esta y poder salir. La varita resplandece y con un solo ademán tiro los tres barandales que caen en la almohada que tengo en el piso y de este modo evitar el ruido que provocan al caer.
Asomo la cabeza por la ventana, para cerciorarme que las zanahorias que tiré en la tarde surtieron efecto: atraer al ciervo del bosque. Bajo desde el cuarto piso lentamente gracias a un viejo encantamiento que aprendí en el orfanato para escaparme cuando me aburría.

—Hola, amigo — le digo con los nervios a flor de piel, la adrenalina a tope y mi corazón desbocado por la emoción de estar rompiendo las reglas.

—Deben de estar muy buenas esas zanahorias pero es hora de irnos. Nos van a descubrir— pero el peludo animal ignora por completo lo que le digo y se ha echado después de comerse las zanahorias.

—No me hagas esto. Sé que no somos muy buenos amigos, pero anda, te di postre.
El ciervo burlándose de mí, empezó a cabecear hasta dejar caer la cabeza en el suelo. Frustrada por la tonta situación, empecé a rogarle al animal para que se levantara, era imposible que tuviera sueño si lo vi dormir durante todo el día.

—Torpe ciervo, tengo que ir por Nathan— le digo exasperada. Pero sin necesidad de nada más que el nombre del mago, se levanta como resorte y me monta en su lomo en cuestión de segundos.

— ¡WOW! Gracias Steve— le digo reprimiendo las náuseas.

Cuando decido que estoy lo bastante lejos del refugio, me detengo y me bajo de Steve para estirar las piernas entumecidas por el viaje y mi poca experiencia de montar. El bosque está en penumbra, pero no en silencio; no es un lugar seguro.
Saco un pedazo de tela roto de la camisa de Nathan, la cual encontré después de su desaparición. Imaginé que en algún momento me sería de utilidad; Y tenía razón. Le ofrezco la prenda sucia al ciervo con las esperanzas puestas en su buen olfato.

— ¿Ya lo tienes? Debemos ir por él lo más pronto posible — le digo al alce.

—Huélela bien, vamos. Yo sé que lo conoces bien, si te puso nombre ¿Cómo no reconoces el olor? Hasta yo sé que huele a menta.

Observo a Steve oler la prenda con detenimiento y me desespero al ver que el ciervo no da señales de reconocer el aroma. A unos cuantos pasos de mi posición, escucho una rama quebrarse de la nada, seguido de esto agudizo más el oído y percibo los pasos de alguien aproximándose.

Invi Invi, repito en mi mente haciéndome así invisible. El efecto del hechizo solo durará unos cinco minutos, por lo que empiezo a maquinar un plan para alejar al sospechoso de mí. Opto por recolectar unas cuantas piedras y hacerlas también invisibles. Una vez fijado mi objetivo, cuyos rostros son imposibles de ver, empiezo a lanzar las piedras lo más lejos que puedo.

— ¿Quién anda ahí?

—Debemos encontrarla antes de que cometa una tontería, profesor.

El profesor Thomas y el Sr. Stone me buscan entre las hierbas con la luz proveniente de sus varitas. Asomo la cabeza de nuevo analizando rápidamente la situación, el abuelo de Nathan lleva mi varita en su mano; quizá si logro darle a la varita pueda recuperarla.

—Steve, no hagas ruido— le susurro dándole otra zanahoria.

Con la varita de Nathan me hago un par de cuerdas y las guio sigilosamente hasta llegar a los pies del señor mayor y el profesor. Y con un par de ademanes con la varita los ato de pies a cabeza haciéndolos caer al suelo.

—Es muy inteligente ¿Verdad Señor? — dice el maestro Thomas al otro mago.

—Emboscar a sus superiores no es digno de felicitación, mi estimado Thomas.

—Ven— vocifero y al segundo la varita llega hasta mi mano. Salgo corriendo con Steve dejando atrás mis dos superiores, no puedo evitar reír un poco por la fechoría.

Hace alrededor de 2 años

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace alrededor de 2 años

Esta historia me gusta mucho. Estaba esperando con ansia su continuación.

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 2 años

@andres44 Tus palabras me agradan, me motivan de verdad :D seguiré esforzándome para llegar hasta el final. Mil gracias!!! :)


#26

—Gracias por el mapa— les digo a dos duendes que he atado en lo alto de un árbol.

—Eres una ladrona, devuélveme ese mapa.

— ¿Yo una ladrona? Fueron ustedes los que pretendían asaltarme en medio de la noche— les dije subiéndome los lentes con la mano donde sostengo sus varitas. Guardo el mapa en la bolsa y me dispongo a montarme en Steve, quien al parecer ha logrado encontrar el rastro de Nathan, hasta que esos sujetos nos emboscaron.

— ¡Espera! — Exclaman a mis espaldas — ¿Pretendes dejarnos aquí en medio de la guerra y sin nuestras varitas?

—Ustedes se lo buscaron… Bueno, está bien. Les dejaré sus varitas justo aquí.

Dejo caer las varitas en la tierra húmeda y me marcho dejando atrás a los ruidosos duendes, quienes siguen lloriqueando y pidiendo que los baje del árbol. No puedo darme el lujo de perder más tiempo con esos dos inútiles, sin embargo, la conciencia de dejarlos ahí varados me carcome; así que cuando me encuentro a una distancia considerable los dejo caer como plomo sobre la tierra.

Recorro el tramo de bosque que me queda por delante para adentrarme en uno nuevo. Tan tranquilo y despejado de la guerra, que luce como un dulce sueño excesivamente placentero. Las hojas, las hierbas y las flores -de todos los tamaños y colores- delicadamente húmedas por el rocío de la mañana, provocan un relajante aroma que no me es posible describir. Cada uno de mis músculos se relajan precipitada mente y caigo del lomo de Steve silenciosamente en el largo pasto que amortigua mi caída ¿Será este el bosque de la bella durmiente?

No me doy cuenta de lo que ocurre a mí alrededor, mis pesados párpados se han cerrado por completo sin que yo les autorizara realizar dicha acción. Mi cuerpo adormecido yace aún en el pasto mientras trato de pensar en lo que había en rededor a mí antes de caer en esta abrupta somnolencia, y es ahí donde viene a mi mente esa extraña flor de pétalos delicados en tonalidades de azul y morado; es una Snít. Una rara flor cuyo poder consiste en adormecer a los humanos en cuestión de unos minutos. ¡¿Qué hago?!

Pasan los segundos, minutos o quizá horas desde que surtió efecto el poder de la snít. Poco a poco mi mente sucumbe ante su aroma de igual manera, se arremolina en mi cabeza y esparce las reflexiones por todos lados haciendo que deje de pensar en cualquier otra cosa, a excepción de Nathan… Nathan.

Me pregunto si es normal pensar tanto en el mago que se te asigna. Sus ojos lilas me encantan… pero solo eso.

Y lo siguiente que recuerdo es mi cuerpo reaccionando y mis párpados perdiendo peso permitiéndome abrirlos al fin para ver un azul cielo tan despejado como mi mente. El viento alborota mi melena y me regresa a la vida. Ya no me encuentro en el bosque donde caí tendida en el suelo ¿Cómo salí de ese lugar?

Echo un vistazo y me encuentro con Steve tumbado en el suelo a un lado de mí. Él me salvó la vida. De pronto me siento tan torpe por haberle ofrecido un trato tan áspero y seco. Cuando el orfanato donde vivía fue incendiado, me topé con un ciervo que me atacó mientras el jinete me lanzaba una mirada despectiva, como si yo fuera basura. Ver sus ojos era como ver dos agujeros negros, llenos de odio y ambición.

Me levanto de un salto eliminando así el feo recuerdo. El bosque de la bella durmiente se encuentra a unos metros atrás de mi posición actual y el pueblo está justo frente a mí, bajando la colina. Nathan podría estar aquí, pienso.

Siento un empujón en la espalda propinado por mi nuevo amigo Steve, a quién le ofrecí una disculpa y le agradecí por el acto tan heroico de salvarme. Me giro para acariciarlo, pero me percato de que en su hocico le cuelga un par de snítes. Aguanto la respiración y me las guardo en una bolsa; quizá me sea de utilidad allá abajo. El pueblo está demasiado quieto, por lo que me da la sensación de que ha sido invadido por mitad magos.

Desciendo la colina con cuidado mientras el corazón parece desboscarse y no estoy muy segura del porqué. En el pueblo se siente una vibra bastante densa, la gente camina de aquí para allá con tranquilidad, sin embargo uno que otro me mira de reojo. No sé a dónde dirigirme, en eso una extraña mujer me aborda.

—Buen día forastera ¿No gustas pasar a beber algo en la taberna del loco? Tenemos bebidas de todos los tipos que te puedas imaginar.

Escruto a la mujer de pies a cabeza. Su enmarañado cabello castaño le da aspecto de que sus facultades mentales no le funcionan muy bien. Es de tez morena y poseedora de unos enormes ojos cafés claros adornados por unas marcadas ojeras; sus prendas sin embargo, están impecables. Porta una blusa lisa rosa pastel perfectamente planchada y una falda negra con holanes. No obstante, no ha logrado ganarse mi confianza, sospecho que finge su locura por alguna razón que desconozco.

—Gracias pero yo no bebo— le digo lo más seca que puedo.

Sin embargo la mujer me ha jalado hasta adentrarme en la taberna donde hay un mundo de gente. Es más grande por dentro que por fuera. Debe estar encantada para que el interior sea diez veces más grande que el exterior. La taberna tiene muy poca luz y solo se ven a hombres bebiendo y al fondo dos corpulentos hombres discutiendo por saber quién ha bebido más.

Hace alrededor de 2 años

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace alrededor de 2 años

¿Y steve? Dónde lo has dejado. Ojalá no le pase nada malo mientras disfrutas de tus bebidas. =/

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 2 años

@andres44 tranquilo :) Steve es inmortal. Por otra parte, qué descuidada es Nora u.u


#27

—Zed, sírvele algo a esta jovencita.

—Se lo agradezco, pero ya le dije que no bebo— le repito mientras me empuja hasta la barra. No puedo causar disturbios en este lugar. Me pueden atrapar.

—Aquí hay todo tipo de bebidas. Verás que no te arrepentirás.
En la barra ya me espera un vaso de cristal, cuyo contenido brilla cual verde neón.

—En verdad no quiero. Gracias. Solo estoy aquí de paso.

El encargado de la barra voltea bruscamente y nuestras miradas se cruzan avivando una pequeña chispa de rivalidad.

— ¡¿Tu?!

— ¿Q-qué haces tú aquí? — le digo exasperada y nerviosa ante la posibilidad de que me delatara.

—Eres la muchachita insolente que nos dejó a mí y a Gorge atados en lo alto de un árbol.

— ¡Vaya!— exclama la extraña mujer, reaccionando ante nuestro pequeño encuentro— así que se conocen. Bueno, Zed no te quedes ahí mirando. Sírveme uno a mí también.

—No te serviré nada hasta que desaparezcas a esta joven tan grosera.

—Pero si fueron tú y tu amigo los que intentaron asaltarme. Yo solo tomé mis precauciones— le objeto a la vez que intento levantarme pero estoy pegada a la silla. Me tienen atrapada aquí.

—Pensamos que eras del bando equivocado. —argumenta cruzándose de brazos.

—Baja la voz. Lo pasado ya está en el pasado. Ahora sírveme lo mismo que a ella, quiero acompañarla. Seguramente ya te diste cuenta de que estás pegada a la silla ¿No es así?

— ¿Qué es lo que quieres?

—Primero dime a qué has venido a este lugar. Créeme, te conviene cooperar. — me dice con una sonrisa maliciosa mientras menea su varita de una lado a otro.

Me contengo durante un largo rato meditando la gravedad de mi situación y llego a la conclusión que no me queda de otra que ceder y brindar la información.

—Ando buscando a alguien.

— ¿A quién? ¿Acaso buscas a ese atractivo muchacho alto de ojos lilas?

— ¿Sabes en dónde está? — le pregunto bruscamente, amenazándola con mi varita. —Dímelo, dímelo ahora mismo.

En lugar de responder a mi pregunta se limita a soltar una carcajada que debía atraer las miradas de todos los de la taberna, pero no lo hicieron. Probablemente porque ya están acostumbrados a sus alarmantes risotadas.

—Eres una chica con mucha suerte. Resulta que sí sé dónde está ¿Cierto, Zed?— Zed asiente sin abandonar su postura de indignado mientras se dedica a preparar una bebida que le han ordenado a gritos desde alguna parte del lugar y con su varita la eleva en el aire para que esta llegue a su destino.

—Nosotros también tenemos a alguien que queremos rescatar. Ellos están en las mazmorras del pueblo, mas está lleno de trucos y encantamientos para que no cualquiera entre. Pero tu pareces sumamente inteligente como para cruzar todos esos obstáculos.

—Una vez lo intentamos, es fácil llegar hasta ellos, el problema es a la hora de liberarlos de las celdas— vocifera Zed un tanto renuente. —nos hicieron falta manos para saltar a la última etapa. Pero yo no quiero que ella nos ayude, Sam. No confío en ella.

—Ni yo confío en ustedes ¿Cómo puedo saber que todo lo que dicen es verdad?

Sam le da un último sorbo a su bebida verde neón y seguido de esto obtengo su respuesta.

—Te llevaré en este mismo instante con él. Solo deja que me beba tu trago ya que veo que no tienes intención de tomártelo. Esto no se puede desperdiciar.

Hace alrededor de 2 años

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Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 2 años

@Juliet @andres44 Hola :D ¿Cómo les va? solo quería decirles que lo siento porque he tardado años luz en actualizar la historia xD soy muy mala para terminar lo que comienzo pero me estoy esforzando por hacer esto hasta el final. Tenía dos capítulos ya hechos pero los descarté porque no me convencieron y decidí volverlos a escribir y en esas ando, tratando de encontrar el mejor rumbo para llegar a un buen final. no sé si quizá hacer una continuación. Saludos y muchas gracias por leer mi historia :D de verdad se los agradezco. Nos estamos leyendo ;D

andres24
Rango6 Nivel 28
hace casi 2 años

@Cyanancy Las buenas historias a veces toman tiempo en ser desarrolladas. Igual nos tienes a la expectativa. =D

juliet
Rango3 Nivel 14
hace casi 2 años

terminalo, me encanta y que sea un final espectacular con mucha fantasia, pero por favor no te tardes tantooooo.


#28

La helada noche ha llegado y con ella el plan inicia. Nos ocultamos entre los arbustos para vigilar la entrada de las mazmorras. Según los cálculos de Sam, nos dispondremos a entrar por el punto ciego de el encantamiento de red; consiste en una tipo red de telaraña pero invisible, quien la toca queda adherido a la red. Además de ser casi imposible de despegarse de ella, quema la piel poco a poco.

—Ahí está— nos susurra Zed. —Pronto, vamos, corran.

Sam pasa primero, detrás de ella le sigo yo y por último Zed. Adentro todo está en penumbras y más gélido que el invierno de allá afuera. Alguien golpea una de las paredes y miles de diminutas piedras azules resplandecen iluminando así el lugar lo suficiente para saber por dónde caminar.

—Ten cuidado, en el piso hay trampas. Debes seguir el patrón.

Sigo caminando detrás de ellos dirigiéndome por el laberinto lleno de obstáculos, trampas y demás. Lo más difícil viene cuando llegamos al final del pasillo y se activa un hechizo para el que no me encontraba preparada.

Todo se pone negro por un segundo, y después me veo siendo de nuevo una niña; frente a mí puedo ver el orfanato arder. Mi amiga Liza sigue adentro, quise ayudarle pero en eso me ataca un ciervo con su jinete, el hombre me mira con desprecio mientras su animal me ataca con sus patas delanteras. La misma pesadilla de siempre pero con matices diferentes. Todo se siente más real.

—¿Me escuchas? — oigo débilmente decir a alguien a lo lejos. Me arde el cuerpo entero, pienso que es por los maltratos del ciervo pero se siente más como fuego.

—¿Nora? —insiste la voz de Sam. No logro verla ¿Dónde estoy? —escúchame, debes relajarte. Mientras más pienses en ese momento doloroso peor será la sensación de las llamas. Piensa en otra cosa, relájate.

Sin embargo, sus indicaciones son imposibles de seguir. Los ojos de ese ser me hipnotizan, son como dos agujeros negros que me jalan a lo más profundo de mis pesadillas.
Veo a una mujer siendo asesinada y una bebé llorar desconsolada. Las llamas se sienten incluso más abrazadoras que antes, no sé quién es esa mujer ni mucho menos la bebé pero ver la escena me causa un dolor incluso más devastador que el recuerdo anterior.
El asesino se percata del llanto de la bebé y la amenazándola con su varita empuñada y a punto de atacar. Mi cuerpo es más rápido que mis pensamientos, me abalanzo sobre la bebé para protegerla con mi cuerpo y siento una última ola de llamaradas.

—Igual de noble que tu madre— susurra una voz a mis espaldas que me eriza la piel; la voz de Nicolas Rub.

Seguido de esas palabras, tomo una gran bocanada de aire mientras mis ojos enfocan y se encuentran con los de Sam y los de Zed.

—Sabía que había olvidado algo importante.

—¿Qué demonios fue eso? —pregunto con voz entre cortada y apenas audible luchando por tranquilizar la respiración.

—¡Zed! ¿Por qué no se lo advertiste de las luciérnagas?

—Se me olvidó— se evade sin preocupación.

Lo fulmino con la mirada mientras me ayudan a incorporarme. Seguimos caminando un poco más hasta llegar a unas escaleras demasiado estrechas, al final de estas se ve una puerta y sé que ahí ya ha terminado todo. “Por favor, que esté bien”, pienso.
Sam abre la puerta y con ella un olor putrefacto nos da la bienvenida.

— ¿Dónde estás? —Pregunta por lo bajo.

—Nora— exclama Sam —Aquí está.

Camino hacia la celda donde se encuentra ella esperando reunirme al fin con mi mago perdido.

—Nathan ¿Qué te ha pasado?— él gira la cabeza para mirarme a los ojos; me estremezco al observar sus turbadas pupilas mirarme llenas de emociones entremezcladas. Uno de sus ojos ya no es lila, se ha tornado de un extraño gris con tonalidades de rojo.

— ¿Quién te hizo esto?

—Me alegro de verte— me dice con voz monocorde— Tienes que irte de aquí. Él vendrá por mí, todos los que están aquí corren peligro por mi causa. — Su voz va subiendo de tono poco a poco hasta llegar a matices desbocados, su respiración acelerada le impide respirar; esta vuelto un completo loco —Vete, no quiero que te haga nada.

En otra ocasión habría sacado mi varita para tranquilizarlo, pero en su lugar, mi mano actúa por sí misma atraviesa las rejas y se posa en la mejilla lastimada de Nathan. El tacto me da la sensación de una chispa que al parecer él también ha percibido ya que su respiración desacelera paulatinamente.

—Estás completamente loco. No te dejaré en este lugar.

Nos quedamos en silencio por un lapso de tiempo. Una vez que su pecho ha vuelto al ritmo normal vuelve a abrir la boca para hablar mientras yo me pongo manos a la obra para curar sus heridas y sus prendas destrozadas.

—¿Dónde están los demás?

—No lo sé. He venido sola a buscarte, Steve está esperándote afuera.

—Creí que le tenías miedo. Me da gusto saber que sigue bien.

—Dime cómo es que tienes ese ojo gris.

—Vaya, qué forma tan sensual de cambiar el tema— ¿Sensual? Presiono en la herida y exclama un ¡auch! De dolor —No lo recuerdo. Lo último que vi fue que el gigante me llevaba por un lugar oscuro y después desperté aquí.

—¿Nos ayudas Nora?

—Claro— les digo. Ya he terminado de curar a Nathan, su semblante luce mucho mejor que cuando llegamos. —Nathan, tu varita. Guárdala bien.

Me regala una media sonrisa que… no comprendo. Sacudo la cabeza y me giro para concentrarme en lo que haré a continuación.

—¿Ves ese conjuro pintado en la pared de ahí? Es la llave para sacarlos a todos de aquí. Si lo destruimos, todos serán libres. Empezaremos Zed y yo; ya verás porqué necesitamos una mano extra. Atenta a mi señal.

Asiento a la vez que me pongo en posición. El lugar se ilumina de tonalidades rojas y moradas provenientes de las varitas de Sam y Zed; me sorprende la agilidad con la que Sam contonea su varita, Zed por otro lado, es un poco menos ágil pero se esfuerza por mantener el ritmo.
Del símbolo emana una fuerte luz amarilla que toma forma de una enorme águila que se aferra a la pared para evitar que Zed y Sam lo borren; ahí es cuando entro yo.
Preparo mi varita para atacar al águila. Lanzo mi primer ronda de ataques y el animal hace un ruido agudo y doloroso.

Mis recientes aliados han desaparecido la mitad del conjuro, solo debo resistir un poco más, sin embargo el águila me embiste y pierdo terreno en la batalla. El águila se me acerca y me arrebata la varita. Abre su enorme pico anaranjado del que se prepara para disparar un maleficio, me cubro el rostro esperando el impacto pero este no llega.

—Vamos, Nora. Recuerdo que eres mucho más ruda que esa torpe águila— Nathan ha desviado el ataque con su varita desde la celda donde aún se encuentra.
Me incorporo tan rápido como puedo y recupero mi varita, la majestuosa águila está enojada porque le han arrebatado la victoria.

—¿Ya casi? — les apresuro.

—Resiste un poco más.

Poco a poco el águila de luz amarilla se empieza a debilitar, el conjuro ha desaparecido casi por completo de la pared. Nathan me sigue ayudando a atacar al ave como puede. No estoy muy segura en este momento pero me parece que sus habilidades han mejorado inexplicablemente.

—Listo— grita Zed y el águila se desvanece con un sonoro estruendo que hace eco y automáticamente todas las celdas se abren.

#29

Veo a Zed reunirse con su amigo quien se encontraba capturado en las celdas, Sam le abraza con ternura y es entonces cuando comprendo porqué querían ayudarme. El ambiente se llena de alegría y bullicio, giro en todas direcciones para encontrar a Nathan entre la multitud sacudiéndome al son de todos de un lado a otro. De pronto siento una mano en mi brazo derecho que me jala y me pierdo en un cálido abrazo, algo que nunca había sentido. Alzo la mirada para verlo a los ojos y me preocupo de nuevo por su ojo gris.

—Me tengo que ir— sentencia. Me parece que estuvo a punto de perder el conocimiento, su semblante parecía un tanto mareado, pero en un segundo su rostro regresa a la normalidad. Puede que lo haya imaginado todo.

—Soy tu aprendiz, protegerte es mi deber. Iremos al refugio.

—Escucha, Nora…

El crujir del suelo nos tambalea y deja la oración de Nathan en el aire. Algo no anda bien aquí y no solo yo me percato de ello; las personas se aglomeran con más ansias a la salida.

—Debemos irnos—le digo jalándolo de la ropa.
Salimos entre el montón de gente, y al salir nos encontramos con la peor de las pesadillas. Un ejercito de cincuenta hombres con capaz rojas y con su varita lista para atacar. Al frente de ellos está un hombre alto y fornido; el único que no lleva capa: El líder. el ser más temido en los últimos 14 años.

—Al fin nos vemos las caras, Nathan Stone.

—¿Dónde tienes a mi madre? —Enuncia con voz recia, y decidida. Ha dado un paso hacia en frente en modo de protección hacia mí tratando de mantenerme alejada de la vista de Nicolas.

—Lo sabrás si vienes conmigo.

—Nathan, escúchame. No lo hagas—le susurro jalándolo del suéter.

—Veo que tienes una hermosa acompañante, ella también viene.

—Es a mí a quien quieres, no tienes porqué meterte con ella ni con los demás aquí presentes— la gente se ha quedado petrificada ante la duda de si lograrán escapar o resignarse al hecho de que ninguno de nosotros puede huir.

—Lo siento, Nathan, pero no puedo obedecer tus peticiones ya que a ella también la he estado buscando— El cuerpo de Nathan se tensa cuando las palabras llegan a su oído. ¿Por qué me quiere a mí?, pienso. —Pero bueno, seré condescendiente y dejaré que los demás prisioneros se vayan en paz. Lo prometo.

—¿Para qué me quieres a mí?

Su escalofriante mirada se clava en mí y de pronto me siento vulnerable. Una sonrisa se ensancha de lado a lado en su rostro.

—Todo a su tiempo— hace un ademán con su mano libre y los guardias se disponen a aprisionarnos. La gente ha salido corriendo en todas direcciones en busca de refugio.—Muy bien, vámonos. Tu madre se muere por verte. Literalmente.

Del bolso de su pantalón saca una extraña piedra que agita de forma grácil y delicada. Un segundo después, nos encontramos dentro del antiguo castillo del gobierno. Ahora es la guarida de Nicolas Rub.

—Quítenles sus varitas— ordena Nicolas.
Los guardias se nos acercan y me arrebatan mi varita. Un guardia le exige la varita a Nathan pero este se excusa diciendo que la ha perdido en la aldea.
—Descuida, de todas formas él no es un peligro. Apenas tiene unos cuantos días en este mundo.

Nicolas da media vuelta para darnos la espalda y en ese mismo instante regresa la vista hacia el rostro de Nathan. La mirada que Nathan le lanza a Rub da miedo en verdad, pareciera que lo mata con solo mirarlo.

—¿Qué le ha pasado a tu ojo derecho? — Yo no me había dado cuenta, pero el rojo se hace cada vez más presente en su ojo. Ojalá hubiera podido curarle ese ojo a tiempo.

—No, lo sé— escupe reusándose a decir más.

—No se le contesta así al mago más poderoso de todos los tiempo— dice el guardia que custodia a mi mentor y le jacta un golpe en el estomago. Nicolas se limita a hacer un ademán con la mano para que el guardia no siga. Él se asusta y hace una reverencia mostrando su respeto.

Dentro, el lugar esta completamente lleno de magia, las lamparas vuelan haciendo caso omiso de la gravedad, escobas y trapeadores trabajando juntos sin la necesidad de nadie más. Más adelante caminando por los pasillos se encuentra una cascada que cae desde el segundo piso y aterriza sobra la fuente en medio de las dos escaleras. Las escaleras también están hechizadas, pues al subir el primer escalón automáticamente nos teletransportan al segundo nivel del castillo. Al entrar a otro pasillo el lugar se va volviendo un tanto tenebroso, las estatuas de bestias nos dan la bienvenida con miradas asesinas y rugidos guturales.
Llegamos a una puerta vieja de madera con un signo que se mece de un lado a otro cuando esta ante la presencia de Nicolas; este se pone de frente a la puerta y el signo desaparece.

Nadie dice nada durante nuestro trayecto, la puerta se abre y nos muestra una gran habitación con un gran estante lleno de libros y una sala demasiado pequeña para el enorme lugar. Al fondo hay una mujer recostada en un sillón amarrada de pies y manos, luce pálida y demasiado delgada, su semblante luce terrible.
No sé qué decir. Veo de reojo a Nathan, su rostro se ha descompuesto de solo ver a su pobre madre.

—Madre— dice con un hilo de voz. Intenta ir a reunirse con ella pero los guardias no le conceden dicho deseo.

—Ella está inconsciente— le responde después de una pausa.

—¿Qué le hiciste?

—Solo está dormida.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

He estado un poco perdido. Recién retomo la lectura de tu historia y como siempre la magia se ve en el ambiente. 😊


#30

—Déjala libre, quiero que vuelva a nuestro hogar. Yo ya cumplí; He venido contigo— Le exige Nathan. Su esfuerzo por mantener la serenidad es ignorada. Nicolas se encamina hacia uno de los estantes llenos de libros viejos silenciosamente. Mueve la cabeza de arriba abajo y de un lado a otro mirando los distintos libros que hay.

La mayoría de los guardias se han marchado con un ademán de su líder, a excepción de cuatro guardias que siguen a espaldas de Nathan y mía. Intento ver las probabilidades de escapar de este lugar con éxito pero es completamente inútil. Sin mi varita no hay nada que pueda hacer.

—Aquí está— exclama al sacar un libro verde. Bastante parecido al que perdimos en el bosque. —¿Ves este libro? Es el diario de tu padre. Al parecer se dio cuenta de mis verdaderas intenciones antes de liquidarlo y se dio a la labor de buscar una forma de invertir lo que logré con tanto trabajo.

Nicolas deja caer el libro a los pies de Nathan. El guardia libera a Nathan de las manos para que pueda tomar el libro por si mismo. Nicolas lo mira con sorna y malicia, disfruta ver como el temple de Nathan se va desmoronando poco a poco frente a sus ojos mientras toma del suelo el libro de su padre al que en realidad nunca llegó a conocer.

—¿Para qué me das esto?

—Para que me digas… ¿En dónde está la continuación de ese diario?

—¿Cómo va a saber él eso? — Le grito fuera de mis casillas.

De pronto todas las miradas se dirigen hacia mi como si se hubiesen olvidado de mi presencia.

—Vaya. Creí que te habías quedado muda— dice Nicolas.

—¿Para qué me quieres a mí? — le digo armada de valor ahora que gozo de su atención. —Exijo que me digas para qué me quieres a mí. No tengo nada especial.—pero el hombre no dice palabra alguna, se limita a mirarme de pies a cabeza una y otra vez. Cruzan nuestras miradas y empiezo a sentir un insoportable dolor. Un dolor bastante familiar. A lo lejos escucho débilmente gritar a Nathan para que me deje en paz.

—¿Qué es esto? — sollozo. Las lágrimas corren como cascada por mis mejillas, es un sufrimiento horrible que solo va en ascenso.

—Es la respuesta a tus preguntas.

El dolor cesa y me incorporo de nuevo jadeando con ayuda del guardia que me jalonea para ponerme en pie de prisa.

—¿Te resultó familiar? —Dice a la vez que se acerca a mí. —Fue el mismo dolor que sintió tu madre cuando la maté.

Algo dentro de mi ser embona como pieza de rompecabezas, viene a mi mente un recuerdo muy lejano pero es demasiado borroso como para distinguir algo. Intento contener la rabia y la furia que se encienden dentro de mí, me lleno de impotencia porque quiero matarlo como jamás había deseado antes.

—¿Tu? — digo al fin, con un hilo de voz.

—Espero puedas perdonarme, mi intención no era matarla a ella, en realidad a quien quería matar era… a ti.

Siento que los ojos se quieren salir de sus cuencas. Un nudo gigante se crea en mi garganta y siento el estomago hecho un lío. Intentando expulsar la bilis que se ha acumulado en él pero sin éxito alguno. Siento muchas cosas, y a la vez ya no siento nada. ¿Por qué Nicolas Rub deseaba mi muerte? Pienso en mi pobre madre que dio la vida por mí; era ella la de la visión que tuve en las mazmorras, era yo la bebé que lloraba desconsolada: era ese el peor día de mi vida.

—¿Por qué a mí? No tengo nada especial, soy una simple mitad maga.

—Pero no todo el tiempo fue así. Alguna vez fuiste una maga completa; una bebé con un poder extraordinario. Eras un caso especial como nuestro amigo aquí presente, ¿cómo era posible que mi hija tuviera todo ese poder? Ese poder debía ser mío. Por su puesto tu madre se interpuso. Me dolió mucho ver que te prefería a ti en lugar de a mí, por eso tuve que matarla así como te mataré a ti también ahora. Después de 16 largos años, por fin nos volvemos a encontrar para terminar con lo que empecé en aquel entonces.

La serenidad con la que acaba de decir aquella verdad me deja estupefacta. No logro concebir que todo lo que ha confesado sea cierto, es imposible, no tiene sentido alguno; para mí no son más que palabras vacías carentes de coherencia alguna que mi cerebro se niega a procesar.

—¿Qué es lo que acabas de decir? — le pregunto atónita ante la noticia —¿Qué vil mentira tan grande ha sido esa? — le grito en esta ocasión. Intento zafarme de las cadenas pero el guardia me retiene con fuerza. —Quiero una prueba de lo que acabas de decir.

—Deberías de hablarme de usted, señorita. Ese no es modo de hablarle a su padre— me dice. El hombre ladea la cabeza para dejar entrever debajo de su oreja izquierda una bastante peculiar cicatriz en forma de media luna, igual a la que yo tengo en el mismo lugar pero que permanece siempre oculta bajo mi melena castaña.

—Te mataré mañana después de haberlo matado a él en frente de todo el mundo en una transmisión que se hará en vivo. Nadie se lo perderá.


#31

Han pasado horas desde que me encerraron en este cuchitril de celda. No he sabido nada de Nathan desde entonces ¿Estará bien? Se supone que Nicolas dejaría a su madre en la dimensión normal.

Las rejas de la entrada se abren con un fuerte rechinido sacándome de mis cavilaciones. Escucho unas pisadas firmes seguidas de unas débiles y torpes.

—Retrocede jovencita— me advierte el guardia antes de abrir la puerta. Me levanto desguazada por el entumecimiento de mis piernas y me pego a la pared trasera.

El guardia empuja a Nathan y este cae al suelo.

—Disfruten sus últimas horas— se burla descaradamente el guardia antes de partir y dejar a mis pies a un Nathan totalmente golpeado.

Sus ropas, ahora son solo simples harapos y su cabello despeinado manchado de sangre. Su ojo, ahora rojo, le tiembla y está casi completamente cerrado por los golpes.

—Oh por Dios, Nathan. ¿Por qué te hizo esto?

Alza la mirada para encontrarse con la mía; el dolor que transmite es casi palpable. Su ojo lila se encuentra cerrado por los golpes haciendo relucir su otro ojo

Mis manos revolotean como tontas sobre el cuerpo de Nathan al no saber qué hacer; sin mi varita soy una completa inútil.

—Tranquilízate mujer. Quería que le dijera el porqué de mi ojo rojo— me dice con una media sonrisa en el rostro. He de admitir que su resistencia me hace admirarlo —me lanzó 102 hechizos y maleficios.

— ¿Cómo quieres que me tranquilice? Estas completamente herido. Con esa cantidad de ataques deberías estar muerto.

Le ayudo a acostarlo de modo que quede boca arriba. Su cabeza queda en mi regazo, pues el suelo está bastante desagradable como para dejar que se recueste en esta suciedad.

— ¿Tu madre ya está a salvo?— le pregunto mientras me entretengo acomodando los mechones de su melena revuelta.

—Si. Solo espero que después de mañana ese sujeto cumpla su palabra y la deje en paz para siempre.

—Perdóname.

Nathan suelta una risa que le hace toser y retorcerse del dolor.

—La culpa es de mi padre ¿No es así? ¿Por qué rayos le dio tanto poder a un reverendo canalla? pero al menos hizo lo posible por enmendar su falta.

— ¿A qué te refieres?— le pregunto pero este se limita a regalarme una enorme sonrisa torcida por el dolor

—Deja de reír de ese modo y dime. Pareces un tarado.

— ¿Reír de qué modo?

—No evadas la pregunta. Quiero saber a...

Inesperadamente, mi mentor ha tomado mi cabeza acercándola hasta que mis labios se topan con los de él. Siento un cosquilleo y mil otras sensaciones a la vez; me ha robado mi primer beso.

Después de un segundo que pareció una eternidad, me libera y me siento mareada. Giro la cabeza hacia otro lado. No tengo idea de qué decir y él tampoco dice nada; eh perdido el hilo de la conversación pasada.

— ¿Quieres otro?— me dice en tono juguetón y con una mirada de inocencia.

—¡No! Lo único que quiero en este momento es golpearte; pero Nicolas ya lo ha hecho bastante bien.

— ¿De verdad? pensé que yo te gustaba— volteo a verlo y le lanzo una de mis miradas más amenazadoras. Su cara esta tan roja que pareciera que está ardiendo en calentura

¿Así me veré yo también?

— ¿Y qué te ha hecho pensar tal cosa?

—Bueno, es que tus labios temblaban.

—Eso es porque— dudo antes de terminar mi respuesta —¿Estás delirando verdad?

—No, claro que no. Adelante, te escucho— me insta con una expresión demasiado animada para mi gusto.

—Eso es porque ese fue mi primer beso.

—Ya veo— musita en voz baja —Significa que si te beso otra vez ya no vas a temblar, porque no significo nada para ti ¿Correcto?

—Sí, así es. Es correcto, señor— le suelto con los brazos cruzados.

No lo había notado pero mi mentor es demasiado atractivo.
Yo esperaba por mentor una mujer o al menos un hombre maduro, tal vez un viejo sabio con larga melena y barba plateada; no un joven con cautivadores ojos lilas, dorada melena como rayos de sol y pobladas cejas que lo hacen parecer un... un gran tonto, si eso es.

—Bien, entonces pruébalo.

—¡Por supuesto que no!— mi entera admiración se ha ido por el caño.

— ¿O sea que harás que me muera con la duda de saber si sientes algo por mi o no?

Esto ya es chantaje, y del más vil. Pero su comentario me ha hecho volver a la cruda realidad. Nuestras vidas terminan con la salida del sol.

— ¿Tu sientes algo por mí?— le pregunto torpemente sin pensar realmente lo que digo.

—Solo hay una manera de que lo sepas.

Sin meditarlo mucho tiempo más, dejo que mis labios se posen de nueva cuenta sobre los cálidos labios de mi tarado mentor.

Una lagrima recorre mi mejilla porque es la última vez que lo veré —No me veas— le digo en cuanto me separo de él. Mi cara arde de vergüenza.

—¡WOW!— exclama seguido de un gran suspiro —Ya no me pareces tan fría como cuando te conocí. Creo que soy un completo masoquista— dice entusiasmado ¿Cómo es que no siente pena alguna?

—Tengo miedo— dice. Sus palabras apenas son audibles.

Me giro para decirle algo frente a frente pero ya se encuentra profundamente dormido.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

Oh pero que malvado, se aprovecha de la ocasión para obtener lo que desea.

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

See... es un aprovechado :) y ella un tanto ingenua en estas cuestiones


#32

—No sé cómo es que he soportado tantos golpes en menos de un mes— susurra.

Abro los ojos; no sé en qué momento me quedé dormida. Nathan se encuentra sentado a un lado de mí, me sorprende ver el estado de sus heridas: Bastante mejor que hace unas horas. Sus ojos ya están abiertos, parece mapache porque el contorno de ambos ojos están amoratados.

Puedo ver a través de la pequeña ventana los primeros rayos del sol a lo lejos en el horizonte. La mañana tiene un sabor de amargura.

—Escucha, Nora— le escucho decir en un ligero susurro —estoy seguro que Nicolas querrá matarme primero. Entonces necesito que cuando yo...

El rechinar de las rejas nos asustan y Nathan deja su frase inconclusa. Mi corazón late a mil por hora, pero me esfuerzo para que nadie lo note.

—Llegó la hora— anuncia el guardia.

El hombre abre la celda y nos esposa; A Nathan le cambia los harapos por una ropa simple color caqui muy delgada que no le sirve de nada ante el frío que hace. Una vez fuera, diez guardias nos escoltan por los pasillos hasta llegara la salida.

Nos han llevado a la terraza del gobierno donde nos espera con ansias Nicolas; abajo hay un mundo de gente creando un gran escándalo en el momento que Nathan aparece. Todos aclaman su muerte.

Nicolas le hace un ademán a Nathan y el guardia lo empuja hasta acercarlo al medio mago.

—Aquí está, al fin— grita dirigiéndose a la multitud que lo vitorea de manera ferviente—después de catorce largos años. Con la muerte de este joven, comienza nuestra era oficialmente. Ya no habrá más desigualdad; Seremos tan fuertes como ellos.

Nicolas tumba a Nathan haciendo que caiga de rodillas frente a él. Cierro los ojos y escucho un fuerte latigazo que arranca de mi mago asignado un grito desgarrador. Miro hacia la multitud fascinada con el terrible espectáculo. Dirijo mi vista hacía el público y mis ojos se abren como platos cuando veo a Steve siendo montado por mi profesor Thomas.

—¿Tienes un último deseo joven Stone?— le dice entre risas que hacen eco.

—Quiero como última voluntad... darle un abrazo a mi aprendiz.

Nicolas hace una mueca extraña, la petición de Nathan lo ha tomado por sorpresa la igual que a mí. Después de meditarlo por un par de segundos asiente y Nathan se aproxima en mi dirección; me abraza y muchas cosas pasan en un abrir y cerrar de ojos. De mi capa Nathan desenfunda su varita y se apresura a apuntar al mitad mago enunciando en voz alta "RAYO DEL MORTAL"

Su varita desprende una enorme chispa amarilla que choca contra el escudo hecho por Nicolas a una velocidad impresionante.

Los guardias intentan derribar a Nathan pero estos chocan aparentemente con un escudo invisible. La puerta se abre y aparece el profesor atacando a los guardias. Hecho una mirada rápida hacia abajo y veo que los aliados del señor Stone se ha levantado en son de batalla con una gran emboscada.

Mis nudillos se ponen en blanco por la desesperación de querer ayudar. El profesor se ve en problemas con la llegada de nuevos guardias, que lo atacan con astucia; sin embargo mi profesor es demasiado bueno como para sucumbir ante ellos.

—Disculpen la tardanza— me dice el profesor Thomas desatándome al instante —Vete de aquí.

—No lo haré. No dejaré solo a Nathan; tengo que ayudarlo.

—No hay nada que puedas hacer por él. Mira— señala hacia donde se encuentran ambos aun batallando— Nicolas ha puesto un muro que nadie puede atravesar.

La terraza se agrieta abruptamente. Todos los presentes en el área se tambalean y unos cuantos pierden el equilibrio por completo hasta desplomarse en el suelo.

La lucha se vuelve intensa. Nathan intenta con otros ataques que yo no le enseñé y Nicolas comienza a contraatacarle. Pareciera que están sincronizados, pues cuando Nathan ataca Nicolas esquiva y viceversa. la batalla se desenvuelve tan rápido como los rayos. A pesar de los torpes movimientos de varita de Nathan, los hechizos que le lanza son muy potentes y sus movimientos para esquivar los ataques son demasiado ágiles cual gacela, es como si lo hubiera practicado por años; pero luce cansado y no creo que soporte mucho tiempo más.

—Iré por mi varita— le grito a Thomas —Cuídalo mientras regreso.

Thomas se limita a asentir sin perderle la vista a sus oponentes.

Salgo de la terraza y desciendo como bala por las escaleras. Si la suerte me sonríe, mi varita debe encontrarse en el despacho principal del gobierno, donde Nicolas debe pasar la mayoría de su tiempo alucinando con ser el gobernante supremo.
Es alentador ver que los magos buenos han logrado irrumpir en el edificio, mientras que los guardias se les enfrentan con coraje.

—Alto ahí— me grita alguien a mis espalda, pero hago caso omiso y sigo corriendo. siento un ataque en la oreja seguido de otro en mi pierna que me hace disminuir la velocidad.

—Te dije que te detuvieras— me vuelve a exigir. Doy media vuelta para encontrarme con un gigante de gigantescos dientes amarillos y ropa andrajosa.

—Déjala en paz— Grita una persona de voz familiar que de un solo movimiento de varita tira al monstruo escaleras abajo. —Corre, yo lo detendré— Zed se deja caer de una de las ventanas por la que entró.

—Gracias, de verdad— tartamudeo

—Ya me devolverás el favor. Ahora vete.

Corro a todo galope hasta llegar a la oficina, esquivando todo cuanto se me atraviesa. Una vez en la oficina siento un golpe en el pecho repentino.

—¡Ven! — grito, pero nada pasa. —¡Ven! — mi varita no aparece “¿Qué haré ahora?” Giro en todas direcciones, abro los cajones, tiro cuadros, muevo los muebles pero mi varita no aparece por ningún lado.

El techo hace un extraño sonido y de pronto todo se viene abajo. Cuando menos pienso me encuentro agarrada de un pedazo del suelo con los pies colgando del quinto piso. No encuentro la manera de salir victoriosa de esta situación, alguien me ha visto y me ataca con malicia aprovechándose de mi desventaja.A pesadumbre logro subir de nuevo y corro fuera de lo que queda de la habitación.

Agitada y tratando de recuperar el aliento, alguien me acorrala por detrás tomándome del cuello; pero no me dejo y le pego en la ingle logrando quitarle su varita. El sujeto se resbala y cae por el agujero de la habitación.

Agito la varita y me llena de euforia el saber que tengo poder sobre esta varita. Emprendo de nuevo la marcha escaleras arriba, esperando que Nathan se encuentre firme y en pie.
Quisiera ir más rápido pero mi pierna duele cada vez más.

Hace más de 1 año

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

Ohh vaia, no puedo parar de leer la historia. Mientras leia encontré este fragmento: "sorpresas la igual que a mí". De la emoción tal vez se te pasó.. ☺


#33

La adrenalina me come entera, corriendo antes de que sea demasiado tarde.

Mis pulmones arden al igual que mi pierna, pero me niego a detener mi carrera. Sigo subiendo las escaleras tan rápido como puedo, mientras el ruido atronador de la guerra me consume.

Mis pies llegan a su fin en la entrada de la terraza, donde me paro en seco con la respiración entre cortada al ver a Nathan derribarse de espaldas.
Ya no hay guardias, ni tampoco se le ve al profesor Tomas por el lugar. Solo un mago principiante luchando con un remedo de mago egoísta.

¡Haz algo! me grita una voz en mi cabeza.

Acto seguido meto la mano en la capa y saco la Snít del bosque. Me hago invisible y corro para interponerme entre Nathan y el nuevo ataque que Nicolas está a punto de vociferar.

"Esquivo", grito instintivamente a la vez que le aplasto la cara con la flor. Y cae al suelo medio atontado.

"Rayo del mortal"
"morlen sai"
Le lanzo cuanto hechizo se me viene a la mente.

—Nora— lo escucho a mis espaldas. Giro y lo veo de rodillas con la cabeza gacha, con una mano en el suelo sosteniendo su varita y con la otra tapándose el ojo rojo —muévete.

La respiración le empieza a fallar. Me desplazo cojeando hacía él para auxiliarlo. Se arquea tirado en el suelo.
—Te ayudaré. Tranquilo— le controlo la respiración. Pero sigue balbuceando cosas ininteligibles.

Paulatinamente su pecho regresa al ritmo normal. Abre los ojos y se cruzan con los míos. No sé distinguir lo que refleja su mirada. Un segundo más tarde, algo impacta en mi espalda y caigo en el pecho de Nathan, veo como su mirada se distorsiona, y después mi vista se nubla volviendo todo borroso. Puedo sentir cuando Nathan se incorpora y me deja tendida en el suelo con delicadeza.

Y lo último que recuerdo es que todo se ha tornado de un rojo escarlata.
.
.
.
Cuando despierto, sus brillantes ojos lilas están ahí mirándome con cautela.

Hace más de 1 año

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#34

--Nathan--

—Quiero como última voluntad... darle un abrazo a mi aprendiz.

Me clava la mirada, intentando descifrar lo que hay oculto en mi petición; pero al final accede a ella un tanto renuente. Me acerco a ella con cautela y la estrecho entre mis brazos. Mis manos se esconden por un segundo en su capa zafiro y mi varita —que escondí con magia cuando me rescató de las mazmorras— aparece con un par de ademanes.

Esperanzado en que la suerte esté a mi favor, le lanzo el ataque que mejor me sé. Todo se ilumina de amarillo con el rayo de luz que emana de mi varita y brotan chispas por doquier cuando este se impacta con el escudo de Nicolas.
Los guardias intentan atacarme por la espalda pero mi escudo anula sus inútiles esfuerzos. Cada parte de mi cuerpo tiembla de adrenalina. Cada parte de mi ser muere de miedo. No estoy muy seguro en realidad de lo que me mantiene en pie; puede que el miedo a morir; puede que el miedo a perder esto que siento ahora. Sentirme vivo.

El escudo de Nicolas se fortalece, mi ataque no le hace cosquillas. Quiero advertirle a Nora que escape mientras pueda, pero no me atrevo a desviar la mirada de mi oponente. Pareciera que le divierte esto, y al mismo tiempo parece furioso; una mezcla bastante extraña.
Mi ataque se esfuma y Nicolas me contraataca, yo me deslizo de un lado a otro esquivando y atacando en el momento que creo oportuno. Es un hombre bastante hábil, no por nada todos le temen.

“Rayo del mortal” pienso y después lo lanzo.

Tan tarado como siempre, los nervios me traicionan y mi ataque se impacta en el edificio provocando que a todos se les mueva el piso.
Nicolas por fin logra dar con mi punto débil y me desplomo por un segundo sobre mis rodillas. Me incorporo tan rápido como mi cuerpo me lo permite y me lanzo en otra dirección esquivando así un hechizo de luz verde lima.

—Me sorprendes bastante. Vaya que eres un digno hijo de tu padre— ver esa sonrisa plasmada en su rostro, me molesta a sobremanera.

—Ya ríndete— continua alardeando sin dejar de lado la batalla — ¿Por qué te esfuerzas tanto en algo que sabes no puedes ganar?

—No dejaré que lastimes a nadie más. Prefiero morir en el intento.

Una nueva chispa de adrenalina me inunda por completo, lanzándome con una nueva oleada de ataques que memoricé en la celda cuando recuperé el libro de mi padre. Solo aprendí a hacer unos cuantos pero el más importante yace en mi interior.
Por primera vez, siento una química de compatibilidad con mi varita. Me siento uno con ella y los hechizos empiezan a acalorar a Nicolas. Sin embargo también comienzan a acalorarme.

Corro, esquivo e intento atacar. Corro, tropiezo y recibo un ataque que duele horrores. Se escucha un remolino de sonidos de guerra y coraje en toda la zona. Hasta este momento me doy cuenta de que Nora ya no está y de que Thomas lucha brutalmente con dos guardias; uno de ellos se desangra.

—Este es tu fin— sentencia presionando su varita en mi cuello.

No me queda más por hacer. Estoy acorralado, Las piernas amenazan con dejarme caer.

Sin embargo, cinco segundos le bastan a Tomas para zafarme de Nicolas. El profesor le ataca con un hechizo bastante potente, el cual aterriza directo en el pecho de su objetivo, que sale disparado y queda atontado por un instante. Es un hombre resistente a más no poder.

Le digo a Thomas que se largue antes de que el medio mago recupere la conciencia pero hace caso omiso a mi consejo y apunta firme con su varita, con la mirada seria, como si tratara de elegir el ataque correcto. Thomas ataca sin piedad, Nicolas por otro lado se enfunda en un nuevo escudo.

Maldita sea, aun necesito más tiempo, Pienso.

Uno de los guardias toma mi atención en su Intento de lastimar a Thomas por la espalda, pero lo ataco a la vez que me levanto nuevamente del suelo. Su varita cae al piso y entonces le lanzo otro para que se desborde por la orilla de lo que queda de la terraza. El hombre intenta aferrarse a lo que sea y se encuentra con la capa de Thomas. El guardia cae de la terraza y Thomas queda en el aire sosteniéndose con una mano. Corro para ayudarlo pero Nicolas ha sido más rápido y lo avienta por la borda.

—Eres un maldito— le grito atrayendo así su atención.

—Eres una persona con mucha suerte— arguye hiriéndome en el pecho. Aterrizo sobre mi espalda y me duele mucho más, la vista se me nubla y mi mente divaga con un lugar más tranquilo.
El crujir de las piedras bajo la suela de sus zapatos puntiagudos, me indican que se aproxima lentamente junto con mi último aliento.

Lo que sucede después me desconcierta. Una mancha borrosa color zafiro aparece de la nada y se abalanza sobre el hombre que tengo enfrente y lo hace tambalear hasta hacerlo caer.
Justo en ese momento mi ojo estalla en dolor, mis deseos de arrancarme el ojo aumentan segundo a segundo. Era eso lo que leí en los apuntes de mi padre, ocultos en una hoja, no fue muy difícil descifrarlos; tuve tiempo de sobra en aquel calabozo. Una mujer de nombre Sam me lo entregó de contrabando en una de sus constantes visitas a las tantas de la madrugada.
Fue gracias a ella que Nora logró encontrarme. Estaba seguro de ella iría a buscarme y entonces le di santo y seña de cómo era y así poder interceptarla antes de lo hiciera alguno de los secuaces de Nicolas.

—Nora, Muévete.

Mi pecho se oprime y el aire me hace falta, me desespero por tomar una bocanada de aire, pero el oxígeno no me llega. El golpe que recibí en el pecho ha surtido su efecto. Antes de que me dé cuenta ya estoy revolcándome de dolor y con Nora a mi lado diciéndome que me tranquilice.

—Te ayudaré, tranquilo.

Se fuerte, me digo a mí mismo. Respira, me ordeno en mi lucha por resistir el infierno del ojo y el del pecho al mismo tiempo.
Luchando con el cansancio, levanto la vista y me encuentro con la mirada preocupada de Nora. El ritmo de mi pecho se desacelera al tiempo que mis músculos se relajan. Sus ojos azules me tranquilizan igual que sentarse a la orilla de una playa a observar las olas del mar.
Aves podía ser tan tranquila y otras podía ser todo un huracán.

De pronto y reaccionando tardíamente a lo que ocurre, el brillo de sus zafiros se desvanece y queda inmóvil en mi pecho. Nicolas, que se ha recuperado de lo que sea que le haya hecho mi aprendiz, ahora se encuentra de nuevo en pie y con una enorme sonrisa.

Hace más de 1 año

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andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

¿Seré el único que se esta volviendo impaciente por saber la continuación?

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Estoy trabajando en ello :D


#35

“OJO ESCARLATA QUITA EL PODER ROBADO POR ESTE MISERABLE SER”
Mi ojo centella mil tonalidades diferentes de rojos y amarillos, se abre paso por el aire contoneandose al igual que un dragón. Nicolas rebusca en sus bolsillos desesperado, pero ya es tarde, pues el encantamiento lo ha alcanzado antes.

Nicolas se retuerce envuelto en la llamarada escarlata, mientras esta hace ruidos sonoros y fuertes que calan los tímpanos a la par de los alaridos del hombre. De pronto la llama que lo consume, se lleva consigo toda la magia que el mago hurtó de la manera más cruel.

Todo desaparece y Nicolas queda tendido en el suelo haciendo un esfuerzo por alcanzar algo que se le cayó del pantalón. La piedra que nos teletransportó a este lugar.
Inmediatamente le lastimo la mano con un movimiento de varita y me interpongo entre él y la piedra. Le lanzo otro en las piernas y escucho con sollozo a mi espalda que hace que me detenga.
La risa de Nicolas me desconcierta, le ataco en el abdomen y en el momento que él grita Nora grita igual de dolor. No comprendo lo que está ocurriendo, o más bien, me preocupa la conclusión a la que he llegado.

—¿Creíste que sería tan fácil deshacerte de mí? Podrás haberme despojado de la magia que robé a lo largo de todos estos años, pero la de ella aún está dentro de mí.

—No comprendo.

—Si yo muero… ella también lo hará— sentencia regodeándose de felicidad antes de desmayarse.

Hace más de 1 año

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Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

@andres44 Hola, amigo. Espero te encuentres muy bien :)
Me reporto con un tanto de pena por haberte dejado plantado con la historia por tanto tiempo; espero no me lo tomes a mal.
Espero disfrutes este último capítulo y prometo sentarme a escribir en estos días como si no hubiera un mañana.

Saludos.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

@MarshmallowCloud En este momento el que debería disculparse seria yo. He estado un tanto alejado de sttorybox por multiples ocupaciones, solo me queda agradecerte por continuar de a poco la historia. Un poco corto este capítulo. Nuevamente gracias.


#36

—¿Qué ocurrió? ¿Dónde estamos?— Pregunta alterada en cuanto abre los ojos de golpe.

—Tienes que descansar— le explico —Todo está bien. Estas en mi casa.

Nora se pone seria mirandome directo a los ojos y esa mirada me marea un poco. Agito la cabeza para aclarar las ideas y responderle algo coherente, pero ella me gana la palabra.

—Dime lo, Nathan ¿Murió?— Su voz disminuye pero sigue sonando preocupada. Abro la boca para responderle pero en eso mi madre abre de golpe la puerta con un enorme plato de sopa humeante que llena la habitación de su delicioso aroma.

—¡Al fin despertó!— exclama con jubilo.

—¿Mamá? ¿Qué haces despierta a esta hora?— la interrogo. me acerco a ella para ayudarle con la bandeja pero me hace a un lado de un codazo y se prepara para darle la bandeja con cuidado. Nora se pone roja como tomate por todas las atenciones que le brinda mi madre, quien le acomoda la almohada para que se incorpore y le hace mimos como si de una niña de cinco años se tratara.

—Soy Elizabeth por cierto. Nathan me contó toda esa historia loca que aun no me termino de creer. Te agradezco que lo hayas cuidado todo este tiempo.

Nora se queda callada viendo el plato de sopa. Tanto mi madre como yo nos quedamos en silencio esperando que diga algo. y después de lo que parece una eternidad, Nora se hecha a llorar.

Mi madre la tranquiliza como lo hacía conmigo cuando era solo un niño pequeño. le da palabras de aliento y le acaricia la ondulada melena. Los sollozos disminuyen pero ella sigue sin enunciar nada que yo logre escuchar. La espío por encima del hombro de mi madre sin éxito alguno.

—No tienes que disculparte de nada, mi vida. Esta bien equivocarse— la aconseja mi madre con una enorme y cálida sonrisa.—Ahora debes descansar.

—Espera— dice Nora con un tono de voz un poco más firme y alto. Me giro para verla a los ojos. —No me has contestado.

Mi madre ha salido de la habitación cerrando la puerta detrás de ella. Me acerco de nuevo al pie de la cama.

—Primero come.

—Dime ¿Qué ocurrió?— insiste, pero no molesta ni mucho menos furiosa. Su voz y su semblante denotan confusión y algo de preocupación.
Me acerco al pie de la cama observándola tomar la cuchara y meterla en el plato. Toma un sorbo en silencio y me mira con cautela esperando que le responda pronto.

—No había nada que pudiera hacer.

—No te burles de mi— dice en un tono más familiar; está molesta. —me queda bastante claro que eres una persona muy fuerte. Eres realmente admirable. Aprendiste en cuestión de días y a pesar de que no dejabas de llorar como bebé— hago una mueca de desacuerdo y ella sonríe un poco— siempre tuviste en claro tu objetivo. Entonces, no entiendo por qué no lo hiciste.

—Porque...— exclamo de repente sin pensarlo —Si él muere tu también morirás.

—Entonces hazlo. Aquí. Ahora.

—No es así como funciona— le explico a Nora todo lo que Nicolas sentenció antes de caer. La veo y se que se encuentra frustrada.

—Mi muerte no vale nada si la comparamos con la paz que tanto se necesita.

—No seas tonta. No comiences con esos delirios de heroína— me exaspero. Le quito la cuchara de la mano y molesto le quito la bandeja y la arropo más de la cuenta. Me dirijo a la puerta como bala y le apago la luz antes de salir. —hablamos mañana— le digo.

—Por supuesto que hablaremos mañana— le escucho decir malhumorada antes de cerrar la puerta.

Hace más de 1 año

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#37

Al día siguiente ella ya no estaba. En su lugar, había papel arrugado jugando el roll de carta de despedida, o algo parecido. No escribó más de un párrafo.
Gran forma de despedirse de su mentor.

Nathan, me marcho.

No espero que comprendas los motivos por los que me voy. Sé que una disculpa no basta para enmendar el haberte llevado al mismísimo infierno. A cambio, solo puedo prometerte que si nos volvemos a ver será porque mi mundo ha encontrado la paz que necesitaba y eso solo puede venir con la muerte de ese miserable ser.

P.D. me he llevado tu varita. Te lo advierto, no intentes volver.

Nora.

Hace alrededor de 1 año

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#38

---Un año después----

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace 6 meses

Casi literalmente... xb pensé en darle fin con la carta de Nora pero eso no queda con lo que a mí me gusta, así que... aquí vamos de nuevo. :D


#39

El té cambia de temperatura al momento que la camarera lo sirve en mi taza. El clima ha estado dando indicios de una próxima nevada, y a pesar de lo arropado que salí esta mañana, los dedos de mis pies parecen témpanos de hielo. Casi me sorprende la tenacidad de la chica cuyo uniforme consiste en una falda negra con medias de lana y una blusa blanca bastante delgada.

—Disculpe las molestias— dice apenada—. Acabamos de abrir y la calefacción tarda en calentar más de lo habitual.
—No hay problema, gracias.
—Le traeré algo más caliente que le reconforte.

La camarera se despide con una amplia sonrisa a la que le correspondo con otra un poco temblorosa por el castañeo involuntario de mis dientes. Cuando se marcha, le doy un sorbo a la bebida tibia y me concentro en mi lectura a la espera de mi comida. Es extraño sentir tal magnitud de escalofríos cuando unas semanas atrás corría por mi vida en medio de la nieve y con apenas lo esencial para no morir congelado.
La chica no tarda mucho en regresar de la cocina con una taza que humea como locomotora. Antes de que me deje la taza en la mesa me llega el dulce olor a chocolate caliente y se me hace agua la boca. La mesera se retira y se lleva consigo la taza de té, y de nuevo se pierde en la cocina. Desesperado por entrar en calor le doy un trago al chocolate y termino por escaldarme la lengua.
Dos personas atraen mi atención cuando entran al local escurriendo y es cuando me percato que ha comenzado a llover a cantaros. Tomo con cuidado otro sorbo de chocolate y me acomodo para continuar mi lectura cuando alguien más entra haciendo alboroto; Es alto, fornido, ruidoso y es mi amigo Daniel.

—Ahora no— le digo volviendo la vista en el libro al mismo tiempo que él jala la silla para sentarse en mi mesa y se toma lo que queda en mi taza. —No estoy de humor.
—Tu nunca estás de humor— dice sacudiendo la taza en alto para que le sirvan más — creí que después de aquellas vacaciones furtivas regresarías con una mejor actitud—; Cambio de página. Intento fulminarlo con la mirada pero hace caso omiso a mis expresiones y sigue fastidiando. —Al menos dime que te la pasaste todos los días de fiesta. Dime cuántas chicas conociste.

La camarera me lleva la comida y a Daniel le sirve más chocolate caliente. Le ofrece el menú pero él se lo niega guiñándole un ojo; la chica se sonroja y se retira con una risita nerviosa.
—Es viernes por la tarde— sigue insistiendo — y Thomas no quiso acompañarme.
—¿A dónde quieres ir? — le pregunto resignado.
—Por eso eres el número uno. Sabía que no me dejarías morir solo; Después de todo no eres tan aburrido.

Cuando termino de comer nos apresuramos a salir del lugar. Abro la puerta y en ese momento entra una chica que me recuerda de golpe la existencia de Nora. Sacudo la cabeza y vuelvo a observar para cerciorarme de que estoy en un completo error.

—¿Por qué me trajiste a un karaoke? — le pregunto exasperado. Cuando entramos al lugar nos encontramos con tres chicas del instituto. — ¿Y ellas qué hacen aquí? — le susurro.
—Pues sería muy extraño que solo tú y yo viniéramos a cantar. Además, perdí una apuesta con Ana; Ella quería conocer a Thomas pero no se dejó. Entonces te traigo a ti como premio de consolación.
—Yo me largo. No pienso hacer el ridículo— Estoy a punto de marcharme cuando una de las chicas me toma del antebrazo para detenerme.
—Apuesto que tienes una gran voz— me dice Sofi. La chica nueva.
—No, yo no…— tartamudeo. Y entonces sin más, me arrastran a la sala.

#40

—Veo que te divertiste anoche— me saluda mi madre cuando me mira entrar al comedor.
—Si. Más o menos— le digo a la vez que me sirvo un poco de jugo —en realidad si me la pasé bien. El imbe… digo, Daniel me obligó pero al final no estuvo del todo mal.
—Si te lo creo. No habías llegado tan tarde desde… bueno ya sabes.
—Puede que salga hoy también— le miento intentando disimular el recuerdo de ella.
Puedo ver en el rostro de mi madre que se lo ha creído y de pronto irradia genuina felicidad. Podría no mentirle e irme a divertir como le dije pero aquella chica en el restaurant me ha hecho recordar a Nora y la preocupación de saber de ella ha vuelto.

—¿Será que llegaste tarde por causa de alguien?
No puedo evitar rodar los ojos ante su comentario que me molesta a niveles catastróficos.
—Si. Por causa de Daniel— entorno los ojos de manera exagerada.
—Sabes que no estoy hablando de eso, hijo— su mueca socarrona me provoca bilis.
—No sé a qué te refieres entonces.
—Claro que lo sabes— No sé cómo hace para mantener ese rostro de madre angelical cuando yo estoy que me lleva el coraje.
Sí, creo que me contagié del enojo de alguien.
Como se ha quedado esperando mi respuesta, le doy un trago a mi jugo y bufo para después ser interrumpido por el celular de mi madre. ¡Gracias, señor!
— ¿Sí, diga? — dice mi madre cambiando drásticamente su cara divertida al rostro de mujer de negocios. —Pero, Fred, es sábado ¿No puede esperar?... Bien. Estaré en 20 minutos…. De acuerdo, adiós.
—Qué triste que te tengas que ir, madre.
—Discúlpame, nos estábamos divirtiendo tanto.

Ella sale de la habitación y yo me quedo pensando si quedarme a desayunar o salir a correr un poco y después desayunar en algún restaurante. Daniel me mandó un mensaje muy temprano diciendo que tenía ganas de ir a jugar basquetbol, cosa muy rara en él. Lo más seguro es que haya perdido otra apuesta y de nuevo lo dejó abajo el imbécil de Thomas. Me queda claro que los Thomas son una molestia.

—Disculpa, Nathan ¿Qué se te antoja desayunar?
—Gracias, Virginia. Pero iré a correr un poco.
—Siempre me que tu madre se va, tú también te vas ¿Ya no te gustan mis desayunos? — Mi nana era en tanto exagerada —bueno que te vaya bien. Pero antes de irte, ¿Podrías ayudarme con algo?
— Seguro ¿Con qué?
— A tu madre le llegaron esas cajas del trabajo. Me pidió que las bajara al sótano.
— Si. Yo me encargo.
— Genial. Iré a ver la televisión por si cambias de opinión y deseas desayunar.

Las cajas están más pesadas a pesar de su tamaño. Me dispongo a bajar y regresar lo más pronto posible para irme a correr, sin embargo, cuando llego abajo antes de encender la luz, siento algo correr entre mis pies y el susto me hace tropezar contra un montón de cajas.
— ¿Necesitas ayuda? ¿Nathan? ¿Estás bien?
—Si. Se me cayó una caja. ¿Sabes? Se me antojaron unos waffles ¿Podrías hacerme unos como solo tú sabes hacer?
Eso la mantendría entretenida por un rato. Así no bajará y se dará cuenta del desastre que hay aquí abajo.
Enciendo la luz y comienzo a echar todo a la caja que se vació. La mayoría de las cosas son álbumes con fotos viejas de mis padres, y cajas con más fotos. Hay unos pañuelos y unas flores secas. Nunca me he considerado una persona chismosa pero dentro de todas las cosas había un sobre que luce como si nunca nadie lo hubiera querido abrir, tiene una fecha ya muy vieja que el tiempo volvió ininteligible. Dentro hay un pequeño anillo y una pequeña nota arrugada que dice:
Elizabeth, entrégaselo cuando creas y solo si sientes que es lo correcto. Sé que lo cuidarás bien.
La cabeza me da vueltas. No comprendo porqué cuando bajé hace un año esta carta no estaba aquí. Recuerdo perfectamente ese día, era otra persona. Vine desesperado en busca de ayuda y puedo asegurar que esto no estaba aquí. ¿Por qué hasta ahora?
—Relájate, amigo. Relájate.
Tomo el anillo y le pego la piedra cuadrada que se había caído, probablemente en el momento que tiré la caja con mi torpeza. El corazón se vuelve loco y comienzo a hiperventilar por la adrenalina. Pensar en la posibilidad de lo que esta piedra es capaz de hacer…
Se escucha un clic y mi sucio sótano se convierte en montañas y bosques.

#41

—Estoy de vuelta— susurro. El viento vuelve a menear mis mechones despeinados.
—En verdad estoy de regreso— me repito alzando la voz. Mi repentina felicidad me hace reír como un loco desquiciado.
—Debí haber desayunado.

Me apresuro a caminar para llegar al pueblo que se alcanza a ver desde la montaña. Luego recuerdo que con esta piedra puedo ir a donde yo quiera. El problema es que no logro ubicar el refugio. Hago un intento y la piedra me lleva al pueblo que había visto desde arriba.
—¡Oye! ¡Oye! Ten más cuidado muchacho. — me dice el hombrecito. Estoy tan de buen humor que sus malas vibras se me resbalan como teflón.
—Lo siento soy nuevo haciendo esto.
Hago un nuevo intento y la piedra ahora me lleva a otra parte del pueblo. Supongo que eran tantas mis ganas de regresar que la piedra no tuvo problema con encontrar el lugar.
—¡Otra vez tú!
—Le juro que no lo vuelvo a hacer. Estoy buscando a mi abuelo, el señor Stone
—Sí, yo sé quién eres. Te lo agradezco, pero no esperes que te idolatre por lo que hiciste.
—¿Por qué querría eso? Solo dime dónde lo puedo encontrar. ¿Sabes usar esto? Espera. Tu eres Zed ¿Sabes dónde está Nora?
—No he visto a esa ingrata desde que la guerra terminó ¿No se supone que se había ido contigo?
—Solo ayúdame a llegar con mi abuelo entonces.
—Si así dejas de caerme encima cada tres minutos. Lo haré— baja la canasta que llevaba repleta de fruta y saca de su mochila un mapa arrugado y un pedazo de grafito. —Aquí se encuentra el pueblo donde está tu abuelo— me dice con recia.

—Gracias
—¿Ya me vas a dejar en paz?
—Una cosa más— tomo una naranja del cesto y la piedra me lleva al pueblo de enseguida en un pestañeo.

Puedo ver, y me alegra bastante, que la gente ha ido reconstruyendo sus respectivos hogares. Incluso hay niños jugando a la pelota y usando un poco de magia cuando nadie los ve.
Si mi memoria no me falla la casa debería estar a menos de un kilómetro de aquí. Quizá ahora que estoy más cerca logre llegar a la casa. Hago un nuevo esfuerzo y tropiezo con alguien.
—¡¿Nora?!
—No. Me llamo Sora
—Lo siento, te confundí.

La chica de pequeña estatura de pronto blande su varita y apunta directo a mi cuello. Su mirada de enojo y el reflejo de ese sentimiento de furia me recuerdan aún más a Nora. Ella aprieta más su varita hacia mi cuello y por instinto levanto las manos en son de paz.
—¡Chicos, vengan! ¡Un forastero!

De pronto ya tengo cinco varitas más rosándome el cuello y un perro ladrando a lo lejos. Alguien me esculca los bolsillos del pantalón y me quita la cartera.
—Les juro que vengo completamente desarmado. Estoy buscando al señor Stone. Es mi abuelo.
—Sora. Este sujeto es inofensivo— le reclama un hombre alto y robusto —deja de ver monos con trinchetes.

Todos bajan sus varitas enfadados por el suceso y se dispersan regresando a sus actividades. Sora, me mira con pena y se marcha sin más remedio que disculparse y aceptar su equivocación.
—Discúlpala. Es una joven muy acelerada.
—Sí, ya he conocido a alguien así.
—Te llevaré con tu abuelo. Sígueme.
Caminamos en silencio el resto del camino. La gente se veía mucho más tranquila pero había algo en el ambiente que se sentía tenso. Abro la boca para preguntarle sobre cómo van las cosas pero él me gana la palabra.
—Y llegamos.
—Gracias, amigo. Te debo una.

#42

—¿Quién está ahí?
—Soy Nathan. He logrado regresar… abuelo— le digo al entrar a la pequeña sala llena de libros por aquí y por allá.
—¡Hijo! Qué alegría me da verte— se levanta y deja el libro que leía para estrecharme fuerte y palmearme la espalda con más fuerza de la necesaria.
—Si. Nora no me la dejó nada fácil— le digo —se robó mi varita la muy loca y más aparte me dejó una loca carta que parecía de suicidio total ¿Sabes dónde está?
Las cosas directas. Ya he esperado mucho tiempo.
—Bueno, sí. Ella regresó, logré convencerla de que todo había terminado pero…— deja la frase incompleta y se queda pensativo.
—¿Pero qué? — acoto exasperado.
—Nadie está enterado de esto de manera oficial. Es un secreto a voces. La policía no ha querido dar ningún anuncio oficial.
—Escapó— atajo. Asiente resignado.

—Nora se enteró de la noticia hace unas dos semanas y no hubo nada que la detuviera.
—¿Y sabes a dónde se dirigió?
—No lo sé, se ha vuelto muy buena hechicera. Cómo si de verdad le hubieras enseñado algo tú— se ríe.
—Muy gracioso, abuelo. — le digo con cara de pocos amigos mientras él se sigue riendo a todo pulmón —Aquí está el mapa, dime a dónde debo dirigirme.
—bueno, bueno. A mí me parece que ella debe haber tomado esta dirección— dice marcando en el mapa con un lápiz —Nicolas estaba encerrado aquí por lo que esta ruta…
Veo que se apodera del mapa y comienza a trazar rutas y marcar decenas de puntos susurrando cosas ininteligibles. Se rasca la nuca un par de veces y yo comienzo a exasperarme al notar lo que está ocurriendo.
—Usted no tiene ni la más mínima idea de en ¡dónde está ella verdad! ¡¿Verdad?!
—Pues la verdad es que si lo supiera no estaría aquí platicando contigo. Ahora deja de quejarte y apresúrate.
—Al menos préstame una varita.
—¿Qué crees que soy?
—Un anciano.
—Más respeto a las canas.
—Bien. Dame tu varita y a cambio te doy lo que hay en mi cartera. — le digo tratando de encontrar mi cartera en los bolsillos de mi pantalón.
—Esos malditos. Me regresaron la cartera vacía.
—Ya deja de perder el tiempo. Ten, te doy la mía. Luego consigo una.
—Gracias gracias gracias…

Diez minutos después salgo de la pequeña casa atiborrado de comida y me propongo ir al primer punto que marcó en el mapa. Decido irme caminando ya que no está muy lejos.

#43

Caminé por muchas ciudades y pueblos en construcción. La gente se ayudaba entre si y todo lucía en paz, casi nadie le prestaba atención al forastero que pasaba con una naranja en la mano y un mapa en la otra intentando descifrar los jeroglíficos del abuelo.

La noche está cayendo y no tengo dónde dormir. Quizá ya no tenga mi libro conmigo pero si recuerdo cómo convertir un pedazo de corteza de árbol en una manta para pasar la noche.

Preparo una pequeña fogata a las orillas de la ciudad acompañado de una noche templada. Coloco la manta en el suelo para sentarme sobre ella y observar a lo lejos; solo se escuchan los cánticos de los grillos. Los encantos de Morfeo no se dignan a venir por mí.

Tomo la varita del anciano y me pongo a hacer chispas con ella solo por pasar el rato. Entonces me doy cuenta de que la única luz que destella mi varita se convierten en cinco, luego en diez, después pierdo la cuenta; son luciérnagas. Jamás había visto un espectáculo más hermoso. Las luciérnagas se mecen al ritmo en que meneo la varita, la fogata expira en algún punto de la noche haciendo que la luz de las luciérnagas ganen aún más belleza. Sé que es peligroso dormir sin fogata, pero no recuerdo el momento en el que me quedo dormido.

Una noche sin sueños ni pesadillas.

Mi estómago me exige comida con desesperación. Tomo la naranja y me como la mitad, la otra mitad la guardo para más al rato. Como gajo por gajo mientras estudio la ruta en el mapa y tacho lo que ya recorrí.

Sería tan fácil si Steve estuviera conmigo, pienso. Recuerdo haber leído en alguna parte que los alces poseen un olfato excelente que les ayuda a orientarse, cosa que necesito a horrores en estos momentos.

Me levanto y sacudo la manta. Pisoteo lo que queda de la fogata antes de adentrarme al bosque en dirección del siguiente pueblo.

A mitad de mi travesía, me topo con una pareja de viajeros que se ven mucho más desorientados que yo. Les presto el mapa y el chico comienza a darle vueltas intentando descifrar.

—Puedo ayudarte si gustas— le ofrezco.

—Te lo agradezco. Mira queremos llegar aquí.

—A bueno, mira. Nosotros estamos en este punto, y el norte está por acá

—A sí. Entonces nos vamos por este lado.

—Disculpen ¿Pueden prestarme eso? — nos interrumpe la chica que ya se ve un tanto desesperada. Ella analiza el mapa y le da la vuelta, sus ojos van de un lado a otro por todo el mapa.

—Nosotros estamos aquí— indica con el dedo —nosotros dos queremos ir a esta ciudad. Así que debemos caminar por la ruta que está al este.

—Si suena lógico— dice su acompañante rascándose la nuca.

—¿Tu a dónde quieres ir?

—En realidad no lo sé. Estoy buscando a una chica. Parece que estuvo camino a la penitenciaría pero para ser sincero no tengo idea de dónde buscarla.

—Qué difícil situación— dice pensativo el chico.

—Es pequeña y tiene muy mal genio pero tiene un gran corazón. Cabello negro y ojos azules.

—Creo que miré una chica de cabello negro, montada en un alce. Pero no recuerdo hacia dónde se dirigió.

—¡¿Me lo juras?! ¿En dónde fue eso? — le pregunto emocionado. El chico me mira raro pero ella me mira con cara de ternura. Rápidamente me da el mapa y me explica la ruta para llegar a esa aldea y me indica la ubicación de la penitenciaria.

—Estaba yendo a la dirección equivocada. Gracias de verdad.

—No hay de qué, espero que encuentres a tu chica— me dice ella. —y, te vendría bien estudiar más la lectura de mapas.

—Sí, lo haré.

Ellos toman su ruta y yo me marcho por el camino que la mujer me indicó.


El camino se torna espeso, una extraña neblina envuelve el camino y me es cada vez más difícil distinguir dónde queda el sol para orientarme. No escucho nada más que el repiqueteo de las aves por aquí y por allá a lo lejos, y en ocasiones me encuentro con bichos que jamás había visto en la vida. Tengo que salir de aquí antes de que el sol se vaya.

Con la varita intento iluminar el camino, pero no sirve de mucho. A lo lejos alcanzo a escuchar el crujir de las ramas al ser pisadas. Me agacho por instinto sin embargo nadie pasa y el crujido cesa. Continúo caminando y los crujidos regresan. Sé que no soy porque no soy tan tonto; alguien sabe que estoy aquí. Me voy con más sigilo y cuidado.

Será que el hambre comienza a afectar mi visión pero me parece ver entre la neblina una figura acercarse a toda prisa hacia mi dirección. Cuando la figura está más cerca me doy cuenta que se trata de un animal de cuatro patas, y cuando ya lo tengo encima de mí lamiéndome la cara como perro me doy cuenta que se trata de mi buen amigo Steve.

—¡Steve! — le digo acariciándole el lomo —¿Cómo me encontraste amigo? Me vienes de perlas, Steve. Tienes que ayudarme a encontrar a Nora.

Saco de mi cartera la pequeña nota de Nora y se la doy a Steve para que la olisquee.

—He caminado durante días, amigo. ¿Y tú cómo has estado? Yo te veo muy bien.

Me monto en Steve y este comienza a correr atravesando la niebla con suma facilidad guiado por su buen olfato. La niebla se queda atrás en cuestión de minutos y veo como el sol comienza a caer. Steve me lleva a la cima de un cerro y al entrar a la pequeña pradera comienza a disminuir la velocidad. Vuelve a olisquear y después se echa en frente de una pequeña cueva.

—¿Ya te cansaste, Steve?

Me bajo de su lomo para inspeccionar el lugar; aquí no parece haber nadie. o eso es lo que pienso hasta que escucho que algo se mueve dentro de la cueva. Desenfundo la varita y me acerco a la entrada con los nervios a flor de piel.

—¿Quién está ahí? — pregunto.

—¿Q qué estás haciendo aquí? — escucho que dice una voz débil.

Entro a la cueva de inmediato encendiendo una pequeña chispa con la vara. Y al entrar me encuentro con Nora tendida en el suelo ardiendo en temperatura.

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace 12 días

Mañana otro capítulo... En cuatro capítulos más se termina todo :O


#44

—¿Nora?

—Te advertí… que non volvierasss— me dice sonando extrañamente ebria a causa de la fiebre.

—¡Dios! Es que ni estando enferma dejas de pelear.

Salgo de la cueva y bajo al río para acarrear un poco de agua para bajarle la temperatura. Rasgo un pedazo de la manta y la empapo en el agua. Se ha quedado dormida; Probablemente esté inconsciente. ¿Cuántos días tiene en este estado? ¿Qué le ocurrió?

—¿En verdad eres Nathan? — me dice.

—Claro que lo soy.

—Es cierto... tus ojos. Los extrañé.

—Sí, bueno…— tartamudeo sorprendido por el comentario— yo también te extrañé— le digo ruborizado. Sé qué está delirando y solo por eso no le reclamaré por haberme abandonado. Ya habrá tiempo para que me explaye como quiero.

—Ahora debes descansar. Te traeré más agua.

—Non te vayass— me dice tomándome débilmente de la mano —Tengo que regañarte por haber desobedecido. T -te dije que… era peligrosso volver. Solo mira cómo estoy.

—Basta, Nora. No sigas. Vine solo por ti y no pienso regresar hasta que mejores.

—De todas formar moriré. Es mi destino.

—Parece que no tienes idea de nada ¿No es así?— estrecho su mano con fuerza. Una inesperada lágrima correo por mi mejilla.

Nora deja de hablar y me doy cuenta que se ha quedado dormida.

Inspecciono por encima de su ropa en busca de alguna herida pero no logro encontrar nada hasta que reparo en su pierna izquierda. Tiene dos pequeños orificios sucios y ensangrentados.

Me apresuro a tomarla en brazos para irnos con ayuda del anillo. Steve se acerca para cargar a Nora y yo saco el anillo del bolsillo de mi pantalón. Lo tomo con una mano haciendo presión sobre él, mientras con la otra mano abrazo a Steve.

—¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué las cosas no funcionan cuando quiero?! — grito exasperado. Cierro los ojos para concentrarme pero no pasa nada, y sigue sin funcionar. Aprieto los nudillos hasta que se tornan blancos, siento como se encaja el anillo en el interior de mi puño. De pronto salen unas pocas chispas y el anillo nos hace avanzar un par de metros de donde estábamos parados.

Con los nervios a tope, bajo con cuidado a Nora del lomo de Steve y le quito la capa para recostarla sobre ella en el suelo a la sombra del árbol. Me muevo tan rápido como puedo para acarrear agua en una hoja de árbol y comienzo a enjuagarle la herida. Me quito la chaqueta y la enrollo a modo de que funcione como almohada para ella. Le limpio el rostro con otro trozo que tomo de la manta y me doy cuenta que la fiebre disminuye a paso lento.

Si tan solo tuviese el libro, pienso. Un foco en mi cabeza se prende y me introduzco en la pequeña cueva donde se encontraba Nora con la esperanza de encontrar el libro. Enciendo una pequeña chispa con la varita y observo con atención entre la tierra y las piedras, mi vieja mochila está semi enterrada en la tierra al fondo de la cueva.

#45

—No lo hagas— La fiebre la ha tenido delirando desde que cerró los ojos. No sé si soy un imbécil o su estado agravándose porque su semblante sigue igual que cuando llegué. Quisiera saber qué es lo que le ocurrió.

Como buena noticia temo que este libro no contiene nada de curaciones. Tan solo habla de hechizos de ataque y defensa; unas cuantas teorías que no me atrevo a probar y pensamientos de quien alguna vez fue mi padre.

Cerca de la media noche, el firmamento jamás se vio tan oscuro y penetrante. Cambio las compresas de la frente y me regreso a mi lectura minuciosa. No pienso despegarme de este libro hasta haberlo terminado. Aun me falta la mitad.
...


Me llama a lo lejos, alguien dice mi nombre una y otra vez pero se siente que hay mucha distancia de por medio.

— ¿Nathan? Despierta

No sé en qué momento cerré los ojos. Cuando los abro de nuevo, un poco modorro, veo a Nora tendida donde la dejé dentro de la cueva.

— ¿Qué pasó?— me acerco a ella para comprobar que la fiebre ha disminuido y se me va el corazón a los pies. Ha aumentado.

— ¿Ya amaneció?

—Aún no. No hables— le digo sentándome a su lado y le sostengo la mano con fuerza; es igual que tocar una plancha. — debes descansar.

—Yo sé que no me queda mucho. Me mordió una Apofis. Alguien le dio instrucciones.

— ¿De qué hablas?

—Una serpiente mágica. Una maligna. Te deja al borde de la muerte y el veneno te impide hacer magia.

Mi cara se desencaja— ¡No regresé para verte morir, Nora!— se me nubla la vista y no logro ver bien su rostro que agoniza. —Aquí debe de haber algo. — tomo el libro bruscamente y paso las páginas más rápido. Me duele el pecho, me siento más impotente que nunca. 

—Sé que es absurdo lo que te voy a decir— continúa. Me sorprende que con ese grado de temperatura siga lúcida. —No lamento haberte alejado de mí. Pero se siente como estar en el cielo ahora que estás aquí.

Sus palabras me estrujan el corazón. Le acaricio el cabello con suavidad, sus ojos se clavan en los míos. Las lágrimas no se hacen esperar; me estoy volviendo loco.

—No me voy a rendir. 

Hago la misma rutina de remojar las compresas. Me queda todavía un cuarto de libro cuando un viento travieso se cuela en el rocoso lugar y despeina las hojas del libro. Uso la varita para detener el paso de las hojas y sucede algo.

Un milagro, no, magia.


Con el toque de la varita sobre la hoja en blanco aparece un hechizo. Se titula: Ceder magia.

"En tiempos muy antiguos existieron males que no se pueden curar con ningún remedio.

Heredarle la magia a alguien más cura lo incurable, es magia  muy vieja que en la actualidad es muy raro que alguien la conozca.”

Preparar el hechizo es rápido, solo espero que Nora pueda resistir el tiempo suficiente hasta que se complete la transfusión de la magia. 

A lo lejos se escucha un estruendo que hace la tierra  temblar. 

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace 7 días

Dos capítulo por terminar...


#46

Tomo la varita de Nora y la ato con un pedazo de manta a su pierna herida. Coloco el libro sobre mis muslos para enunciar bien el hechizo. Apunto mi varita tocando la varita de Nora y comienzo. 

"endos mais tu parei sons thiz claethz meizo andes endos mais  toi chason le croi"  

De mi varita aparece una hebra de luz color blanca y azul que  se conecta a la varita de Nora. Siento un fuerte tirón del centro de mi pecho que me quita el aliento; ha comenzado. 

Tras repetir de nuevo el hechizo escucho a Steve se moverse inquieto con los  primeros rayos del crepúsculo, se escucha otro estruendo que me pone los pelos de punta. 

El brazo con el que sostengo la varita se ilumina por dentro permitiéndome ver las venas en su interior. Parece que todo  está por terminar cuando la cola de la hebra de luz se  desprende de mi varita. Pero aún no ha terminado. No estoy seguro si le he dado toda o solo una parte de mi magia pero me siento exhausto. El cuerpo de Nora comienza a  emitir una pequeña luz, la herida sigue ahí pero pronto  debería desaparecer. 


Dos estruendos se hacen notar no tan lejos de ahí. Es tiempo de moverse. Si me llevo a Nora, el destello que emana todo su cuerpo nos delatará, pero si me quedo nos descubrirán a ambos.

Tomo una pluma del fondo de la mochila y garabateo unas cuantas palabras en él. Con la nota envuelvo el anillo y se lo dejo en su mano ciñéndola para que no lo tire. Todo el plan recae en las manos de Nora. El libro lo entierro al fondo de la cueva junto con la mochila.

Salgo dando traspiés y me apresuro a recoger hojas para  tapar la cueva. Mis pisadas son demasiado torpes para mi gusto, pero luego escucho algo que me gusta menos: caballos. 

Tapo a Nora con hojas rezando que el resplandor no llame la atención de curiosos enemigos. Afuera empujo una piedra de la mitad de mi tamaño, pero es muy pesada, desenfundo mi varita la agito intentando que la piedra se mueva; y funciona. 

Regreso al interior de la cueva. Nora sigue dormida y  brillando. Me siento aliviado porque desde afuera casi no se nota. Me acerco a ella para darle un beso en la frente. —Te estaré esperando— le susurro antes de salir y tapar la cueva con otra piedra. Acomodo el escenario de modo que no se note que alguien ha tapado la cueva a propósito. Borro mis huellas del lugar y también las de Steve. Nos alejamos unos cuantos metros del lugar y me monto en Steve. 

Si mis cálculos salen correctos y Nora llega a tiempo, puede que todos tengamos una oportunidad. 

—Vamos amigo debemos alejarlos tanto como podamos. 

Nos adentramos en el bosque serpenteando los ataques entre los árboles. El galope de Steve es fuerte, pero alguien ha logrado darle en una de sus piernas haciéndolo avanzar más lento. 

—Lo tenemos— escucho decir a una mujer seguida de risotadas. 

Contraataco sin buenos resultados y otra de sus piernas es lastimada y salgo volando aterrizando en el suelo más cansado que antes. Me quedo ahí esperando que me levanten y me arrastren con ellos. 

—Mira qué premio— dice el rubio alzando mi cabeza del cabello para verme los ojos y comprobar que soy a quien están  buscando. —Ya debes saber quién te está buscando. 

—Es un desperdicio que tanta magia la posea alguien como él — interviene la mujer. 

—Apresurémonos. Ya quiero mi recompensa. Les dije que la  Apofis haría bien su trabajo— se entrometió el más bajo de los tres. 

—Esa tonta serpiente es una inútil. — Grita el chico alto— si hubiera hecho bien su trabajo no hubiésemos tenido que corretearlo tan lejos. Seguramente se entretuvo con un ratón. 

—Eso no es verdad. Invocar esa serpiente me lo enseñó mi  abuela, era un secreto familiar, y siempre me aseguró que no fallaría. 

—Por eso ahora tu abuela está muerta— se burla. 

—Olvídense de eso— los interrumpe la mujer mientras me ata a su caballo. El chaparrito le echa una mirada a mi alce. Al parecer le ha interesado pues veo que le ata a su caballo y le trata las heridas con un pequeño frasco que contiene lo que parece ser agua. 

—Es hora de irnos— ordena la mujer cuando me tapa la cabeza con una bolsa de tela maloliente que no me deja ver nada. 

Me están llevando a la maldita boca del lobo. 

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace 6 días

Recuerdo cuando en enero del 2016 dije que esta historia la terminaría en diciembre de ese mismo año :l


#47

—No tarda en propagarse la guerra de este lado del bosque

Al cabo de unos minutos de haber llegado, en donde sea que estemos porque no me han quitado la bolsa, se escucha la llegada de Nicolas. No estoy muy seguro del aspecto de mi semblante pero por dentro me siento inmensamente débil, no tengo la menor idea de dónde sacaré la energía suficiente para ayudar a Nora.

Un ruido me asusta mientras intento deshacerme de las cuerdas. Sé que se trata de Steve porque escucho que el pequeño lo llama “estúpido alce”

Unas manos me agarran del hombro lastimado haciendo que me tumbe sobre mis rodillas. Nicolas sin tiempo que perder me arranca la mal oliente bolsa de la cabeza y pone a trabajar su vara mágica; una hebra de luz se mete por uno de mis oídos.

Lo miro con desdén, me llena de impotencia no poder huir. Su rostro cambia de satisfacción a una de desconcierto.

—¿Qué es esto?— dice al fin —¿Dónde está todo tu poder?

La hebra sale de mi oído de golpe y en cambio una chispa roja desprende de su vara. Mi respiración se entre corta y me concentro en no caer en lo mismo de siempre. Nicolas me ataca justo en el hombro izquierdo dejándome la camisa desgarrada.

Presiona su varita en el hombro lastimado y me hace gritar de dolor —¿Qué hiciste?

—Darle un mejor uso— la nariz comienza sangrarme. Los ojos de Nicolas se abren tanto que pareciera que se le saldrán. Me ataca y me vuelve a lastimar el hombro. Los individuos que me sujetaban me sueltan dejándome caer.

—Se la di a alguien que si lo merece.

—¿Cómo lograste eso? ¡Dímelo!—

—Será mejor matarme. No te diré nada.

—Te voy a dejar seco— la hebra vuelve a salir, pero su varita sale disparada junto con dos de sus dedos.

Todos miramos en la misma dirección. Con dos ataques certeros derrumba a dos de los contrincantes. La mujer huye tropezando y desaparece en la bruma del bosque.

Donde yacía la mano derecha de Nicolas ahora solo hay sangre. Me giro para ver lo que él mira y me encuentro con Nora. La chica ataca sin una pizca de duda directo en el estómago. 

—Tú no puedes vencerme— exige retorciéndose de dolor por las quemaduras del hechizo. Ella lo mira con hastío.

—Tu avaricia fue la que acabó contigo. — y le ataca de nuevo haciéndolo gritar de dolor. Todo lo que hay en Nora es ira y dolor. Se aferra a su varita haciéndolo sufrir sin una gota de lamento.

—¡Basta Nora!— le grito asustado de su reacción —No seas como él.

—¡El te lastimó cientos de veces! ¡¿Por qué habría de tenerle misericordia?! ¡Torturó solo para lograr su objetivo! — sigue gritando sin molestarse en mirarme. Su atención sigue en la desfigurada persona de Nicolas quien esta molido a golpes. Nora le cortó la mano derecha y la mitad de su pierna izquierda.

—Nora, por favor— le tomo del brazo antes de que lo ataque de nuevo —No te dejes llevar por esos instintos. Tu eres más que eso.

Me tumbo detrás de ella con el punzante dolor en el hombro. La chica observa a Nicolas en el suelo y al cabo de un minuto levanta la varita para la estocada final. No he hecho nada, pero, con el estómago vacío y después de tantas emociones encontradas, la bilis me carcome y me destroza por dentro. Veo el cielo tan quieto y una luz que lo ilumina de repente, un grito de dolor se hace lugar entre el silencio y sé que todo ha terminado. Esta noche no habrá razón para dormir con miedo.


—Nathan— la escucho. Su voz suena ajena, ya no pronuncia mi nombre con enojo. Algo me dice que vamos a pasar mucho tiempo juntos.—Abre los ojos, tonto— me da un manotazo en el hombro malo y no puedo evitar reír y quejarme por su torpeza. —¡Perdóname! ¿Te duele mucho? ¿Puedes levantarte?

Sus pequeñas manos se posan en la herida con delicadeza.

Me siento para mirarla hincada frente a mí con uno de los cristales de sus lentes craqueados y su mirada nerviosa. 

—Me duele, pero estoy bien. Si comparamos este dolor con la alegría de verte aquí, te podría decir que estoy excelente.

—No seas tonto— se ríe mientras me acaricia el cabello —la guerra al fin terminó. — me sonríe con una de las sonrisas más sinceras.

No puede juzgarme por atreverme a robarle un beso en esa primera sonrisa libre de miedo y llena de alegría.

—Querías saberlo ¿No?— le pregunto al ver como su sonrisa se tuerce y pretende ponerse enojada.

—No ahora— me dice sonrojada y con el ceño fruncido. Desvía la mirada y se pierde en alguna parte más lejana que el bosque que nos rodea.

—Sé que te estas conteniendo— me río de su manera de fruncir el ceño. Al ver que no planea decir nada me adelanto a proseguir— Bueno, de todas formas sé que sientes lo mismo por mí o no estarías así de roja.

—Tiendo a ponerme roja cuando corro mucho.

—Pues a mí me encantas. — suelto sin más— Significa que llenas mi mundo de magia.—le digo de manera sarcástica haciendo ademanes con las manos— Significa que haces que las estrellas brillen, aunque es de día pero creo que sabes a qué me refiero...

—Ya cállate— acota tomándome de lo que queda de mi camisa –yo también te quiero.— me abraza bruscamente y me aprieta tanto que creo que me dejará sin aire —y sí, me encantan tus ojos. Y fue un mar de difícil dejarte creyendo que jamás volvería a verte. Fue peor cuando estuve ahí en esa cueva sabiendo que moriría y deseando verte.

Por mi espalda cayó una lágrima acompañada de un sollozo que descargaba un sinfín de sentimientos reprimidos. Nos quedamos así un largo rato. Después nos marchamos de ese desagradable lugar. Steve nos encontró en el camino. Las pisadas crujían en la tierra cuando de pronto un copo de nieve me cae en la nariz. 


Nora me abraza de la cintura y yo le rodeo los hombros con mi brazo bueno.

—Ahora que solo soy mitad mago ¿Significa que los papeles se invertirán y ahora yo seré tu aprendiz?

—Nathan. Siempre han estado invertidos los papeles. 

FIN

Cyanancy
Rango10 Nivel 46
hace 5 días

Si algún día vuelven a su lectura los dos lectores que siguieron esta historia les pido disculpas por haberlos dejado en ascuas por tanto tiempo. Les agradezco que se hayan interesado en mi historia :D