Abril_Sagols
Rango11 Nivel 53 (8142 ptos) | Artista reconocido
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y hay otras tantas que sé y no quisiera saberlas...

Cuando era pequeña siempre soñaba con el cuento que me contaba mi madre cada noche.
Es ironía. Mi madre nunca me contó un cuento para dormir.

Recuerdo tener un caballo imaginario. Recuerdo verlo correr a mi vera, feliz y ansiando que le soltase esa correa que lo ataba y no le dejaba ser lo suficientemente feliz. Yo no quería soltarlo. Era el único que me acompañaba en mis escapadas mentales, en mis huidas sentimentales, en mis viajes astrales.
Me encantaba desaparecer del mundo en cualquier momento. Y me encantaba hacerlo con él. Con él o con todos los que mi mente podía dibujar. En el coche, de camino al colegio o en mi habitación. Lo hacía a todas horas. Cuando más escapaba era antes de dormir. Me encantaba adentrarme en mi "burbuja" e imaginarme el día que me hubiera gustado tener. Volaba como los pájaros y sentía su libertad. Nadaba kilómetros de mar imaginando ser una sirena y era capaz de sentir el agua acariciando mi pelo. Saltaba y corría por la selva como una pantera, sintiendo su adrenalina y su ansia por la vida.

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Me gustaba perderme en la naturaleza, me gustaba imaginar cómo cambiaría el mundo para ayudar a todos los niños que mi abuela repetía cada día que no tenían para comer.

Siempre pensaba que era muy afortunada por todo lo que tenía, pero no entendía por qué no podía tener lo que los demás sí tenían. Mamá, yo quiero un boli de hada como el de Saray.- No se puede.- Decía mi madre mientras se encendía otro cigarrillo.
Nunca lo entendí, y creo que aún sigo sin entenderlo.
No siempre mis escapadas mentales eran como me gustaría. A veces aparecía una sombra negra. Oscura como mis rencores y grande como mis errores. Tenía las manos más grandes que el resto del cuerpo y sus ojos solo transmitían rabia y miedo. Su boca era enorme, con miles de pretextos en contra y unos afilados dientes para poder herirte mejor. Recuerdo que a veces aparecía oculto entre mis pensamientos y me asustaba. Me gritaba, me humillaba, me odiaba. Yo gritaba ,¡Papá! buscando su ayuda para que me liberase de ese terror, pero nunca me escuchó. Estaba a otras cosas, a otras más importantes.
Recuerdo las veces que aquella sombra negra aparecía entre las paredes de mis pesadillas, asomado en esa puerta dispuesto a golpearme una vez más. Yo me dejaba hacer, era completamente un cuerpo sin alma. Me evadía y visualizaba la situación en tercera persona. Nunca podré describir lo que veía. No existen monstruos tan feos ni adjetivos tan descalificativos.
Un día mi caballo se fué. Y con él mi golpe a la realidad. No tendría más de 12 años cuando todo cogió sentido. Cuando todos lo sabían y yo como cualquier culpable, mentía.

Cuando todos lo sabían y nada hacían.

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace casi 4 años

A mí me gusta que hayas empezado en minúsculas y cómo los has contado