Cara
Rango10 Nivel 48 (5483 ptos) | Fichaje editorial

Una joven mujer se encuentra envuelta en la extraña obsesión del hombre que la tiene prisionera por razones desconocidas. Luego de años termina conociendo a un hombre excéntrico y misterioso que le promete libertad.

Sin embargo, él no es lo que parece y a pesar de que ambos sienten una conexión especial el uno por el otro, estarán atados a una investigación que va más allá de lograr el objetivo, lo cual pondrá a prueba la confianza que ellos se tendrán.

Muchos sentimientos involucrados, el odio, el rencor, la sed de venganza y de poder, los celos enfermizos, y entre ellos, las ganas inmensas de libertad de la joven, las obsesión por conocer la verdad sobre unos asesinatos y la esperanza de atrapar a un delincuente disfrazado de cordero a nivel social, pero lo que no nadie sabe es que estarán jugando las cartas de alguien más.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Doloroso es lo que cuentas,
muy bien relatado.
Espero que su futuro sea mejor.

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

Dejame sorprender. Aqui voy!!!


#2

Capítulo 1

Simona despertó dolida en medio de aquella fría habitación, cuyas paredes blancas con un mobiliario fino y elegante, conformaban el panorama sobrio de aquel lugar.

Ella no tenía idea de qué hacía allí, aunque muy pronto recordó lo que era y de las tantas veces que había despertado en la misma situación; y justamente por eso, decidió levantarse rápidamente, ya que no tardarían en venir a buscarla para llevarla de regreso.

Se dio cuenta de que seguía con la misma ropa y no desnuda como de costumbre, no pensó mucho en ello y tomó fuerzas para ponerse de pie, lo cual le costó bastante ya que la cabeza le estaba por estallar.

Lo único bueno de la situación era que no recordaba nada de lo que había pasado en la noche, ni de quién fue su cliente ésta vez. Eso de alguna manera le ayudaba a no sentirse tan sucia y deplorable por dentro, porque físicamente sus captores se encargaban de mantenerla limpia, bien vestida, arreglada y con rutinas diarias de ejercicios para evitar que gane kilos demás, ya que eso sería un defecto en la mercadería.

Los dolores de cuerpo eran terribles cuando el efecto de las drogas pasaban; ella se estaba volviendo adicta, se controlaba siempre que su desesperación no sobrepasara sus pocas esperanzas de escapar alguna vez, lo único que la frenaba era ver la foto de Oliver, su pequeño hermano a quien no veía hacía ya cuatro años.

Estando en el baño, se duchó, se vistió y salió de la habitación a esperar que vinieran por ella; llegó hasta la sala y al mirar alrededor corroboró que aquello no era un cuarto de hotel sino un departamento, encontró servido el desayuno y una nota.

«Puedes desayunar tranquila». Sólo unas pocas palabras en aquella línea que le hicieron sentir escalofríos, no tenía idea de lo que estaba pasando ni del porqué aún no venían a buscarla, quizá fue otro negocio de Jorge, su rostro se desencajó por completo y las lágrimas empezaban a quemar sus oscuros ojos; el pensamiento que invadía su mente era que él la había vendido a quien sabe que loco maniático, nunca más sabría de Oliver ni lo volvería a ver, empezó a temblar, sentía que una vez más le habían quitado la vida de una forma tan dolorosa.

Pasaron como dos horas hasta que escuchó unos pasos acercarse del otro lado de la puerta, instintivamente se alejó de donde estaba y quiso esconderse, pero el hombre que entró le habló con una voz tan tranquila que ella no comprendía, ya que siempre la trataron como a un pedazo de carne, era la primera vez en años que alguien se refería a ella con esa delicadeza.

―No tengas miedo, no te haré daño ―decía el hombre al percatarse de que ella corrió detrás de uno de los muebles del departamento―.
Ella se mantenía con la cabeza gacha evitando mirarle a los ojos, tantos años de abuso hicieron que se convierta en una sumisa, ella sabía que desobedecer podría costarle muy caro.
―No has desayunado ―el hombre frunció el ceño y se acercó a ella―.
Tampoco recibió respuesta de Simona quien seguía temblando del miedo a pesar de que era una experiencia totalmente nueva.

El hombre se volvió a acercar a ella de forma cautelosa y tranquila, no quería asustarla más de lo que ella ya estaba, debía ganarse su confianza.
―Ven, no te haré daño, debes comer algo, has dormido casi veinticuatro horas seguidas ―el extendió su mano esperando que ella hiciera lo mismo―.
Finalmente luego de muchas insistencias de parte de él, ella aceptó tomar su mano, él la dirigió lentamente hasta la mesa en donde se encontraba el desayuno y esperó que ella comiera lo que allí le fue servido.

Ella, aunque más tranquila aún no comprendía lo que estaba pasando, desayunó despacio, trataba de mantener la compostura ante todo, cualquier error suyo quizá le cueste la vida a su hermano.

Mientras tanto el hombre la miraba con lástima, pero dejó de hacerlo al darse cuenta de que la incomodaba de sobremanera, decidió darle espacio y se alejó un tanto, colocándose a leer el periódico en forma silenciosa.

Ella aunque no habló, agradecía su gesto, no pudo evitar mirar que el hombre tendría unos treinta años, quizás un poco más, estaba muy bien vestido con un traje gris, al parecer era un empresario importante; notó que él se quitó el saco para ponerse a leer el periódico, él cuál no tenía idea de dónde era, ya que le parecía extraño el color y la tapa, no lo reconocía.

Cuando ella terminó de desayunar, se levantó y se dirigió hasta donde él, tendría que preguntarle de una vez por todas lo que estaba pasando y en dónde se encontraba; al llegar el hombre le sonrió y luego se excusó con ella, pues recibió una llamada y debía atenderlo, se fue al balcón dejándola sola.

Ella aprovechó para mirar el periódico, y lo que vio le sorprendió «Praga», ella despertó en la República Checa, muy lejos de su hogar o mejor dicho de donde alguna vez fue su hogar.

Demer
Rango6 Nivel 29
hace más de 4 años

Hola Cara, me gusta mucho tu historia, tiene muy buena pinta. Aquí te dejo un like más :)

Cara
Rango10 Nivel 48
hace más de 4 años

Gracias por el apoyo ;)

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

Que puedo decir... Escribes bien, se entiende la historia y la desarrollas a un buen ritmo.


#3

Capítulo 2

No salía de su asombro cuando el hombre se acercó nuevamente y tomó asiento junto a ella.
Su rostro ya habría estado totalmente desencajado cuando él la miró y eso hizo que cambiara su expresión, ahora se lo notaba... ¿preocupado?.

―¿Imagino que estarás sorprendida y que no entiendes nada de lo que está pasando? ―hablaba tranquilo mientras sacaba el periódico que aún seguía en sus manos para luego depositarlo en la mesilla.
Asintió ante la pregunta, aún no era capaz de hilar palabras ya que no sabía de lo que sería capaz de hacerle, era preferible callar y esperar que diera sus órdenes.

―Hablame de ti ―él la miraba diferente al resto de los hombres a los que sirvió alguna vez, eso la confundía, no entendía el porqué él se tomaba muchas atenciones con ella, pero, luego de pensarlo y de una pausa un tanto incómoda decidió contestar como le habían enseñado.
―Soy lo que usted quiera que sea ―y al decirlo el hombre se acercó más a ella, quién de inmediato bajó la miraba hacia sus temblorosas manos.
―Quiero que seas tú ―él hablo impasible, con suavidad, buscaba ganar su confianza.
Ella no dudó en mirarlo a los ojos cuando él levantó su barbilla para observarla con ternura, en ese momento sintió como una leve descarga de energía se extendía por su espina dorsal, logrando de cierta forma inquietarla; ese hombre conseguía sosegarla dentro del oscuro infierno en el que vivía.
Él la observó detenidamente y lo que menos quería acababa de pasar, se había perdido por completo en los extraños ojos bicolores entre gris y verde que delataba la tristeza y la perdida de fe que ella tenía. Por un momento se sintió muy apenado por el destino que le tocó vivir a la pobre mujer y muy dentro suyo deseó cambiar esa historia, deseó ser él quien la salvara del averno.
Aunque eso pudiera, sabía que ese no era el momento, sabía que aún faltaba algo y ella era la clave de todo, por lo que decidió continuar con lo suyo.
―¿Porqué una joven tan hermosa tiene los ojos más bellos y tristes que vi alguna vez? ―seguía embelesado con lo que veía y con la piel tan tersa y blanca que ella poseía.
Ella sin embargo, se sentía segura a su lado, de hecho era la primera vez después del secuestro que volvía a experimentar ese sentimiento.
Un lágrima traicionera se escapó de sus ojos y aquello perturbó al hombre, él sentía que tenía frente suyo a la más triste de todas las mujeres que haya conocido y no podía hacer nada para remediarlo, salvo que pasase bien lo que quede del resto de los días con ella.
―No llores, estás bien conmigo, nadie te hará más daño ―realmente no quiso decir aquello, le estaba haciendo una promesa que tal vez no cumpliría, que le sería muy difícil de hacerlo, pero, esa pobre e indefensa joven sacaba lo humano que él aún guardaba dentro de si, aunque los demás piensen lo contrario.
Inmediatamente después de esos pensamientos, él se apartó de su lado, sabía que si continuaba por ese camino las cosas no iban a terminar exactamente como las había planeado, por lo que se centraría en lo puntual.
―Hablemos... empezaré yo ―se acomodó en el asiento de enfrente y retomó la conversación casi inexistente hasta ese momento.
―Mi nombre es Evan, ¿cuál es el tuyo?.
Ella lucía más tranquila, dentro le invadían miles de sentimientos y pensamientos que no guardaban relación con la nueva experiencia.
―Simona ―respondió casi en un susurro, luego agregó con voz temblorosa―, ¿qué hago aquí?
―Verás, necesito que me acompañes por algunos días, serás mi acompañante durante mi estadía en Praga, luego... ―hizo una pausa, se había perdido nuevamente en los ojos de Simona― podrás regresar con Jorge ―oír aquello la quebró de nuevo, en vano estaba esperanzada en él, por un momento se le pasó por la cabeza que todo cambiaría y que al fin podría volver junto a Oliver.
Ella no dijo nada más, se quedó pensativa observando un cuadro en la pared, era el mar con el ocaso del sol y una aves volando en las cercanías; quiso ser libre, envidió a los alados y se sintió tan vacía, sumida en la soledad que se había convertido en un denso muro que la separaba del crudo mundo real.
Evan no quiso continuar con la plática, prefería contemplarla mientras ella viajaba en aquel azulado paisaje, la veía tan desprotegida y frágil que no quiso interrumpir el momento.
Minutos después Simona giró hacia Evan, sentía como él la miraba desde su lugar, ya se sentía más calmada por lo que fue ella quien esta vez decidió hablar primero.
―Y aparte de acompañarte... ¿qué es lo que debo hacer? ―su rostro reflejaba una desdicha y nostalgia que cargaba consigo día tras día.
Esa pregunta sacó de su comodidad al hombre, quién no esperó aquello, más bien pensaba que ella era más recatada, más tímida; luego recordó que no sabía cuanto tiempo ella llevaba en esa vida, quizá se había convertido en su costumbre.
―No lo sé, ya veremos... por lo pronto, estate lista ―miró el reloj de pulsera― en unas tres horas ―su voz sonó serena pero algo fría, era diferente, ella lo notaba más distante.
Él se levantó antes de que ella pudiera decir nada más y de unas zancadas salió del lugar, de pronto llevaba prisa, ya no se sentía cómodo con ella, quería abandonarlo todo.

Hace alrededor de 4 años

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Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

Sigo aqui leyendo. Das muchos detalles y eso hace que la historia vaya lenta. Pero "eso" ami me gusta los detalles y las historias largas, claro, solo las que me atrapan. 😁


#4

Capítulo 3

Simona quedó algo decepcionada por lo ocurrido, pero estaba así con ella misma por haberse permitido ser ingenua por unos minutos, hacia tiempo que perdió cualquier esperanza, nadie vendría a rescatarla del profundo abismo en el que la sometían sin vacilar, ella era consiente de aquello y la situación del momento era solamente eso, un simple momento, pocos días que serían diferente, hasta volver a la rutina ya conocida e indeseada.

Pasaron casi tres horas desde que Evan abandonó el departamento, en ese transcurso Simona encontró lo necesario para cambiarse la ropa y arreglarse tal como él se lo ordenó.

Él fue puntual y llegó a la hora indicada; cuando entró dejó la puerta abierta y se quedó parado en medio, ella notó en él un cambio, estaba diferente.

―¿Lista? ―su voz seca delató lo que Simona sospechaba, él ahora la trataba como lo hacían los demás pero, se quedó mirándola con un rostro insondable para ella, toda fe en él se había esfumado por completo.

Asintió y se levantó del sillón en el que lo esperaba ansiosa, caminando lentamente hacia él, quien nuevamente se perdió en la belleza que poseía Simona, con un elegante y ceñido vestido blanco que le llegaba a las rodillas y unos zapatos rojos que combinaban con sus labios carmín.

En esos segundos que parecieron eternos él se hizo miles de preguntas, no podía entender el porqué ella estaba allí, era una mujer preciosa y se merecía más que eso, volvió a recordar aquella promesa que sabía podría no cumplirla si algo salía mal y antes de que su mente viajara por más reflexiones, ella se detuvo frente a él con una mueca o intento de sonrisa.

Le ayudó a ponerse el abrigo rojo, luego le mostró el camino hacia la puerta y salió detrás de ella cerrandola, estaban en el segundo piso de un antiguo pero conservado edificio de unos cuatro o cinco pisos, las paredes eran de un blanco cremoso y el piso en azul pálido brillante, tanto que se podía ver los reflejos en él. Tomaron las escaleras, se bajaron en silencio y al llegar notó una recepción muy lujosa, él posó su mano en la espalda baja de ella para conducirla hasta el coche que los esperaba afuera, al salir encontraron un lujoso auto negro junto a tres hombres bien fornidos y serios, ―serían sus guardaespaldas―, pensó ella.

Uno de ellos abrió la puerta para que ambos pudieran ingresar dentro, uno de los hombres subió del lado del copiloto junto al chofer quien ya estaba dentro, mientras los demás se subieron en otro auto que llegó justo después de que abandonaran el estacionamiento.

Tanto Simona como Evan no se dirigían palabra alguna, un silencio sepulcral invadía el reducido espacio que tenían dentro, ella sólo miraba los callejones de la ciudad y a la gente que caminaba libre. Volvió a sentirse presa en cuanto veía aquello y el momento fue más triste aún cuando una familia compuesta de de cuatro personas estaba esperando por cruzar la calle. Aquello hizo que desistiera de observar el exterior, un espacio que tal vez jamás volvería a disfrutar.

Él sin embargo, la miraba de vez en cuando por le rabilo del ojo y vio como ella se tensó de pronto, eso le causó curiosidad, aunque más bien le dio pena, ella volvía a ser dueña de una mirada llorosa, y aquello lo animó a hablar.
―Nos vamos a un almuerzo ―dijo expectante de que ella volteara a verlo pero, no lo hizo―, espero que te comportes ―ni él supo el porqué se lo dijo, tal vez por no verlo o quizá con esas palabras ella sí lo miraría―, imagino que ya sabes que hacer ―continuó y esa frase fue la que más la humilló, ella buscó sus ojos con una mirada de desaprobación y de decepción, a medida que lo iba conociendo crecía el desencanto por aquel hombre.

Evan sabía que la estaba humillando, más no lo iba a reconocer y trataría de intimidarla lo más que pudiera, estaba más que seguro de que era la única manera de llegar a donde quería; lo que sí debía reconocer era que la chica lo desconcentraba, su forma de ser, su actitud, por sobre todo la belleza y el triste brillo de sus ojos. Se quedó nuevamente perdido entre esas lagunas bicolores que de cierta forma lo hipnotizaban y al percatarse de su error, frunció el ceño y esta vez fue él quien empezó a observar el paisaje urbano de la vieja Praga.

Al no entender la actitud de Evan, decidió con frustración decirle algunas palabras, sólo así podría con aquello, defendiendo la poca dignidad que le quedaba.
―Se perfectamente lo que debo hacer ―su voz resultó áspera―, no es necesario que me lo diga, usted no tendrá quejas de mi, ya estoy acostumbrada a esto y le aseguro que no es la primera vez que lo hago, pero imagino que eso ya lo ha de saber ―y al decirlo se sintió mejor, aunque no sabía si tendría o no represalias, ya que a algunos clientes se les daba por ser violentos si una de las chicas desafiaba su autoridad, hasta el momento el único violento con ella era Jorge, él sí la maltrató bastante cuando empezó recién, él fue y sigue siendo una de las peores personas que ha conocido.

Evan decidió ignorarla, lo que ella le decía era la verdad aunque él no quisiese escucharlo. Pasaron el resto del viaje en el mismo silencio que los separaba y los unía a la vez, hasta que el auto estacionó frente a un hotel.

Hace alrededor de 4 años

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David_Casado
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Habrá que tener paciencia para llegar al final. Muy bien hasta ahora.

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

Insisto, me encantas los detalles. Es muy buena tu historia seguire leyendo.


#5

Capítulo 4

Bajaron en cuanto los guardias abrieron las puertas, él se colocó a su lado y mientras caminaban empezó a decirle algunas cosas que ella no esperó jamás.
―A todo lo que yo diga, si te llegan a preguntar tú solamente afírmalo sea lo que sea y quien sea ―la miraba a los ojos y entrelazaba sus brazos―, ¿has entendido?.
Ella asintió, muchas opciones no tenía y aunque no entendiera lo que pasaba tampoco le importaba, ¿que tan malo podría ser?, él había pagado por ella y eso lo convertía en su dueño temporal, aunque no tenía idea de cuánto tiempo sería.
Llegaron a la recepción y uno de los empleados los guió hasta el restaurante. Toda tranquilidad se esfumó de ella cuando vio a las personas que se encontraban en una de las mesas, se tensó de inmediato y Evan sintió como ella le apretaba el brazo tan fuerte como implorando por un poco de seguridad a lo que él cuidadosamente acudió con unas palabras al oído.
―No olvides lo que te dije ―fue lo que alcanzó a articular ya que se acercaban a ellos tres guardias, a pesar de que detrás iban los guardaespaldas que los acompañaba, quienes se pusieron frente a los guardias para evitar que se acercaran más de la cuenta, solamente lo necesario.
―¡Mi querido y gran amigo Evan! ―exclamó uno de los hombres de al menos treinta o más años, cabello negro y tez bronceada, vestía un fino e imponente traje gris con camisa negra; se levantó enérgicamente para calmar la tensión que se generó a raíz del despliegue de sus guardias hacia ellos, dando a entender que todo estaba bien.
―Marotooo ―una gran sonrisa se dibujó en los labios de Evan, Simona por su parte sintió asco por presenciar aquello.
―¡Veo que has pasado muy bien! ―el hombre dedicó una mirada lasciva a Simona, quien para entonces ya tenía los ojos puestos en el piso o en cualquier otro sitio.
―Así es, de lo mejor, no me habías dicho que tenías mujeres tan... ―miró descaradamente a Simona quien se contraía a su lado llena de confusión―, tan exquisitamente salvajes ―seguía con la sonrisa torcida y mal intencionada, pero, con lo que decía dejó más que claro que ellos habían pasado la noche juntos, aunque ella no lo recordara.
―¡Eso me gusta! ―el hombre palmeó la espalda de Evan unas tres veces en signo de aprobación―, tomemos asiento.
En la mesa estaba el anfitrión acompañado de una rubia con ojos que dilataban odio hacia los recién llegados, y dos hombres más de entre treinta y cuarenta años, sin contar con los cuatro guardias que tenía a su alrededor.
Ella sentía que en cualquier momento iba desmayarse en medio de todos, jamás esperó oír lo que Evan dijo, era una más que sumaba a la ya lista de cosas que decepcionaban por completo la impresión que tenía de ese hombre, quien primero fue tan atento con ella.
Ellos hablaban de negocios por lo que alcanzó a entender, una gran venta, sólo que no decían de qué, el anfitrión trataba de impresionar al acompañante de Simona, pero ella sabía que él no era de fiar, aunque tampoco conocía a Evan, pero por lo que estaba sucediendo se daba cuenta de que efectivamente, era un hombre de negocios, quizá un empresario millonario. Le dolía el estómago cuando le sirvieron lo que pidió, realmente no tenía hambre, pero por educación debía fingir que si, y fue así, llegó a engullir una porción de su menú a duras penas.
Por otra parte, la rubia la fulminaba con la mirada, hasta que le hizo una seña y luego de susurrarle algo al hombre, se levantó pidiendo que ella la acompañase al tocador.
Simona buscó en los ojos de Evan su aprobación, sabía que así habría de ser, éste antes de darle el permiso en otro gesto, le dedicó una mirada indescifrable que duró unos segundos, ¿acaso le estaba pidiendo algo?, allí ella recordó lo que le dijo al entrar y en señal de que lo comprendía, le dedicó una leve sonrisa.
Ambas mujeres se dirigieron al tocador, escoltadas por uno de los guardias y por un guardaespaldas de Evan, al entrar la rubia se abalanzó sobré Simona y sin previo aviso golpeó su espalda contra la pared.
―¿Quién te crees que eres para mirarme de la forma en que lo hacías? ―la rubia la estaba agarrando del cuello, mientras ella intentaba zafarse de su agarre.
―¡Suéltame!, ¡suéltame! ―repetía Simona una y otra vez mientras la otra seguí diciéndole incoherencias.
―Debía ser yo la que esté allí... y no tú ―finalmente la soltó, ella era más alta que Simona por lo que no fue difícil acorralarla―, pero nooo... la salvaje salió a flote, estás aprovechando seguramente.
―Yo... ¿no se de qué hablas? ―contestó llorosa mientras se sobaba el cuello, aunque en el fondo sabía que era por la noche que pasó con Evan.
―Pero, él tuvo que elegirte a ti, a ti que tienes tanta suerte, niña estúpida ―trataba de no levantar la voz, sabía que afuera la vigilaban―, desde que llegaste has sido sólo un dolor de cabeza en mi vida, desde que apareciste fuiste la preferida de todos, pero lo peor es que tú no lo supiste aprovechar, no eres mas que... ―un sonido seco proveniente de la cachetada que acababa de recibir por parte de Simona interrumpió su deliberación.
―¡Basta! No te he hecho absolutamente nada, he sido una esclava al igual que tú en este lugar, pero, ¿sabes cuál es la diferencia entre nosotras? ―la miraba fijamente―, que tú disfrutas de esto y yo lo aborrezco.
Y al decir todo aquello salió de un impulso respirando entrecortada, pero se detuvo y volvió rápidamente junto a la rubia, quería vengarse por el mal rato y por todos los momentos en que ella le hizo sentir mal.
―ah... y sí, fue una exquisita noche de pura pasión y ni te imaginas como lo disfruté, ese hombre si que sabe lo que hace ―dijo sonriente y con sorna para luego retirarse, dejándola hecha una furia.
El guardaespaldas de Evan al parecer escuchó toda la conversación, ya que le dedicó una sonrisa tranquilizadora en cuanto la vio a lo que ella le devolvió el gesto.
Simona volvió más calmada luego de haberse tomado unos minutos, se sentó junto a Evan, quien curiosamente estaba sonriendo, al parecer los negocios iban muy bien.
Continuaron así por un buen rato, la rubia ya había aparecido para cuando eso, y aunque estaba totalmente repuesta de lo acontecido, el odio no disminuyó en sus ojos.

―¿Quedamos así entonces? ―Evan esbozaba la misma sonrisa de ganador de hace unos momentos.
―Si, como se dice, negocios son negocios ―Simona lo conocía muy bien, sabía que algo lo molestaba, de pronto sintió miedo, la hora ya acababa, quizá ya debía volver a la realidad.
―Quince días ―Evan hablaba.
―Siete ―Maroto contestó.
―Doce y cerramos el trato ―de nuevo Evan estaba negociando.
―Diez días, ni uno más ―el rostro de Maroto no parecía del todo feliz, pero la sonrisa de Evan resplandecía tal como su ego de vencedor.
―Perfecto, trato hecho.

De regreso estando en el coche Simona no aguanto la curiosidad, debía saber el porqué ella seguía con él, pues lo lógico era que se quedará, por lo que decidió preguntar.
―¿Porqué Jorge no me llevó con él? ―y sí, Maroto era Jorge, la pesadilla de Simona durante todos estos años, ese era el motivo por el que ella se tensó al verlo.
―En diez días volverás con ellos ―fue todo lo que él dijo.

Hace alrededor de 4 años

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Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

―ah... y sí, fue una exquisita noche de pura pasión y ni te imaginas como lo disfruté, ese hombre si que sabe lo que hace ―dijo sonriente y con sorna para luego retirarse, dejándola hecha una furia.

Esa parte de mis favoritas. Aqui lo dejo, no quiero comerme todo el pastel de un solo bocado. Te seguire leyendo en el futuro. 😁✌


#6

Capítulo 5

La noche había llegado y Simona estaba encerrada en aquel frío departamento, pensó en los acontecimientos ocurridos durante las últimas horas pero no sacó ninguna conclusión, todo era lógico, en algún momento había oído acerca de los hombres que compraban por uno o dos días a las mujeres, y en la mayoría de los casos ellas terminaban desapareciendo, hallándose sus cuerpos un tiempo después, o simplemente esfumándose por completo como si nunca hubieran existido. Aquellos pensamientos erizó su piel, ella estaba abrumada por ello, por Oliver, debía encontrarlo, no se podía permitir desaparecer como el resto de las mujeres a las que alguna vez conoció.

Caminaba de un lugar a otro, los nervios la consumían, el miedo la invadía lentamente, arrancándole las pocas esperanzas, y ella empezaba a temblar. Oscuras reflexiones irrumpían su mente, tal vez producto de la falta de drogas que calmen su cuerpo, o quizá el inminente miedo que la acorazaba, lo cierto es que así no podía seguir, necesitaba calmarse.

Los nervios la consumían, la desesperación estaba tocando su alma y razonar era como una luz infinita al final del túnel, ya no era consciente de nada y la agresividad se apoderó de ella a tal punto que empezó a destruir todo a su paso; entre sollozos exasperados observó su rostro en los pedazos del espejo que destrozó, unos ojos verdes totalmente perdidos y vacíos escasos de brillo, de ilusiones y sueños que jamás cumpliría se reflejaba en ellos. Tomó torpemente uno de los fragmentos, y viéndose perdida en él lo llevó directo a las muñecas, ya no podía seguir así.

Una voz resonó en el ambiente, Evan había ingresado al recinto y al ver los destrozos ocasionados pensó que se habían llevado a Simona, ella no respondía a su llamado y él se adentró hasta llegar al baño en donde encontró a una mujer desecha sentada en el piso envolviendo las piernas y hundiendo la cabeza entre ellas en medio de fragmentos de cristales y espejos esparcidos en todo el lugar.

Sus ojos se desorbitaron al ver las manchas de sangre que se impregnaron en el piso, rápidamente la levantó buscando sus heridas, ella seguía con el pedazo en una de sus manos, eso habría provocado la herida a raíz del fuerte agarre, estaba cortándose las manos.

―Pero... ¿qué has hecho? ―Evan se sentía nervioso, de un impulso se lo sacó, mientras ella entre sus sollozos le respondía.

―No pude, no pude hacerlo ―allí él entendió que se refería a cortarse las muñecas ya que alcanzó a ver una fina herida ensangrentada en una de ellas.

En ese momento él no lo pensó más y lo único que pudo hacer fue abrazarla fuerte para transmitirle de alguna forma calma y seguridad; el pequeño cuerpo de Simona se contraía entre sus brazos, y las lágrimas caían como torrentes sin control a lo largo del hermoso rostro de la joven. Él lavó sus heridas y luego de curarlas la llevó hasta la recamara en donde la acostó y arropó, ella no tardó en quedarse profundamente dormida a raíz de lo ocurrido.

Él la contemplaba sereno, pasó unas horas sentado en un sillón a lado de ella, se veía como una princesa, era una de la mujeres más bellas que conocía, no podía evitar esos pensamientos, sabía que no lo llevarían a nada bueno, no podía permitírselo, ellos se lo habrían advertido.

El pitido del móvil lo sacó de sus pensamientos y rápidamente al ver de quién era la llamada, salió de la habitación para poder contestar.

―¿Cómo está? ―una voz ronca sonaba del otro lado del celular, Evan dudó en responder pero finalmente habló.

―Bien ―contestó.

―Debe estar en condiciones para ese día, ella representa nuestro pase al siguiente nivel ―seguía hablando el hombre― mientras tanto haz tu trabajo lo mejor posible ―ante aquello Evan arrugó el ceño, no le agradaba para nada que le dieran órdenes, pero había hecho un trato y debía continuar hasta el final.

―Y otra cosa... ―el hombre volvió a hablar―, aléjate de ella, imagino que entiendes a qué me refiero ―y dicho eso Evan le respondió seco y con voz de enojo.

―Tú a mi no me das órdenes, no quiero recordarte con quién estás hablando, será mejor que bajes un cambio.

―No perdamos el tiempo en tonterías, haz tu trabajo y yo el mío, que cuanto antes termine este tema, será mejor para ambos, tampoco quiero recordarte los motivos por los que estamos aquí.

Luego de aquella discusión, ambos cortaron la llamada, un gruñido de frustración calmó los nervios del empresario, odiaba que la gente le diera órdenes y el que le llamó no era nadie para hacerlo, pero, por otra parte, no le desagradaba del todo en lo que se había metido, en principio fue como aceptar un reto, una prueba que sabía costaría bastante, le faltaba un poco de emoción a su vida y este sería el momento para obtenerlo y disfrutar al máximo esplendor mientras durase.

Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios cuando al entrar a la habitación se encontró con Simona destapada, exhibiendo inconscientemente sus blancas piernas entre las negras y brillantes sábanas de seda, apenas llevaba ropa encima.

Nuevamente pensamientos oscuros invadieron la mente de Evan, ella estaba despertando en él un deseo que nunca antes sintió y el hecho que ella sea prohibida avivaba ese sentimiento a tal punto de no poder estar a su lado por más tiempo.

Se acercó sigilosamente, recorrió su cuerpo de punta a punta con sus penetrantes ojos, pero, él deseaba hacerlo también con las manos; cuando estuvo a punto de acariciarla, otro pitido del móvil distrajo su atención, ésta vez era un mensaje.

Hace alrededor de 4 años

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#7

Capítulo 6
Evan caminaba nervioso de un lado a otro en la habitación contigua a la de Simona, miraba el mensaje que recibió una y otra vez, bueno, más bien veía la imagen que recibió. Él pensaba que le sería fácil, que sería como un pasatiempo más y que después podría dejarlo, recordó cuando decidió incorporarse, pensó en una travesía que le prometía un poco de aventura a su “aburrida” vida.
A él le gustaban los excesos, al menos desde hacía unos años, disfrutar de la vida, gastar sus millones y no preocuparse más que por su satisfacción personal en todos los sentidos, pese a ello, sus memorias aún guardan recuerdos que simplemente deseaba olvidarlo y esa imagen en el móvil removía lo que ya quería dejar atrás.
Salió al balcón, deseaba no contenerse más y lo único que lo sacaba de ese trance era darle unas caladas al cigarrillo, el cual intentaba dejar, pero, cuanto más nervioso o impotente se sentía, era el consuelo que clamaba.
Pasó horas contemplando el cielo y la avenida poco transitada sobre la cual estaba el inmueble, la suave brisa contorneaba las cortinas grises de la ventana de un lado a otro, y lo fresco de la noche empezaba a afectarlo; no fue sino hasta alrededor de las tres de la mañana en que volvió a recibir otro mensaje, que lo hizo entrar y descansar unas horas, él había decidido dormir allí, tal como había quedado con “el cafre”, entró de inmediato y cerró las cortinas.
Evan durmió muy poco, a las siete de la mañana ya estaba totalmente repuesto, e incluso había desaparecido esa pizca de melancolía que sentía, volvía a ser quien era, un hombre de negocios, que amaba las aventuras, lo extremo, y que todo lo ve como una experiencia más, sin embargo, lejos estaba de imaginar lo que iba a pasar.
Se alistó y salió del departamento, dejando una nota a Simona, él esperaba que para cuando regrese ella estuviera mejor, a pesar de que tenía obscuras intenciones con ella, no debía dejar que esos pensamientos lo dominen, y más aún luego de la advertencia que le habían hecho. Pensaba que después se tomaría su tiempo para disfrutarla a sus anchas.
Simona despertó en la habitación con la mano vendada, Evan la curó antes de que ella cayera en un profundo sueño, el dolor de cabeza que sentía se intensificaba con los minutos, pero no sería un impedimento para alistarse, tenía un contrato que cumplir y un cliente a quien complacer.
En el armario de la habitación encontró ropa, la cual distaba de ser semejante a la que usualmente sus clientes le pedían que vistiese, eso la hacía pensar, en que tal vez Evan era diferente al resto, pero luego caía en lo mismo, él era sólo un cliente.
Pasaron unas horas, ella pudo arreglarse, desayunar y ver las noticias, en el lugar no había ninguna computadora o algo así que pudiera utilizar para hacer sus propias investigaciones por lo que se dedicó a ver algún que otro programa en la televisión.
Mientras ella seguía concentrada en lo suyo, Evan apareció impasible como de costumbre, se quedó estático observándola detenidamente a los ojos, ella tampoco reaccionó, ninguno de los dos sabía qué decir o hacer, simplemente pasaron así por unos minutos hasta que él habló.
―Necesito explicarte algunas cosas, que tendrás que hacer ―ella sólo asintió ante lo él decía, con el mismo tono seco e imperturbable que lo caracterizaba.
―Como sabrás quiero hacer negocios con Maroto, y tu me ayudarás ―ella fruncía el ceño, no tenía idea de cómo podría ayudarlo a hacer aquello―, quiero saber todo lo que me pueda servir... para agradarlo―sentenció.
Allí ella comprendió que él simplemente la estaba usando, como el resto de los clientes, empezaba a temerle, ¿qué sería capaz de hacerle si no puede ayudarlo?,¿qué le haría jorge si se entera de todo esto?.
Evan sin embargo, vio reflejado miedo en los ojos de ella, quizá no sea verdad lo que le habían dicho, quizá ella esté siendo sometida a la fuerza también, le confundía su actitud, pensó por un momento que el expediente que había recibido semanas atrás esté incompleto o equivocado, Simona no parecía ser la segunda en ésta cuestión; además estaba la rubia que acompañaba a Maroto, ¿quién era?, ¿porqué de esa discusión en los lavados con Simona?, algo raro pasaba, “el cafre” puede que esté equivocado después de todo, una leve esperanza iluminaba sus ojos.
―¿Quieres usarme de carnada para acercarte a Jorge? ―ella preguntó nerviosa.
―Sólo quiero que me cuentes algo de él, no será nada del otro mundo ―ella empezaba a desconfiar de él y Evan lo notaba, debía suavizar la situación e inventar algo que ella creyera.
―Sólo quiero agradarlo y ganar su confianza ―mentía, pero era la única forma de no perder con Simona y ella no era estúpida como para creer semejante mentira.
Ella se encontraba pensativa al respecto, no entendía muy bien lo que él quería, tampoco quería meter la pata y ganarse más castigos con Jorge, ella sabía que no debía desobedecerlo, eso podría significar la muerte de Óliver, y eso no podría permitirlo, en este momento Jorge a pesar de todo el daño que le hizo era el único que cumplía su promesa con ella, su hermano seguía vivo y estaba bien, y para ella eso era más que suficiente.
―Yo no tengo el porqué de ayudarlo en nada, lo único que usted conseguirá es que a mi me vaya mal si hago o digo algo indebido... y si Jorge se entera... usted será historia ―ella lo fulminaba con la mirada, en el fondo no esperaba que fueran así las cosas, guardaba un poco de fe hacia él, hacia ese hombre impasible y elegante que la hipnotizaba con sus penetrantes ojos.
Él no podía creer lo que oía, por un momento pensaba que sería más fácil, pero, se equivocó, ella no era fácil, y sobre todo, lo volvía loco, mirar esos ojos verdes bien definidos no ayudaban a la causa, necesitaba concentrarse, por lo que luego de estar frente a ella, se levantó del asiento y se dirigió a una de las entradas del balcón, desde donde continuó hablando.
―Puedo ayudarte, pídeme lo que quieras y voy a dartelo ―él debía ceder, debía ganarse la confianza con esa mujer, ellos esperaban eso―, tengo todo lo que quiero, pero ahora... digamos que me interesa hacer negocios con Maroto, él es mi prioridad.
Al ver que Simona no reaccionaba, se acercó nuevamente a ella.
―¿Me estás escuchando? ―buscaba sus ojos, quería tocarla, pero una voz en su interior se lo impedía.
―Perfectamente ―contestó ella―, sólo que no sé en que usted podría ayudarme, de todos modos estoy aquí a su disposición, usted me compró... o ¿me equivoco?.
Y ella no se equivocaba, pero él no podía revelarle lo que estaba pasando, antes necesitaba de ella.
―Así es, pagué por ti, y me saliste bien cara, Maroto ha de apreciarte demasiado como para pedirme semejante suma por una simpleza como tú ―ésta vez sus palabras hirieron profundamente a Simona, ella sabía que Evan no era de fiar, pero que era diferente aunque haya actuado casi igual a los demás, su trato con ella hasta el momento había sido especial, pero... sin embargo de a poco él se iba ganando su desprecio―, y me he dado cuenta que tu relación con él no es de las mejores.
―Por lo tanto te propongo un trato ―dijo finalmente y se volvió a sentar frente a ella en la mesa que estaba en medio de los sillones del recibidor.
―Qué es lo que me ofrece ―ella preguntó, precavida de lo que debía decir, ya que en juego estaba la vida de su hermano.
―Quiero que me cuentes todo lo que sepas de Maroto, sus horarios, sus gustos de comida, bebidas, ropa, colores, juegos, mujeres..., en fin todo lo que a mi podría servirme para llegar a él más fácilmente y ganarme su confianza.
―Pero... ¿qué gano yo con eso?
―Podría sacarte de esa vida, podría comprarte definitivamente y que trabajes para mi.
Ella pensaba y pensaba, pasar de ser la esclava de un hombre déspota a serlo de otro frío y calculador, no era muy diferente, además, Jorge seguía teniendo algo que Evan no tenía... a Óliver.

Hace alrededor de 4 años

4

12
Sam
Rango8 Nivel 36
hace alrededor de 4 años

Una historia que, sin duda, atrapa. Felicidades, la sigo de cerca, un saludo.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 4 años

Gracias por el apoyo @Sam, un beso :)

escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

mmmm... hacia mucho tiempo que no leía este tipo de historias. Me tienes super entretenida


#8

Capítulo 7

La propuesta de Evan si bien era tentadora, no le convenía, o quizá si, en definitiva, pesando bien en todo, sentía que él podría llegar a ser su salvación y la de su hermano, pero... ¿quien le garantizaría que él pudiera cumplir con esa promesa?, ¿quién le daba su palabra que llevaría a cabo lo que decía?, quizá al final sólo se esté ilusionando y termine desaparecida o en la morgue como la mayoría de las chicas que se ganan un castigo.

Tampoco había vuelto a intentar escaparse, nadie sabía de su acuerdo con Jorge, quizá por eso, decían que ella era la amante de él, siendo que él era el hombre que más aborrecía en su vida, era el que más daño le causó matando a su padre y luego secuestrando a su hermano, para después extorsionarla con hacerle algo en venganza a que ella no cumpliera con sus deberes tal como se le había impuesto en aquella lúgubre vida.

Se quedó pensativa por un momento, no sabía qué hacer, al menos en ese momento no podía contestarle, debía meditar bien el tema, una mala decisión no estaba en discusión, ya que ello era de vida o muerte, ella pensaba que finalmente no tenía más jugadas, no tenía ases como cualquier otra persona, pero estaba segura que junto a Jorge no quería seguir, quería a su hermano, quería vivir una vida normal junto a él.

Mientras ella se sumía en sus pensamientos Evan la observaba quedamente, si ella aceptaba el trato, de una forma u otra estaría aceptando lo que el informe del cafre decía, sin embargo, sentía que no sería así, sentía que algo pasaría de una forma diferente; aunque claro está, comprarla era una idea fantástica, tenerla sólo para él, era un gran deseo que de a poco crecía en sus pensamientos, y en definitiva, cuando termine todo éste asunto, se encargaría de tenerla a cualquier precio.

―Necesito más tiempo para pensarlo ―las palabras de Simona lo sacaron de sus oscuros pensamientos.

―Tienes... ―miró su reloj―, dos horas ―empezó a acercarse a la salida y antes de abrir la puerta se volteó hacia ella―, vendré a buscarte más tarde, iremos a una reunión.

Ella asintió ante sus palabras y se quedó mirando cuando la puerta se cerraba de un portazo, al parecer no estaba actuando como él quería, pero qué podía hacer, ella estaba confinada a Jorge, él la tenía en medio de sus manos y podía hacer con ella lo que quisiese mientras tenga a Óliver.

Los nervios la tenían mal, las consecuencias tanto de si aceptaba o rechazaba, sólo tenía dos únicas opciones, como el blanco o negro, sólo que en éste caso ninguno era blanco, ambos eran del mismo color.

No sabía que hacer, iba y venía dentro del departamento, estaba segura que las horas llegarían de un momento a otro y debía tener una respuesta, debía ser inteligente, debía seer libre, y esa palabra se instaló definitivamente en sus corazón, ella deseaba ser libre, libre de ese mundo, libre para de una vez volver a la vida.

Evan por el contrario, al salir algo decepcionado del departamento la deseó más, le gustaban los retos y por ello estaba inmiscuido en este mundo, pero, no espero hallar a alguien como ella en él, ella le afectaba notablemente.

Ya estando en el auto, el cuál lo esperaba frente al estacionamiento del recinto, sacó de uno de sus bolsillos un móvil, diferente a los que tenía e hizo una llamada.

―Cris... necesito que hagas algo por mi... quiero un expediente completo del pasado y presente de una persona, te pasaré los datos en breve, pero... las necesito lo antes posible.

Cortó la llamada e hizo lo que había dicho, mientras tanto ya habían llegado a su destino, un estacionamiento subterráneo, al salir del vehículo que lo transportaba se subió a otro similar pero de un color blanco que salió por otra de las salidas del lugar, escoltado por otros dos vehículos.

Simona seguía inmersa en su preocupación, recordando cada detalle de las veces que fue abusada, de las veces en que Jorge la doblegó en su orgullo, en su decencia, las veces que él y otras personas habían jugado con su cuerpo y la habían tratado como un simple pedazo de carne, la vida era tan dura con ella desde que cayó en las garras del maldito hombre. Evan por el contrario por más que la haya tratado bien, no dejaba de ser un cliente más, que hasta el momento no la tocó, ya que tras son sus intenciones.

Su decisión pese a sus dudas ya estaba tomada, ella le daría su postura a Evan cuando él volviese por ella.

Ya se había cumplido las dos horas, sin embargo él no llegaba, y hasta el momento lo que ella tenía en claro era que la puntualidad era una de sus virtudes,

La preocupación martilleaba en el pecho de ella, él no volvía, tampoco podía salir del departamento, estaba cerrada con llave y no conseguiría escaparse, temía que algo no esté bien, temía volver a ser castigada, temía por lo que pudiera pasar.

Cuatro horas habían pasado desde que Evan debía volver, ella de tanto esperar se quedó dormida en el sofá, en donde un agotado pero aun elegante empresario la miraba fijamente. No quiso moverla, sólo se quedó allí observándola y pensando en todo lo ocurrido esta tarde al salir del departamento.

Simona despertó de golpe, había tenido una pesadilla, las mismas que siempre volvían una y otra vez a atormentarla, pesadillas que a acompañaban casi todas las veces que se quedaba dormida; y el susto fue mayor cuando encontró a Evan frente a ella observándola en silencio, ya sin corbata y con un vaso de alguna bebida en sus manos.

―Has vuelto, me me asustaste ―ella habló bajito mientras apartaba su mirada hacia el piso.

―Surgió un imprevisto, y no pude avisarte ―él seguía buscando sus ojos, aquellos que tanto lo atormentaban y que tan rápido cortó comunicación con los suyos―, ¿has pensado en lo que te propuse?... necesito tu respuesta ―sentenció finalmente.

―Acepto ―dijo esa palabra que él no deseó escuchar pero salió de los labios de ella y se transformó como en agua fría que empapaba su cuerpo.

Ella había tomado su decisión, ella estaba dispuesta a hacer el trato con él, sin embargo aún faltaba algo, ella tenía un plan y pronto él lo sabría.

Hace alrededor de 4 años

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Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 4 meses

Va muy bien! Nos seguimos leyendo! 😁👍


#9

Capítulo 8 (parte 1)

La decepción era palpable en el rostro de Evan, aunque rápidamente volvió a poseer un rostro inescrutable, tal y como Simona ya lo estaba conociendo. Él tenía la leve esperanza de que ella fuera distinta, pero, estaba equivocado, ella era una más de ese mundo en el que se podía conseguir lo que se quisiese con sólo vender el cuerpo al mayor postor, la vergüenza o el pudor no eran característicos de ese tipo de personas; aunque lejos de toda esa realidad esos grandes y verdes ojos expresaban algo muy distinto a lo que estaba acostumbrado, ella parecía estar siempre perdida y con tristeza, ese detalle fue lo que siempre le llamó la atención, ya que no podía entender el motivo.

Si bien las personas con quienes estaba colaborando se encargaron de ponerlo al tanto del expediente e historial de todos los involucrados en el caso, a él no le terminaba de encajar ciertos aspectos, y más aún después de conocer a Simona.

―Pero... tengo condiciones ―y ahí estaban las palabras que seguían a la aceptación.

Evan estaba seguro de que ella pediría cosas materiales, alguna pensión bien graciable para vivir cómodamente el resto de su vida sin necesidad de trabajar o hacer algún tipo de esfuerzo, quizá viajes o un lugar en dónde vivir, eran innumerables las ideas de lo que ella posiblemente él pensaba que le pediría. A todo aquello, él estaba dispuesto a hacerlo, aún en contra de las amenazas de no posar sus ojos e interés en ella, ya que había decidido que ella sería suya cuando todo haya terminado.

―Adelante, te escucho ―Evan seguía en la misma posición, se bebió de un solo sorbo la bebida que estaba degustando, quizá así conseguiría estar firme ante lo que ella le pediría; buscó sus ojos, aquellos que aún seguían perdidos en algún punto de piso, quería mirarla a los ojos para que de esa manera ella se diera cuenta que cada cosa que pidiese tendría un muy alto costo, ya que luego de aquello, ella sería prácticamente de su propiedad.

―Sé muchas cosas que... estoy segura te servirán, pero... a cambio de aquello ―ella levantó el rostro y miró fijamente los ojos de aquel hombre que podría convertirse en su ángel o en el de Óliver, por primera vez le sostenía la mirada de una forma muy tenaz, ella definitivamente se sentía muy segura de lo que estaba por pedir y él lo notó―, necesito que hagas algo.
―Dime lo que quieres ―su voz resultó ser muy grave, un tono diferente, quizá sea el mismo que él utilizaba para hacer negocios.
―Esto ―dijo al tiempo que sacaba de su cartera una pequeña foto de un niño de aproximadamente 7 años y se lo pasó.
―¿Qué es esto? ―el ceño de Evan se frunció en una perfecta ve, se lo notaba claramente confundido al tomar en sus manos la pequeña foto.
―Lo que necesito es saber en dónde está para poder recuperarlo ―la determinación de ella sorprendió gratamente a Evan, sin embargo, él aún no caía en cuenta de lo que ella le pedía, ¿acaso ese niño era su hijo?, tal vez ese era el detalle que le estaba faltando a la historia... pensó.
―Sólo sé que Jorge lo tiene, se ha estado encargando de él de alguna manera ―decía con tristeza, audible en la voz laxa que poseía.

Evan pensaba en el nuevo hecho, ésto nadie se lo había mencionado, es aquí que cambia la situación de tal manera que sería necesario volver a replantear el plan; era evidente que ella haría cualquier cosa por ese niño, si en verdad fuera hijo suyo, no le cabía ninguna duda de que todo lo que estaba haciendo fuera por él. Quizá el niño sea de Maroto, ahí se explicaría que ella fuera su mujer, y la segunda al mando; pero, sino fuera así, como él se estaba haciendo a la idea, ella desearía engañarlo y salir de él, de su alcance y ¡que mejor forma que traicionando su confianza con la propuesta que le ofreció!.

Dando por hecho de que Maroto tenga al niño, representa que existe una probabilidad muy alta de que fuera su hijo, ¿cómo sacarle un hijo a su padre? Siendo su madre como es y él un empresario renombrado, ya que nadie le haya podido probar nada; tenía muy bien pagados a muchos gobiernos del mundo, al menos a esos en donde conseguía mayor facilidad de encontrar mercadería fresca y apetecible, clientes deseosos y leales, muchos de ellos los mismos que eran pagados para dar rienda suelta al próspero y deplorable negocio.

Una laguna llena de confusiones invadían los pensamientos de él, debía dar una respuesta, debía decir algo coherente, debía ser lo suficientemente frio y tosco para poder enterarse mejor de la situación y así poder idear un plan que le convenga, porque ciertamente, aún pensaba sólo en él, seguía siendo un empresario millonario y ególatra después de todo.

―¿Quién es el niño?, ¿es tu hijo? ―y efectivamente, su tono de voz fue como escuchar una sentencia, fue tan fría y avasalladora que a Simona le produjo escalofríos, ella estaba casi segura de que se había equivocado y que debía rectificarse antes de que fuera tarde. Pensaba en dónde tenía la cabeza para haber aceptado semejante ofrecimiento a cambio de cooperar con un completo desconocido, sin darse cuenta empezó a temblar, pero, sabía que debía ser firme ante la situación, ya estaba en la pista y debía bailar.
―No importa quien sea, lo único que quiero es que esté lejos de Jorge ―las palabras sonaron firma a pesar de estar dudando de lo que estaba haciendo, si llegara a salir mal algo Jorge no dudaría en acabar con el niño ni con ella.

El empresario no contestó nada, sabía que cualquier decisión que tomara en éstas instancias era crucial, primero debía saber algo más de ese niño, y se daba cuenta de que ella no se lo diría tan fácilmente, por lo que debía recurrir a Cris como de costumbre.

―Sino me das mucha información, no podré hacer mucho, no se si te das cuenta, me estás pidiendo que busque a alguien que ni nombre me has dado, a penas esta foto ―alzó la misma a la altura del rostro, dejando claro que eso no le decía nada si la intención era encontrarlo―, además... aún no me has dicho todo lo que deseas ―clavo de nuevo sus ojos en ella.
―Si lo pones a salvo, te diré todo lo que sé, todo a lo que pude acceder en éstos años, podrás adueñarte del negocio de Jorge si es ese tu objetivo ―esas palabras calaron a fondo en Evan, él no pensaba adueñarse del negocio de nadie, él no sería capaz de inmiscuirse en eso por más aburrido que le parezca su vida ¿o tal vez si? por un momento le atrajo sentirse dueño de alguien más, de todos modos más adelante pensaría mejor; pero... definitivamente, tomar el control de todo aquello no estaba en sus planes; y si ella pensaba de esa manera, era preferible que por ahora se quede así.

Por otra parte, analizaba lo que Simona dijo «podrás adueñarte del negocio de Jorge si es ese tu objetivo», eso dejaba al descubierto que el informe de “el cafre” no estaba del todo equivocado, ella debía de ser la segunda al mando, ya que si no fuera así no poseería lo suficiente como para dar fe de ello y asegurarlo.

―Entonces... veo que conoces muy bien el negocio, me está interesando tu propuesta, sin embargo, aún no me has dicho todo lo que quieres... o ¿me equivoco? ―Evan la desafiaba de cierta manera, deseaba saber más de ella ya que a pesar de esa nueva información su deseo hacia esa mujer no disminuía.
―Puedes hacer lo que quieras... si él está a salvo ―la mirada de Simona nuevamente se tornó triste―, yo no importo.

Nuevamente sus palabras calaron hondo en Evan, esa mujer debía amar demasiado a ese niño como para decir aquello, en cierta forma él sentía envidia por eso, a él nunca lo habían querido con esa intensidad, nunca nadie cambiaría su vida por la de él, de eso estaba seguro; ella por el contrario sería capaz de cualquier cosa, y aunque ahora a él lo beneficiaba esa posición, sabía que reteniendola a su lado era ganarse el mismo infierno.

―Está bien, me parece perfecto ―se levantó, dejó el vaso encima de la mesa y se dirigió a la salida, colocando en uno de sus bolsillos la foto de Óliver dejándola sin ninguna otra respuesta.

Ella lo miraba con ojos incrédulos, ese hombre se había marchado sin el más mínimo interés en continuar la plática, más bien la negociación, pero... estaba feliz, había dado un paso muy importante y no quería perder la esperanza en volver a tener a su hermano sano y salvo de las garras de su verdugo.

Hace alrededor de 4 años

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#10

Capítulo 8 (parte 2)

Evan salió a toda prisa del apartamento, esas informaciones no eran parte del plan ¿acaso le estaban ocultando más cosas?, lo averiguaría, pero lo haría del modo en que él sabía, ya no debía confiar ciegamente en nadie, se daba cuenta de que cada vez se complicaba más la situación, después de todo no era tan sencillo como se imaginó, ahora la vida de un niño también estaba en juego, o mejor dicho, estaba en sus manos.

Llamó a Cris como lo había hecho en la mañana, pregúntandole si había conseguido alguna información, y efectivamente él tenía bastante, sólo que debía dárselo en persona, y eso era peligroso, sabía que están vigilandolo siempre y no quería arriesgarse a más.

―¿Recuerdas lo ocurrido en Barcelona? ―preguntó a su interlocutor―, pues... será de esa forma, te paso la dirección... ―colgó la llamada luego de escuchar la respuesta.

No quería permanecer mucho tiempo a lado de ella, ella... le obsesionaba tanto que la deseaba, pero, era consciente de que lo desviaría de su plan y del que le trazaron cuando aceptó aquello, además de que se lo dejaron muy claro cuando le advirtieron que no se podía acercar a ella, que no ponga sus ojos en ella.

Llegó hasta el hotel en donde se hospedaba, era siempre el mismo cada vez que iba en esa ciudad, ya era habitué por lo que el servicio que le ofrecían era más que exclusivo. Se acercó a la mesa e donde tenía todas las informaciones del proyecto, pero, faltaba una pieza, colocó la foto del niño en medio de toda esa maraña de papeles y empezó a observarlo con detenimiento cuando alguien tocó la puerta.

―Servicio de lavandería, le traigo su ropa ―escuchó detrás de la puerta a uno de los empleados del hotel, era justo lo que esperaba, por lo que se decidió a abrirla y tomar el traje que estaba envuelto en una fina tela negra colgando de un perchero.

Al estar dentro y haberse percatado de que esté bien cerrada la puerta, abrió el sobre negro que se encontraba entre las ropas y esparció los documentos sobre la mesa.

Sus ojos se desorbitaron momentáneamente al ver todo aquello, todas las ideas que se le habían pasado por la mente eran muy leves en comparación a lo que en verdad había detrás de todo este enredo. Su plan y el que le habían trazado no era más que una parte de un juego en el que él no era precisamente el protagonista, sino más bien, sólo una pequeña parte que podría darle poder y fortunas incalculables al hacedor de eso. Ahora entendía el porqué no debía tocar a Simona, lo tenía bastante claro.

Tomó un baño mientras intentaba relajarse y tranquilizarse al respecto, debía tomar una decisión: continuar con el plan del Cafre, buscar al niño o tomar a Simona y escaparse de allí, lo último era definitivamente imposible por muchos motivos, empezando por ella, quien no dejaría solo al niño y menos para irse con él, y para terminar... por ellos, quienes lo tenían vigilado y en cierta forma acorralado.

Hace alrededor de 4 años

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MiliGaut
Rango4 Nivel 15
hace más de 3 años

Esto es adictivo...


#11

Capítulo 9
Estaba claro que él se había metido en algo inimaginable y de seguro de haberlo sabido antes, no huebiera estado allí... ¿o tal vez si?, no podría estar seguro; su alto poder adquisitivo le daba ciertas libertades que muy pocos podrían darse, sin embargo, su vida se había vuelto poco emocionante y precisamente fue en busca de eso.

Estando bajo el agua pensó detenidamente en toda la situación que le rodeaba, los documentos dejaban claro que Simona era intocable a pesar de que ya fue expuesta a mil y un bajezas, por otro lado, esos grandes ojos verdes no salían de sus pensamientos, él la deseaba, y más aún desde saberla ajena, inalcanzable.

Tomó la foto del niño, ahora sabía su nombre, Óliver y quién era en la vida de la joven; lo colocó cuidadosamente sobre los demás documentos y guardó en el mismo envoltorio en que recibió, luego salió del hotel rumbo a continuar con el plan original, sólo que ésta vez eso sería apenas una pantalla, en su cabeza ya se maquinaba su propio plan, uno en el que él sería el único protagonista de ésta historia.

Lejos de estar tranquila, ella se encontraba impaciente, se colocó uno de los vestidos que se encontraba en el placard, era negro y recatado, hasta parecía una mujer de negocios, con una fina chaqueta blanca que imponía actitud y elegancia por sobre todo.

Esperó impaciente a Evan, tedría que acompañarlo de nuevo y fingir quien sabe qué cosas, pero, tenía claro algo, estaba dispuesta a seguir adelante.

Evan no quiso entrar esta vuelta por ella, no quería delatar el asombro que aún sentía al haberse enterado de las últimas noticias, tampoco quería que ella descubriera que le importaba más de la cuenta, simplemente la hizo bajar hasta el auto que los llevaría a destino.

Una vez más el viaje transcurrió en un silencio sepulcral entre ambos, solo se oía el ruido del tráfico y algún que otro murmullo entre semáforo y semáforo, la tensión entre los dos era casi palpable, pero, a la vez se mostraban muy distantes.

Simona iba pensando en que se estaba colocando la soga al cuello, en que cambiar de dueño tal vez no le beneficie del todo, pero... ¿qué más daba?, su hermano la necesitaba y él merecía llevar una vida digna, al menos eso se lo debía a su padre.

Evan por el contrario, no encontraba las palabras exactas para entablar una conversación con ella, sólo la miraba fijamente y deseaba que ella hiciera lo mismo.

Ella sentía los ojos de él recorrerla, un leve escalofrío se extendía por su espina dorsal, no tenía como explicar esa sensación, antes ya había estado nerviosa, quizás por el miedo en la mayor parte de los casos, pero... esta vez era por un sentimiento desconocido hasta el momento; no se atrevía a mirarlo, no podía hacerlo, le perturbaba en demasía.

Antes de llegar a destino, uno de los guardias personales de Evan avisó que estaban siendo seguidos, por lo que ella se alarmó de inmediato, sin embargo, él se mostró tranquilo, ya había pasado por esa situación en otros momentos y sabía lo que debía hacer en esos casos.

─Ya sabes qué hacer... sigamos hasta perderlos ─respondió Evan, sin mostrar ningún sentimiento.

Nada perturbaba a ese hombre, salvo la presencia de Simona, él siempre actuaba de manera muy fría y con mucho valor, tomaba decisiones muy arriesgadas, siempre salía victorioso de todo, y ésta no sería la excepción.

El chofer empezó a maniobrar de forma a que unas cuantas calles despues pudieron perder de vista a sus seguidores, Gerard era muy bueno conduciendo, él había pertenecido en su momento a las fuerzas especiales de la polícia de ese país, se conocía perfectamente las calles y atajos de Praga.

Para evitar cualquier otro inconveniente prefirieron cambiar de rumbo, ya que llegar hasta destino en esas condiciones pudo resultar en muy comprometedor, y no estaban dispuestos a dejar al descubierto lo que tanto tiempo llevó planear a la gente que se encontraba detrás.

El otro guardia avisó de los nuevos planes a quien los esperaba, le informó sobre otro sitio y al ser confirmado se dieron rubo hasta él.

Habrían pasado como una hora más o menos en medio del tráfico hasta que llegron a un pequeño puerto en dónde tomaron una barco que los esperaba para zarpar; Simona miraba atontada todo lo que la rodeaba, el río era precioso, los puentes que lo cruzaban eran más bellos aún, jamás se había sentido tan libre como en ese momento, los ojos le brillaban diferente, tanto que Evan se dió cuenta de ello y quedó más embelesado aún por la Simona ilusionada que estaba conociendo.

El barco siguió su curso tranquilamente, y en todo ese tiempo ninguno se dirigió la palabra, y eso ya estaba molestando a Evan, él no esperó más ya no quería seguir en ese silencio absurdo que entre los dos se había formado desde que partieron del hotel.

─Es el Río Moldava ─rompió el silencio entre ambos y ella lo miró con grandes ojos aceitunas.

─Es hermoso ─contestó y volvió nuevamente su mirada hacia el paisaje.

El servicio les había traído algo para engullir, y cuando lo terminaron ─en el incómodo silencio─ Evan se levantó y la dejó sola por un momento, y cuando volvió se encontraba tenso y un tanto nervioso.

─Hemos llegado ─le pasó en signo de que debían marcharse de una vez.

Bajaron del barco tomados de las manos, Evan la conducía con seguridad frente a todos, ella se sentía bien con eso, se sentía protegida.

cuando volvieron a entrar en otro vehículo que los esperaba allí, Evan pidió que lo mirara, porque debía decirle algunas cosas, a lo que ella hizo o que le pidió.

─En minutos más, te enterarás del porqué pedí por ti, y cuál es mi verdadeo objetivo con todo esto... ─hizo una pausa, ya que Simona lo miraba preocupada─, sólo dejame decirte, que para mi han cambiado las cosas desde que te conocí, y por eso, a pesar de lo que escuches, te prometo traer de vuelta a Óliver ─ella abrió más grandes los ojos, no le había dicho su nombre─, y prometo sacarte de esta vida... sólo confía en mi ¿ok? ─preguntó ansioso.

Y aunque ella se sentía más confundida por las palabras que acababa de escuchar, sólo asintió ante la promesa.

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 3 meses

La verdad esta pot salir a la Luz.


#12

Capítulo 9 parte 2

Entraron en un depósito viejo y algo abandonado a unos doscientos metros del río, los alrededores estaban totalmente desolados, salvo por las cámaras de seguridad, pensarían que nadie ni se asomaba por esos lugares.
Ya estando dentro, cerraron la cortina de hierro nuevamente, y el vehículo paró. Unos hombres corpulentos y vestidos de negro abrieron ambas puertas traseras y pidieron a los ocupantes que bajasen.
Simona un tanto desorientada miraba por el rabilo del ojo a Evan, quien con los ojos le decía que no habría el porqué preocuparse, que todo estaría bien. Aunque esa palabra bien, ya casi no existía en el vocabulario de la joven, había sido muy castigada y no tenía muchas esperanzas, pero él, Evan le devolvía una pizca de aquello que ya sentía perdido.
Caminaron hasta el fondo del depósito, pasaron por una pequeña puerta que conducía a una escalera de hierro en forma de caracol, por la que bajaron un piso, volvieron a pasar a través de un pasillo de al menos cinco metros hasta entrar por otra puerta más grande y aparentemente más resistente.
Se asombró al ver tal cosa, ante ella estaba un gran salón lleno de personas uniformadas de negro, al menos diez entre hombres y mujeres trabajando, computadoras y pantallas led se podían observar en todas las paredes del sitio.
Un hombre corpulento de unos cincuenta años se acercó a ella y la condujo hasta una sala de reuniones improvisada rodeada de mamparas grises, se había separado de Evan, quien se dirigió junto a uno de los hombres sentado frente a una de las pantallas más grandes.
Simona se sentó con cautela y colocó su pequeño bolso sobre la mesa, al otro lado el hombre hizo lo mismo, pero antes de empezar a hablar la miró detenidamente.
─¿Simona no es así? ─ella asintió, no sabía qué hacer o decir a parte de eso─, o podría llamarte Alma Hurtz González, hija de Federico Hurtz y Martina González, nacida el 23 de marzo de 1994 ─hizo una pausa─, eres muy hermosa, le pareces a tu madre.
Al mencionar aquello, cambió totalmente su rostro y se puso muy nerviosa, ¿en dónde estaba?, ¿porqué ese hombre conocía a su madre?, ¿qué estaba pasando realmente?, se hacía varias preguntas a la vez e intentaba recordar remotamente cualquier episodio que pudiera darle luz a su mente, pero, fue en vano, ella no recordaba nada en ese momento, tenía la mente bloqueada y empezaba a resbalarse unas cuantas lágrimas por sus mejillas.
─Tranquila, no es necesario que te pongas así ─el hombre trató de calmarla, ya que era evidente que sus palabras la habían alterado bastante, no entendía porqué, pero, al parecer esa joven era muy sensible.
─Soy el Comandante Ruiz y estoy a cargo de éste operativo, usted es la clave para llegar a buen puerto señorita ─el hombre hablaba como si le estuviera leyendo sus derechos, exponiendo las causas del porqué ella estaba en ese lugar.
Explicó a Simona que ellos estaban tras la pista de Jorge Maroto, conocido empresario y famoso por sus negocios ilícitos, se tenían indicios de que estaba involucrado en la trata de blancas en toda Europa y Asia, además del tráfico de armas y lavado de dinero, ya que aparentemente utilizaba sus empresas para ese fin. Se sabía que mantenía muy bien pagados a autoridades de varios gobiernos por lo que atraparlo se había vuelto demasiado complicado, de hecho casi imposible, cubría muy bien sus espaldas.
Simona escuchaba atenta aquello, ella conocía muy bien a Jorge, el hombre que había desgraciado su vida, lo que no sabía era lo que Ruiz le diría a continuación.
─Hemos estado buscándolos por un buen tiempo ─Ruiz empezó a contar lo que había sucedido realmente. Tu padre te buscó incansablemente.
Y eso le constaba a ella, su padre la había encontrado, al momento en que estuvo a punto de liberarla el plan salió mal, los captores se dieron cuenta y lo dispararon a quema ropa, luego Jorge abusó brutalmente de ella, castigándola de esa forma, viendo que no era suficiente asesinar a su padre ante sus ojos. Además, la amenazó con su hermano, quien tendría el mismo fin si ella no cooperara con lo que él ya tenía planeado para ella.
─Tu padre era un agente, era uno de los mejores investigadores de ésta división, de hecho, se pasó más de la mitad de su vida persiguiendo este caso, el de los Maroto, lastimosamente no pudo cumplir con su objetivo, ellos ganaron hasta el momento.
─Y qué cree que yo pueda hacer ─preguntó ella.
─Puedes llevarnos hasta Jorge, sé que puedes hacerlo sin levantar sospechas ─Ruiz la miraba con rostro inescrutable, deseaba que ella aceptara, la iban a sacar de ese sitio, pero, a cambio ella debía colaborar aún─, hemos contratado a una persona que estimamos es la mejor opción para hacer frente a Maroto.
─Evan ─respondió Simona.
─Así es, él está haciendo muy bien su trabajo hasta el momento, no he tenido mayores inconvenientes con él, por lo pronto te recomiendo que te alejes de él y que sólo lo estrictamente necesario te acerque.
Esas palabras entablaron dudas en ella, porqué Ruiz debía darle consejos a ella, quién se creía para hacerlo, cuál era su motivo. Quizá para él la mujer en la que se había convertido no era nada para alguien como Evan, o tal vez es un caso más que no quería se involucre con su personal. Decidió dejar de pensar en ello y continuar escuchando lo que el comandante estaba relatándole.
Tampoco podía evitar pensar en Evan, él la estaba usando, ella era nada más que un pasatiempo, alguien que debía ganarse a como de lugar, sin embargo sus últimas palabras resonaron en su mente, él la sacaría de esa vida y traería de nuevo a Oliver junto a ella, no tenía más alternativas, colaboraría y confiaría en Evan a pesar de todo.
─Éstas son fotos que de seguro no te gustarña ver, pero necesito que me des una respuesta ─Ruiz esparció el contenido de un sobre de manila frente a ella y la dejó sola.
Eran las fotos del asesinato de su padre, ella no sabía ni en dónde estaba sepultado, ni si se le llegó a hacer un funeral respetable, leyó el informe con lágrimas en los ojos, deseó tantas noches en tener al menos una foto de él para poder tener un poco de esperanzas, y sin embargo, ahora que al fin lo tenía, estaba deshecha, el cuerpo estaba totalmente ensangrentado, había recibido al menos unos 17 impactos de balas, 3 de ellas en la cabeza y el rostro, 5 en el torso, 1 impactó en el corazón, 4 en la pierna izquierda, 2 en el brazo derecho, 1 en el izquierdo, 1 en el tobillo derecho y 1 en la mano derecha.
Se sentía horrorizada al leer todo el expediente, Jorge era una bestia, un ser demencial que ella deseaba ver muerto, mientras lloraba Evan entró junto a ella, no sabía cómo lo estaba tomando, pero al verla allí tan vulnerable y desprotegida, sintió como le aprisionaba una sensación extraña a su corazón, estaba sintiendo compasión de ella, o tal vez otra cosa, no estaba seguro, salvo de que deseaba protegerla.
─Estas bien ─preguntó Evan.
─Si, creo que es algo difícil ver como quedó el cuerpo de tu padre luego de que lo hayan matado por tu culpa ─su tono de voz denotaba enojo, rabia.
─No es culpa tuya, creo que ya sabes lo que él hacía, o me equivoco.
─No importa lo que hacía, lo mataron por intentar salvarme, esa es la única realidad y ni tú ni nadie lo podrá cambiar nunca.
Ante las hirientes palabras de Simona, Evan decidió acercarse a ella, pero en el último momento se detuvo, no podía hacerlo allí, ellos se darían cuenta de la situación y no quería levantar sospechas antes de tiempo.
Ruiz volvió a entrar junto a ellos, esta vez con una carpeta azul conteniendo una serie de documentos, él empezó a explicarles lo que harían, ya que Simona había aceptado colaborar en todo aquello, aunque pensaba que sería muy difícil atrapar a Jorge.
La conversación entre los tres duró al menos una hora, ellos tendrían doce días para llevar a cabo el plan, inicialmente necesitaban de quince, pero debido a la negativa de Jorge por seguir alquilando a Simona, se tuvieron que ajustar a doce, un tiempo que si aprovechaban bien y conseguían lo que se les pedía, terminarían por capturarlo junto con todos los que venían detrás. De hecho solo les quedaba diez días y medio, el tiempo corría y ellos tendrán que estar preparados.

Sam
Rango8 Nivel 36
hace más de 3 años

Me encanta la historia, sobre todo cómo has desarrollado la trama, estoy deseando saber que ocurre a continuación. Espero tener pronto noticias sobre Simona, no dejes la historia, un saludo.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace más de 3 años

Gracias @Sam no la dejaré. Un beso.


#13

Capítulo 10 (parte 1)
Las horas valían mucho en esos momentos, ambos habían vuelto al departamento en el que todo empezó luego de unas largas horas escuchando el plan de Ruiz, durante todo el camino Simona se pasó pensando en lo que haría, las ganas de vengarse de todo el mal que había vivido la transportaban por momentos al pasado, los recuerdos de los almuerzos familiares, de la sonrisa de su padre, del nacimiento de su hermano, los primeros pasos de Óliver, las caminatas en la playa, momentos que ya no volverían jamás giraban en torno a sus pensamientos.
Las lágrimas quemaban sus ojos al tiempo que el agua llevaba los que salían dolorosamente de sus grandes lunas, la ducha que se tomó concluyó una hora después, cuando ya no tenía lágrimas que derramar. Ella se sentía nuevamente muy ansiosa, la falta de drogas en su cuerpo le exigían el ingesto de al menos una pequeña porción para soportarlo, nerviosa y con manos temblorosas caminaba de una lado a otro envuelta aún en la toalla que cubría gran parte de su esbelto cuerpo.
Deseaba un poco de calma, pero, sabía que no podría tan fácilmente, la puerta se abrió de un golpe que la asustó, Evan entró preocupado, no sabía el porqué ella no le avisó que estaba allí, no le contestaba, hacia diez minutos que intentaba entrar al departamento pero ella lo habría llaveado.
Temblorosa y con los ojos muy hinchados de tanto llorar, vio a Evan acercarse a ella. No dijeron nada, ni una sola palabra, él sólo la abrazó, ya que sabía que necesitaba la droga, pero debía ser fuerte, empezaban recién con la abstinencia, la cual había sido uno de los temas de conversación de la reunión que mantuvieron con el comandante Ruiz, sería un camino complicado, pero como ella tenía la suficiente fuerza de voluntad para afrontar la situación, representaba un punto a favor de la causa.
La noche se hizo más larga de lo que Evan imaginó, tenerla entre sus brazos y no poder poseerla, lo hacían sentir débil, pero, no podía hacer nada en las condiciones que ella se encontraba, tampoco abusaría de la joven, él no era de ese tipo de personas. Pasó gran parte de la noche observando como el cuerpo de Simona dormía plácidamente, aunque inquieta en instantes ─por las constantes pesadillas de las que era víctima─, la contempló cuanto pudo, hasta que el sueño también lo venció y cayó a su lado.
A la mañana siguiente, ella despertó abrazada a él, lo cual la asustó, ya que en un principio pensó que había ocurrido una vez más, y que finalmente se había acostado con Evan, pero, rápidamente abandonó esa idea al recordar lo sucedido y al verse vestida cómodamente. Lo dejó seguir durmiendo, luego de posar sus ojos sobre él, un hombre muy apuesto y que en su caso sería alguien inalcanzable, no pudo evitar sus pensamientos acerca de cómo sería besarlo o pasar una noche entera con él, hasta el momento no se había puesto a pensar en ella misma, solo en escapar de las garras de Jorge, pero, la idea de estar con Evan le agradaba,a pesar de que continuaba siendo para ella todo un misterio.
Se duchó y cuando salió del baño, él ya no estaba, se había ido, un atisbo de tristeza aprisionó su corazón, en vano se hacía ilusiones, él no estaría allí para otra cosa que no sea el trabajo que tenían pendiente y si había pasado la noche con ella, simplemente fue por lástima. Mientras pensaba en lo sucedido, se dispuso a prepararse, ya que pronto llegarían por ella para iniciar las primeras practicas.
Evan había despertado y al no encontrarla pensó lo peor, pensamiento que se disipó al oír la ducha del baño. Sonrió torcidamente sobre aquello, había pasado toda una noche con una hermosa mujer sin tocarla en absoluto, sólo la abrazó y se dio cuenta que lo volvería a hacer si se presentase el hecho, ese pensamiento hizo que se dibujara en su rostro una sonrisa diferente, una que denotaba un poco de cariño.
Salió con prisa de la habitación, nadie podía verlo allí con ella, eso sería arriesgar todo lo que estaba planeando, más adelante tendría que hablar con Simona para que no exista ningún tipo de inconvenientes, además debía contarle lo que había averiguado de su familia, o lo que ella creía era su familia. Evan no comprendía el porqué de tanta mentira, el informe que había solicitado era un fiel reflejo de lo manoseado que fue el pasado de la joven junto al de algunas personas a su alrededor, que aún debía descubrir. Se preguntava cómo Ruíz no estaba enterado de esos detalles, lo cual le parecía sospechoso.
Evan se alistó tan pronto como pudo, ésta vez sólo llevaba unos pantalones azules y botas al estilo militar, una remera negra y una mochila del mismo color. Se encontraba en el apartamento del mismo piso, a unos diez metros de la puerta en donde ella estaba, de hecho había alquilado el piso entero para evitar que alguien los molestase o sea indiscreto. Si bien pasó la noche con ella, sabía que los siguientes días sería más complicado, tendrían a todo un ejército observándolos, y más aún a Simona, la mujer que de a poco le estaba quitando el aliento.
Entró de nuevo al Departamento donde estaba la joven, tendría que hablar con ella antes de que Ruiz los mande a buscar, luego las oportunidades de encontrarse a solas serían muy pocas y las pocas estarían bajo observación del Cafre, a quien no se le escapaba nada.
Salió de su espacio y se dirigió a lo de Simona, quien ya debería estar desayunando, él había pedido el servicio para dos personas, deseaba hablar con ella y su mejor opción fue eso.
Dio u suspiro al verla con unos pantalones parecidos al de él y una blusa blanca, pensaba que ella sería bonita hasta con arapos.

─Buenos días ─saludó al entrar y ver que ella estaba desayunando. Ella muy apenada por lo sucedido en la noche y sintiéndose avergonzada sólo respondió tímidamente.
─Buen día ─continuó desayunando mientras él tomaba asiento a su lado y se acomodaba.
Transcurrieron en un silencio un tanto incómodo, ya que para ambos el hecho de haber pasado juntos una noche como esa ─diferente─ era algo totalmente nuevo.
─Alma... ─Simona lo miró─, es un hermoso nombre ─una sonrisa sincera se curvó en los labios del hombre─, cuando todo ésto termine, serás de nuevo ella.
Y esas palabras calaron hondo en la joven, no sabía cómo tomar aquellas palabras, tal vez él sólo lo decía por lástima, o tal vez sólo la quería usar luego de que esté cerrado el tema que los unió, lo cierto es que deseaba fuera verdad, que todo se volviera como antes, que vuelva a vivir, a ser felíz.
Ella sonrió tiernamente, sus palabras aliviaban sus penas y de alguna lograba sentirse segura con ello.
─Yo... tenía ganas de olvidar todo, esta vida no es lo que hubiera querido, me obligaron a estar en ella, he pasado por cosas que no quiero ni mencionar, han sido los peores cuatro años de mi vida ─intentaba hablar de forma fría, y lo estaba logrando, desayunaba tranquilamente sin inmutarse, lo que llamó la atención de él, ya que otra en su lugar ya estaría hecha un mar de lágrimas.
─Alma es un nombre inocente, pulcro, tierno, puro. A mi ya no me corresponde serlo, ellos me lo han arrebatado todo. Ya no hay ni sombras de lo que un día representó ella, ya no volverá ─ésta vez su voz si se descompuso por momentos, estaba claro para Evan que ella seguía siendo tan vunerable a pesar de todo, y lo tenía cada vez más claro, deseaba protegerla, deseaba que ella estubiera bajo sus cuiddos, no quería que esos bellos ojos reflejen tristeza, quería que brillen de felicidad.
─Sigues siendo ella ─el hombre la miraba a los ojos─, yo la traeré de regreso ─concluyó y continuó desayunando.
Simona se quedó perpleja al oir lo último, no podía creer lo que él decía, su corazón empezó a acelerarse de una forma inexplicable, estaba sintiendo algo que no entendía bien por aquel hombre que la estaba confundiendo, le daba esperanzas, y ella temía sufrir más de lo que ya lo había hecho.
─Ahora... hay algo que debo preguntarte ─ella volvió la mirada hacia él─, es sobre tu padre ─él la miraba cauteloso, estaba casi seguro que ella desconocía muchos detalles del pasado de su supuesta familia.

escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

"─Sigues siendo ella ─el hombre la miraba a los ojos─, yo la traeré de regreso ─concluyó" ... El hombre que cree poderlo todo


#14

Capítulo 10 (2da. Parte)

─¿Qué sabes realmente de tu padre? ─Evan se había vuelto serio, estaba en plan de investigar lo ocurrido.

La joven no le respondió al instante, porque le parecio una pregunta algo indiscreta o más bien fuera de lugar, sólo hizo una mueca lo cual la recordó que él tenía todas las razones como para querer conocer un poco más de su padre, se habían enterado que perteneció al grupo de investigaciones que hoy lideraba el Comandante Ruiz, de hecho a ella debería importarle más aún escarvar en los momentos pasados en busca de algún hecho llamativo.

Con algo de desconfianza contó parte de su antigua vida, no iba a ahondar en detalles, porque hasta el momento a ella no le parecía que existiese algo raro, fue narrando paso a paso lo que había vivido, se detuvo en una en particular, la sgunda esposa de su padre, la madre de Óliver, una hermosa mujer y muy jóven, lo que llamó poderosmente la atención de él.

Evan pensaba que tal vez esa mujer resultaría ser la clave de todo, ya que Simona sabía muy poco de ella, sólo que un día llegó con su padre con una panza de cinco meses diciendole que ella era su novia, que estaban esperando un hijo y que si no le dijo antes fue porque no encontraron el momento propicio.

Esa situación pasó de largo para Simona, pero Évan, que era un hombre muy observador y calculador, se detuvo un momento a intentar hilar los acontecimientos, la primera cosa que llamó poderosamente su atención fue aquella joven que apareció de la nada con su padre unos veinte años mayor que ella; lo segundo, que ella no tenía ningún familiar, durante los años que vivieron todos juntos, jamás mencionaron de algún familiar de ella, y lo últmo, que la joven falleció de pronto, sin haber manisfestado ningún tipo de enfermedades, al menos de ningún tipo ante los ojos de Simona.

Sin dudas era un trabajo para Cris, al final él era quien siempre poseía la primicia de todo, trabajaba con Evan de forma anónima, sabía muy poco o nada de él, pero, lo tenía muy bien pagado y eso hacía que él consiguiese el tipo de información que se, incluso aquellos corrrespondientes a algún que otro gobierno, se las ingeniaba.

Teminaron de desayunar al tiempo que Evan recibió una llamada, era el Comandante Ruiz, avisando que los esperaban en media hora, tal como lo habían acordado, él respondió frío y con determinación con un simple ─perfecto─.

Se escucharon pasos acercarse a la puerta de entrada, al tiempo que él se levantó para abrirla, eran dos personas, un hombre y una mujer, los actores que estarían reemplazándolos a ellos, mientras se ausentaban. Simona se sorprendió de sobre manera al notar el parecido del hombre con Evan y el de la mujer consigo misma, con justa razón serían los impostores que se dedicarían a llamar la atención de Jorge Maroto mientras ellos se preparaban.

Luego de saludarse y conversar brevemente para indicaciones de último momento, Evan sacó una peluca rubia del bolso que llevaba y se la tendió a Simona, si ellos deseaban pasar desapercibidos durante el viaje hasta el destino determinado, debían hacerlo bien, el plan no debía fallar. Con ayuda de la actriz, se colocó la peluca, una cazadora negra de cuero y con unos anteojos de sol totalmente negros. Por su parte, Evan llevaba pusta una capucha y una gorra de lanilla, así evitarían ser reconocidos.

Lo habían planeado de ésta manera, pues estaban seguros que siempre había un vigilante detrás de cada chica que era alquilada a algún millonario, de hecho ya habían ubicado a quien estaba constantemente al tanto de Simona, y era nada más y nada menos que la mano derecha de Maroto, lo cual demostraba que ella era de muy alto interés para él.

La fase uno del plan ya estaba en marcha, ellos debían partir y dirigirse hasta tomar el tren en la Estación Central de Praga, que los llevaría a las base en dónde se encontraba Ruiz, la cual no era el depósito que visitaron cerca del rio.

Salieron por la puerta de atrás del edificio, discimulando muy bien, como si fueran dos personas más de la zona, caminaron normalmente y a unas cuadras se cruzaron con alguien que Simona reconoció de inmediato, y como iban tomados de las manos con Evan, éste notó al instante que algo la perturbaba, ya que ella apretó con más fuerza la mano que sostenía la suya y con algo de temblor que delataba el miedo que sentía.

El hombre era uno de los guardaespaldas de Jorge, estaba más que claro que él jamás dejaría ir libremente a Simona a ningún lado, debía proteger su mercadería, depués de todo, él la consideraba de su propiedad. Debido al atuendo poco común en ella, el hombre pasó de largo, ni se percató de ella, lo que la hizo suspirar profundamente, cuando pasaron de largo.

Tomaron el metro que los acercaba más a la estación, Simona sentía cierta adrenalina, estaba ciertamente emocionada, jamás había estado en un país diferente al suyo y ésta no la olvidaría jamás, aparte de que la estación era como de otra época, majestuosa, una arquitectura digna de admirar, le brillaban los ojos al observar lo que a su alrededor había, se decía internamente que deseaba tener más tiempo para disfrutar de la simpleza de la vida, de disfrutar de todo aquello que la privaron, de disfrutar de su libertad junto a Óliver.

Evan la miraba con cariño, ella despertaba en él un instinto de protección que pensó ya no existía, había pasado ya cinco años desde aquel día que marcó su vida para siempre, el día que provocó un antes y un despúes, el día en que decidió convertirse en el ser que ahora se conocía, pero ella, con esos ojos aceitunados, con esa mirada de tristeza y esas lágrimas de dolor que había visto en la joven, habían hecho que él tuviera de nuevo ganas de proteger a alguien, de resguardarla de todo mal que la rodeara, de sentirla tan suya como nunca lo imaginó.

Estaban en el anden, junto a otras personas, esperando que el tren llegase, ella seguía embelzada con la belleza del lugar, se le dibujaba una sonrisa freca en los labios, y él la miraba, se perdía por momentos en sus gestos, deseaba ver como brillaban sus ojos, que lastimosamente a causa de las gafas de sol no podría observarlos, quería capturar en su mente esa imagen de ella sintiendose libre, deliberadamente tomó su móvil y empezó a hacerle unas fotos, las guardaría para él, era lo único que hasta el momento podría hacer.

Viajarían por algún tiempo prudencial hasta llegar a Trebic, Simona no dejaba de observar el paisaje por las ventanas, mientras Evan movía sus contactos para estar más enterado del pasado de ella, y de la mujer que fue de su padre. Había pedido a Cris un informe completo, le había dado a conocer lo poco que Simona recordaba, y algunas que otras referencias que él sabría cómo utilizar.

Mientras tanto Jorge se pasaba impaciente en donde estuviera, bebiendo y fumando desenfrenadamente, llamando a cada tanto a una de las chicas que lo servían, para que lo complacieran como él deseaba, sin embargo, aunque ellas y en especial Karla lo hacian voluntariamente, él sólo deseaba tener a alguien a su lado, él deseaba a Simona, ella se había convertido en su obseción, y en el fondo le dolía las veces que abusaba cruelmente de ella, pero, era la única forma que encontraba de sentirla más de cerca, de oler su aroma, de sentir su sabor, la tersura de su piel, ya que si bien se consagraba como su dueño, tampoco olvidaba el motivo que lo llevó a secuestrarla, el motivo que la hace odiarla al mismo tiempo que amarla como un loco desquisiado.

Contaba los días para que ella volviera a su lado, había arreglado su estadía con aquel millonario insolente sólo porque sabía que era como un castigo para ella, que otro peor que su situación mental le demuestre que ella no era más un pedazo de carne, que sólo servía para un momento y para nada más, un pequeño objeto sin valor, es lo que él intentaba demostrarle a ella, que el mundo era peor de lo que se imaginaba, que finalmente él era su mejor opción, su veneno y su remedio.

Había ordenado a Jack, el jefe de sus guardaespaldas, practicamente su mano derecha, que tenga bien vigilada a simona, no permitiría que se escapase de él, aunque sabía, que el empresario no ba a permitirlo, tenía pensamientos y actividades tan retorcidas como él, o peores incluso, eso lo relajaba, pero, a la vez lo impacientaba, el hecho de pensar que Simona esté en brazos de otros hombres lo atormentaba, pero, ella debía sufrir, ella era la causante de su desgracia y debía sentir tanto dolor como el que le causó a la única mujer que amó profundamente.

En otro lugar, Ruiz esperaba ansioso a Simona, ella hacía que recuerde a su madre, sin duda alguna era tan bonita como Martina, como su amada Martina, al menos en ella tendría algún recuerdo, los mismos ojos, la misma boca, sentía pena por la joven, no merecía vivir de esa forma, pero, lastimosamente, un sacrificio a veces era mejor que el sacrificio de cien más, y si todo resultaba como el plan lo indicaba, él se encargaría de darle una vida diferente a la muchacha.

MiliGaut
Rango4 Nivel 15
hace más de 3 años

Hay Dios Mio, Siguelaaaa!!!


#15

Capítulo 11
Habían pasado ya cinco días desde que Simona y Evan llegaron a la base de concentraciones del grupo de investigación, el mismo que llevaba el caso de los Maroto, en esos días él se pasaba observando las fotos que le había hecho a la joven estando en la Estación Central, entre otras que le había sacado desde que se instalaron allí.
Por las noches se pasaba mirándolas, no podía creer que se sintiera así de atraído por ella, él simplemente había dejado de creer en el amor, al cual definía como “el sentimiento absurdo que sólo traía tristezas a su vida”, era el motivo por lo que siempre se lo veía de cama en cama, disfrutando desmedidamente de los placeres que las mujeres y su alrededor le ofrecían; no había sido capaz de volver a enamorarse, le habían roto el corazón, lo habían abandonado sin la menor explicación, ella simplemente había decidido huir, alejarse de él y quizá rehacer su vida, jamás entendió el motivo, jamás lo supo y tal vez nunca lo sabría.
Sentía que había sido culpa suya, que ella se había cansado de seguir con un hombre que era incapaz de decirle algo lindo respecto a su relación, y en el fondo era estaba seguro que fue exactamente lo que pasó, ninguna mujer espera por siempre por un hombre, salvo que exista una promesa entre ambos, y el cumplir aquello representa una decisión importante día tras día.
Luego del abandono de ella, Evan se dio cuenta que esa mujer lo era todo, no deseaba estar con nadie más, pero era tarde, la buscó por mucho tiempo, por años, invirtió gran cantidad de dinero y de tiempo en ello, fue en vano, no halló pista alguna y se dio por vencido el día en que ella apareció muerta.
Su mundo se vino abajo, su vida ya no sería igual, desde esa vez todo cambió, su forma de ver la vida fue desde una perspectiva más fría, más distante, más despiadada por así decirlo, él ya nunca volvería a ser igual, también sus sueños y su esperanza en formar una familia, en llevar una vida simple dejó de importarle se despojó de todo recuerdo que proviniera de ella, esos sueños eran de ella, por lo que él sólo se dedico a lo suyo, a sus negocios, a su satisfacción personal, la cual siempre era momentánea, nada le parecía suficiente, siempre le faltaba algo, siempre le faltaba ella.
Y todo seguía igual, hasta ese día en que recibió una noticia de la investigación, el día en que decidió aceptar el Caso Maroto y las órdenes de “el Cafre”, necesitaba sacarse las dudas, necesitaba respuestas a pesar de los casi ocho años transcurridos; después de todo, decidió tomar la situación como uno más de sus juegos, como una forma más peligrosa de divertirse, él no conocía límites, no había ninguno escrito aún para él, y nadie sería capaz de impedirle conocer la verdad disfrutando de su libertina vida.
Su vida iba igual, de maravillas hasta que apareció esa mujer que le estaba quitando el sueño, que se le había metido en lo más profundo de sus pensamientos, la dueña de esos hermosos y tristes ojos, ella lo estaba volviendo completamente loco, la deseaba, la soñaba, la pensaba de una manera que había olvidado; su simple existencia le hacía sentirse diferente, raro, él deseaba protegerla de todo y de todos, aún no comprendía el motivo.
Quería tenerla, quería sacarla de dónde estaba, quería que ella fuera suya, pero, por una razón que desconocía y que ya estaba investigando, el Cafre y Ruiz no estaban de acuerdo que él se le acercara más de la cuenta, se lo habían dicho mil veces, ella era prohibida para él, lo cual lo entusiasmaba aún más, nadie le impediría estar con ella, al final sería suya y ellos no lo impedirían. Mientras tanto ideó un plan, el que no debía fallar y menos ahora que estaba convencido que algo muy grave le ocultaban, ellos no estaban siendo sinceros con él, y estaba por descubrir los motivos, por lo pronto no le quedaba más que seguir recibiendo órdenes de ambos y seguir distante de Simona.
─Tarde o temprano serás mía ─decía mientras veía una de las fotos de ella, en la que se la veía sonriendo feliz─, te mereces una mejor vida, yo te la daré.
Evan se encontraba en una de las habitaciones que se le había designado, era un cuarto simple, funcionaba como una cuartel, había dos camas de dos pisos, hechos de hierro y pintados en negro, las sábanas y fundas eran de un color blanco amarillento, nadie más compartía con él el recinto, ya que habría sido un pedido formal, no deseaba compartir con nadie más aquel reducido espacio, no estaba acostumbrado a tal cosa, pero, debía soportarlo por el bien de ella, todo sea por ellas, por llegar a la verdad de lo que le ocurrió a su antigua novia y por sacar a Simona de aquella cruel vida a la que estuvo hacinada hasta hace poco.
Ese día en particular habría sido uno de los más complicados para Simona, a cada día la notaba más cansada, pero con muchas ganas de seguir, definitivamente aquel niño hacía que ella sacara fuerzas de donde sea para soportar los duros entrenamientos con la gente de Ruiz, admiraba esa postura que tenía ante ese escenario, era digno de seguir, ni si quiera él tuvo tanta valentía y coraje para afrontar la pérdida de ella, la muerte de la única mujer que llegó a amar en su momento.
Debía hablar con ella como sea, debía contarle algo de sus planes para que estuviera preparada; además, recibiría los resultados de la investigación privada a cargo de Cris. Con el pensamiento firme de buscar un momento a solas con Simona cuando amaneciera, quedó profundamente dormido, después de todo, ya se estaba acostumbrado a la dureza de aquella diminuta cama y al reducido cuarto desprovisto de los lujos al que estaba habituado.

Mientras tanto, al falso Evan y la falsa Simona hacían exactamente lo que se les había pedido, se los veía en las fiestas y eventos sociales, pero siempre inventando excusas para retirarse temprano y evitar a la prensa y a otros conocidos que pudieran sospechar, ya que la idea era mantener despistado a Jorge con un perfil bajo, sin escándalos ni noticias que pudieran llamar la atención de Maroto, pues sabían perfectamente que él los vigilaba desde una distancia prudencial.
En todo momento eran asesorados y vigilados también por los agentes de Ruiz, quienes mantenían comunicación constante con Evan y con Simona, ya que los dobles tuvieron poco tiempo para hablar sobre los papeles que desempeñarían en el transcurrir de los días, y para que no existieran dudas de que ellos eran quienes decían ser, debían actuar conforme a detalles.
Maroto recibía a diario un informe de Jack, a quien ordenó vigilarla, no había nada raro en ello, todo tan normal que a veces ya llamaba su atención, incluso veía fotos de ellos compartiendo en algún bar o restaurante, siempre desde una distancia prudencialmente alejada, aquello ayudaba a camuflar la verdadera identidad de las personas que aparecían en esas imágenes.
─Ya la quiero de vuelta, la necesito a mi lado, necesito de su cuerpo, de su miedo cuando la tengo en mis brazos, necesito sentirla, estar dentro de ella, lo necesito ─decía mientras bebía su copa, fumaba un habano y una mujer se encontraba completamente desnuda encima de él intentando darle placer.
Esa sensación que de hecho él lo sentía, pero no como cuando estaba con Simona, con ella se sentía único, en el cielo, sólo con ella él llegaba a sus límites a pesar del rechazo de la joven hacia él, pues lo veía de la manera más atroz, como un criminal, asesino, animal que solamente se alimentaba de su cuerpo. Recordó las tantas veces que le había dicho que aunque él tuviera su cuerpo e hiciera lo que quisiera con él, nunca tendría su corazón, ella nunca sentiría amor por él, al contrario, cada día crecía un odio desmedido hacia él.
Sabía perfectamente que ella nunca iba a amarlo por eso se deprimía y se descargaba en todo aquel que lo rodeara, incluyéndola, la golpeaba a menudo luego de usar su cuerpo, llegaba a casi rogarle que le diera alguna caricia, algún beso con una pizca de sentimiento, pero eso jamás pasaba y siempre terminaba encolerizado a causa de ella.
─Basta ─Jorge se levantó de repente, dejando a un lado a la mujer que estaba encima de él, quien para su mala suerte sabía que no le iría bien─, no me sirves, no me haces sentir nada, eres una maldita perra ─y al decirlo el sonido seco de su mano impactando el rostro de la mujer fue lo único que se escuchó, seguido de unos sollozos.
─Lárgate… y llama a Ria, ella puede que haga mejor su trabajo ─la mujer salió de prisa envuelta con apenas una toalla, era otra de las tantas víctimas de esta cruel y despiadada industria, otra de las tantas esclavas sexuales.

Hace más de 3 años

3

8
Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 3 meses

Bueno, creo que ambos, tu y yo, detallamos un poquito mucho estos pasajes turbios.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 3 meses

Pues qué te dire @Don_Diego una parte de mi cerebro ama lo romántico y tierno, y la otra lo turbio y lo tóxico.


#16

Capítulo 12
Día 6, desde que están confinados a seguir la órdenes del Comandante Ruiz, esa mañana bien temprano, Evan le dio instrucciones a Cris sobre cómo debía entregar los informes, eran muchos los documentos, por las líneas telefónicas ni mensajería instantánea no podían, ya que estaban siendo vigilados a toda hora y arriesgarse por ese motivo era tonto a esas alturas.
Evan se sentía preso de su propia idea, ya que fue él quien gestó en un principio la forma de adentrarse en el mundo de ilegalidad de Maroto, pero, jamás imaginó que a la par cumpliera con ello, debía armar otra estrategia para escapar, ya sabía demasiado y se convirtió en un hombre peligroso para muchos, especialmente para el Cafre, quien tenía probablemente planes no muy sanos para él luego de terminar con la misión, hecho que él ya lo estaba imaginando, pues se daba cuenta de que existían muchos secretos en toda esa historia.
Se había despertado más temprano de lo normal, se alistó y con ayuda de un teléfono que todos desconocían su existencia, pudo hablar con Cris, ellos habían quedado en un plan ideal como para recibir los sobres la investigación, pero de igual modo era arriesgado. Ambos se habían infiltrado en lugares más peligrosos, una base militar de investigaciones no sería la excepción a la regla que manejaban, pero debían tener cuidado en cada detalle, el mínimo error podría costar muy caro, incluso la vida a alguno de ellos.
Como de costumbre en estos días, salió a hacer los ejercicios habituales, observando con cautela todo alrededor. A lo lejos divisó a Simona, ¿qué estaría haciendo a las cuatro de la madrugada?, evidentemente ejercicios, pero, aún no era la hora indicada ─se preguntó dubitativo─, luego se dirigió hasta ella, por un lado feliz de verla sola al fin, era el momento perfecto para aprovechar y ponerla al tanto de los planes, o al menos de algunos puntos en particular, ya que sabía muy bien que cuanto menos supiera ella de lo que él iba a hacer, resultaría mejor lo que estaba planeando, pero era consciente de que debía esclarecer algunas cosas para evitar equivocaciones futuras.
Se acercó a ella, nuevamente la veía tan hermosa y apetecible que por segundos mientras la saludaba, se perdía en esos ojos bicolores que a pesar de la obscuridad brillaban como dos grandes lunas, la notaba extrañamente nerviosa, ella estaba haciendo un gran esfuerzo por seguir adelante, por no desfallecer ante las largas horas de entrenamiento.
Los días habían sido muy pesados en cuento a actividades, por día debía aprender cosas que a los mejores agentes les había costado años aprender, ella debía hacerlo en apenas siete días, y ya habían pasado cinco de ellos, de hecho estaban en el sexto y le quedaba un día más de práctica.
Hablaron de cosas triviales, ella le relataba como se había sentido los últimos días, ya que a pesar de estar bajo el mismo techo, se encargaban de ocuparla con todas las actividades que fuera, además, que cada vez sentía más miedo respecto a lo que les esperaba, decía que le estaba costando todo, y más aun la falta de drogas, aunque terminaba exhausta y se quedaba profundamente dormida, eso la ayudaba a sobrellevar su adicción. También se percató de que Ruiz se tomaba muchas atribuciones con ella, en el sentido de que intentaba que estuviera lo más cómoda posible a pesar de las limitaciones del lugar y a pesar de su condición como sospechosa y a la vez principal testigo presencial de los hechos que involucran al jefe de toda esa red de tráfico de personas.
Simona estaba feliz de poder pasar unos minutos a solas con Evan, verlo y que estuviera cerca le agradaba en demasía, estaba cada día más segura de que sentía algo muy fuerte por él, la ponía nerviosa, su corazón palpitaba más de prisa al estar conversando, no podía evitar sentirlo, pero, aun así, su objetivo era otro, ella no debía ilusionarse con aquel hombre, primero debía rescatar a su hermano, luego vería cuál sería el precio a pagar, o cuál sería el final del plan fraguado por Evan para sacarla de allí, quizá él sería su próximo dueño, y pensándolo bien, no estaba del todo en desacuerdo, ya que él la atraía físicamente y le causaba un gran misterio a la par.
Caminaron juntos por algunos minutos en los que ambos quedaron en silencio, un silencio que al contrario de ser incómodo, era lo que habían estado buscando por días, estar solos por tiempo y poder contemplarse mutuamente, era evidente la atracción entre ambos, los deseos de Evan por Simona se incrementaban a medida pasaba el tiempo, y ella le correspondía en lo mismo.
─Nuestro plan empieza hoy ─decía Evan mientras la arrastraba hacia atrás de unos contenedores viejos y oxidados con cuidado de no ser vistos.
─¿A qué te refieres? , explícate mejor ─ella se lo pedía un poco asustada, no se esperaba eso de forma tan repentina, sabía que llegaría en algún momento, pero temía no poder cumplir con su parte.
─Hoy empieza nuestro plan de escape, debes hacer exactamente lo que te pida, de lo contrario estaremos metidos en problemas ─le hablaba despacio, casi en susurros muy cerca de sus labios, lo que tanto a él como a ella los distraía, ambos sentían ganas inmensas de juntar sus labios.
─¿Qué es lo que debo hacer?, dímelo y lo intentaré cumplir ─sus ojos estaban puestos en él.
─Hoy llegarán documentos para el Comandante Ruiz, serán unos sobres negros de manila, contienen datos importantes para llegar al fondo de lo que en verdad está pasando, gracias a esas informaciones sabremos exactamente quien fue tu padre, y qué pasó con su muerte ─esas palabras confundieron a la chica, ella no entendía lo que estaba pasando realmente, el porqué Evan estaba desconfiando de lo sucedido con su padre, ¿acaso no estaba claro que el culpable había sido Jorge?, pensaba y casi no pronunció preguntas, ya que él notó la preocupación en sus ojos y rápidamente contestó su inquietud.
─Tú dices que viste a
Jorge asesinar a tu padre, ¿no es así?, ¿lo viste dispararle? ─preguntó seriamente a la joven quien allí entendió el punto, explicó brevemente que no había visto a los hombres de Jorge dispararle, sólo los vio golpearlo brutalmente hasta que cayó inconsciente, pero más que eso, nada, Jorge sólo le había dicho que su padre ya no sería un problema.
─Oh por Dios, ¿qué es lo que está pasando Evan? ─Simona se llevó ambas manos en la boca, para ahogar la conmoción de ese momento, se estaba dando cuenta de que la habían engañado.
─Vi las fotos Simona, y tu padre no tenía ninguna herida o golpe, estaba totalmente curado, sólo tenía laceraciones propias de las balas, ¿cómo explicas que los golpes no estuvieran ahí? ─la miró atento esperando respuesta.
─No fue Jorge entonces, pero… ¿quién? ─respondió más confundida y asustada que antes.
─Es lo que debemos averiguar, por eso es importante que llegues hasta esos documentos, en ellos está parte de la verdad, había quedado así con Cris, pero, en vista de las nuevas pruebas encontradas ya no confío en nadie aquí dentro, hay cosas que no concuerdan en esta historia, y debemos averiguarlo.
Ella sólo asintió ante las palabras de Evan y se dedicó a escucharlo atentamente, él explicaba con sumo cuidado lo que debía hacer más adelante, cuando estuviera cerca de Ruiz o de su segundo al mando y que igualmente no debían levantar sospechas de lo que estuviese aconteciendo entre ellos, siempre debían llevarse de forma casi indiferente, sólo así ella podría ganar más la confianza del comandante.
Mientras hablaban, Evan que siempre estaba observando lo que pasaba a los alrededores, se percató de que uno de los soldados de Ruiz caminaba hacia ese lugar, sin saber que ellos estaban allí, no tenían escapatorias, serían descubiertos, salvo que él hiciese algo que llamara la atención del joven y dejara bien parada a Simona, no estaba en planes perder la confianza de Ruiz.
La tomó desprevenida y la beso, unió sus labios a los de ella, fue un beso tan inesperado para ambos, pero tan deseado a la vez, se fundieron en la pasión de unos segundos, sus lenguas danzaban al son del latido de sus corazones, deseaban más del otro, pero de pronto, él se separó de ella, que al igual que él se encontraba jadeando por la falta de oxígeno, allí él la miró con ojos de fiera, pensaba que los labios de Simona eran adictivos, se estaba conteniendo lo mas que podía para no abalanzarse sobre ella y continuar con el beso, en otro momento le daría rienda suelta a sus deseos.
─Golpéame con fuerza ─le dijo a ella, quien confundida lo miraba algo decepcionada, hasta que en sus ojos leyó el mensaje y al ver al soldado acercarse no dudó ni un segundo más.
Un fuerte sonido se escuchó seguido de unas maldiciones hacia Evan, quien sólo sonreía con lascivia, de forma perversa, su objetivo era convencer al soldado de sus malas intenciones con ella.
─Anda vamos, continuemos, no veo la hora de estar entre tus piernas, te pagaré bien, no te hagas, sé que te gusta ─le decía, y en el fondo le dolían esas palabras, no deseaba hacerle daño a ella, sino que al contrario, quería protegerla, pero, en ese momento era necesario que ella fuese su víctima, al menos a ojos de todos los demás.
Simona se marchó de allí acompañada del soldado, echando pestes por la boca, había sido su mejor actuación, y se había quedado con el dulce sabor del beso de Evan en sus labios, un momento que no olvidaría tan fácilmente.

Hace más de 3 años

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Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 3 meses

Omg este capitulo fue genial.


#17

Capítulo 13
El día pasó de prisa, a Simona le fue complicado hacer lo que Evan le había pedido, pero, con la confianza que ganó con Ruiz y con unos cuantos más, que la creían incapaz de pensar por sí misma o de hacer algo inteligente, no levantó muchas sospechas y consiguió dos sobres de manila, aunque algo confundida ya que debido al poco tiempo con que contaba para entrar en la oficina del comandante, y que casi la descubren, no pudo revisar a fondo y tomó los que le pareció serían los que Evan indicó.

Entró cuidadosamente por el largo pasillo que la llevaría hasta la oficina del Jefe de operación, si bien el lugar no aparentaba ser muy grande, tenía los subterráneos, en dónde se extendían las oficinas y centros de vigilancia, con pisos y paredes completamente blancas y con varias cámaras. Por el techo se observaba cada tres metros, ductos de ventilación y acondicionadores de aire. Las paredes, sin embargo, totalmente desprovistas de cualquier tipo de objeto.

Ella se había acostumbrado al lugar, se conocía muchos de los pasillos, ya que había estado en varias oficinas y en varios salones destinados a actividades específicas. Al medio día, durante el almuerzo, se encontró nuevamente con Evan, quien le proporcionó más datos de los horarios de guardias y algún que otro dato referencial, ya que en caso de problemas, ella deberá solucionarlo a como de lugar, sin despertar más sospechas.

El uniforme habitual de los últimos días, era el pantalón tipo carpintero de color azul marino y la remera, un tanto ajustada, totalmente blanca, con el cabello recogido en una cola bien alta y el calzado estilo militar que todos usaban.

En éstos días había aprendido, un poco de defensa personal, tiro al blanco con armas de fuego, además de hacerlo con armas blancas, también, una guía rápida para uso de tecnologías que los mantendría en contacto todo el tiempo, y un análisis minucioso del plan que debían poner en marcha el día pactado.

Caminaba con seguridad por los pasillos, hasta dar con la puerta de la oficina de Ruiz, la cual no era muy grande, pero tenía lo necesario, y lo que ella buscaba. Unos diez sobres de manila empilados sobre el escritorio.

Al ver aquello, la asustó un poco, más aún cuando oyó voces acercarse, estaba perdida, en aquel lugar no podría esconderse, sería descubierta y pondría en peligro todo lo que más deseaba, Óliver, pensaba de prisa para inventar algo, pero, estaba bloqueada, muy nerviosa. Cuando se dio cuenta que lo inevitable pasaría, se aferró a la idea de sentarse allí y esperarlo, no sin antes guardar dos de los sobres, con el nombre que Evan le indicó, con el apuro se le cayeron todos y se mezclaron, ya no hubo tiempo de revisar nada, la esperanza se le iba, hasta que se fijó en el ducto de ventilación, el problema era como llegaría hasta ahí sin hacer ruido, menos mal, tenía un armario regularmente grande.

La puerta se abrió y Ruiz entró como si nada, aunque al ver su escritorio le pareció raro ver que hayan puesto los sobres sobre las sillas y no encima de los demás documento. Él había pedido una investigación profunda sobre una lista de personas, ya que no confiaba en los datos brindados por el Cafre, sentía que algo no cuadraba como debería, faltaban piezas importantes, y tenía una corazonada al respecto, quizá aquello cambiaría su parecer sobre los acontecimientos.

Tomó los sobres apilados y salió nuevamente, cerrando la puerta, él se dirigiría a su habitación, ya que antes de revisarlos haría una llamada muy importante.

Cuando salió, Simona respiró profundamente, gracias al entrenamiento y a que siempre estuvo en forma pudo subir hasta el techo y colarse a través de una salida del ducto de ventilación, no se animó a seguir el camino ya que no confiaba en que los amplios tubos soportasen su peso, prefirió quedarse allí. Se bajó y cuidadosamente salió, nadie se habría dado cuenta de eso, estaba contenta por que se iba a enterar de algo importante que la acercaría cada vez más a su hermano menor.

Evan estaba recostado en su cama, era casi media noche y no podía conciliar el sueño, se pasaba planeando con detalles sus próximos movimientos, todo debía salir bien, y más aún luego de aquel beso fugaz con ella, la deseaba, la quería para él, soñaba con hacerla su propiedad y no descansaría hasta cumplirlo. Por otra parte, estaba impaciente, ya que ella no le había comentado nada sobre si pudo o no conseguir lo que le pidió, de no ser así debía cambiar los planes, y no le agradaba del todo su segunda opción, pero, si no habría remedio, era el único camino a seguir.

Cuando ya no soportó seguir sin saber de ella, se levantó como para ir en su búsqueda, pero en ese momento, unos golpeteos en la puerta lo alertó, era ella, Simona, él abrió rápidamente la puerta y la dejó pasar en la habitación.

Ella estaba jadeando, había evadido a unos guardias por el camino y cuando estaba por llegar hasta él, casi la descubren, pero pudo zafar sin problemas echando a correr para llegar a tiempo.

Al entrar, y antes de que él le dijera nada, hizo una señal de silencio, llevando el dedo índice en medio de los labios, ese gesto lo alertó e hizo que permaneciera en el mismo lugar, sin realizar movimiento alguno. Los golpeteos en la puerta no tardaron y las voces de dos de los guardias tampoco.

─Abran la puerta ─los ojos de ella se desorbitaron ante lo que oyeron «que haremos» lo decía sin emitir sonido y él lo entendía.

Su rápida reacción hizo que la calma volviera al cuerpo de la joven, quien se había pasado el día con emociones fuertes, entonces él hablo, de forma seca y fría, tal como todos lo conocían, y haciendo uso de la fama que se ganó, evitaría más problemas innecesarios, mandó a Simona a refugiarse en el baño y fue a abrir la puerta.

─Señores... espero que sea algo muy importante como para que estén molestando a estas horas ─lo decía mientras abría la puerta y se colocaba en medio de ella cruzando sus brazos, para evitar que entren en la habitación.

─Sentimos la molestia, pero nos pareció ver a alguien corriendo hacia esta dirección ─ambos intentaban mirar tras él, quien fingió enojo por aquel gesto atrevido de ambos.

─y para eso me despiertan a media noche, para decirme que no hacen bien su trabajo y que les pareció supuestamente ver a alguien, miren, si lo prefieren llamemos al comandante Ruiz, creo que él sabrá que hacer en éstos casos, y para ser sincero levantaré una queja al respecto, ni dormir tranquilo se puede en éste lugar, es lo único que me faltaba ─y al decirlo todo se dio vuelta como para tomar el teléfono y llamar al jefe, pero los hombres allí reaccionaron rápido, no les convenía armar todo un alboroto por algo que al parecer no tenía la importancia debido.

─Descuide, le pedimos disculpas al respecto, creo que no es necesario llevarlo a instancias mayores, que tenga usted un reparador descanso, y disculpe nuevamente la molestia ocasionada ─los guardias se dirigieron de nuevo a sus respectivos lugares.

Cerró la puerta y al instante ella apareció ante sus ojos, se miraron en forma intensa por un instante, se decían todo lo que no eran capaces de decirlo con palabras, ambos se deseaban, de eso no había duda alguna, pero, antes de sucumbir entre los brazos de él, ella sacó de entre sus ropas, los sobre que él le había pedido.

─Aquí están, espero que sean los correctos ─dijo sin desviar la mirada de él.

Hace alrededor de 3 años

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escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

wow wow wow wow , no continúa ? ... Ha estado muy bien, pero habría preferido un final más cerrado jajajaja.

Mil gracias por la obra.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 4 meses

@escritoraatiempoparcial la había dejado hasta aquí porque no recibía más lecturas ni comentarios.
La historia está terminada en otra plataforma, solo la mitad es esta, pero puedo ir actualizando nuevamente.
Gracias por tus comentarios, en serio son como caricias a mi alma escritora.
Te agradezco.

escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

y te entiendo, muchas veces comenzamos a escribir cosas y si no recibimos respuesta dejamos de actualizar.
También te invito a pasarte por mis obras, a lo mejor encuentras algo de tu agrado =) . Un saludo y ya te seguiré comentando mis impresiones


#18

Capítulo 13 (2da. parte)

Evan, sin embargo, seguía observándola con ímpetu, se sentía demasiado atraído por ella, a tal punto que no podía controlar sus impulsos, tomó los sobres y los arrojó sobre uno de los escasos muebles sin dejar de mirarla, aquello la hizo temblar de los nervios, tanto que sin darse cuenta empezó a retroceder a medida que él se acercaba como una fiera voraz en busca de su presa, pero, en el fondo deseaba todo de él, deseaba a esa fiera, a ese hombre que aparentaba tan frío y a la vez tan seductor, a ese hombre que en un momento parecía el ser más condescendiente y al minuto el ser más obscuro y sin piedad alguna hacia ella, a un hombre que le prometía a su hermano a cambio de ser quizá su próximo dueño.

Conforme él avanzaba, se le dilataban las pupilas mostrando el profundo deseo del cual ella era la culpable. Estaba perdiendo completamente la cabeza por esa mujer, lo volvía loco de pasión. La tomó de la cintura al momento en que ella chocó con la cama, él la sintió temblar entre sus brazos cuando acercó su rostro y rozó sus labios, de hecho hubiera pensado que le temía de no ser por un pequeño gemido que se escapó de sus labios al sentirlo tan cerca; fue lo que lo invitó a seguir, y no habría más que esperar, ambos se deseaban y el destino les mostraba una oportunidad de estar juntos, les regalaba un momento que sería inolvidable para ambos.

Sentir la suavidad de su piel y a la vez como se le erizaba con sus caricias, aumentaban la lujuria, el deseo, la pasión; en cambio, ella, tendría su primera vez consintiendo tal hecho, ya que desde que la habían secuestrado y obligado, nunca antes fue por gusto, usualmente las drogas se encargaban de todo y en ella solo quedaban las secuelas en forma de dolor. No sentía atracción por nadie, no conocía el amor, solo el odio desmedido hacia Jorge, él la había matado por dentro, la despojó de su virtud, de su decencia, conduciéndola hacia los caminos obscuros de la desesperación y de la soledad.

Evan enterró su rostro en el de ella, desperdigando pequeños besos, haciéndola temblar más, hasta el punto de que las piernas le empezaban a fallar, caería entre sus brazos en cualquier momento; él se daba cuenta, pues sentía como su respiración se aceleraba con cada caricia, con cada toque, con cada detalle delicado que tenía con esa joven de ojos tristes. Simona se estaba dejando llevar por él, por todo lo nuevo que estaba experimentando, con esa pasión que poco a poco él había despertado en ella y que a esas alturas ya no tenía límites.

Depositó pausadamente tiernos besos en su piel, mientras ella con ojos cerrados vivía quizá uno de los momentos que jamás olvidaría, estaba disfrutando de cada instante. Sin pensarlo más, empezó a acariciar la espalda fornida que poseía el hombre y con la otra mano, enredó los dedos en su cabello, invitándolo a seguir, aceptando de esa forma ser completamente suya.

El gesto no fue desaprovechado, unieron sus labios y se fundieron en un beso que empezó lento hasta transformarse en voraz, pasional, sin igual; él sentía la necesidad de poseerla, intentaba controlarse lo más que podía, pero su cuerpo lo traicionaba, sus manos viajaron rápidamente explorando las curvas de la joven, quien se estremecía con cada contacto, sentir aquello ensanchaba su ego, al saber que él era el causante de tal reacción.

La despojó con maestría de sus prendas, al mismo tiempo que ella ganaba confianza y tímidamente lo ayudaba de igual manera, sin dejar de besarse en ningún momento. A esas alturas los labios de Simona ya eran adictivos para él.

La tumbó con cuidado en la cama, colocándose sobre ella, deseaba saborear cada parte de su ser, sentía la necesidad de hacer que ella lo disfrutara al máximo. Recorrió cada centímetro de su cuerpo, depositando tiernos besos que la hacían tiritar, sintiendo en sus labios la humedad y el sabor que la joven poseía. Sin dudas era la primera vez que un hombre la trataba de esa manera ─y Evan lo sospechaba de alguna forma─, era la primera vez que alguien se tomaba el tiempo para brindarle placer, además de ser de lo más tierno y delicado.

Estaban inmersos fundiéndose entre si, compartiendo sus cuerpos, destilando pasión, acallaban sus gemidos con besos, pues sabían que debían ser silenciosos, y a pesar de que en más de una ocasión se escapó de ambos algún que otro ruido, trataron en lo posible de evitarlo, lo cual aumentaba de cierta forma la adrenalina del momento.

Sentir como él entraba y salía cadenciosamente de ella, era probar un éxtasis que la posicionaba en la cima de un gran edificio y luego como en caída libre, dejarse ir hasta encontrar el inicio y volver a repetirlo una y otra vez. Fue así que ambos terminaron exhaustos, llenos, saciados de lo que buscaban, de esas sensaciones mágicas que estallaron en un segundo y los hizo vibrar y sentirse poderosos, dueños uno del otro, con deseos de volver a sentirse así, tan únicos, tan deseados, tan unidos.

Evan había deseado tanto tenerla entre sus brazos, y ahora que al fin lo conseguía quería más de ella, más de un momento así como el que acababa de pasar, pero, no sabía que tanto ella estaría dispuesta, no sabía que pensaba al respecto, la sintió derretirse entre sus brazos, la sintió especial y deseaba fuera siempre así. En cambio, ella, entre dudas y temores, quedó algo pensativa, fue la experiencia más dulce y placentera que tuvo y justo fue con él, con el hombre que le hacía promesas que habría que ver como las cumpliría, con el hombre que de alguna manera estaba siendo su escape a la realidad, a esa vida tan dura e injusta que le tocó vivir, pero, no sabía a qué precio aún, si él ocupaba el lugar de Jorge, quizá podría soportarlo, ya que al menos Evan la hacía sentirse especial.

Sintió vergüenza de su desnudez, sabía que debía irse de allí, había ido para llevar los sobres y jamás pensó en terminar en su cama y menos que lo disfrutaría. Se levantó y rápidamente sin emitir palabras se vistió, no sabía que decir, tal vez Evan estaba tomando algo de ella como parte de pago, no se extrañaría si así fuera, ya que de todas maneras ella era una trabajadora del sexo, una dama de compañía que Jorge alquilaba para beneficio de quien pagara por sus servicios. Optó por el silencio y por evitar mirarlo a los ojos, había cumplido su trabajo, pero esa noche se llevaba un bonito recuerdo, que quizá le duraría toda la vida.

Él la observó levantarse y sintió su timidez, no dijo nada, no sabía como afrontar lo ocurrido, definitivamente, esa noche no había sido solo sexo para él, ella había despertado en su interior las ganas de amar nuevamente, ella de a poco se fue metiendo entre sus pensamientos más profundos con esos bellos y tristes ojos, esas lunas que deseaba muy dentro suyo brillasen de alegría, de felicidad. Por un momento pensó que si hacía bien las cosas con ella, era una forma de redimirse ante su pasado, ante lo que no pudo hacer y ante lo que espera descubrir en algún momento.

Se miraron por unos segundos, dándose cuenta de que lo ocurrido implicó también sentimientos, pero decidieron ignorarlo, cada quien a su manera. Hasta que terminase el tema con Jorge, no habría respuestas para ellos, solo después podrían pensar en cambiar sus vidas; de hecho, ni él sabía aún lo que quería de Simona, la deseaba y la quería para él, sólo de eso estaba seguro.

─Me tengo que ir ─Simona se sentía cohibida, deseaba salir de allí lo más rápido posible.
─Te acompañaré ─él respondió taciturno al tiempo que se colocaba la ropa─, puede ser peligroso.
─Es más peligroso que nos encuentren juntos, iré sola ─se estaba recogiendo el pelo.
─Mañana volvemos a Praga, allí podremos hablar mejor, ve a descansar ─lo último lo dijo en tono seco, aunque no fue su intensión, pero no cayó muy bien para ella, quien de inmediato se dispuso a marcharse y así lo hizo.

Llegó sin problemas a su habitación, ya nadie vigilaba a esas horas de la madrugada, se sentía cansada, feliz y algo decepcionada por la actitud que él demostró antes de dejarlo, una mezcla de varias emociones que no la dejarían dormir, estuvo así girando sobre la cama hasta que el sueño y el cansancio la vencieron.

Sin embargo, él se quedó a ver el contenido de los sobres y se llevó una gran sorpresa al revelarse algunos secretos que sabía muy bien El Cafre jamás le confiaría. Simona había confundido uno de ellos y accidentalmente esa información crucial llegaba a sus manos, asombrado y con una leve sonrisa empezó a planear sus próximos movimientos, pronto amanecería y el fin de la historia se acercaba, los nudos empezaban a atarse, estaba cobrando sentido muchas cosas.

Don_Diego
Rango12 Nivel 56
hace 3 meses

Aqui si te luciste. La verdad me parecio muy, pero muy bueno todo.


#19

Capítulo 14

Bien temprano partieron de nuevo rumbo a Praga, ya ellos estaban entrenados en lo que debían hacer, habían sido unos días muy complicados para ambos, aprender cosas nuevas, técnicas y demás estrategias los había dejado exhaustos en más de una ocasión al final de cada jornada; fue más difícil aún para ella, ya que estaba arriesgando demasiado y para variar, estaba siendo avasallada por un sentimiento nuevo, se estaba enamorando de un hombre al que no conocía, del cual no sabía más de lo que él le contaba, de un hombre que había pagado por ella y que en cierta medida le estaba prometiendo una vida diferente.
El viaje lo hicieron en un silencio incómodo, por un trayecto largo, ninguno quiso dar el primer paso después de lo ocurrido, no sabían cómo hacerlo.
Él pensaba en ella de una forma adictiva, sentía que la deseaba cada vez más, pero, no podía dejarse llevar en ese momento por ningún tipo de sentimientos, más aún a sabiendas de lo que descubrió, pues sabía que cuando Ruiz se enterase de aquello, las cosas cambiarían drásticamente.
Si bien él debía estar al tanto, esperaría que termine todo, era la única manera de mantenerlo neutro en cuanto a sus sentimientos hacia Simona.
Se pasaba observándola cada vez que ella se perdía entre los paisajes que veía a través de las ventanas del tren, se decía a sí mismo que ella estaba tan hermosa, sus ojos la admiraban y la deseaban más desde que la tuvo entre sus brazos, desde que sintió sus labios arder entre los suyos, desde que la sintió estremecerse con cada una de sus caricias, desde que exploró todo su cuerpo descubriendo que podía amar cada centímetro suyo, deseaba tenerla siempre, que siempre fuera solo suya, de nadie más; sin duda la sacaría de entre las manos de Maroto, ella se merecía una mejor vida, ella era como una pequeña luz que de a poco se apagaba, y no quería eso, al contrario, verla brillar por si misma, verla libre, se había convertido en su anhelo, y lo conseguiría más adelante.
No le mencionaría nada de lo ocurrido, para que aquello no interfiriera con los planes, la debía tener concentrada y sabía perfectamente que si abría la boca, sus palabras causarían confusiones que costarían responder, sólo les quedaba la noche, al día siguiente todo sería distinto. Un día más necesitaría para poder decirle que la deseaba como nunca antes a nadie, que estaba sintiendo por ella algo más fuerte incluso que lo que le llevó hasta el punto en donde se habían conocido, y que todos los motivos que lo orillaron a llegar hasta ahí.
Ella por el contrario, estaba segura de que él la usaba, de que había sido una más y que esa ocasión fue igual que las anteriores, igual que con los demás que pagaron por sus servicios. Se perdía entre los paisajes de afuera y alguna que otra lágrima intentaba reprimir, se había enamorado tontamente de alguien que sólo pagó por sus servicios, de alguien que la había hecho olvidar todo por unos minutos, y la hizo sentir que tenía derecho a ser deseada como persona y no como un objeto, incluso que tenía el derecho de ser amad por alguien.
Pensaba que había sido estúpido imaginarse una vida diferente, que aquello que vivió con su padre, Óliver y Mayra ya no regresaría jamás.
Decidió no hablar, se mantendría firme ante la actitud de Evan, él pudo haber tenido su cuerpo, incluso su corazón, pero, ella tenía el coraje suficiente como para elegir no doblegarse ante él, ella aún conservaba un poco de su dignidad y se lo demostraría, aunque por dentro sintiera quebrarse en pedazos.
Se dirigían la palabra sólo para repasar lo que harían, no sin antes percatarse que nadie los estuviera escuchando, ya que esa noche sería crucial para los planes que ambos tenían y nadie debía intervenir ni enterarse.
Llegaron al apartamento y luego de haberse puesto al día de las actividades que los actores fueron realizando, analizaron la estrategia de la noche, en unas tres horas más empezaría el principio del fin del Maroto y su imperio, sabían que sería muy arriesgado, pero ellos iban al todo o nada, ya que el equipo de Ruiz se había pasado años investigándolo y siguiendo de cerca sus pasos.
Incluso llegaron a infiltrar a alguien, que desapareció tiempo después, fue una gran pérdida, ya que ellos estaban seguros de que él no se daría cuenta de la verdadera identidad de ella, pero, estaban equivocados, él siempre terminaba descubriendo los planes de la policía, no hacía ningún movimiento en falso, todo estaba perfectamente calculado, hasta que apareció Simona, quien se había convertido en su debilidad.
─Te ayudo con eso ─Evan entraba a la habitación que ella ocupaba e intentaba abrochar el cierre del imponente vestido rojo que cubriría su cuerpo.
Ella asintió y él no dudó en pasar sus manos por su delicada piel, contacto que la hizo estremecerse, su reacción no pasó desapercibido para él. Evan no aguanto las ganas de abrazarla, luego de deslizar el cierre hacia arriba, pasó un brazo a la altura de su abdomen y la pegó con fuerza a su cuerpo, haciéndola sentir cuánto la deseaba y todo lo que ella despertaba en él.
Aprovechó para sentir su aroma, posó su rostro en su cuello, depositando algún que otro beso, mientras ella con ojos cerrados disfrutaba del momento, sintiendo que de nuevo las piernas le fallarían en cualquier instante. Él quería tenerla así siempre, la deseaba en ese momento, pero, sabía que había cosas más importantes y que lo que se venía definiría el futuro de muchas personas, incluyendo la de él y la de Simona.
─Cuando todo esto termine, hablaremos de esto ─le susurro al oído mientras con sus manos acariciaba todo su cuerpo y la apretaba más, deseando de alguna manera transmitirle lo que sentía y dar cierto alivio al intenso deseo que se apoderó de él.
Ella no pudo emitir ninguna palabra, salvo un leve gemido, estaba prácticamente derritiéndose, no esperaba su reacción y menos esas palabras, una leve esperanza se instalaba de nuevo en sus pensamientos.
Todo estaba siendo muy vidrioso en su vida, los últimos acontecimientos cambiaron su forma de ver el mundo, su forma de pensar e incluso estaban cambiándola en todo sentido. Antes de continuar, Evan se armó de valor y la soltó, alejándola de sí, con deseos reprimidos al igual que él, y antes de salir de la habitación le dijo que la esperaría afuera para ajustar detalles y repasar por última vez el plan.

#20

Capítulo 15
Estaban todos repasando los detalles del majestuoso plan, irían a una fiesta de disfraces, organizada por una de las empresas de Maroto, que, aunque no apareciese como tal en los registros, por las investigaciones realizadas se sabía a quién pertenecía, además, el empresario era miembro del club de negocios de la región, sus empresas habían conseguido rentabilidades inigualables en los últimos cinco años.

Ruiz se preguntaba por qué se habría dedicado a la trata de blancas, al tráfico de armas y demás negocios turbios, teniéndolo todo, al menos en forma legal, si bien algunas de sus empresas tenían un origen dudoso, otras se habían forjado de manera formal, ciñéndose a los requerimientos de las normas de los países en que operaba.

Evan estaba vestido con un smoking que acentuaba la formalidad y frialdad en él, lo dejaba demasiado elegante, demasiado formal para Simona, quien después de ese momento habría quedado algo perturbada, deseaba como nunca antes a ese hombre, pero a la vez, no quería sufrir, pensaba que sería suficiente obtener lo que pidió. Sin embargo, después de todo, ella soñaba como cualquier mujer, formar una familia y revivir esos momentos felices que alguna vez sintió en compañía de seres queridos.

Ella intentaba concentrarse en las últimas indicaciones, pero su corazón estaba latiendo con más prisa de lo habitual, verlo ahí tan inmune a lo ocurrido y pensar en sus últimas palabras, estaban formando una maraña de ideas en su mente, ideas que la estaban volviendo loca en silencio. De igual manera, debía cumplir con todos, de eso dependía su futuro y la de su hermano, del resultado de esa noche dependía su libertad y la de muchas otras mujeres que conoció en los últimos años. Se dispuso a si misma prestar toda la atención posible al operativo, sus sentimientos por Evan podían esperar, en ese momento existían prioridades más importantes.

Mientras Ruiz fumaba un puro y observaba por el rabilo del ojo a ambos, era imposible no darse cuenta de la atracción entre ellos, al menos a él no podían engañarlo, tenía suficientes años de experiencia y esos dos se evidenciaban con las miradas que cada tanto se lanzaban. Pensaba en Evan y en lo duró que será contarle lo que había descubierto en esos documentos. Evan no se imaginaba los detalles de la historia, de hecho, ni siquiera él lo pudo digerir hasta esa noche, en que comparando con algunas fotos del archivo pudo comprobar la veracidad de la información.

La mujer de las fotos era la misma que la mujer de Federico, la madre de Óliver, el niño que tanto Simona protegía, el hermano de Simona. Porque Ruiz sabía muy bien lo que ella le había pedido a Evan, los había descubierto hablando sobre el niño, mediante los micrófonos instalados en el apartamento, nada se le escapaba a él, pero debió callar, ya que la existencia del niño debía ser oculta, complicaría los planes.

Pensaba en cómo Evan reaccionaría ante tal hecho, ¿cómo lo haría? Intentaría vengarse de ella en Simona? Intentaría aplacar su ira en el niño, un niño producto quizá del engaño de esa mujer, no lo sabía, pero tendría que contárselo más adelante, ya que él se había inmiscuido en el asunto justamente por ese motivo, descubrir al asesino de su ex mujer, e intentar vengarse de ello.

El pitido del móvil lo alertó, a lo que contestó con simpleza.
—Espero que sea por una razón muy buena —contestaba tosco mientras escuchaba atento—, todo está planeado tal como ya lo expliqué y será así, no hay dudas de eso.

Colgó el móvil sin seguir escuchando a su interlocutor. El cafre podía ser muy persuasivo a veces, en éste caso, no deseaba que se diera cuenta de más detalles, no confiaba en él, a pesar de haberle demostrado que lo guiaba por buen camino, pero, él también había investigado y sabía en qué aspectos le cobraría el favor, y no estaba dispuesto a atender aquello. Además, tampoco tenía un pasado limpio, debía muchas explicaciones que serían disculpadas si seguía colaborando, con lo que no estaba de acuerdo, pero, las órdenes así se dictaban y él debía acatarlas, a menos que expusiese motivos que contraríen esa decisión, motivos que estaba encontrando.

El cafre, no lo era todo, tampoco representaba al centro de las cosas, podría ser un hombre muy influyente, pero, no dejaba de ser sólo eso, un hombre más, tan vulnerable como el resto y con un objetivo, zafar de las leyes.

El comandante siguió allí en silencio, pensando en la estrategia, deseaba que todo llegase a su fin para poder tomarse un descanso, a pesar de lo que sucedió años atrás, estaba dispuesto a vengar la muerte de su viejo amigo, y de cuidar de su hija, sólo así podría descansar en paz.

Por otra parte, Evan, aún sorprendido y agitado por su breve encuentro con Simona, miraba tanto a ella como a Ruiz, buscaba el parecido en ambos, pensaba que en definitiva, ella se parecía más a la madre, no encontraba ningún parecido salvo el color aceituna de los ojos, era lo único similar entre ambos. Él se preguntaba qué haría el comandante si llega a enterarse de toda la verdad, qué haría si supiera que el caso se tornó en algo familiar de la noche a la mañana.

Si bien, él de alguna forma cuidaba a Simona, con la información que tenía, se volvería su fiel protector, sabía que si se enteraba antes de marcharse a la recepción, era posible que cambiase en forma radical todo el plan, y eso perjudicaría a todos, aunque, él tampoco deseaba que le pase algo a ella, ya la sentía suya y deseaba fuera así siempre, una vez que terminase todo, la llevaría a vivir con él, o al menos en donde ella pudiera estar disponible para él siempre, quería convertirla en su propiedad, sabía que pensar así estaba mal, pero ella despertaba en él el instinto posesivo.

Confiaba en que todo saldría tal como estaba planeado, tal como él lo había planeado, ya que la estrategia del comandante no resultaría, estaba seguro de eso, tenía información de que Maroto estaba enterado e intentaría algo en contra, por tal motivo, y por lo descubierto sobre el cafre.

La entrada de dos agentes más a la habitación en donde se reunían lo sacó de sus pensamientos, el tiempo estaba llegando a su fin y con él el final de la era de los Maroto.

—Está todo listo comandante —uno de los agentes se acercó a Ruiz, y éste asintió ante su afirmación mientras cruzaba miradas con los presentes, unas diez personas, entre ellos Simona y Evan.
—Muy bien, andando, esta noche Maroto y su equipo caerán —con un gesto invitó a todos a salir tras él—, vamos por el mal nacido.


#21

Capítulo 16

Jorge se encontraba impaciente, bebía un líquido ámbar como de costumbre, mientras observaba la ciudad desde la ventana del edificio en donde funcionaba una de sus empresas.

Acababa de salir de una reunión importante, los demás asociados le habían dado un ultimatúm, las cosas no estaban funcionando bien, al parecer la policía internacional estaba indagando muy de cerca y aquello no era del agrado de los accionistas. A él mucho no le importaba esa empresa en lo que a ingresos se refería, ya que tenía otras mas productivas en otros países, lo que realmente le preocupaba eran los demás negocios, los cuales dependían de cierta manera de los legales, y en el caso de BC Actions, representaba una pantalla para casi todos los negocios de Praga y los alrededores como Hungría, Austria, Eslovaquia y Polonia.

Una llamada en su móvil lo sacó de sus pensamientos, tomó el aparato y al ver el destinatario contestó de prisa, no se esperaba, pero una leve sonrisa se dibujó en su rostro, había pocas cosas que mejoraban el humor de Jorge, y escuchar la voz del que se encontraba al otro lado del móvil, era uno de ellos.

-¿Pasa algo? -contestó con voz dulce, mientras depositaba el vaso en el escritorio y se relajaba en uno de los sillones de la oficina -lo prometo, te llevaré lo que me pediste.

-Sabes que nos veremos mañana, hoy ya no podré ir, pero tomaré el primer avión y almorzaremos juntos -hizo una pausa, escuchaba atento-, sabes que también te quiero, estaré contigo, te lo prometo, te llevaré lo que me pediste.

Luego de esa conversación breve, continuó sentado, siguió bebiendo del vaso y encendió un puro. A su mente volvió ella, la mujer que lo tenía obsesionado desde hacía años, aquella que no sentía nada por él, y por tal motivo se había vengado en todo sentido, había acabado con su padre y el mismo la había violado infinitas veces, de hecho, las veces que se le antojaba, porque la sentía de su propiedad, y tal como se lo repetía a ella, tal vez no tenga su corazón, pero su cuerpo era de él, y él podía hacer lo que quisiese con él.

Recordó la ultima vez que la tomó, ella estaba completamente drogada, a él no le gustaba que ella estuviese en ese estado, pero, no le quedaba de otra, era la única forma en que ella se relajaba un poco más, incluso llegó a pensar que disfrutaba las veces que él la hacía suya, sólo que cuando el efecto de los éxtasis pasaban ella no recordaba nada y volvía a ser la misma. En parte se alegraba por aquello, así ella no se enteraría de que nunca había dejado que otro hombre la tocase, siempre había sido él, sólo él, porque ella era suya, solo suya: le había costado bastante mantener la mentira ante sus ojos hasta ese momento, la llevaba por hoteles bien exclusivos, así como apartamentos que rentaba exclusivamente para pasar la noche con ella, y luego se encargaba de hacerle pensar que había sido utilizada por los clientes.

Sólo los primeros días en que la capturó, pasó malos momentos, ya que en ese entonces, no la habría mirado como ahora, y había dejado que unos cinco hombres la tocaran, sin embargo, después de un tiempo los mató a todos.

Amaba sus ojos, aunque siempre tristes, amaba verlos, observarse en ellos, la suavidad de su piel y el perfume que emanaba lo enloquecían, era un hombre sin escrúpulos, pero ella lo calmaba, sentirla lo hacían un poco más humano.

Todo iba bien hasta que las dificultades con los demás accionistas de una de sus empresas más importantes de Europa empezó a causarle grandes problemas y para su buena suerte apareció Evan, el hombre que cambiaría su forma de pensar y que de alguna manera lo habría convencido de alquilar a Simona, ya que en uno de los encuentros había quedado embelesado por la belleza de la joven, lo cual a su entender fue la causante de que el mismo Evan se acercara a él, en parte, la salvación de su empresa se lo iba a deber a los días en que ella estaría con él.

No haber accedido a entregar a Simona, hubiera sido vergonzoso ante los demás hombres con quienes hacía negocios ilegales, no permitiría que se hable de él como alguien endeble cuyo corazón era dominado por el afecto hacia una mujer. Recordar el momento en que Evan había solicitado comprar a la joven, lo enervaba, sentía las mismas ganas de asesinarlo o de al menos romperle la cara, que cuando escuchó su propuesta, sin embargo, sus acciones tenían un motivo que iba más allá de sus sentimientos estúpidos por la desdichada mujer. Sus negocios.
El solo hecho de que comprase una parte de las acciones, traería consigo beneficios inigualables para sus negocios en Praga, las participaciones de BC Actions se habían desvalorizado con la salida de uno de los socios más renombrados y con la inminente marcha de los demás a causa de investigaciones que exponían sus asuntos privados, él podría comprar todos los bonos, pero, esa estrategia no era la mejor si lo que deseaba era evadir a la Interpol, muy a su pesar, su única opción viable era Evan. Necesitaban de la trayectoria del empresario exitoso, debía reconocer que amasaba una fortuna muy considerable.

Había seguido muy de cerca a Simona durante los diez días en que acompañó al empresario, deseaba que estuviera bien, no quería imaginársela en los brazos del bastardo, le carcomían los celos; apelaría a los sentimientos rencorosos que ella guardaba por las personas que estaban involucradas en el negocio de las prostitutas por contrato, además, sería una lección para ella; le habían comentado que él era un hombre violento, frívolo y sin sentimientos, justo lo que necesitaba para ella, alguien que la tratase peor que él, sólo así ella podría darse cuenta que lo mejor era permanecer a su lado.

Los negocios en Europa estarían a salvo, aprovecharía la fiesta para llevar a cabo la firma del traspaso de las acciones, además, la llevaría a ella lejos de todo aquello, la sacaría de allí, la deseaba sólo para él y estaba cansado de drogarla y verla codiciada por otros. Más adelante se encargaría de darle un final merecido a Evan.

-Serás mía, sólo mía, aunque sea lo último que haga en ésta vida -seguía bebiendo en forma tranquila mientras sonreía por sus pensamientos, y una sonrisa sincera aparecía en sus labios.


#22

Capítulo 17
Habían llegado a la fiesta ofrecida por la compañía de Maroto, ella se encontraba muy nerviosa, luego de diez días volvería a verlo, no deseaba pasar por lo que estaba a punto, sin embargo, no le quedaba más opciones, debía colaborar para que de una vez se viera liberada de ese hombre que tanto daño ya causó, a ella como a su familia, y sobre todo, volvería a ver a su hermano, su mayor anhelo.

— ¿Estás preparada? —Evan sostuvo fuerte su mano al momento de llegar frente a la recepción.

Solo una mueca que fingió ser una sonrisa fue la respuesta de ella, seguido de un suspiro, que denotaba lo intranquila que se había puesto, su corazón martilleaba aceleradamente, casi al punto de dolerle, por un momento pensó que no sería capaz de seguir adelante, pero, él le brindaba cierta seguridad que la hacía sentir mejor.

Ver sus hermosas aceitunas brillar con un halo de preocupación, casi hizo que él lanzara por la borda todo este tiempo dedicado a seguir los pasos de Jorge y a encontrar las respuestas que hacía tiempo buscaba. Esa mujer hacía que él olvidase todo, incluyendo los motivos que tenía para haber entrado en las reglas de juego de esa agrupación especial.

No quería arriesgarla a nada más, no deseaba que algo malo le pasase a Simona, suficiente tenía con haberla perdido a ella, a esa mujer a quien amo sinceramente, pero, a quien no fue capaz de prestarle la debida atención, debido a la inmadurez que rodeaba su vida en aquellos años, la juventud, el dinero y el poder, en muchas ocasiones cegaba la vida de todos y él no fue la excepción a ello.

Era un episodio de su vida que deseaba superar, pero por más que lo intentase, no lo conseguía, ella había muerto de la peor manera posible y las pesadillas que tenía a diario, se encargaban de recordarle que él había sido en parte culpable de aquella tragedia. Vengaría su muerte, llegaría hasta el asesino que se apoderó de su joven vida, cobraría por aquello que le arrebataron, tenía la esperanza de al menos dormir en paz luego de cumplir con la promesa que le hizo al pie de su tumba.

— ¿Recuerdas todo el plan? —preguntó de nuevo Evan.

—Si —lo miró, buscando seguridad en él.

—Todo estará bien, ya sabes que hacer en caso de estar en problemas, sólo di la clave y ahí estaremos, y recuerda —hizo una pausa, miró a su alrededor y tomó el rostro de la joven entre sus manos—, no estarás sola, estaré contigo en todo momento, y cuando todo esto termine, tú y tu hermano estarán a salvo y lejos de toda esta mierda, te lo prometo.

Escucharlo decir aquello fue lo más reconfortante en todo ese tiempo, ella no creía que estaba a punto de despertar de esa cruel pesadilla que se apoderó de su vida desde hacía unos años.

Caminaron juntos hasta por el salón, el cual se podía ver como un gran derroche de dinero, el lujo estaba tan presente como la austeridad ausente.

Con disimulo observaron todo cuanto podían, sin embargo, costaba, muchas figuras públicas que conocían a Evan se les acercaba e intentaban sacarle conversación, algunos con miradas inquisidoras hacia ella, quienes sabían muy bien su origen, estaban más que seguros que era la mujer de Maroto, lo que no se explicaban era el porqué ella acompañaba al empresario acaudalado.

El pitido del móvil alertó a Evan, al ver de quién se trataba no dudo en alejarse del tumulto y contestar, aprovechó mientras ella iba por unas bebidas a pocos metros de allí, no sin antes señalarle en dónde estaría.

Había esperado ansioso esa llamada, era el equipo de investigadores que contrató para averiguar el paradero de Óliver, ellos habían encontrado al niño en una de las mansiones de Maroto, ubicado en Puerto Viejo, un pueblo costero en Costa Rica. No había querido contarle nada a ella aún, primero deseaba seguridad para su hermano, después darle a conocer la buena noticia.
Al momento de la llamada ya habían sacado al niño de ahí y lo estaban llevando a un lugar seguro, fuera del alcance de Jorge. Lo que sí no entendía, era el porqué el niño llamaba padre a Maroto, de eso también se encargarían los investigadores, por lo pronto pidió que le dijeran que su hermana estaba al tanto de todo y que pronto estarían juntos. Al parecer el niño no recordaba muy bien, ya que según comentaron, parecía no acordarse de tener una hermana, lo cual era más que normal, ya que él a penas era una criatura de tres años cuando sucedió todo.

Él ya no tenía excusas para seguir adelante con el plan, iba a abandonarlo y se llevaría a Simona. Pero, otra llamada lo alertó de nuevo, era de Cris, quien tenía otra información importante.

—Diga —la voz seca y fría con la que Evan hablaba siempre marcaba diferencia e infundía mas que respeto, miedo.
—Señor, hay nuevas informaciones respecto al caso de la señorita Mayra Franco.

—¿Qué cosas? Habla, no tengo mucho tiempo —él estaba nervioso, a lo lejos vio a Jorge, quien iba acompañado de las mismas personas de siempre, pero, esta vez, sin ninguna mujer, algo dentro de él le decía que estaba esperando a Simona, y eso lo estaba enfureciendo por dentro.

—La señorita Mayra tuvo un hijo, unos meses después de que haya desaparecido —de pronto los recuerdos volvieron a él, los recuerdos de aquellos días en que compartía su vida con aquella buena mujer que sólo lo amó durante el tiempo que estuvo con élo, tiempo que él no supo valorar y terminó por alejarla de su lado.

—¿Meses? —preguntó asombrado, aquella noticia era nueva, no esperaba que ella hubiera tenido un hijo tan poco tiempo después de que se marchara de su lado, y ahí su temor creció, al darse cuenta que quizá había una leve posibilidad de que haya sido su hijo—, ¿cuántos meses? —volvió a preguntar con una pizca de exaltación que lograba ocultar más que bien.

—No estamos seguros, tal vez unos seis o siete, los registros no son exactos, estamos trabajando en eso.

Seis o siete meses, solo podía significar algo, que había una probabilidad muy alta de que fuera su hijo. Cris cortó el teléfono, no sin antes decirle que en una horas más tendría más informaciones al respecto. Sin embargo, él se sentía más en deuda aún con ella, la mujer que probablemente haya dado a luz un hijo suyo, cuyo paradero desconocían, tal como Cris lo afirmó.

Evan se quedó pensativo por un momento, no supo cuánto en realidad, hasta que el dispositivo de comunicación, que tenía incrustado en la oreja izquierda empezó a molestarle, y una extraña voz pedía auxilio.

Cayó en cuenta de quién podría ser, buscó con la mirada a Simona por todo el salón, ya no estaba cerca de las bebidas, no se encontraba por ningún lado. Buscó a Jorge, pero tampoco él ni sus custodios estaban más en el salón.

Sus ojos se desorbitaron, se sintió impotente, tanto que quedó inmóvil, hasta que otra voz lo sacó de trance.

—Ellos la tienen, inicio del Plan B.


#23

Capítulo 18
Con tantas informaciones que aún no digería, Evan salía disparado de la recepción, no tenía idea de hacia dónde se habían llevado a Simona, confiaba en el equipo de Ruiz, de hecho estaba seguro de que ellos estaban siguiéndolos, no se permitiría perderla a ella también, y ahora, tenía otra prioridad sumado al bienestar de Alma, a la criatura que Mayra tuvo.
Llegó hasta la entrada principal, en donde un vehículo totalmente negro lo esperaba para abordar e ir tras Jorge, ni bien estuvo dentro, las llantas chirriaron sobre el asfalto, debido a la gran velocidad con la que aceleró el chofer, un hombre de mediana edad asignado por el Comandante para tal efecto.
Dentro del auto, se encontraba Ruiz, acompañado de otro agente, el oficial Montes, un hombre de la edad similar, considerado compañero y amigo por él, pero era un hombre más reservado y observador.
—Se dirigen hacia el muelle —replicó el oficial Montes.
—Los agentes ya lograron incautar las pruebas necesarias en contra de Jorge, ya sólo nos queda atraparlo, a parte de eso, nada más importa —decía el comandante Ruiz por la radio, hablando con otro agente que iba observando a Maroto desde una distancia prudencial.
Esas palabras de Ruiz enfurecieron a Evan, él no podía creer que el comandante hablara tan despreocupado por la situación, y que su prioridad sea sólo capturar a Jorge, Simona era la única importante allí, y a él no se le había ocurrido otra cosa.
—¿Cómo es posible que le des más importancia a un delincuente de guante blanco, que una mujer secuestrada? —le preguntó con la mirada fija.
—Verá Señor Evan, es sencillo explicarlo, Maroto es mi caso desde hace bastantes años, he dedicado parte de mi vida a intentar atraparlo, y justo cuando lo voy a conseguir, no dejaré que nada ni nadie interfiera en ello, a veces, se deben de hacer pequeños sacrificios para obtener un fin más grande, quizá me entienda cuando sea usted mayor —Ruiz hablaba desocupado.
—Sabe usted, yo pensaba en encontrar el momento ideal para decirle lo que he descubierto, pero, como veo que esta situación se está saliendo de control, es necesario que de alguna manera vuelva a tomar las riendas del asunto.
—Y qué le hace creer que usted tuvo alguna vez las riendas de esta situación Señor Evan… usted no es más que una simple pieza del juego que se inició hace muchos años atrás —las palabras del comandante eran tan ácidas que a evan se le pasaba por la mente golpearlo.
—de eso no me queda la menor duda, se que esto se inició años atrás —pero Evan no daría el primer paso de violencia, era un hombre que no perdía la paciencia ni la postura por las situaciones, estaba muy tranquilo, serio e impasible.
—De hecho, yo lo busqué con el único propósito de utilizar sus influencias y su posición social y económica para llegar a mi objetivo, y déjeme decirle, que usted lo hizo muy bien, jugó las cartas tal como yo lo hubiera querido, tal como lo planeé, no puede negar eso tampoco —Ruiz sonreía de lado en forma arrogante, queriendo así demostrar su poderío ante Evan y un triunfo parcial sobre él.
—Estoy de acuerdo con usted sobre lo que dice, es verdad que me buscó para poder acercarme a Maroto, pero, recuerde algo comandante, creo que usted olvida un pequeño detalle de todo esto, también soy un hombre que juega sus cartas con pienso, o ¿acaso usted cree que acepté de buenas a primeras el hecho de trabajar bajo su mando? O ¿acaso eso creyó?, porque... déjeme decirle que yo no muevo un dedo sin antes haberlo calculado.
—Jajaja eso era evidente señor Evan, todos nos movemos por algún tipo de interés en la vida, o cree usted que no sé el porqué aceptó… lo sé todo, sé que busca desesperadamente vengar la muerte de la Señorita Franco, para así intentar aliviar la culpa que lo carcome día y noche, y que en parte, esa venganza lo hizo con la infeliz de Simona, la pobre muchacha, supuestamente secuestrada por Maroto, a quien usted está engatusando. No entiendo porqué usted ahora se preocupa tanto por ella, siendo que es la mujer del hombre que prácticamente destruyó su felicidad… o ¿me equivoco? —Ruiz sonreía de lado, se sentía ganador.
—Eso le gustaría escuchar verdad… para que así siga con esa arrogancia de yo lo se todo, fíjese, nadie es causante de la felicidad o infelicidad de uno, eso es una cuestión personal —Evan le respondió con los ojos clavados en un punto dentro del vehículo.
—Con esas palabras confirma lo que dije —seguía sonriendo de lado y Evan, al darse cuenta de que la conversación no iba a ir a ningún lado, prefirió dejarlo así como tal, no cambiaría en nada si seguían manteniendo esa discusión absurda, más bien, era tiempo perdido, tiempo que podría dedicar para encontrar a Simona.
—Dígame algo… a usted realmente no le interesa Simona, o me equivoco —cambió de tema para intentar contarle lo que había descubierto, a lo que Ruiz se quedó en silencio, pero Evan, continuó—, su silencio me está confirmando mis sospechas.
—No saque conjeturas precipitadas Señor Evan —cierto nerviosismo se notó en la expresión del comandante.
—No las estoy sacando, sólo que, sino me equivoco, ella es la hija de la que fuera su prometida tiempo atrás, y quien se había escapado con su mejor amigo, el padre de Simona —Evan había descubierto su punto débil.
—Ese es un tema personal y no le incumbe Evan —Ruiz cambió su actitud arrogante a una seria, y en parte se le notaba dolor cuando recordaba aquello, pero lo disimulaba muy bien.
—Me importa mucho esa mujer —miraba con ímpetu a Ruiz—, y quiero sacarla de este mundo en el cual Maroto la sumergió, y usted va a ayudarme a hacerlo —Ruiz retomó su actitud arrogante—, y sabe porqué lo hará… ¿en verdad quiere saberlo Comandante? —hubo silencio entre ambos hasta que Ruiz comenzó a hablar de nuevo.
—Mira Evan, me encantaría poder hacerlo, de hecho si ella se salva de todo esto, puedes hacer con ella lo que te plazca, siempre que no interfiera en mis planes y en mis objetivos y… —no alcanzó a terminar lo que decía ya que Evan lo interrumpió.
—Es su hija Ruiz, Simona es hija suya —y el Comandante empezó a reír de aquello.
—no me venga con historias Evan, que ya no estoy para esas idioteces, estoy muy viejo para las fantasías —seguía riéndose como si aquella afirmación hubiera sido el mejor chiste que le hubieran contado jamás.
—Tampoco lo creí, estuve investigando y llegó a mi poder unos documentos que lo prueban —por fin Ruiz había callado y escuchaba atento al empresario—, tomé —le pasó un sobre pequeño—, ahí encontrará la respuesta y verá que no miento.
Ruiz agarró el sobre y lo abrió, sacó de allí unos papeles doblados, uno de ellos era una ecografía de cuando Martina se enteró de que estaba embarazada; el otro papel era la partida de nacimiento de Alma, con el reconocimiento de su madre; el tercer documento era la partida de nacimiento de Alma, años después con el reconocimiento del padre, Federico; otro documento era el acta de defunción de Martina, tanto el reconocimiento de Federico, como el día de la muerte de Martina, tenían la misma fecha. Ruiz los miró con el ceño fruncido y sin pensar mucho volvió a hablar.
—Esto no prueba nada —miraba incrédulo a Evan, quien le respondió.
—El grupo sanguíneo de Simona es O negativo, Federico tenía A positivo y Martina tenía O positivo. Es más que evidente que no era hija de Federico, y que él la reconoció sólo al momento de la muerte de su madre, para velar por ella y cuidarla. Ah... otra cosa, ¿sabe quién fue el que mató a su madre?.
—Nunca supe que pasó de ella —respondía nervioso, nostálgico, confundido.
—Fue muerta por el padre de Maroto, quien se había obsesionado con ella y al verla feliz con su hija... hija que era suya, decidió acabar con su vida y con la de ella, pero no contaban con Federico, quien la salvó y la mantuvo oculta por mucho tiempo hasta que volvieron a encontrarlo y a matarlo hace casi siete años atrás.
—Pero cómo es que esa información jamás supe —miraba sus manos, se encontraba muy nervioso por lo que acababa de enterarse, además no creía del todo en las afirmaciones del empresario.
Mientras tanto, el oficial Montes se encontraba con cierta incomodidad al margen de aquella conversación, de lo cual se percató Evan, que ya intuía lo que habría pasado en aquel entonces.
—Comandante —volvió a hablar mientras miraba efusivamente a Montes, quien miraba hacia otra dirección, menos hacia los ocupantes—, ¿se da cuenta de que le estuvieron ocultando información vital dentro de su dependencia?, y que quizá haya sido alguien muy cercano a usted —el comandante se percató de lo que Evan quería decirle.
—Montes… como se nos pudo escapar ese tipo de informaciones... —el oficial se encontraba impaciente, estaba nervioso, temía que descubrieran que él había saboteado la mayoría de las misiones que habían preparado para atrapar a los Maroto, en ese momento Ruiz también pensó en las veces en que estuvo tan cerca de atrapar a los delincuentes y que por diversos motivos, siempre terminaba por ser descubierto en el último momento, se empezaba a abrir la nebulosa de dudas y preguntas sin responder que se crearon en torno al caso desde años atrás. Pero, antes que alguien pudiera responder se escuchó un disparo.


#24

Capítulo 19 (minutos atrás)

Simona no había mencionado nada salvo la clave, que para su desgracia, Evan no escuchó debido a su estado de asombro por la información recibida. Jorge se había acercado a ella rápidamente en el descuido del empresario, si algo sabía, era que debían salir de allí lo más rápido posible.
Habría él organizado todo para llevarla lejos de aquel lugar, intentaría darle a Simona todo aquello de lo que le privó por esos años, sabía que ella lo odiaba y que quizá jamás lo perdonaría, pero, él siempre obtenía lo que quería, y si ella no se entregaba voluntariamente, él la tomaría una vez más, como todas las veces que lo había hecho, pero, esta vez ya no la drogaría, se encargaría de que ella esté consciente de lo que pasaba, deseaba que ella lo mirase con los mismos ojos con que miraba a Evan Smith, sentía celos de ese hombre, que sin saber, lo orilló a cometer una estupidez, al dejar a su amada bajo sus manos por esos días, creyendo que lo hacía para castigarla, sabiendo lo repulsivo que representaba para ella la vida a la que él la obligó.
Aunque si en realidad supiera, que todas esas veces que despertó adolorida, desnuda y sin recordar nada, fue siempre él el causante, ya que de otra manera, dudaba que ella hubiese consentido un acercamiento entre ambos. Tal es así, que la única vez que estuvo consciente de lo que pasaba, fue cuando la tomó bruscamente, fue el día en que le mostró que tan duro podría ser la vida a su lado, pero, en ese momento, mientras ultrajaba a la pobre chica, algo se rompió dentro de él, le dolió por primera vez ver sufrir a alguien, ella lo había conmovido, su dolor, sus gritos, las suplicas, sus lágrimas, en ese momento, se dio cuenta que estaba destrozando la vida de un ser inocente, y por un corto lapso de tiempo, se recordó a sí mismo, sufriendo a lado de su madre, sufriendo por el estado en que se encontraba a causa del padre que tenía y de la obsesión que se adueño del señor Maroto, en aquellos tiempos, lo que lo llevó a descuidar por completo a su familia por causa de una mujer, la causante de las desgracias de su madre, la mujer que jamás perdonaría.
Se le retorcía los pensamientos al imaginar que el empresario la pudo haber tocado, acariciado y peor aún, si ella estaba de acuerdo. Aunque pensaba, que había sido suficiente el tiempo que la privó y torturó como para que ella odiase a todos los hombres y que se sintiese aturdida y perdida ante el inminente acercamiento de alguien.
La tomó de la manera más normal posible y la condujo rápidamente a la puerta trasera del salón, sabía que ese día se estaba formando una conspiración en su contra, debido a que la policía estaba muy cerca y lo mantenían informado. Se retiraría antes de que la situación empeorase, pero, por todo el tema en cuestión, olvidó notablemente, tomar más precauciones que fueron aprovechadas por la agrupación especializada que secundaba sus pasos.
Sin poder evitarlo, había dejado las pruebas que ellos necesitaban para culparlo de los crímenes por los que era investigado constantemente y desde hacía años, pero, a él ya no le importaba nada, sólo ella, sólo su Simona.
Además, llegó al fondo de la cuestión, minutos después de que haya introducido a la fuerza a la pobre chica en uno de los vehículos que los llevaría hasta su jet privado, que más se podría decir de él, a fin de cuentas también era un empresario exitoso, millonario y algo excéntrico, cualidades que llamaba la atención de miles de mujeres alrededor del mundo. Nadie se imaginaba a que trabajo extra él se dedicaba, ni que ese trabajo extra fuera una de las fuentes principales de ingresos, aunque era bien sabido, que sus empresas ya estaban obteniendo grandes beneficios y justamente, pensando en jubilarse de ese mundo es que había contactado al Sr. Smith, quien resultó ser su peor pesadilla, y todo por lo desesperado que él estaba por el afecto de Simona. Smith estaba implicado con la policía.
Había cometido un error y lo afrontaría, pediría perdón a Simona hasta que ella lo aceptase, estaba dispuesto a cambiar por ella, porque había comprendido que era el amor de su vida, que no quería pasar el tiempo con nadie más que no fuese ella, y tenía pensado perderse de la vista y oído de la humanidad, ya había planeado como actuaría desde ese momento, las identificaciones falsas, aquella casa en Costa Rica junto a su hijo, porque él tenía en mente que era el verdadero padre de Óliver.
Había mantenido al chico todos estos años lejos de ella, era la única manera de que Simona accediese a hacer lo que él le pedía, pero, ni aún con semejante amenaza de matar al niño ella cumplía como le hubiese gustado, las drogas ayudaban a sobrellevar todo y también se culpaba por eso, había convertido a la chica en una adicta.
Mientras todo aquello pasaba, él disfrutaba de la compañía del niño en una de sus mansiones, la única a la que casi nadie de sus lacayos tenía permiso de entrar, sí, era custodiada de forma impenetrable, pero, nadie salvo algunos privilegiados podían ingresar a ella.
El motivo de tal aislamiento, la madre de Jorge, ella aún seguía con vida, pero desde hacia unos días, la internó en un centro médico especializado, era evidente que no despertaría más, habían pasado poco más de veinte años en la misma situación. El infarto que sufrió un día que peleaba a gritos con su padre, la dejó en coma, ella había descubierto su extraña obsesión por una mujer, a quien perseguía y acosaba, era la causa de muchos golpes en innumerables ocasiones, si bien , aún era pequeño, de unos ocho años ya entendía a la perfección lo que pasaba dentro de su casa.
Oír los gritos y llantos de su madre, le partía el alma, deseaba que su padre desapareciese de la vida de ellos, él solo quería que ambos estuvieran a salvo del maltrato constante del cual eran víctimas, y más aún a causa de la mujer que apareció en la vida de su progenitor, aquella que de alguna manera destruyó su familia, volviendo miserable la vida de todos en esa casa.
Aún recordaba como si no hubiese pasado el tiempo, el momento en que oyó la última conversación que tendrían sus padres, aquel último día en que vio consciente a su hermosa mamá, aquel día en que juró vengarse de aquella mujer, le haría pagar todos y cada uno de los tragos amargos que vivieron a causa de ella.
Subió del otro lado del vehículo, Simona ya estaba muy nerviosa, no quería terminar a lado de Jorge, lo odiaba, lo aborrecía, deseaba escapar.
—A la pista, deprisa —ordenó con ímpetu, mientras de soslayo observaba las lágrimas que caían de los preciosos ojos de su amada.

#25

Capitulo 20

Decir que Simona estaba asustada era poco, estaba aterrada por los acontecimientos, el plan no estaba resultando, ellos debían haberla rescatado antes de que ella se subiese al vehículo, sin embargo, ya estaban llegando a destino, junto al jet que los llevaría lejos de allí, lejos de Óliver y de Evan.

Pensaba que había fallado con su padre, ella le había prometido cuidar del niño y mantenerlo a salvo, pero, no lo estaba consiguiendo, no podía hacer más nada en el estado en el que estaba, ya que nuevamente había sido inyectada con drogas y eso la mantenía a raya de todo, pero, sin perder la consciencia.

Reía y lloraba, mientras Jorge aprovechaba para besarla, para volver a sentirla así como tanto la había extrañado, ya faltaba poco para volverla a tener entre sus brazos y en su cama, haciéndola suya, y esta vez ya todo sería distinto.

El plan de Jorge iba saliendo a la perfección, solo un problema de último momento que los desvio de su camino, el auto empezó a tener movimientos bruscos que los golpeaba de un lado a otro, estaban siendo perseguidos. Sus hombres hablaban por los intercomunicadores y gracias a la experiencia ya adquirida en casos similares, pudieron desaparecer de la vista de los captores.

Llegaron hasta un aeropuerto privado en donde se encontraba uno de los jet que los llevaría a destino. Ella ya estaba al tope de la consciencia, por momentos se daba cuenta del lugar en donde estaban y una pizca de tristeza se hacía presente en sus pensamientos al darse cuenta que nadie la rescataría de Jorge, pero, su cuerpo no le respondía y a los segundos ya desaparecía tal sensación, volviendo a adueñarse de sus actos, la euforia desmedida.

Jorge estaba feliz, era la primera vez que pretendía hacer bien las cosas, ya lastimó suficiente a la joven y no pretendía seguir así, ella no tuvo la culpa de lo que le pasó a su madre, ni lo que su padre les hizo de niño, ya su venganza no tenía lógica, empezaría a su lado una nueva vida, con ella y con Óliver.

El vuelo despegó sin problemas, se sabia libre de todos, una vez más se había salido con la suya, había sido más inteligente que el resto y tenía lo que consideraba más valioso, Simona.

*****

El disparo hirió a Montes, y fue Evan el autor, ya que el oficial pretendía matar a Ruiz y él no permitiría. Se llevaron a Montes para atenderlo y poder interrogarlo. Luego de aquel suceso penoso, se dirigieron a alta velocidad hacia Maroto, Evan decía para sus adentros que no podía escapar, que no podía llevarse a Simona, y se arrepentía de no haberla apartado cuando supo que el niño ya estaba fuera de peligro y lejos de su alcance.

Se recriminaba al tiempo que Ruiz entendía perfectamente su situación, al tiempo que se pasaba pensando en las veces que su amada intentó explicarle lo que sucedía, y él cegado por celos absurdos, no confió ni creyó en ella, dejó que pasaran los años y no la volvió a buscar, ya que creía que estaría bien a lado de Federico, nunca imaginó que Alma sería su hija, es lo único que no tuvo en cuenta y se sentía miserable por eso.

Ambos hombres estaban preocupados e intentaban ir más de prisa, pero, el tráfico no ayudaba, recibían información de que Maroto estaba camino a un aeropuerto privado, y no debían permitirle llegar y mucho menos que se marchara.

Los disparos no se hicieron esperar, Maroto tenía muy bien planeada su huida gracias a la información que Montes le brindaba, cada vez bajaban más las probabilidades de rescatar a la chica y atrapar al villano.

Luego de la balacera a alta velocidad, pudieron derribar a dos de los vehículos blindados que los seguían, y llegaron junto a otras tres unidades de la guardia al aeropuerto privado, en donde más guardias y secuaces del mafioso los esperaban, ni bien se acercaron abrieron fuego contra ellos, la situación se estaba saliendo de control.

Los minutos pasaban y los disparos seguían haciendo eco en medio de la obscura noche, como la zona estaba a varios kilómetros del casco urbano, el operativo se complicó por las filtraciones de informaciones importantes.

Evan escuchaba que el avión estaba despegando, no podía creer que llegaba tarde, no deseaba que él se la llevara también, así como lo había hecho con su amada, y menos ahora que empezaba a sentir demasiadas cosas por esa mujer.

Ruiz sentía la impotencia en su máximo nivel, ya había perdido la oportunidad de ser feliz con la única persona que ha amado en toda su vida, y enterarse en esos momentos de la existencia de una hija, fruto de aquel amor inocente, lo cual lo llevaba a hacer cualquier cosa con tal de recuperarla. Ya una vez cayó en desgracia a consecuencia de Maroto padre, ahora no se perdonaría que se repitiera la historia con su hijo, sobre su cadáver pasaría algo así.

Como si ambos hubieran estado de acuerdo, salieron con todo a disparar a quienes resguardaban el escape del jefe, sin importar que en ello cayeran heridos, o lo que es peor, muertos a causa de su precipitada intervención, pero, ella lo valía, el amor hacia ella era suficiente.

Al tiempo que arremetieron contra todo llegaron más refuerzos y pudieron acabar con todos con ayuda de los casi veinte oficiales que los apoyaron.

Salieron corriendo hacia la pista, pero ya se encontraba vacía, Jorge consiguió salirse con la suya una vez más y para esos instantes, su destino era desconocido.

El plan había fallado una vez más, la frustración de Ruiz era casi palpable, nunca antes estuvo tan furioso en la vida, en cambio Evan, se repetía una y otra vez que no debió dejarla continuar, tuvo la oportunidad de alejarla de todo aquello antes del inicio, y por su egoísmo y sed de venganza decidió dejarla a merced de aquel hombre.

Ruiz intentando aplacar su furia, se dio vuelta y golpeó en el rostro al empresario, tan fuerte como pudo, y Smith no reaccionó, no podía, se merecía eso y más.

—Cómo pudiste ocultar algo así Smith, tuviste la oportunidad de evitarlo y no hiciste nada al respecto, piensas que si yo sabía que era mi hija, lo iba a permitir —pensaba que toda la culpa la tenía Smith, sin embargo, no era así, y Evan estaba por esculpirselo en la cara.

—Me enteré que era tu hija apenas hace unas horas, pero sabes algo, estas tan equivocado como yo, es verdad, la arriesgué a todo esto por la ambición de hacer pagar al causante de la muerte de Mayra —Ruiz parecía sorprendido—, sí como lo oyes, ese imbécil fue quien la mató, al menos quien ordenó su muerte, y así como tú estabas de enfermo y obsesionado con esa familia por haber destruido tu vida, también yo lo estaba. Ese imbécil se llevó a Simona y ni tú ni yo fuimos capaces de evitarlo, por vivir en el pasado, por intentar vengar algo que ya no se puede solucionar, el tiempo no vuelve hacia atrás y yo tardé en entenderlo.

Ambos se fulminaban con la mirada, los dos tenían su cuota de razón, pero, eran a la vez tan orgullosos que no darían sus posturas a torcer. El avión hacia 5 minutos que había despegado, con rumbo desconocido, sólo una voz imponente se escuchó por el comunicador, lo cual los sacó del trance momentáneo en el que se sumergieron «afirmamos inicio del plan B».


#26

Capitulo 21 - 1a. parte
Simona despertó en una habitación que desconocía, no se parecía a ninguna en la que haya estado anteriormente, y al percatarse de ello, recordó esos días en que su cuerpo era el juguete preferido de quienes Jorge elegía y quienes pagaban cuantiosas sumas por pasar la noche con ella. Lo bueno de todo, siempre había sido el no recordar nada, al menos eso se lo debía a las drogas que le inyectaban. Inspeccionó con temor todo su ser, y al no encontrar ninguna evidencia de haber sido abusada, la llevó a pensar en que todo seguiría igual.

Llevaba el mismo vestido con el cual asistió al baile, y fue entonces cuando se sintió desbastada al recordarlo todo, el resultado fue el peor que esperaba, al menos, aún seguía físicamente bien.

Con lágrimas en los ojos decidió dirigirse al baño, debía sacarse el olor del hombre que tanto odiaba, necesita sentirse libre de su aroma. Con dificultad llegó, el dolor de cabeza que sentía cada vez se volvía más intenso, le habrían administrado de nuevo algún tipo de droga, de la que de cierta forma dependía, el dolor y el piquete rojo en su brazo afirmaban sus sospechas.

Fregó su cuerpo tanto como pudo, las lágrimas y los rastros que le recordaban lo infelíz que era se iban arrastrando con el agua, poco a poco logró relajarse, pero era consciente que un destino poco alentador le aguardaba fuera de esa habitación.

Los minutos pasaban y en cualquier momento terminaría esa leve paz que se convertiría en un tormento, en una pesadilla, en una vida cruel a lado de un déspota. El sueño anhelado a lado de Evans había sido sólo eso, y así como llegó fugaz, se esfumó, dejándola sumida en más tristeza aún, quizá esta vez sí decida no luchar más y resignarse a lo que le tocó vivir.

Era consciente que Evans tardaría en encontrarla, y existía la posibilidad de que nunca lo haga, eso si en verdad la estuviese buscando.

No sabía en qué lugar despertó, su vida ya era un infierno desde hacía unos años y al parecer no cambiaría de la noche a la mañana. Estaba decidida a no volver a confiar en las palabras de nadie, ya no le endulzarían el oído con falsas promesas, entre lágrimas se juró a sí misma no volver a creer en ningún hombre, ellos siempre actuaban sólo por beneficio propio, nunca por amor o compasión hacia nada ni hacia nadie.

Desde el fondo de su alma deseaba que el caso del empresario fuera distinto, que ella estuviera equivocada, él volvería y la rescataría de Jorge, pero, todo indicaba que ese no sería el final, él solo aprovechó del momento y la sedujo, de cualquier manera, ella siempre fue considerada la carnada perfecta para llegar a Jorge, si no fuese así, Evans ni siquiera la hubiera conocido ni habría pedido pasar días con ella, los recuerdos de aquellas conversaciones sin sentido aparente llegan a su memoria, habría sido tan ingenua, que no se daba cuenta que el único interés de todos era Jorge, y que todo lo que a él le rodeara sería mal visto, porque todo emanaba ilegalidad y oscuridad.

En ese momento fue consciente que sin ella no hubieran podido ni acercarse, y ella tontamente ayudó a empeorar todo, cayó en el juego y ahora estaba sola, a merced de él, sin saber de su hermano, sin saber lo que le deparaba el destino.

Se preguntaba cuánto tiempo había pasado desde lo sucedido, pudieron haber sido horas, días, no estaba segura, se volvía confuso. Cuando la piel se le empezó a arrugar decidió salir del baño y buscar algo de ropa más cómoda. Encontró algunas prendas que no llamaban demasiado la atención, entre todas esas ropas, la mayoría pertenecía a mujeres de esa vida, trapos que no dejaban nada a la imaginación y de colores muy llamativos.

Mientras vestía pensaba en Óliver, temía por su vida, si Jorge se enteraba de todo lo que había hecho, la odiaría y le cobraría dañando al niño y todo sería su culpa, por ingenua.

Esperaría como una condenada a muerte por el verdugo que entrase a esa habitación, sabía que una vez que la buscasen, empezaría su verdadero calvario, porque antes no se sentía enamorada de nadie, sin embargo ahora, llevaba la marca de Evans en la piel, en sus pensamientos, en sus recuerdos más peligrosos e íntimos y esperaba que Jorge nunca se diera por enterado de lo que vivió con el empresario, de esos únicos momentos en que se sintió feliz.

Entre tanto Jorge se encontraba realizando llamadas, estaba nervioso, gritaba a todo aquel que se acercaba, no estaba pudiendo solucionar los problemas y la policía se encontraba buscándolo.

Sus contactos lo habían alertado, sabía a lo que se enfrentaba, le habían advertido de que no debía ir, pero, él deseaba recuperar a Simona, y ahora que la tenía de nuevo, ya nada le importaba, juntó el dinero suficiente como para perderse con ella y con su hijo en algún rincón del mundo.

Había planeado todo con muchos detalles y ya estaba listo. Saldrían en unas horas. Pero, no todo era perfecto, cuando al fin iba en busca de ella, llegó uno de sus empleados con la noticia de que el niño no se encontraba por ningún lado cuando fueron a buscarlo. Aquella afirmación desencajó el rostro de Maroto e inmediatamente estampo al pobre hombre por el suelo y a algunos muebles que se encontraban cerca.

La furia era tal en él que los demás decidieron apartarse y más cuando de la nada sacó una pistola y empezó a dispararle a sangre fría al hombre que yacía golpeado en el piso, tomando de esa manera cruel su vida, sin importarle nada.

Así era él, así lo conocían, sin embargo, por ella había decidido ser mejor, ser menos cruel, y por esos años que empezó a tenerla allí, lo fue, de hecho sus empleados estaban más que contentos con esa nueva etapa de su jefe y por ende trataban en lo posible de tener bien a la chica culpable de ese cambio. Pero cuando alguien vive marcado por el odio, por el egoísmo y por el poder, lo demás se vuelve nada, se vuelve a penas un susurro audible.

Cuando Simona escuchó los gritos y luego el disparo, pensó lo peor, el miedo empezó a erizarle la piel, tenía en mente que quizá los próximos disparos que escuchase serían los que apunten a ella, y la desesperación volvió a ganar, y las lágrimas se hicieron paso surcando sus mejillas como un torrente sin fin.

Su corazón empezó a acelerarse al escuchar como unas llaves estaban a punto de abrir la puerta de su refugio temporal. Su momento había llegado. El calvario estaba a segundos de continuar.


#27

Capitulo 21- 2da. Parte

El corazón de Simona empezó a acelerarse, irremediable era la situación, su destino un completo desastre y debía afrontar lo que pasaría.

Las llaves comenzaron a sonar y el picaporte dio una leve vuelta, estaba a segundos de marchar hacia su infierno personal, hacia aquel hombre que la hizo tan miserable durante todo este tiempo.
Tanto la cabeza como el corazón le martilleaban, había llegado el momento más angustioso que vivió hasta ese día, estaba segura de que si su vida ya era mala de por sí, ahora empezaría a empeorar, se convertiría en más que un infierno.

Se escuchó un leve sonido de la llave abriendo el cerrojo, y al instante aquella mujer de aspecto esbelto, arreglado, pero con mirada de un demonio, se asomó en forma lenta, escrutando a Simona de pies a cabeza, quien se encontraba sentada en el diván.

Cerró la puerta a su espalda y la volvió a mirar con furia, amenazandola.

—Eres tan poca cosa... hasta ahora no puedo entender qué es lo que Jorge vio en ti —se acercaba peligrosamente a ella— mírate —gritó al tiempo que la tomaba de los cabellos, estirándola hacia atrás, de modo a que los ojos de ambas se encontraran frente a frente— no eres nada, nada, y vas a pagarlo muy caro, pagarás muy caro el que él te haya elegido a ti y no a mi.

Simona no entendía cómo es que esa mujer vivía para Jorge, hacía todo lo que él deseaba, y ni aún así él le demostraba cariño, tan si quiera la atención que ella tanto anhelaba de ese ser despreciable le era devuelto, sino al contrario, no disculpaba ni un error de ella y los castigos eran frecuentes.

—¡Suéltame! —Simona intentaba zafarse del agarre brusco en que ella la tenía—, sabes muy bien que no es la vida que yo hubiera querido, no sé porqué me odias tanto, nunca te hice nada.

—Ese es el problema, tú nunca hiciste nada y aún así él te prefirió sobre todas, sobre mí, que me entregué en cuerpo y alma a él, que hago todo lo que me pide, que estoy ahí disponible para él cuando él lo desee, pero no, tenías que aparecer tú, y desde que apareciste él cambió, porque antes yo era su preferida, antes que tú aparecieras yo era la consentida.

—Yo nunca quise esta vida, con gusto te la regalaría por mi libertad, por ir muy lejos de aquí, de él y de todos ustedes, que están enfermos —decía entre lágrimas.

Ría la soltó y se apartó de un golpe de ella, sabía que lo que Simona decía era verdad, la poca coherencia y razonamiento lógico que aún tenía, se lo repetían una y otra vez en la mente, pero ella no lo quería entender, era más fácil creer en ello e imaginarse una falsa verdad a que la realidad cruel y despiadada la golpearan.

En su mente Simona era la causante de sus males, sin embargo, ella sólo apareció para mostrarle a todos otra forma de anhelar vivir, ella representaba la esperanza que algunas aún albergaban en el fondo de su ser.

—¡Cállate! —gritaba Ría—, no es verdad, tú eres culpable, culpable, culpable, y lo pagarás muy caro, eres una maldita, la culpable de todo lo malo que nos pasa aquí —lloraba desconsoladamente mientras más improperios eran emanados de su boca.

Simona la escuchaba con miedo, Ria estaba mal, tanto que confundía su realidad, para ella el abuso, el maltrato, los golpes, las drogas y la prostitución ya eran normales y parte de su vida, cómo hacerla entender que no debería de ser así... pero, qué tanto podría decir ella, si estaba perdiendo todas las esperanzas de salvarse de ese infierno en el que vivía, cómo ayudar a otras personas a sobreponerse cuando ni ella misma era capaz de seguir adelante sin derramar tan si quiera una lágrima, o sin dejar de lamentarse y pensar en frío, armar algún plan o ver la manera de mostrarle a Evan su ubicación. Quizás el hecho de verla ahí deshecha por el peso de la verdad hizo que algo cambiara en su interior, ya no deseaba esa vida, deseaba ser libre, y ya no esperaría que alguien más la rescatase, ella tendría que ingeniarse para salir de allí y la mujer que yacía como un despojo de la vida insana que llevaban sería quien la apoyase.

Se acercó a ella, quien seguía ensimismada llorando, y en un susurro le dijo —saldremos de aquí—.

Ambas se miraron a los ojos como si fuera la primera vez que lo hacían, y en ambos se podía notar esperanza en aquellas palabras —saldremos de aquí juntas.

****

Jorge estaba histérico, no podía entender cómo le habían quitado a Óliver, quizá fueron los años de calma que lograron disuadir a los guardias hasta traspasar la seguridad que tanto trabajo le costó posicionar alrededor del niño, o quizá uno de sus hombres le había traicionado, sea cual fuere, era un error imperdonable, que además de cambiar por completo sus planes, lo dejaban con una debilidad ante sus enemigos. Ellos tenían a su hijo.

Y ahora con qué excusas iría junto a Simona, si todo lo que hizo a lo largo de estos años fue intentar ganar el aprecio y cariño de ella, cuidando del niño y en parte haciéndole creer que lo mataría en cualquier momento si ella no cumplía con él, ¿cómo mataría a su propio hijo?. Sabía que actuó de forma incorrecta, pero se sentía un hombre enamorado y un reciente padre, al descubrir el verdadero origen de Óliver, era capaz de cualquier cosa a cualquier costo con tal de tenerlos a ambos.

Se sentía desesperado. Debía actuar rápido, tenía que encontrar a su hijo a cualquier precio.

—Haré millonario al que me traiga de vuelta a mi hijo —empezó su discurso, frente a al menos veinte hombres—, pero, él no debe sufrir ningún rasguño, quiero muertos a todo aquel que ozó en irrumpir mi propiedad, llevándose a mi hijo —acentuó las últimas dos palabras.

—Así es que, tráiganme a esos malnacidos, vivos, porque de matarlos me encargaré personalmente —dicho lo último salió de la sala en la que había reunido a sus hombres, iría a verla, necesitaba saber que al menos ella estaba ahí a su lado, esperándolo como de costumbre para aconsejarlo como siempre lo había hecho.

Eduardo_Moonrise
Rango5 Nivel 22
hace 4 meses

Hola, he empezado a leer tu historia, me parece interesante, y bien escrita. Ya te comentaré a medida que vaya avanzando... Saludos!


#28

Capítulo 22 - 1a. Parte
Evan y Ruiz se dirigían a la zona la cual fue indicada una vez más por "el cafre", de quien el empresario ya dudaba bastante, no le cerraban muchos cabos e intuía que ese personaje tenía algo que ver.

Según el comandante, nadie lo conocía en forma personal, siempre se contactó telefónicamente, o a través de correos electrónicos, en otras ocasiones mediante correspondencia. Pero, hasta el momento, todas las pruebas y las pistas que ha proporcionado llevan a pensar que es un hombre que trabaja muy de cerca con Maroto, ya que conoce muchos secretos y está destapándolos de a poco.

La historia que Ruiz comentó no le cerró del todo, cómo era posible que la propia comandancia no haya investigado a ese supuesto informante, y peor aún, haberlo puesto al mando de un operativo más que importante como era aquel. No comprendía hasta qué punto estaban mezcladas las situaciones, algo no estaba bien.

—Más vale que el cafre esté diciendo la verdad, porque de lo contrario, te prometo que lo encontraré y saldaremos deudas —fue el comentario de Evan antes de bajar del pequeño barco que los transportaba, para subirse a un bote con remos.

—Créeme que yo también anhelo que diga la verdad y hoy más que nunca— se dijo para sí mismo el comandante antes de seguirle el paso, ahora que sabía ella era su hija, haría lo que fuera necesario para mantenerla a salvo.

El operativo contaba con casi cien hombres armados, se habían dirigido a un pueblo costero de la zona del Caribe, Bayahíbe para ser exactos, desde el mar, ya que sabían de la seguridad impuesta por Maroto a kilómetros y kilómetros alrededor de la casa que habitaba.

Todos los hombres del operativo estaban vestidos de manera normal y semejante a los habitantes de la zona, debido al intenso calor, la mayoría llevaba camisas holgadas con pantalones cortos, de colores blancos, pasteles, algunos floreados, entre otros tonos propios de la moda del pueblo.

La idea era rescatar a Simona en primer lugar, aprehender a Jorge y cortar de una buena vez su red de tráfico de blancas, para liberar a todas las mujeres secuestradas ubicadas por todo el mundo, ese era el pensamiento de Pedro Ruiz, en tanto que Evan sólo deseaba a Simona, el resto ya no le importaba. Sin embargo, según las órdenes de los superiores lo único importante allí era Maroto y sus negocios turbios.

De camino Evan seguía pensando en toda la situación, de pronto le pareció muy llamativo, el hecho de que él esté involucrado en todo ese asunto, y pensar que aunque deseaba un momento diferente en su vida, lo que más le atrajo de aventurarse en ese operativo era el recuerdo de ella, de Mayra, y la oportunidad para el esclarecimiento de su muerte.

—Ruiz —dijo de pronto y pararon el paso en la playa donde iban llegando— ¿la idea de que yo participara de este operativo fue tuya?

Y ante aquello el comandante sólo movió la cabeza señalando la negación a esa pregunta.

—¿Entonces quién? —a pesar de que ya intuía de quien se trataba.

—El cafre, fue él quien pidió por ti —le respondió—, pero no sé a que viene esa pregunta ahora, estas por resolverlo todo, estamos por rescatarla.

Evan ya no escuchaba las palabras del comandante, en su mente se habían cruzado todas las respuestas y situaciones posibles, pero no podía descifrar nada, al contrario, cuanto más salía a luz, más se confundía, así fueron caminando hasta acercarse a las vallas de seguridad de los Maroto.

***

Simona había convencido a Ría para escapar juntas, había una vida fuera de todo aquello y ellas debían procurar por conseguir su libertad y ser felices.

Ría, después de meditarlo un tiempo y de discutir otro, decidió seguirla en esa aventura, que si bien no le convencía del todo, tampoco quedarse era una idea aceptable. Aborrecía lo que hacían con ella, si había aguantado tanto tiempo fue por las falsas promesas que Jorge le hacía cada vez que la tomaba y la hacía suya. Pero, para él siempre fue pura satisfacción sexual nada más, ni un sólo sentimiento de por medio. Él no le demostraba nada, ella no le debía nada tampoco.

Fueron inmiscuyéndose en los pasillos de aquella mansión, entrando y saliendo de algunas habitaciones, para evitar ser descubiertas, hasta que lograron llegar a una puerta y escuchar una conversación, en la que una de las voces les pareció muy conocida, y en efecto se trataba de Jorge y la otra, una voz femenina que nunca antes habían escuchado.

Se quedaron algunos minutos a escuchar lo que él decía —Mamá, sé que no he sido el mejor de los hijos, pero hasta ahora he hecho todo lo que me has pedido, yo quería traértelo para que lo conocieras—, Ría se notaba asombrada, ella sabía que la madre de Jorge había muerto hacía ya muchos años, escucharlo hablar lo sorprendía, pero quedó anonadada cuando escuchó la respuesta de ella.

—Lo sé hijo, sé que lo has intentado, pero no has hecho lo único que te pedí verdaderamente, no has matado a la hija de esa maldita mujer, no has matado aún a la hija de Martina, la que nos desgració la vida y rompió con mi matrimonio.

Simona no podía creerlo, colocó ambas manos sobre sus labios para evitar emitir ruido alguno, no creía lo que escuchaba. Esa mujer es la que la quería muerta, alguien que ni siquiera conocía.

— ¿Qué están haciendo aquí? —una voz gruesa las sorprendió de pronto, ustedes no deberían de estar paseandose por estos lugares —continuó.

Era Jack, el hombre considerado la mano derecha de Jorge, un hombre de unos sesenta y cinco años aproximadamente, alto, fuerte con un cuerpo bien conservado para su edad.

Las mujeres no sabían qué decirles, simplemente asintieron e intentaron continuar su camino, pero él les impidió, mientras se dibujaba en su rostro una sonrisa torcida y llena de maldad. Apresó a ambas mujeres a costa de un arma, las llevó de regreso por dónde venían hasta conducirlas al salón de la biblioteca.

—Ya pronto sabrán todo —decía Jack para sí mismo—, las cosas están resultando tal como estuvo planeado desde el principio, obtendré mi venganza.

Mientras tanto, Evan, Ruiz y otros cuantos ya estaban dentro de la fortaleza de Maroto, según las coordenadas, debían llegar hasta el ala oeste de la mansión, ellos se encontraban hacia el sur, continuaron andando mientras la casa era rodeada por fuera.

#29

Capitulo 22 - 2a. Parte.

Jorge seguía enojado consigo mismo, era la primera vez que no le salía lo que planeaba y eso lo ponía de mal humor, más incluso que perder a su propio hijo o a la mujer que supuestamente amaba.
Salió furioso de la conversación con su madre, ella nunca estaba de acuerdo en las decisiones que él tomaba, por eso le había ocultado muchas cosas pero ella se ingeniaba para seguir enterándose de todo. Alguien le contaba y hasta ese día no había descubierto quién.

Por el pasillo fue interceptado por los hombres de Ruiz, quienes ya habían detenido y matado a una veintena de los hombres al mano de Jorge, y él se encontraba vulnerable, pues iba pensando en la discusión con su progenitora. Le tomaron de sorpresa, tanto a él como a sus hombres, quienes misteriosamente eran menos y no estaban alerta como de costumbre.

Lo llevaron hasta el salón de la biblioteca, un recinto bastante grande, construido de esa manera por ser uno de los pasatiempos preferidos de la Señora Maroto. Jorge maldecía de cómo burlaron su seguridad, o de cómo lo habían traicionado de esa manera los supuestos hombres de confianza que lo rodeaban.

Al entrar se encontró con Simona y con Ría, ambas maniatadas y sentadas en una silla cada una, sin ninguna posibilidad de liberarse, moverse o hablar.

—Suéltenme... soy el jefe, el dueño de todo esto, se van a arrepentir por el resto de sus vidas si no me sacan de aquí —repetía una y otra vez, pero era consciente que nadie le prestaba atención.

Al rato llegaron Evan y Ruiz, no podían creer que todo había salido bien, Evan se acercó raudamente a ella, la quería estrechar y sentirla al menos un poco más, la desató y se abrazaron lo más que pudieron. Pero, todo había salido tal como el cafre había dicho, no como ellos planearon el rescate.

—Hay que salir de aquí —dijo Ruiz, ya que sospechaba que las cosas no podían ser tan fáciles— dejen eso para después —les dijo al verlos inmersos en un profundo abrazo.

Prestos para salir, empezaron a entrar al salón más hombres armados, interceptandolos e impidiendo el paso a todos, seguidos de por un hombre grande y fornido, a quien tanto Evan, Simona y Ruiz identificaban muy bien, Jack conocido por ser la mano derecha de Maroto, por no decir la mente maestra.

—Nadie saldrá de aquí —fue su declaración al momento de hacer su aparición triunfal con todos sus hombres, aquellos que inicialmente venían acompañando al comandante.

Evan sabía que las cosas estaban resultando muy diferentes, debía buscar ayuda, la única que se le ocurrió en ese momento era la de Cris, el hombre tras la red computadora, quien por años ha mantenido muy bien informado a Evan de todo cuanto él deseara. Entonces lo llamó, en un descuido de sus captores.

Al tiempo, un sonido característico de una llamada sonaba en dirección a Jack, quien sacó el móvil de su bolsillo y al ver el remitente empezó a reír y a dirigirse en dirección del empresario.

—Hola Evan —fue su respuesta, con el móvil en la oreja y los ojos clavados en él.

Evan quedó mudo ante aquello, Cris era aquel ex hombre de confianza de Maroto, él era su informante investigador durante todo este tiempo.

Jack lanzó por el piso el móvil en el que Evan había llamado, demóstrandole de esa manera que él podía hacer lo que quería sin intercepción o interrupción de nadie.

Empezó a hablar solo ante todos, quienes se encontraban amenazados muy de cerca con las armas de aquellos hombres.

—Cómo es posible maldito hijo de perra, cómo pudiste traicionarme de esa manera, yo te dí todo —gritaba Jorge desde su lugar.

—Te equivocas Jorge, tú no me diste nada, al contrario, me lo quitaste.

Jorge quedó pensativo, no comprendía las palabras del viejo Jack, él se había convertido en su mano derecha, justo después de que falleciera su padre, se había acercado a él al cumplirse dos meses de su partida contándole una historia convincente sobre quién era.

Le había dicho que era el compañero de escuela de su padre, y que por muchos años él había velado por su familia y por sus hijos, quienes ya no lo necesitaban, y viendo que el señor Maroto alguna vez ayudó a sus hijos, él se sentía en el deber de hacer lo mismo por quien fuera su amigo de infancia.

Pasaron los años y fue demostrando que era un hombre confiable y bastante inteligente para los negocios, gracias a su ingenio habían crecido muchos en los últimos años, él era un hombre con unos pensamientos muy obscuros sobre las acciones que se deben tomar para alcanzar el éxito. De hecho, en algún momento Jorge pensó que sin él no hubiera podido llegar hasta donde estaba.

—Porqué Jack, yo confié en ti, yo te veía como un mentor, como un padre, me has traicionado de la peor manera posible, eres un mal nacido —los improperios hacia su persona no tardaron en hacerse presente, Jorge se sentía muy enojado, furioso, humillado, por haber creído en alguien como él.

—Mi querido Jorge, siempre fuiste un hombre poco inteligente que se dejaba llevar por las locuras y pasiones del momento. ¿En verdad no sabes quien soy realmente?

Esas palabras confundieron más a Jorge, no entendía de qué hablaba ese viejo imbécil que iba a pagar muy caro la humillación que le estaba causando. Sin embargo, ni él ni los presentes se esperaba lo que Jack les diría a continuación, una bomba que estaba estallando y destruyendo a su paso todo cuanto alcanzaba y cuanto se había construido, toda la red de mentiras que llevaba años de gestación. La verdad por fin saldría a luz.

—Soy tu padre... el que intentaste matar hace algunos años, bueno, más bien, al que se te ordenó matar, no es así Gracia —dijo al momento que llevaban en silla de ruedas a una mujer, la madre de Jorge.

escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

"Cris era aquel ex hombre de confianza de Maroto" , atacada

"Soy tu padre... el que intentaste matar hace algunos años, bueno, más bien, al que se te ordenó matar, no es así Gracia —dijo al momento que llevaban en silla de ruedas a una mujer, la madre de Jorge.", atacadísima, trama, subtrama, subsubtrama ... =)

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 4 meses

@escritoraatiempoparcial el siguiente capítulo es crucial para entender de qué habla este personaje... Cinco partes más y termina todo.
Agradezco muchísimo que hayas llegado hasta aquí y el interés en esta historia.

Tifany
Rango6 Nivel 26
hace 4 meses

@Cara esperó con ansias mas capítulo.... me quede con muchas expectativas

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 4 meses

gracias @Tifany me emociona que les esté gustando.


#30

22 años atrás

Jorge contaba con quince años, si bien siempre había sido un niño que lo poseía todo, su padre había cambiado mucho desde hacia unos tres años, empezaba a llegar tarde, empezaba a llegar borracho y desde hacia un año, empezó a buscar a quien golpear. Sus víctimas favoritas siempre fueron Gracia y él; el adolescente en aquel entonces, no entendía de porqué sus padres se tenían tanto odio, o quizá sólo rencor, él siempre defendía a su madre o intentaba hacerlo, fueron tiempos duros para ambos, enfrentarse a un hombre físicamente de gran porte le había costado varios golpes e incluso una ida al hospital, lo cierto es que se había roto entre ellos todo, el amor, el respeto, la comunicación, el aprecio, la confianza.

El señor Taddeo Maroto, generaba miedo a su alrededor y todo aquel que lo conocía sabía lo letal que podría llegar a ser, ese era uno de los principales motivos por los que el silencio resultaba ser el único consuelo de sus víctimas.

La razón por la cual había cambiado su comportamiento, se reflejaba en la obsesión por Martina, una joven hermosa a quien había conocido en un hospital privado.
Su obsesión llegó a tal punto que la investigaba, la seguía a todas partes, se le aparecía en cualquier lugar y se ingeniaba para toparse con ella. Varias veces la vio salir con un policía, hasta descubrir que eran novios y que tenían planes de casarse. Aquello lo enervó tanto que su enojo fue disipado en los golpes hacia Gracia, esa había sido la primera vez que él se comportaba de esa manera con ella, si bien nunca fue un hombre cariñoso, hasta ese momento nunca antes había sido violento.

Después de ese episodio le siguieron otros, siempre producto de alguna negación de Martina hacia Taddeo, él deseaba que ella lo mirase diferente, había llegado a sospechar que le temía, y quién no... si todo el tiempo andaba detrás.

Martina por su parte, amaba a su novio, un hombre joven con un futuro prometedor como policía, con quien tenia los mejores planes de vida. Pero desde que Taddeo apareció en su vida, se sentía acosada, observada todo el tiempo, le parecía muy raro encontrarlo en todas partes, pero no quería alarmar a nadie, por lo que calló, no le dió importancia, sólo a un amigo en común con su novio, Federico, le contó como un comentario de rutina.

Federico en cierta medida era un amigo bastante protector, siempre cuidaba de todos, pero, desde que Martina le confesó sus miedos, empezó a investigar por su cuenta, y descubrió muchas cosas sobre el hombre del cual le habló. Tampoco dijo nada, no había motivos hasta ese día.

Un día Federico encontró llorando a Martina, había discutido con Pedro, el policía, su novio, quien se molestó al encontrar un arreglo de flores bastante caro en su casa, sin embargo, él tenía motivos para estar molesto, no era la primera vez que encontraba algún presente anónimo en casa de ella.

Ella no tenía como explicar nada, no sabía cómo, pues no conocía al remitente de esos presentes. Sólo intuía quién podría ser, pero, no tenía certeza de nada.

Ese día en particular, Martina se desmayó en los brazos de Federico, quien asustado la llevó de urgencias al hospital más cercano, el cual era uno privado y para acelerar la atención, él dijo que Martina era su esposa.

Ella despertó luego de un tiempo, algo confundida con Federico a su lado, después de que el le hubo explicado todo lo sucedido llamó a la enfermería para que la atendierán, visto que despertó.

Sin embargo, la noticia que el doctor les dió en ese momento, cambiaría muchas vidas a partir de ese momento. Martina estaba embarazada. Debería estar felíz, pero Pedro estaba muy molesto, y ella entre triste y felíz, se hecho a llorar en los brazos de Federico una vez más, quien llevaba un ramo de flores en su mano, alguien las había enviado para ella, pensando que era de Pedro, se las llevó.

Mientras sucedía aquello, a Pedro le habían dejado un recado sobre ella y su entrada a urgencias, ni bien lo supo salió desesperado, pero luego recordó lo mal que actuó con ella, por lo que de camino le compró un regalo, un oso de felpa con un gran corazón que decía te amo, con el que esperaba redimirse ante ella. Pero, la vida le jugó una mala pasada, y muchas veces lo que uno ve no es lo que parece.

Al buscar la habitación en la que tenían a Martina, vio de lejos a una pareja abrazarse, y él conocía al hombre y a la mujer, no podía creer lo que sus ojos veían, la rabia y el odio lo empezó a carcomer desde ese instante, no podía creer que su mejor amigo le hiciera eso, y peor fue, cuando vio lo que él llevaba en sus manos, un arreglo de rosas parecidas a las que había encontrado en casa de Martina.

Verlos juntos en esa posición aumentó su cólera, y decidido a enfrentarlos a ambos, se acercó hasta oir al médido que atendía y fue como la estocada final o la cereza de la torta.

-Muchas felicidades señor Hurtz, el bebé está a salvo y su esposa ya está de alta.

Su mente no daba crédito a lo que oía.

-¿Qué ha dicho? -Pedro habló fuerte, ya se encontraba dentro de la habitación.

-Perdón... -el médico habló confundido.

-Eres... eres una cualquiera, cómo es posible que me hayas engañado de esa manera, eres un demonio -Pedro gritaba de rabia, de frustración, no podía comprender el comportamiento de su adorada Martina, tampoco escuchaba a nadie, estaba totalmente cegado por lo que vio y escuchó-, te quiero lejos de mi vida, no vuelvas a buscarme nunca más.

Federico por más que intentó no logró que él lo escuchara y terminó dejándolo ir, ya que Martina estaba desconsolada en la habitación. Ella le recordaba mucho a la hermana mayor que perdió en un accidente hacia una década.

Ni Martina ni Federico volvieron a buscar a Pedro, ya que poco después de que ella saliera de alta recibieron una visita inesperada, un grupo especializado de policías e investigadores que andaba tras las pistas de Taddeo Maroto, los mismos les informaron que ellos debían ser incorporados al programa de protección de testigos, debido a la situación.

Ellos habían aceptado y les fue entregado una nueva identidad, pero, no duró mucho tiempo, ya que igual Maroto les había encontrado y tuvieron que escapar, más aún por la pequeña, hasta que finalmente dio con ellos y asesinó a Martina.

Con la perdida de Martina, Federico se sintió solo y con mucho odio hacia esa familia, decidió ingresar nuevamente a las investigaciones hasta dar con el responsable de la muerte de su mejor amiga, quien para todo el mundo era su esposa, la madre de su hija.

Pasaron los años hasta que llegó un informe sobre la noticia de que Taddeo Maroto había sido asesinado, y pensando que aquello había sido el final de todas las desgracias, bajó la guardia, y ese error le costó muy caro.


#31

Continuación Capitulo 23

Siete años atrás

Jorge había estado obsesionado con Mayra, desde que la había visto en una tienda de antigüedades había quedado prendado de ella. Le parecía el ser más hermoso que existía. No tardó en acercarse y en ofrecerle su amistad, aunque, claro estaba él no deseaba ese título, él deseaba meterse entre sus piernas, deseaba todo de ella y en algún momento, lo conseguiría.

Pero ella tenía pareja, le había dejado bien desde siempre, puesto que él la invitaba casi dos a tres veces por semana a merendar, a desayunar, a caminar e incluso a cenar, cualquier persona diríade que ella no tendría a nadie a su lado, pero sí existía, y era un hombre que no la valoraba.

Un día la llamó, deseaba verla, sentía la necesidad de volver a hablar con ella aunque sea como amigos, ya que había aceptado que ella no lo amaba, a pesar de haber obtenido siempre lo que quería, decidió dejarla en paz, no iba a retenerla a la fuerza, al menos a ella no.

Lo que oyó a través del teléfono no le gustó para nada, ella estaba llorando desconsolada. Se fue a buscarla, la llevaría lejos de allí, lejos del imbécil que tenía como novio, y esta vez nadie se lo impediría.

Luego de pasar por ella, la llevó a una casa de campo que había comprado unos años atrás, para desconectarse del mundo y relajarse en las ocasiones que en le apetecía estar solo, nadie más conocía ese lugar, salvo su mano derecha.

Amó las semanas que pasó con ella, hasta que una noche no lo soportó más y la sedujo, ambos se dejaron llevar por la atracción que sentían. Mayra se entregó a él sin reparos, disfrutaría de esa noche a su lado, se sentía amada y protegida con él, aunque ella no sintiese lo mismo en ese momento, pensaba que quizás con el tiempo iba a llegar a amarlo también.

Jorge era felíz, así pasaron más semanas, sentía que era el hombre más dichoso del mundo, por ella iba a cambiar. Pero a él tampoco le deparaba un buen porvenir, siempre había una sombra detrás que se empecinaba en arruinar la felicidad de otros.

Mayra desapareció un día, y lo único que Jorge encontró en el baño fue una prueba de embarazo que daba positivo, ella estaba embarazada, sería papá y se sintió miserable, al no poder hacer nada por ella, porque era evidente que la habían llevado a la fuerza.

Federico se dio cuenta un día que la casa donde vivían era constantemente vigilada, aquello lo alertó y decidió seguir investigando, hasta que dio con un viejo edificio descuidado en el que mantenían prisioneras a varias mujeres, era un prostíbulo de mala muerte. Entró sin que se percataran de su presencia y lo que vio le dolió, lastimosamente todas estaban drogadas y en muy mal estado y él solo no podía hacer nada por ellas, al menos prometía volver con más gente. Cuando se disponía a salir escuchó el grito de una de ellas pidiendo ayuda. Fue así que encontró a Mayra, hermosa y embarazada, suplicándole que por favor la sacara de ese sitio, que no deseaba que su hijo naciera allí.

Federico hizo lo que pensó correcto, la sacó de allí y la llevó a vivir con él y con Alma, muchas opciones no tenía, antes de eso, se cambiaron de ciudad, debía borrar el rastro de ella, sabía que la buscarían, ya que si estaba encerrada y sin una pizca de droga era porque el bebé que crecía en su vientre no debía ser dañado.

La presentó ante su hija como su novia, quien estaba embarazada y que solo no sabía como decirle. No hubo muchas preguntas de parte de Alma, ella comprendía muchas cosas aunque no las dijera, confiaba en su padre.

De nuevo Federico se desapareció junto a su familia, la cual había crecido, eran una familia disfuncional. Pronto el niño nació y a pesar de las circunstancias eran felices. Pero ninguna felicidad era eterna para ellos, ya que sus vidas estaban bajo la sombra de los Maroto y para mala suerte de Federico, el hijo del hombre que había asesinado a Martina, pensaba que era el padre del hijo de Mayra.

Cuatro años atrás.

El infierno se desató para el pobre Federico cuando Mayra apareció muerta un día, era evidente que habría sido un ajuste de cuentas y tenía el presentimiento de quien lo había hecho. Pero, solo empezaba su calvario en ese momento, ya que después, al llegar a su casa, encontró que habían forzado la cerradura principal y dentro tanto muebles y vidrios estaban rotos por doquier. Lo que temía por tantos años ocurrió. Habían llevado a sus hijos, los habían secuestrado.

Literalmente el hombre enloqueció, había perdido a toda su familia en menos de setenta y dos horas, el tiempo que Mayra llevó desaparecida. Se armó de fuerza y valor, porque al menos debía recuperar a sus hijos, lo que nunca supo, es que él también caería en el intento unos días después.

Las investigaciones de Federico apuntaban a Jorge como el autor intelectual de todo lo ocurrido, aunque no tenía certeza de ello, existían cuestiones que lo confundían. Llegó hasta el lugar en donde tenían recluida a su hija y al intentar sacarla de allí, fue interceptado por Jorge, quien lo mandó a golpear frente a su hija hasta quedar inconsciente. Él ordenó que lo sacaran de allí, que lo mantuvieran prisionero, pero, en cambio, su mano derecha Jack tenía otros planes para él, ya que al fin vengaría al hombre que había arrebatado de su lado a Martina.

Cuando Jorge vio por primera vez a Alma sintió algo extraño, experimentó un sentimiento similar al que le produjo Mayra, pero, lo que más lo hipnotizó fue ver la belleza de los ojos de aquella frágil mujercita, se había enamorado de ella, de sus ojos, de sus labios rosas.

Una lastima que era la hija del hombre que le robó a su amada, debía pagar por eso, además, si no se equivocaba, era también la hija de la mujer que desgració a su madre y volvió un infierno su hogar. Debería de odiarla, de castigarla por pertencer al pasado que tanto daño le hizo a él y a su madre, pero no, aún en contra de su voluntad, él deseaba protegerla.

La miraba con odio, con pasión, con hambre, con sed de venganza, con ansiedad por probar esos labios rosas que tanto deseaba, la miraba con intensidad; y ella, asustada y devastada por tanta tragedia, lo único que quería era proteger a la única familia que le quedaba, a su hermano. No dudó ni un segundo en dar su libertad por el bienestar de él.

Jorge aprovechó ese amor incondicional de ella hacia el niño para extorsionarla, hacia aquel pedazo tanto de él como de Mayra que amaba, ya que era lo único que le quedaba de ella, y debía protegerlo, tal como no lo pudo hacer con ella.

Él había recibido la noticia de que ella había sido asesinada por su supuesta pareja, al enterarse que el niño no era de él, y lastimosamente la información de su paradero le llegó tarde, por más tiempo que dedicó a su búsqueda, nunca pudo dar con ella ni con su hijo.


#32

Capitulo 24
—Mamá... dime que no es verdad todo lo que Jack está diciendo, dimelo por favor —exclamaba Jorge, se sentía traicionado por las personas en quienes depositó tanta confianza, estaba furioso.

Jack se dirigió de nuevo a Gracia, la mujer que tanto amor le había dado hasta que él empezó a obsesionarse por Martina, sabía que ella no tenía la culpa de que él se interesara en Martina, pero, como siempre fue egoista, lo quería todo para él.
Deseaba a Martina como amante y al no poder cumplir sus caprichos, empezó a desquitarse con su propia familia, haciendo que tanto hijo como esposa se alejaran de él y le tuvieran miedo y odio.

A él no le importaba nada ni nadie, solo saciar sus deseos y al enterarse que su esposa deseaba su muerte y que de hecho lo llevaría a cabo, ideo un plan tan loco como sus neuronas en ese momento, relató a todos lo que había hecho los últimos años.

Fingió su propia muerte y mediante influencias y extorsiones, logró que le cambiaran las facciones de su rostro, de esa manera no sería reconocido por nadie, ni por su propia familia, sólo así conseguiría todo cuanto se le antojara, al verse por primera vez ante el espejo, una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios, a partir de ese momento sería imparable, una bestia.

Mató a todo aquel que pudiera conocer su secreto, médicos, paramédicos, enfermeras, y a los hombres de confianza que lo ayudaban. La lealtad de ellos los valoraba, pero, no confiaría en nadie más. Desde ese momento, volvió a acercarse a su hijo, y mediante mentiras muy bien elaboradas, consiguió que él confiara en él, se convirtió en su mano derecha, sólo de esa manera podría manejar los recursos y las influencias, que siempre las necesitaría.

Su primera tarea era encontrar a Martina, esa maldita mujer pagaría caro el haberlo rechazado una infinidad de veces, y tal como lo planeó, lo cumplió. Asesinó a la mujer que lo obsesionaba, quizá así podría morir con ella ese extraño sentimiento que lo volvía débil ante los demás.

Después de eso se ocupó de la mujer que su hijo amaba y que él no merecía, ya que había descubierto que el niño podría no ser de su hijo, sino de la anterior pareja de la joven, el empresario Smith, pero, después de conocer el contexto de su relación, lo único que decidió fue secuestrarla hasta que el niño naciera y le practicaran una prueba de ADN para salir de dudas. Tal es así que decidió encerrarla en uno de los prostíbulos que su hijo había clausurado, ya que él deseaba salir de toda esa vida, y que mejor que hacerlo creer eso. Pero, no contó con que la muchacha fuera a escaparse, más bien, fuera a ser rescatada y menos por el mismo hombre que le había arrebatado a Martina. Su furia y odio crecieron.

Hizo creer a Jorge que Mayra había sido secuestrada por el hombre que deseaba venganza hacia su familia por lo ocurrido con Martina. Jorge no lo pensó dos veces y empezó a buscarlos desesperadamente. Pero, lastimosamente Jorge llegó tarde junto a Mayra, el primero en abordarla fue Jack, quien no dudó en asesinarla. Al enterarse Jorge del porqué supuestamente Federico había matado a Mayra, decidió secuestrar a la hija y a recuperar a su hijo.

Lo que Jorge no pudo evitar fue enamorarse de la chica, tan bella y tan frágil, la recordaba de cierta manera a su amada Mayra. Sin embargo, se encontró con varios obstáculos para conseguir tan siquiera atención de la chica, por una lado, la historia que Jack le había contado, la cual guardaba relación con la que su madre le relató y con lo que él conocía de la situación, por otro lado, el odio y rencor hacia ella lo hacía vulnerable, ya que tenía sentimientos contradictorios.

Pero la atracción posesiva hacia ella logró ganar, la hizo desear estar muerta en ciertas ocasiones, abusó de ella en la primera oportunidad que tuvo, y cuando se dio cuenta de que la chica era tan inocente como aparentaba, se le agrietó algo en el pecho, se había decepcionado de su propia actuación para con ella, él sabía que ella era nada mas un daño colateral a lo ocurrido años atrás, no tenía ni arte ni parte en la cuestión, su único pecado, era el ser hija de aquella mujer que arruinó a su familia.

De igual manera, seguía obsesionado con ella, deseaba algún afecto de ella hacia él, pero, no sabía cómo conseguirlo y a raíz de eso ella se convirtió en Simona.

—Eres un hombre despreciable, nunca valoraste lo que tenías en tu casa, ni a mi, ni a mi hijo, ni al que perdí a causa tuya por culpa de esa maldita mujer —Gracia le reprochaba con odio a Jack o Taddeo como siempre lo conoció.

Por su parte él, decidió escucharlos atentos, ya los tenía a todos en donde quería y no pensaba perderse la cara de todos al dedicarle alguna que otra frase. Mientras Gracia discutía con su hijo por el pasado, él se limitaba a recorrer alrededor de ellos, mirándolos inquisitivamente, hasta que se quedó frente a Simona.

—Sabes... por mucho tiempo deseé que fueras mi hija —tomó su barbilla e hizo que ella lo mirara fijamente —me recuerdas mucho a ella, a tu madre —la soltó y decidió alejarse un poco.

—Tu madre fue una mujer excepcional, le ofrecí el mundo —sonrió al recordarla— pero ella no aceptó, y sólo ahora comprendo el porqué no lo hizo.

Los demás escuchaban sin emitir sonido alguno, Evan junto a Ruiz estaban comunicándose por señas, estaban intentando fraguar algo mientras Jack viajaba en el tiempo y rememoraba sus andanzas.

—Al principio quise matarte al igual que a tu madre, pero cuando vi tus ojos, era como si la viera a ella, por un momento pensé que la había recuperado, que ella seguía aquí conmigo, y que el error que cometí al asesinarla me lo había sido recompensado. Te deseé, te deseé tanto que estaba por sacarte de nuevo hasta que ese maldito —apuntó a su hijo— clavó sus ojos en tí, y a pesar de lo que haya hecho amo a mi hijo a mi manera y debía apartarme, mi oportunidad había pasado, y ahora llegaba la suya, pero tú, tú nunca pudiste comprender el tipo de amor que él te tenía y no supiste apreciarlo ni corresponderle, y eso me enervó y asesiné a tu padre.

Simona casi se desploma de dolor al saber quien fue el asesino de su padre, sus lágrimas no tenían fin, mientras ella seguía llorando, Jack se le acercó y tomó con fuerza su cabello por detrás de la nuca obligándola a mirarlo.

—Llora, así quiero que llores, que sientas dolor, el mismo que siente mi hijo las veces que tú lo desprecias —la estaba lastimando.

—Suéltala —gritó de pronto Evan intentando zafarse del agarre de los matones de Jack.

—¿Y que vas a hacerme Evan? —le preguntó con burla Jack— acaso intentarás rescatar a la damisela en peligro, porque déjame decirte que de esta nadie se librará, ni si quiera tú con todos tus millones.

—Eres un hijo de perra, vas a pagar caro cada uno de tus delitos maldito infelíz —la frustración en Evan era palpable y visible, justo como Jack deseaba verlo, tanto refinamiento de su parte y se transformaba en un simple animal herido en esos momentos.

La impotencia crecía en Ruiz, no podía creer las cosas que había escuchado, y de pronto se vió atando cabos y llego a una conclusión, a una que quizá pueda representar la liberación o la muerte de todos.

#33

Capítulo 25

La situación daba pena, por una lado Jorge conmocionado con la traición del que fuera su mano derecha, resultando ser en realidad su padre, el hombre que tanto daño le causó; el engaño de su madre, de tantas adversidades del pasado que lo golpearon sin ser él un protagonista directo, sino más bien una víctima más.

Por otro lado, Evan, cuya impotencia era palpable para todos, no había cumplido con la promesa de protegerla, ya antes había perdido un ser querido por su necedad e inmadurez y no deseaba que la historia fuera a repetirse, más aún después de que haya decidido cambiar como persona.

La atracción que sentía por Simona era muy adictiva, aún rememoraba en silencio el perfume de su piel y deseaba que volviera a repetirse. Sin embargo, ese simple deseo iba convirtiéndose en algo mayor, a lo que aún no podía dar nombre, ya que no sólo ansiaba poseer el cuerpo de la joven, sino también añoraba protegerla y conquistar su corazón.

*******

El tiempo corría y el plan estaba saliendo a la perfección, ya pronto todos estarían a salvo, sólo necesitaba que él reaccionara como había pensado. Llevaba años estudiándolo, siguiéndolo, investigando todo sobre él. Se sorprendió bastante al conocer la verdad detrás de los hechos y más aún cuando se dio cuenta que no podía hacer nada desde las sombras, debía entrar en acción, debía jugar su mismo juego, sólo así podría existir esperanzas de atraparlo y de acabar con ese imperio que tanto mal ya causó.

Planeó con maestría cada uno de los movimientos, analizó hasta el detalle más insignificante, ya que de algo estaba seguro, los detalles serían la puerta de la libertad, los detalles representarían la diferencia entre ganar o perder, y en este caso, no podía darse el lujo de perder de nuevo, la primera vez había sido un golpe muy duro, la segunda fue peor y se había propuesto que aunque fuera lo último que hiciera en su vida, impediría que se repita una tercera vez.
******

Jack se atrevía a burlarse de todos, tenía un aparente control sobre la situación, pero ya se estaba cansando, debía volver, existían asuntos más importantes que ese grupo de fracasados a los que había engañado fácilmente.

Se dirigió a su único hijo antes de dar la orden de matarlos y hacerlos desaparecer a todos.

—Aún eres mi hijo, y aunque no lo creas, te estimo. Si quieres ser parte de esto, esta es tu última oportunidad —dicho eso, se dirigió a los hombres armados y les ordenó—, mátenlos a todos, no quiero que quede ninguna evidencia de la existencia de ellos, quiero que desaparezcan y que nunca se sepa qué fue de ellos.

Al oir aquello, la joven que acompañaba a Simona empezó a gritar, se había vuelto histérica, lo cual molestó de sobremanera a Jack, quien no dudó en dispararle en la cabeza, para al fin callarla.

Conmocionados por el hecho, Simona reaccionó.

—Eres un asesino, asesino, asesino —le gritaba desde su lugar, a unos escasos cuatro metros de Jack, quien molesto por los insultos de una cualquiera, como él la consideraba, se presentó en dos zancadas junto a ella y la tomó del cabello por debajo de la nuca.

—A mi nadie me grita y menos una mujerzuela como tú —dicho eso la empujó con fuerza hacia el suelo—, no eres nadie para tan si quiera levantarme la voz —y como si hubiera sido poco, le pateó el vientre estando tumbada en el piso, casi inconsciente debido al golpe.

Evan se zafó del agarre de los guardias de Jack con una fuerza casi descomunal al momento de ver como este golpeaba a la joven; tantos años de ejercicios debían tener sus ventajas y agradecía que aquello le haya otorgado una fortaleza fuera de lo común. Se abalanzó sobre Jack golpeándolo en el rostro, rompiéndole la nariz, pero había más guardias protegiendo a su jefe y golpeándolo a él sin ninguna compasión, era muchos contra una sola persona, lo más probable era que lo iban a matar a golpes.

Simona lloraba desesperada tanto del dolor de los golpes y de ver como Evan era brutalmente golpeado, no podía hacer nada, estaba muy adolorida debido a las fuertes patadas de aquel hombre desalmado, demonio que arruinó su vida y la de tantas personas, por un momento deseó estar muerta, solo así terminaría esa pesadilla, solo así daría fin a tanto sufrimiento.

Jorge había quedado conmocionado con el actuar de su padre para con ella, él sabía que amaba a esa mujer y a pesar de todo, la mataría, al igual que a todos los que estaban en ese recinto. Sin embargo, fue capaz de proponerle un lugar a su lado, pero, estaba seguro que aquella petición no era producto de un amor o cariño paternal, sino más bien, respondía al hecho de saber que la única persona que podía acceder a las cuentas bancarias era él, y no su dichoso padre.

Debía reaccionar, actuar y evitar mas desgracias, tanto su madre como la mujer que creía amar se encontraban en peligro y a él no se le ocurría nada en concreto.

Jack tomó su arma y se dispuso a disparar a Evan, ya lo había cansado, ya no lo soportaba, por muchos años se le hizo conocer como Cris, el informático ex miembro de las fuerzas especiales que pasaba a retiro, pero que por diversión, se tomaba la molestia de ayudar al excéntrico y egocéntrico millonario en cualquier ocurrencia que tuviere.

—Debiste pensar más antes de ponerme tus manos encima —decía mientras lo apuntaba con el arma—, sabes, por un momento hasta te consideré como un hijo, te tomé aprecio y en algún momento hasta pensé que podríamos ser grandes socios. Bueno, de hecho, ya somos grandes socios, gracias a los millones que tu corporación le ha donado a las empresas del Grupo Maroto.

—Pagarás muy caro esto que haces Jack, recuerda algo muy importante, porque solo lo vas a escuchar una vez. —Evan hizo una pausa y se colocó bien sentado con mucha dificultad, seguía tumbado en el piso, con magulladuras y manchas de sangre por todo el rostro—.

Jack sin embargo, seguía burlándose de él, pensaba que quizá eran los últimos intentos que tenía antes de morir, ya que su muerte y la de los demás era inevitable.

—Deja de decir tonterías, ahorrate el discurso —Jack se acercaba a él, deseaba apuntarle directo a la cabeza, para evitar los fallos.

—Tú no trabajas solo, y yo... mucho menos —Evan empezó a reir, con voz siniestra, depositando la confusión en Jack.

Lo que pasó inmediatamente después, fue en cámara lenta. Al ver entrar a agentes armados, Jack por venganza apuntó su revolver a Evan, quien decía que sería su fin, pero se sentía aliviado al saber que pudo colaborar con la investigación. Justo en el momento en que Maroto apretó el gatillo, se escuchó un grito ensordecedor, se escuchó el grito desesperado de Simona quien corrió hasta interponerse entre Jack y Evan.

Pasó lo que no debía, lo que todos intentaban evitar. Un disparo seco irrumpió en el silencio, un sonido de desesperanzas, de obscuridad y de desidia.

#34

Capítulo 26

Minutos antes

Simona estaba desesperada, aturdida, no permitiría que alguien más sufra a causa suya, ya muchos habían pagado las consecuencias y estaba cansada de seguir luchando, veía a Evan como la luz que tanto esperó por esos años, sin embargo, era consciente de que él nunca la vería con otros ojos ni con intensiones más allá que adueñarse de su vida, tal como se lo había propuesto al conocerse, sabía que él sólo buscaba información, pero también sabía que él sería el único que podría cuidar de Óliver.

Jack lo estaba apuntando con el arma, y el dolor que ella sentía a consecuencia de las patadas de él, casi la dejaban inconsciente, pero a pesar de todo, se propuso que sería el último, se armó de fuerzas y con mucha dificultad empezó la dura batalla para levantarse del piso en donde yacía.

Ruiz la miraba y se sentía tan culpable por haberla expuesto de esa manera, aún no podía creer que fuera su hija, ella era tan parecida a Martina, lo dejaba sin aliento, se sentía la peor escoria por haber dado pie a su orgullo y no a descubrir la verdad cuando todo la acusaba a ella, permitió que su hija creciera lejos de él, con el amor de otro padre, con otra familia, cuando aquello siempre había sido su sueño y el de su amada Martina.

Al verla decidida y dispuesta a sacrificarse, las alertas de su cerebro empezaron a abrumarle con imágenes de su vida junto a Martina, de lo felices que fueron. Y por un momento la sintió a su lado, le pareció escucharla.

Ayúdala, te necesita. Solo tú puedes salvarla.

Aquellas palabras martillearon su corazón, su hija la necesitaba y nadie impediría que la protegiera.

Por otro lado, se encontraba Jorge, quien seguía pasmado por la absurda propuesta del hombre que se hacía llamar su padre, jamás tuvo consideraciones con él, y estaba seguro que sólo le había dicho aquellas palabras porque aún lo necesitaba. Su padre siempre fue un enfermo, alguien sin corazón, y esos años viviendo en la sombra lejos de hacerlo cambiar para mejor, lo habían convertido en alguien desalmado, en una bestia sin razonamiento.

No le importaba arrebatarle a Simona, sabiendo que él la amaba de una manera retorcida, pero la amaba, sin embargo, no lo permitiría, ella siempre sería suya, su Simona, y pese a quien le pese, seguiría a su lado, aunque tenga que acabar con la vida de su padre él mismo, y con la vida de quien sea que se interpusiera entre ellos.

Esperaría que saque de su camino al idiota de Evan, al hombre que intentaba robarle a su mujer, algo en su interior siempre le decía que no debía confiar en él, pero por primera vez, había decidido enseñarle una lección a ella, cuan equivocado estaba, fue una muy mala decisión, pero se dejó llevar por la ira y por el dolor de las discusiones de aquellos días.

Empezó a recordar esos momentos...
Por favor déjame en paz, le repetía una y otra vez ella, lloraba amargamente ante lo que él le había hecho, una vez más abusó de Simona, en un arrebato de furia debido al rechazo de ella. Él deseaba tanto a esa mujer y deseaba tanto que le correspondiera, que en algún momento pudiera aceptarlo.

Ya no soportaba sus desplantes, sus rechazos, el asco que ella sentía cada vez que él intentaba acercarse, tanto lo odiaba que él debía recurrir a las drogas para que ella no se resistiera y él la tomaba a su antojo, como se le daba la gana. Sin embargo, estaba cansado de esa situación, ya no soportaba verla de esa manera, semi inconsciente, nunca podía hacerlo así, se llimitaba a dormir a su lado y a contemplar su hermoso rostro.

La abrazaba, la besaba y se acurrucaba a su lado, pero ella nunca era consciente de eso, y él deseaba que fuera distinto, que todo aquello pasase pero con su consentimiento.

Pero se sintió la peor escoria del universo al ver el dolor en sus ojos, era la segunda vez que la había tomado en contra de su voluntad de esa manera, no había sido gentil, mucho menos cariñoso o complaciente, se limitó a portarse como un animal, se limitó a usar su cuerpo como un simple pedazo de carne que saciaría sus deseos.

Enfureció, sentía odio por sí mismo, no fue capaz de enamorarla, no fue capaz de captar su atención tan sólo un momento, se dejó llevar por la rabia, y decidió exponerla a modo de castigo a quien quisiera aprovecharse de ello. Le demostraría que no encontraría mejor lugar que a su lado, que sólo él podría protegerla, que el mundo afuera era peor de lo que imaginaba.

Te daré una prueba del infierno que puede llegar a ser tu vida allá afuera.

Esas últimas palabras se repetían en su mente una y otra vez, todo había empezado con eso, y el hecho de hacer negocios con Smith había sido la estrategia perfecta, ya que le habían llegado rumores de que a él le gustaba jugar con las mujeres de maneras retorcidas.

Nada podía salir mal. Obtendría un buen aliado para limpiar el nombre de sus empresas y de paso daría la lección de su vida a Simona. Ella sabría en carne propia que no existiría un mejor lugar que a su lado.

Cuan equivocado estaba. El maldito de Evan se quería adueñar de ella ahora. La policía y agentes secretos estaban tras sus pasos, se habían inmiscuido en sus asuntos y lo peor de todo, el padre que creyó muerto había aparecido, traicionándolo una vez más y queriendo arrebatarle todo, incluyendo a Simona.

Había tomado su decisión, se quedaría con la chica, recuperaría a Óliver y se iría lejos a disfrutar la vida los tres juntos, ese era el plan perfecto, pero antes, debía acabar con los obstáculos.

Jack

Evan

Ruiz

En ese orden, las prioridades estaban establecidas, ya estaba cansado de todo el teatro que armó su padre. El fin se acercaba y él se encargaría de la cereza.

#35

Capítulo 27

A veces jugar con las cartas adecuadas no es suficiente, se necesita también un poco de fe.

Dos disparos se escucharon de seguido al momento en que los agentes armados ingresaron al salón donde se encontraban todos.

Sin embargo, nadie prestó atención a Ruiz, sólo él pudo adivinar lo que ella iba a hacer, intentó impedirlo, corrió como pudo hasta llegar a Simona e intentó apartarla, pero la bala que se dirigía a Evan, impactó rozándolo en el brazo hasta dar con la espalda baja de ella. Ambos habían sido heridos en consecuencia. La peor suerte, se la llevó ella, la niña de sus ojos.

Simona cayó estrepitosamente frente a Evan, quien la sujetó entre sus brazos antes de que llegara al piso. Él veía rojo, iba a enloquecer, no podía estar pasando aquello, él deseaba que ella fuera libre, por fin estaría con el niño que tanto amaba y consideraba un hermano, a pesar de que sabía, no lo era.

Se había resignado a morir ese día, sabía que Óliver estaría a salvo con ella, con la mujer que había despertado de nuevo el sentimiento de protección hacia alguien. En ese momento sintió más impotencia que nunca, ella no podía morir y menos a causa de él. Debía ser libre, pero no de esa manera, merecía algo mejor.

Lo que no vio fue que también Jack cayó en forma pesada al piso, había recibido una certera bala en la cabeza y detrás estaba Jorge, que se mantenía impasible a pesar de lo ocurrido. Había matado a su padre. Pero su rostro estaba desencajado. Llego tarde, Jack había disparado a su Simona y eso jamás se lo perdonaría, debió actuar antes, debió tomar la decisión antes de que la alejaran de él.

Se acercó como pudo hasta ella, quien había caído a los brazos de Evan

—No puedes dejarme aquí solo, debes vivir maldita sea, debes hacerlo por mi, por ti, por Óliver —Jorge estaba hecho una fiera, perderla de esa manera lo volvería loco, prefería renunciar a ella antes que verla así.

Evan sostenía a Simona mientras Jorge iba en busca de ayuda. Le estaba hablando, deseaba que le respondiera y no cerrara los ojos.

—Por favor no te duermas, abre los ojos, ya todo terminó cariño, ya nadie te hará daño, perdóname por favor, perdóname por no haber cumplido mi promesa de protegerte —se sentía desesperado, miraba por todas partes y sólo veía una balacera, intentar sacarla sería un suicidio para ambos, era imposible.

—Ayudenme por favor —Las palabras del empresario resonaban en el lugar, más agentes iban entrando, y la voz de Jorge acercándose rápidamente a ella los sacó de lugar.

Esas fueron las últimas palabras que escuchó, después todo se volvió obscuro, silencio, paz para ella.

Entre los dos intentaron protegerla, como no podían arriesgarse a moverla, actuaron juntos, Jorge volcó un mueble detrás de ellos a fin de resguardarlos e intentaba protegerlos disparando a los atacantes, quienes cada vez eran más.

La confusión era palpable, más disparos no se hicieron esperar, muchos agentes uniformados llegaron, los minutos pasaban y Simona cada vez perdía más sangre, hasta que finalmente los hombres de Jack fueron abatidos en su totalidad gracias a las actuaciones de más refuerzos que llegaron.

Sólo en ese momento Evan se dio cuenta de algo, Jorge estaba herido, le había dado en el omóplato, su camisa estaba cada vez más manchada de sangre. A pesar de odiarlo por lo que le había hecho a ella, en parte le debía la vida, él se había esforzado por protegerla como podía, sabía que él la amaba, quizá hasta más que el deseo que él sentía por ella. Verlo de esa manera le dio mucho que pensar y más aún lo que pasó después.

Sin previo aviso, él se acercó a Simona, quien seguía en los brazos de Evan y le susurró al oído.

—Perdóname, me he dado cuenta muy tarde que te amo demasiado como para dejar que mueras a causa mía. Debes vivir, necesito que vivas por mí, para poder borrar todo el dolor que te causé —sus palabras fueron como una estocada para Evan, no esperó aquellas palabras ni en un millón de años. Él la amaba.

Los agentes vinieron a socorrerlos, los paramédicos no tardaron en ubicar a Simona en una camilla y controlar sus signos vitales, aún respiraba pero su estado era grave, tanto por el disparo, como por los golpes y las drogas. También se llevaron a Jorge, quien estaba perdiendo mucha sangre y su estado no era nada bueno, se había quedado inconsciente.

En tanto Evan y Ruiz eran atendidos en una ambulancia, que iba a trasladarlos al mismo hospital en el que ingresarían Simona. Sin embargo, el agente a cargo se encontraba evaluando los daños y presentarse ante ellos era inevitable.

Unos minutos antes de ingresar había ordenado a todos actuar según el plan, ya tenían todas las pruebas que inculpaban a los Maroto y solo les quedaba rescatar con vida a todos los rehenes. Sobre todo esperaba no llegar tarde junto a ella. Durante el enfrentamiento, sus esperanzas se esfumaron por un momento al ver lo ocurrido al momento de ingresar. Si bien sabía que algo así podía pasar, confiaba en que no, pero, una vez más, el destino intentaba jugarle sucio.

A veces jugar con las cartas adecuadas no era suficiente, se necesitaba también un poco de fe, recordó aquellas palabras que en el pasado Martina solía repetirle. Sin pretenderlo, ella le dio todos los motivos que necesitaba para cumplir con aquella promesa, y recordó sus últimas palabras, como si no hubieran pasado los años, aún le dolía demasiado todo lo ocurrido.

—Por favor, cuídala siempre, nunca te alejes de ella, eres lo único que tiene ahora —Martina estaba agonizando, había recibido un disparo en el estómago, yacía en el suelo con un gran charco de sangre a su alrededor. Había llegado tarde—, él volverá por ella en algún momento.

—No lo haré, te prometo siempre protegerla, te lo prometo —y con esas últimas palabras, ella dio su último aliento, había muerto y él estaba destrozado, sus lágrimas no se hicieron esperar y la rabia y el odio creció en él. No quedaría impune su muerte, se encargaría de aquello, cueste lo que cueste.

El momento no se hizo esperar más y más sorpresas iban a ser reveladas. El agente al mano se había acercado a ellos para dos cosas: felicitarlos por el éxito de la operación y dar las debidas explicaciones a lo que sucedería después.

Ruiz quedó de piedra al verlo entrar en la ambulancia, Evan lo conocía de algún lugar, pero no lo recordaba bien.

—Estás vivo —Ruiz seguía impávido y asombrado.

—Así es, todo este tiempo estuve vivo —respondió con actitud temple, de paso pidiendo que el paramédico los dejara solos.

Ruiz no sabía que decir al respecto. No comprendía lo que pasaba, estaba confundido.

—Pero, ella te necesitó tanto... ella Dios, ¿cómo pudiste dejarla sola? —Ruiz le reclamaba mientras Evan ataba los cabos sueltos —la has puesto en peligro.

—Lamento desilusionarlo Comandante Ruiz, pero, todo este operativo fue únicamente gracias a mí, todo el plan salió a la perfección gracias a mi modo de trabajar —jamás aceptaría lo que él decía, a pesar de que en parte tenía razón.

— ¿Qué estas queriendo decirme? —el comandante sonaba molesto y confuso.

—Exactamente aquello que te estás imaginando —una sonrisa torcida curvo su labios.

—Tu eres el Cafre —Evan respondía por Ruiz, quien seguía perdido en sus pensamientos, quizá asimilando lo que ya se imaginaba—, y también eres el padre 'muerto' de Simona.

—Oh Dios, todo este tiempo... nos has engañado a todos, eres un maldito infeliz, eres un ser despreciable, dejaste que ella sufriera tanto —y perdió el control, Ruiz se abalanzó sobre el cafre quien se defendió como pudo, a pesar de que él estaba en desventaja por la herida recibida.

Los golpes entre ambos no se hicieron esperar, sentían rabia cada uno por el otro por motivos diferentes, y esa resultaba ser una manera de desahogarse, de decirse tantas cosas, de cobrarse cada quien los malos momentos del pasado y del presente.

Evan logró separarlos con ayuda de otros agentes y los enfrentó, decir que estaba furioso por lo ocurrido era poco, en el fondo sabía que ambos tuvieron sus razones, pero, no era el momento ni el lugar para intentar demostrar quién era mejor o peor que el otro. La cuestión era sencilla. Solo ella importaba.

Después de aquel patético espectáculo, catalogado así por Evan, todos se dirigieron al hospital en el cual llevaron a Simona, Federico había recibo una llamada en el que informaban sobre la gravedad de su situación, se debatía entre la vida y la muerte.

Después tendrían tiempo de arreglar sus diferencias, mientras tanto, sólo ella importaba


#36

Epílogo - 1a. Parte
«La felicidad no puede ser impuesta»

Cuatro meses después.

—A veces la ambición es el principio de nuestra perdición —susurraba esas palabras mientras se encontraba parado frente a la lápida de piedra que había sido construida meses atrás.

Jorge se encontraba de espaldas, vestido de un impecable traje negro, esa sería su única visita, después jamás volvería. No pudo participar del funeral debido a su estado, le había llevado un mes reponerse de sus heridas y luego tres meses más en demostrar su inocencia ante la justicia. La mejor opción de los abogados fue culpar a Jack de los negocios fraudulentos, en vista de lo sucedido.

Le había salido millones de dólares la cuestión, estaba quebrado, pero empezaría de cero, tenía un motivo muy fuerte y su madre aún vivía.

—Pensar que por un momento deseé complacerte en todo —hizo una pausa, estaba despidiéndose—, lastimosamente no pudimos entendernos, pero ello no será impedimento para que te olvide, ni para que olvide todo lo que me causaste. Es imposible olvidar de dónde uno viene. Adiós para siempre.

Esas palabras fueron su despedida, nunca más iría hasta allí. Salió con la misma postura fría y sombría que lo caracterizaba y se alejó.

En la lápida no decidieron escribir ningún epitafio más que el nombre. Taddeo Maroto Mayerel. 1963-2017, según Gracia él no merecía ninguna dedicatoria.

***

Evan volvió a su antigua vida, pero, con una lección muy grande después de cerrar el caso, pudo demostrar quién fue el asesino de Mayra y darle un descanso en paz. Se dedicó a ocuparse de las necesidades de Oliver, el único recuerdo que tendría de una mujer que un día lo amó y dedicó más de lo que él merecía.

Le consolaba la idea de que ella vivió feliz sus últimos años de vida junto a Federico, Oliver y Alma.

***

Federico y Ruiz hicieron las paces, una amistad truncada por un bastardo obsesivo no podía romperse fácilmente, Federico le contó a Ruiz todos los detalles de lo ocurrido con Martina desde un principio, hasta que él los encontró en el hospital y mal entendió lo sucedido.

Le relató con detalles por qué la hizo pasar por su esposa, el momento en que descubrió las malas intenciones de Maroto y del cómo decidió actuar; él no iba a permitir que dañaran a su amiga y menos estando embarazada.

Ruiz se sintió un estúpido al escuchar todo lo que ellos pasaron durante aquel tiempo, los acosos, las extorsiones, las amenazas y los intentos de asesinato. Mientras él enloquecía por los celos, ellos estaban siendo perseguidos.

También le relató cómo fingió su muerte y el inicio del plan que los llevó a acabar con Maroto. El nunca dejó de ser policía y cuando sucedió lo del primer ataque a Martina, habló con los superiores y le dieron la licencia para ser un agente secreto.

Se pasó investigando a la familia Maroto desde el anonimato, pero, tenía un punto débil, Martina y su niña, y ellos pronto descubrirían su talón de Aquiles.

Después de la muerte de Martina, descubrió que Taddeo había fingido su muerte, y lo descubrió días después de haber rescatado a Mayra de uno de los prostíbulos en donde la retenían. En ese momento escuchó una conversación de uno de los hombres de confianza de Jorge y decidió investigarlo, Jack Vernarl, y lo curioso fue que no existía ningún registro de él.

Con ayuda de la tecnología, pudo obtener sus huellas digitales y compararlo con los registros oficiales, fue así que descubrió la verdadera identidad de Jack, Taddeo Maroto.

Pasó el tiempo y el hijo de Mayra nació sano y fuerte, y por conveniencia decidieron darle documentos oficiales con su apellido, ante la ley tanto la hija de Martina como el hijo de Mayra serían sus hijos, sólo así estarían protegidos si le llegara a suceder algo antes de tiempo.

Mayra le había comentado a Federico sobre el verdadero padre de Oliver y su historia con él, no le agradó ya que era evidente que el hombre resultó ser un promiscuo inmaduro, una lástima que se haya perdido el nacimiento del niño y todo lo que conllevaba la paternidad responsable, pero, cada quien obraba según sus necesidades y creencias y luego el karma se encargaba de todo.

Lo que descolocó a Federico fue la muerte de Mayra, no era ningún secreto que ellos se habían enamorado en esos años de convivencia, y lo dejó aún más destruido el secuestro de sus hijos. La organización que se encontraba detrás de todo no pudo impedirlo, ya que existía un infiltrado entre ellos. Tal es así que con el dolor en su pecho y con pocas posibilidades de seguir, lo sacaron del juego.

Después de los disparos que Jack le había dado, terminó muerto, pero gracias a la rápida intervención de los agentes, se salvó; aunque antes de eso, estuvo casi dos años en coma. Dos largos años en los que la organización decidió darlo por muerto, para salvaguardar su integridad.

Luego de despertar, se sintió el peor padre del mundo, le pusieron al tanto de todo cuanto había sucedido, de las innumerables veces que el equipo de Ruiz había fracasado para atrapar a Jorge Maroto, de la vida que su hija llevaba en ese lugar, de la vida de Oliver. Todo aquello por lo que había procurado, se había convertido en el infierno que tanto evitó.

Esos motivos lo orillaron a armar el plan perfecto, a armar el juego que todos debían jugar antes de dar el jaque mate que lo llevaría al éxito, se dejó llevar por la sed de venganza.

Investigó a todos cuanto pudo, halló al padre de Oliver y para su sorpresa, era un hombre acaudalado, con una vida bastante movida excéntrica, y algo en su interior le decía que él podría ayudar a la causa. Necesitaba de un hombre de su porte para acercarse a su objetivo.

Contactó con cada una de sus piezas, como partes de un juego y les asignó responsabilidades y tareas, consiguió carta libre para realizar todo cuanto se imaginaba, el gobierno con el cual trabajaba estaba muy entusiasta de ver caer a la familia Maroto.

Así lo hizo, así llegó al objetivo, con algunas perdidas, pero mínimas en comparación a lo planeado.

***

Simona leía un libro bajo el frondoso árbol que se encontraba enfrente de la modesta casa que Federico le regaló. Habían pasado tantos meses ya desde que salió del hospital, lo había pasado muy mal, estuvo casi muerta por unos segundos, hasta que con un desfibrilador la volvieron a traer.

Su vida tenía un propósito más grande y su destino no era el de morir ese día. Aún recordaba lo sucedido.

Le había costado casi dos meses reponerse, la bala le perforado algunos órganos pero milagrosamente se repuso. El proceso fue lento y muy difícil, también su organismo tuvo que luchar contra los efectos de las abstinencia debido a las drogas que le suministraban, fue complicado.

El regreso de su padre, fue la mejor noticia que recibió, el verlo en el hospital le dio de nuevo ganas para seguir luchando por su vida, además, su hermano, él siempre le había dado un motivo para continuar y se sentía orgullosa al saber que pudo cumplir con su promesa, y que a sus ojos Evan le devolvió la dicha de volver a verlo y tenerlo libre de cualquier maldad, a pesar de que el actor principal de lo acontecido había sido Federico.

En cuanto a Jorge, un día antes de salir de alta, fue a visitarla, ella no esperó aquello y se sintió muy asustada al tenerlo cerca, él en cambió se sintió feliz de verla mejor, de verla sana. Sin embargo, la culpa lo carcomía por dentro.

Hablaron ese dìa, a pesar de la tensión en ella, él decidió alejarse, le dejaría libre de todo. Le pidió disculpas, tarde había comprendido que a veces es mejor dejar ir que retener. La felicidad no podía ser impuesta.

Simona odiaba a Jorge por haber sido quien mató a su padre, y por haber usado a Oliver para retenerla a su lado, pero al descubrir la verdad, sus sentimientos fueron diferentes, su padre seguía vivo, Jack fue el culpable de dispararle, él pensaba que Oliver era hijo suyo, y lejos de hacerlo pasar mal, le daba las mejores atenciones. También se enteró que durante el tiempo que estuvo recluida, él nunca la entregó a otro hombre, que siempre había sido solo él, y que lo había hecho por la obsesión que sentía, lo demás, lo había inventado y ella lo había creído.

Ella no sabía qué hacer, esas informaciones eran nuevas y no se sentía preparada para tomar ninguna decisión.

Jorge la entendió muy bien y se puso muy feliz al oir que ella intentaría perdonarlo alguna vez.

Esa era la motivación que él tenía para seguir su camino, esta vez, un camino diferente al que estaba acostumbrado a caminar.

—Algún día nos volveremos a ver Alma, y recuerda, siempre serás mi Simona —fueron las palabras de despedida del hombre que tanto daño le causó, para ella era un alivio verlo ir, que la haya dejado en libertad y aunque doliera admitirlo, también un sentimiento raro se instaló en su corazón al verlo partir.

Con esas palabras se alejó de ella, pero dejando claro dos cosas, la primera, que ella siempre seria su Simona, ya que justamente fue él quien le dio ese nombre, la segunda, que iban a volver a verse.

Continúa...


#37

Epílogo 2a. Parte

Cerró el libro y decidió ir hasta la casa, antes de que su padre la llamara para avisar que la cena estaba lista, debía avisarle que esa noche saldría. Había decidido vivir con Federico y con Óliver, a pesar de saber de la existencia de su padre biológico, el comandante Ruiz, a quien le dio carta libre para que la visitara las veces que quisiera.

Respecto a Oliver, su padre se hacia cargo de sus gastos, así como de visitarlo todos los días, había respetado la decisión del niño de vivir ahí, ya se encargaría con el tiempo de convencerlo de vivir con él, necesitan conocerse antes. Mientras tanto el niño cumplía sus roles en la escuela, practicando deportes, jugando con sus amigos, era un niño normal y feliz por estar rodeado de su hermana y sus dos padres, al igual que Alma.

Alma, como siempre la llamó su padre y como ella le dijo a todos que la llamaran, ya que Simona había quedado en el pasado, estaba lista, se colocó un hermoso vestido blanco, dejó su cabellera suelta y maquilló suavemente sus ojos, algo bastante sencillo, era la primera vez que saldría por su propia voluntad luego de tantos años, y la primera vez en que lo haría con un hombre con el que se sentía de cierta manera muy protegida.

—¿Se puede saber a dónde irás? —le pregunta su padre un tanto desconcertado, se había vuelto muy sobreprotector con ella y saberla en peligro lo sacaba de quicio.

—Tengo una cita —fue todo lo que respondió, cuando justo tocaron el timbre de la casa.

Ella se precipitó a ir a abrir seguida de su padre.

Un hombre serio e intimidante, con las manos en los bolsillos vestido de forma casual, con un vaquero desgastado y una camisa blanca le sonreía en forma arrogante en la puerta de su casa.

Evan

Alma

—Que sorpresa, así que él ese es tu cita —Federico lo miró en forma inquisidora y luego agregó—, más vale que la cuides, recuerda que puedo conocer todos tus pasos y te arrepentirás si llegas a hacerle algo a Alma—dicho aquello, se alejó, pero más tranquilo, sabía que él la protegería, a pesar de sentir celos.

En tanto Evan lo miró serio, sabía de sobra de lo que él era capaz de hacer por su hija, ya anteriormente había recibido una advertencia similar de Ruiz, tendría que lidiar con los dos padres de Alma, un paso en falso y la perdería.

—¿Y a dónde vamos? —Simona le preguntaba con una amplia y divertida sonrisa debido a la expresión de él cuando Federico le habló.

—Es una sorpresa, creo que te va encantar —sus ojos se clavaron en las dos aceitunas brillantes de la chica.

—Más vale que así sea, esta es mi primera cita —al escuchar aquello los ojos de Evan se obscurecieron de deseo con tan solo imaginar lo que vendría más adelante.

escritoraatiempoparcial
Rango10 Nivel 45
hace 4 meses

😭😭😉😉😁😁☺☺☺ que bonitoooo, jolin que final, da gusto. Ha sido un placer leerte.

Cara
Rango10 Nivel 48
hace 4 meses

@escritoraatiempoparcial mil gracias por llegar hasta aquí, agradezco el tiempo que le regalaste a Simona, y sinceramente fue porque preguntaste si ya terminaba o no que volví a alzar cajas.


#38

Agradecimientos

Hola, si llegaste hasta aquí fue porque le diste un voto de confianza a esta historia, o porque te dio curiosidad, o por algún motivo ajeno. Ante lo que sea que te haya llevado a leerla, te agradezco, porque no es fácil captar la atención de los lectores cuando la historia se vuelve un poco larga.
Simona siempre me sorprende, por los buenos comentarios que van dejando, por los votos, por aquellas críticas constructivas, aprendo muchísimo con cada uno de ustedes. Este tema de escribir, creo siempre será un aprendizaje constante, cuanto más leemos, más buenos escritores nos volvemos.
Gracias a todos por el acompañamiento. Espero de corazón que sigamos leyéndonos mutuamente.