Daniel_Idazlea
Rango7 Nivel 31 (1630 ptos) | Autor novel
#1

Cuando se sentó en la misma banca que yo, lo miré de reojo. Su sola presencia ya interrumpía mi tiempo de lectura. Tenía todo el parque para él solo, pero no, no, no... El desgraciado quería sentarse ahí.
—¿Has visto esas aves?— me habló de repente señalando unas palomas grises pululando en el pasto, sin llamar mi atención—. Solo rebuscan como ratas aladas algo capaz de alimentarlos, no importa si es basura, la cosa es que les llene la panza— emitió un profundo suspiro—. Ah, por cierto, disculpa por dejarme llevar por esos animales. En verdad solo vine a decirte que tu padre te manda saludos—noté ahora un tono hastiado, reacio—. Me informó sobre su insistente preocupación por ti, a tal punto de enviarme hasta acá por un favor que le debía.
Mi rostro giró como si estuviese adherido a mi cuello por una tuerca oxidada en demasía. El corazón zapateaba con ganas de salir. Un susto terrible recorrió mi columna como si fuesen dedos gélidos. Pero la presencia de ese extraño no era lo más preocupante.El motivo de tal espanto era que mi padre llevaba bien muerto unos veinte años.

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#2

El miedo nubló mi vista, pero hice el mejor esfuerzo para disipar esa nube de incertidumbre. Pensé que encontraría a un viejo decrépito, pero encontré a un niño de tez trigueña con un cabello marrón y muy bien peinado. Sus pies ni llegaban al suelo, mientras iba pataleando el aire, mirando indiferente el inmenso parque. Lo vi disfrutar de la brisa soplando en esos amenos momentos.
Cuando clavó sus ojos a los míos, sentí una terrible sensación apocalíptica, ese miedo ante algo inevitable apunto de ocurrir. Sin embargo, el niño me sonreía en una complicidad ambigua, posiblemente escondiendo un as bajo la manga.
—¿Por qué te quedas así? ¿Acaso nunca habías visto a un niño?
La sola mención de mi padre no abandonaba mis pensamientos, se repetía en imágenes difusas cual caleidoscopio, aunque exitosamente volví a la realidad.
—No sabes lo que hablas— respondí regresando a la lectura aparentando indiferencia, pero la sensación pesada en el estómago no me dejaba en paz.
—Se exactamente lo que hablo— replicó como insultado—. No he venido hasta acá para que no me creas. Tu viejo, al parecer, quiere ver cómo estás.
Buscaba dónde estaría la madre del niño. ¿Se le habría perdido? Maldita sea, no hay ninguna mujer con mirada asustada en busca de un infante.
—Por el amor de Satanás, que no me he perdido, ni nadie me anda buscando— dijo con amargura ante mi necedad.
Esperen... ¿Acaba de leerme la mente?
—¿Leerte la mente? ¡Qué va! Solo que piensas muy alto, idiota.
Poniéndome de pie con el libro resguardado por mis manos, mi corazón palpitaba cada vez más y más rápido. Di media vuelta y partí la carrera hacia... donde sea en realidad. Mientras sea lo más lejos posible, mejor.
Seguramente leer tanto hacía que el cerebro cree palabras o uno pueda escuchar voces, ruidos, irreales. Recuerdo haber visto eso en un programa en la tele. Sí, ayer, o...
—¡Ya basta, zopenco! Más te vale escucharme, tengo muchas otras cosas importantes que pudiera estar haciendo, pero tengo a un idiota escéptico en frente tan testarudo como su padre— dijo el niño, el cual apareció repentinamente cual rayo, apuntándome con el dedo índice en un ademán acusador.
¿Qué le pasa a este insecto? pensé mientras lo miraba con esa actitud tan soberana para alguien tan diminuto. Sin decir una palabra, lo bordeé y seguí mi camino.
Necesitaba un café. Urgente.
De pronto, sentí que mis pasos se hacían cada vez más lentos, como si unas arenas movedizas me sujetaran, y luego vi el piso tornarse en una especie de líquido gelatinoso dispuesto a no dejarme ir. Iba a pedir ayuda cuando caí en cuenta que el parque estaba totalmente desierto, hasta sin rastro de palomas. El cielo se había oscurecido apenas un poco, pero aún así pude el valor suficiente para girar la mirada y contemplar al niño en donde lo había dejado, mientras sus ojos centelleaban un fuego azulino.
—No he venido del mismísimo infierno para soportar tus jugarretas. Me escucharás, lo quieras o no.
Para mandarme algo como aquello en señal de cercanía, mi padre debe de haberme odiado más que amado.

VikMartin
Rango11 Nivel 54
hace más de 3 años

Muy buena historia, se ve interesante y sabes provocar la sensación de ansiedad. Veo algún detallito ortográfico, pero dejando eso de lado auguro un buen relato. Ánimo

Daniel_Idazlea
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Muchas gracias por la indicación respecto a la ortografía! Me alegra que te haya gustado!

rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace más de 3 años

Interesante y diferente!!


#3

Jamás imaginé estar sentado con este pequeño individuo, mejor dicho, logró hacerme sentar. Obviamente no tuve otra opción. Mientras contemplaba la hermosura del parque desde otra banca, me preguntaba dónde se había metido todo el condenado mundo. Torcía los labios ante mi exorbitante incomodidad.
—Bueno— suspiró el niño (o lo que sea que fuese) aliviado—, hasta que por fin pude contenerte.
—¿Qué mierda quieres? ¿Cómo sabes lo de mi padre?— pregunté cruzado de brazos, con desdén y una actitud ponzoñosa.
No parecía estar muy impresionado ante mi rebeldía. Me regaló una sonrisa tan perfecta que hasta lucía sombría, como la de un maldito demente. Sus ojos, por otro lado, eran negros como la noche más oscura, tanto que podía ver mi propio rostro en ellos.
—Tampoco me mires con esa cara— respondió—. No es como que me encantase estar aquí contigo, prefiero andar quemando casas. Pero, en fin— estudiaba el panorama, luciendo ahora un aspecto jovial y tranquilo—. Como te iba diciendo, le debo a tu padre y yo cumplo mi palabra. Déjame empezar por lo más difícil de decir: tu padre te extraña, te ama, y blah blah blah—decir eso parecía ser como una asquerosidad para él—. Ahora, a lo más importante— acomodó su postura—. ¿Tienes alguna pregunta?
Aquello hizo girar mi rostro con tal de mirarlo con atención, y de paso contagiarle mi sorpresa, que asumo debió haber captado. Resultaba ambiguo creer que todo respecto a los presuntos sentimientos de mi padre era irrelevante.
—¿Qué?— fue lo único que articularon mis labios.
—Que si tienes alguna... ¿Qué parte no te queda clara, eh?— respondió mientras ocultaba el rostro en sus manos, probablemente estresado ante mi ignorancia, pero luego recuperó la calma—. A ver, te lo digo lento: ¿Tienes... alguna... pregunta...?
—¿Sobre qué?— insistí, todavía confundido.
—¡Sobre cualquier cosa! ¡Ni importa si es algo estúpido!— exclamaba el niño furioso, poseído por un capricho—. Me pidieron venir y responder cualquier pregunta. Cualquiera. Solo hazla y rápido porque me dan ganas de estrangularte.
Nada tenía sentido en esos momentos. Sólo sabía que eso no era un niño, era una entidad monstruosa, rara y sobrenatural, capaz de realizar actos fuera del entendimiento humano. La situación me resultaba escalofriante, me sentía atenazado por cosas sin entender, y lo peor era no hallar una solución a la circunstancia.
—¿Cuál es tu nombre?— le dí el placer de preguntar.
Me quedó mirando, y retraje mi rostro ante tanto silencio. ¿Ahora qué hice? Entrecerró los ojos, estudiándome (creo) o apunto de mandarme otra maldición rara.
—¿Pasamos por todo esto para que termines preguntando mi nombre? ¿Es que eres idiota? No...— suspira — Sí. Sí. Definitivamente eres idiota. Tienes la prerrogativa de poder saber todo, y sólo quieres saber mi nombre. ¿Acaso no te interesa saber cómo empezó el mundo, qué hay después de la muerte, o por lo menos saber lo que soy?
—¡Está bien!— le repliqué molesto—. ¿Qué eres? Porque un ser humano no eres, definitivamente.
—Pues, soy un demonio. Pensé que ya lo habrías descubierto hasta ahora.

Hace más de 3 años

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C_Laiz
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Maravilloso!! Quiero seguir leyendo!! Sigue asi (:

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 3 años

Buen uso del diálogo, y mejor historia


#4

A veces la verdad desciende tan veloz sobre uno que es casi imperceptible, y en la gran mayoría resulta nefasto. La realidad sobre esa banca en el parque se había enclaustrado, casi como una esfera con retorcidos hechos inverosímiles. No veía ninguna salida. Ni logreé sentir durante unos instantes mi propia lengua.
Era raro escuchar la palabra "demonio" salir de los labios de un niño. Me sumergí en una ambivalencia a la cordura y algo en mi cerebro terminó quebrándose. Pero no debía perderme; debía tener los pies sobre la tierra con mucho esfuerzo, porque me costaba... y mucho.
—Deberías ver tu cara— empezó a reírse con esa carcajada que sólo los niños pueden tener—. En verdad, haría cualquier cosa por tenerla en un marco— de pronto su risa cesó y paso a tener un semblante serio.
—No te creo nada, ¿y sabes por qué?, porque mi padre nunca me amó. Ademas él...
—¡Ay, por favor!— replicó exasperado—. Me es ínfimo tu sentimentalismo y todas esas tonterías.
En serio no podía creerle, puesto que mi padre en vida fue alcohólico, desertor, cobarde, lascivo, entre otras barbaridades. Me amaba... ¡Sí, claro! Entonces, me cercioré de que todo lo dicho sea verdad, y, algún lado de mi alma no deseaba saberla.
—¿Mi papá murió de cáncer?
—No, murió de cirrosis.
—¿Cuántos hijos tuvo?
—Cinco.
—No— ¡bingo!—. Tuvo tres...
—¿Y los otros con la otra mujer?
"Viejo bastardo", pensé
—Pues sí, era un verdadero bastardo— respondió mi audible pensamiento—. Ya te imaginarás por qué anda donde estoy yo. Es muy querido... allí abajo— terminó diciendo mientras me guiñaba el ojo.
Si mi padre estaba en el infierno, seguramente ardiendo por todos los pecados cometidos en vida; resultaban tantos que hasta el mismo Satanás demoraría en contarlos e identificarlos. Pero, dejé mi resentimiento a un lado y acceder en ese juego (o tarea) de las preguntas.
—¿Dios existe?
El niño-demonio me miró ahora con escrutinio.
—Yo no entiendo a ustedes los humanos— parecía decepcionado—. Se te aparece un demonio y lo único en cruzar su mente es saber si Dios es real.
Empieza a mirarme de una forma particular, como si esperase algo por mi parte, alguna respuesta ante sus palabras retóricas.
—Entonces...
—Entonces... sí. Sí existe. Y déjame decirte que no es como ustedes lo pintan, eh— se acomoda mejor en el respaldar—. Verás, y debe quedar claro, no es un hombre, ni un perro, ni un gato ni nada. Es... ¿Cómo decirlo?... Es... Bah, olvídalo. Es un creído, arrogante, narcisista y soberbio.
Lo miré con desdén.
—Eso lo dices porque eres un demonio.
—¿Y qué si soy un demonio?— me respondió—. Hasta los mismos seres humanos se quejan de lo mismo.
—Eso es otra...
De pronto, vi que en su mirada se encontraba algo definitivo, incitándome a descubrir algo horrendo, pero apenas pude hacerlo, las palabras se esfumaron hasta de mi mente.
Tanto demonios como seres humanos tenían unas cuantas cosas en común.

Hace más de 3 años

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Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

Dios me enganche*V* siguela:3


#5

Tantas preguntas terminaron formando una ronda infinita, y yo iba enterándome de muchas cosas inimaginables. ¿Podría alguien creer siquiera que el mundo no fue creado en siete días sino en dos? ¿El cerebro alcanzaría exitosamente procesar verdades sobre que el ser humano no es el único ser racional del universo?
Esas, entre otras cuestiones más, me tenían pegado a la banca. El niño-demonio parecía estar satisfecho ante todas las revelaciones, y en su mirada podía percibir unas ganas de seguir retorciendo mi conciencia. Bueno, era un demonio al fin y al cabo, ¿no? Estaba hecho para causar caos de cualquier forma posible.
—Maravilloso, ¿no?— su semblante infantil no dejaba de sorprenderme—. Tantas verdades circunscritas, todas moldeadas para sonar como un hermoso cuento de hadas— postró su mirada en el sol empezando a decaer—. No sé qué tenía tu viejo en mente para otorgarme la potestad de poder dejarte a un paso de la locura. Pero, debo admitir que empiezo a disfrutarlo.
Claro, cómo no lo iba a estar pasándola de maravilla ese maldito. Seguramente, cada palabra para él terminaba siendo un éxito en su campaña.
—¿Qué sucede cuando un muere?— formulé mi pregunta, con un secretismo latente. Empecé a imaginarme muerto, como si fuese llevado por una corriente de luz hacia el firmamento infinito. Era una imagen pacífica, hermosa.
—¡Pero cómo puedas pensar esas cosas!— respondió de repente, cortando la conexión con mis pensamientos—. Tienes una visión muy errónea sobre la muerte. La tuya es muy... boba.
—¿Boba?
—A mi no me importan los temas concernientes a sentirse bien al morir. Me interesa saber cómo un espíritu pasa allí abajo— señaló el suelo ladeando la cabeza—, y todos (osea, los demás como yo), nos reunimos para ver cómo se va pudriendo tu cuerpo, mientras los gusanos se hacen un festín con tus entrañas. ¡Wow! Eso sí que es divertido. Lo demás... eso de !ay, veo un túnel de luz! ¡Anda a la luz!— empieza a reírse con gusto—. ¡Bah! Son tonterías. ¿Crees que a Dios le interesa que mueras en paz, tranquilo mientras duermes siendo un viejo senil? Pues no. Jamás fue así, y ni pienses que por sonar injusto e indignante, Él— ahora señala el cielo con disgusto— va a cambiar sus métodos.
—Hemos vivido engañados...— concluí taciturno.
—¡No te pongas sentimental otra vez, por favor!— se quejaba el niño-demonio—. Mira, no todo es engaño, porque hay algunas cosas que... bueno... sí son ciertas.
Por un momento esas cosas dejaron de importarme. Mi concentración se fijó en un punto en concreto: el tema sobre mi padre.
—¿Qué demonios quiere mi padre conmigo? ¿Tanto puedes deberle?— pregunté, dejando a un lado los temas existenciales, que ya eran suficientes.
—Eh...— dijo haciendo ademas extraños, buscando, al parecer, las palabras adecuadas—. Los demonios tenemos funciones algo... exigentes— para ser un demonio, hablaba en formas muy humanas (otra similitud escalofriante)—. Nuestra tarea es simplemente llevarnos a los más desgraciados, y tu padre era uno de eso, sin duda. Cuando me encontré con el por primera vez, tenía un cuantos problemillas ahí abajo, porque no estaba recaudando muchas almas aborrecibles. Pero, tu padre me ayudó haciéndose pasar como el peor de los peores para ser muy reconocido y... aquí estoy. Maldita sea, jamás debí haber accedido.
Murmuraba cosas en voz baja. Sonaba a un idioma extraño. Se le veía cada vez más inquieto, probablemente con ganas de regresar a su infierno y festejar el dolor de los pecadores, saborear la agonía y glotonear con el castigo eterno.
—¿Los demonios sienten amor?— pregunté, queriendo experimentar un poco por mi parte.
—¿En verdad crees que tu padre alguna vez sintió amor por ti?— respondió con otra pregunta, la cual se dirigió irrefrenable hacia mi corazón.
—No lo sé.
—Pues sí, si sintió amor por ti—le costaba transmitir el mensaje—. Yo odio el amor, y el amor parece amar el odio. ¿Raro, no? Pero, si tu padre, siendo tan malvado como un demonio propiamente, dice amarte... Mmm, puede existir una posibilidad de que los demonios amemos.
Darse cuenta de aquello pareció pesarle demasiado, porque su mirada se perdió en el cercano ocaso.
En ese momento, me causó cierta complacencia verlo tan confundido, asumiendo mi lugar al descubrir otra cosa en común, pero una que para él resultaba igual de imposible.

Hace más de 3 años

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rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace más de 3 años

Espero ya la siguiente caja :)


#6

El cielo poco a poco iba irradiando fuegos rojizos en el firmamento, evidente señal del ocaso en todo su proceso. Ese niño-demonio cambió instantáneamente porque hablaba con voz baja; seguía impactado respecto al supuesto amor en los demonios. ¿Tanto trauma le causó? Debe ser tan indignante como un samurai sin maestro, un ronin. Una analogía interesante, a punto de hacerme sonreír.
—¿Qué te parece tan gracioso?— me preguntó grotesco, seguramente al ver mi alegría irónica.
—Pues, mírate... Jamás pensaste que los demonios podrían amar— le respondí.
—Eso no pasa, idiota. Los demonios no amamos, ni de chiste, ni podemos disimularlo.
—¿Quién te creó, a tí y a los demás de los tuyos?— le pregunté, aprovechando mi potestad para cuestionarlo todo.
La indignación se fundió como un metal en su rostro. Por un momento se quedó meditabundo, tal vez buscando las palabras adecuadas para responder o utilizar cualquier desvío a su favor. Balbuceaba cosas difusas, en un idioma extraño. Creo que hablaba consigo mismo.
—Bueno, ¿y se puede saber para qué quieres saber eso?
Estaba incómodo. Se le notaba al torcer la boca.
—Debes responder, estarías saldando tu deuda— ahora me hice el conmocionado—. No puede ser que no vayas a cumplirla.
Ello pareció ofenderle hasta lo más profundo de sus venas (si las tenía, claro). Sus muy humanos ojos empezaron a tornarse rojos, iracundos, repletos con rabia. Ese fuego con que lo vi al principio, ese extraño fulgor azulino, volvía a resplandecer. Abrió la boca para responder, y en el ínterin, descubrí un sinfín de colmillos afilados.
—Pues, ¿quién carajo crees que me creó, eh? Vamos, vamos, piensa, piensa, simio estúpido— respondió con una furia que llegó a erizarme la piel.
Tenía la respiración agitada. Me preguntaba si ese cuerpo humano podría resistir lo suficiente. Además, ¿a quién pertenecería? Esos colmillos se asomaban a la vista nuevamente.
—¡Hey! Tranquilo— le respondí haciendo un además con las manos para contagiarle algo de paciencia, pero necesitaba una calma celestial o del mismo Diablo—. Perdón, no sabía que te iba a poner como una llorona. Es sólo que me parece extraño el hecho de Dios creando demonios, es decir, el bien creando el mal.
Y en verdad, pensándolo mejor, no tenía un sentido, seguía una lógica demasiado turbia. Durante años, en los libros, en las películas, en la historia, y hasta en el día a día, se habla sobre una dura y eterna lucha entre el bien contra el mal. Pero siempre me pregunté cómo podríamos saber la diferencia de ambas.
—Pues, todos debemos venir de alguna parte. Solo tengo conocimiento respecto a los míos: nos encargamos de desequilibrar el orden. ¿Por qué? Ni idea— parecía más tranquilo, felizmente—. Simplemente, nos encanta, no imaginamos un orden sin desorden, una paz sin caos. Los dos estados deben vivir conjuntamente, sino nada tendría ningún sentido. Es posible que Dios me haya creado también, o que Ése se le dio por crear el mal, aunque, más bien, deberías preguntarte lo siguiente: ¿qué es el mal en sí?
—El mal es lo opuesto al bien, su antítesis— respondí.
—Para nosotros los demonios el mal es algo bueno, entonces, siguiendo esa línea, desde un punto de vista, el bien vendría a ser una cosa enteramente mala porque nos perjudica, ¿no te parece?
Poco a poco iba asimilando tan extrañas realidades entrelazadas que al principio sólo parecía un simple, sencillo, juego de conceptos y palabras. La conclusión era evidente, terrorífica. Mi mente se negaba a aceptarlo, sin embargo todo parecía tan sencillo.
—El bien y el mal... ¿son lo mismo?— pregunté con miedo existencial.
Dirigió hacia mí una mirada apenada. No quería contestar mi pregunta, pero yo sabía la respuesta. El niño-demonio cruzó los brazos y se limitó a mirar los destellos naranjas del ocaso, el cual tenía esencias lúgubres.
—¡Ja! Genial, ¿no? Nadie dijo que iba a ser fácil, pero... Bienvenido al Universo.
Y sólo me sonrió, como acostumbrado a aceptar esa cruel realidad todos los días.

Hace más de 3 años

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Daniel_Idazlea
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Jajaa pero todo tiene un por qué en esta historia :) paciencia


#7

Ahora bien, hasta este punto toda esa información me embistió como una estampida de verdades. No quería ni imaginarme la expresión esculpida en mi rostro, probablemente era una desastrosa. ¿Alguna vez se han enterado de algo horrible y por alguna extraña razón sienten esa pesadez en el estómago? Es parecido a las entrañas licuándose hasta formar un líquido denso.
El niño-demonio y yo platicamos durante varios minutos más. No puedo decir que el clima entre nosotros se tornó ameno; por el contrario, era cada vez más conflictivo. Ese maldito demonio tenía unas manías de contagiarme confusión.
—¡Ya, cállate!— le ordené, alejándome de la banca.
—Pero... ¿que mierda te pasa?— me respondió extrañado—. Ahora el que se pone como una puta llorona eres tú— se levantó también y empezó a dar vueltas cual demente, imitando ahora una voz femenina—. "¡Ay, soy una zorra porque le tengo miedo a la verdad! ¡Ay, me siento como un mariquita porque mi papá no me quiere y me manda un niño de mierda que resultó ser un demonio!"
Anduvo en eso por lo menos unos cuantos pesados segundos. Yo, por mi parte, quería decapitarlo de una sola patada, estrangularlo al ser tan zalamero.
Felizmente, se detuvo. Y lo hizo porque ya no pudo aguantar la risa al ver mi rostro tan iracundo.
—Bueno, bueno, ya mucha burla— colocó sus manos en la cintura—. Me tengo que ir apenas se oculte el sol— se acercó a mí y me susurró en complicidad—. Deberías apresurarte en formular tus preguntas; en la noche aparecen demonios peores que yo, y si me ven hablando contigo querrán matarte y si eso pasa tu padre me mata a mí, quitándome el honor allí abajo.
—Vale, está bien— repliqué dejando a un lado mi cólera—. ¿Por qué nos dejó mi padre?
—Pero...— otra vez uno de esos suspiros hastiados—. No me lances preguntas personales, ya que no me importan.
—Pero yo quiero saberlo porque...— exigí sin más.
—Los dejó por influencia mía, ¿de acuerdo?— interrumpió directamente, y esa respuesta fue un dardo ponzoñoso en mi corazón.
Me quedé helado en medio del parque, sentía una desolación exorbitante, y el sol me parecía, en esos momentos, insignificante. Ahora sí ardía (literalmente), hasta mis mejillas las podía sentir hervir como volcanes a punto de erosionar.
Le dije que lo mataría, y él respondió que podía intentarlo. Lo perseguí y el condenado era tan veloz como una chita. No duraron mucho mis intentos por agarrarlo a puñetazos. ¡Maldita sea, el desgraciado era rápido! (¿o yo estaba muy viejo?).
Luego de eso, me detuve para tomar un respiro, apoyando mis manos en las rodillas. Al alzar la mirada, pude observarlo a una distancia considerable, riéndose a carcajadas y lanzándome insultos que no pienso trasmitir (en verdad eran demasiado obscenos). Siendo yo tozudo por naturaleza, hice un último gran esfuerzo por atraparlo pero fue totalmente en vano. Logró burlarse de mí otra vez.
—¡Ya basta!— me detuve agitado, con la respiración fatigada—. !Ya... por favor... basta...!
—Eres humano, ¿qué esperabas, idiota? ¿Alcanzarme?— apareció inesperadamente atrás mio.
—¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?— le acusaba con los ojos acuosos—. Prácticamente tú has arruinado mi vida.
Las lágrimas empezando a brotando las sentía tan igual como un ácido espantoso, pero peor se sentía la amargura, la cual apretujaba mi alma con bastante fuerza, sin compasión.
—Es mi trabajo...— se limitó a responder, con ese estúpido cuerpo infantil que daban ganas de reventarlo a patadas—. ¿Alguna vez has visto a un demonio haciendo algo bueno? No seas tan llorón, por favor.
Entonces, en ese momento la luz empezó a irse, y, con ella, el niño-demonio. Sólo dio media vuelta hasta dar sus primeros pasos en retirada. El bastardo me iba a dejar allí, plantado con mi desgracia. ¡Maldito infeliz!, pensé.
—Gracias—giró para sonreírme—. Casi siempre me insultan con términos aún peores, pero... Sí, gracias.
Prosiguió con su andar, y le reclamaba que aún no era de noche mientras iba pensando en la última pregunta. Ésta debía ser concisa, eficaz. La verdad es que tenía tantas preguntas por hacerle, pero dudaba sobre la respuesta que obtendría. Era probable que no me gustase.
Pero bueno, era una oportunidad que no iba a desperdiciar. Además, esta sería una interrogante tan definitiva que hasta lo haría quedarse a pesar de la oscuridad.
Entonces, ahí iba mi pregunta...

Hace más de 3 años

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