Urgeundiario
Rango8 Nivel 38 (2823 ptos) | Poeta maldito
#1

No puedo borrar de mi mente su mirada, es de esas cosas que te impresionan tanto que cuando cierras los ojos tu cerebro te manda imágenes distorsionadas para que no lo olvides. Desde que sentí su presencia sabía que algo iba a suceder. Algo tenia que cambiar por completo. Sus ojos negros, sus labios gruesos y su jodida perfecta voz. Ojala no nos hubiéramos conocido en esas circunstancias. Pero fue como si de pronto apareciera en mi casa, buscándome, aunque literalmente apareció en mi casa, de la nada. Pero no me buscaba a mí, buscaba el baño. Nunca me había molestado tanto que mi padre tuviera el consultorio en casa. Así al menos podía verlo más. Pero justo hoy, lo odie. Me quede helada al escuchar que era su paciente. Nunca me habían advertido tener relación con alguno. Pero, son esas cosas que no se dicen, pero las sabes. No se necesita ser muy sabio para darte cuenta que mientras más lejos estés, mejor. No sabía si sentir lastima o miedo de estar cerca de él. Pero creo que de todas las cosas que siento, ninguna se parece a estas dos últimas. De algo si estoy segura, vale la pena el riesgo.

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Urgeundiario
Rango8 Nivel 38
hace más de 3 años

Hola a todos, gracias por sus "me gusta". Pero eso no me dice mucho, me gustaría saber si les esta gustando la historia. O saber mis errores, asi que si pueden dejen un comentario. Me sirve de mucho leerlos, gracias.


#2

Apenas y podía creerlo. Es como de esos rostros que has visto millones de veces en la televisión, revistas, internet. Pero que estas segura que es muy poco probable toparte a alguien así. Es más, ni siquiera lo esperas. Quizá por eso mi impresión fue mayor. Espero que no lo notara, dale que casi brinque cinco centímetros del susto. Pero aún tengo esperanza de que no lo notara. A todo esto, ¿Quién es él? Y la mayor pregunta de todas ¿Qué está haciendo caminando por los pasillos de mi casa? Al menos creo que lo he perdido de vista. Tomo mi taza de té, esa que deje en la mañana, está demasiado amarga y fría pero, al menos me hace sentir que estoy haciendo algo. Dale, ya basta Olivia quizá solo exageraste y ni siquiera es tan guapo. Termino de beber la taza y es cuando lo veo, un animal extraño al fondo de esta. No, no, tiro la taza intentando hacer un gesto de asco. Mierda mierda mierda susurro al ver los pedazos por todo el piso. Realmente amaba esa taza, ¿Por qué la tire? Voy a morir de intoxicación.

– ¿Estas bien? –Se escucha una voz justo detrás de mí. Giro y lo veo, definitivamente no estaba exagerando. Es hermoso, me quedo helada, intento no tener cara de estúpida, pero seguramente la tengo, ya que al verme se forma una sonrisa en su rostro. Que sonrisa tan más hermosa, pero esos ojos, nunca vi unos tan negros. Escucho que repite la pregunta y sacudo mi cabeza para dejar de pensar tonterías.
–Sí, solo encontré un bicho en mi taza. Nada inusual, nada de qué preocuparse –Acomodo mi cabello hacia atrás.
–Entonces, estás diciendo que es normal encontrar bichos en la comida… interesante.
–No no, solo que –Me trabo un momento y después niego – Estoy bien.
–Bueno, me alegro, ahora podré seguir mi búsqueda.
– ¿Búsqueda? Por cierto, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?
–Me perdí un poco buscando el baño, estaba esperando mi turno. Ya sabes, soy paciente de tu Papá.

Realmente estaba deseando que no terminara esa frase. No sabía realmente que decir. Si tenía que mirarlo con compasión o con temor. ¿Por qué justamente él tiene que ser paciente de mi papá? Al fin encuentro a alguien que realmente me interesa y no tiene el mismo rostro rubio y desabrido que la mayoría a mí alrededor. No recuerdo ninguna advertencia de mis padres con respecto a no salir con paciente de mi Padre, pero digamos que eso no era necesario. Sabías que no debías hacer eso. Es como aventarte a un pozo lleno de sanguijuelas. Sabes que eso no te vendrá nada bien, y será muy doloroso. Aunque si recuerdo algo que paso hace tiempo, los pacientes no deben estar en zonas privadas de la casa. Y sin duda creo que esta la es.
–El baño esta por aquí. – me muevo señalando una puerta al fondo.
–Debes observar tu rostro – dice levantado las cejas. –espero al menos hicieras peor gesto al ver al bicho.
–Lo siento. Es solo que no sé dónde tengo la cabeza, y en serio estaba recordando que tengo que hacer algo – Niego tratando de disimular mi nerviosismo.
–Entiendo, no tienes que dar explicaciones, yo iré a donde tenía que ir –avanza hasta el pasillo – por cierto, lindas pecas.

Me quedo un momento sonriendo viendo como entra al baño. Mierda mierda, debí de disimular más mi rostro. Debe de estar cansado de que las personas lo vean así. Subo rápido las escaleras hasta mi cuarto. Cierro la chapa y me recargo en la puerta. Pero ¿Qué diablos me pasa? No debí irme, ser tan grosera. Pude ofrecerle un vaso de agua o algo. Basta, me tiro en la cama tratando de pensar otra cosa y sonrió tocando las pecas de mi cara. ¿Qué tan malo puede ser? ¿Qué tan grave puede estar? ¿Quizá tenga cura? Tan solo tengo que investigar su caso. Su nombre, nunca le pregunte su nombre. Bajo rápido las escaleras buscándolo, pero ya no está.

Realmente es lo mejor, no te puedes tirar a un precipicio por unos ojos lindos. Agacho mi cabeza buscando algún libro. Esa banca es mi favorita para leer así que siempre, dejo cosas tiradas. Lo bueno de vivir en una ciudad chica es que, nadie te roba nada. Puedes tener escondites sin que a nadie le importe una mierda. Agarro un libro que está en el fondo. Química de tercer grado. Por eso es que reprobé la materia el año pasado. Nunca encontré el libro. Rio leve y escucho un portazo. Es él, al verme se sienta junto a mí sin decir nada. Casi oscurece por completo, es justo cuando el cielo está en su mejor toma. Opaco y lleno de sombras.

–Nunca me dijiste tu nombre – rompo el silencio por fin.
–Tú tampoco me dijiste el tuyo. Pero no te preocupes, no me importa saberlo, tú eres pecas. –sonrió negando. –Me caes bien pecas y necesito tomar un café, aun no averiguo donde hacen el mejor así que. ¿Me acompañas? –Asiento con la cabeza, sin siquiera pensarlo.
-Vamos entonces –Se pone de pie, su celular timbra y ve un mensaje. Su mirada cambia por completo, lo guarda casi inmediatamente. –Pecas, cambio de planes. Me tengo que ir.

Apenas había terminado la frase cuando ya estaba caminando lejos de mí. Ni siquiera me había puesto de pie. Niego volviendo a observar el libro de Química.

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#3

Es mejor olvidar todo. Subo rápido a mi cuarto. Por suerte no lo vuelvo a ver y me quito de problemas. Sam avienta una de mis almohadas con toda su fuerza. Casi había olvidado por completo que está aquí.
– ¿En qué estás pensando? Te estoy contando algo importante y estas en las nubes.
–Si estoy poniendo atención, pero tu historia es realmente aburrida. –Rio mientras le regreso el almohadazo. Ni siquiera vale la pena contarle la historia a mi mejor amiga. No quiero ver su expresión al pensar que una linda cara vale más que su enfermedad. Si es que se le puede llamar enfermedad. Si mi padre fuera Oncólogo. Y él estuviera en etapa terminal, pues quizá aun así podría tener una especia de relación con algún paciente. Sabes, el amor puede estar donde quiera. Pero con alguien como él, creo que es mejor no meterme. Empezamos una guerra de almohadas, risas, golpes, para después terminar tiradas en el suelo exhaustas. Ya no tenemos la energía de hace 10 años. Me puse de pie caminando al closet, observando mis prendas. Como cada viernes, tenemos planes. Algún bar donde no te pidan identificación, en un lugar como este nadie te pide identificación. Tomo uno de mis vestidos negros y lo jalo tirando el closet.
–Samanta –digo golpeándola con mi pie. ¿Cómo se puede quedar dormida en el suelo? Niego y aprovecho para ducharme. ¿Desde cuándo mis ojeras se han vuelto tan oscuras? Tallo mis ojos con fuerza, creo que solo es pintura. Me ducho lo más rápido posible, los baños son el momento perfecto para ponerse a pensar y reflexionar pero en momentos como estos. Eso es lo último que quiero. Estoy por terminar el bachillerato. Aun no sé qué hacer con mi vida, seguir los pasos de mi padre o simplemente comenzar a formar mi camino. Pero como se supone que comienzas a caminar si no tienes un rumbo de a dónde ir. Nunca me sentí tan perdida. Quisiera que las respuestas llegaran solas. Que algo pase de repente y sepa que es lo que debo hacer de mi vida. O al menos que pase algo que haga mi vida un poco menos miserable. Salgo del baño y veo a Sam maquillándose.
–Vaya, tu sí que eres rápida.
–No estaba dormida solo fingía, me debes una patada.
–Intenta tocarme piernas de pollo. –Rio tirándome de la cama.
–Mi venganza será épica. Y no te acuestes, nos tenemos que ir ya. Así que comienza a arreglarte.
–Estaba pensando en no arreglarme, no veo para qué. No tengo ánimos de nada.
–Señorita tristeza, no voy a permitir que salgas sin maquillaje. Porque estoy segura que aun así. Todos querrán hablarte. Así al menos, puedo decir que el maquillaje te ayuda. –Dice Sam poniéndose de pie para levantarme. Le hago caso antes de tener alguna discusión estúpida, de que ella también es hermosa. Termino de arreglarme, mandamos algunos textos y media hora después ya estamos en fila para entrar al bar. Casi lo había bloqueado por completo, sin duda había pasado más de dos horas sin pensar en él. Su asunto urgente era esto, interesante. En serio necesito saber su nombre para poder maldecirlo a gusto. Intento no perderlo de vista, pero me es imposible. Pasa toda la fila de personas y entra directo. ¿Quién es para hacer eso? ¿Qué no se supone que es nuevo en la ciudad? Niego frunciendo el ceño. Después de unos minutos logramos pasar. Lo busco con la mirada sonriendo para disimular que no he prestado atención a la plática sobre los chicos de la escuela que apenas y reconozco sus nombres. Mi corazón late más fuerte, es señal de nerviosismo. No sé qué fue más rápido si mi vista al verlo, o mis nervios al volverme más estúpida. Elijo una mesa cercana a la barra, donde esta él. Pegado a una cerveza de la cual no logro reconocer la marca. Tengo que hablarle, digo sin dejar de mirarlo.

– ¿Quién es él? –Dice Sam con su voz coqueta.
–Ni se te ocurra, lo vi primero. –Grito girando rápidamente. Ella y Andrea estaban mirando a un chico de cabello castaño que acababa de entrar.
–Tu ni siquiera estabas viéndolo, yo lo pido primero –Dice Andrea.
–Era broma, pueden quedárselo –Regreso la mirada a la barra y ya no está ahí. Muevo mi cabeza buscándolo.
–Si buscas al chico que has estado viendo como tonta, está parado justo ahí. Y te recomiendo ir a hablarle ya, antes de que alguien más lo haga. –dice Sam.
–Yo no estaba viendo a nad… -Ni siquiera me dejo continuar la frase, ella era Sam seguro se había percatado de todo.
–Es muy sexy, si tú no vas, lo pido yo. –dijo Andrea, odiaba que hablaran de las personas como si fueran objetos. En la escuela siempre poníamos reglas de que es lo y que es tuyo, aunque fueran personas que sabíamos que ni siquiera les hablaríamos. Pero en este caso, prefería que el fuera de mi propiedad, así ellas se pueden quedar lejos de él. Se escucharía bien que dijera que lo hago porque ellas estén a salvo, pero en realidad. Si alguien tiene que sufrir, prefiero ser yo. Me pongo de pie y camino hacia él.
–Cambiaste el café por la cerveza. –digo poniéndome enfrente de ti.
–Disculpa, ¿te conozco? –Dice bebiendo un trago. Por supuesto que no me conoce. Como pensé que podía recordarme.
–Lo siento, creo que te confundí. –Me doy la vuelta para volver con las chicas, por supuesto que no podría confundirlo nunca. Me toma por el hombro y me gira.
–Estaba bromeando pecas. ¿Qué haces aquí? ¿Tu padre te deja salir a estos lugares?

Levanto la ceja molesta, se supone que es divertido negar a alguien. Es normal tener ese absurdo sentido de humor. Es mejor que me vaya, le diré a las chicas que tiene novia y listo. Quizá es bueno que me recuerde, quizá no es tan grave lo que tenga. Mejor me voy, antes de que pudiera decir algo alzo su mano hacia mí.

–Mi nombre es Samuel. –Sonrió tomando su mano.

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#4

Después de hablar un rato con él. Es tan sencillo olvidar que está loco. Pero, seguro que lo está. Mi Padre no es cualquier psiquiatra, recuerdo haber escuchado miles de veces, tu papá trabaja con los malos, esos que podrían estar detrás de cualquier pantalla grande protagonizando un villano. No toma casos sencillos, si es que en trastornos mentales existe esa palabra. Pero sus colegas, algunos de ellos tratan señoras que su mayor preocupación es creer que tienen depresión, la mayoría solo lo hace por moda y no les importa pagar una cara consulta por 40 minutos de desahogo. Mi padre trata los peores casos, durante muchos años estuvo trabajando en el psiquiátrico. Algunas veces, aun va, pero hace años que lleva una investigación en casa. Por más que he querido saber todo respecto a sus estudios, no es algo que se hable a la hora de la comida, o los domingos familiares. ¿Qué tan loco estará Samuel? Sé que entre sus pacientes hay casos de esquizofrenia, trastornos de personalidad y bueno hay alguno que otro psicópata. Paso saliva al pensar este último. Tengo que tener bien claro algo, mantener mi corazón cerrado, como ha estado todo este tiempo, al menos mientras este con él. Querer a alguien que es incapaz de sentir, no debe ser la mejor manera de enamorarse por primera vez. Aunque vamos, ni siquiera sé que tiene Samuel. Es mejor que me deje de estupideces y tan solo termine mi tercer mojito. ¿O quinto mojito? No recuerdo bien.
La noche fue estupenda, hace tiempo que no me divertía tanto en ese bar que parecía ser igual todos los días. Me divertí como si lo hubiera conocido esa noche. ¿Quién soy yo para juzgar a alguien por algo que creo? Ojala me hubiera besado, ojala no me hubiera tenido que venir a mi casa. Es de las personas que te hacen sentir segura. Solo por el hecho de estar cerca de ti. Quizá sea por su físico. No creo que ninguno de los chicos de mi clase se atreviera a iniciar una pelea con él, aunque son tan estúpidos que mejor no digo nada. Tenía tantas ganas de saber que se siente sonreír por recordar a alguien. Debo dejar de ser egoísta, ¿Por qué estamos acostumbrados a amar solo cuando sabemos que vamos a ser correspondidos? También está bien sentir, cuando todo indica que la historia no tendrá final feliz. Las novelas tristes, siempre son mis favoritas.

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#5

Avanzo rápido por el pasillo, no recuerdo que los cuadros de la pared estuvieran tan altos, ahora que pongo atención todo se ve más grande. ¿Dónde está mi Mamá? Entro a su habitación y esta vacía. ¿Qué está pasando? ¿Mamá? Corro bajando las escaleras, tallo mis ojos. Todo parece más nublado cada vez. ¿Se ha hecho de noche? MAMÁ grito corriendo por la casa. Me paro de pronto cuando lo veo. No puede estar pasando de nuevo, un señor grande con cabello largo y que claramente no se ha duchado en semanas. La princesa busca a su mami, dice el señor sacando un enorme cuchillo lleno de sangre. Mi boca quiere gritar, lo intento con todas mis fuerzas pero el sonido está atrapado. Corro rápido por toda la casa, buscando alguna salida. ¿Dónde estoy? Entro a una habitación donde hay muchos señores altos de bata blanca, rodeando una camilla. No hay nada que hacer, dice uno de ellos. Ella está del otro lado, me acerco pasando desapercibida y veo a la persona de la camilla, ella era… mi madre. Con su cabello rizado y las mejillas rosadas. Los ojos se me llenan de lágrimas, está muerta, está muerta. Uno de los doctores me agarra fuerte de los brazos. No está muerta, ella vivirá por siempre. Intento tallar mis ojos y es cuando reconozco el rostro. Papá, me estas lastimando. Tú también lo harás, vivirás por siempre. Me jalan hasta la camilla, es tiempo de tu operación. ¡NO! grito y me despierto de golpe.
¿Estás bien pecas? Prendo la luz de la lámpara y lo veo sentado en mi cama. Samuel, ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? Me ve sonriendo, había en él algo que no me gustaba para nada. Sal de aquí por favor. Sonríe sacando un cuchillo ensangrentado. Sin prisas, vine a jugar un momento princesa.

Abro los ojos y pongo la mano en el pecho tratando de calmar mi respiración. Estoy sudada, veo atentamente cada rincón de mi habitación, todo está normal. Los cajones de los muebles abiertos, mis zapatos regados por el piso. Solo fue una pesadilla, tienes que calmarte. Los ojos se me llenan de lágrimas al recordar partes borrosas del sueño, mejor dicho, al recordarla a ella. La muerte de mi madre es algo que no creo superar. Después de un rato de estar pensando, me levanto y hundo mi cuerpo en la tina con agua caliente. Samuel, susurro para mí. ¿Por qué salió en mi sueño? Me pongo de pie rápido, me pongo un vestido que veo tirado y bajo hasta el consultorio. El sábado estoy sola hasta noche, así que no tengo problema con revisar algunos detalles. No me voy a entrometer mucho en asuntos que no me interesan, tan solo quiero saber si es capaz de asesinarme a sangre fría o si sus gustos son más metódicos. Algo que me quite la culpa por querer llamarlo. Me siento frente al escritorio y comienzo a hojear las carpetas que están sobre este. Nada que me ayude, intento abrir uno de los cajones y esta con llave. Tomo la agenda y me fijo en la fecha. Listo, Samuel García, paciente número 67. Ahora donde están los expedientes, abro un cajón que esta sin llave y saco todo, basura, todo es basura, nada habla de él. Doy una patada al cajón y la chapa se mueve. Mi padre siempre comprando cosas en oferta, doy una segunda patada y se abre. Sonrió metiendo la cabeza en el cajón. Esperaba un montón de carpetas beige, pero solo hay un libro, de pasta gruesa y al parecer de más de mil hojas. Lo tomo con cuidado, quejándome de lo pesado que esta. Abro la primer página, “El más allá” Dice en letras manuscritas.

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#6

Un escalofrió recorre mi cuerpo. Hojeo algunas páginas y no logro entender mucho, cierro el libro de golpe al ver dibujos extraños. Dije que no me metería en nada que no me importe. Cierro el cajón intentando dejarlo como lo encontré. Golpeo mi cabeza en el escritorio para calmar mi desesperación y despejar mi mente. O bien, para matar alguna que otra neurona alborotada. Tomo una libreta que está en el suelo con garabatos. Esto es, busco la fecha y ahí está. Desearía haber aprendido a traducir la letra de mi papá, apenas logro entender algunos garabatos. Alucinaciones, hermana, venganza, ¿peligroso? Candidato.

¿En serio Padre? Podrías tener informes más limpios y completos. Dale, ahora sé a quién herede dibujar tonterías en mi cuaderno. Dijo tratando de identificar los dibujos alrededor de las letras. Me espanto al escuchar el timbre, no era el timbre de la casa, era de la oficina. No creo que deba abrir. Tocan la puerta más fuerte, me pongo de pie torpemente tirando unas cuentas carpetas. Mierda, susurro mientras camino hacia la puerta.
–Samuel –digo en cuanto abro la puerta–. ¿Qué haces aquí?
–Busco a tu Papá, creo que olvide algo en su consultorio. –Se notaba nervioso.
–Él no trabaja los sábados, no está. –Cierro la puerta detrás de mí, lo último que quiero es que sospeche que lo estoy investigando.
–Entonces puedo entrar a buscarlo –dice inclinándose un poco para ver por el borde de la puerta que quedo abierta–. ¿Qué estabas haciendo ahí?
–Tarea, limpieza, ese tipo de cosas. –sonríe sin dejar de mirarme, me pongo nerviosa al sentir su mirada. No recordaba que sus ojos fueran tan claros. Es más, sus ojos eran negros. – ¿Por qué tus ojos son azules? Juraba que eran negros.
–Nunca jures algo que no sea sobre ti, que es de lo único que puedes estar seguro –se relame los labios sin dejar de mirarme–. Entonces, vas a pasarte todo el día viéndome o me vas a invitar a pasar.
–Mi papá me mataría, no puedes entrar ahí sin él, además yo no vi nada que no fuera lo normal, quizá dejaste eso en otro lugar –digo nerviosa.
– ¿Qué hacías realmente ahí Olivia? –dice con un semblante diferente–. Si quieres saber algo de mí, solo pregúntalo. No me digas que eres de esas chicas que complica todo. Eres muy bonita, para ser de esas –dice sonriendo.
–En serio no puedes pasar, la verdad es que ni yo puedo hacerlo.
–Entremos y te ayudo a dejar todo como antes –susurra tomando mi mano. Sé muy bien lo que intenta hacer, distraerme para entrar. ¿Qué busca?
–Buen intento –digo riendo–. Pasemos a mi casa, tengo café.
Me sonrió sin decir nada, y entramos por la puerta principal. Sin duda también tendré problemas por meterlo aquí, pero son menos problemas que al consultorio. A su lado siento una especie de nerviosismo, pero no del malo. No de ese que te hace no querer comer, que te arruga el estómago formándole un nudo. Es de esos nervios que te crean un agujero negro, donde sabes que algo pasa, no conoces lo profundo que puede llegar a ser, pero no te molesta. No molesta sentirse pequeña o grande, porque en la oscuridad, todos somos iguales, todos estamos seguros. La cocina se impregna del olor a café, saque un par de pastelillos y lo pongo en la mesa de la sala. Había estado callado la mayor parte del tiempo. No sabía si debía preguntarle sobre porque va a al psiquiátrico, son cosas que no se preguntan, así porque sí. Una pregunta te la contesta cualquiera, pero compartir algo por el deseo de hacerlo, eso no todo.
– ¿Tienes hermanos? –me pregunto dejando el café en la mesa.
–Uno, mayor. Casi no lo veo, viene unas cuentas veces –suspiro recordando las notas de la agenda.
–Yo tenía una hermana, murió hace poco. Por eso veo a tu padre –dice bajando la mirada.
Me acerco más a él, apoyando mi mano sobre la suya. ¿Qué se supone que se dice? ¿Qué se hace?
–Tranquilo –susurro acariciando su mano.
–Solo quiero que entiendas –dice levantando su rostro hacia mí.
–No Samuel, yo no tengo nada que entender. Yo solo quiero estar cerca de ti. En su momento me hablarás de lo que quieras, no te estoy juzgando.
–No entiendes, tu padre… –lo interrumpo poniendo mi dedo en sus labios.
–Todo estará bien –susurro y sin pensarlo, lo beso lentamente.

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#7

Me perdí en el beso, simplemente no pude evitar verlo tan frágil, quizá debí dejarlo continuar la historia, saber un poco más. Entender, ¿Por qué en las notas esta la palabra venganza? Se tratará solo de un caso sencillo, mataron a su hermana, el siente rencor, etc. Algo no va bien, no es de los casos que mi Padre trata. Es difícil pensar cuando tengo esa sonrisa tan cerca. Lo mejor de todo, será que me olvide del tema y saque mis propias conclusiones, descubriendo lo que piensa, lo que le gusta, sus manías, su manera de besar.

– ¿Fue muy inoportuno el besarte? –sonrió viéndolo–. Lo siento, pero, es tu culpa.
– ¿Mi culpa?
–Culpa de tus labios –digo sonrojándome–. Ni siquiera sé si tú querías, en serio lo siento.
– ¿Es broma cierto? Yo quería besarte desde el primer momento que te vi. Solo, ya sabes. Necesitaba crear tensión y que te aventaras a mí, así justo como lo hiciste.
–Estas diciendo que soy parte de tu plan
–Estas muy por afuera de mi plan –dice negando y se acerca para besarme de nuevo.
Se perfectamente que apenas y lo conozco, pero también sé muy bien que he pasado muchos años de mi vida esperando que alguien pudiera atraerme tanto como él lo hace. Perderme en su mirada, querer que me conozca por completo, y no dejar de sonreír cada que pienso en él.
–Vámonos de aquí, vamos a comer algo fuera –digo poniéndome de pie.
– ¿Segura que quieres salir así? –dice mirándome. Que estúpida, apenas y me di cuenta, que nunca me quite la bata de dormir. Me intento cubrir el pecho, mientras siento como la cara se me calienta, como si hubiera entrada a una cama de sauna.
–No, no, claro que no voy a ir así, iré a cambiarme. –Me doy la vuelta para subir a mi habitación y sonrió al regresar hacia él. –Ven, tú vienes conmigo.
Había algo diferente en su semblante, como si se hubiera derrumbado una capa de cemento dentro de él. O al menos, así lo comienzo a ver yo.
– ¿El doctor sabe que te gusta meter pacientes a tu dormitorio? –dice acostado en la cama, sin apartar la vista de uno de los libros que tengo en mi buro.
– ¿En serio? Me vas a ver como la hija del doctor –digo mientras me acerco a él, aun con el cepillo en la mano y ya cambiada–. Es como si yo te viera solamente como su paciente.
–Pues eso es lo que soy, y sí, quiero que me veas como al paciente de tu Papá –dice mirándome fijamente con el ceño fruncido.
–Tú no eres solo un paciente, es como si a las personas con cáncer las definieras por su enfermedad, ellas no son cáncer, ellas no son pacientes, son personas con gustos, con una vida a parte del cáncer –intento acercarme a él, pero se pone de pie alterado.
–Sí, ellas son personas distintas, tuvieron su vida y después vino el cáncer. Yo no, yo nací con esto, yo no he conocido otro tipo de vida, así que este soy yo, un paciente.
Me quede observándolo un momento, ¿Por qué luce tan furioso?
–Samuel, ¿Qué es lo que tienes? ¿Por qué vienes al psiquiatra?
–Psiquiatra. –Repite enseguida de mí, negando con la cabeza, como si esas palabras le parecieran mayores, como si no las hubiera aceptado aun–. No averiguaste suficiente de mí, no te ha dicho nada tu padre.
–No sé nada sobre tu terapia, no investigue nada, créeme. Pero no es algo que me importe, yo solo quiero conocerte y que me conozcas.
–Realmente no sabes nada, vives en un mundo de cristal, tu padre sí que sabe cómo ocultar secretos.
– ¿De que estas hablando Samuel? –Pregunto caminando por la habitación.
–No es a mí al que tienes que hacerles preguntas, es a él –aumenta el tono de voz–. Solo te diré que no confíes.
–Entiendo, me estás diciendo que no confié en la persona que conozco desde toda mi vida, en mi padre, quien me crio, quien me cuida, quien es todo lo que tengo. Perfecto Samuel, ¿Qué esperas que pase ahora? Que te crea a ti, y odie a mi padre por motivos que ni siquiera eres capaz de decirme, realmente estas muy mal –digo negando.
–Solo te digo que abras tu mente, observes cosas que quizá nunca habías notado. Como puedes vivir con alguien que no conoces.
–Tú como sabes que no lo conozco.
–Confía en mi Olivia –dice acercándose a mí.
–Como me pides que desconfié de mi Papá y confié en un loc... –Me arrepentí justo en el momento en que lo dije, no había logrado terminar la palabra pero al ver su expresión, él había captado perfectamente lo que quise decir. Estaba enojada y confundida, no lo pensé–. No quise decir eso –dijo intentando tomar su mano pero se aparta de inmediato.
–Lo dijiste. –Su mirada era de decepción y coraje, como si la palabra loco fuera lo peor que alguien pudiera decirle. Y en cierto modo, lo es. Yo sé perfectamente que no es un término correcto, que nunca debes decirle eso a alguien con problemas, pero esta hablando mal de mi padre. Está haciendo que dude de todo lo que es real.
–No quise decir eso. –Tomo su mano atrayéndolo hacia a mí y este se aparte caminando a la puerta–. No te vayas, déjame explicarte.
–Esto es una tontería, tú, yo. Solo olvida que vine hoy y que nos conocemos. Todo es más sencillo así –dice saliendo de la habitación y bajando rápidamente las escaleras.

Soy una estúpida, susurro despacio mientras se escucha un portazo. ¿Por qué tengo que tener mi boca tan suelta? No debí dejar que se fuera, iba tan furioso. Quisiera no haber visto su rostro al escucharme, por un momento, sus ojos volvieron a ser negros, no como la primera vez que lo vi. Era un negro opaco, lleno de desesperación. No puedo dejar esto así, me pongo de pie y bajo rápido las escaleras, tomo las llaves y cierro la puerta fuerte. Camino rápido tratando de buscarlo, mordiéndome las uñas y tocando mi cabello de una manera desesperada. Él tiene razón, ni siquiera conozco del todo a mi padre, somos tan cerrados con respecto a todo. Que hablamos de cosas comunes, sin profundidad alguna. No dudaría que pudiera ocultarme cosas, pero nunca ha sido algo que me importe mucho. Él su vida, yo la mía, y por supuesto, mi hermano la suya, que de esa vida sí que no se nada. Debí dejar que me explicará, camino por un rato. El sol ha bajado y en un momento más se hará de noche. Dudo mucho que lo encuentre, ojala supiera donde vive. El fuerte aire me recuerda que tengo que respirar, tanto como las hojas en el suelo me recuerdan que el otoño ha llegado. Me dirijo hacia el parque, y a lo lejos lo veo. Sentado en una banca dándole la espalda a la pista de bicicletas que recién han construido en ese espacio donde no había nada. Suspiro aliviada, como si su vida fuera mi responsabilidad, y me siento justo a su lado. Esperando que no se levante de ahí. Sin saber que decir, solo quiero que sepa que todo estará bien. Pongo mi mano sobre la suya, tratando de controlar los latidos de mi corazón. Para así poder decir algo centrado.
–Lo siento, no debí decir eso –susurro despacio.
–No me fui por eso –dice aun sin mirarme.
– ¿Entonces?
–Me fui porque estaba molesto, y no quería que me vieras así –gira su rostro hacia mí, se había calmado por completo. Volvía a ser él.
–No me importa verte molesto, quiero hacerlo, verte molesto, feliz, angustiado, emocionado, triste, quiero verte de todas las formas posibles –digo sonriendo como reflejo de su sonrisa–. No tengo miedo de nada, quiero saber el resto de la historia. Quiero escuchar todo lo que tengas que decir de mi padre.
–No deberías tener esas pecas tan lindas, no me hacen pensar bien. –toma mi cabello apartándolo de mi rostro y sonríe–. Hablaremos de eso otro día, por hoy fue suficiente.
– ¿Lo prometes?
–Claro, pecas, eso significaría que tengo que verte otra vez. –Sonrió recargando mi cabeza en su hombro, poniendo mi vista en el atardecer. El cielo estaba completamente pintado con tonos rojizos. Nunca me había sentido tan cálida.

Hace más de 3 años

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#8

Llegue a casa un poco más tarde, mi padre ni siquiera se dio cuenta que estaba fuera, había un plato de comida china en la mesa. Lo devoré por completo y fui a la cama, sin pesadillas, sin molestia alguna, simplemente con una sonrisa. No supe nada de Samuel en todo el domingo, no supe del mundo entero el domingo. Recordé que tenía exámenes gracias a los mil mensajes de Sam que tenía en mi celular. Había olvidado por completo que existía ese aparato, hacía meses que nos salía sin mi celular. Pero con él, ni siquiera lo necesitaba. No había nada que quisiera revisar que fuera más importante que él. Apenas y logre concentrarme en mi examen de hoy, si no fuera porque estudie todo el día. Seguro que sacaba un completo y desesperado cero. Pero es que realmente quiero saber de Samuel. Ya es miércoles y nada, tampoco es que pueda preguntarle a mi Papá sobre sus datos personales, quiero evitarme a toda costa una plática sobreprotectora y no puedo meterme a la oficina, ya que él apenas y ha salido de ahí. Escucho un fuerte ruido, bajo el volumen de la televisión para escuchar mejor. Salgo despacio de mi cuarto escuchando voces a un tono muy fuerte, aumento la velocidad de mis pasos cuando escucho como si muchos cristales se rompieran. No veo a nadie en la sala, la cocina también está vacía, corro hasta el consultorio y abro la puerta de golpe. Todo está tirado, me quedo con la boca abierta al ver como mi padre le da una cachetada a Samuel. Este voltea a verme con los ojos rojos, llenos de furia, me pasa por un lado como si no me conociera, rosando mi hombro con el suyo. Entro a la habitación y veo los libros en el suelo, los cuadros tirados, excepto uno, el mío con mi madre aquel día que fuimos a la cabaña del abuelo.
–A veces pasa esto cariño, no te preocupes, yo estoy bien. –Lo veo hundirse en el sillón, mientras se desabrocha la corbata. Lo he visto más preocupado otras veces. Niego viéndolo y me doy la vuelta detrás de Samuel. Escucho levemente como mi papá grita algo, pero cierro la puerta de golpe. Aún está ahí, metido en un auto rojo intentando arrancarlo. Sin pensarlo me subo del lado del copiloto, sus ojos se tranquilizan cuando me ve como cuando un adolescente en problemas encuentra consuelo en su madre.
–Arranca –susurro poniendo mi mano en su pierna.
Avanzamos unos minutos en silencio. Algo en mi cabeza no estaba bien, como si fuera a explotar de tanto dolor, de tanto pensar. Seguimos sin soltar una palabra, las respuestas que puedan tener mis preguntas me asustan. Después de un momento detiene el auto en una calle cualquiera, a las afueras de la ciudad, donde a lo lejos todo se ve pequeño, sin vida. Me bajo del coche para tomar aire y me siento recargándome en el coche, Samuel hace lo mismo pero se sienta completamente en él.
–Ahora si es momento de que me cuentes toda la verdad –suelto por fin.
–Toda la verdad, es demasiado para un día. –Me abraza por detrás.
– ¿Qué pasó en el consultorio? –digo seria.
–El doctor tiene algo que me pertenece, y no quiere regresarlo.
–Todo esto fue por aquello que perdiste y querías buscar aquel día.
–Sí, pero no lo perdí yo, eso que tiene era de mi hermana.
– ¿De tu hermana? ¿Cómo es que tiene algo de tu hermana? ¿De qué se trata?
–Esto. –Saca su celular y me muestra una foto. Un despampanante collar, los bordos plateados y una gran gema roja en el centro. Sin duda recordaría haber visto eso antes. Es precioso, se ve demasiado antiguo como para que fuera de una niña–. ¿Lo has visto antes?
–No –niego inmediatamente–. Lo recordaría si fuera así. ¿Por qué crees que mi papá lo tiene?
–Mi hermana era su paciente. –lo veo esperando que continúe la historia, que me diga más. Pero parece que las palabras le cuestan, le raspan la garganta, le quitan vida.
–Confió en ti Samuel, solo necesito entender.
–Prometieron ayudarla, mi madre confió en ellos así que acepto el tratamiento. –La voz se le cortaba.
– ¿Cómo murió?
–Murió en cirugía, al menos, eso nos dijeron.
–Seguro que ellos hicieron todo lo posible por salvarla.
–No entiendes Olivia, ella no necesitaba la cirugía, ella estaba bien. Ellos la mataron, ellos querían investigarla, la torturaron, y yo no pude hacer nada para salvarla.
–Cuando dices ellos, te refieres a…
–Sí, me refiero a tu padre.
Siento que me desvanezco, como si no quedará fuerza alguna en mi cuerpo. Era solo una niña, ¿Cómo pudieron? Las lágrimas rozan mi mejilla y las limpio de inmediato. Quien soy yo para robarle su dolor, para llorar sus lágrimas.
–Lo siento Olivia, siento decirte todo esto, lo menos que quiero es que tu sufras. – Me abraza con fuerza y mis lágrimas salen de nuevo, haciendo caminos por todo mi rostro, yo debería de consolarlo a él. Mi padre es un monstruo acaso. ¿Con quién vivo?
–Necesito ese collar Olivia, es lo único que me queda de ella.
–Yo me encargaré de eso, y cuando lo encuentre me iré.
– ¿De que estas hablando?
–No pensarás que voy a seguir viviendo en una casa de mentiras, donde el jefe es capaz de cualquier cosa, me rehusó a quedarme callada y seguir como si nada hubiera pasado.
–Eso es exactamente lo que tienes que hacer.
–Tú no puedes pedirme eso, ¿Por qué lo haría?
–Estas del lado de los fuertes Olivia, estas donde puedes estar segura, nada malo te va a pasar si sigues como siempre, además eres menor de edad, no vas a desperdiciar todo lo que puedes tener.
–En unos días cumplo los dieciocho –digo soltando una pequeña sonrisa de lado.
–No importa eso, no me perdonaría si algo te pasará –me abraza fuertemente, casi desesperado.
– ¿Qué mal me podría pasar?
–Ellos son capaz de todo, y creo que yo también –se baja del cofre y hago lo mismo.
–Yo tampoco quiero que te pase nada malo –digo mientras lo abrazo con fuerza. Puedo vivir eternamente en su aroma, en su abrazo, mi respiración se siente más real cuando toco su piel.
–Prométeme que no tocaras el tema con tu padre –susurra.
–Está bien –susurro sin creerme del todo las palabras, de cualquier manera nunca he sido buena cumpliendo promesas–. Debes de prometerme tú también que me contarás el resto de la historia, sé que esto no es todo.
–Cuando estés preparada sabrás todo. –Se acerca a mí, poniendo su mano en mi cintura y me besa, suavemente, disfrutando cada movimiento y de repente todo deja de importar, de doler, por unos segundos, o minutos, quizá horas, el tiempo se detiene por completo.

Llego a mi casa, la mayoría de las luces están apagadas. Estoy a punto de subir a mi habitación cuando lo veo, sentado con el reflejo de una pequeña lámpara. Deja el libro que tiene en la mano y me indica que me acerque. No puedo verlo como antes, no puedo quedarme callada, al menos tengo que saber porque permitió tal injusticia.
– ¿Cómo pudiste? –grito acercándome a él.
–Solo fue una cachetada.
–No mientas más, lo sé todo, ¿Cómo pudiste hacerle eso a una niña? Era una pequeña, y tú la mataste, le quitaste la vida. ¿Qué pudo ser más importante que su vida? ¡Respóndeme! –Lo mire con coraje, pero aguantando las lágrimas, soportando el dolor de hablar con un nudo en la garganta.
–Pensé que te había criado mejor, no pensé que fueras tan estúpida. Una cara bonita, un par de mentiras y olvidas quien es tu familia. –Me quedo helada, él nunca me había hablado así, menos con ese tono–. Él es mi paciente, cualquier niño podría deducir que está enfermo, tiene problemas mentales.
–No te justifiques con eso padre.
–Yo no mate a su hermana, él no tiene una hermana Olivia, es hijo único, esa hermana por la que llora no existe, puede tu diminuto cerebro entender eso. –Las piernas me tiemblan así que con cuidado me siento en la alfombra–. Tiene un trastorno de personalidad, su mente creo a una gemela que jamás existió. Yo trato de ayudarlo a que acepte la realidad, a descubrir que hay detrás de todo.
Se puso de pie furioso. –Espero que no haga falta que te aclare que estas castigada.
Me recosté en la alfombra, temblando y sin esperanza de dejar de llorar en toda la noche. Nunca estuve tan confundida, muchas veces me sentí estúpida, pero nada como hoy.

Hace más de 3 años

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#9

No recuerdo en que momento de la noche me subí a mi habitación, tampoco recuerdo en que momento el sueño se apodero de mí. De lo que si estoy segura es de que necesito un justificante para las primeras dos clases. Apenas y llego a la tercera. Recojo mi cabello en una coleta pero segundos después lo suelto, la cabeza me duele tanto, que no logro soportar el peso de la liga. El espejo no miente, pase una de las peores noches de mi vida. El contorno de mis ojos aun esta rojo e hinchado, no me había dado cuenta lo mucho que me ha crecido el cabello, las ondas doradas me llegan hasta el pecho, después de aquel corte desastroso que me hice a mí misma, mi cabello parece en mi mejor etapa. Ni siquiera el delineador negro logra quitar el rastro de que llore toda la noche, pero al menos lo disimula un poco. No quiero ver la cara de mi padre, no puedo, después de haberlo juzgado por un acto tan cruel. Soy la peor de las hijas y sé que él debe estar muy avergonzado de mí. Eso me afecta, pero no es lo que más me duele. Me afecta Samuel, no sé cómo sentirme respecto a él, no puedo estar furiosa, porque en su mente, todo lo que me dijo es cierto. En su mente, la realidad es otra. ¿Cómo juzgarlo? ¿Cómo no sentirme devastada por él? ¿Cómo decirle que mi vida no es una mentira, la de él lo es? Me recuesto en mi cama respirando varias veces sin conseguir el suficiente aire. Tengo que decidir que hacer, alejarme de Samuel no es una opción. Es ridículo, nos hemos visto pocas veces, pero no quiero vivir sin él. Quiero ayudarlo, yo sé que puedo hacerlo. Pero no puedo evitar sentir un nerviosismo que avanza desde mis pies hasta el último de mis cabellos. Las palabras de mi papá revotan en mi cabeza, soy una estúpida. ¿Y si Samuel me está mintiendo? Si sabe perfectamente que nada de eso es real y solo quiere jugar conmigo. Eso sería una crueldad, pero el mundo está lleno de ese tipo de maldad. Y me odio por sentirme culpable de sospechar de él. Y me odio más por sentir todo esto por él. Me odio por no poder ayudarlo, por no saber qué hacer. Solo quiero gritar, si está jugando conmigo no creo poder soportar eso. No creo soportar enamorarme de alguien que no sienta lo mismo por mí. Pero como se puede juzgar y dudar de alguien tan jodidamente tierno, como fingir la protección que me da al abrazarme. Limpio mis ojos que se llenaron de lágrimas de nuevo y tomo mi mochila saliendo hacia la escuela.

Sam me llena de besos al encontrarme, nunca he comprendido su euforia al saludarme, pero no es algo que moleste, viniendo de ella, nada puede molestarme. No pregunta nada sobre mis ojos, que sin duda ella lo nota. A veces, en temporadas precisas del año me pongo un poco mal por mi madre, por tener tan pocos recuerdos sobre ella. Supongo que Samanta se acostumbró a mis momentos. Las horas se pasaban más rápido de lo normal, justo hoy, que lo último que quiero es regresar a mi casa. La hora de la salida llego, invité a Sam a mi casa, así mi padre al menos no podrá sacar el tema, espero que no lo haga. Bajo las escaleras del instinto, sonriendo por las tonterías de mis amigos. ¿Cómo pueden hacerme reír tanto?

–Auch. –Me quejo al sentir que Sam me jala del cabello.
–No lo vas a creer –dice emocionada.
–Deja de hacer escándalo por todo.
–Olivia, te prometo que esto merece el escándalo. –Me gira setenta grados y lo veo, parado justo debajo de los escalones con una rosa roja en las manos. Camino hacia él sonriendo.
–Hola
–Hola –dice estirando la flor hacia mí. Decidí callarme todo, en ese momento supe que es mejor que piense que guarde mi promesa. Una de las cosas que más odio son las mentiras, pero no haré nada que pare esto. No haré nada que pueda dañarlo. Lo veo sonriendo, como si no existieran palabras, como si pudiéramos comunicarnos sin hablar. Lo abrazo fuerte, hundiendo mi cuerpo en el suyo. En seguida escuche un grito de emoción, se claramente de dónde provino. Me separo de Samuel solo para girarme a ver a mis amigas, estaban ahí, paradas, emocionadas por verme con alguien, como si fuera un total espectáculo.
–Lo siento por eso –digo rodando los ojos.
–Démosles un mejor show –susurra sin dejar de ver mis labios y me besa. Esta vez es un beso distinto, no es para nada lento ni delicado.
–Me encantas –susurro cuando tomo un poco de aire. No puedo dejar de verlo, sus ojos, sus ropas grises y tristes. ¿Cómo diablos podía no enamorarme de él? Si voy a tener un corazón roto, sin dudarlo un segundo quiero que él lo despedace. Porque comienzo a creer que antes lo tenía apagado, él lo encendió, puede hacer que arda si quiere.

–No solo vine a traerte la rosa. –dice mirándome, nos habíamos sentado en las escaleras, después de espantar a mis amigas para que me dejaran en paz. Solo quedo Samanta, que no podía llegar a mi casa sin mí. Aunque veo que no le molesta mucho esperarme. Volteo de reojo y la veo sentada con uno de los dos chicos que están de intercambio.
–Entonces ¿A qué viniste?
–Quiero que tengamos una cita.

Hace más de 3 años

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