Z634
Rango10 Nivel 49 (5697 ptos) | Fichaje editorial
#1

Todo comenzó a finales del 2015, las noticias en varias partes del mundo dieron a conocer la propagación de un virus conocido como Zika: los que la contraían, sufrían dolor muscular y fiebre por días. El mosquito tigre había emigrado desde Asia y había comenzado a cobrar víctimas en distintas partes de América latina: Colombia, Brasil, Panamá y México, por mencionar algunos...

La economía mundial comenzó a desplomarse: las calles comenzaron a despejarse y nadie sabía la verdadera razón. La humanidad comenzó a experimentar un miedo colectivo ocasionado por la falta de información y los precios desorbitantes.

Los medios tenían prohibido dar algún tipo de información.

Fue hasta el mes de mayo que la incertidumbre llegó a su fin. La OMS, en un comunicado mundial, advirtió de un nuevo virus que comenzaba a cobrar vidas. El “Rocsa” o “sangrederoca”, cuyo paciente cero fue un hombre de 26 años originario de Brasil.

La noticia se dió el 13 de mayo, a las 15:30: al concluir el mensaje, todas las telecomunicaciones cayeron y la lucha por la sobrevivencia comenzó.

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CarlosPlata
Rango1 Nivel 4
hace alrededor de 4 años

Otra vez???!!...Quiero más!!!!....que bien escribes prima...me atrapas inmediatamente con tu estilo.

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Jaja gracias n.n que lindo @CarlosPlata
Gracias a tu corazoncito podré continuar :D
Sigo esperando que subas algo... Por cierto


#2

Era un viernes como cualquier otro, las clases transcurrían eternas en los salones, los alumnos miraban el pizarrón ensimismados, sin emitir una palabra. Los profesores explicaban con desgana el tema que correspondía a la clase: incluso ellos estaban deseando que terminara.

Ciudad Universitaria resultaba ser un lugar muy agradable para estudiar: con su amplio terreno, sus altos árboles susurrando al viento, sus imponentes edificios, sus verdes jardines y la más variada población.

Pláticas de todas índoles retumbaban en sus muros: lecciones aprendidas, temas que no se han comprendido, relaciones amorosas, el chismorreo habitual de jóvenes entrados en la veintena, situaciones políticas, económicas y la más común desde que se había regresado de vacaciones: el Zika.

A las afueras del Centro de Ingeniería Avanzada (CIA), de la Facultad de Ingeniería, se hallaba un grupo de estudiantes: eran amigos desde hacía un par de años, habían trabajado juntos en proyectos escolares, llevado las mismas clases y compartido de muchas horas libres.

Aquella tarde no era la excepción. Refugiados de los rayos del sol, charlaban animadamente cinco amigos sobre sus trabajos de titulación, las materias que aún no lograban pasar y sus planes para el futuro. Era un grupo de jóvenes que no tendrían más de veinticuatro años: dos chicas formaban el grupo, una de ellas de baja estatura y cabello largo de ondas suaves y lentes azules, la otra, un tanto más alta, llevaba el cabello sujeto en una alta coleta y lentes negros. El resto del grupo eran chicos: uno paliducho y delgado que vestía de rojo, llevaba gorra del mismo color y usaba lentes de montura cuadrada, otro, el más alto y corpulento de ellos tenía una tez morena y una sonrisa amigable dibujada en el rostro y uno más de estatura promedio, cabello corto y complexión atlética.

Estaban tan sumidos en la conversación que nada los habría preparado para lo que vendría a continuación:

-¿Es la alarma sísmica?-preguntó la mujer de lentes azules mirando a su alrededor.

-No está temblando- aseguró uno de ellos tras ver si alguna lámpara del edifico que tenían a sus espaldas se movía-¿Hoy tocaba simulacro?

-Los simulacros son a las diez de la mañana y a las cinco de la tarde, y son las tres...- pero la voz de ella quedó apagada por un ruido que salió de algún altavoz aparentemente invisible.

-“Se ha detectado una cepa del virus Zika que amenaza a la población mundial: el paciente cero fue un hombre de 26 años, originario de la región norte de Brasil: falleció a la semana después de que se presentaron los síntomas. Se alerta a la población mundial. Se desconocen los orígenes de este nueva cepa, así como los medios de transmisión. Se levanta un periodo de cuarentena mundial: se cancelan vías marítimas, terrestres y aéreas de transporte de personas, alimentos o cualquier tipo de embarcaciones comerciales. Investigadores se encuentran en la búsqueda de alguna cura a este nuevo mal. Se recomienda permanecer en casa y evitar el contacto humano.”

La voz se apagó de súbito, dejando a todos sumidos en una confusión creciente. El único sonido que se escuchaba era el aire al colarse entre los árboles. Todos permanecieron inmóviles tratando de asimilar lo que acababan de escuchar, hasta que un miembro del grupo lanzó un grito que sobresalto a los otros.

-¡No hay señal!-

-Aquí nunca hay señal, ya lo sabes- replicó el más alto del grupo a su amigo de rojo.

-Mi teléfono también está muerto.

-El mío igual.

Los cinco chicos comenzaron a buscar señal desesperados, sin obtener buenos resultados. El revuelo fue en aumento mientras personas de todos los salones salían disparadas hacia la salida del anexo de ingeniería, el conjunto de edificios donde ellos se encontraban. Se alejaron del río de gente refugiándose en el CIA sin atreverse a decir ni una palabra.

-¿Qué demonios está pasando?- escucharon gritar a alguien entre la marea de gente.

Los profesores y administrativos también comenzaron a bajar de los pisos superiores, en calma, con paso firme y un semblante serio. El desconcierto crecía, la tensión era palpable: todos tenían el teléfono en mano, en un intento vano de comunicarse con sus familias. El grupo de amigos que se había refugiado permanecía en silencio, mirando lo que sucedía a su alrededor: habían desistido en su intento por lograr llamar o enviar mensajes a sus familias o amigos, tantos libros, series y películas de zombies les habían enseñado que en esa situación, no habría mucho que pudieran hacer al respecto. Sus mentes trabajan aprisa, tratando de analizar alguna posible salida ¿Era una buena idea tratar de llegar a sus casas? ¿Acaso el metro sería una buena opción para llegar a salvo?

El miedo había ido creciendo paulatinamente desde octubre del año pasado, ya les resultaba difícil llegar a casa debido al decremento en el transporte público que se había provocado debido al Zika, y aunque la gente se negará a admitirlo, incluso evitaban los lugares concurridos para evitar la exposición a cualquier persona enferma. Y ahora... Ahora habían anunciado un virus mortal, casi indetectable igual que el Zika, y no sabían si los mosquitos seguían siendo la única forma de transmisión, eso ponía a todos en un estado de alerta permanente, a niveles de estrés nunca antes visto: a una histeria colectiva, a una lucha por sobrevivir que nadie había pensado tener que enfrentar.

Se escuchaban gritos, llantos y chiflidos de todas partes. Resultaba abrumador. Nadie podía pensar claramente, lo único que deseaban era llegar a casa y estar a salvo con sus familias.

-Tanto desear un Apocalipsis zombie, y ahora estamos en uno.- se lamentó la más baja.

-Estamos preparados para esto, ¿no? Digo, todos hemos pensado que haríamos en esa situación- dijo uno de ellos dejando una de sus pequeñas maletas en el piso -no creo necesitar traje de baño.

-Karla tiene razón... Hemos deseado estar en una situación así de angustiosa, luchando por nuestra vida: puede que no sean zombies, pero sí necesitamos estar atentos para no contraer ese virus.- el chico de rojo coincidía con su amiga y parecía emocionado por la situación.

-Creo que Beto tiene razón, todos habíamos imaginado que una situación así pasaba y como actuaríamos, es más, todos me tachaban de loca cuando les propuse que fijáramos un punto de reunión por si un temblor muy feo tiraba la mitad de la ciudad.- reclamó la otra joven del grupo, dirigiendo una mirada acusadora a sus amigos.

-Son unos frikis- exclamó entre carcajadas el más alto-aunque por primera vez, creo que tengo suerte de estar con ustedes, porque a mí no se me ocurre que hacer.- su voz bonachona hizo sonreír al resto.

-Seguro Mariana quiere conseguir una motosierra.- sugirió Beto refiriéndose a su amiga que minutos antes les había dedicado una mirada incriminatoria.

-Nunca está de más.- dijo con una sonrisa. –pero parece que Fermín es el más emocionado de nosotros.- El chico de gorra roja afirmó con la cabeza, girando hacia el más alto.

-Pablo, ¿tienes la llave del cubículo?

-Sí, ¿para qué las quieres?

-Podemos dejar todo ahí por sí, ya sabes, sobrevivimos y tienen algún valor después.

Intercambiaron una mirada cómplice y se encogieron de hombros caminando en silencio hasta el segundo piso.

El edificio había quedado casi vacío, incluso los de vigilancia habían decidido salir con todos los demás. Sus pasos retumbaron en el eco que provocaban las altas paredes, miraban nerviosos de un lado al otro, buscando a alguna otra persona que permaneciera ahí, pero los blancos y largos pasillos se sentían aterradores, las puertas descuidadamente abiertas, las cerraduras de huella digital estaban desactivadas, papeles regados en el piso: era como si todos hubieran salidos en una estampida tirando todo lo que había a su paso.

Llegaron al cubículo 21 del segundo piso, la llave hizo un ruido metálico que les provocó un escalofrío. Entraron y fueron vaciando sus mochilas dejando sus libros y libretas en el escritorio.

-Suerte que es viernes y no traemos tantas cosas.- dijo Fermín mirando los pequeños montones de cosas que había sobre el escritorio.

-Llevaré una libreta y pluma, siempre pueden hacernos falta- dijo Mariana guardando una pequeña libreta azul y las dos plumas que parecían tener más tinta.

-¿Podemos tomar las botellas de agua?- preguntó Beto señalando un paquete de agua que descansaba debajo del escritorio. Pablo se encogió de hombros y comenzó a repartirlas.

Salieron al pasillo y el mismo ruido metálico anunció que la puerta permanecería cerrada hasta que regresarán por ella.

Al llegar a la planta baja, se sorprendieron al descubrir que, a simple vista, el anexo se veía vacío.

-Sea lo que sea que hagamos, debemos permanecer juntos.

-Y necesitamos comida, el camino a nuestras casas es largo.

-No sé si sea una buena idea ir a nuestras casas en esta situación. Estamos muy lejos.

-Podemos ir a mi casa, con suerte llegamos en una hora caminando, tal vez un poco más.

Todos aplaudieron la idea de Fermín, y salieron del edificio con sus mochilas al hombro. No sabían que les esperaría el camino: revisaron una vez más sus celulares sólo para comprobar que seguían sin señal, y para ahorrar batería, activaron el modo avión, tal vez al alejarse de CU, lograrán comunicarse con su familia.

El sol sobre sus cabezas lucía más pálido, giraron a su alrededor: el circuito estaba lleno de carros que buscaban la forma de salir para emprender el camino a casa, las bocinas taladraron sus oídos hasta que se alejaron del circuito.

-Todos quieren volver a casa.

Hace alrededor de 4 años

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 4 años

Si se trata de evitar el contacto humano, ahora mismo la humanidad está a salvo del virus.

Buen texto.
Podías probar caracterizar un poco a los personajes en diálogo para que se diferencien solos a medida que avances.

Saludos

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

@Romahou lo intentaré, este tipo de textos me cuestan más trabajo, así que cualquier crítica constructiva es súper bien recibida :3
Gracias por estar al pendiente de mis relatos n.n siempre es muy grato verte por aquí!

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

@Romahou edité un poco esta parte, pero estoy algo perdida con eso de la caracterización, seguiré trabajando en ello. De verdad apreció que me des tu opinión.
Un abrazo grandote!

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 4 años

Cualquier esfuerzo en este sentido se nota.

Si trabajas en algo largo, prueba hacer una pequeña bio de los personajes: origen, educación, personalidad (tímido, extrovertido, arrogante, etc).
Luego dales una peculiaridad a cada uno y te facilitará diferenciar sus diálogos. A partir se ahí, sale solo.
Lo percibes bien en relecturas.

Es mucho curro.... Yo me lo salto en demasía. Pero la teoría siempre está bien conocerla.

Sigo leyendo

Un abrazo

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Debería ser más fácil tomando en cuenta que todos mis personajes existen... Debo prestar más atención a ello.
De nuevo gracias @Romahou


#3

Pasaron en silencio por el pasillo que se encontraba debajo del edificio I: las sombras los consumieron por un breve instante, pero no detuvieron su paso. Los laboratorios que rodeaban el siguiente pasillo parecían también abandonados de forma precipitada: la puerta del laboratorio de electricidad colgaba de una forma extraña, parecía que alguien se había colgado de ella dejándola en ese estado.

Pablo seguía revisando su celular, Karla caminaba ensimismada, Mariana y Beto charlaban en voz baja sobre las posibles formas de llegar a sus casa ya que eran los que vivían más lejos. Fermín parecía el más cómodo con aquella situación.


Llegaron a la jardinera central donde las puertas de barrotes negros se abrían de par en par ajenas al caos que se había desatado momentos antes. Las papelerías y las tiendas estaban abandonadas también: dejadas a su suerte.


-Cómo en toda buena película de zombies, deberíamos tomar todos los víveres que podamos mientras aún hay tiempo y la gente no mate por una bolsa de papitas. 


Todos miraron a Fermín aproximarse al puesto de Don Rata, con la intensión de llevar a cabo su idea.


-Eso es vandalismo.- la voz de Karla no sonaba muy convencida.


Fermín ya había comenzado a meter cosas a su mochila. Los demás aún parecían dubitativos. Fue Beto quien rompió el silencio.


-Siendo justos, si vamos a estar en cuarentena, muchas de estas cosas se echaran a perder, creo que es mejor que nos lo comamos a que se tire a la basura.


-Siempre podemos hacer una lista y pagar lo que nos llevemos cuando todo esto pase.- sugirió Mariana para calmar a su amiga.


-A mí me convenció el argumento de Beto.- comentó Pablo entre risas siguiendo el ejemplo de Fermín. De esta forma, se dispusieron a tomar todo cuanto pudiera serles de utilidad: bebidas embotelladas, dulces, galletas, papitas, pañuelos desechables, medicamento, cosas de aseo personal e incluso unas cajetillas de cigarros (no es como que Don Rata vendiera cosas muy saludables).


Con sus mochilas notablemente más llenas, siguieron su camino hacia Copilco. Atravesaron las rejas negras que contenían el Anexo cuando Beto se sobresaltó.


-Tenia que ver a mi hermano en el "Princess".


-¿A qué hora?.- Karla consultó su reloj- son las cuatro, ¿Crees que siga ahí?


-Es Chucho, seguro que sí. ¿Me acompañan o voy rápido por él?.


Los demás movieron su cabeza en dirección al Principal de Ingeniería en una señal muda de que lo acompañarían. A mitad del camino distinguieron a tres hombres que venían de la dirección a la que se dirigían.


-¡Es Fer! Y viene con... Adrián y Mariano.- Exclamó Mariana aguzando la vista.

Los hombres en cuestión se veían apurados, uno de ellos llevaba las manos en las bolsas de su chamarra, con el ceño fruncido. Su poblada barba negra le otorgaba un aire de enfado: parecía escuchar atento a los otros dos que iban a su lado. Cuando divisaron a los alumnos que estaban a escasos cinco metros desaceleraron su marcha. El hombre que a vista parecía mas grande, ya fuera por su cabello manchado de blanco o por su forma de dirigirse a ellos, habló:


-Jóvenes, eviten ir a Las Islas, parece que la alarma ha sacado la peor versión de todos los estudiantes que soñaban con cosas de zombies.


Los chicos carraspearon ocultando la sonrisa culpable que amenazaba con dibujarse en su rostro.


-Adrián, todos queríamos estar en un Apocalipsis zombie-interrumpió el otro profesor de tez morena y cabeza rapada que portaba gafas oscuras y un saco claro e impecable .-pero es cierto muchachos, vayan cuanto antes a casa y resguárdense.


-¿Saben que pasó?.- se atrevió a preguntar Mariana.


-No más que ustedes, todas las comunicaciones cayeron y por como se ve el circuito escolar el tráfico regresó.-comentó Mariano. -Hagan lo que dice Fernando, manténganse juntos y busquen una forma segura de llegar a casa.


Un silencio incomodo se instaló entre los dos grupos, interrumpido por el sonido lejano de gritos e improperios. Se despidieron brevemente y reanudaron su camino: escucharon el rumor de sus voces alejándose. Beto fue el primero que reaccionó y urgió al resto para continuar el camino.

Al acercarse al conjunto de edificios que correspondían al Principal de Ingeniería notaron como el bullicio del que hablaban los profesores llegaba incluso a las zonas aledañas a Las Islas.


Geográficamente, Las Islas eran un terreno de gran extensión ubicado en el centro de varios complejos de Facultades que conformaban a la máxima casa de estudios: una zona en su mayoría de prados verdes y árboles de tronco firme con frondosas copas de diversos colores. Rodeadas por un camino rojizo por el que se veían desfilar a las bicipumas que los alumnos usaban para llegar de Facultad a Facultad. Ingeniería era uno de aquellos complejos que se encontraba en la periferia de las mismas. No era de extrañar, pues, que cualquier alboroto alcanzara sus muros.


-Sólo había visto así Las Islas en la megapeda, digo, megaofrenda.- se corrigió Beto parándose en puntillas para intentar vislumbrar a su hermano. El camino por el que circulaban los carros se apreciaba con el mismo embotellamiento que el circuito que pasaba por el anexo: a pesar de que la ausencia de alumnos y profesores se había incrementado desde iniciado el semestre, CU parecía estar mas rebosante de gente agitada que en lo que llevaban estudiando ahí.
Siguieron caminando ya con paso lento: observando a toda la gente a su alrededor que permanecía inmóvil en pequeños grupos.
Veían caras familiares: parecía que a diferencia de lo que había pasado en el anexo, aquellos que tomaban clase en el principal se habían quedado a averiguar qué estaba causando el revuelo.
En las jardineras que rodeaban el estacionamiento de motocicletas, Pablo vislumbró la sudadera verde de Chucho:


-Ahí esta Beto.-señaló dándole un codazo a Beto.


-Yo soy Beto.


Beto y Chucho eran gemelos. A veces sus amigos solían cambiarles el nombre, cosa que a ellos parecía no molestarle. Beto soltó una risita y le gritó a su hermano.
Chucho se giró y al momento los cinco amigos comenzaron a agitar las manos para que pudiera reconocerlos.
Chucho los saludo con la mano y se abrió paso entre la gente para llegar con ellos.


-¿Escucharon lo que decía la OMS?.- preguntó con voz mas profunda que la de su hermano.


-Todos la escucharon. En el anexo salieron volando apenas se acabó el aviso.-comentó Karla simulando el movimiento de un avión con la mano.-¿Por qué hay tanta gente aquí?


-Unos tipos se pusieron violentos y se estaban peleando hasta que llegó el rumor desde medicina de que no se puede salir por Copilco.- explicó el gemelo que había visto lo que pasaba desde lo alto de la jardinera. La incredulidad se vio reflejada en sus rostros, ¿Quién en sus cinco sentidos cerraría una de las salidas más concurridas?


-Tal vez deberíamos apresurarnos a caminar hacia Universidad.- sugirió Pablo echando un vistazo a la gente que estaba a su alrededor.


-¿Y la salida de Cerro del agua?.- Mariana había recordado que cuando iba en vacaciones administrativas a la escuela y los accesos estaban cerrados, la salida de Cerro del agua era la forma más fácil de entrar sin tener que saltar las bardas. Fermín pareció leer sus pensamientos ya que añadió:

-Siempre podemos saltar los muros; no seria la primera vez que lo hacemos.- Con una gran sonrisa en el rostro, tomó a Karla de los hombros buscando aprobación del grupo.


-Pues vayamos.- asistieron los gemelos al unísono.

Fue así como reanudaron la marcha, no sin antes consultar la señal del teléfono móvil que seguía sin cobertura.

Hace alrededor de 4 años

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CarlosPlata
Rango1 Nivel 4
hace alrededor de 4 años

Y luego!???...yo seguro andaba en las bolitas de gente!! Jajaja


#4

Pasaron entre los edificios de diseño industrial a su izquierda y el Centro de Lenguas Extranjeras a su derecha, mejor conocidos como el CIDI y el CELE, respectivamente. A través de los grandes ventanales de los pisos superiores del CIDI se distinguían comitivas de alumnos, y en el estacionamiento algunos portaban letreros que anunciaban diferentes destinos de la ciudad. Se habían solidarizado: organizaban grupos que tuvieran el mismo destino y los repartían en los autos: de esta forma se aseguraban de permanecer juntos y llegar a salvo a casa.


El CELE, en cambio, se veía desierto: las sombras que proyectaba sobre el pavimento se veían también difusas: ausentes, y las copas de los árboles se mecían de forma tétrica aportando un aire terrorífico al edificio.
Al seguir avanzando entre cuchicheos ocasionales, observaron más adelante las puertas de la Facultad de Química cerradas con cadena y candado: las personas en el interior se habían reunido en el patio central y la voz desfigurada de un altoparlante llegó a sus oídos arrastrada por el viento.


-Las personas que tengan familiares enfermos, o hayan experimentado fiebre o dolores musculares en la última semana, favor de pasar a la cafetería para una revisión médica...


-Parece que se tomaron muy enserio lo de la cuarentena.-soltó Mariana recordando la histeria que se había propagado por la influenza hacia más de cinco años: en aquellos días que duró la incertidumbre del nuevo virus que atacaba a la población, la gente se había vuelto demasiado paranoica: muchos negocios cerraron, las clases fueron suspendidas, los hospitales parecían vomitar gente que sospechaba estar enferma distrayendo a los médicos de aquellos que si lo estaban. Se habían perdido tantas vidas debido a eso. ¿A caso estaban por atravesar algo como aquello?

-Me pregunto como estará Medicina.- la voz de Beto le provocó un sobresalto. Él estaba parado de puntillas en busca de un corro de gente que indicará movimiento en dirección a dicha Facultad, pero la gran plancha de piedra que daba la bienvenida al imponente mural de Medicina se apreciaba poco concurrido.


Un par de grupos parecido al suyo provenientes de Las Islas desfilaba en dirección a la salida de odontología, llevados ahí tal vez por no dar crédito a los rumores que se habían esparcido.
El terreno de árboles que impedía la libre vista a Medicina lucía solitario: con sus troncos torcidos y las hojas entonando una melodía que erizaba la piel.

Los seis amigos quedaron sorprendidos de lo poco observadores que habían sido durante esos años, y es que después de transitar por los mismos lugares durante más de cuatro años, esperarían conocer los detalles más sutiles de su universidad, pero parecía que por primera vez en todo ese tiempo eran capaces de percibir los colores que adornaban las imponentes paredes de los edificios, los sonidos provocados por los altos árboles, los rayos del sol dejando sombras bajo sus pies, la negrura de la piedra sobre la que caminaban: lo inmenso y solitario que en realidad podría resultar Ciudad Universitaria.

Continuaron su camino hacia la salida de odontología, pero al aproximarse a Medicina, unas bandas amarillas rodeando el conjunto de edificios les llamó la atención: una gran cantidad de alumnos portando sus relucientes batas blancas organizaban lo que parecía ser una campaña de salud, posiblemente parecida a la que había comenzado en Química. Se vislumbraban también pequeñas carpas blancas y gente haciendo fila para pasar a ellas. Una gran cartel les ayudó a aclarar sus dudas.

Revisión médica: zona de cuarentena

Las filas que esperaban a pasar por la revisión médica eran bastantes cortas, y algo en ello les resultaba aterrador.

Cada Facultad parecía haber optado por diferentes formas de hacer frente al pánico desatado por el aviso de aquella tarde, pero algo les decía que el peor error era permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar, rodeado de tantas personas, sin saber como el virus se estaba propagando. Por mucho que el servicio fuera gratuito seguía pareciendo absurdo no buscar la forma de llegar a casa a salvo.

El grupo de amigos continuaba su camino, sin perder de vista lo que pasaba a su alrededor: algunos grupos de Las Islas se acercaban a preguntar que estaba pasando en medicina, los estudiantes de dicha Facultad, parecían gozar de una forma extraña la situación. Tantas burlas a sus batas y al para etanol que se habían desatado en redes sociales unos meses antes y ahora eran ellos los que tenían “el poder”, parecían regodearse en esa sensación de júbilo en secreto.

-Seguro se sienten mucho.- comentó Karla viendo a los sujetos con bata blanca distribuyendo a los grupos en las filas para pasar a la revisión.

-Siempre he creído que Medicina es el peor lugar para una crisis como esta. Piénsenlo, hay cadáveres, seguro hay cultivos de algunas bacterias o virus, bisturíes y esas cosas escalofriantes que usan los médicos... Me sentiría más segura fuera que dentro de un hospital.-les compartió Mariana sin apartar la vista del edificio que se encontraba frente a ellos.

Tan sumidos iban en la charla que no se percataron de lo cerca que se encontraban de la zona acordonada ni de la chica que se aproximaba a ellos, fue su voz lo que los hizo reaccionar.

-¿Quieren una revisión médica?, no tomará más de diez minutos. Se les dará un mini kit para que se protejan en caso de que no tengan nada.- su voz sonaba autoritaria, y tras dedicarse miradas entre ellos decidieron aceptar.

La chica de cabello largo y cobrizo los guió a sus filas correspondientes, unas a lado de otras.

-¿Alguno se ha sentido enfermo en la última semana?.- pregunto Beto a sus amigos que negaron enérgicamente. –entonces sólo nos darán el kit.

Las voces de las personas a su alrededor los distrajo nuevamente de su charla: se concentraron en mirar a las personas en la fila, en sus charlas. Unas chicas frente a Pablo comentaban en voz baja algo sobre un muro electrificado. Fermín veía a los chicos que parecían no haber pasado la prueba: se les conducía al interior del edificio, subían las escaleras y atravesaban el puente que llevaba a los edificios de lado izquierdo del conjunto. Llevaban algo en las manos, aunque no lograba ver que era.

Beto y Chucho discutían sobre si regresar a casa o esperar a que todo se normalizara un poco. Beto prefería resguardarse en casa de Fermín, como indicaba el plan inicial, pero Chucho deseaba llegar a casa, sin importar las dificultades que ello significará.

Estaban a dos personas de pasar a la revisión médica cuando a Mariana le pareció reconocer a uno de los chicos que acababa de salir de la carpa frente a la cual estaba formada.

-¡Grobe!.- gritó lo más fuerte que le permitieron los pulmones. El joven se giró y movió la cabeza buscando la fuente del grito, ella agitó sus manos para que él pudiera verla: al dar con ella sonrió y la saludo con la mano, haciendo señas de que la esperaba después de la revisión en el área libre de cuarentena.

-¿Un Fórmula?.- preguntó Karla a su derecha y Mariana asintió.

Eder Grobe, su compañero durante dos años en el proyecto del que había sido parte en su paso por la carrera, parte del “ Aero Team” de Fórmula SAE, la escudería de la UNAM. Hacia tanto que no lo veía por CU que le sorprendió verlo ahí.

El primero en pasar a la revisión fue Beto: la prueba consistía en tomarles la presión, ver las anginas con el clásico abatelenguas y la lamparita de luz blanca. Palpaban los ganglios que se encuentran en la parte superior trasera del cuello para detectar alguna inflamación anormal. Se les tomaba la temperatura y se revisan los reflejos y alguna señal de ojos rojos o lagrimosos. Si todo parecía estar bien, se les ponía una cintilla verde en la muñeca y se les entregaba una bolsa con cierre hermético que contenía un cepillo dental de viaje, una pasta de dientes pequeña, varios cubrebocas y un tubo de crema que parecía protector solar.

Uno a uno fue pasando por las carpas, y salían con la cintilla verde en señal de que todos se encontraban en buen estado de salud.

En la zona libre de cuarentena todos portaban ya uno de los cubrebocas del kit, así que no tardaron en imitarlos. Guardaron la bolsa en sus mochilas y se reunieron en una banca alejada del corro de gente.

-Odio usar cubrebocas- dijeron al unísono Karla, Mariana, Fermín y Pablo. Los gemelos sólo se encogieron de hombros.

-Creo que me atendió la hermana de Naomi.- dijo Beto después de un rato de meditarlo –se parecían bastante, debí preguntarle su nombre.

-¿Naomi tiene una hermana?- se sorprendió Pablo.

-Si, estudia Medicina- corroboró Mariana sin prestar demasiada atención.-ahorita vengo- dijo antes de caminar hacia la gente que salía de las carpas.

-Se llama Saori, o algo así- añadió Karla recobrando el hilo de la plática.- pero tampoco la conozco.

-Olvidamos a Naomi- dijo de pronto Fermín- aunque es seguro que nos abandonará por sus amigos del taller.

-Si, seguro hicieron lo mismo que los del CIDI y ya se fueron a sus casas en algún carro.- Pablo empezó a reírse y los demás no entendían porque.- deberíamos robarnos el Fórmula y el Baja e irnos con eso a tu casa Fermín.

Beto empezó a reír también secundado por su hermano. Karla y Fermín permanecieron callados. En ese momento, algo hizo que Pablo se callará de repente, y miró a sus amigos pidiendo silencio. Su voz sonó baja y aterradora, lo que hizo que se juntaran más para escucharlo. Les contó brevemente lo que había escuchado en la fila, lo de la cerca eléctrica que impedía la salida de CU.

-¿Una cerca eléctrica?- repitió Fermín con voz alta. –No pueden encerrarnos aquí, ¡alguna forma habrá de salir!

-Al parecer, no hay ninguna.

Hace alrededor de 4 años

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 4 años

Me pregunto que haría yo o cualquiera en un apocalipsis de estos tipos.

Buscar algo
Encontrar a alguien
Huir
Sobrevivir
Luchar
Esconderse....

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Es una pregunta recurrente @Romahou todos podemos suponer, pero en la situación quien sabe como salgan las cosas

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 4 años

Parece que se avecina una hecatombe.

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Esperemos que nuestros Protas no pierdan algo más que la cordura @G_Rurba D:

CarlosPlata
Rango1 Nivel 4
hace alrededor de 4 años

Muy bien jovencita!!!...quiero seguir leyendo eh!!...ya me imagine CU así como la prisión en TWD!! Jajaja

Z634
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 4 años

Jajajaja no tan así! @CarlosPlata pero a ver que pasa :3