Sometimescallmecherry
Rango7 Nivel 31 (1641 ptos) | Autor novel
#1

Ella lo conoció cuando tenia 15 años, en uno de esos momentos de la vida que siempre se quieren olvidar, lo conoció en una navidad de Madrid, cuando las luces había perdido su brillo, cuando las risas eran ajenas a ella, una navidad en la cual ella quería morir.

Ella pasaba sus días encerrada en su cuarto, dibujando a los transeúntes desde su ventana, las monótonas luces parpadeando y las figuras descoloridas de la calle.

Esa tarde ella salio de su cuarto, recogió su cabello y decidió aventurarse, junto con un lápiz y papel, caminando sin un rumbo fijo y mirando todo a su alrededor.

Dibujo la Puerta de Alcalá, y como la nieve caía sobre un hombre y su hija, sus sonrisas, sus ilusiones y quizás sus sueños, siguió el camino y dibujo las luces de la ciudad y a algunos patos del Retiro mientras caminaban por la nieve.

Entonces lo vio, recostado a la fuente del Angel Caído, sonriendo a una vieja guitarra que se acomodaba sobre sus desgastados vaqueros, cubierto de nieve, soñando despierto.

Fue allí en el parque donde conoció su voz.

Quizás también fue allí en el parque donde se enamoro...

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#2

El estaba sentado sobre la fría nieve, cantaba, su cabello se rizaba graciosamente, sus mejillas estaban sonrojadas gracias al frío viento que azotaba al Retiro y sus ojos estaban entrecerrados mientras sonreía.

Comenzó a cantar una canción que no conocía, hablaba de la vida, de amores imposibles y de las personas que nos dejan atrás, lo quiso seguir escuchando, pero quedó hipnotizada solo con su imagen despreocupada, ajena del frío, en un mundo distinto.

Ella se sentó sobre las raices de un árbol cercano, observando el vaivén de su cabeza a el ritmo de la musica, se le veía tan feliz, esa felicidad que a ella desde hace mucho tiempo le faltaba, esa sonrisa que hacia años ella no mostraba, esa tranquilidad que ella siempre estaba buscando.

- Give a little time to me or burn this out, we'll play hide-and-seek to turn this around, all I want is the taste that your lips allow -En algún momento la canción cambio, y se vio a si misma cantando con el, sonriendo con el, y sin apenas ser consciente comenzó a dibujarlo, dibujo la imponente estatua del Ángel Caído y la nevada fuente donde se encontraba, lo dibujo a el, con sus pantalones desgatasdos y su sudadera oscura, con la guitarra entre sus brazos, una sonrisa en la cara y la mirada fija en el lugar del que tanto él como Lucifer debían de haber caido.

Tal era su atención, que no supo en el momento que la guitarra dejo de sonar, ni escucho los pasos que se hacercaban a ella, una sombra se cernió sobre ella y su burbuja exploto.

- ¿Quien... - Ella alzo la vista y sus palabras murieron en el acto, el se encontraba allí, frente a ella, con su guitarra colgada en la espalda y una sonrisa que relajaba el alma - Oh...

- Hola - Fue lo único que le dijo el, ella lo miro ensimismada, tras unos segundos que se le antojaron eternos se dio cuenta que tenia los ojos mas hermosos que había visto, ojos color ámbar, tan brillantes como un atardecer.

Estuvo a punto de decir algo cuando se fijo que el había reparado en sus dibujos y los observaba con ojos muy abiertos.

- Wow - Exclamo - ¿Ese soy yo?, ¿Lo has hecho tu? - Ella se levanto apresurada, cogió todos sus dibujos y su rostro se torno del rojo mas profundo - Oye, ¿Te encuentras bien?

- ¡No!... Digo si... Yo... Debo irme - lo miro un segundo, no le gustaba llamar la atención de las personas, se sentía expuesta, vulnerable, quería huir - Adiós.

- ¡Hey!, ¡Espera! - Pero ya era demasiado tarde, ella había salido corriendo por el camino empedrado que da a la salida.

Ella, no supo que había estado corriendo hasta que casi fue atropellada al llegar a la calle.

Se sintió estúpida, actuar así no era propio de ella, siempre calmada, siempre fría, se detuvo un instante para calmarse, respiro profundo y emprendió camino a casa.

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#3

Paso un año mas, otra navidad.

Lo volvió a ver un año después de su ultima visita al Retiro, no había podido evitar recordarlo cuando supo que se acercaba la navidad, ni tampoco tuvo la valentía de volver al Retiro luego de conocerlo.

En algún punto se dio cuenta que las figuras de belén ya no le parecían tan descoloridas, que las luces de la ciudad ya no era tan monótonas, esa anticipación y nerviosismo que la invadía de niña estaba regresando, junto con el sentimiento de mariposas en el estomago que la invadía cuando lo recordaba.

Al igual que los demás años paso sus días dibujando desde su ventana, no tenían el valor de ir a la calle, evitaba constantemente el Retiro, pero quería volverlo a ver.

Salio de su habitación, intento hacer lo mismo que el año interior, camino buscando inspiración pero no logro nada, se encontro frente a la Puerta de España, que daba entrada al Retiro, con paso firme, se decidió a entrar, intento dibujar a los pocos niños que buscaban la suficiente nieve para sus juegos, ese año había nevado menos que el anterior, pero aunque el paisaje no fuera idéntico a cuando lo conoció, aun lo recordaba con total nitidez.

- No seas tonta – se dijo en voz alta - ¿Qué probabilidades hay de que te lo vuelvas a encontrar? - una joven que pasaba la miro de forma extraña al verla hablar sola, pero ella simplemente la ignoró. No era la primera vez que le pasaba, solía pensar en voz alta, y más de una vez se había arrepentido por ello – Ninguna – Suspiro.

Camino sintiéndose estúpida, nerviosa, en el fondo de su corazón sabia que el chico de la guitarra tendría cosas mejores que hacer a estar la mañana de Navidad tocando la guitarra en el parque, pero el hormigueo en el estómago seguía ahí, intensificándose conforme se acercaba.

Caminó, y cuándo sentía que el sendero no se acabaría nunca, los árboles que lo bordeaban se abrieron ante ella y sintió que Lucifer desde lo alto le daba la bienvenida.

Pero....

El no estaba.

Era mas que obvio que pasaría, se encontraba decepcionada, como si algo dentro de su pecho se hubiera desinflado de golpe, pero lo sabia, el no estaría.

Antes de marchar, quiso mirar una última vez el lugar en el que ella había estado sentada, entre las raíces de un gran árbol. Sin embargo, había alguien tumbado allí. Ahogó un grito cuando se percató de la guitarra que reposaba junto a él

Aquello no era real. No podía ser cierto.

Él estaba alli, con las piernas dobladas y la espalda apoyada en el rugoso tronco del árbol, con una cazadora de cuero como único abrigo a pesar del frío. Tenía un brazo sobre los ojos, con el otro rodeaba a la guitarra, había comenzado a nevar ligeramente, pero la nieve era tan fina que se derretía nada más tocar el suelo.

Sin embargo el viento era frío e incesante.

Ella se quedó allí de pie, estática, contemplando con los ojos muy abiertos el subir y bajar de su pecho. Sus oscuros cabellos se agitaban con fiereza por el viento que le helaba la piel de la cara, pero apenas le importaba, le hubiera gustado volver a verlo tocar pero él parecía dormido, pero entonces estiró las piernas y con un suspiro se levantó, colgándose la guitarra al hombro. Sus ojos se encontraron durante un instante, él pronto dirigió la vista hacia su reloj, y ella se dio cuenta de que debía de ser ya más de mediodía y de que pronto debería volver a casa. Miró su teléfono móvil, era casi la hora de comer.

Cuando apartó la vista de su teléfono lo vio avanzando hacia ella y sintió que su corazón comenzaba a latir acelerado y se olvidó por completo del frío pues la cara le ardía; pero él pasó junto a ella sin dirigirle siquiera una breve mirada de reojo.

En ese momento se dio cuenta de lo tonta que había sido, le costaba admitirlo, pero había pasado casi todo el año pensando en aquel chico y aunque jamás creyó que volvería a encontrarse con él, cuando lo había visto ahí tumbado, algo dentro de ella se había encendido, una pequeña llama quemándola por dentro. Durante esos breves instantes en lo que estuvo observándolo se imaginado hablando con él, oyéndolo tocar y cantar sólo para ella, riéndose de la estúpida manera de la que había huido el año anterior, pero, ¿por qué iba alguien a acordarse de ella? Si al fin y al cabo ella nunca llamaba la atención, viviendo su vida camuflada entre los demás.

- Oye - el corazón se le detuvo durante un instante. Esa voz era la suya. Sintió que las piernas le flaqueaban mientras se giraba en dirección a su voz. Él estaba ahí, de pie parado, tan sólo a unos pocos pasos de ella, dándole la espalda. - Me tengo que ir, pero... - comenzó a decir – El año que viene... El año que viene me gustaría que me enseñarás todos esos dibujos que llevas ahí - y entonces la miró, y ella se dio cuenta de que sus mejillas estaban manchadas de un ligero tono carmín que ella en un primer momento achacó al frío – Adiós – le dijo, y antes de darse la vuelta le sonrió, una sonrisa como la que se encontraba grabada en su cuaderno de dibujo.

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