PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51 (7191 ptos) | Artista reconocido
#1

1.- Miércoles. Siete días, dos balas.

Cuando despertó el coche todavía estaba allí, podía ver como la luz de los faros se colaba a través de la persiana en la habitación. Se levantó de la cama a oscuras para no ser visto y miró por la ventana. Allí estaba dentro del coche, mirando atento hacia la ventana.

Cabreado, salió en dirección a la calle, acto que de llevar menos alcohol en sangre, se habría pensado dos veces.

El hombre al notar movimiento en el portal, apagó las luces del coche y se agachó, pero ya era tarde.

Golpeó con furia la ventanilla --¿Se puede saber qué cojones quieres? --Vociferó.

Bajó la ventanilla y sin ni siquiera mirarlo respondió, --No estás en condiciones de perder los papeles. En una semana se te acaba el plazo, si no haces lo que se te pidió…atente a las consecuencias. --Dejó entrever el revólver bajo la chaqueta.

Al subir de nuevo al apartamento descubrió la puerta abierta y luz al final del pasillo, escuchó atentamente…silencio.

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 3 años

Desde el título a la primera caja se palpa género negro. Salu2 :D

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Jajaja si, @G_Rurba eso parece :-) a ver que sale, porque lo voy a ir escribiendo sobre la marcha jeje


#2

Entró despacio y oyó un ruido proveniente de la habitación, alguien estaba revolviendo sus cajones. Se llevó instintivamente la mano a la cintura en busca de la pistola y entonces recordó que había bajado en pijama; maldiciendo su suerte, buscó algo con lo que defenderse y junto al paragüero vio la palanca que usó en su último trabajo.

Con la palanca en lo alto se acercó sigiloso a la habitación, al llegar, la puerta estaba entreabierta y justo en ese momento vio una sombra pasar por delante. Abrió la puerta de un empujón, cogió al ladrón por la cintura, lo tiró sobre la cama y puso su rodilla en su vientre para inmovilizarlo.

--¡Ah! Christ, para joder, me haces daño. –Chilló una voz de mujer. Justo cuando ya se disponía a abrirle el cráneo con la palanca, se fijó en el supuesto ladrón.

--¿Clarie? ¿Se puede saber qué haces en mi casa a estas horas? He estado a punto de abrirte la cabeza como un melón. –Respondió al tiempo que apartaba la rodilla.

--Ya, veo ya.

--Te he preguntado que qué haces en mi casa a las tres de la mañana y aún no me has respondido. –Miró de reojo por la ventana y vio como el coche arrancaba y se iba.

--¿Se puede saber qué te pasa? Estás atacado de los nervios. He acabado antes en el club y he pensado que igual te apetecía divertirte un rato. –Rozó de manera sugerente su cuello, pero Christ la apartó de malos modos.

--Pues has pensado mal, es un mal momento.

--¡Ay! No hacía falta que fueras tan bruto. ¿Seguro que no quieres jugar? Te veo muy tenso --Volvió a intentarlo de nuevo.

--¡Para! Te he dicho que no es un buen momento, además no tengo dinero para pagar tus servicios.

--Eres un cretino, contigo no lo hago por dinero y lo sabes, pero muy bien ahí te quedas. –Al salir de la habitación se tropezó con una botella de whisky vacía. –Y lo que quiera que te pase no creo que se solucione vaciando una botella de whisky barato. Aunque claro, ¿Qué sabrá una puta, no?

Salió de la casa con un portazo. Christ se metió en la cama y en el mismo momento en que apagó la luz, lamentó haber echado así de casa a Claire, al menos se habría entretenido y no se habría puesto a recordar lo que le pasó al último infeliz que no cumplió el trato con Mike, alias “Red Shark”. Con la imagen del hombre con el rostro desfigurado y el cuello partido, se durmió.

Hace más de 3 años

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ramirezvegaalfredo
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Pobre Claire... Aunque claro, como digno en cualquier relato negro que se precie de serlo (y el tuyo lo está siendo), aún no sé si debo fiarme de ella...

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Muchas gracias @ramirezvegaalfredo, la verdad es que es la primera vez que me atrevo con este género...Y sí haces bien en no fiarte, hasta las sombras tienen peligro jaja


#3

2.-Jueves. Seis días, dos balas.

Empapado en sudor por un mal sueño en el que le enterraban vivo, se despertó cuando la luz del día empezaba a colarse por la ventana.

Con taquicardias y resaca se dirigió a la ducha dejando la pistola en el lavabo y la puerta entre abierta, al acabar salió a la calle. Anduvo durante varios minutos mirando continuamente hacia atrás hasta que llegó a una calle sin salida, en la acera de la derecha se acumulaban las bolsas de basura y las ratas campaban a sus anchas, a la izquierda entre más basura había una puerta con un cartel casi ilegible con la palabra “tintorería”. Sin entretenerse, entró:

--Buenos días Martha.

--¡Hombre Christ, cuánto tiempo!

--Ya ves, ¿Está Dylan?

--Si claro, donde siempre, ya sabes el camino ¿Cómo te va to…?

Sin darle tiempo a terminar la pregunta se fue al fondo de la trastienda y bajó unas destartaladas escaleras de madera, atravesó un par de puertas y tras la última ya se oían las maquinas trabajando a destajo.

Entró y a la derecha junto a una maquina de impresión divisó a Dylan mirando un billete al trasluz de una bombilla, este sin levantar la vista del billete le saludó:

--¿Te ha seguido alguien?

--Si, un par de polis. –Dylan le miró alarmado.-- ¡Pues claro que no! ¿Por quién me tomas?

--No bromees con eso.

--No exageres, además si me apuras no hay nada ilegal ¿Qué cosa se hace en una tintorería si no es blanquear? Ropa, billetes… ¡Qué más da!

--Jajaja, visto así… la verdad es que fue una buena idea esta tapadera, es como reírme en la cara de la pasma. Mira este billete, ¿no te parece una obra de arte? – Dijo pasándole el billete.

--Si la verdad es que está muy conseguido, casi ni se nota que es falso.

--“Casi” es el problema, algo falla y no sé qué es. ¿Qué te trae por mi negocio? No eres muy dado a las visitas de cortesía.

Distraído se paseó entre las máquinas --¿Sacas mucho con el negocio?

--Ah, ya veo. ¿Cuánto quieres?

--50.000

--¿Qué? ¿Tú te has vuelto loco? No tengo tanto dinero, además ¿Para qué lo quieres, en qué lio te has metido?

--Se trata de Red Shark, le debo pasta y si no le pago en el plazo…bueno ya sabes cómo acabaré. Estoy jodido tío, necesito ese dinero si no, no te lo pediría.

--Lo siento pero no puedo darte tanto dinero…como no quieras unos cuantos billetes de estos, --Dijo señalando un fajo de billetes recién salidos de la máquina.

--¿Pretendes que le de billetes falsos? Ahí sí que puedo darme por muerto, es Big Shark, no es un ratero cualquiera al que engañar.

--¿Cuándo se acaba el plazo?

--El miércoles.

--¿El miércoles, qué miércoles? ¿Este miércoles? Pero si estamos a jueves, eso son seis días.

--Gracias por tu aportación, eso ya lo sabía.

--¿Y sabe que no tienes ese dinero?

--No, ayer por la noche vino su secuaz a hacerme una visita y le hice creer que solo me faltaba un poco de dinero.

--Pues como se entere, no llegas vivo ni al sábado, la paciencia no es una de sus virtudes.

--No se enterará si “nadie” se lo dice.

--Tranquilo, no pienso decir nada. –Acto seguido se dio la vuelta y volvió a centrar su atención en los billetes, dando a entender que la conversación había acabado. Christ pilló la indirecta y salió de la tienda, al pasar delante del mostrador donde estaba Martha, esta intentó decirle algo pero una vez más solo obtuvo una maldición en forma de “rata de alcantarilla” y un portazo que hizo que la campana de la puerta vibrara con fuerza.

Hacía apenas diez minutos que había abandonado la tienda y ya se estaba arrepintiendo de haber ido. Conocía bien a Dylan, sabía de buena tinta que sería capaz de vender a su madre por un buen fajo de dinero, claro está, del de verdad y sabia que no duraría en vender su cabeza a Mike o a quien fuera necesario si el negocio lo requería, pero si había acudido a él era porque no le quedaban muchas más opciones.

De camino a casa decidió dar un rodeo y pasar por el club donde trabajaba Claire. Entró en el oscuro garito, se sentó en la barra, se pidió un vaso de whisky que se bebió de un trago y justo cuando le iba a preguntar a la camarera por Claire, la vio sentada en uno de los viejos sofás de cuero, junto a un cliente que bien podría ser su padre. Se acercó a ella y sin mirar al hombre le dijo:

--Hola Claire, necesito hablar contigo.

--Ahora no, estoy trabajando.

--Es urgente. –Ella ni le miró.-- ¿Cuánto te ha pagado este?

--Esa es una pregunta muy maleducada ¿No cree caballero? –Le espetó el hombre.

--No es este un salón de la casa real precisamente. Te pago 100 y le dices a este educado cabello que se busque otra chica. –Tiró el billete sobre la mesa, Claire lo cogió y le invitó a ir a la barra.

--Prefiero un lugar más tranquilo, vamos a tu cuarto. Una vez dentro, Claire replicó:

--¿Se puede saber qué quieres? Ese es un buen cliente y no quiero perderle.

--He visto como te miraba el escote, volverá. Tengo problemas.

--¡Qué raro! Tu solo vienes a buscarme cuando quieres algo.

--Si lo dices por lo de anoche, lo siento, no debí tratarte así pero estaba agobiado, mi vida corre peligro.

--¿A qué te refieres?

--Le debo dinero a Mike, Red Shark y si no le pago antes del miércoles, me matará. Ayer vino a verme…

--¿Has dicho Red Shark?—Le interrumpió.--¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando para hacer negocios con él? Ese cabrón es un salvaje.

--¡Vaya, nunca te había oído hablar así!

--Es un malnacido, hace unas semanas se pasó por aquí, contrató los servicios de Megan y cuando se negó a hacer alguna de sus perversiones le pegó semejante paliza que casi la mata, ni siquiera el dueño le dijo nada, sabe que antes de que abriera la boca, le volaría la cabeza.

--Ya veo, pues ayer poco antes de que tú llegaras se pasó por mi ca…

--¿Mike se pasó por tu casa?—Chilló Claire.

--¿Quieres bajar la voz y dejarme terminar? Mike está muy ocupado como para ir él, mandó a Brandon, uno de sus esbirros y me amenazó con matarme si no le pagaba antes del jueves.

--Conozco a ese Brandon, no levanta ni medio palmo del suelo y es un corderito que no sabe hacer nada sin su amo, ¡Haberle pegado un tiro!

--No me faltaron ganas, pero solo tengo dos balas en la recamara y demasiados enemigos. Supongo que tú no me podrás echar un cable…

--Si te refieres a dinero, lo siento estoy sin blanca pero si vuelve por aquí puedo hablar con él.

--No eso no, solo conseguirías que nos mataran a los dos. Me voy a casa, necesito pensar. Al salir, Claire le devolvió los 100 dólares. –Toma, te harán falta.

--Gracias.

Hace más de 3 años

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ramirezvegaalfredo
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Uf... Qué mal pinta todo esto, amiga, casi me están ganas de sevirme y bourbon y encederme un cigarro mientras espero a ver cómo se desenrreda todo este embrollo.

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Si, los enemigos abundan pero los amigos andan escasos, disfruta del cigarro mientras esperas...¿Por qué un par de balas no tendrás, no? a Christ le vendrían bien ;-)

ramirezvegaalfredo
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

¿Balas? Uuuummmm... No, creo que no... ¿Le vale un tirachinas?

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

como siga a este ritmo, le van a venir bien el tirachinas y usar el arme letal del...escupitajo jajajajja

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

A mí también me pasa, pierdo de vista historias que son muy buenas. Debería haber la opción de guardarlas en alguna carpeta que se llamara "leyendo" o algo así. Me alegro que te guste y gracias por lo de que escribo bien, gusta oírlo jaja @Atico

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Si, por supuesto tienes mi permiso y apoyo, a ver si nos hacen caso.


#4

3.- Viernes. Cinco días, dos balas.

Tras pasar la noche en vela intentando pensar de qué modo podía reunir todo el dinero en tan solo cinco días, se levantó temprano, se tomó un café bien cargado y se fue a ver a un viejo compañero de negocias para ver si tenía algún trabajo para él.

Llegó a su casa y llamó a la puerta, en un primer momento hubo silencio y cuando volvió a insistir oyó ruido, como si estuviese moviendo algún mueble pesado:

--Jack, abre. Soy yo, Christ. —Silencio nuevamente. Tras un buen rato esperando, vio luz a través de la mirilla. --¿Quieres abrir de una maldita vez?

--Joder Christ, que susto me has dado. Pasa anda. –Al entrar vio un aparador de gran tamaño separado de la pared y de la parte de atrás asomaba un cajón camuflado donde se podían ver un par de paquetes de droga y otros tantos encima de una mesa.

--Te he pillado con las manos en la masa, ¿no?

--Pues sí, esta recontando el alijo del último envío y cuando te he oído llegar pensé que eras la poli.

--No sé qué os ha dado a todos últimamente con confundirme con la poli…

--¿Am?

--Nada, olvídalo cosas mías.

--¿Y qué te trae por mi humilde morada?—Dijo con sonrisa socarrona, ya que su casa era una mansión cerca de la costa y se respiraba opulencia desde la barandilla de la escalera de cristal de bohemia hasta los remates en oro de los interruptores.

--Saber si tienes algo de trabajo para mí.

--Vaya, pensé que me habías dicho…

--Si ya lo sé que te dije que no quería trabajar más en este negocio. Pero la necesidad no entiende de escrúpulos y necesito dinero.

--Gran verdad, amigo.

--Déjate de filosofías y dime ¿tienes algo para mí?

--Bueno, quizás…

--En serio, lo que sea.

--Se te ve muy desesperado.

--Lo estoy.

--Pues este trabajo no es bueno hacerlo con desesperación, te podrían hacer un par de agujeros accesorios en el culo.

--Te he dicho que no me des consejos, y de mi culo ya me ocupo yo, Gracias ¿Tienes algo para mí o me largo a buscar a otro que me de trabajo? En esta ciudad no sobra de eso…

--Está bien, como quieras. Esta noche llega un nuevo envío al puerto, deberás ir allí con uno de mis hombres y encargarte de que todo salga bien.

--Sin problemas, ¿qué es esta vez, droga, armas…?

--Eso no es de tu incumbencia, pero ándate con ojo, la banda de Big Shark anda tras ese cargamento y me lo quiere quitar de las manos… ¿Qué te pasa? Te has quedado blanco.

--Nada, que me he mareado un poco. ¿Y cuánto me das por el trabajo? –Disimuló.

--10.000

--¿Solo? Quiero 20.000 y la mitad por adelantado, mi trasero no vale menos.

--15.000 y me lo guardas en los almacenes del puerto, el mío es el número 256. Te doy ahora 5.000 para que veas que voy en serio.

--Hecho.

--Bien. Te encontrarás con mi socio Daniel esta noche a las 9 en el muelle, no llegues tarde. Y cambia esa cara hombre, asume de una vez que un hombre vale para lo que vale y tu destino es este.

--Estaré a la hora acordada. —Jack le entregó el dinero y Christ se fue de su casa pensando en sus últimas palabras.

Al llegar a casa, fue directo a su habitación en busca de la pistola, el trabajo era fácil, pero tratándose de la banda de Mike no se podía fiar. Abrió el primer cajón de la mesilla y la cogió, vació el cargador para ver cuántas le quedaban: solo dos. El trabajo requería de ir armado pero tal y como le había dicho a Claire tenia demasiados enemigos y no podía malgastar ni una bala en balde en los que podrían ser sus últimos cinco días con vida. Decidió que con la navaja tendría que valerle, abrió el segundo cajón y la buscó pero no la encontró por ningún lado, revolvió los cajones y buena parte de la habitación en su busca sin éxito, hasta que de repente cayó: “Claire, maldita zorra traidora”. Recordó que dos noches atrás cuando la sorprendió en su cuarto, antes de entrar oyó como revolvía los cajones. Hecho una furia se dirigió al club, tenía que darse prisa, faltaban dos horas para encontrarse con Daniel en el puerto.

Al llegar, la encontró sola en la barra del bar hablando con otra de las chicas. Sin miramientos se dirigió hacia ella, la cogió del brazo y la llevó a una esquina.

--¡Maldita zorra! Para eso fuiste a verme ¿no? ¿Para robarme?

--¡Mike! ¿Te has vuelto loco? Yo no te he robado na…

--¡No disimules! El otro día cuando te presentaste en mi casa solo querías hacerte con la navaja y largarte. Espera un momento… ¡Tú trabajas para Mike! Fuiste a matarme. –La agarró con tanta fuerza del cuello que la levantó un palmo del suelo.

Apenas sin poder respirar respondió: --No es para mí sino para otra chica, suéltame y te lo explico. —Su rostro empezaba a ponerse rojo, Christ aflojó la presión de su cuello y la dejó hablar.

--Era para Sara, tiene problemas con uno de los clientes y necesitaba algo para defenderse por si la cosa se pone fea, me pidió ayuda y como pensaba que tú no la usarías por eso te la cogí.

--Pues te equivocaste, la necesito y ya mismo, ¿Dónde está Sara ahora para que te la devuelva?

--No hace falta, hace días que no viene por el club y aún no se la he dado, voy a mi habitación a por ella y te la devuelvo. –Al poco tiempo volvió a la barra donde le esperaba Christ, este extendió la mano para que se la diera pero Claire en vez de eso abrió la navaja, se la acerco al abdomen y le susurró:--Que sea la última vez que me amenazas y me acusas de querer matarte, ¿Me has entendido? --Christ no se esperaba esa reacción y al notar el acero en su vientre se quedó inmóvil, Claire dejó la navaja en la barra y antes de irse le dijo. –Deberías pensar mejor quien es tu aliado y quien tu enemigo, toma tu puta navaja, lárgate y no vuelvas por aquí.

Tras un largo paseo hasta el puerto, llegó al punto acordado cinco minutos después de las nueve, esperaba que el barco se hubiera retrasado y llegara a tiempo.

No había nadie, solo un segurata gordinflón que llegado el caso, no costaría ningún esfuerzo dejarle fuera de juego con un buen derechazo. Tampoco había ni rastro de Daniel, supuso que fiel a sus costumbres, llegaría tarde.

Decidió esperar detrás de unos contenedores que le daban visibilidad tanto a la llegada de barcos como a la entrada de coches al muelle, por si los secuaces de Big Shark llegaban antes que Daniel.

Pasaron varios minutos en calma hasta que de repente vio las luces de un pequeño barco pesquero acercándose al embarcadero, era blanco con una ralla roja y una bandera del mismo color, tal y como Jack le había dicho. Vio como el conductor del barco apagaba las luces y se bajaba a esperar su llegada, en ese momento un coche negro con cristales tintados se acercaba al muelle. “Mierda”, pensó, tenía que hacer algo o se iban a llevar el cargamento delante de sus narices.

Se levantó despacio y se acercó al coche negro sin abandonar los contenedores que le protegían de ser visto. En ese momento oyó un ruido a su espalda, cogió la navaja y esperó…Podía oír su respiración en su cuello, con un giro rápido se abalanzó sobre su cazador, le tiró al suelo tapándole la boca y apretando la navaja contra su cuello. Mientras su presa se revolvía inquieta se fijó en su cara.

--¿Daniel?—le soltó.

--Vaya, tienes buenos reflejos.

--Una pena que no pueda decir lo mismo, viejo amigo. Casi te rebano el cuello como a un cerdo.

--Y que lo digas, perdona el retraso pero he tenido…

--Lo siento pero tendremos que dejar la conversación para luego, mira ahí, el cargamento ya ha llegado y por lo que se ve los hombres de Mike, también. Tenemos que hacer algo ya.

--¿Algún plan?

--Vamos por este pasillo entre los contenedores y los sorprendemos por detrás, mira, acaban de salir del coche, son dos. Tú te encargas del barbudo y yo del tío con traje que está de espaldas, cuando estén distraídos dando mamporrazos me dirijo al barco y cojo la mercancía.

--Hecho.

Tal y como habían planeado los sorprendieron por detrás, Daniel agarró por el cuello al de la barba, este como no se lo esperaba se desestabilizó y cayó al suelo, pero enseguida se repuso, sacó la pistola y apuntó a Daniel. Quizás por el efecto de la adrenalina, esta vez estuvo ágil y antes de que disparara le desarmó, aunque no le dio tiempo a sacar la suya así que usaron el método tradicional, patadas y puñetazos.

Mientras, tanto Christ salió de entre los contenedores en dirección al hombre del traje, cuando ya estaba lo suficientemente cerca como para lanzarle la navaja, este se giró para ver que le ocurría a su compañero y Christ pudo verle la cara y eso hizo que parara en seco. “Brandon. Lo que me faltaba, aparte de deberle 50.000 a su jefe si además se entera de que le quiero quitar la mercancía, acabo en el fondo del mar con una piedra atada al tobillo.”

Sabía que no podía ser visto, miró a su compañero y no se le daba mal manejar los puños, tenía que pensar rápido…Era muy rastrero lo que iba a hacer pero no le quedaba otra, dejó a su compañero a cargo de los matones y se dirigió hacia el barco. Si conseguía la mercancía y la guardaba en el almacén tal y como le había dicho Jack, conseguiría el dinero.

Cuando llegó al barco sin ser visto, miró para atrás para ver cómo le iba a Daniel y la cosa empeoraba por momentos, Brandon se había unido a la pelea pistola en mano. Tenía que actuar rápido y salvarle.

Hace más de 3 años

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PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

@ramirezvegaalfredo la parte en que Claire le roba la navaja la he escrito gracias a tu comentario. En principio no pensaba darle más importancia a lo de los cajones pero al ver tu comentario me dí cuenta de que quedaba un poco raro...así que gracias. Espero que te guste (y si no, que critiques cuanto desees).

Saludos.

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Jajaja muchas gracias @Atico o bien es que no la lee mucha gente (ese consuelo me queda) o que al resto de lectores no les gusta ;-( ;-(

ramirezvegaalfredo
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

@PhoebeCaulfield. Sólo puedo decirte que me está encantando, y me alegro de haberte sido útil. Cierto es que el personaje de ella te ha quedado muy bien retratado para desperdiciarlo. Y dejar en todo momento la intriga abierta de no saber cuáles son sus intenciones, si es una mujer fatal o una pobre chica descarriada, hace que el relato no sea predecible, lo cual es imprescindible si de este género estamos hablando. Y estoy de acuerdo con @Atico, no tiene nada que ver con la mejor o peor calidad de lo que escribas, sino con la avalancha de textos que se publique justo después del tuyo. Ánimo, y adelante, sigamos con la pelea...

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

@Abril_Sagols parece que estamos jugando al ratón y al gato (concretamente tu eres el ratón, porque yo estoy modificando todas las partes por errores de ortografía y expresión pero cuando lo hago tu vas por la siguiente parte y así) jajaja

Abril_Sagols
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 3 años

Jajaja qué bueno! @PhoebeCaulfield ayer tuve que guardar tu relato en marcadores para poder seguir léyendo hoy.. me enganché tanto que el despertador hoy me ha dado un martillazo 😂

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Ay pobre!! Malditos despertadores, invento del demonio jajajaja aunque he de decir que en cierto modo me alegra porque eso significa que he conseguido engancharte con la historia, esta vez para compensar la he publicado a horas más decentes jaja muchas gracias @Abril_Sagols :-)


#5

Cuando ya estaba a un metro del barco, otro hombre se bajó de un coche gris que había aparecido de la nada, seguramente había llegado al tiempo que el coche de Brandon y el otro, pero al distraerse con Daniel, no le vio llegar. Sin pensárselo dos veces se abalanzó sobre él esquivando por un par de milímetros una bala que le rozó el brazo izquierdo, aunque no había penetrado del todo en el brazo, le sangraba y quemaba. Sin detenerse, le agarró por el tobillo y le tiró al suelo, tras un forcejeo, consiguió clavarle la navaja en el costado.

En ese momento otro hombre ya estaba al lado del barco, no había nada que hacer. Cegado por el dolor del brazo, se levantó justo a tiempo de ver como Brandon sujetaba a Daniel y el hombre de la barba, le apuntaba con la pistola en la cabeza. Fue en dirección a ellos con la intención de matar al de la barba y justo en el momento en que metía la navaja en su cuello, se oyó un disparo, dos hombres chillaron y las luces de un coche que pasaba por su lado les cegó por completo.

Durante un momento reinó el caos, notaba como un reguero de sangre caliente recorría su brazo pero no sabía si ella suya o de quien. Cuando por fin el coche negro con el hombre que momentos antes estaba cerca del barco se alejó, puedo ver la escena con claridad: Brandon salía corriendo en busca del coche y en el suelo yacían dos cuerpos inertes, su contrincante degollado y Daniel con un disparo en el pecho. Saltó por encima del degollado y se agachó al lado de su amigo, le tomó la muñeca y escuchó su pulso…aún respiraba.

Por suerte Brandon era lo suficiente idiota como para haber dejado las llaves puestas en el coche, sentó a Daniel en el asiento del copiloto y lo llevó al hospital, al llegar le dijeron que no era grave, solo había afectado a un par de costillas sin llegar al pulmón. Tras asegurarse de que su amigo estaba fuera de peligro, dejar que los médicos vieran su disparo en el brazo y esquivar como pudo sus preguntas de qué había sucedido, se fue a casa, eran más de las doce y al día siguiente le esperaba un día peor que el que había vivido.

Hace más de 3 años

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PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Muchas gracias, esos comentarios me gustan porque me ayudan a saber cuales son mis puntos fuertes.

Saludos @Atico


#6

4. -Sábado. Cuatro días, dos balas.

Por primera vez en los últimos días, durmió de un tirón y durante bastantes horas, quizás su cuerpo necesitaba recuperarse de los golpes del día anterior, o quizás intuía que iba a necesitar estar descansado en los venideros para todo lo que se le venía encima…fuera como fuese se despertó bien entrado el medio día y tras recibir una visita nada amable de Jack, decidió visitar a su amigo Daniel, que aun seguía en el hospital.
Llamó con cuidado a la habitación y Daniel le dejó pasar:

--Hola.

--Ey Christ, gracias por venir a verme.

--¿Cómo estás?—Preguntó.

--Na, un agujerito de nada. –Respondió intentando quitarle importancia.

--Lo siento…

--No me digas que a estas alturas, un poco de sangre te va a poner sensible.

--No bromees, lo digo en serio, casi te matan por mi culpa. No debí dejarte solo con esos dos mientras yo solo me preocupaba del maldito dinero.

--Hombre, para ser honestos, ese no fue un bonito detalle y no es habitual que te comportes así ¿Qué te pasó?

--Estaba desesperado por hacer bien el trabajo y que Jack me diera la recompensa. Necesito ese dinero.

--Si estás en problemas ya sabes que puedes contar conmigo, amigo.

--Gracias. –Dudó —Se trata de Red Shark, hace unos meses, cuando le dije a Jack que dejaba el negocio, necesitaba dinero para cambiar de vida y no se me ocurrió otra cosa que jugármelo con Mike en una partida de Póker y ahora le debo una gran cantidad de dinero y no tengo con qué pagársela.

--Vamos, que te metiste literalmente en la boca del tiburón. –Bromeó e intentó reírse pero la cicatriz del costado casi le dejó sin respiración.

--¿Ves? Eso te pasa por hacerte el ingenioso.

--Perdón, pero es que me lo has puesto muy fácil. Ahora lo siento, pero me toca echarte la bronca ¿Cómo se te ocurre hacer negocios con él?

--¡Qué poca imaginación tenéis todos, coño! Ya he perdido la cuenta de las veces que me habéis preguntado eso. No sé, sabes que soy bueno jugando al póker, no hay quien me gane, o eso pensaba yo, se me presentó la oportunidad y lo vi fácil.

--Pues te has metido en buen lio. Sabes porque le llaman “Red Shark”, ¿No?

--He oído muchas leyendas a cual más inverosímil.

--Pues un viejo conocido, que también tiene tratos con Mike, dice que en su despacho hay un gran acuario con un enorme tiburón blanco, al que le echa de comer sus enemigos y toda el agua se tiñe de rojo sangre, de ahí su apodo.

--¡Qué bien! – Dijo Christ al tiempo que se sentaba al borde de la cama, pues le fallaban las piernas.

--Si quieres te puedo dar algo de dinero.

--O sea, yo hago que te peguen un tiro y tu me quieres salvar de ser la comida de un tiburón.

--Deja de torturarte por lo de ayer ¿quieres? Son gajes del oficio, hace tiempo que lo aprendimos, por las malas. Además a Brandon también le deje un recuerdo en la mejilla, para que no se olvide de mí.

--Gracias amigo, pero me temo que necesito mucho más dinero del que tú me puedes dar.

--¿Y Jack? El negocio del narcotráfico le va bien últimamente.

--Esta mañana antes de venir se ha presentado en mi casa y te aseguro que lo único que está dispuesto a darme es una patada en la boca del estomago.

--Ah cierto, no es el mejor momento para pedirle favores. Pues no sé cómo ayudarte…

--No te preocupes, ya has hecho suficiente por mí, algo se me ocurrirá. ¿Cuándo te dan el alta?—Dijo intentando cambiar de tema.

--Ya sabes lo pesados que son estos matasanos, dicen que en tres días, pero yo no tengo tanta paciencia, igual cojo las cosas y me voy.

--Anda, no me seas impaciente, además tal y como están las cosas estás más seguro aquí. Cuídate. –Se despidieron y Christ abandonó el hospital.

Hace alrededor de 3 años

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Abril_Sagols
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 3 años

Me llego a fijar que sólo me quedaba esta por leer y hubiera aguantado... jaja


#7

5. -Lunes. Dos días, dos balas.

Era bien entrada la tarde del lunes cuando Christ decidió dar un paseo por el parque cercano a su casa. Se había pasado la tarde del sábado y el domingo completo entre ahogando sus penas en una botella de whisky e intentando reunir más dinero, reclamando los favores que le debía más de uno. Faltaban poco más de 48 horas para que acabara el plazo y tan solo había conseguido reunir 30.000 de los 50.000 que debía pagarle a Mike si no quería ser el desayuno de su “mascota”.

Paseó distraído entre los setos hasta llegar a un pequeño lago, se sentó en el banco y observó las ondas que el viento producía en la superficie del agua. Recordó que desde el viernes pasado no sabía nada de Claire, desde su última discusión no se había vuelto a pasar por el club; lo cierto es que tenía mala conciencia, ella siempre se había portado bien con él y había sido más leal que muchos a los que llamaba amigos, y sin embargo él la había tratado con desprecio. Tan abstraído estaba en sus pensamientos que no se percató del hombre que se sentó a su lado hasta que este le preguntó:

--Bonito día ¿verdad?

--Eh…si.

--Así da gusto pasear, ¿Por qué no me acompaña y damos una vuelta?

Christ molesto por la camaradería que mostraba ese desconocido se giro hacia él y cuando estaba a punto de decirle que se fuera al infierno, se dio cuenta de que en el bolsillo derecho de su chaqueta había un bulto demasiado parecido al cañón de una pistola.

--Entiendo.

--Me alegro. Ahora levántate despacio sin hacer tonterías y sígueme, o te vuelo la cabeza aquí mismo.

--Joder. –Masculló y siguió sus instrucciones sin rechistar.

Salieron del parque y llegaron a un descampado que hacía las veces de aparcamiento; dado que era la hora de comer, estaba vacío salvo por un coche que debía de ser del hombre que le apuntaba con la pistola y de los dos hombres que le esperaban.

Cuando le quedaban muy pocos metros para llegar hasta ellos, el de la pistola le dio una patada en la espinilla y lo tiró al suelo.

--Mike se está cansando de esperar ¿tienes la pasta?

--Eh…sí –Respondió al tiempo que se llevaba la mano al reguero de sangre que brotaba de su labio al chocar contra el suelo.

--¿ah sí? Y ¿Cómo lo has conseguido?

--¿Eso a ti que te importa?—Repuso incorporándose.

--Cuidado amigo, aquí el que hace las preguntas soy yo. –Respondió al tiempo que le propinaba una patada en la parte baja de la espalda, haciendo que se volviera a caer.

--He hecho algún trabajo y he cobrado unos cuantos favores.

--Espero que no nos engañes, no es eso lo que ha llegado a mis oídos…

--¿A qué te refieres?

--Un “amiguito” tuyo, tras una agradable conversación, nos ha dicho que hace unos días no tenias apenas nada reunido y que estabas dispuesto a cualquier cosa, incluso a jugárnosla con dinero falso.

--¡Eso es mentira!

--Vaya, vaya ¿Así que insinúas que nos mintió? –le agarró por el pelo y le hizo levantarse.

--¡Sí!

En ese momento le dio una patada en la boca del estómago.

--Más te vale que sea cierto, mañana al atardecer ve a casa de Mike.

--¿Mañana? El plazo acaba…--No pudo acabar la frase pues uno de los que estaba al lado del coche se acercó y le dio una patada en la cabeza con la mala suerte que dio un fuerte golpe con una piedra del suelo, que le nubló la vista.

--Tienes razón, --Intervino por primera vez el que le dio la patada en la cabeza. –Deberíamos matarte aquí mismo.

Se subieron al coche mientras Christ seguía tirado en el suelo sin ser capaz de enfocar bien, solo pudo ver como el coche arrancaba y andaba marcha atrás, “se acabó”, pensó y a continuación silencio y oscuridad absoluta.
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Le dolía muchísimo la cabeza pero sentía una sensación extraña, como frio, poco a poco recobraba la sensibilidad en su cuerpo, la suficiente como para notar que estaba sentado pero se movía, estaba en un coche. Abrió lentamente los ojos y miró de reojo al conductor que tenía a su lado, para su sorpresa llevaba una minifalda ajustada que dejaba al descubierto unas bonitas piernas, subió la mirada hacia los senos enmarcados por un abundante escote por el que caían mechones de pelo rubio.

--¡Eh! Que mi cara está más arriba.

--¡Claire!—Al hablar le dolió el corte que tenía en el labio pero nunca se había alegrado tanto de verla.

--Pues claro ¿Quién te creías que era?

--Los secuaces de Mike –Respondió llevándose que la mano a la parte de la cabeza que sentía fría, se dio cuenta de que tenia atado una bolsa con hielo.

--No te lo quites, ayudará a bajar la hinchazón y te aliviará el dolor.

--Pero…no entiendo… ¿Cómo sabias que estaba allí?

--Esta tarde vino uno de los que te han pegado la paliza al club y bueno…ni te imaginas lo que hacen un par de whiskys y una minifalda lo suficientemente corta. Con la emoción del momento se le escapó que poco después irían a buscarte para darte un aviso, así que decidí salir tras él y perseguirle.

--Pues perdona que me ponga exigente pero podías haber llegado un poco antes de que me partieran varios huesos ¿No crees?

--Lo intenté –Respondió visiblemente molesta. –pero no sé si se percató de que le seguía, pero me despistó y me costó volver a encontrarle, para cuando lo hice ya estaban en el descampado pegándote una buena tunda y tuve que esperar a que se fueran.

--¿Y ahora dónde me llevas?

--A mi apartamento, es posible que el tuyo esté vigilado.
Hicieron el resto del trayecto sin decir nada hasta llegar a casa de Claire, una vez dentro, ella le invitó a pasar al sofá, fue a por un pequeño botiquín y le desabrochó la camisa y empezó a curarle los moratones del abdomen y espalda. Pasados unos minutos por fin Christ se decidió a hablar.

--Oye Claire, muchas gracias, si no llega a ser por ti ahora estaría muerto…

--Anda no exageres –Le interrumpió.

--No, Claire, déjame acabar. No lo digo solo por lo de hoy, sino por todo lo que has hecho en los últimos días, bueno realmente siempre has estado ahí para ayudarme. En cambio yo…yo me he comportado como un verdadero capullo. –En ese momento se le hizo un nudo en la garganta y paró de hablar.

--Sigue, sigue, estabas diciendo que lo sentías y que eras un capullo y hasta ahora estoy totalmente de acuerdo contigo. –Bromeó intentando romper el hielo pero sin levantar la mirada del torso desnudo de Christ, pues se le estaban llenando los ojos de lágrimas.

--Aunque te rías de mí, es verdad, me he comportado como un desagradecido y he pensado mucho en lo que me dijiste la última vez que nos vimos en el club, no sé diferenciar mis amigos de mis enemigos y tú siempre has sido una buena amiga –Se le volvió a hacer un nudo en la garganta, esta vez más grande pero aun así continuó hablando. –De hecho siempre has sido más que una amiga.

Llegados a ese punto, a Claire casi le resultaba imposible disimular, le temblaban las manos y estaba tan cerca de Christ que una lágrima fue directa de su ojo al pecho de él, resbalando hasta el ombligo. Entonces Christ le cogió la cara por la barbilla y se la levantó hasta que sus ojos se clavaron en los de ella, se acercó despacio a sus labios, cuando su aliento se confundía con el suyo al echarse levemente para delante notó un fuerte pinchazo en el costado que le hizo retirarse con brusquedad. Durante unos segundos se miraron confundidos hasta que Christ se levantó del sofá, se abrochó la camisa y dijo:

--Y hablando de enemigos, me voy a encargar personalmente de que uno acabe bajo tierra. ¿No tendrás una pistola?

--Antes de ir a por ti fui a tu casa y guardé la tuya en el bolso, pero ¿Qué vas a hacer?

--Lo que debería haber hecho hace mucho tiempo. Cuando acabe me iré a dormir a casa si mañana pasara algo y no te vuelvo a ver…

--¡Quédate esta noche en casa! –Respondió de sopetón Claire.

Christ dudó durante un momento pero enseguida convino en que quizás era lo más seguro y que su sofá parecía bastante cómodo. Sin entretenerse cogió la pistola del bolso y salió a la calle. Recorrió las calles a la carrera y se detuvo delante del mugriento cartel de la tintorería, sin más dilación entró de un portazo sin darle tiempo a Martha de reaccionar, se dirigió hasta las escaleras, atravesó las dos puertas y tras la última encontró a Dylan que se giró rápidamente.

--Maldito traidor, me has vendido a Mike y por tu culpa casi me matan, te voy a llevar a la alcantarilla de la que nunca debiste salir, rata traidora. –Acto seguido le puso la pistola en la cabeza y disparó a quemarropa haciendo que la sangre salpicara los billetes a los que él llamaba su obra maestra. Al salir encontró a Martha con el rostro desencajado, seguramente habría oído el disparo, sin ni siquiera detenerse le dijo al salir:

--Yo que tú me daría prisa en limpiar la sangre, una vez seca se quita muy mal.

Tras disparar a Dylan, salió de la tienda y se escabulló entre las sombras por si el disparo se había oído fuera y la policía le hacia una visita inesperada. Meditó si era buena idea volver a casa de Claire y aunque era muy consciente de que la respuesta era negativa, no pudo apartar de su mente la idea de que quizás era su única oportunidad de estar con ella. Al llegar a casa, se la encontró dormitando en el sofá, al oírle llegar se despertó sobresaltada y somnolienta le dijo:

--Te estaba esperando, estaba preocupada.

Hace alrededor de 3 años

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#8

6. Martes. Un día, una bala. “Nadando entre tiburones.”

El tráfico en la calle le despertó sobresaltado y empapado en sudor, tardó unos segundos en darse cuenta de que no había peligro, más tranquilo se levantó de la cama, observó la espalda desnuda y la melena despeinada de Claire y por primera vez en mucho tiempo una media sonrisa asomó a su rostro. Sin hacer ruido para no despertarla, se fue a la ducha.

Cuando se despertó Claire, desayunaron y pasaron la mañana juntos en casa, quizás por comodidad, quizás por miedo a salir a la calle. Pero Christ no olvidaba la advertencia que le habían dado el día anterior y sabía que su plazo se había acortado, así que decidido a no dilatarlo más, se fue a su casa a meter en una bolsa el poco dinero que había conseguido reunir.

Ya estaba metiendo el último fajo cuando oyó el motor de un coche en marcha al igual que varios días antes. Con la mano en el bolsillo sin soltar la pistola, salió a la calle y efectivamente allí estaba uno de los secuaces de Mike que hasta el momento no había tenido el placer de conocer. Esté, sin salir del coche asomó la cabeza por la ventanilla y le indicó con un gesto que se subiera atrás, sin rechistar, Christ le hizo caso.

Hicieron el trayecto de más de una hora en silencio, Christ nunca había estado en casa de Mike pero estaba seguro de que estaba más cerca y que el conductor había dado varias vueltas en círculo, no sabía si para despistarle a él o a alguien más y eso le hizo pensar en Claire y en como ya había seguido a otros hombres para salvarle en el parque y le inquietó pensar que pudiera haber hecho lo mismo, con discreción miró por la luna trasera en un par de ocasiones pero no vio nada.

Tras desviarse una última vez, entraron en un camino de tierra y después de unos diez minutos, el coche se detuvo delante de una verja de hierro minuciosamente forjado, dibujando hojas y en el centro la cara de un gran tiburón, el conductor pulsó un botón hábilmente disimulado en un seto y la puerta se abrió a la altura que separaba los dos ojos del tiburón, era evidente que habían llegado a su destino.

Delante de ellos se abría paso un extenso terreno y al fondo una imponente mansión. Al llegar a la puerta, le esperaban dos hombres, entre ellos Brandon, se bajó del coche y le cogieron por los codos aunque sin llegar a empujarle, al fijarse en Brandon vio la cicatriz que le había dejado el derechazo de Daniel, sin poder evitarlo se burló:

--Bonita cicatriz. –Brandon le respondió con un empujón que casi le desestabilizó, pero mereció la pena y sonrió.

Entraron en la casa y ante ellos había un amplio recibidor con unas imponentes escaleras de mármol, le indicaron que girara a la izquierda donde comenzaba un largo pasillo con las paredes forradas de madera y colgando de ellas, decenas de trofeos de caza de diversos animales. Vio un hueco libre entre dos imponentes cabezas de jabalí “Ahí irá mi cabeza” pensó tragando saliva.

Al final del pasillo atravesaron una puerta entreabierta, era un despacho con las paredes forradas de estanterías repletas de libros y en el centro de la sala una mesa de roble, donde estaba sentado Make. Le recordaba menos gordo y calvo pero recordaba perfectamente la cicatriz que nacía en las comisuras de sus labios atravesando la mejilla provocando una expresión con una sonrisa maligna.

Nada más entrar se percató de que había una luz extraña, pero no fue segundos después que se percató de donde venía, la pared del fondo estaba totalmente acristalada, ya que contenía un acuario, lo que hacía que el agua reflejara La Luz de una forma muy peculiar. Un imponente tiburón de más de tres metros zigzagueaba tranquilamente, hasta que de la parte de arriba calló un pez y en ese momento se giró bruscamente, abrió las fauces y en apenas un segundo hizo desaparecer su presa. Se movió con tanta virulencia que hizo temblar la parez de cristal de tal manera que parecía que se fuera a romper, dejando libre al tiburón.

-Impresionante ¿verdad? Es increíble como un animal tan bello puede ser a la vez una perfecta máquina de matar.

A Christ le habría gustado responder pero un nudo en la garganta se lo impedía, no se consideraba ni mucho menos cobarde, de hecho se había enfrentado a situaciones a las que muchas personas serían incapaces y podía disparar a alguien sin pestañear, pero lo cierto es que esa bestia le hacía latir el corazón demasiado deprisa. No quería mostrar debilidad así que intentó recomponerse.

-¿Me has traído hasta aquí solo para hablar de tiburones?

-Vaya parece que tienes prisa por morir. George, lleva a nuestro querido amigo a la "Sala de baile" mientras nosotros contamos el dinero y vemos que todo está en orden.

George le instó a que se levantara y le guió por interminables salas y pasillos hasta llegar a unas destartaladas escaleras de madera que descendían, las bajaron y llegaron a una puerta, el hombre la abrió y sin darle tiempo a reaccionar le tiró al interior de la habitación que se encontraba totalmente a oscuras, lo único que pudo oír Christ fue el ruido de la llave girando dos vueltas.

Pasaron varios minutos hasta que oyó la voz de Mike al otro lado de la puerta:

-¡Abre la maldita puerta! – A continuación oyó la llave girando. En ese momento, todo ocurrió muy rápido; la puerta se abrió de golpe, encendieron una luz que le cegó por completo y sin darle tiempo a reaccionar alguien le propinó un golpe en la espalda que le hizo caer al tiempo que Mike gritaba fuera de si.

Reaccionó justo cuando dos hombres le levantaban por las axilas y su jefe les ordenaba que le llevarán a la pecera, estaba dispuesto a rendirse cuando de repente recordó que en su chaqueta aún llevaba la pistola. Solo tenía una bala y en esa sala se habían reunido en cuestión de segundos cinco hombres con Mike a la cabeza, pero para él, rendirse no era una opción, ya se podía considerar hombre muerto y solo le quedaba el triste consuelo de saber que nada podía empeorar más, por lo que al menos intentaría irse al infierno acompañado.

Hace más de 2 años

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#9

Con un movimiento rápido metió la mano en el bolsillo y sin darle tiempo a reaccionar, se apartó de uno de los hombres que le sujetaban y con un movimiento rápido pasó su brazo izquierdo alrededor de su cuello al tiempo que apoyaba el cañón de la pistola sobre su sien.

--Hay que ver muchacho la habilidad que tienes para complicar las cosas. Antes de que tu bala haya rozado siquiera su piel, mis cuatro hombres y yo mismo te habremos dejado como un colador ¿Qué pretendes?

--Comprobando si lo que dicen de vosotros es cierto.

--¿A qué te refieres?—Por primera vez parecía tenso.

--Dicen que la marca de la casa es la lealtad, quiero saber si os arriesgaríais a disparar sabiendo que le podéis dar un disparo a uno de los vuestros. –Como muestra de que iba en serio, se ocultó todo lo que pudo detrás de su rehén, hecho que no le resultó difícil ya que este le sacaba más de una cabeza.

Parecía que Mike no sabía qué hacer, se quedó parado unos instantes y finalmente con un gesto de su cabeza, ordenó a sus hombres que bajaran las armas.

Oculto tras su prisionero, tuvo tiempo de examinar la sala en la que se encontraban. Se dio cuenta de que era bastante más grande de lo que pensaba, el suelo era de mármol de colores marrones dibujando una especie de sol en el centro de la sala, las paredes aunque muy deterioradas, aun conservaban un lujoso papel en tonos ocres, y lo más interesante era que justo encima del sol, en el techo, colgaba una inmensa lámpara de cristal. Ya empezaba a entender porqué le habían llamado la “sala de baile” seguramente hubo un tiempo en que esa era su finalidad, aunque tenía la sensación de que en la actualidad su función era mucho más luctuosa. Mientras examinaba el entorno, no quitaba el ojo a sus contrincantes que intentaban acercarse a él.

--¡Quietos o le vuelo la cabeza! --Les advirtió siendo muy consciente de que no era bueno ponerlos a prueba mucho tiempo más, tenía que encontrar una forma de salir de allí.

Volvió a examinar con más detenimiento la sala y vio como en la pared que quedaba a su espalda había varios bidones de gasolina y justo en la pared de su derecha varias cajas amontonadas y en la cúspide… ¡Bingo! Una pequeña ventana que si no se equivocaba estaba al nivel de la calle. El problema era como llegar a ella, no podía soltar al hombre porque entonces sería una diana perfecta pero tampoco podía trepar todas las cajas sujetando su cuello y apuntándole con la pistola.

En eso estaba pensando cuando le pareció ver un resplandor a través de la ventana, como unos faros. Inmediatamente pensó que habrían sido alucinaciones suyas, perolas luces aparecieron de nuevo haciéndole un guiño y pudo distinguir la silueta de de un coche que le resultaba muy familiar:

--¡Daniel! Pero, ¿Cómo? –Pensó.

Bueno fuera como fuera que había llegado hasta allí, Daniel estaba fuera esperándole y él tenía poco tiempo y además solo le quedaba una bala, tenía que pensar muy bien sus siguientes pasos. Miró de reojo los bidones de gasolina y una idea cruzó su cabeza:

--Quizás si los disparo…--Rechazó de inmediato esa idea pues cayó en la cuenta que su cuerpo volaría en mil pedazos al igual que el de sus enemigos, tenía que pensar otra cosa, se fijó nuevamente en la lámpara… ¡Eso es!

Empezó a moverse lentamente en sentido contrario a las agujas del reloj, haciendo que los demás se acercaran a él, hasta que consiguió que todos estuvieran en centro del dibujo del sol y él a los pies de las cajas. Como si hubiera adivinado lo que estaba pensando, Brandom levantó la pistola y le apuntó a la parte de la cabeza que sobresalía detrás de su rehén.

--¿Qué intentas?

Se moría de ganas de usar su última bala en el pecho de ese miserable, pero no podía. En su lugar, sujetó al hombre que con la sorpresa de Brandom había intentado zafarse, lo sujetó con más brusquedad e introdujo el cañón de la pistola en su boca.

--¡Quieto ahí o me lo cargo!—Ya estaba junto primera caja sin dar la espalda a ninguno de sus captores, tenía que actuar rápido:

Dio una patada a una caja que se encontraba a su derecha y que no iba a necesitar para escalar. Tuvo suerte, pues tal y como pensaba, al caer hizo un gran estruendo que los sobresaltó, sin perder un segundo, con la mano izquierda empujó al hombre hacia delante haciendo que cayera encima de George y con la mano derecha disparó a la cadena que sujetaba la lámpara al techo. Trepó por las cajas y sacó medio cuerpo fuera, pero algo se le enganchó y no era capaz de seguir, en la calle ya era noche cerrada y las luces del coche le deslumbraban “¿Dónde demonios se habrá metido Daniel? ¿Y si no era él?”

De pronto notó como dos manos tiraban de él con fuerza. Cuando todo su cuerpo quedó tirado en la hierba se levantó con dificultad y frente a él estaban Daniel y Claire, se alegraba tanto de verlos que casi se abalanzó sobre ellos, pero cayó en la cuenta:

--¡Corred, vamos, corred! –Por suerte sus amigos le hicieron caso sin rechistar, se subieron al coche que estaba en marcha y salieron a escape por la reja que estaba abierta. Justo cuando salían de la propiedad de Big Shark, oyeron una gran explosión y una bola de fuego y humo salía de la sala en laque había estado encerrado segundos antes.

--¿Qué cojones ha sido eso?—Preguntó Claire.

--Seguramente la lámpara al caer ha hecho saltar una chispa que ha prendido los bidones de gasolina. ¿Pero y vosotros, cómo habéis llegado hasta aquí y abierto la puerta?

--En cuanto a la primera pregunta,--Respondió Claire. —Cuando saliste de casa, fui en busca de la que seguramente la única persona en toda la ciudad que estaría dispuesto a ayudarte y le pedí su ayuda.

--Y ya sabes que yo estaba deseando salir de ese hospital y me pareció una buena excusa. --Intervino Daniel. –En cuanto a la segunda pregunta, esta noche he averiguado que no es buena idea meterse con una chica con un bote de laca y un mechero, por lo visto ese producto que combinado con fuego es un arma de lo más eficaz, lo rociamos en el mando que abría la puerta y al prenderle fuego estalló, abriendo la puerta de par en par.

Continuaron el viaje sin hablar apenas, algo le rondaba a Christ por la cabeza y lo tenía concentrado, tanto que ni siquiera preguntó dónde iban y se sobresaltó cuando el coche frenó.

--Hemos llegado –Anunció Daniel.

Christ parecía despertar de su letargo y miró a su alrededor, estaban en el puerto, más o menos donde la desastrosa noche de hacía cuatro días.

Salieron del coche y se quedaron callados mirando esa masa negra en la que se convertía el mar por la noche, un escalofrío recorrió el cuerpo de Christ. Claire se percató de la inquietud de su compañero se acercó a él y le cogió la mano, él para no preocuparla sonrío y se preguntó si sus amigos tenían derecho a saber lo que le preocupaba.

Como respondiendo a su pregunta, Claire hizo una en voz alta. --¿Y ahora qué?

--No me queda otra opción, tengo que salir de la ciudad y cuanto antes.

--Pero Mike y los suyos están muertos… ¿no?

--Si. Eso creo.

--¿Cómo que eso crees?

--No os lo he querido decir, pero justo antes de salir a escape he visto como una sombra que se acercaba al coche, no sé si son alucinaciones mías o algunos de los hombres de Mike ha conseguido escapar y va tras mi pista.

--Pero tienes amigos a los que acudir.

--No Claire, no me abundan los amigos. Además después de haber matado a Dylan la policía y Martha ya habrán puesto precio a mi cabeza por no hablar de Jack, después de haber arruinado su negocio, no estará muy amigable. De hecho, vosotros sois mis dos únicos amigos y ya os habéis metido en suficientes líos por mí.

En ese momento, Daniel carraspeó para avisarles que estaba allí, había tenido la delicadeza de alejarse para dejarles intimidad.

--En cuanto a Jack, me dio algo para ti cuando vino a verme al hospital. –Dijo sacando una nota del bolsillo del abrigo.

Christ la leyó:

“Hola Christ:

He estado pensando en ti estos días y en la conversación que tuvimos el día que viniste a mi casa a buscar trabajo, me equivoqué. Me equivoqué cuando te dije que un hombre vale para lo que vale y nada más, me he dado cuenta de que se puede cambiar si tenemos alguien que nos dé una segunda oportunidad.

Siempre has sido una persona fiel y por eso te voy ayudar, en el puerto hay un navío con un cargamento que he de enviar al oeste del país, les he dado orden de que te dejen subir. Una vez en la ciudad de destino, en la taberna del puerto, pregunta por Caroline y dile que vas de mi parte, te buscará una ocupación y todo lo necesario para empezar una nueva vida.
Buen viaje y buena suerte, amigo.

P.D. Te escribo esta carta desde el sillón de la que era tu casa, he pensado que ya no la vas a necesitar y al fin y al cabo me debías una.”

Terminó de leerla con una sonrisa en la cara, --¡Bribón usurero! --Les contó lo que ponía a sus amigos.

--Supongo que entonces esto es una despedida.

--Así es, es hora de que cambie de rumbo, ya no hay nada que me ate a esta maldita ciudad. –En ese momento, Claire retrocedió molesta.

Christ se acercó a ella y le levantó la cabeza con suavidad: --No hay nada que me ate, salvo tú. No te puedo prometer un gran futuro, pero quiero que estemos juntos, vente conmigo.

A Claire le cambió la cara, le besó en los labios y con una sonrisa le dijo: --Vámonos marinero.

Como si la hubiera oído, la sirena del navío anunció su llegada al embarcadero. Había llegado el momento, soltó un momento la mano de Claire y se dirigió hacia su amigo fundiéndose en un cálido abrazo. Al separarse se lo quedó mirando con rostro preocupado.

--No te preocupes, estaré bien. Ahora marchad, el barco os está esperando.

La pareja se miró de nuevo, sin decir nada se cogieron de la mano y subieron al barco.

Hace más de 2 años

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PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 2 años

@G_Rurba, @ramirezvegaalfredo, @Abril_Sagols me he tomado la libertad de citaros para deciros que después de mucho tiempo he acabado la historia, ya que la seguisteis muy de cerca he pensado que os gustaría saber como acaban las desventuras de Christ.
Una vez más gracias por compañarme a lo largo de las cajas. Abrazos.

Abril_Sagols
Rango11 Nivel 53
hace más de 2 años

Graciaaas!!! La leeré en cuanto pueda!!😋