daimon_3442
Rango8 Nivel 37 (2754 ptos) | Poeta maldito
#1

La piedra grabada hablaba con símbolos de una lengua ajena, de la que solo podía intuir su significado. Si llegaba a creer comprender esas marcas de la pared no era por haberlas desentrañado. Se parecían como a tantas otras de esas runas a la entrada de las tumbas. Maldiciones y protecciones no del todo desconocidas para un saqueador.
Así que una vez más hizo lo propio de su oficio, en un intento por calmar a los dioses contentando de paso a los espíritus. Recito el salmo, que muchos utilizaban para recordar el orden correcto, unto su dedo en la negra tinta y comenzó a recorrer los surcos. Dibujando cada una de las letras de esa palabra que estaba invocando aunque era saqueador y no mago.
Su dedo discurría por los pulidos canales y fue su tacto entrenado el primero en advertir que en el último símbolo alguno de sus trazos era basto aunque la tinta se empeñó rápidamente en completarlo. Cuando tomo consciencia de lo que estaba por venir le hubiera gustado decir una plegaria o dar un grito de aviso pero solo vino a sus labios un “oops”. Antes de caer fulminado por la magia que había desatado.

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OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace más de 4 años

Oh me suena muy bien, contínuala, quiero saber más :D

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 4 años

Continúa así, el relato es bueno. Si deseas te invto un poco de patatas con manzana. Pasate por mi perfil. Me gustaría contar con tu comentario y corazón. Si lo merezco, claro.

JotaDe
Rango4 Nivel 18
hace alrededor de 4 años

Muy "lovecraftiano", me has enganchado :)


#2

Y este aunque solo sería el primero de sus muchos encuentros con la muerte, al igual que el primer beso, aquel chispazo arcano se grabó fundiéndose en su misma esencia irremediablemente anclado a su alma para siempre. La misma que había abandonado en ese instante, la cascara algo chamuscada de su carne a la entrada del mausoleo.

La carroña despertaba una oportunidad demasiado irresistible a lo que se agazapaba pacientemente en la oscuridad más allá del umbral de la catacumba. Las ponzoñosas garras y la carne azulada de una hinchada mano se aventuraron por un momento a salir a la luz para alcanzar su premio en la trampa. Con un rápido golpe el cadáver desapareció engullido por las sombras como si la antigua tumba sencillamente se lo hubiera tragado.

Hace más de 4 años

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#3

Engullido, arrastrado atravesando un laberinto de corredores, mecanismos ocultos, piedras falsas, pozos y puertas secretas nubladas por la magia de los primeros hombres. Hacia las entrañas de la cripta. El descoyuntado cadáver fue a terminar su viaje encima de una mesa de madera roja, junto a todo un muestrario de finas hojas curvas, clavos y otro utensilios, tan extravagantes al ojo inexperto como puntiagudos y afilados. El ghoul se desprendió del cuerpo sin apego. Lo lanzo como de un saco sobre la mesa del maestro.

El no muerto levanto su mano hacia una serie de huesecillos que colgaban como sobras del techo. Decorando en forma de macabros fetiches o quizás acumulando el recuerdo de la muerte, de la carne en otro tiempo ya devorada y pelada de ellos. El marfil tintineaba chocando cuando escapaba de la delicada caricia de sus garras. La criatura que no tenía voz, salvo quizás un leve murmullo, un quejido que emitía su garganta, provocado por la molesta luz de las velas. Anunciaba así su llegada a su creador para poder retornar de nuevo paciente como un no muerto al descanso de sus sombras.

Hace más de 4 años

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#4

—¿Qué has traído, Grhull?—el nigromante había detenido su vista valorando aquel ovillo de carne. El hueso de una de las piernas asomaba dejándose casi ver por completo en una tan antinatural como imposible posición de no ser porque prácticamente estaba arrancado de su sitio. En muchas partes la piel lacerada todavía escondía restos de gravilla que se mezclaba con una sustancia parduzca y casi podía adivinar los treinta cuatro golpes en el cráneo uno por cada escalón. Como también los estragos de alguna especie de fuego que en algunos lugares había pegado o quemado las ropas junto a porciones de piel en muchas partes hinchada y rojiza. Todo aquel cuerpo desprendía un olor como el del jamón cocinado que servían en las tabernas.

—Que calamidad, has vuelto a arrastrar todo el camino a uno de nuestros invitados.—Chasqueo la legua con desaprobación.

La manos agarraron con fuerza aquel caos sobre la mesa. Los huesos se astillaron bajo la presión y la carne se desgarro separándose. El mago negro solo había comenzado con su faena.

Hace más de 4 años

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 4 años

Pintaba bien e inicio y lo sigue haciendo

daimon_3442
Rango8 Nivel 37
hace más de 4 años

@Rurba_741 estos dias ando cocinando esta historia de tripas & mazmorras es un gusto que os de al ojo y que os animeis a picar un poco del plato...vuelvo a mi delantal de "masterchef de mordor" gracias una vez mas por comentar XD


#5

Todo lo que una vez fue el saqueador había viajado muy lejos, no a un lugar sino más bien a un tiempo casi un reflejo inundado de luz construido con los recuerdos de toda su vida. Volvía a caminar por las calles de Puerto Blanco. Salvo por que el cielo sobre su cabeza estallaba en azul eléctrico que como un mal presagio le hacía encogerse al mirarlo. Las casas y las calles de su niñez era como si estuvieran construidas con ladrillos de arena blanca haciendo de verdad honor al nombre de la ciudad. Cada persona, cada detalle parecía pulido para brillar. Como el primer candelabro del que se apropió o como la pieza de oro que acariciaba cada noche hasta quedarse dormido.

Se froto los ojos, este lugar no era la ciudad de Puerto Blanco del invierno arcano, corrupta, llena de temor, secretos y tenebrosos cultos. Se respiraba sobretodo una paz, lejos de cualquier miedo incubado por la sed de conocimiento de los Alar.

Si alguna vez hubiera escuchado de verdad a los clérigos, diría que justo donde se encontraba era la suma de todas las promesas de “Los Tres”, que se repetían en nombre de estos dioses antes de prender una pira funeraria. Desde la guerra y la gran barrera cada cuerpo debía encontrar la piedad y pasar el rito o al menos separar la cabeza del resto.

Pero el saqueador había muerto solo y lo que había dejado atrás, aunque eso ahora parecía ya no le importaba, solo tenía un destino. Pronto se animaría con el hambre imparable de un pellejo para vagar entre la nieve hasta ser cazado.

Hace más de 4 años

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 4 años

Una ambientación muy lograda. Felicidades :)

daimon_3442
Rango8 Nivel 37
hace más de 4 años

ya lo dicen las cronicas "son muchos años de D&D" :D :D :D

daimon_3442
Rango8 Nivel 37
hace más de 4 años

@Rurba_741 por cierto la ambientación "Los territorios de la Marca" son cosa de unos amiguetes mientras van poniendo en marcha su juego de rol yo le estoy metiendo un poco mano :P


#6

Era como si hubiera alcanzado un plano imposible. Una especie de piedad desconocida que siempre había rechazado para sí mismo. Como si solo se tratara de una gran mentira y que ahora le desvelaban innegable para su desasosiego, los primeros dioses con un gran sentido de la piedad o pueden que del humor. Permitiéndole vislumbrar y haciéndole comprender así la magnitud su error. Ese disparate sobre el que había cimentado toda una vida de saqueador. Una vida que a pesar de todo y sin un motivo evidente lo había llevado incluso a colarse en aquel paraíso.

Embobado, sus sentidos tardaron en alertarle de la pequeña molestia quitinosa, ocho finas agujas que elevaban el diminuto caparazón verdoso del curioso insecto que recorría su brazo. Parecía que no era la única sabandija en ese mundo luminoso de los tres. Entonces el cielo azul eléctrico volvía a retronar sobre su cabeza. En el eco una voz comenzó a volverse cada vez más clara y las palabras que traía eran extrañas pero no del todo desconocidas. Alguien en algún lugar pronunciaba un ritual en la lengua primigenia y oscura que debía haber sido prohibida a los hombres.

El diminuto bicho esmeralda pico con saña al saqueador recordándole de nuevo todo el dolor de la muerte. Inyectado el veneno de la vida que ahora lo recorría extiguiendo la luz de su cuerpo. Matando toda promesa de paraíso para él. Reclamandolo a la oscuridad.

Hace más de 4 años

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#7

Para acabar despertando entre gritos que solo cosecharon, muy por encima de un castañear y crujir de dientes, todo un coro de voces que los parodiaban como única respuesta. Transformando aquel lamento en una siniestra melodía que retumbaba, atrapándolo en su desesperación. Sumergiéndolo de lleno en la pesadilla. Hasta que termino por rendirse y con su renuncia llego también el silencio.

Le pesaban los parpados y sus ojos luchaban por hacerse con aquella penumbra, todavía medio ciegos por la intensidad de un halo blanco que poco a poco perdía su fuerza. Dejando que se dibujara la emborronada sala, dando sentido a las formas que se aclaraba conforme su visión se acostumbraba a la débil llama de una lámpara de aceite.

El cielo azul eléctrico había dejado paso a una multitud de fetiches que se agolpaban colgados por todo el techo. Los manojos de huesecillos ligados con finos cordones y sus místicas formas bailaban, girando sobre sí mismos. Una danza que parecía sostener con su mirada arrastrado en cada espiral parte de sus preocupaciones. Hasta relajar su cuerpo tumbado, estirado sobre una larga tabla. Con su piel pegajosa unida a la madera. Era como estar clavado a aquella mesa. Intentar moverse, solo confirmo que unas anchas correas lo mantenía atado e inmóvil a lo que de seguro era la mesa de un curandero.

No estaba solo. Algo o alguien rondaba por aquella estancia un leve crujido delataba su silenciosa presencia. Y por el rabillo del ojo se dejaban intuir unas formas que se mantenían como vigías en una larga guardia siempre de pie junto a la pared.

—Ia ia Cthulu, ha retornado nuestro invitado—la voz le sobresalto aunque había algo en su tono siseante. Que con cada palabra lo enredaba más y más, se tornaba dulce en sus oídos y que terminaba hechizándole, colándose por encima de todo en su cabeza. El hombre impaciente comenzó a liberare ayudándolo a incorporarse. Un esqueleto viviente le devolvía una podrida sonrisa.

—pst venga saludar donde están vuestros modales—el hombrecillo se dirigía a los tipos de la pared. Un grupo de pellejos encadenados que masticaban compulsivamente el aire. Sin duda habría gritado por suerte le habían cosido los labios.

Hace más de 4 años

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