INGRID
Rango6 Nivel 29 (1381 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Siempre se lo preguntaba, ésas manos, eran de ángel o de demonio?
Sabía perfectamente cómo eran las manos del diablo, las sentía cada noche (y estaba orgullosa de que fueran suyas), Pero ésas otras manos, siempre frías.
Cada vez que las sentía notaba cómo se encendía su piel, sabía que por más que recorrieran su cuerpo, seguirían frías, pero lograba que todo su cuerpo se calentara, la encendía de un modo indescriptible, era capaz de elevarla hasta el cielo o bajarla hasta el infierno, según el día, por eso nunca sabía si era un ángel o un demonio.
Su demonio era distinto. Siempre caliente. Una sola sonrisa suya era capaz de encenderla hasta límites inimaginables, él siempre le hacía bajar al infierno y eso le encantaba.
Sabía que un solo roce suyo era capaz de hacerla sucumbir,viajar hasta las entrañas tenebrosas de ése infierno que habían creado y hacer magia a su alrededor. Le arrancaba cada gemido como si de un mago se tratara, siempre desde lo más profundo de su ser. Sus labios ardientes pocas veces tocaban los suyos, como si temieran que al fundirse las llamas brotarían a su alrededor

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#2

Pero ésas manos, qué eran?
Sin apenas tocarla eran capaces de hacerle erizar la piel, eran como un susurro, silenciosas, suaves, perfectas.
A veces pensaba que el día en que le conoció le lanzó una especie de hechizo, quizás por eso cuando pasaban demasiados días en que no entraba en su mente, se colaba a través de sus sueños, haciéndole recordar sus manos, como se fundían por su cuerpo, cómo lograba arrancar sus gemidos desde lo más hondo de su ser. Ángel o demonio, cómo saberlo?
Lo único que sabía era lo que le reconfortaba reposar sobre su pecho, hablarle oyendo el latido de su corazón, abrirle el alma y sacar sus demonios mientras él tan sólo escuchaba, acariciándola fugazmente, como si temiera que si lo hacía demasiado, ella se escurriría entre sus dedos.

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#3

Debía ser un demonio porque su ausencia le quemaba en el pecho de un modo infernal. Porque demasiados días sin saber de él se convertían en un tormento de noches de insomnio, de sonrisas a medias, de lagrimas sin verter. Estaría bien? No lo estaría? Siempre tenía la duda pero sabia que esta nunca se llegaría a resolver. Su ángel-demonio nunca se lo diría. Nunca abriría su alma como tantas veces ella llegó a hacer. Por más que doliera. Por más que quemara. Ella siempre se la abrió a él. Pero él nunca llegaba a abrir más que algún sórdido recuerdo, algún retazo del pasado, alguna historia por descubrir.

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