AgosVicsan
Rango5 Nivel 22 (533 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Una chica curiosa. Una ciudad abandonada. Un misterio por resolver. "Bienvenidos a Destiny Hills."

Casi por casualidad, una noche de verano, Amelia Wells se topa con Destiny Hills, una misteriosa ciudad en ruinas. Desde allí, se enfrentará a muchos interrogantes, a peligros inimaginables, y a un misterioso pasado que la vincula a esa ciudad. Pero Amelia debe aprender que nada es lo que parece en este lugar, y que, aunque lo intente, "no se puede escapar de Destiny Hills".

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Excelente, a ver qué nos depara este misterio.


#2

Desperté a un lado de una desierta carretera en un lugar que no recordaba haber visitado nunca. El reloj de mi celular marcaba las 3 a.m. Maldije para mis adentros por haber dejado que pasaran tantas horas antes de intentar pedir ayuda, pero el cansancio se había vuelto evidente un par de horas atrás y no había podido evitar caer en un profundo, aunque corto, sueño. Lo último que recordaba era haber tenido que mover mi automóvil fuera de la carretera, a la mitad del camino de vuelta a mi hogar, cuando un comportamiento inusual me había forzado a apagar el motor, que nunca volvió a encenderse. Ya había intentado pedir auxilio por todos los medios, pero nada parecía funcionar, y me encontraba completamente perdida y sola a la mitad de la noche.

Intenté encender nuevamente el coche, pero todos mis esfuerzos fueron inútiles. El combustible no parecía ser el problema, la señal de tanque lleno relucía en el tablero y parecía estar burlándose de mi desgracia. Mi conocimiento acerca de autos y motores no era demasiado, por lo que cualquier cosa que sucediese escapaba por completo de mi control. Tomar el camino más largo para llegar a casa había sido un completo error (pese a ser demasiado terca como para admitirlo públicamente), no solo porque no tenía señal de celular para pedir auxilio, sino también porque no había ni un alma deambulando por esa oscura carretera. Salir de allí parecía una misión imposible. Mi única esperanza, sin embargo, era que alguien tomara el mismo camino que yo y pudiera sacarme de allí, aunque, con mi suerte, esa idea no parecía demasiado factible...

Aún murmurando todos los insultos que conocía, divisé a lo lejos una luz esperanzadora. Quizás no parecía muy sensato acercarse, todo en el exterior lucía misterioso a la luz de la luna, pero no tenía otra alternativa, a no ser que quisiera pasar lo que quedaba de mis vacaciones atascada en mi defectuoso coche, compadeciéndome de mi desgracia, esperando a que un rescate llegara milagrosamente hacia mí. Tomé una barra de metal que guardaba en el auto "para casos de emergencia" (a pesar de que ninguna emergencia anterior había requerido su uso, y hasta entonces, no le veía demasiada utilidad) y una voz en mi cabeza se rió de mí mientras pensaba "como si fueras capaz de dañar a alguien con eso". Aferrada a esa estúpida barra como si mi vida dependiera de ello, iluminada nada más que por el brillo de la luna y una linterna que apenas funcionaba, inicié una lenta y paranoica caminata hacia esa luz salvadora, mientras recordaba la cantidad de historias de terror que comenzaban con "ella se encontraba sola en mitad de la noche" (en menos de 100 metros de caminata se me habían ocurrido más de 5 historias con ese inicio, lo que abría un panorama no muy alentador).

Caminé por veinte minutos que parecieron horas. La noche oscura y calma se ceñía sobre mi cabeza, y en la silenciosa quietud solo se oían mis temerosos aunque decididos pasos, acompasados por el agitado sonido de mi respiración entrecortada por la adrenalina y la paranoia. La luna llena se reflejaba, reluciente, en una pequeña laguna a mi derecha, y me proporcionaba casi más luz que mi propia linterna, que no iluminaba más allá de mis propios pies y me hacía sentir realmente insegura. No podía dar un paso sin antes confirmar que ningún asesino serial me estuviese persiguiendo, o que un animal salvaje estuviese acechando para comerme. Exhausta, me detuve varias veces en el camino, cuestionando mi pobre estado físico y preguntándome si haber ido había sido una buena idea. La luz parecía alejarse cada vez más mientras me acercaba, como un oasis en medio del desierto, hasta desaparecer por completo, perdida en el horizonte, lo que me llevó a plantearme si realmente se trataba de una luz lo que había visto o si era mi imaginación que le jugaba una mala pasada a mi desesperación. Sin embargo, había caminado demasiado como para detenerme por perder de vista esa luz que quizás ni siquiera había sido real. Decidí continuar con una travesía que quizás no me llevaría a ningún sitio, pero que evidentemente era mejor que estar encerrada en un viejo e inservible automóvil. Unos metros más adelante, aún a pesar de la pobre iluminación con la que contaba, pude divisar una figura a menos de cincuenta metros de donde estaba. Me acerqué, con pasos prudentes, manteniendo mi vista en esa figura como si fuese a perderse en la oscuridad si no lo hacía, tal y como había sucedido con la luz.

Tras avanzar unos pasos, estuve lo suficientemente cerca como para precisar con certeza que la figura que había visto era un cartel. Por su forma y tamaño, distinguible desde lejos, se asemejaba a aquellos carteles que daban la bienvenida a pueblos y ciudades. Éste estaba cubierto de hojas que tuve que apartar, con ayuda de mi barra de metal (como si temiese que el simple toque a este objeto pudiese provocarme algo), para finalmente poder leer su contenido. El descolorido y desvencijado cartel amenazaba con desmoronarse en cualquier momento, ya que todas sus piezas de metal estaban corroídas por el óxido. Las letras que formaban el nombre del pueblo, cubiertas por una gruesa capa de polvo, apenas podían leerse, pero si había llegado hasta allí, al menos quería saber donde estaba exactamente.

"Bienvenidos a Destiny Hills"

Un cosquilleo que nada tenía que ver con la suave brisa de la noche, recorrió mi columna vertebral en cuanto leí ese nombre. Un mal augurio, quizás, un presagio de todo lo que vendría. Todo en mí decía que ya conocía este sitio, que había estado aquí antes, pero, aunque me esforzaba, no lograba conectarlo con ningún recuerdo anterior. Mis piernas temblaron en un amenazante escalofrío que parecía querer derribarme. Cada fibra de mi ser temía, como si hubiese un espíritu frente a mis narices y necesité unos minutos para recuperar mi cordura. Por extraño que pareciera, la atmósfera se volvió tensa a mi alrededor, como si incluso el clima se sintiera amenazado por ese sitio.

Miré a mi alrededor. Un camino se abría hacia la izquierda, la entrada a "Destiny Hills" presentándose ante mí como si la hubiese solicitado, como si fuese la respuesta a todas mis preguntas. Por mucho que me aterrara la sensación de Déjà-vu que estaba sintiendo, ese lugar podía ser la única oportunidad de volver a casa y no podía desperdiciarla por una simple "sensación".

Me armé de valor como nunca antes, y, contrariando todas mis sensaciones, decidí adentrarme a la oscuridad de "Destiny Hills" y enfrentar lo que sea que tuviese delante para lograr salir de allí lo antes posible.

Un sendero se abría paso ante mí, y toda la situación me recordó un poco a "El Mago de OZ" (excepto que los personajes seguían un reluciente camino amarillo y yo uno rocoso, oscuro y tenebroso). Hierba seca y plantas marchitas eran lo único que podía verse, y parecía que nadie había transitado por allí en años, o quizás siglos. El sitio estaba extrañamente vacío, solitario, desierto, pero algo me decía que solo hacía falta adentrarme un poco más para llegar realmente a la misteriosa ciudad. Y no me equivocaba...

Un par de kilómetros después, cuando estaba a punto de regresar por donde había venido, choqué contra una superficie sólida. Contemplé atónita como, frente a mí, un muro de inestables ladrillos se erguía monstruosamente, haciéndome sentir pequeña e insignificante. Una terrorífica puerta de hierro forjado se alzaba, intimidante, ante mis ojos, que no daban crédito a lo que estaban percibiendo, más allá de la oscuridad predominante. Una suave brisa produjo un rechinante y ensordecedor sonido en la oxidada puerta, que se abrió, quejumbrosa, de par en par, como invitándome a adentrarme en lo desconocido. La verdadera entrada a la ciudad estaba cruzando el umbral, pero aún así resultaba difícil no sentirse abatido e impresionado por el entorno. Todo, desde la inmensidad de la entrada hasta la hierba que cubría los ladrillos del muro, emanaba un cierto aire misterioso, que atraía y repelía en iguales proporciones. Haciendo caso omiso a todo mi interior, que gritaba desesperadamente que me alejase de allí, me adentré casi ciegamente en la inmensidad de "Destiny Hills", echando a la suerte mi siguiente destino.

Comencé a caminar hacia el frente, cruzando la metálica puerta, volviendo siempre la vista hacia atrás, como temiendo que ésta pudiese cerrarse herméticamente, encerrándome sola en ese misterioso sitio. Mi paranoia se había incrementado desde el momento en que choqué contra el muro, así que mis pasos eran incluso más lentos que antes. Los latidos de mi corazón eran lo único que podía oír junto con el sonido del viento golpeando en las hojas secas. Lo demás era quietud, un silencio tenebroso y preocupante que asustaría hasta al más valiente. Caminaba mirando hacia el suelo, como un detective en busca de pistas, casi sin percatarme de lo que tenía en frente.

Entonces miré hacia adelante, y me topé con un escenario maravillosamente caótico. Un paisaje, compuesto por lo que creía que eran las ruinas de una ciudad, yacía frente a mis ojos, piezas destruidas en una composición extrañamente bella, como si se tratase de una visión, de algo irreal, fuera de todos los límites; y mi curiosidad me impidió detenerme.

No sabía qué me esperaba adelante, pero de algo estaba segura: nada volvería a ser como antes.

khatina666
Rango5 Nivel 20
hace casi 4 años

Cuando he empezado a leer, no he podido detenerme. Es realmente hermoso, me gusta el misterio y la trama de tu historia, acompañada de una buena gramática. Continúala así. :)

AgosVicsan
Rango5 Nivel 22
hace casi 4 años

@khatina666 me alegro realmente de que te haya gustado. ¡Ya tienes disponible el siguiente capítulo!


#3

La oscuridad predominante de la noche había desaparecido, y se había llevado consigo los malos augurios. Aunque aún no había amanecido, era posible distinguir más claramente las formas de las ruinas, ya sin necesidad de una destartalada linterna. Mis huellas se marcaban en el seco camino de tierra, que parecía no haber sido transitado en demasiado tiempo. Mi pie chocó con una roca, y me arrodillé a recogerla, como si se tratase del objeto más valioso del mundo. Se asemejaba a un ladrillo de color rojizo, pero como si éste hubiese sido erosionado por el viento, ya que su forma rectangular había sido reemplazada por bordes irregulares y porosos. La guardé en mi bolsillo, como si arrojarla de nuevo al suelo pudiese causar una explosión, y seguí caminando, consciente de todo lo que sucedía en mi entorno.

Un camino ascendente se presentó frente a mí, y subí, uno a uno, los añejos peldaños de mármol que lo conformaban. Seguía maravillada por la arquitectura a mi alrededor: la ciudad, aunque en ruinas, conservaba un aire sofisticado pero misterioso. Desde la cima, pude apreciar el amanecer desde lo más alto de la ciudad. Estaba inmóvil, e incluso mi respiración se había ralentizado. Temía que moverme implicara alterar el más mínimo detalle de esa obra de arte, por lo que había decidido sentarme sobre una roca a contemplar la escena. Sentía como si el tiempo se hubiese detenido, o al menos como si transcurriese lentamente, una sensación que no había experimentado nunca antes. La calma embriagadora me hizo olvidar, por un momento, cuál era el motivo por el que estaba allí; incluso el temor y la paranoia que antes sentía se habían transformado en una hipnótica plenitud. Una utópica quietud rebosaba alrededor, ni siquiera interrumpida por el sonido del viento, que parecía haber enmudecido como todo lo demás. El cielo comenzó a cambiar de color, el día comenzaba a tomar forma.

Despuntaba el alba en el horizonte, haciendo del paisaje frente a mí una extraordinaria composición de formas incompletas. Las ruinas de la ciudad adquirían otro color, iluminadas por la luz de la madrugada. La enigmática atmósfera se mantenía aún a plena luz del día, aumentando mi curiosidad a cada segundo. Muchas preguntas y absurdas teorías invadían mi mente, no comprendía como una ciudad de tales dimensiones había alcanzado tal estado de abandono y desolación. Parecía haber sido abandonada intacta, siendo la naturaleza culpable de su destrucción. No había huellas ni rastros que explicaran la presencia humana reciente, no se veía personas en las amplias calles de la ciudad, no había ni siquiera un sonido que alertara de la existencia de un ser viviente allí. Aún mantenía la esperanza, sin embargo, de que alguien pudiese ayudarme a volver a casa, por lo que decidí bajar nuevamente la escalinata de piedra para seguir recorriendo todos los rincones de Destiny Hills.

Las horas pasaban lentamente y las luces del día eran cada vez más visibles. El sol, que salía lentamente de su escondite en el horizonte, jugaba con las sombras de las ruinas, creando imágenes extrañas y colores nuevos en las construcciones de la ciudad. El silencio exterior era aún el protagonista, y el sonido de mis pasos era fácilmente detectable desde cualquier sitio.

Seguí mi marcha lenta y pesadamente, mis labios estaban resecos y comenzaba a lamentar el no haber traído conmigo una botella de agua. Una casa desvencijada, sostenida simplemente por paredes añejas, apareció en mi campo de visión. Aunque hubiese un sinfín de casas similares, solo esta llamó mi atención, como si un campo magnético la rodeara, o incluso como si luces de neón estuviesen apuntando hacia ella. Me acerqué, procurando no tocar nada en el camino, casi temiendo que un simple movimiento pudiese alterar el estado de las cosas. Me encontré con una casa de familia. Para mi sorpresa, todo parecía haber sido petrificado: seis sillas vacías se reunían alrededor de una mesa de madera, cubierta por una gruesa capa de polvo, con vasos y platos vacíos como si se estuviese preparando todo para un gran festín. Un antiguo reloj de pared, que parecía estar roto, marcaba con sus agujas las siete en punto, hora que, según mi celular, estaba próxima a cumplirse.

Recorrí la casa de punta a punta, buscando algo que llamara mi atención, alguna señal de vida, o algo que me permitiese descubrir más sobre el lugar donde estaba. A un lado de la habitación, apoyado sobre un escritorio, un libro de tapas duras y gruesas, pesado por su contenido y con las hojas descoloridas, parecía estar esperándome. Un abstracto y colorido dibujo en relieve, rasposo al tacto, cubría la tapa de punta a punta. Curiosa, comencé a hojearlo; las hojas parecían a punto de despegarse del viejo encuadernado, por lo que tuve que moverlas cautelosamente para evitar que se rompiera en pedazos. Una cinta de seda, de color rojo sangre, marcaba una de las amarillentas páginas. Al abrirlo allí, una frase resaltada llamó poderosamente mi atención, aunque no podía precisar con certeza por qué.

"Lo que está destinado a suceder siempre encontrará una forma única, mágica y maravillosa de manifestarse"

Mi mente comenzó a divagar cuando mis ojos leyeron esta frase. Nunca había creído realmente en el destino: consideraba que en la vida las cosas no estaban escritas de antemano, y que eran los seres humanos los que debían encargarse de su propia suerte día a día. Pero sin embargo esta frase seguía resonando dentro de mí, como si significase algo, como si me afectase de alguna forma. Volví a leerla, como esperando que algo tuviese más sentido, cuando noté algo diferente en la forma en que esta frase estaba escrita. Quizás era mi imaginación, quizás mi sugestión me había inducido a esto, pero las letras destacadas parecían formar mi nombre, Amelia. Dejé, boquiabierta, el libro nuevamente en su lugar, temiendo que otra revelación pudiera descolocarme, aunque ya estaba demasiado fuera de mí.

Caminé hacia la salida. Estando tan sumida en mis pensamientos, me sobresalté al oír las siete campanadas del reloj, anunciando el horario. Era el primer sonido que escuchaba desde mi llegada, por lo que me costó acostumbrar mis oídos a la falta de silencio. De repente, cuando las campanadas del reloj aún no habían terminado de sonar, un leve pero sentido temblor sacudió el suelo, como un terremoto de poca magnitud. Los vasos tintinearon sobre la mesa, y tuve que sostener uno para evitar que cayera. El viento comenzó a soplar como si acabara de recordar que eso era lo que debía hacer. Un pequeño escarabajo pasó caminando casi inadvertidamente a mi lado, el primer ser vivo que veía desde mi llegada. El pequeño bicho parecía estar escapando, siguiendo un camino sinuoso y delgado, hacia la salida, como si sintiese que el peligro se acercaba.

Vislumbré una sombra en la puerta, acercándose lentamente hacia mí, hasta convertirse en la figura de una mujer mayor. Sin decir palabra, solo mirándome con una expresión que no pude descifrar, que oscilaba entre la sorpresa y la gratitud. Me tomó por los hombros, sus ojos demasiado celestes se perdían entre las arrugas de su moreno rostro. Un único gran pendiente de oro brillaba en su oreja izquierda, casi cegándome a medida que se acercaba más y más a mi rostro, como estudiándome milimétricamente. Cuando estuvo a casi un metro de mi cara, sonrió y retrocedió, dejándome confusa y llena de dudas.

Comenzó a caminar hacia la salida, como si lo que acababa de hacer hubiese sido lo más normal del mundo. Antes de partir, se volvió hacia mí y susurró:

—Dormí durante 26 años, ya era hora de que alguien nos despertara. Bienvenida de vuelta, Amelia.

Y entonces me desmayé.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Tras leer las tres primeras cajas
quiero decirte que tu relato va por muy buen camino.
Un abrazo.


#4

Era casi mediodía cuando finalmente recobré el conocimiento. El sol brillaba con fuerza sobre mi cabeza, encandilándome y cegándome momentáneamente. Estaba recostada sobre el suelo, en una habitación sin techo, que lucía diferente de donde había caído, como si me hubiesen trasladado en mi momento de inconsciencia. La arena del piso picaba en la parte posterior de mi cuello, pero, al intentar incorporarme, todo mi cuerpo se sintió adormecido y me fue imposible completar esa tarea. Me ayudé con mi brazo izquierdo, la única parte de mi cuerpo que no parecía sufrir ningún daño, pero solo conseguí acomodarme lo suficiente para parecer sentada, incapaz de ponerme de pie del todo.

Siendo testigo de mis inútiles intentos de estabilizarme, la misteriosa anciana que me había sorprendido antes se acercó a mí, con una pequeña sonrisa dibujada en sus arrugados labios. Contemplaba la escena con una mirada comprensiva y divertida, como si entendiese a la perfección lo que estaba sucediendo, como si yo fuese una niña pequeña atrapada por una cuerda mientras jugaba. A mi izquierda, había una encimera de mármol, diferente a la mesa que había visto antes de desmayarme, lo que era un claro indicio de que alguien - o algo - me había movido sin que yo me enterase. Me preguntaba si había sido la anciana, aunque era poco probable por su contextura delgada y su débil semblante. Sin embargo, nada de lo que había vivido desde mi llegada a Destiny Hills había sido usual, por lo que no podía tener ninguna certeza al respecto. La mujer se aproximó a la mesa, tomó un objeto y volvió hacia mí.

—Bebe, te ayudará —me ordenó, extendiéndome un viejo cuenco de madera lleno de una bebida brillante. Observé detenidamente el añejo recipiente y su contenido: era un líquido azul como la noche, con destellos plateados, que causaba la impresión de que estaba por beberme el mismo universo. Desprendía un aroma fuerte, como a café recién hecho mezclado con menta, aunque dudaba que su sabor fuese el mismo. Lo bebí con desconfianza, casi temiendo que esa sustancia me envenenase, pero también con la esperanza de que me ayudara a recuperarme. Sentí un sabor ácido quemando en mi garganta, pero esto duró solo un segundo, y luego fue reemplazado por una sensación de completo alivio y serenidad. Poco a poco, mi cuerpo se liberó del entumecimiento y fui capaz de moverme de nuevo. Dejé el cuenco a un lado, y me incorporé, con lentitud, temiendo que el efecto no perdurase y volviese a perder el control sobre mi cuerpo. Cuando finalmente logré ponerme de pie, abrí mi boca para aclarar todas mis dudas, pero mi cerebro se sentía abrumado por la cantidad de información que había recibido y que no lograba comprender, por lo que mis pensamientos se agolparon, incapaces de convertirse en palabras.

—¿Qué... qué sucedió? —fue lo único que atiné a decir, lo primero que salió de mis labios. Mi voz sonaba ronca, como si no hubiese hablado por días, lo que me llevó a cuestionarme si habían pasado más que un par de horas desde mi desvanecimiento.

—Todo ha cambiado desde que te fuiste aquella vez, Amelia.— contestó, pausadamente, midiendo sus palabras como si temiese decir algo que no debería, como si una fuerza exterior le impidiera hablar tanto como ella quisiera.

—¿Desde que me fui? ¿He estado aquí antes?—contesté, cada segundo más confundida. Desde mi llegada, había tenido la sensación de que ya había visitado este sitio antes, algo dentro de mí recordaba vagamente la atmósfera de Destiny Hills, y las palabras de la anciana parecían confirmar mis premoniciones. Sin embargo, por más que lo intentaba, los recuerdos no llegaban hacia mí, impidiéndome acceder a una parte de mi historia que, al parecer, había olvidado. - ¿Cómo puedo haber estado aquí sin siquiera recordarlo?

—Esas, Amelia, son preguntas que solo tú puedes contestar. Cualquier información que pueda proporcionarte, no hará más que confundirte...

El tono de la anciana comenzaba a molestarme porque parecía evadir mis preguntas, me frustraba pensar que tenía que averiguar las cosas por mí misma, aunque no tenía ni la más mínima idea de cómo iba a hacerlo.

—¿Cómo sabe mi nombre? - la interrumpí, escupiendo mis palabras, la irritación haciéndose cada vez más notable en mi voz. Todo lo que estaba sucediendo me parecía irreal, desde el momento en que había atravesado la entrada de Destiny Hills hasta ahora, cuando una mujer desconocida osaba llamarme por mi nombre sin siquiera dejarme comprender el por qué.

—Lo único que puedo decirte es que tu visita era más que esperada en este lugar. Destiny Hills tiene un gran destino reservado para tí.

—¿Es todo lo que tiene para decir? —pregunté, esperando sacar más información, aunque fuese a cuentagotas. Lo que acababa de decirme parecía algo de gran magnitud, aunque no comprendía del todo el porqué. La palabra "destino" resonaba en mi cabeza, amenazando con enloquecerme si no descifraba su significado oculto, si no descubría cuál era ese destino del que aparentemente todos sabían menos yo. Recordé la frase que había leído tiempo atrás, cuando recién había llegado a Destiny Hills. Todo lo que había visto desde mi llegada parecía estar conectado de cierta forma al destino, a esa impredecible fuerza que, aparentemente, tenía el control de mi vida.

La vieja mujer asintió, frunciendo los labios como demostrándome que ni una palabra más saldría de su boca. Estaba enfurecida, la poca información que tenía formaba un rompecabezas con demasiadas piezas faltantes como para poder armarlo. Sabía que la mujer conocía mucho más de lo que podía admitir, y me enojaba que no fuese capaz de compartirlo, de permitirme entender qué rayos estaba pasando y por qué todo parecía tan extraño a mi alrededor. No me consideraba una persona demasiado temperamental, por lo general mantenía la calma aún frente a situaciones inusuales, pero todo lo que estaba viviendo era demasiado para poder procesarlo. Tomé mi cabeza entre mis manos y comencé a caminar lentamente por la habitación, como si estuviese sumida en la locura. Me sentía mareada, mi cabeza palpitaba y mi pulso estaba demasiado acelerado. "Todo esto es una locura, nada de esto es real", susurré, para mis adentros, intentando convencerme de que todo lo que estaba sucediendo era parte de un sueño, y que todo volvería a la normalidad al despertar. Sin embargo, sabía que no era así, por lo que era inútil seguir intentándolo. Comencé a controlar mi respiración, y a contar hasta diez, como hacía cada vez que me salía de mi eje, y noté como todo volvía a su lugar.

La anciana contempló la escena desde una distancia prudencial, sin moverse ni emitir ningún sonido, como esperando a que pudiese salir de mi crisis existencial por mis propios medios. Cuando finalmente lo hice, apoyó su arrugada y delgada mano en mi hombro, en un gesto reconfortante pero ejerciendo la fuerza suficiente como para forzarme a moverme. Con la otra mano, me señaló una silla de cuya existencia no me había percatado antes (quizás había aparecido mágicamente, lo cual tampoco me sorprendería, estando en un lugar tan raro como había resultado ser Destiny Hills). Antes de que tuviese tiempo de preguntarme más cosas, me indicó, no sin antes hacer una pequeña pausa para debatir consigo misma acerca de si era o no una buena idea lo que estaba a punto de hacer:

—Te contaré una historia, por favor siéntate.


#5

"—Te contaré una historia, por favor siéntate."

Obedecí, sentándome incómodamente en la silla que la anciana me había señalado. Era de madera, inestable, y parecía incapaz de soportar mi peso, por lo que rogaba que la historia que tenía para contarme fuese corta. Además, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar sin perder del todo los estribos, sin colapsar incluso peor de lo que lo había hecho antes. Miré a mi interlocutora, impaciente, pero ésta no parecía demasiado apresurada. Parecía tener todo el tiempo del mundo en sus manos, como si simplemente fuese capaz de controlarlo lo suficiente como para no perderlo. La mujer se aclaró la garganta, y cerró un momento los ojos, quizás intentando no olvidar ni el más mínimo detalle de lo que estaba a punto de decir. Suspiró profundamente, y comenzó a hablar, y su voz sonaba intensa e indescifrable, como si intentase crear una atmósfera para su historia.

—Para comenzar esta historia, tengo que remitirme a los inicios de esta ciudad, hace 200 años. Entonces, las cosas eran calmas, la vida fluía y las personas vivían su día a día de manera sencilla y tranquila. Nada destacaba en este pequeño sitio, ubicado en lo más recóndito de una carretera, demasiado oculto como para ser visto. Todo parecía funcionar de la mejor manera posible: pocos habitantes, recursos suficientes y una sensación de bienestar incomparable. En definitiva, éramos felices.

—¿Éramos? ¿Quiere decir que usted...? —mis ojos se habían abierto en un claro estado de desconcierto. Creía que las personas no podían vivir tanto tiempo, la mujer podría estar mintiéndome, o bien exagerando, pero algo en la seguridad con la que contaba su historia me hacía confiar en su veracidad, aunque me fuese imposible conectar los puntos.

—Pero un día todo cambió... —continuó la anciana, haciendo caso omiso a mi pregunta. - Una devastadora sequía azotó a la ciudad, los sembradíos se arruinaron, dejándonos sin fuente de alimento y los recursos comenzaron a escasear rápidamente. La hambruna y la desesperación se expandían entre la gente a gran velocidad. Los pocos recursos que quedaban habían sido robados...

—¿Por quién?—me sorprendí a mí misma con mi pregunta, sonaba como una niña esperando a que le contasen el final de un cuento de hadas. La intriga llenaba cada centímetro de mi cuerpo, y me mantenía al borde de la silla, impaciente.

La anciana me fulminó con la mirada, como si hubiese arruinado por completo su clima de intriga y misterio. Puso los ojos en blanco, pero noté una inocultable sonrisa de satisfacción, como si en el fondo se alegrara de que estuviese prestándole atención.

—Todos creían saber a quién culpar, por supuesto, y no dudaron en hacer justicia por mano propia. Una multitud enfurecida y hambrienta, cargada con antorchas y picos, se dispuso a buscar al alcalde para hacerlo pagar por sus malos actos. Lo buscaron en cada rincón de la ciudad, recorrieron una a una las calles, incluso se dividieron para buscarlo. Su casa estaba en lo más alto de una colina, casi en los confines de la ciudad. Llegaron allí apresuradamente, y, sin darle tiempo a dar explicaciones, cegados por el hambre y la ira, encendieron en llamas todo el edificio, con el alcalde dentro. Para desgracia del pueblo, el alcalde era inocente y su condena fue injusta. Para suerte del alcalde, logró escapar en el último segundo, pero no con su forma completamente humana. Aquél fue el inicio de la Sombra.

—¿La Sombra? —pregunté.

—Sombra es ausencia de luz, y toda ausencia de luz es...

—¿Oscuridad?—pregunté, como si estuviese jugando a las adivinanzas con la anciana desconocida.

—Exactamente. Desde el nacimiento de Sombra como tal, eso es lo que ha sacudido al pueblo en tantas oportunidades: la oscuridad. Y esa oscuridad trae consigo miseria, hambre y destrucción. Mucha gente moría diariamente a manos de la Sombra, gente inocente en su mayoría, personas que nada tenían que ver con la causa original que motivaba a la Sombra. Desde ese día, todos han intentado desafiarla, destruirla. Muchos "valientes" se han creído capaces de devolver la luz al pueblo, de volverlo a su estado original, pero nadie lo ha conseguido aún.

—Pero... ¿Cómo se acaba con la oscuridad? - pregunté, y la mirada en el rostro de mi interlocutora me indicó que la respuesta era obvia.

—Matando a Sombra, por supuesto.

—Pero... Han pasado casi 200 años de la historia que está contando, no cree que Sombra está ya... —no sabía si terminar esa oración, si todos eran tan longevos como la anciana, quizás tenía oportunidad de cruzarme a la Sombra original en persona.

—¿Muerto? Pues claro que lo está. — la anciana rió y yo la observé, confundida, preguntándome por qué me estaba contando la historia entonces. - Pero no su descendencia... Verás, el "Legado de la Sombra" es largo. El pueblo no ha tenido que soportar a una Sombra, sino a decenas de ellos, uno tras otro. Por años, se han asegurado de dejar al menos un heredero, capaz de continuar con la tarea original de Sombra: vengarse del pueblo que lo destruyó.

Hizo una larga pausa y me lanzó una mirada indescifrable, como esperando a que yo me diese cuenta de algo por mis propios medios. Intenté leer las facciones de su rostro, en busca de algún indicio que me demostrara si estaba o no diciendo la verdad.

—¿Crees en el destino?—me preguntó, acabando con el silencio.

Negué con la cabeza, aún atónita. Sabía que la historia continuaba, aunque no tenía la menor idea de cómo me involucraba, y no estaba demasiado segura de querer averiguarlo.

—Hay una profesía, escrita por un viejo hechicero, contemporáneo a la Sombra original, que es la razón por la que todos los que intentaron destruir a la Sombra fallaron miserablemente. —comenzó— Ésta dice que "sólo la primogénita elegida será capaz de destruir a la Sombra y a toda la oscuridad que lleva consigo". Por años, todos los primogénitos fueron hombres, lo cual era un impedimento para concretar la misión. La última que lo intentó... - suspiró antes de continuar, como si estuviese a punto de revelar un secreto mortal- fue tu madre.

—¿Mi madre?— pregunté confundida. La Samantha que conocía jamás me había mencionado a Destiny Hills, ni siquiera tenía espíritu aventurero o curioso ¿Había algo de su pasado que nunca me había contado? ¿Por qué esta anciana, en una ciudad a miles de kilómetros de mi casa, conocía a mi madre?

—Si, Marissa lo intentó hace 27 años, pero por razones que escapan de mi comprensión, no logró destruirlo.

—¿Marissa? Pero mi madre se llama...— repliqué, algo aliviada, creyendo que quizás la anciana me había confundido con alguien más.

—Samantha, lo sé. -me interrumpió, tomándome aún más por sorpresa. — ¿Nunca te lo dijo? ¿Nunca te preguntaste por qué no compartes el cabello rubio de Samantha? ¿O los ojos grises de Ethan? ¿O por qué tus padres no tenían fotos contigo cuando acababas de nacer? - la anciana se acercó a mí y tomó mi cabeza entre sus arrugadas manos, mirándome a los ojos con compasión y ternura, como si se estuviese avocando al pasado - Parece ayer cuando tu madre vino hacia mí implorando que te salve... Tú naciste aquí, Amelia.

Tuve que hacer un esfuerzo casi sobrehumano por cerrar mi boca, puesto que se había abierto de par en par en una clara expresión de shock. No entendía cómo esa extraña señora conocía los nombres de mis difuntos padres, y encima se atrevía a deshonrar su memoria diciendo que no eran más que mis padres adoptivos. Una desconocida se estaba dando el lujo de desacreditar las verdades de mis padres, de intentar cambiar el recuerdo que atesoraba de ellos, y yo no iba a permitirlo.

Aparté bruscamente sus manos de mi rostro y me puse de pie, indignada y ofendida, obligando a la anciana, que seguía manteniendo la compasión en su rostro como si yo fuese un animal herido, a ponerse de pie conmigo.

—No se atreva siquiera a hablar de mis padres.—me fue difícil reconocer mi propia voz, sonaba más enojada de lo que había estado nunca, como si toda la furia contenida por años estuviese saliendo por fin de mi interior. - Fueron personas justas, honradas, jamás me mentirían, menos en algo tan importante como mi identidad.

—Sé que es difícil creer mis palabras, pero debes confiar en mí, Amelia. Tú eres la siguiente primogénita, y algo me dice que eres la destinada a acabar con Sombra de una vez por todas.

Abrí mi boca para replicar, pero, en su lugar, una lágrima cayó por mi mejilla. Estaba dejando que mi mundo, tal y como lo conocía, se derrumbase por una simple revelación que podía no ser verdad. Algo en mi interior dolía, me sentía traicionada por mis padres, fuesen los verdaderos o no, y sin embargo no estaban vivos como para pedirles explicaciones. Estaba en mí creerle o no a la anciana, estaba en mí elegir qué verdad vivir, si seguir siendo la Amelia que había sido hasta mi llegada a Destiny Hills, o la Amelia salvadora, destinada o lo que fuese. Supongo que dejé que mi ira decidiese por mí.

—No soy su maldita Destinada, no tengo ningún don especial ni sé como destruir a ninguna Sombra. — estaba gritando, pero no me importaba. —Lo único que quiero es irme de aquí de una vez por todas, no necesito escuchar ni una más de sus mentiras.

La anciana parecía exhausta y decepcionada, pero encogió los hombros, como rindiéndose ante mi petición. Tras un momento de silencio que se sintió eterno, la anciana pareció debatir consigo mismo una respuesta que darme.

—Está bien, si es lo que quieres... —fueron sus únicas palabras, antes de desaparecer misteriosamente frente a mis ojos.

Y todo se volvió oscuro.

#6

La luz del sol se colaba por el vidrio, y el reflejo me obligó a abrir los ojos. Me tomó unos segundos comprender lo que realmente estaba sucediendo. Distinguir la realidad era más difícil de lo que pensaba, como si mi mente estuviese demasiado agotada y sofocada, como para procesar las cosas que no podía entender. Me sorprendí al descubrir no solo que me había trasladado en mi momento de inconsciencia, casi como si hubiese sido teletransportada por alguna fuerza sobrenatural, sino también que el lugar al que había sido enviada era nada menos que mi propio auto.

Todo se veía igual a cuando lo había dejado en la carretera, sabe Dios cuánto tiempo atrás. La llave estaba en la posición exacta en que la había dejado, e incluso el sandwich que había dejado a medio comer en el asiento del acompañante permanecía intacto, como si el tiempo no le hubiese siquiera afectado. Me sorprendió el hecho de que solo podía distinguir el paso del tiempo por la claridad del exterior, y que todo lo demás estaba exactamente como antes de mi visita a Destiny Hills. Pero fue mayor fue mi sorpresa cuando moví la llave y el auto se encendió, como si nunca se hubiese descompuesto.

Tomé la carretera principal y recorrí cautelosamente los doscientos kilómetros que separaban ese lugar desierto de mi hogar. En el camino, mil imágenes recorrieron mi mente, todo lo que había vivido esas pocas horas se veía irreal, como si hubiese formado parte de un largo y extraño sueño. Comencé a pensar que mi mente me había jugado una mala pasada, cambiando mi percepción de la realidad y haciéndome creer que de verdad había estado en ese tal "Destiny Hills". Era curioso cómo funcionaba la mente humana, cómo eramos capaces de imaginar una realidad de la nada y creerla como propia.

Dos horas después de salir de allí, y a pesar del tráfico típico de Nueva York, llegué a la puerta de mi casa sana y salva. Subí hasta mi pequeño apartamento, en el último piso de una concurrida avenida, completamente diferente a la quietud y el silencio que había experimentado antes. Al entrar, me abundó un sentimiento extraño, como si no perteneciese a ese sitio, como si el lugar en el que había vivido por casi seis años hubiese dejado, de un momento a otro, de ser mi hogar. Se sentía frío, a pesar de que seguíamos en verano, y vacío pese a estar abarrotado de muebles por todos lados. Quizás la semana que había pasado fuera había sido suficiente para olvidar la calidez de mi hogar, lo relajada y tranquila que me sentía cada vez que cruzaba el umbral y me adentraba a ese sitio tan personal, tan "mío".

Encendí mi teléfono y decenas de llamadas perdidas llenaron mi pantalla. Al parecer mi ausencia se había notado, a pesar de no tener idea por cuánto tiempo me había ausentado. Cinco de estas llamadas pertenecían a mi hermano menor, Luca, con el que había prometido cenar en cuanto llegase a mi casa. Las otras diez eran de mi mejor amiga, Erin, que tenía tendencia a exagerar absolutamente TODO y quizás hasta creía que algo me había pasado en mi camino de regreso (no la culpaba, la verdad es que sí me había pasado algo, aunque aún no entendiese qué). Decidí llamar primero a mi hermano, para disculparme por ausentarme a nuestra reunión.

Al tercer tono, cuando estaba a punto de cortar la llamada, mi hermano atendió. Su voz sonaba furiosa y desesperada, algo completamente diferente al Luca que conocía.

—¡¿DÓNDE TE HABÍAS METIDO?! —gritó, al otro lado de la línea, con tanta fuerza que debí alejar el teléfono de mi oído para evitar que me perforase un tímpano con su voz.

—Estuve...—la verdad es que no sabía cómo terminar la frase. — Mi auto se quedó en el medio de la carretera sur y tuve que esperar que alguien pasara por ahí para remolcarme. - la historia era, en parte, cierta. Si bien no fui remolcada, era más sencillo que explicarle a Luca que el auto había vuelto a funcionar "misteriosamente", luego de mi visita a Destiny Hills.

—¡PUDISTE HABERME LLAMADO! — me reprochó mi hermano, soltando un bufido que evidenciaba su enojo.

La verdad es que no lo culpaba por preocuparse: mi padre había fallecido años atrás en un accidente automovilístico y, desde entonces, tanto Luca como yo éramos demasiado paranoicos respecto a los viajes en coche. No quería ni imaginarme lo que debe haber pensado cuando no pudo comunicarse conmigo por tanto tiempo. Luca era la única familia que me quedaba, solo nos teníamos el uno al otro, por lo que era evidente que nos preocuparíamos el uno por el otro.

—Lo siento, ¿Si? — me disculpé, del otro lado de la línea, intentando, de la manera más tranquila posible, calmar a mi enfurecido hermano menor. Pellizqué el puente de mi nariz intentando buscar las palabras correctas para evitar empezar una discusión que parecía inevitable. —Mi teléfono se quedó sin batería a la mitad de mi viaje. No tenía forma de comunicarme. Pero ya estoy en casa, y estoy bien. ¿Es muy tarde para reprogramar la cena para mañana? ¿O volverte mandón te quitó el apetito?

Lo escuché reír del otro lado de la línea. Seguimos charlando, pero la tensión se había esfumado en el aire. Colgué el teléfono minutos después y, tras debatir conmigo misma si debía o no llamar a Erin, decidí que estaba demasiado cansada como para soportar otra conversación y me fui directamente a dormir, deseando que el descanso ayudara a apagar todos los pensamientos sobre la ciudad.

Llegué al trabajo más tarde de lo que esperaba. La mañana había sido un completo desastre: el despertador no había sonado, el café se había acabado y yo había soñado con Destiny Hills. No podía sacarme de la cabeza lo que había vivido los días anteriores, podía oír en mi interior, retumbando como un constante eco, la voz de la misteriosa anciana, con todo lo que había dicho acerca de mis padres.

Mi mejor amiga, Erin, me estaba esperando con un café cuando crucé la puerta de la oficina que compartíamos, en el edificio del importante diario para el que trabajaba. Me observó con su sonriente rostro de siempre, y me hizo pensar que todo había vuelto a la normalidad. Me preguntó cómo había estado mi verano, y francamente no sabía que contestarle. Lo que había vivido en las últimas horas había sido demasiado como para recordar siquiera algo de lo que había vivido en mis vacaciones, en la semana que había pasado en la hermosa playa de Miami. Reímos a carcajadas con chismes absurdos que ella había oído en la oficina y, a pesar de no tener ganas, nos vimos forzadas a continuar con nuestro trabajo como escritoras del diario "Square".

Encendí la computadora de escritorio, dispuesta a comenzar con mi trabajo: una redacción que debía entregar esa misma semana. Sin embargo, la curiosidad me invadió y no pude resistir el impulso de buscar en Internet alguna pista que me acercase a Destiny Hills. El buscador no me devolvió ni un resultado: para la web, Destiny Hills no existía. Y, si no había registro alguno que documentase la existencia de dicho lugar ¿Por qué me seguía persiguiendo como una sombra de la que no podía librarme?

Frustrada por la poca información con la que contaba, tomé un sorbo de café dispuesta a continuar con mi redacción, cuando una de las aprendices que trabajaba allí me interrumpió.

—Llegó un mensaje un poco... raro —comenzó, dubitativa, mientras caminaba hacia mí — y creo que es para tí.

Me extendió una hoja impresa, con mi nombre escrito a mano, en una pulcra y clara caligrafía, en la esquina superior derecha. Extrañas manchas de tinta cubrían los bordes, y una desordenada redacción, con varios párrafos tachados e imposibles de leer, era la protagonista. Un solo párrafo destacaba entre el resto por ser el único que había sobrevivido a los desprolijos borrones de su autor. La letra, demasiado pequeña para ser leída a distancia, me forzó a acercarme lo suficiente como para percatarme de que ese escrito era, por demás, inusual. No solo porque carecía de coherencia (parecía una nota de carácter socioeconómico o algo similar, aunque era difícil precisar con exactitud el verdadero mensaje), sino también porque parecía que alguien había escrito algunas mayúsculas en lugares que no las requerían, como si este texto ocultase un mensaje detrás.

No se han encOntrado registroS quE Prueben la verosimilitUd dE Dichos Estudios pero, Sin embargo, es posible Creer en la reAlidad que ocultan. Para los estAdistas ameRicanos, los resultaDos detErminan, Desde luEgo, un inmenSo incremenTo respecto a las cIfras anteriores (datos de la UNiversidad de Nueva York). AHora, todo es cuestIón de LLevar a cabo nuevos proyectoS, para revertir esta realidad cuanto antes.

Tomé una hoja en blanco que encontré en mi desordenado escritorio y comencé a escribir, apresuradamente, las letras marcadas, deseando, esperanzada, que no hubiese ningún mensaje oculto detrás. Pero, sin embargo, me equivocaba. Descubrir la frase que se escondía dentro de ese extraño documento, heló mi sangre y erizó hasta el último vello de mi cuerpo. "No se puede escapar de Destiny Hills."