JbSkyline
Rango4 Nivel 17 (303 ptos) | Promesa literaria
#1
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  • #2

Me desperté sobresaltado y con sudores fríos. Cerré los ojos y desaparecí de mi cuarto, involuntariamente.
-Odio que hagas eso - Dije con voz tranquila pero acusadora.
Estaba sentado en un sillón de tres veces el tamaño de un sillón normal con la vista fijada en un fuego que refulgía palpitante unas treinta y cuatro veces por minuto. A mi derecha había una pequeña mesa con una copa rellena de una sustancia embriagadora que nunca se acababa pero tampoco saciaba. La estancia no era demasiado grande pero era mas que acogedora, fuera no se escuchaba nada y todo parecía muy limpio.
-No es culpa mía, vamos a dar un paseo -Su tono me asusto un poco.
Con el tiempo se aprende a no llevarle la contraria a aquello que puede tanto destruirte como invadirte de una enorme paz.

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#2

Me levanté del sillón y me deje guiar, la sala se oscureció y empece a andar. A la gente le asusta la oscuridad, se sienten intranquilos y muy susceptibles. A mi en cambio me daba paz, me sentía cómodo, al menos en esta oscuridad. Esta oscuridad era total y no sabia hacia donde andaba, solo se trataba de andar, andar y confiar.
La oscuridad desapareció y la nueva estancia se ilumino tenuemente hasta alcanzar una tonalidad fatua.
La sala era inmensa, llena de estanterías que se extendían hasta el infinito. Algunas estaban abarrotadas de cosas y otras estaban parcialmente vacías.
-¿Por que me has traído aquí?. Ya ordene esto hace un tiempo. -Dije intentando que notara mi aburrimiento.
Me condujo hasta una estantería mas grande que las demás, estaba repleta de cosas y parecía que fuera a ceder en cualquier momento. La etiqueta rezaba un nombre que me produjo escalofríos.
-¿No notas nada? Esto no debería ser así. -Su tono era esclarecedor.
S no tenia la culpa de mis pesadillas, las tenia yo. Había sobrecargado una estantería... la estantería mas importante de todas y esta no paraba de quejarse. Nada de lo que había en esta estantería pertenecía a ella.
Llena de mascaras y delirios, de ilusiones de oasis.
La mire de arriba a abajo.
-Échame una mano por favor.
-Normalmente prefieres hacerlo por ti mismo. -Dijo S sorprendido.
-No voy a ser capaz solo.
Cerré los ojos y cuando los abrí la estantería estaba impoluta, no quedaba nada. La mire y una pena inmensa se apodero de mi. Casi no podía respirar y parecía que tuviera una bola de billar en la garganta. S se quedo en silencio y las luces se apagaron totalmente. Me puse en camino, caminando a oscuras y con la vista perdida en el vacío. Sabia que S estaba ahí y sin embargo no decía nada, solo silencio. S me conocía mejor que nadie. Mejor que yo mismo. Dulce contrariedad.
Rompí el silencio.
-No ha sido el mejor día para hacer esto.
-¿Acaso hay algún día bueno para hacerlo?
Sonreí. Era una sonrisa triste, pero seguía siendo una sonrisa. Las sonrisas siempre son bonitas.
Llegamos a la primera sala y me volví a sentar en el sillón, el fuego parecía débil aunque palpitaba demasiado rápido y no daba demasiado calor.
S me miró y sabia lo que pensaba.
-Algún día daremos una fiesta, algún día llenaran esa estantería bien llenada -Dijo despreocupado.
El fuego se avivó un poco pero seguía demasiado activo.
-Necesito unas vacaciones.
Todo se desvaneció y volví a la oscuridad de mi cuarto. Esta oscuridad no era agradable. Me metí bajo el edredón y me encogí todo lo que pude. Las horas pasaron lentas pero pasaron.

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