Jesght
Rango11 Nivel 53 (8176 ptos) | Artista reconocido
#1
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Aquél día desperté de noche, las estrellas brillando apenas en un cielo invernalmente oscuro, como mensajes lejanos y fragmentados, una llamada imposible de responder sin tocar las estrellas. La alarma del reloj había sonado tan solo hace algunos minutos, pero algo debía estar mal con ella. La había puesto a las 9am, pero ante lo oscuro del cielo no podían ser más que las 2 o 3 de la mañana. El reloj, sin embargo, marcaba las 9:04. ¿Quizás todavía seguía un poco dormido? Me levanté completamente de la cama y entré al baño, mojándome la cara con agua, pero el mundo seguía igual después de salir. ¿Quizás era un eclipse no anunciado? No podía ver bien por la ventana, así que salí de la casa.

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Jesght
Rango11 Nivel 53
hace más de 3 años

¡Gracias! Espero poder mantener el interés.


#2

La noche se sentía aún más oscura cuando por fin me encontré con él, las estrellas y su luz cada vez más lejana. Estaba allí, a pocos pasos de mi puerta, un cristal del porte de una persona, brillando en negro, como si reflejara varios soles en su espléndida forma. Por un segundo solo pude mirarlo embelesado. Era tan brillante, tan bello, que me sentía como polvo, como un despojo en un camino abandonado, como nada. Algo en mi interior me pedía que lo tocara, debía sentir la textura, debía saber de dónde salía la luz. Lentamente, con cuidado, fui acercando la mano al cristal, cada vez más cerca… pero no sentí nada. No me malinterpreten, no es que fuera como tocar el aire, o pasar la mano a través del viento. En esas ocasiones, algo siempre está rozando tus poros, estimulando tus sentidos. El frío del viento, lo cálido del aire de verano… pero cuando mi mano tocó el cristal sentí como era tocar el vacío. Tuve que retirar la mano de inmediato, temblando de miedo como un niño.

Algo en mí me hizo querer correr, escapar, pero no tenía donde ir. Todo lo que yo era estaba en mi casa, y abandonarlo todo por miedo a un cristal brillante no sonaba como buena idea. Ni siquiera sabía qué hacía allí, o si me causaba algún beneficio. Tuve un largo tiempo de dudas, un hombre en su pijama mirando a un cristal, sin moverse, pensativo, quizás una escena ridícula, quizás una escena profunda, no seré yo quien lo explique. Al final, como buen ser humano, decidí ignorarlo. Después de todo, si seguía allí lamentándome solo iba a llegar más tarde al trabajo, e ir a trabajar era una forma de escape de todos modos.

Me duché rápidamente, y subí a mi auto sin siquiera terminar mi desayuno, prendiéndolo y acelerando sin mirar atrás… pero mientras avanzaba sucedió algo extraño. La noche se hacía cada vez más clara, y el brillo del sol pronto comenzó a verse entre nubarrones de morado. Mientras más me alejaba, más se notaba la luz de una mañana de verano. Cuando al fin llegue al estúpido y gris edificio que representaba mi lugar de trabajo, el sol golpeaba mis ojos como nunca, y el cristal tan solo parecía un sueño lejano. Quizás eso era, un simple sueño lúcido de alguien que no había podido dormir muy bien. Intenté convencerme de eso, pero de todas formas no pude trabajar demasiado, el cristal ocupaba todas mis preocupaciones. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué se presentaba así, en mi puerta? ¿Por qué era siempre de noche? ¿Acaso ese brillo negro tenía que ver? Solo preguntas sin respuesta.

Salí del trabajo mareado, sin poder encontrar el fin del laberinto de respuestas. Y para cuando al fin volví a mi hogar, el cristal negro todavía seguía ahí. Y también seguía la noche.

La noche llegó de a poco, asechando mientras me iba acercando y convirtiéndose en una red llegando a la entrada del garaje. De todas formas, el cristal parecía no causar nada más. Las personas en la calle parecían ignorar que estuviera allí, aunque por alguna extraña razón evitaban pasar por donde estaba, y gracias a preguntas que creí sutiles pero que al parecer crearon rumores de que estaba loco logré averiguar que para ellos los días eran iguales que siempre. El cristal me asechaba a mí, y solo a mí.

Por semanas intenté seguir ignorándolo, pero la noche eterna que reinaba sobre mi casa evitaba que pudiese dormir bien. Incluso cuando lograba adaptar mi ciclo de sueño a la oscuridad, mis sueños todos tenían que ver con el cristal. En ellos, siempre estaba escapando de algo, y una voz resonaba diciendo “acéptame”, en un tono que hacía vibrar mis oídos, que hacía vibrar cada una de mis pesadillas. Corría y corría pero la voz siempre lograba alcanzarme, y un cristal inmenso y negro la noche que siempre asechaba aparecía de repente en frente mío. La voz entonces resonaba en miles de voces, que sonaban increíblemente conocidas y a la vez inexorablemente lejanas. La única que pude reconocer verdaderamente… fue la mía propia.

La mayoría de los días despertaba con ojeras del porte de mis ojos, arrastrándome al trabajo y cegado por la intensa luz del sol que se iba abriendo cada vez más a medida que me acercaba al edificio. Las cosas no podían quedarse así. Debía hacer algo con el cristal.
Al principio, intenté moverlo para que se alejara de mi casa, pero a pesar de que mi fuerza movía ese algo que se sentía como nada, era infinitamente pesado, y nunca pude moverlo más de un milímetro. Intenté, luego, romperlo, pero cualquier objeto que utilizara simplemente pasaba a través de él como si fuera aire, o algo aún más ligero que el aire. Se me acababan las alternativas, y otra vez volví al principio. Ahora era tan solo un hombre sentado ante el cristal, con la noche oscura brillando sobre mi cabeza. La respuesta llego de pronto, como un flash instantáneo removiendo mi mente. Me paré, de a poco, y puse los brazos alrededor del cristal, que poco a poco fue perdiendo su brillo.

“Eres parte de mí, te acepto”

Y desde ese momento yo y el cristal fuimos uno.

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