Jota93
Rango6 Nivel 27 (990 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Me desperté sobresaltado. Algo me había despertado pero no sabía bien qué había sido, no le di importancia. Miré el reloj, las 5:45 de la mañana, volví a cerrar los ojos intentando coger otra vez el sueño; pero de repente, mi cabeza comenzó a funcionar a una rapidez pasmosa, algo en mi interior me hacía preguntarme qué había sido lo que me había despertado, y es que estaba tan dormido que parecía que lo hubiese soñado. Soy una persona de instintos, así que abrí de nuevo los ojos, abrí la persiana de mi habitación y me asomé.
De veras os digo que no podría describir lo que sentí en ese momento, pero sí lo que vi. Me asomé y pude ver cómo ardían dos coches de mis vecinos y al mirar más allá, parecía que había ropa tirada por la calle. No entendía nada. Un momento, ¿Era ropa lo que acababa de ver? Mi mente decía que no, pero yo quería que así fuese. Eran personas, habitantes de mi pueblo que por alguna razón habían... ¿Muerto? Me asusté, mi cuerpo se tensó y por alguna razón me temí lo peor.
Me vestí rápido mientras pensaba en todas las hipótesis: ¿Guerra? ¿Homicidio colectivo? ¿El apocalipsis?

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MGOON13
Rango4 Nivel 18
hace más de 3 años

Esperando más.

Jota93
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

jajajaja @vanevillalbam exacto, el instinto de algo fuerte o algún ruido tocanarices, aunque una de las dos no da para mucho más jajaja

Jota93
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

jajajaja claro! Ya que dependo un poco de quien lo lea, tendré que dejar un poco de intriga no?? ^^ Gracias!! :) @vanevillalbam


#2

Me disponía a bajar al piso de abajo para salir y averiguar más de lo sucedido cuando pensé: Prepárate algo por si tienes que salir corriendo, no vayas así a la locura. Así que cogí la mochila, y metí dos pantalones, dos camisetas, dos pares de calzoncillos y calcetines y decidí cambiar mis zapatillas por las de correr o “running” que estaba ahora tan de postureo. Reí en mis adentros por aquel chiste malo y fácil, preguntándome cómo era capaz de reírme en ese momento de tensión. Al terminar la mochila, baje al piso de abajo, cogí un poco de comida enlatada que tenía y, por si acaso, dos cuchillos grandes, de estos que usas poco porque son más bien de uso de carnicería, ya que no sabía qué me iba a encontrar fuera.

Bien, era el momento de afrontar la realidad, tenía que salir y ver qué coño estaba pasando. Abrí la puerta despacio y salí, y lo primero que escuche fue un grito de una mujer y un disparo. Me acojoné. Pero por alguna razón pensé que era mejor seguir que volver a entrar en casa. Caminé unos 30 metros para ver el coche en llamas, no había nadie dentro pero estaba en medio de la calle. Cada vez todo tenía menos sentido, o al revés; todo comenzaba a cobrar sentido, aunque todavía quedaba mucho puzzle por resolver. Llegó el momento que más estaba retrasando, me acerqué a un cuerpo de los que estaban en el suelo y confirmé lo que había supuesto desde la ventana, estaba muerto. Era mi vecino Juanjo, de unos 40 años, tenía mujer e hijos, pero no se veían por ninguna parte.

Tenía muchas conclusiones que podía sacar, pero creí oportuno que mejor era revisar los otros dos cuerpos que había en el suelo. Si antes me había acojonado, ahora mucho más, las marcas que tenían esos cuerpos me era demasiado familiar, pero decidí que ahora mi casa de 100 metros cuadrados de dos plantas y patio exterior era más seguro que esa calle. Entré, aunque decidí que no era buena idea echar la llave al estar dentro.

Me senté, con un cuchillo en la mano, en tensión. Relájate, pensé. Cogí el móvil, abrí el reproductor de música y lo puse en aleatorio, había mucha tensión en el ambiente y la música me ayuda a pensar. Comenzó a sonar “In a sentimental mood” de Duke Ellington y John Coltrane, canción de jazz para el momento justo de relajación me dije. Mientras sonaba, muchas cosas pasaban por mi mente: Grito, disparo, mordiscos, muertos, una aparente calma a pesar de todo… Zombies. Reí como burlándome de mi mismo por eso, si no fuera porque los muertos estaban muertos y quietos esa hipótesis podría haber sido la acertada. Un escalofrío recorrió mi espalda y dije que tenía que salir a comprobarlo al 100%. Salí y vi que todo estaba igual, respiré y me volví a meter en casa, la canción terminaba y quería escuchar el final.

Todo pasó muy rápido, en cuanto me senté en el sofá del salón, escuché el sonido de la puerta del patio, un golpe atronador, me levanté rápidamente y justo al cruzar la puerta del salón, la del patio estalló y vi como alguien o algo corría hacia mí con gran agresividad, así que entré en el cuarto de al lado y agarré lo primero que tenía a mano y lo tumbé del golpe, pero le di unos cuantos más debido a la adrenalina del momento. Paré y vi que era una persona, aunque estaba en el mismo estado que los de la calle. ¿Zombies? ¿En serio? Lo celebré un poquito en mis adentros, como si estuviera en una de esas Survivals Zombie que hacen por España. Pero estos eran reales, sabía que si me mordía uno acabaría como ellos. De repente volví al mundo real, la canción había terminado y ahora sonaba “Misión buscar y destruir” de El Chojin con Duo Kie. –Vaya, ni hecho aposta– dije en voz alta, dándome cuenta que era la canción idónea para ir de cacería zombie. Paré el reproductor, y pensé en la única utilidad del móvil que quería, llamar a mi madre y a mi hermana, mientras me di cuenta que eran las 6:03; no sé si me cogerá el móvil. Llamé y mientras sonaba, hice cálculos, todo esto en menos de 20 minutos… – ¡Joder mamá, cógeme el puto teléfono! – Grité desesperado.
– ¡¿Qué pasa?! – Respondió mi madre ya en las últimas de la llamada.
– Mamá, está pasado algo, no sé, no sé qué coño es, pero hay gente muerta y creo que zombies y, y… – Dije en menos de dos segundos.
– ¿Me estás vacilando? ¿Cuánto has bebido Jan?
– Mamá joder, que no he bebido nada. Que te lo digo en serio. – Estaba hablando muy agresivo ya.
– Vale, a ver, cálmate, ¿qué ha pasado? – Mi madre por fin entendía que no era broma.
– Mamá, ahora no puedo, sólo sé que hay gente muerta y que me ha atacado uno de ellos, así que atrincheraos en casa y tened cuidado, no sé si ha empezado esta noche o cuando, pero aseguraos de estar bien y poder juntarnos.
– Pero cuéntame que…– Intentando alargar la conversación mi madre.
– ¡Luego te vuelvo a llamar, de verdad, que ahora no puedo que tengo a un muerto en el suelo joder! – Le dije rápidamente cortándole su frase.
– Vale, pero ten cuidado y llámame en que puedas – Me dijo siendo cauta.
– Si, no te preocupes. Tened cuidado vosotras. Un beso, luego llamo. – Colgué y guardé el móvil.

Pensé en llamar a mi abuela, pero la pobre sufre de sordera y a las 6 de la mañana no lo va a oír ni por asomo, así que mejor me ocupaba de mi mismo y de salir del pueblo vivo.
Después de que pasara este momento de adrenalina, me calmé un poco y me di cuenta de que tenía el brazo derecho lleno de sangre salpicada por ese zombie, o lo que fuese. Me reí, me di cuenta que había utilizado una de las tres mazas de malabares que tenía en casa, la amarilla, aunque ahora estaba roja casi al completo. Jamás había visto a eso como un arma potencial en caso de necesitar una, al menos era efectiva, así que decidí llevarla conmigo por si acaso.

Rehíce la mochila, más consciente de lo que tenía que llevar encima, así que cogí solo una muda de repuesto y el lugar que me quedaba metí la comida enlatada, los dos cuchillos, y cogí el hacha para la leña que estaba en el patio; la maza la llevaba en la mano. Sabía que no era buen arsenal, pero en la casa del pueblo es lo único que tenía, así que el próximo paso era encontrar un arma mejor que las mías sin que esos monstruos me atraparan…

Salí a la calle y todo parecía en calma, es un pueblo de 100 habitantes así que como mínimo había 99 zombies, lo veía hasta esperanzador aunque esperaba que hubiese más gente viva. Pensé en los cazadores que había en el pueblo, con suerte podría encontrar un arma de fuego y todo, así que puse rumbo a la casa del cazador más cercano. Pero de repente escuché ruidos que venían de la casa de mis vecinos, su hijo era muy amigo mío, pero confiaba que no hubiera venido a pasar este fin de semana. Me puse en tensión, dispuesto a volver a knockear al siguiente zombie cuando de repente alguien apareció trepando por la pared de su patio, era mi amigo.
– ¡Guille! – Le grité yo, se llamaba Guillermo, pero toda la vida le había llamado Guille.
– ¡Jan! – Al mismo tiempo que nos abrazábamos como un saludo de esos que das gracias a todos los dioses por encontrar a alguien vivo.
– Te has salvado tío, cuanto me alegro, voy a ir a la casa del Alcalde, que seguro hay armas ahí. – Le dije mientras me giraba.
– ¿Esto sirve? – A la vez que me enseñaba un machete enorme. Se medio reía. Yo también esbocé una sonrisa y dijimos que lo mejor era coger un coche y pensar en otro lado que no fuese en mitad de la calle.

Caminamos dos calles y al girar la esquina ahí estaba, sabíamos qué coche estábamos buscando. Un Land Rover todoterreno que tenía un vecino del pueblo, ahí estaba, impecable. Nos miramos, y el pensamiento fue el mismo: Esto no es una peli americana, no tenemos ni idea de puentear un coche. Y los dos asentimos y decidimos entrar en la casa del vecino.
– ¿Estás asustado? – Me preguntó.
– Si no lo estuviera estaría loco, pero mantengo la calma que para algo soy el mayor – Le dije para tranquilizarlo un poco. Yo era 5 años mayor que él, el tenía 18 y yo 23.
– Escucha, Guille, ¿Necesitas ir a buscar a alguien más después de salir de aquí? – Le pregunté mientras nos adentrábamos en la casa en busca de las llaves del todoterreno.
Esperó a darme una respuesta, pero a los pocos segundos, me respondió.
– No. – Con un tono que entendí a la perfección, no había salido de su casa trepando por el patio porque le hiciese gracia.
Decidí que no era el momento de hablar del tema, pero seguía pensando en ello. En mi familia, en mi hermana y mi madre, en mi abuela que no tenía conocimiento de nada… Y algo me arrolló. Era un zombie que me había pillado por sorpresa, por suerte conseguí que no me mordiera mientras lo neutralizaba con un fuerte codazo en la cara y Guille lo remató de un machetazo cortándole la cabeza.
– Así ya no dará problemas. – Me dijo todo serio. Ambos sabíamos iba a ser complicadísimo sobrevivir.
– Gracias – Le respondí.
Entramos al salón y vimos las llaves del coche, las cogimos y salimos de ahí lo más rápido que pudimos. Los sitios cerrados llevan al peligro. Así que salimos y nos montamos en el todoterreno. Arranqué el coche, metí primera y pisé el acelerador como si estuviera compitiendo contra alguien. Salimos a las afueras del pueblo y paré el coche.
– Guille, ¿Quieres hablar de…? – Lo dejé caer.
– Mis padres. – Concluyó el rápidamente. – Mi hermana está de viaje y sabe cuidarse sola por el momento. Además, no sabemos qué está pasando.
– Bueno, sabemos que hay gente muerta y que parecen ser zombies. Más de eso no sabemos. – Dije intentando cambiar de tema – Deberíamos intentar conseguir más armas y poner rumbo a Zaragoza, mi madre y mi hermana están avisadas, pero mi abuela está en Zaragoza y no he podido avisarla.
– Vale, ese será el siguiente paso, pero si, deberíamos ir a Alcorisa o Alcañiz a la comisaría, ahí seguro hay armas. – Dijo ya más calmado.
– Alcorisa. – Sentencié. – Alcañiz es demasiado grande y no nos conviene meternos por ahí.

Así que pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Armas.

Hace más de 3 años

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Jota93
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

@verovillalbam En principio es lo que suena, no saben qué se van a encontrar por el camino, así que mejor que encuentren algo bueno :D

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 3 años

Acercar a base de sumar errores. Así es la supervivencia, si eso es.

Mucho ritmo y buena narrativa


#3

Cuando pensábamos que nos íbamos a olvidar del pueblo, caí en la cuenta. Teníamos que ir a coger comida, sabíamos exactamente dónde ir ya que sólo había una tienda en el pueblo, así que fuimos a ella. Era arriesgado, bastante, estábamos en medio del pueblo, encerrados en una plaza con varias callejuelas estrechas, pero prefería entrar aquí que en cualquier tienda de otro lugar. Era una tienda pequeñita, pero había de todo, y sabíamos dónde encontrar lo que buscábamos que era lo principal. Cogimos todas las latas de comida que pudimos, todos los paquetes de caldo de sopa, embutidos, patatas, algo de fruta que aún le faltaba por madurar, cogimos todos los tipos de bolsas de patatas fritas y frutos secos que había y todas las garrafas de agua y todas las cervezas que encontramos. Necesitábamos comida práctica, que no se echase a perder, y bueno, la cerveza… Era cerveza, ninguno de los dos puso ninguna pega.

Lo echamos todo en el remolque del Land Rover. Sabía el riesgo de volver a arrancar el todoterreno ahí en medio, y al momento me di cuenta la razón que tenía, el arranque provocó que vinieran tres zombies a nuestra búsqueda, Guille no había entrado todavía, así que dio un salto, subió al remolque y me dijo:
– ¡Acelera, vamos, acelera! – Como si no lo supiera yo ya, como si fuese a invitar a los zombies a una cerveza o algo.

Pisé el acelerador de nuevo mientras nos perseguían, pero al fin conseguí abrir hueco, aunque tuvimos que dar toda la vuelta al pueblo, porque sabía que si giraba por el camino más corto podríamos chocarnos ya que había calles demasiado estrechas y podrían atraparnos. Estábamos en la carretera al fin, amanecía, eran las siete y cuarenta de la mañana. Habían sido las dos horas más confusas, peligrosas, sangrientas y llenas de adrenalina de toda mi vida. –Y las que me quedaban a partir de ahora– Pensé mientras dejábamos atrás el pueblo de Estercuel.

Teníamos treinta kilómetros hasta llegar a Alcorisa, al menos la carretera era bastante segura, así que teníamos un rato de relax. Creo que ambos lo necesitábamos. Justo vi que el reproductor del coche tenía entrada USB y, como si no hubiese tenido que correr y matar zombies para salvar mi propia vida, decidí que necesitaba escuchar música.

– Voy a poner un poco de música con el móvil, ¿Te importa? – Pregunté tranquilamente, como si estuviéramos de vacaciones.
– Que va tío, ponla, necesito escuchar música y olvidarme un poco de ésta locura de día… ¬– Contestó el con una sonrisa.
– Toma, pon lo que más te apetezca. – Mientras le daba mi móvil y el cable USB.
– Vale, a ver que tienes por aquí – Dijo con un tono de saber qué música nos acompañaría. – ¿Sabes? No puedo decidirme por un tipo, así que he cogido unas cuantas y que se vayan reproduciendo.
– Perfecto – Dije a la vez que Guille dejaba el móvil en el salpicadero del coche y comenzaba a sonar la canción – ¡Oh, me encanta! – Esbocé mientras comenzaba Valerie de Amy Winehouse. Una de mis canciones favoritas. Buen acierto Guille, buen acierto.

Así pues y con música seguimos conduciendo, pasando por los pueblos cercanos. Nuestros presentimientos se hicieron realidad. Estaba todo desolado, todo estaba como se había quedado nuestro pueblo. Seguro había supervivientes, pero no podíamos pensar en eso ahora, si nos encontramos con alguno lo recogemos, pero no podemos buscarlos, ambos sabíamos que acabaríamos muertos. ¿Hasta dónde había llegado todo esto? Porque dos horas antes había llamado a mi madre y mi hermana, que estaban en Huesca y ellas estaban sanas y salvas. Espero que sigan así, decidí que las llamaría cuando tuviéramos las armas, primero necesitábamos ocuparnos de nuestra seguridad, aunque no dejaba de pensar en ellas.

Habíamos elegido bien el destino, sabíamos que la comisaría de Policía estaba en la entrada del pueblo, no teníamos que meternos en el centro, solo esperaba que no la hubiesen saqueado del todo.

Aparqué justo en la puerta, no parecía arrasada, pero quien sabe, seguramente los policías habrán cogido las armas que hayan podido y se habrán ido a por sus familias. Salimos del coche y ambos estábamos alerta; Guille con el machete y yo con dos mazas, nuestras armas no eran las mejores, pero eran silenciosas y efectivas, pero a la vista de cualquiera, éramos los supervivientes de un holocausto zombie más cutres de toda la producción de Hollywood, salvo por el hecho que esto no era una película. Antes de entrar, rodeamos la comisaría, viendo todo el edificio y sabiendo así, dónde nos íbamos a meter. Había una puerta grande en la parte de atrás, pero estaba cerrada y era imposible abrir, al menos desde fuera. Todo parecía en calma y decidimos entrar.

Había un desorden inmenso, pero no parecía que hubieran tenido que matar a nadie. Guille me quitó esa idea de la cabeza rápidamente cuando me llamó y señaló dos cuerpos que había en la habitación contigua, ambos con varios disparos en la cabeza. Seguramente entraron, los policías los mataron y se largaron de aquí con buen criterio. Un armario de armas estaba prácticamente vacío, sólo había una pistola reglamentaria de policía, una nueve milímetros, y dos cargadores de siete balas. Nos servía, pero teníamos que encontrar algo más. Tenía que haber algo más seguro y seguimos buscando, al menos la comisaría parecía un lugar seguro y no nos iba de cinco minutos.

Hace más de 3 años

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#4

Regla número no sé cuánto de supervivencia, por mucho que pienses que estás en un lugar seguro, no lo estás, nadie lo está; así que decidimos que debíamos darnos prisa por si acaso. Habíamos buscado en la primera planta y no había nada, teníamos el garaje y la segunda planta aún, así que, nos separamos y quedamos en reunirnos en 10 minutos en la primera planta otra vez. Guille fue al garaje y yo subí a la segunda planta. Confiaba en que al menos hubiera más balas, llevábamos dos cargadores solo, con eso no bastaba, al menos no en un periodo largo de tiempo. Llegué arriba, abrí la puerta y todo parecía indicar que no había entrado nadie, quienes estuvieran ahí se habían marchado a una velocidad pasmosa. Entré en un despacho y vi que había una puerta, pero estaba cerrada – maldición – pensé, sabía que ahí podía haber algo.

Por su parte, Guille bajó al garaje, estaba todo a oscuras y no sabía dónde estaba la luz, así que cogió su móvil y abrió la linterna para iluminar, aunque no servía de mucha ayuda para ver bien todo lo que había allí abajo, era suficiente para encontrar la luz. Llegó al interruptor y abrió la luz. Nada más centrar su vista en lo que estaba delante de él exclamó un grito de alegría para sus adentros. Había cuatro plazas de garaje, dos ocupadas con coches patrulla, una con una furgoneta blindada y una cuarta plaza vacía con marcas de neumático. Guille supuso que los policías se habrían llevado el coche en su huida, pero rápidamente se centró en la furgoneta; no hacía mucho, habíamos hablando que estaría bien encontrar una furgoneta o algo así y poder blindarlo con rejillas y demás, para, al menos, poder dormir a salvo ahí dentro –¡Bingo!– Pensó Guille. Se puso a buscar las llaves, recorrió cada esquina del garaje, pero no estaban por ningún lado –Tanta suerte no era normal– Se dijo para sus adentros. Cuando de repente, oyó un disparo, de la planta de arriba y, sin pensárselo subió corriendo.

Menudo desahogo cuando me vio con la pistola en la mano y la cerradura del despacho reventada por el disparo. Yo estaba en el suelo, riéndome a la vez que con un subidón de adrenalina. Era la primera vez que disparaba y el retroceso de la pistola me golpeó en la frente, sin hacerme mucho daño, pero siempre había pensado que podría controlarlo. Supuse que era lo normal, lo único que saqué en claro fue que el segundo disparo no me iba a ocurrir lo mismo. Miré a Guille y le dije:

- ¿Estás bien?
- Si, aunque un disparo no ayuda a la tranquilidad – Dijo con una media sonrisa en la cara – Pensaba que podía haberte pasado algo.
- ¡Nah! – Exclamé yo con dejadez mientras agitaba la pistola en mi mano a la vez que me reía un poco más. – Creo que ahí dentro debe haber algo bueno.

Guille me tendió la mano para ayudarme a levantar y ambos cruzamos la puerta. No teníamos ni idea de disparar, pero ahí había suficientes armas para ambos. Había cuatro nueve milímetros, tres escopetas, una ametralladora, un fusil m-16 y un francotirador, todo con su munición respectiva bien catalogada. Nos miramos con la boca abierta después de varios minutos, no sabíamos qué decir, a lo que rompí el silencio con algo que sabía que nos iba a joder.

- Esto es cojonudo, pero no podemos meter todo esto en el todoterreno, en el remolque no deberíamos tener ninguna de éstas armas. ¬– Dije pensando en que la magia del momento se había ido al traste.
- No te preocupes, tengo una idea. – Dijo Guille mientras se reía como si le hubiese contado el mejor chiste del mundo. – Tengo una sorpresa para ti, pero hay que encontrar primero unas llaves.
- ¿Qué has encontrado en el garaje? – Cayendo ya en la cuenta que algo había encontrado.
- Ya lo verás. Primero vamos a recoger y organizar todo esto. – Me dijo Guille como si quisiera que lo adivinara. Asentí y cogimos todo lo que había.

Cogimos todas las armas y la munición que había, en realidad, no teníamos ni idea de disparar un franco o un m-16, pero mejor llevarlos que no llevarlos. Si la supervivencia tiene algo bueno es eso, o aprendes y te adaptas rápido o no lo vives lo suficiente para contarlo. Así que decidimos que ya aprenderíamos.

Dimos un repaso a la planta en la que estábamos e íbamos a bajar a la primera planta, cuando me frené y dije:

- Oye Guille, por casualidad no serán éstas las llaves que buscas ¿no? ¬– Le dije mientras le enseñaba una pequeña caja que había en una mesa. Había tres llaves de coche.
- ¡Sí! – Exclamó. – Espero que una de esas tres sirva.

Bajamos directamente al garaje, teníamos que darnos prisa, no quería estar ni un minuto más encerrado en un edificio, sobre todo cuando no sabíamos cual era el estado del pueblo y cuantos zombies podría haber. Pero todo eso se me fue de la cabeza cuando vi la sorpresa de Guille, esa furgoneta nos venía perfecta. Y lo mejor de todo, podíamos entrar, la primera llave que probamos coincidió totalmente y abrí la puerta. Abrimos las puertas de atrás y metimos todas las armas y la munición.

Pero no todo iba a ser buenas noticias. La furgoneta tenía muy poca gasolina y además, teníamos el todoterreno lleno de provisiones. Decidimos que no queríamos trasladar todo a la furgoneta ahí. Así que Guille cogió las llaves del todoterreno y yo la furgoneta. Teníamos que ir hasta la gasolinera que había a las afueras, con un poco de suerte podríamos poner gasolina, incluso si encontrásemos dónde, llevarnos un poco de reserva. Cuando Guille estaba en el todoterreno listo para arrancar, sonó el claxon dándome la señal para arrancar. No queríamos centrar mucho sonido en nuestra posición, así que decidimos que era la mejor forma. Arrancamos los dos y salimos de ahí.
No quería problemas, así que decidí que no era buena idea cruzar el pueblo por el medio, ya que sabía una ruta alternativa bordeándolo, para qué arriesgarse. Así que lo bordeamos, pero eso no nos impidió ver el caos que había habido ahí, estaba todo destrozado y había coches por todos lados. Con todo el caos, mucha gente habrá intentado huir, y el problema es que con el caos, los humanos sólo nos preocupamos de nosotros mismos y eso es nuestra perdición.

Hace más de 3 años

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#5

Creímos oportuno parar en una explanada que vimos, junto al campo de fútbol del equipo del pueblo, era un buen lugar para trasladar todo lo del todoterreno a la furgoneta y así quedarnos ya en un solo coche, es más seguro si viajábamos juntos. Eran ya las once de la mañana, el sol estaba encima nuestro y empezaba incluso a picar un poco, así que nos dimos prisa y hicimos todo el intercambio a la furgoneta. Mientras lo hacíamos, tuve la genial idea de al mango redondo de la maza, tallarlo y afilarlo para hacerlo puntiagudo como la punta de una lanza y de hecho, funcionó y la maza ya tenía el accesorio perfecto. La verdad es que nos había tocado la lotería, cabía de todo en esa furgoneta, incluso con todo lo del todoterreno sobraba mucho espacio.

- Oye Jan, ¿dónde se supone que vamos a dormir? – Preguntó Guille. La verdad es que era una pregunta que también me había hecho, pero que al fin y al cabo eran las once de la mañana todavía y quedaba un mundo hasta la noche.
- Pues no tengo ni idea en realidad, supongo que encontraremos algún hostal u hotel por el camino que pueda estar desalojado… – Dije, aunque en ese preciso momento, ambos nos miramos y nos dimos cuenta de lo malo de esa idea – Mierda, es verdad, sería todo muy peligroso.
- Yo tengo una idea. ¿No hay una fábrica de colchones cerca? Podemos coger un colchón y meterlo dentro de la furgoneta, quitaríamos bastante espacio pero al menos podremos dormir más tranquilos. – Guille había dado en el clavo, dormir en la furgoneta sería lo ideal y lo más seguro, pero sé que va a ser peligroso entrar en la fábrica, puede estar vacía como puede ser un nido de zombies… Tendremos que jugárnosla.
- Lo veo, pero tendremos que ir con cuidado. Con mucho cuidado. – Aclaré yo. – Puede que tengamos algo de suerte ya que es en el polígono industrial y seguramente no haya tanto peligro.

Arrancamos y pusimos rumbo hacía el polígono, eran cinco minutos en coche, así que llegamos y maldije mis palabras de hace nada. Estaba todo el polígono lleno de zombies que deambulaban por la calle como si estuvieran tomando el sol en una plácida mañana de domingo. El problema que teníamos era que teníamos que recorrer todo el polígono para volver a salir, aunque parecía que los zombies no reaccionaban a la furgoneta, así que seguí conduciendo y opté por recorrer todo el polígono.
- Mira Guille, creo que si dejamos la furgoneta ahí detrás y no montamos mucho jaleo, los zombies no se darán cuenta. Coge el machete y yo cojo la maza.
- Vale, lo veo bien, aunque tendremos que tener cuidado cuando salgamos con el colchón.

Hice la cuenta de tres y al tres salimos los dos de la furgoneta rumbo a la fábrica. Teníamos como cien metros hasta la puerta y había unos diez zombies en nuestro camino. Cinco y cinco. Al primero ni me lo pensé, agarré con fuerza la maza y le propiné un golpe en la cabeza y acto siguiente le incrusté la maza en el cráneo que no volvió a levantarse. El segundo estaba más cerca así que di un giro y con la inercia, le golpeé tirándolo al suelo, y antes de que se levantara, le di la vuelta a la maza y con el mango se lo clavé directamente en la boca y le atravesé la cabeza. En ese momento me di cuenta el problema que podía suceder con la maza, se quedó atascada en la cabeza de ese zombie y no tenía tiempo para sacarla de ahí. Pensé en usar la pistola que llevaba, pero atraería a muchos más y no queríamos eso, así que me incorporé, me puse en guardia y esperé a estar en la distancia apropiada. Por suerte, era cinturón negro de Taekwon-Do ITF y sabía lo que me hacía, así que comencé con el primero de los tres que se acercaban a mí. Le tiré dos directos, cuando estaba medio aturdido lancé un codazo a su cara y lo rematé con un uppercut de derecha tirándolo al suelo – Menudo subidón de adrenalina – Pensé a la vez que se me acercaban los dos siguientes y esto ya se ponía más serio, venían los dos juntos así que retrocedí unos pasos para poder pensar dos segundos más y decidí la estrategia. Sin dudar, lancé una patada a la rodilla del primero dejándolo así para luego y me dirigía al segundo con un puñetazo en la cabeza, lo agarré del cuello por detrás y con una llave (de esas que salen en las pelis y que poco puedes practicar) le rompí el cuello. Uno menos, a rematar al segundo, pero cuando me di la vuelta, había desaparecido de donde estaba, y de repente me atacó por la espalda, y me puse a forcejear con él, cuando de repente, algo le atravesó la cabeza y le salió por la boca como si se tratara de un pincho moruno. Era el machete de Guille, que riendo me dijo:

– Nunca pensé que esto pudiera ser tan divertido. Aunque parece que te haces mayor eh – Me dijo en un tono de broma
– Podía yo solo, ya lo sabes. – Era increíble la conversación que estábamos teniendo – Sólo que, bueno, he tenido un pequeño problema con la maza.
– Ya, ya. Bueno dejemos las excusas y vayamos a por el colchón, que seguro lo necesitaremos.

Dijo cambiándome de tema, aunque al momento, se dio la vuelta y me volvió a decir:

– Por cierto, bonita exhibición, nunca te había visto pelear en serio. Si me hubiera tocado a mí no sé si hubiera estado tan increíble. Si tenemos un descanso en este mundo apocalíptico creo que necesitaré aprender alguna llave de esas – Se reía a carcajadas mientras se daba la vuelta y entrábamos a por un colchón para dormir. – La verdad es que era un poco sádico disfrutar de esa manera, pero no voy a negar que yo también estaba disfrutando, además, no nos venía nada mal reírnos para relajarnos un poco.

La verdad es que podría parecer una tontería y un riesgo ir a por un colchón, pero seamos realistas, no sabíamos cuanto tiempo íbamos a estar en la furgoneta y dormir en los asientos mucho tiempo no es muy recomendable si luego tendremos que estar en alerta prácticamente las veinticuatro horas del día. Ahora mismo no es necesario, pero seguro lo será y mejor cogerlo ahora que luego.

Entramos, cogimos un colchón que más o menos sabíamos que entraría en la furgoneta y salimos corriendo de ahí con el colchón a hombros. Llegamos a la furgoneta, lo metimos y arrancamos. Siguiente rumbo, Zaragoza. Espero que mi abuela consiga sobrevivir. Y mi madre y mi hermana. Mucho en lo que pensar, demasiado que no puedo controlar.

Hace más de 3 años

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