La_lectora_de_otros
Rango4 Nivel 16 (251 ptos) | Promesa literaria
#1
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  • #2

Casi invisibles e inadvertidas, las flores de los arcenes pasan sus días. Acaso las mire -que no admire- un paseante distraído. Solo hay en su humilde existencia una certeza absoluta, la del momento, aquí y ahora, y la basura que las rodea. Desconocen si habrá agua para ellas, tal vez un mañana, o una aridez infinita. Despreocupadamente alegres y bonitas, oponen su minúscula resistencia al devenir, alzándose en multitud de vestidos amarillos, desconocedoras de la rueda de un vehículo que puede segarlas o del capricho del chiquillo que baja de su bicicleta. Tan solo plantan cara, sencillas, menudas y fuertes, viejas como el mundo, nuevas como cada amanecer, inconscientes y sabias en pequeñeces.
Como la flor del arcén, la lectora de otros sobrevive. Son ya casi 40 primaveras en su arcén, al lado equivocado de la carretera. Sin hijos ni sólidos lazos, sin logros profesionales o talentos que la adornen, sin una apariencia que epate ni carisma que la rodee, resiste. Se muestra, aunque pueda no ser vista, con vestimenta que quisiera lucir amarilla pero ...

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...pero en muchas ocasiones no pasa de infinitos tonos de gris. Le falta la plácida seguridad de la flor del arcén, su insondable, temerario y eterno ahora. Igualmente, alza su mirada al sol, cierra los ojos y alcanza su minúscula consciencia de ser y estar...
Y desde esa irrisoria certeza, plantea su punto de partida.
Sin prisa pero sin pausa, desde la calma y la serenidad que le ofrece el momento consciente y una notable dosis de escepticismo, comienza por varios frentes. ¿No dicen que la mejor defensa es un buen ataque? El suyo es un envite a la -su- vida modesto, pero integral.
La lectora de otros se crió sin faltas. No faltaron el hogar, los estudios, las prendas de calidad, las consultas médicas -de especialidades varias- los cumpleaños, las vacaciones, etc...
Hubo de todo, como en botica, muchas cosas que no faltaron: los gritos de su madre enferma (ahora sabe que se llama transtorno límite de la personalidad, concretamente narcisista); la altiva indiferencia de su padre, médico y político (tan poco sanador y negociador en casa); las etiquetas. Esboza una sonrisa torcida al pensar en tantas etiquetas que "molestan": las de la ropa -con tallas que no son la 36 ni la 38- las de los alimentos -con calorías y componentes indeseados- o los llamados tags o hagstags que hay que saber usar estratégicamente en la red si quieres que un contenido funcione. Son etiquetas que, puntualmente, ponen chinitos en los pies, pero que no hacen sangre. Las que a ella le han venido colgando, con el peso de una losa, son otras.

Hace alrededor de 4 años

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