Julian_Reva
Rango12 Nivel 56 (10246 ptos) | Ensayista de éxito
#1

En el viejo pueblo de Armazán se cuentan muchas historias, revueltas entre la imaginación de las personas viejas y la falta de memoria; nacen leyendas a diario en las noches de feria y en los días de lluvia en donde todos se quedan dentro de sus casas. Así, los relatos que alguna vez fueron tan vívidos y reales, ahora pasan a ser parte de una imaginación desbordada por la senectud y la curiosidad de los niños.

Yo fui parte de ellos y me reunía por las noches con mi abuelo, quien nos contaba los orígenes ocultos y misterios de la noche de Armazán.

Eran tales sus historias y cuentos que llegaban a aterrar inclusive a los adultos, quienes en su intento de encubrir el miedo, le prohibieron que contara más historias a los niños. Pero yo, insistiéndole que no parara, iba con él todas las noches a su viejo taller de carpintería. Lo ayudaba a guardar las herramientas y barrer un poco el cuchitril en que se había vuelto aquella pequeña cabaña.

Pero después de una noche de invierno en el que el abuelo me contó aquél cuento, dejé de preguntar y pedir por más...

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"La gente se hace vieja, la gente olvida. Todo lo que recordamos no son más que historias mochas y memorias desgastadas, ah, pero yo no olvido. Yo no olvido lo que el pueblo cuenta y que se ha grabado a fuego en la piel colectiva de las personas. Hace mucho, antes de que nacieran los padres de todos ustedes y el pueblo se llenara de extraños de otros pueblos, había cientos de fiestas con colores y luces de todas las formas, que hacían de Armazán la ciudad de la vida.

Una de estas fiestas principales era el Carnaval de las Almas, donde todos nos reuníamos a celebrar el retorno de aquellos que murieron, ya sea de gracia o por algún infortunio del destino, y bailábamos, bebíamos y reíamos, todo en su nombre. Todo era por aquellos que ya no podían hacer nada más que quedarse muertos. Todos salían como cualquier día de domingo y celebraban hasta reventar. La gente olvida, olvida lo que ocurrió en aquél carnaval.

En ese carnaval había carpas y carpas con distintos espectáculos de los cuales salían riendo, llorando o simplemente asustados por lo que mostraban. En una de estas carpas había un pequeño payaso, que decían que no daba risa ni lástima, que sólo lloraba cuando lo mirabas. No musitaba palabra alguna ni hacía un gesto estrafalario, simplemente te miraba y veía a través de tu alma y tu todo, lloraba y no hacía más. La gente se reunía a verlo siempre para burlarse de él, para arrojarle cosas y gritarle cuán cobarde y ridículo era aquél payaso desgraciado.

La gente se hace vieja y se les ablanda el corazón, porque la gente de aquí de Armazán era tan ruin y despiadada que olvida que a aquél pobre payaso lo hicieron llorar más de la cuenta y al pobre se le secó el alma. ¿Cómo podría alguien regresar al carnaval después de muerto si ya no tiene alma? Es algo muy sencillo pero a la vez despiadado; aquél payaso triste tendría que robar un alma para poder regresa. Y precisamente...así lo hizo.

Tomó un pequeño mazo de la carpa contigua a la suya, y esperó a que alguien entrara a la suya y lo volviera a mirar. Él estaba decidido, devastado también, pero más que nada estaba listo para arrebatar y robar un alma para poder regresar cuando muerto al Carnaval de la Almas. Pero él nunca contó con quién iba a entrar a su carpa aquella noche. Él no contaba con que una niña de no más de ocho entrara a ver su función.

Su corazón se partió al verla tan inocente y vivaz, así que soltó el mazo dejándolo detrás suyo y por primera vez no la miró para después echarse a llorar; al contrario que en otras funciones, el payaso sonrió y empezó con uno de los mejores actos que había preparado hace tanto. Dio piruetas e hizo mil malabares, contó decenas de chistes, dejando su cara entumida por las muecas que hacía. Sin embargo, aquella niña no soltó ni una sola carcajada, ni mostró señas de alguna sonrisa tímida, ni nada.

La niña arrojó su basura a la cara del payaso y gritó que le hacía falta gracia y talento. La niña terminó burlándose de la desgracia, y la desgracia le regresó la broma.

El payaso sin dudar siquiera, tomó el mazo que clavo en la frente de la niña, dejando así al descubierto una herida mortal de la cual brotaría sangre a cántaros. La niña alcanzó a soltar un alarido antes de caer ante el payaso, quien la azotaba una y otra, y otra vez mientras que al fin había descubierto la clave para ser feliz: no dejar que nadie más en el mundo sonriera.

La gente corrió a ver el nuevo espectáculo de aquél funesto payaso, quien ya estaba terminando con la ingrata vida de aquella pobre niña. Las mujeres se desmayaron y los hombres atacaron encabritados al payaso que no dejaba de reír y de reír. Se reía de su desgracia, se reía de la niña y se reía de todo el público en general. Había comprendido que su espectáculo, que toda su vida y la vida de la niña, así como la vida de las personas, era un mal chiste.

Y nadie rió aquella noche."

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#3

Quedé pasmado con su historia, pero no tenía miedo. Era más la lástima por aquellos que tenían que sufrir como la niña, como el payaso. Pero mi mueca cambió drásticamente al ver al abuelo pararse de su asiento y sacar su caja de herramientas.

"Dime, ¿crees ser feliz? ¿Crees que la vida entera son risas y fiestas? ¿Alguna vez has visto a un payaso llorar?"

Mis ojos se nublaron de lágrimas al ver que mi abuelo igual lloraba conmigo o tal vez lloraba por mí. Sentía que mi alma se drenaba en cada gota salada y que poco a poco la tristeza y el llanto se tornaban en risa. Poco a poco comprendía al abuelo y sin más que perder, comprendí su broma.

Esa noche al fin, después de tanto tiempo, el abuelo pudo hacer reír a alguien.

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