PresleyMercuryJackson
Rango13 Nivel 64 (19290 ptos) | Premio de la crítica
#1

SINOPSIS

Los Domínguez son una familia que durante el resto del año vive dispersa en distintas zonas de Alicante, cada uno con su vida, sus alegrías y sus dilemas. Pero cuando llega el mes de agosto se reúnen para pasar todos juntos una semana en un hotel de montaña situado en Collados de la Sagra (Granada), donde cada año las sierras de Andalucía son testigos, entre otras cosas, de la apacibilidad y sabiduría de los abuelos Vicente y Soldedad, de la pasión entre Diego y Paloma y de las travesuras de los pequeños Inés, Nicolás, José Miguel y Junior. Una tradición que se fue repitiendo durante todos los años hasta el 2005, el verano que más les marcó y que por circunstancias de la vida fue el último que pasaron allí hasta que una gran pérdida les lleva a regresar diez años después.
En esta historia descubriremos cómo los valores de la familia, el amor, la amistad y la inocencia pueden perdurar a lo largo del tiempo; así como una recreación del frenético a su manera nuevo milenio.

Parcialmente con tintes autobiográficos

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PresleyMercuryJackson
Rango13 Nivel 64
hace más de 3 años

Muchas gracias por tu apoyo, @ViktorKesler. Lo más pronto que pueda publicaré el primer capítulo. Si no te supone una incomodidad, me gustaría preguntarte que es lo que te motiva a querer leer esta historia. ¿Es porque tú también conoces ese hotel? Saludos :)

ViktorKesler
Rango11 Nivel 52
hace más de 3 años

Digamos que algunas habitaciones pueden ser bastante similares...


#2

PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 1

Viernes, 19 de Agosto de 2005

Aquel había sido, si no el único, uno de los únicos madrugones de campeonato que ella y su familia se pegaban cada año (sin contar los clásicos del periodo escolar y laboral para ir al trabajo o al colegio) y en el que la señal del sueño quedaba visiblemente marcada en sus ojos y en el todavía imperante cansancio de su cuerpo. Junto a sus todavía somnolientos ojos le acompañaba el abrasador calor que tanto caracterizaba el verano mediterráneo y que traspasaba las ventanillas de los coches con la misma fuerza que entra en contacto directo con la piel. Aunque el trayecto desde Alicante hasta Granada solo duraba unas tres horas, el simple hecho de desplazarse hasta allí les tomaría casi todo el día debido a las tradicionales paradas que realizaban por diversos lugares antes de llegar al hotel en el que se hospedarían, algo que toda la familia, incluidos los niños más pequeños, se sabían perfectamente de memoria. Ya era el tercer o cuarto año consecutivo que pasaban parte de su estancia veraniega en el conocido hotel de Collados de la Sagra.
En ocasiones especiales como aquella y como ocurrió en su día con la boda de una de sus primas mayores, viajaban en el coche nuevo, un Seat bastante más espacioso, botiquín de primeros auxilios incorporados tras el respaldo de uno de los asientos traseros y con un ambientador de mucho mejor olor que el otro más pequeño que tenían en Alicante, y que en ese momento hacía solo un par de años que lo habían comprado aunque seguiría recibiendo el apelativo de coche nuevo por lo menos durante una década. La pequeña Inés, de ocho años, miraba a través de la ventanilla del coche en el que se desplazaba junto a sus padres, Fernando y Chole (diminutivo cariñoso de Soledad, que también era el nombre de su abuela materna), y sus dos hermanas Anabel, de doce años, y Mireia, de apenas cinco. Cuando salían de su ciudad y veían ya las primeras montañas ante la grata admiración de Inés, Anabel le solía decir que seguía siendo Alicante pero "con partes que ella nunca había visto". Aunque era su única distracción y uno de sus pasatiempos favoritos cada vez que se encontraba en un vehículo, reconocía que llegaba a aburrirse sabiendo lo largos que eran ese tipo de viajes, así que de vez en cuando lo alternaba con la música que se había traído su hermana mayor en el portaCDs. Menos mal que Anabel siempre se acompañaba de buenas provisiones.
Además, también era un perfecto remedio casero contra los mareos de Mireia, que viajaría con muchísimo gusto en el asiento del copiloto de no ser porque la vigente legislación española se lo impedía a niños de su escasa edad.
Lo típico de esas fechas eran las tan comerciales canciones del verano, tradicionalmente de habla hispana combinada con alguna procedente del extranjero. En esos momentos estaban escuchando al grupo revelación O-Zone, cuyo tema "Dragostea din tei" estaba ocupando los primeros puestos en las listas y sonando en radios y verbenas día sí y otro también. Lo que más le llamaba la atención a Inés, a parte de su tan pegadizo ritmo a golpe de máquina junto con ese dialecto de Europa del Este que le resultaba tan gracioso, eran las voces en falsetto del trío moldavo y las variaciones de sus tonos. En los estribillos, Inés se olvidaba por momentos de cómo Anabel la chinchaba durante el resto del año diciéndole que cantaba mal e insistiéndole en que las canciones del verano tenían que dejar de escucharse para siempre una vez que terminaba la temporada estival. Eso sí, la banda sonora de "Un paso adelante" y demás boy bands juveniles que su hermana mayor idolatraba gracias a revistas como Bravo, Loka o Súper Pop, todo eso ni tocarlo.
- ¿Queda mucho para llegar? ¿En dónde nos paramos ahora?-, preguntaba Inés cada vez que Anabel reproducía una canción que no le interesaba o cuando buscaban aparcamiento en cualquier lugar que no fuera el hotel de su destino.
Inés se moría de ganas por saber en qué punto de la carretera se encontraban sus primos, abuelos, tíos y los demás acompañantes que iban con ellos. No solo quería mantenerlos localizados después de tantos tramos de autopista en donde sus respectivos coches se perdían de vista, sino porque a su tan aventurero espíritu le gustaba imaginar que estaban haciendo una carrera a lo grande que consistía en ver quién llegaba primero a Collados de la Sagra y que las paradas eran como las escuderías de la Fórmula 1 donde, además de parar a repostar como hacían Fernando Alonso y los otros pilotos, el coche en el que viajaban ella, sus padres y sus hermanas podría aprovechar para ponerse en cabeza una vez reanudaran la marcha.

Hace alrededor de 3 años

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#3

PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 2
Los lugares de las paradas siempre eran los mismos todos los años aunque el orden variaba en cada uno de ellos. Lo mismo sucedía con la hora de llegada al hotel, pues algunas veces entraban a Collados de la Sagra bien entrada la tarde o ya oscurecida la noche. Las tres paradas que se repetían siempre eran un merendero con barbacoas, un restaurante de carretera y una especie de bosque con un río apto para el baño que también disponía de merenderos. La primera parada mencionada también fue la primera de aquel viaje de 2005.
Ya habían por lo menos dos o tres coches de la familia estacionados en los alrededores, mas los que todavía estaban buscando sitio. Tras haber aparcado el coche bajo la sombra de un árbol cercano a la entrada del bosque que daba a los merenderos, Inés se desabrochó rápidamente el cinturón, abrió la puerta y tras salir se puso a observar por los alrededores. Para las comidas siempre se dividían en secciones por edades, desde los más jóvenes hasta los más mayores, para que los temas de las conversaciones fuesen más cómodas de tratar, pues bien se sabe que un adulto no tiene los mismos intereses que un adolescente o de un niño. Inés se sentía muy cómoda recurriendo a este sistema y no iba a permitir estropeara ese sistema que tanto le gustaba. Como punto extra, Inés se sentía libre de aquel cinturón de seguridad que desde un año antes se había convertido en una especie de cadena cuando la leyes en torno al tráfico y la educación vial obligaron a todos los niños a partir de siete años a llevarlo puesto obligatoriamente. Todavía recordaba aquellas primeras veces que le tocó abrochárselo por insistencia de sus padres y su hermana mayor y cómo pataleaba sin éxito contra algo que a ella le parecía uno de tantos caprichos de los mayores después de haber vivido perfectamente sin cinturón en la parte trasera del coche sin que le diese nada parecido a un síncope.
Inés buscaba con la mirada a sus primos, pero especialmente a tres de ellos que se asemejaban a ella en edad y que no tardarían en aparecer de un momento a otro. Con los tres formaba un gran equipo, y más cuando se juntaban con los adolescentes cuando la ocasión lo requería. Debemos tener en cuenta que dentro de la inmensa generación conformada por los nietos de la familia (ella, sus hermanas y sus primos; sin contar las parejas de las primas más mayores), se dividían a su vez en subsecciones de niños, adolescentes y adultos. Inés suponía que era el enriquecimiento propio de las familias grandes y que venía en conjunto con su inmensidad en número.
Por fin vio aparecer al primero que buscaba. Bajaba de su coche en compañía del tío Daniel y la tía Rosalía, y caminaba a pasos firmes y agigantados. En la familia y especialmente en la generación de nietos lo llamaban cariñosamente Junior para diferenciarlo de su padre. Pero pese a ser llamado Junior, su apodo no tenía nada que ver con su estatura: era de los niños más gigantes de la familia Domínguez y no tenía ningún problema en ponerse a la altura de los primos adolescentes cuando había piques entre ellos y los niños más pequeños. Además, Junior ya tenía una personalidad arrolladora para su corta edad, algo que a Inés le atraía muchísimo quizás porque ella era todo lo contrario, es decir, una niña sensible de carácter. Se podría decir que de toda su familia por línea materna, Junior era uno de los dos primos favoritos de Inés y durante las vacaciones en Collados de la Sagra estaban más unidos que nunca. Junior era un año mayor que Inés, tenía nueve.
Inés fue corriendo hacia él.
- ¡Por fin te encuentro, Junior! ¿Tienes ganas de llegar ya al hotel?
Junior le respondió con su característica voz de niño con mucha presencia.
- ¡Y tanto! En solo un tramo ya tengo el culo más cuadrado que mi mesa del colegio.
Junior también tenía mucho sentido del humor, otro de los detalles que a Inés le llamaban la atención de él. El trayecto era mucho más corto que si alguien viajase en su propio coche desde Alicante hasta regiones del norte como Cantabria, Asturias o Galicia, pero tratándose de niños pequeños y que su energía y aguante se ajustaba a su edad al máximo, tampoco se podían exigir peras al olmo.
- ¿Has visto por ahí a Nicolás y a Josemi? No olvides que nosotros nos sentamos todos juntos.
Justo en ese momento se acercaron ambos hermanos andando rápido hasta ellos. Nicolás y Josemi eran los dos hijos de los tíos Estrella y Miguel; Nicolás también tenía nueve años como Junior y Josemi siete, uno menos que Inés. Como curiosidad, Josemi se había disputado el apodo de Junior con su primo, pues él también se llamaba de una forma idéntica a su padre y además era mucho más bajito que Dani y Nicolás. Tras bastante tiempo de batallas amistosas, el sobrenombre de Junior recayó finalmente en Dani como dueño por dos razones: por la gracia que causaba la contradicción entre el apelativo y su estatura y porque Josemi no se llamaba exactamente Miguel al tenerlo de segundo nombre con el de José antepuesto. Así pues, el enano se conformó simplemente con Josemi, que bastante distinción hacía ya en sí mismo.
- ¡Hombre, chavales! ¡Hablando de los reyes de Roma! - exclamó Junior.
- Junior, yo creo que deberíamos llamarles los reyes de Digital Plus -. añadió irónicamente Inés en alusión a la televisión de pago de la cual disponían Nicolás y Josemi durante todo el año en contraste con ella y Junior, que solo podían disfrutarlo escasísimas veces al año si se les facilitaba la ocasión.
Los cuatro tenían muchas cosas y planes que contarse durante el breve almuerzo en la parada del merendero, y Digital Plus era sin duda uno de los puntos cruciales con diferencia. Inés era muy consciente de ello.
- ¡Tenéis un morro que os lo pisáis, chicos! ¡Un año entero para que podamos ver el evento SummerSlam todos juntos! Nicolás, Josemi: yo a Eddie Guerrero y a Rey Mysterio en un combate con escaleras no me los pienso perder por nada del mundo.

Hace alrededor de 3 años

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PresleyMercuryJackson
Rango13 Nivel 64
hace alrededor de 3 años

Aprovecho para comentar que si alguien es de Granada o ha estado alguna vez en el hotel de Collados de la Sagra, puede utilizar esta historia para compartir sus experiencias allí. Incluso los que no respondáis a las dos características anteriores podéis hablar de vuestros recuerdos de infancia y adolescencia ya que habrán muchos guiños y referencias a las modas de los años 2000 :)


#4

PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 3

Inés, Junior, Nicolás y José Miguel; así como otros de la generación de nietos en la familia, eran grandes apasionados de la lucha libre. En el caso de Inés y sus dos hermanas, esa afición vino heredada de su padre, pues en la década anterior se emitía el espacio Pressing catch en la cadena Telecinco y coincidió con la Era Dorada y la Nueva Generación con luchadores de la talla de un jovencísimo Shawn Michaels, los hermanos Hart o el mismísimo Hulk Hogan. Ahora, los niños habían tomado el relevo con nuevo nombre de empresa (de WWF a WWE), la era Ruthless Agression y el recién nacido canal Cuatro; donde por sorpresa de todos se estaba viviendo una apasionada fiebre por el wrestling aún más grande que con Telecinco para ser un canal todavía pequeño y que estaba teniendo un despegue brutal nada más comenzar. Toda la porción de los primos Domínguez nacidos en los 90 y 2000 seguían los programas semanales de cada marca, RAW y SmackDown, en Cuatro los sábados y los domingos; pero solo la mitad de ellos eran los afortunados que disponían de televisión de pago para ver los PPVs de WWE. Concretamente, se trataba de Nicolás, Josemi, Neus y los mellizos Raúl y Marta; éstos tres últimos hijos de los tíos Vicente 'Chente' y Nazaret. Anabel, muy unida a los mellizos, ya había tenido esa oportunidad cuando se quedaba a dormir en su casa, pero Inés, Mireia y Junior lamentaban tener que esperar a las vacaciones en Collados de la Sagra para poder gozar de un solo PPV al año, que era SummerSlam. Inés también maldecía el momento en que un vecino de su edificio cortó la señal de Canal + cuando la tenían en casa en su más temprana niñez.
Pero la impaciencia que tenían por sentarse todos juntos esa semana a ver SummerSlam en el comedor del hotel con un Digital Plus más que disponible no era el único tema de conversación televisivo que Inés tenía por sacar con sus primos cuando ya se encontraban en su merendero correspondiente tras haberles pedido sus bocadillos y sus zumos a sus padres.
- No entiendo como un hotel en medio de la montaña tiene la señal de la tele normal cortada en varios canales y la de pago funcionando a las mil maravillas.
- Exacto, porque es tele de pago y no analógica -. le respondió Nicolás.
Inés le miró con una envidia demasiado notable.
- Si por casualidad hay alguna habitación que tenga la señal de Antena 3, me la pienso quedar yo-. comentó ella muy decidida.
- ¿Y eso por qué? -. preguntó Junior.
- Porque justo después de comer todavía no vamos a ningún sitio y no quiero aburrirme perdiéndome "Pasión de gavilanes" solo porque casualmente no llega precisamente la señal de ese canal.
- A mí también me molesta no poder verlo. ¡Las pelotas del marrano! - contestó Junior gesticulando ésta última frase con los brazos y los puños.
Inés se sorprendió, abriendo la boca y los ojos como platos.
- ¿Tú también ves "Pasión de gavilanes", Junior?
- Claro que sí, como todos.
- Todos menos yo, que siempre he preferido "Un paso adelante"-. añadió Josemi.
- Bueno; siempre os quedarán "Amarte así, Frijolito"; el "Grand Prix del verano" o los cacho combates de SummerSlam que veremos en Digital Plus-. dijo Nicolás.
En aquel tan movido verano de 2005 en España, la parrilla televisiva estaba experimentando dos grandes fenómenos sociales y un duelo de audiencias digno de dos poderosos titanes. Antena 3 y TVE1 habían estrenado el 20 de junio, respectivamente, dos telenovelas de Telemundo llamadas "Pasión de gavilanes" y "Amarte así, Frijolito". Las dos tenían unos índices de audiencia que rozaban el 25% de share ante una audiencia que se dividía ferozmente entre el romanticismo triplicado de la cadena privada y la tierna inocencia del niño prodigio de la pública. Muchos ya comparaban estos éxitos con el que tuvo la colombiana "Yo soy Betty, la fea" pocos años antes, y con razón no se veía algo así desde entonces. Inés, que se había enganchado a Pasión de gavilanes al comienzo del verano gracias a una prima suya por parte de padre, era pro seguidora del culebrón de Antena 3 aunque el adorable Frijolito también le agradaba y también se pasaba por su telenovela de vez en cuando, algo que por lo visto tendría que hacer una vez pisaran el hotel de Collados de la Sagra. Ella sabía que las dos teleseries ya eran de sobra conocidas en su entorno, pero no hasta el punto de imaginarse a Junior como compañero de sobremesa conociendo lo mucho que se suele asociar popularmente y de manera estereotipada ese tipo de contenidos a la sensibilidad de las mujeres y menos a hombres y niños con el carácter de su primo. Por otro lado, José Miguel había permanecido como fiel espectador de "Un paso adelante", serie española de Antena 3 sobre un academia de artes escénicas al estilo Fama, hasta que terminó hacía unos pocos meses. Inés ya lo sabía desde tiempo atrás, pero le provocaba algún que otro quebradero de cabeza al recordar a su hermana Anabel viviendo su ultra hormonado inicio de adolescencia. Por supuesto", no hacía falta mencionar que el verano era sinónimo de "Grand Prix del verano, el concurso estival con vaquillas entre pueblos que emitían semanalmente en la televisión pública y que contaba ya con once ediciones en antena. También era el favorito de Inés de toda la vida y, al igual que con "Pasión de gavilanes", no pensaba perdérselo aunque estuviesen pasando unas vacaciones familiares a una gran cantidad de kilómetros de distancia de casa, solo que con el "Grand Prix" había tenido mejor suerte porque TVE1 se veía perfectamente desde la montaña.
Nicolás, que no sentía demasiado interés en ese tipo de series y que sintió algo idéntico a Inés cuando su hermano Josemi recordó "Un paso adelante", cortó esa conversación consolando a sus primos a su despreocupada manera.
- No os preocupéis, chicos; que aburridos no vais a estar a la hora de la siesta, y en las noches que tengamos libres tampoco.
- ¿Ah, sí? ¿Por qué?-. preguntó Inés.
Nicolás sacó un portaCDs de la mochila de Junior y lo mostró en alto.
- Marta y Raúl se han traído su PlayStation 2, y Junior ha querido hacer un pequeño aporte personal con sus juegos.
- ¿En serio?-. exclamó Inés con un gran asombro combinado con visible alegría.