LaMancadeLepanta
Rango4 Nivel 18 (358 ptos) | Promesa literaria
#1

Se levantó, cogió la goma que tenía en su muñeca izquierda dejando ver la marca que había creado en su piel después de haber permanecido allí toda la noche y se recogió el pelo. Le encantaba recogérselo de forma alborotada sin sentido, que sus cabellos eligieran su destino sin ser ella la que marcase su camino.
El ritual de cada mañana la guiaba del lavabo a la cocina y de allí a la habitación para finalmente detenerse en el recibidor. Era allí delante del espejo, dónde cada mañana se miraba y observaba cómo sus ojos negros perdían mas brillo. Ese espejo, maldito espejo que le mostraba la realidad, esa realidad que quería hacer desaparecer cada noche. Las 8:23, llegaba tarde a la cita.

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#2

Era un bar del centro dónde había quedado, aceleró el paso aunque durante el trayecto ganó unos minutos de ventaja respecto a su cita. ¡Malditos tacones! pensó, mientras éstos se clavaban en los adoquines de aquella plaza cómo si fueran agujas.

El invierno había llegado con toda su crudeza pero se sentó en la terraza, la nicotina era un argumento más poderoso que el frío.
Sacó el paquete del minúsculo bolso y se encendió el primer cigarrillo del día. El humo introduciéndose en sus pulmones la relajaba ante la espera. No pasaría mucho tiempo consumiendo su medicina en soledad cuando un hombre se sentó en su mesa.

-¿María?

Asintió la cabeza mientras examinaba a su acompañante. Se trataba de un hombre de unos 60 años, sus ojos de un azul intenso no destacaban ante su mirada compungida. Era de estatura mediana y vestía con un gran abrigo de color camel. Su rostro reflejaba cansancio, agotamiento de años pensando cómo resolver la injusticia que padecía. Ella era su respuesta.

Con discreción le entregó un sobre y se despidieron. Empieza el juego, pensó María.

#3

Llevaba introducida unos años en el negocio, la "transacción"como ella lo llamaba. Nadie la empujó a realizar esa tarea ni tan siquiera recordaba cómo fue su primera vez , sólo que estaba destinada a hacerlo.

Llegó a casa y abrió de forma apresurada la puerta lanzando el sobre ,cómo si fuera un boomerang, contra el sofá. Se descalzó y subió los escalones con los malditos zapatos de tacón en la mano. El suelo estaba gélido y empezó a aligerar el paso. Se desvistió en milésimas de segundos y se acicaló con su ropa más cómoda. El éxtasis llegó cuando sus pies tomaron contacto con las zapatillas con textura borreguero, odiaba con toda su alma el frío.

Se dirigió al lavabo y abrió el grifo, puso las manos en modo de cuenco aseando su cara. Tenía una belleza melancólica, apenas sonreía pero sus ojos eran sin duda su arma más letal y a la vez su talón de Aquiles. No tardó en bajar la mirada de nuevo a la pica. Se acicaló de forma apresurada el pelo y aterrizó en la cocina.

Comenzó a rebuscar entre los armarios. Inspeccionó a fondo la nevera,una lechuga putrefacta y un cartón de leche pasado poco con que alimentar su consumido cuerpo. No tenía ni tiempo ni ganas de volver a salir a la calle. Tomó un paquete de cereales que escanció con la leche rancia y se refugió en el salón.

Allí abrió el sobre, leyó por encima las hojas. Tenía que empezar a planificarse el tiempo jugaba en su contra.

Sof
Rango10 Nivel 45
hace casi 5 años

Ay, me encanta, y la verdad es que me tienes muy intrigada eh.