A_Pereira
Rango9 Nivel 42 (3694 ptos) | Escritor autopublicado
#1
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—Vienen por ti —soltó de golpe, con el aliento agitado, bajo el marco de la puerta.
Al mirar sobre su hombro, despertó.
Aquellas palabras retumbaron en su cabeza, recién salidas del mundo onírico del cual acababa de regresar. Patricia abrió los ojos, de un modo pausado. Aún era de noche y la tenue luz de una farola se coló por la ventana, atravesando los visillos de color crema. Miró de soslayo hacia quien dormía a su lado, dándole la espalda. Oyó su respiración; relajada.
Con sigilo se levantó de la cama y fue hacia la puerta del dormitorio. Recorrió el pasillo con rapidez, tras lo cual se coló en el cuarto de baño que había junto a las escaleras. Tras un breve instante, bajó, algo más aliviada, y se encaminó hacia la cocina.
Hizo café con el nuevo regalo de cumpleaños de Dominique. Con una humeante y aromática taza, sobre un pequeño taburete frente al frigorífico, dio un buen sorbo a la oscura infusión. Extendió la mano, con la intención de coger una de las pastas que había en un pequeño plato sobre la encimera, pero al hacerlo, advirtió algo extraño en una tira de fotografías en las que,

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Paula_Treides
Rango12 Nivel 58
hace alrededor de 3 años

En las que, ¿qué? Así no se puede dejar una caja. Ahora tengo que esperar, XD.
Buen comienzo, @A_Pereira
Saludos.


#2

, por medio de un colorido imán, pendían de la puerta de la nevera. Observó algo extraño en ellas.
−«Pero…, ¿qué demonios…?»−pensó estupefacta mientras se acercó hasta las mismas.
Agarró las instantáneas, estudiándolas anonadada.
−« ¿Quién es este hombre?»−se dijo sin dar crédito a lo que sus ojos veían.
En las imágenes aparecía ella junto a un chico joven; ambos sonreían felices.
Con un semblante algo pálido, fue hasta el salón en cuya pared podían verse algunos retratos, fotos de boda, cumpleaños, etc.; en todas, ella y el mismo individuo de la imagen.
−« ¿Qué está pasando aquí?, ¿quién es este tipo?»−se dijo a sí misma.
En su cabeza, rememoró los hechos acaecidos la noche anterior; sus recuerdos más recientes. En los mismos destacaban un muchacho rubio con una incipiente perilla, y un flequillo largo que le caía sobre la frente; sonrió antes de besarla con pasión.
Con diligencia fue hasta la cocina; salió por la puerta que daba a la parte trasera de la casa. Se dirigió hacia el lavadero de cuya cesta de la ropa extrajo un par de prendas deportivas y unas zapatillas. Tras vestirse con rapidez, entró de nuevo en la vivienda. Cogió las llaves del coche y fue hasta la entrada principal.
−Buenos días, «Pat» −dijo alguien desde las escaleras.
Ella se giró y se encontró al joven moreno, al cual había visto en todas las fotografías. Hizo caso omiso al saludo y se marchó rápidamente, con un semblante de evidente temor.
− ¿«Pat»?, ¿ocurre algo?−pudo oírle decir poco antes de cerrar la puerta.
Una hora más tarde…
−De modo que usted sostiene que un intruso se ha colado en su casa, un hombre joven, moreno, de unos treinta años, aproximadamente, también afirma que ese hombre ha cambiado algunos de sus muebles ¿me equivoco?−relató un oficial de policía, algo sorprendido, al tiempo que leyó la declaración de la mujer en un folio.
−Las fotografías del salón−respondió ella.
−Mmm…, sí, las fotografías−apuntó con escepticismo−. Verá, señora Overlord, hemos enviado a una de nuestras unidades hasta su casa, nuestros agentes han hablado con su marido, todo parece estar en orden.
− ¿En orden? Le aseguro, sargento Gutiérrez, que el hombre que encontré esta mañana en mi casa no es mi esposo−dijo con un tono de exasperación.
−Los vecinos corroboran esta versión…−dijo con un tono de obviedad−, verá, señora, a menudo recibimos denuncias de esta clase, entiendo que, tal vez, usted y su pareja tengan problemas en casa, pero creo que esta no es la solución…
−Acaso ¿cree que me he inventado esta historia porque tengo desavenencias conyugales?−dijo bastante enojada.
−Bueno…, tampoco he querido decir eso…, todos los matrimonios pasan por situaciones difíciles…−dijo con reservas, al tiempo que dirigió su vista hacia algún lugar tras la chica.
Ella lo notó y se giró para ver qué era aquello que había sustraído la atención del suboficial. Desde donde se encontraba pudo ver a un muchacho joven, rubio y con una exigua perilla; él la miró con cierta suspicacia.
−Es mi marido…−dijo ella en voz baja.
−Entonces ¿confirma que ese caballero es el señor Overlord?−le preguntó el sargento con gravedad.
Ella asintió con la cabeza. Se levantó de la silla y fue hasta donde él se encontraba. Levantó los brazos con un gesto interrogativo.
− ¿Dó-dónde estabas?, ¿adónde has ido?−le preguntó molesta.
Él, receloso, evitó la mirada de los agentes que lo acompañaban; no la de ella.
−«Pat»…, no he ido a ninguna parte ¿qué te sucedió está mañana? Te marchaste de repente, sin decir nada, y ahora esto−dijo extrañado, señalando a su alrededor.
Ella lo escrutó fijamente, muy seria, tras lo cual se marchó en dirección hacia la salida.
−Disculpen a mi mujer, a veces…−le dijo él a los agentes.
El sargento asintió conforme, restándole importancia a todo aquello.
En el vestíbulo de la comisaría, a punto estuvo de chocar con un indigente que, parecía ensimismado, mientras leía algo en un tablón de la entrada; gran cantidad de carteles de personas desaparecidas.
−Disculpe…−dijo temeroso aquel vagabundo, aunque ella no hizo el menor caso, de modo que siguió caminando en dirección a la calle.
El trayecto a casa lo hicieron en el más absoluto de los silencios. Patricia no quiso pronunciar palabra y Dominique prefirió no tocar el tema.
Nada más llegar, ella bajó del coche y se dirigió hacia el dormitorio. Entró en el cuarto de baño y decidió darse una ducha. Acaso ¿estaba volviéndose loca? Reflexionó mientras el agua humedecía su rostro. Decidió dar por zanjado el asunto y bajó, algo más calmada.
− ¡«Dom»?−preguntó en voz alta.
−« ¡Estoy en la cocina!»−oyó decir a su marido.
Al traspasar el umbral de la estancia, frente a la mesa, descubrió a un anciano que tomaba algo de una reluciente taza. Levantó la vista, y allí estaba ella, con un semblante de absoluto asombro.
− ¿Quién eres?, ¿dónde está Dominique, mi marido?
−Soy yo, «Pat», no he ido a ninguna parte…, aún sigo aquí.
−No, no es posible, eres un viejo y yo…
Al contemplar su rostro en el reflejo del cristal de la puerta, descubrió su aspecto completamente transfigurado.
−Los años tampoco han pasado por ti, en balde, «Pat»−le dedicó una tierna sonrisa.
−Pero ¿cómo? –se lamentó ella.
−Así es, cariño, así ha sido siempre, la vejez nos ha alcanzado, lo hace con todo…
De improviso, sonó el timbre de la puerta.
−Vienen por ti…−soltó él de golpe.
Ella, al mirar de soslayo sobre su hombro, despertó.
Aquellas palabras retumbaron en su cabeza, recién salidas del mundo onírico del cual acababa de regresar. Dominique abrió los ojos, de un modo pausado. Todavía era de noche y la tenue luz de una farola se coló por una ventana, atravesando los visillos de color crema. Al mirar de soslayo hacia su lado, descubrió un espacio vacío. El sonido de una cisterna resonó en el pasillo.
Con sigilo se levantó de la cama y salió del dormitorio. Se dirigió hacia las escaleras y vio a alguien que parecía dirigirse hacia la puerta principal de la casa.
− Buenos días−la saludó con ciertas reservas.
Se trataba de una mujer rubia la cual vestía un azulado traje de chaqueta. No dijo nada. Giró el pomo de la puerta y salió, sin más.
−«Vaya modales…»−pensó éste, bajando los peldaños con cautela; iba descalzo.
Fue hasta la puerta de la cocina, pero algo le llamó la atención. Se inclinó ligeramente hacia atrás y vio, en el pasillo, en uno de los cuadros, un retrato en el que aparecía él junto a la chica que momentos antes vio salir por la puerta. Se trataba de una foto de boda. Las otras, a su lado, la mostraban a ella también, en eventos diferentes.
−«Pero ¿qué significa todo esto?, ¿quién es esa mujer?» −pensó inquieto−, ¡Patricia?, ¡estás ahí?
No hubo respuesta.
Se dirigió hacia el salón y miró por la ventana. El jardín estaba completamente cubierto de nieve. Un corpulento muñeco de hielo alzaba las manos en mitad del blanquecino césped.
Dominique se rascó la cabeza y fue hasta la cocina. Encima de la mesa descubrió una cuartilla sobre una canastilla de frutas.
−«La leche está en la nevera. A Rick le gusta el pan de centeno poco tostado y a Lisa los panecillos de leche. No olvides darle la medicina para la alergia. Patricia. P.S. Asegúrate de que se cepillan los dientes. Besos»−leyó con un rictus de «pero qué rayos».
Unos pasos en la planta de arriba lo alertaron.
−«Hay alguien en casa»−pensó alarmado.
Con rapidez fue hasta el trastero y agarró una escoba como si de un sable se tratase. Lentamente subió, uno a uno los peldaños de la escalera. Alguien pulsó el interruptor del retrete y abrió la puerta.
−Hola papá…−lo saludó una niña de pocos años, restregándose los ojos con una de las mangas del pijama. Aún estaba adormilada.
La pequeña atravesó el pasillo y entró en una habitación cerrando la puerta con cuidado.
A Dominique todo aquello le provocó cierto nerviosismo; su pulsó se aceleró ligeramente. Fue hasta el lugar en el que había entrado la desconocida muchacha. Abrió la hoja y se asomó dentro. Se trataba de un dormitorio infantil en el que sobre una litera dormían dos niños.
− «Rick... Lisa...»−rezaba en unos coloridos carteles a los pies de la cama.
Las paredes estaban cubiertas de posters y muñecos de peluche los cuales pendían por todas partes.
−«Debe de ser una broma…, esto no puede estar sucediéndome a mí...»−se dijo a sí mismo, dándose la vuelta con la intención de salir de allí.
Uno de los infantes abrió los ojos y, se incorporó, ante la presencia del hombre.
−Papá…−lo llamó, ante lo que éste se paró con reservas−, vienen por ti…−soltó de golpe.
Al mirar sobre su hombro, despertó.
Lisa abrió los ojos…

Hace alrededor de 3 años

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 3 años

De pesadilla.:D Mucha suerte

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace alrededor de 3 años

Autospoiler: ¿no resulta paradójico que leyendo el título, del reves, se obtenga una palabra muy acorde con la historia en sí?