Urgeundiario
Rango8 Nivel 38 (2823 ptos) | Poeta maldito
#1
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  • #2

Nunca pensé que esconder un cadáver fuera tan difícil. Primero hice un enorme hoyo en el patio trasero de mi casa. Pero después, pensándolo mejor, que lugar más obvio que ese. Después pensé en diluir el cuerpo en acido, pero vamos desaparecer una cara como esas en pocos segundos, no, no, definitivamente esa no es opción. Quiero que los gusanos disfruten aquellos labios carnosos, que hagan surcos en la piel, dándole otra perspectiva a su perfección. Creando curvas mientras esos animalitos viven felices por algunas semanas, mientras se seca el cuerpo, absorbiendo cada parte de su organismo, haciendo que la tierra se inunde con su esencia, y así en un futuro sus partículas estén por doquier, y alguien logre respirarlas, sentirlas, vivirlas, incluso amarlas, un amor tan intenso y momentáneo como se ama a una flor, como se saborea una manzana. Un amor como el de nosotros, que a pesar de que no va a durar, para mi es infinito y profundo. Tan profundo como el cuchillo que estoy dispuesta a clavarte, tan fácil de disolver como el veneno que está en tu copa. Porque esta noche, esta, seguro que te mato.

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Soul_Outsider
Rango10 Nivel 48
hace más de 3 años

El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo. Tu como siempre tan poderosa.

dionyra_y
Rango5 Nivel 20
hace más de 3 años

lo ame <3 pásate por mi historia tiene el mismo comienzo, síguela me gusto mucho


#2

No estoy segura como será mi vida después de esta noche, la cama estará tan vacía. Oh mi querido esposo, apenas y recuerdo porque tengo que matarte. Mientras estoy lejos de ti, ya sabes esos momentos en los que te das largas duchas o sales a trabajar, o te vas a ese lugar del que siempre me evades el tema. No puedo pensar en el motivo, en ese tormento que me invade. Porque cuando estas lejos solo pienso en todos los momentos buenos, en nuestra boda, tan poco planeada pero maravillosa, fugarnos a un lugar lejano, poco habitado, la arena relajando mis pies, el sonido del mar y todos esas flores que mandaste traer para mí. Si cierro los ojos aún respiro el perfume del momento. Las palabras que recitaste como si las hubieras aprendido, pero sé muy bien que salieron de improviso. Porque no se necesita planear unos votos cuando se está enamorado. Y en tus ojos yo podía ver ese amor, esa esperanza de tener la vida juntos. En tus ojos podía verme reflejada, con mi vestido blanco y esa ridícula corona que tanto me gustó. Tus hermosos ojos azules, que se tendrán que cerrar para siempre. Se van a cerrar con ese brillo profundo, con ese color que solo tienen las cosas peculiares, las flores a lo alto de la montaña, los pájaros que me despiertan en la mañana pero cuando asomo mi cabeza a la ventana se han marchado y solo veo un destello azul alejarse. Ese color eres tú, y tus grandes manos, juraría que de frágiles no tienen nada. Tantas cosas que eres mi amor, tu cabello negro, tu nariz respingada, tus anchos hombros, nunca hubiera imaginado que alguien con ese aspecto se fijara en mí, pero claro, lo hiciste porque sabias que estabas podrido por dentro o tal vez no, quizá si hubieras sabido todo el dolor que me traerías nunca me hubieras propuesto matrimonio. Pero que el amor es siempre esto… ¿Dolor y placer? ¿Bendición y castigo? Quería gritar, como lo he hecho tantas veces, ya no importaba que los vecinos me escucharan: "La vecina está loca, pobre de su esposo... Tan guapo él." Que saben ellos de mi sufrir. Las lágrimas comenzaron a brotarme sin retorno alguno, tuve que parar, la llave del agua se cerró, me quedan unos tres minutos antes de que salga. Y por mucho que me duela en este momento, no debo olvidar que le quedan al menos 10 minutos de vida. Ya no puedo postergarlo más, finjo una sonrisa en cuanto lo veo, con la toalla en la cintura. Oh por Dios, mi amado esposo. En cuanto lo veo suelto en llanto, las manos me temblaron.

—No soy capaz de hacerlo, lo siento Sebastián, sé que te lo prometí pero no puedo matarte —digo entre sollozos. Y él tan solo me abrazó, tan fuerte que podría morir ahí mismo entre sus brazos, prefería morir antes de tener que matarlo. Un enorme nudo se formó en mi garganta, en mi estómago, toda yo era un cumulo de nudos, de cosas guardadas. Por más que he llorado estas últimas semanas nunca será suficiente.

—Si no me matas, de igual manera moriré… lo sabes

—dijo con su hermosa voz, tan fuerte, que nadie podría imaginar que tan solo tenía unos días de vida, que nadie que lo viera apostaría un solo peso a que está podrido por dentro, toda su sangre lo está matando. Una rara enfermedad hereditaria, no sé cómo se puede mantener así, con ese esplendor, sé que por dentro se está desplomando, sé que el miedo lo está consumiendo, lo conozco, es la persona que más amo en esta vida, en su respirar se nota el miedo a morir, a tener que pasar sus últimos días en un hospital rodeado de tubos tal y como murió su padre, su hermano. Debí de suponerlo, nunca me quiso hablar de su familia. Tanto dolor guardado, quizá eso lo enfermo, quizá por eso va a morir más joven que ellos.

—Lo sé, lo sé… pero, te amo tanto ¿Cómo voy a vivir sin ti?

—Aprenderás —dijo con toda calma. En ocasiones como esta me molestaba su frialdad, es que acaso yo era la que tenía que sacar todas las lágrimas. Se apartó de mí, solo para sacar un arma, por lo visto, mis días pensando como matarlo habían sido en vanos. Él estaba preparado—. Si no lo haces tú, tendré que hacerlo yo.

—No —grité, sabía lo que significa para el suicidarle, una falta de valentía. Pero que carajos importa la valentía en un momento como estos. De cualquier manera no lo iba a permitir, teníamos un trato, y en parte la idea fue mía. Una estúpida idea de matarlo antes de que dejara de ser el mismo. Matarlo observando sus ojos cerrarse, y que él me viera sonreír. Eso quería Sebastián, verme a mí antes de morir. Pero qué cosa tan romántica hubiera pensado antes, antes de conocerlo, cuando leí una de esas novelas de fantasía. Pero ahora, sé que es la cosa más estúpida que pude pensar, y también la más dolorosa. Porque esto me está matando, sufro ahora y sufriré cuando muera, cuando me deje sola, sola con este niño en mi vientre. Odiaba a mi esposo, lo odio por enfermo, por su cobardía disfrazada de valentía, lo odio por ser tan jodidamente guapo, lo odio por sus ideales, por la manera en que me mira, lo odio por hacerme débil y fuerte. Porque soy tan fuerte como para matarlo. Le regalaré esa sonrisa con un último te amo.

Un te amo que retumbo por toda la habitación, quizá fue eso, quizá fue mi mano quitándole el arma, disparándole justo en el corazón, o quizá fue el pulmón, no estoy segura, porque veía sus ojos, los miraba sonriendo. Por qué es lo que le he prometido, y es lo que merece de mí, merece que sea fuerte. Le di unos cuantos tiros más, tantos que quede aturdida cuando las balas se agotaron. ¿Pero qué he hecho? Yo debí decirle que preferiría morirme con él, suicidarnos juntos, pero sabía que eso solo haría que sus ojos se escurecieran, quería recostarme con él, mancharme con su sangre, dormirnos eternamente… pero antes tenía una cosa más que hacer. Fui tras el cuchillo que tenía en mi cajón y me acuchille el estómago, no tan profundo como para morirme, pero lo suficiente como para evitar otra tragedia, este niño no será más que sufrimiento, lo mate antes de que alguien más sufra este dolor que tengo. Antes de que obligue a alguien a matarlo, maté a su padre porque lo amo inmensamente, por eso mismo motivo también lo mato a él. Adiós bebé. Por favor cuida a tú Padre, me manche de sangre, me desvanecí por los suelos arrastrándome hasta poder tocar su mano, ya no me parecía fuerte, cerré los ojos escuchando a los lejos las alarmas, ¿será la policía? ¿Ambulancia? No sé cuál será mi destino, pero sé que hoy he acabado con la maldición del hombre que tanto he amado, hoy acabé su sufrir y el de mi hijo. Todo se volvió calor, pero nada importaba, porque de haber podido le habría dado mi sangre entera, porque lo amo, hasta por los huesos.

Hace más de 3 años

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