A_Pereira
Rango9 Nivel 42 (3694 ptos) | Escritor autopublicado
#1
    Partes:
  • #2

Nunca pensé que esconder un cadáver fuera tan difícil..., cualquiera podría hacerlo. Solo es cuestión de tiempo y una buena pala..., eso es al menos lo que le enseñaron en la academia..., pero ni aún así la lección está aprendida...
Dos años, 3 meses, 4 días, 9 horas, 14 minutos y un buen pedo después...
Menudo panorama:
43 puñaladas no fueron suficientes para acabar con la señora Dibouá. Una pareja de yonkis la encontraron, mientras rebuscaban entre uno de los tantos estercoleros ilegales que adornaban la periferia de la gran ciudad. Su enorme trasero asomaba entre bolsas de plástico y un traje de faralaes el cual había quedado prendido de una gavilla que sobresalía de los restos de un muro; aún llevaba los zapatos. Al detective Donald le recordó a aquellos dibujos que le hacía su abuela: piernas de mujer con zapatos de tacón. Una imagen que no dejaba de perseguirlo a todas partes, como aquellas fotos del carnaval gaditano, un disfraz de novia y un maquillaje digno de un documental sobre la mala praxis en el mundo de la tanatostética; pero eso es otra historia.
La Policía acordonó el lugar

Hace alrededor de 3 años Compartir:

3

15
Loki_Good
Rango13 Nivel 62
hace alrededor de 3 años

Dos años, 3 meses, 4 días, 9 horas, 14 minutos "y un buen pedo después..." JAJAJAJA Bien desahogador jajajaja morí.

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace alrededor de 3 años

Sí, @Loki_Good , el pedo es una medida muy usada en Carajinal de la Mata. 1 pedo equivale a 5 segundos, 1 pedo con sidecar: 10 seg. y un cambio de calzoncillos. 4 pedos: un cuarto de hora y sereeeenoooo. Datos extraídos del Diccionario de Farfollología de Murcia, provincia de Wisconsin.


#2

con una cinta de plástico. Reutilizaron la de la maratón del año pasado con la publicidad de aquella marca de profilácticos.
— Menudo jardín ¿eh?—apuntó Sorenson mirando a través de las piernas de la víctima la cual no llevaba bragas—. Mmm... ¿estilo francés o italiano?, ¿crees que se lo afeitará, Donald? Parece una maldita madriguera...
El detective miró a uno de los agentes.
— Que nadie traspase la línea y mantengan a los de la prensa rosa lejos de aquí —les dijo con aire de autosuficiencia al tiempo que se subió los pantalones con cierto disimulo.
Dos policías locales que custodiaban el lugar hicieron un gesto de conformidad.
— No se preocupe, señor, todos han ido al preestreno de la nueva película de Belén Esteban en el centro de la ciudad—le informó uno de ellos.
— Robert de Niro hace de padre de Jesulín «¿se le levantará todavía?»—se dijo Sorenson a sí mismo, tocándose la coronilla.
— Necesitamos conocer más datos sobre la identidad de la víctima, el nombre de su perro ¿fumaba?—enumeró Donald.
— Su horóscopo será determinante, yo diría que es Piscis—apuntó Sorenson.
Dos agentes aparecieron con un tipo; lo llevaban a trompicones agarrándolo por los brazos.
— Señor, tenemos un testigo—exclamó uno de ellos.
Los dos detectives se miraron circunspectos.
— Muy bien, a ver qué puedes contarnos, dinos lo que sepas—le dijo Donald.
— El Reino de Jehová ya está aquí, arrepentíos antes del Juicio Final, es todo lo que sé—respondió aquel tipo.
— ¡Más, queremos saber más!—insistió Sorenson.
— Tengo el disco de «Locomía», escondido dentro del forro del colchón..., juré sobre la tumba de mi abuela que jamás lo contaría, pero...—comenzó a sudar.
— Yo te conozco, tú y tus colegas me habéis llenado el buzón con toda clase de panfletos sobre la Biblia y demás chorradas pseudoreligiosas, a mí no me vais a engañar, amiguito—Sorensón «le clavó» el índice en el pecho.
— ¿Vio usted a alguien sospechoso merodeando por este lugar?—le preguntó Donald.
El tipo miró al suelo, tocándose la barbilla.
— Tal vez..., una familia de finlandeses rebuscando entre la chatarra...
— Finlandeses..., me lo temía—señaló Sorenson.
— ¿Alguien más?—preguntó Donald.
— Un tipo, apuñalaba con insistencia a una cantante de ópera o algo parecido, nada fuera de lo normal—respondió aquel individuo encogiéndose de hombros.
— Muy bien, le creo, señor...
— Anatoli Kárpov, ese es mi nombre... ¡Ejem!—señaló.
— Muy bien, señor Kárpov, vaya mañana, a primera hora, a la Comisaría Central, recuérdemelo o se me pasará, con facilidad, olvido las caras de la gente.
— Lo haré— dijo el tipo tras lo cual se marchó dando saltos de un lado a otro.
Los dos detectives se miraron con gesto serio.
— ¡Qué? Solo me he tirado un «cuesco» desde que hemos llegado— protestó Sorenson.
— Yo 3, pero no estaba pensando en eso ¿no te parece mucha casualidad que hayamos encontrado el cadáver el mismo día en el que se estrena la película de Belén Esteban?
— ¿Sospechas de alguien?
— Sí, de mí mismo, soy la única persona, en todo este caso, sin una coartada convincente— soltó Donald mostrándole el forro carcomido de sus bolsillos.
— Supongo que, el hecho de que hayamos pasado juntos las últimas 12 horas, no servirá de mucho ¿eh?—preguntó Sorenson algo compungido.
— Está bien, me has convencido..., iremos a la Central, que los de la científica analicen el cadáver, nosotros reuniremos todas las pruebas..., tengo la sensación de que estamos otra vez ante un caso difícil, como aquel de Cuenca ¿lo recuerdas?
— ¿El de aquel tipo que asesino a su suegra despellejándola con un CD de Camela?
— No, me refiero al caso del descuartizador de Barbate— dijo con un tono de misterio.
— ¿El descuartizador de Barbate, en Cuenca?
— Sí, casi a punto estuvimos de cogerlo, nos faltó muy poco, lo tuvimos delante, se le cayó el DNI, se dejó a su madre en la escena del crimen, iba en silla de ruedas, la pobre—aclaró—, pero aún así logró escapar, no hemos conseguido encontrar aún la calle donde vive, otro caso más...
— Tengo un amigo que, tal vez, pueda ayudarnos, dame todo el dinero que lleves encima.
— ¿Todo?, ¿estás seguro?
— Sí, todo, no te preocupes, será un dinero bien empleado.
Donald se encogió de hombros y le dio una moneda de 2 €.
— ¿Es todo lo que tienes?—le preguntó Sorenson, indignado.
— ¡Hombre! Que ya estamos a 5 de mes y tengo menos dinero que el que se está bañando...
— Bañando ¿dónde?— preguntó Sorenson.
Donald se encogió de hombros.
— Está bien—prosiguió Sorenson—, por esta vez, yo pondré 5 pavos y el ojo de cristal de mi abuela, espérame en Casa Manolito, volveré en dos horas.
— ¿No quieres que te acompañe? Tus secretos están a salvo conmigo —le dijo Donald con un tono grave.
— ¿Cómo aquella vez que le dijiste a mi exmujer que me limpiaba las «cugurrutias» con los paños de la cocina?
— ¡Hombre! Entiéndeme, solo quería llevármela al huerto...
— Lo sé, ya está olvidado..., en fin, espérame allí, no quiero que mi confidente se ponga nervioso ¿estamos?
— Ok—respondió Donald tras lo cual ambos se alejaron del lugar, cada uno por su lado...
— ¡«Mierda»!—gritó Sorenson—, por aquí no se puede salir, hay un arroyo lleno de «merlucios», me iré contigo, Donald.
Esto..., ambos se alejaron del lugar, POR EL MISMO SITIO.
En Casa Manolito, 2 horas después y 5 chatos de más...
— ¡Lo tenemos!—exclamó Sorenson nada más llegar.
— ¡Que viva el vino y las mujeres...!— respondió Donald con una flor en la oreja mientras daba vueltas como un bailador de flamenco.
Su colega lo retuvo.
— Mi contacto me ha facilitado una foto de la cámara de seguridad del desguace que hay frente al estercolero—le mostró un folio con una instantánea impresa.
En el se apreciaban una monja y a su lado, un tipo negro con algo muy grande entre sus piernas.
— Pobre hombre, está siendo atacado por una anaconda, pero de las de pueblo...—apuntó Donald con su «media torrija».
— No, compañero, no es una serpiente sino..., eso..., ya sabes..., la colita ¡Ejem! Esto..., el tipo es Kunta Astalapunta, trabajaba como jardinero en casa de los duques de Albal, se hizo muy popular entre los usuarios del WhatsApp, pero como no ganaba ni para pipas... ¿lo entiendes?
— ¿Qué relación tiene con la víctima?
— Ella trabajaba como ama de llaves en casa de los duques—respondió Sorenson.
— Esto me huele mal, un ama de llaves muerta, un jardinero con manguera..., tenemos que hacer una visita de cortesía a la Alta Sociedad—elucubró Donald.
Tras unos cuantos chatos de vino, llegaron a la mansión Filipond.
La puerta estaba abierta. Entraron con sigilo...
— Sigilo ¿están los duques en casa?—preguntó Donald.
— No, están esquiando en Korea, del Norte, por supuesto...
— ¿Dónde está el jardinero? Esperemos que, no, regando los tulipanes...
— «¿Preguntaban por mí?»—dijo alguien desde detrás de un seto.
— Salga donde podamos verlo, necesitamos algo de información sobre un caso—explicó Donald mirando a su alrededor.
— ¡Sabemos lo suyo con sor Turruño, las pruebas lo sitúan en la escena de un crimen!—exclamó Sorenson con su arma en la mano.
De repente, de entre los arbustos emergió un tipo a un pene pegado.
— No tenéis pruebas y la monja..., no tengo ni idea de qué habláis...
— Esto..., creo que la monja la han añadido con el Photoshop, para darle un toque de credibilidad al tema ¿sabes? ¡Ejem!—señaló Sorenson a su colega.
— ¡Da igual, levanta las manos o disparo!—le gritó Donald apuntándole con una ballesta.
— ¿Balas, flechas? ¡Bah! Yo nací en el Infierno, un poco antes de llegar a Alcorcón—sacó un enorme cuchillo—, no tenéis lo que hace falta para...
Donald cambió el dardo y puso uno con la punta azul; apretó el gatillo.
El tipo comenzó a ponerse blanco al tiempo que, cierto órgano de su anatomía, fue haciéndose más y más grande.
— «¡I've got the power, yujuuuu!»—cantó antes de desplomarse.
Los dos detectives se miraron.
— No hay nada como un «chute» de Viagrilla para detener a estos tipos, es su kriptonita—dijo Donald sonriendo.
— Caso resuelto, el jardinero se carga al ama de llaves por..., celos, eso mismo—Sorenson le quitó hierro al asunto.
— Señor Sigilo ¿por qué cree que el jardinero asesinó a la señora Dibouá?
— ¿La señora Dibouá?—preguntó éste.
— El ama de llaves de los duques de Albal—respondió Donald.
— Esto..., pero ésta es la mansión de los duques de Pimpinela, no de Albal—les aclaró el tipo.
Los dos detectives se miraron con un gesto de asombro.
— ¡Vaya...!—dijeron ambos al unísono.
— Esto..., creo que deberíamos tomarnos unos chatillos en Casa Manolito ¿no?—dijo Donald.
— Bastantes Donald, bastantes ¡Ejem!— dijo Sorenson.
Epílogo.-
Titulares: Diario de Portugalete.
Se buscan a los dos «oligofrénicos» que atacaron al jardinero de los duques de Pimpinela y, se dieron a la fuga, tras dejar al mayordomo atado a un olivo. Los duques ofrecen una recompensa de 5 € (impuestos no incluidos) a quienes den alguna información que conduzca a las Autoridades hasta el paradero de estos dos delincuentes.

Hace alrededor de 3 años

6

14
G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 3 años

Viva el absurdo. Me ge reído bastante, aunque técnicamente
me gustó más la primera caja que la 2

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace alrededor de 3 años

Sí, @G_Rurba, las intros suelen ser más intrigantes que el desarrollo que es donde a uno se le va un poco la olla. Gracias :)

Papan
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

Divertida y bien estudiada