Dramaqueen
Rango7 Nivel 31 (1757 ptos) | Autor novel
#1
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  • #2

—Vienen por ti. —Soltó de golpe, con el aliento agitado, bajo el marco de la puerta. Dicho esto cayó tendido en el piso, tenía un disparo en la pierna y muchos golpes en todo el cuerpo, era hora; ella sabía que debía huir. Si corría en ese momento, tendría algunos minutos de ventaja para correr y esconderse en algún lugar pues, el rastro de la sangre de Marcos los dirigirían a la casa.
Tanto tiempo escondidos para que ahora por un descuido tenga que salir corriendo otra vez, eso se decía a sí misma mientras por otra parte pensaba en lo difícil que era mover el cuerpo de Marcos.
Habían pasado 20 minutos y ella seguía en el debate entre dejarlo ahí tendido, casi al borde de la muerte, puesto que había perdido mucha sangre, o quedarse con él. En ese instante escuchó pasos fuertes en el corredor y la puerta se abrió estrepitosamente, la derrota era inminente, la prófuga de la justicia debía entregarse, miró a Marcos y este casi sin aliento le dio su último y más importante consejo:—¡Corre, Adriana, corre!— tenía 5 armas apuntándole y una ventana detrás suyo, no quedó más remedio que saltar.

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#2

El último pensamiento que tuvo antes de llegar al suelo, fue para Marcos. Lo demás que se supo fue que estaba en el hospital, acusada por el intento de asesinato del senador Correa en el mitin del presidente Cazares.
Prófuga de la justicia por ser rebelde, sus padres estaban orgullosos de ella en sus tumbas.
Marcos era lo único que le quedaba de familia, era su hermano menor.
—¿Va a estar bien, enfermera?— preguntaba un policía en la ambulancia de traslado, Adriana no había muerto, pero estaba mal herida...
—Con un poco de suerte y descanso, se recuperará pronto.—le respondió la mujer.
Marcos también estaba en el hospital, le hacían curaciones para sus heridas, Adriana recibía transfusiones dada la pérdida de sangre. En su inconsciencia, recordaba a su padre, militar rebelde en contra del sistema y a su madre, doña Juana, mexicana y amorosa hasta los huesos.
Después de unos días, Adriana despertó en la cama de un hospital de la ciudad de Buenos Aires y no sabía nada de nada. Pero recordaba algo, la voz de Marcos gritándole que corriera, intentaba sacarse las esposas en vano, gritaba de desesperación hasta que un soldado entró.
—¿Dónde está Marcos?—dijo ella con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, para ella sólo había en marcha un plan, correr y no iba a dejar a su hermano sólo otra vez.
—El señor Marcos se encuentra en investigación por el intento de asesinato del senador Correa.—Dijo el hombre tajante— la policía vendrá mañana a tomar su declaración.
Y ella lo reconoció, era un rebelde de su grupo, era un inflitrado y la sacaría de ahí, el doctor entró y el supuesto policía se fue, sólo era cuestión de horas, tal vez días para que saliera de ahí.
Esa noche tuvo un sueño, y recordó todo, al despertar estaba más inquieta y desesperada por salir de lo que estuvo un día antes; el soldado del día anterior regresó y le comunicó de sus traslado al hospital militar de Buenos Aires, ahí se esperaría su recuperación para ser juzgada y encarcelada por ir en contra del gobierno Argentino, pero todo lo dicho fue una mentira, puesto que las paredes oyen.
Al día siguiente en las noticias había una alerta por la fuga de la señorita Adriana Castro Suárez y el joven Marcos Castro Suárez, principales sospechosos por el intento de homicidio del senador Hugo Correa. Pero ellos ya estaban en Uruguay, con nuevos nombres y una nueva vida, escapando, como siempre habían hecho.

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