Noah_Munoz
Rango9 Nivel 43 (3797 ptos) | Escritor autopublicado
#1
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  • #2

Miró a aquel extraño hombre a los ojos y, sin muchas dudas, firmó el papel.

¿Qué he hecho? -se preguntó nada más levantar la pluma del papel.

-Es un placer hacer negocios contigo.

Brook acababa de firmar su sentencia de muerte a cambio de que su familia saliera de la miseria, de que abandonaran las calles y pudieran disfrutar de una buena vida, todo a cambio de su alma. -¿y ahora qué pasará? -se preguntó observándose delante de un trozo de espejo que aun se mantenía en su sitio. Se sentía igual, como si nada hubiera cambiado y pensó que lo mismo aquel contrato en verdad no tenía validez alguna y que todo había sido un mal sueño.

Alguien llamó a la puerta. Era un tipo alto, erguido, vestido con traje y un alto sombrero de copa, en la mano llevaba un bastón adornado con piedras preciosas en el mango.
Aquel tipo le hizo una propuesta a la señora de la casa que esta no pudo rechazar.
La mano de su hija.
Brook no podía creer lo que estaba escuchando, su madre había aceptado de inmediato a casarla con aquel extraño a cambio de subir en el estatus social. Para dejar de ser sumamente pobres.

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romerotrome
Rango5 Nivel 21
hace más de 3 años

Venga! Espero la continue, quiero saber que pasa!


#2

Intentó discutir el tema con su madre, pero se dio cuenta de que era inútil. Era la mayor de sus 7 hermanos y desde que su padre murió se debía a su familia.
La boda se celebró una semana después de la pedida de mano. Durante todo el evento mantuvo una expresión de indiferencia. Tras el banquete se mudó al palacete de su ahora marido, mientras que su familia abandonó la humilde casa en la que vivían y se trasladaron a una villa a las afueras de la capital.

Los años pasaban, y en ningún momento expresó ningún atisbo de sentimientos. Ni dolor ni placer, ni tristeza ni felicidad, era como si fuera un simple cuerpo vacío.
Vio crecer a sus hijos sin sentir o mostrar amor.

Despreciada por su marido y por la sociedad se fue aislando poco a poco en si misma.

Preguntándose a sí misma; cuál era la causa por la que no podía sentir nada cuando antes del casamiento era totalmente distinta. Una chica joven, risueña y amable y ahora parecía una pobre muñeca de trapo movida por unos hilos invisibles.

Pero no fue hasta que se convirtió en una mujer de avanzada edad; de piel arrugada y pelo blanco, cuando se dio cuenta del por qué de su situación.

Sentada en una vieja mecedora junto al fuego, recordó la noche frente al espejo, y a aquel extraño ser con su extraño contrato.

Aquel día cambió sus sentimientos por la felicidad de su familia. Por eso, desde aquel día, ella había perdido todo atisbo de vida.

Siguiendo los pasos de aquel tedioso día, volvió a invocar al ser extraño.
Intentó volver a negociar con él, intentó que le devolviera sus sentimientos, pero un contrato es un contrato. Así que decidió hacer otro trato, la vida de su esposo por todos los años de sentimientos que había perdido. Y así lo hizo, volvió a tomar aquella pluma después de todos esos años. ¿Lo estaría haciendo ahora bien? se preguntó a si misma antes de firmar.
-¡Hecho! -exclamó levantando la punta del papel.
Cuando el extraño se marchó soltó un suspiró de alivio.
Se miró al espejo y asombrada observó como rejuvenecía. Asombro, felicidad, euforia, amor...; por las festividades en familia, el nacimiento de sus hijos y todos los momentos buenos que le habían ido pasado a lo largo de los años, esas fuero las primeras emociones que sintió. Luego vino la tristeza, el odio, la rabia, la impotencia, que se vieron minimizadas por el dolor. El dolor de la perdida de sus seres queridos y el de vivir una vida que no era la suya. Todo aquello la superaba hasta tal punto que no pudo aguantar más.
Buscó desesperadamente algo afilado con el que aliviar tal sufrimiento.

Tomó una cuchillo de cocina y sin pensarlo dos veces... lo clavó en su pecho. Despojándose así de todos sus sentimientos y de sus cadenas.

Hace más de 3 años

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