Jupiter_Menfis
Rango10 Nivel 47 (5216 ptos) | Fichaje editorial
#1
    Partes:
  • #2

Miró a aquel extraño hombre a los ojos y, sin muchas dudas, firmó el papel.
—Luego de que cumplas encontrarás la solución que estás buscando.
—Eso espero.
La joven salió del edificio con certeza y se dirigió a un bosque que estaba en las afueras de la ciudad. Se había comprometido a asesinar a la dueña de una choza y, a cambio, se vería librada de sus problemas laborales y familiares. Nunca se le había pasado por la cabeza que algún día mancharía sus manos con sangre, pero la situación era más de lo que podía soportar, por lo que había recurrido al misterioso hombre de los contratos.
Halló el lugar junto a la orilla de un río y bajo un enorme cedro, lo que le recordó a su antigua casa de juegos.
Tiró la puerta abajo y entró con una daga en la mano. Los temblores la recorrían, pero no se atrevió a dudar. Una niña estaba dándole la espalda. La edad no le importó, pues le habían explicado que debía acabar con cualquier persona que viviera allí y que, especialmente, no la mirara a los ojos.
Hundió el arma en su víctima, hasta que vio sus propios ojos en un rostro ajeno reflejados en un espejo.

Hace más de 3 años Compartir:

3

5
Loki_Good
Rango13 Nivel 62
hace más de 3 años

:o ! La última parte deja pensando. Muy intrigante historia.

Jupiter_Menfis
Rango10 Nivel 47
hace más de 3 años

Gracias! La verdad es que no me gusta escribir en un espacio tan reducido, pero sí o sí tenía que dejar algo de intriga. @Loki_Good

Loki_Good
Rango13 Nivel 62
hace más de 3 años

A mí me sucede lo mismo @Happy_Endings déjame desocuparme para pasar a leer tu sig. Caja :3' @loki_good (me etiqueto porque luego me pierdo)


#2

Retiró la hoja y dio dos pasos hacia atrás. Se tropezó con una mesa y provocó el sonido que ese ambiente sombrío estaba necesitando. A continuación, la pequeña se volteó y la miró extrañada, pero con inocencia. La joven chilló, pues estaba frente a sí misma, nada más que con quince años de diferencia.
— ¿Quién... quién eres? —preguntó aterrada.
—Soy Ana —contestó la niña—. ¿Y tú?
—Jess...
— ¿Cuál es tu animal preferido, Jess?
—El caballo.
—A mí me gustan los unicornios.
No podía ser: ¡realmente era ella! Ana, la que soñaba que andaba montada sobre un unicornio por la hierba verde, la que era tan simpática...
Que ella supiera, no era posible lo que estaba presenciando. Podía ser una alucinación, una trampa, o podía estar soñando, pero eso no justificaba que se sintiera tan real y, además, la había tocado. ¿Qué era todo eso?
—Y ah, Jess, la próxima vez ten más cuidado. Casi me lastimas con eso —le dijo señalando la daga.
Miró el arma, luego a la niña y al espejo. Estaba pálida como la nieve y sus labios parecían pintados con vino. Se hizo un corte en la fría palma y comprobó que la sangre caía acompañada de su dolor habitual.
— ¿Por qué hiciste eso? ¡Déjame ayudarte!
— ¡No, no te acerques!
—Pero quiero...
Se le acercó y colocó sus diminutas manos sobre las suyas.
— ¡Dije que no!
La empujó para que se alejara y logró que se estrellara contra el suelo. Aquellos ojos derramaban miedo, un miedo que partiría y conmovería a cualquier alma. El problema era que su alma ya estaba partida.
Estrujó sus párpados y la apuñaló una y otra vez sin ser dueña de sus emociones y, por ende, de sus acciones. Cuando finalizó, un vacío le asaltó el pecho y la dejó sin aire. Perdió el equilibrio y permaneció tendida allí por un buen rato.
Las horas pasaron sin que Ana moviera uno solo de sus dedos. Con la llegada de la noche, un individuo atravesó la puerta. No temió ni huyó, pues no encontraba al instinto para que le dijera qué hacer. Sin embargo, no era necesaria ninguna reacción precipitada.
—Veo que haz llevado a cabo tu trabajo —exclamó el hombre de los contratos.
Al reconocerlo, se puso de pie como pudo y notó que el cadáver ya no reposaba en su lugar.
— ¿Dónde está la niña? —cuestionó asustada.
—Has acabado con ella.
—Lo sé, pero...
—No tienes idea de quién era, ¿verdad?
La chica tragó saliva y negó con la cabeza. Las preguntas en su cabeza eran tantas que no la dejaban emitir palabra.
—No... No exactamente. Ella se parecía mucho a mí.
—Oh no. Créeme, esa no eras tú. Esa pequeña jamás te habría asesinado a sangre fría como tú lo hiciste.
— ¿Y quién era, entonces?
—Era lo que tú solías ser, hasta que decidiste acabar con ella y eliminarla de esta tierra.
—Yo no era así ayer.
—No, porque el crimen ocurrió hace muchos años.
— ¡No! Yo no maté a nadie, yo soy... era una buena persona.
—Dejó de existir, pero nunca respiró.
— ¿Qué?
—Ella representaba tu infancia, tus sueños, tu inocencia, tu imaginación, tu generosidad, tu misericordia, tu preocupación... La encerraste hace tiempo, mas, a veces, oías sus consejos, y es así como se originaron tus problemas, porque la mentalidad de la infancia no es compatible con las dificultades de la vida adulta.
—Si ella era el origen de mis problemas, ¿por qué no siento que se hayan solucionado?
—Pronto lo harán.
—Me hiciste una asesina —lo acusó.
— ¿Y crees que eres la primera? Todos pasan por esto alguna vez. Es necesario.
— ¿Necesario para qué?
—Para madurar, Ana, para crecer.
Su mirada retornó al espejo y vio que sus mejillas estaban empapadas por gruesas lágrimas. Mientras se las secaba, no se reconoció en el reflejo.
— ¿En qué me he convertido?
—En adulta.

Hace más de 3 años

0

5