Oasis
Rango11 Nivel 51 (7085 ptos) | Artista reconocido

Algunas relaciones están destinadas a ser a pesar de que el mundo planee lo contrario.
Melanie Betancourth, una ejemplar estudiante de periodismo, se encuentra en un punto estable de su vida y parte de esa tranquila estabilidad se la debe a su regla número uno: no enamorarse jamás. Ya había visto en primera fila lo que un corazón roto le hacía a una persona.
Un bizarra situación une el camino de Melanie al de Aarón Coleman, un apuesto empresario de veintiséis años, y gracias a su incapacidad para decir no, se pone en una situación de la que posiblemente no saldrá ilesa.
Aarón queda cautivado por la singularidad de Melanie y decide mantenerla a su lado, sin saber que ese camino lo llevaría a descubrir un interminable laberinto de secretos inesperados que pondría a prueba hasta la más sincera promesa.
¿Será suficiente la lucha de Aarón por mantener unidos dos destinos que nunca debieron juntarse? O ¿será más fuerte la voluntad de Melanie por mantener lo único que la mantiene a flote?

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JoseLuisMendoza
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

Bien narrado y directo al tema, ¡seguire leyendo!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Me alegra muchísimo que te haya gustado y espero te siga gustando.

Cjsc
Rango5 Nivel 21
hace más de 3 años

Valeria: Me Gustaría hablar contigo tienes facebook,skype

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Hola que tal! Disculpa no he podido estar al pendiente de las notificaciones por la universidad. Claro me puedes encontrar como Valeria Siranaula :)

BardemPure
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Me ha encantado tu historia, voy en la parte 12, es muy fácil imaginarselo, no puedo dejar de leer. Sigue adelante!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias @BardemPure me alegra que te guste... Seguiré adelante y daré lo mejor :) :)

RedDany_5
Rango3 Nivel 13
hace más de 3 años

Voy a empezar con esta historia y la verdad que desde el principio me gusto por el hecho de que a la chica le gusta leer jajaja

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 3 años

Buen inicio y tiene su atractivo, al parecer un romance en puertas. Te sigo Valeria_96.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias por tus palabras @eleachege espero sigas leyendo.

Zaper
Rango10 Nivel 47
hace más de 3 años

Interesante, planteas bien la situacion, sigo leyendo

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Te lo agradezco @Zaper espero sea de tu agrado.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace alrededor de 3 años

Pues si era guapo a por él jajajajaj

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Si lo es @AngelMagat pero la historia tiene su rumbo, espero te guste.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace casi 3 años

Gracias @AlexS espero que te siga gustando. Gracias por leerme.


#2

CAPÍTULO 1 (parte 1)
El sábado estaba muriendo y no podía encontrar la mendiga anilina dorada para el trabajo de la materia de Prensa de la universidad. El deber iba a ser un fracaso si no lograba encontrar el escaso material. ¿A qué profesor se le ocurría pedir papel reciclable casero de color dorado para trabajo final?
Mientras otros cursos estaban atareados por terminar los interminables proyectos comunicacionales, a nosotros nos enviaban a hacer manualidades de colores imposibles. Eso era lo que pasaba si tu profesor preguntaba por la fecha en la que se dio el papel y ni un solo estudiante de una aula de cuarenta alumnos sabía la respuesta.
Los maestros podían ser muy crueles.
Varios compañeros habían intentado con otros materiales que no fuera la anilina para teñir el papel licuado, pero una vez seco, el material se parecía más a una fina roca irrompible que a un fino trozo de papel. Ya había comenzado a pensar que lo de la anilina dorada fue a propósito, un sucio movimiento del señor Chávez para que nunca en nuestras vidas olvidáramos la fecha del papel.
Ya había buscado por todo Bogotá, pero no había encontrado nada. Mi mejor opción era la sugerencia del dueño de la última tienda que había visitado, un señor alto de unos setenta años y con unos lentes de botella que creí no existían, poseedor de una tienda de artículos para manualidades. Me había vendido anilina de diferentes colores para que, al combinarlas, dieran un color cercano al dorado. Si no lograba encontrar el color, intentaría con el consejo.
Aunque todavía tenía una semana para la entrega del papel reciclado, este tardaba un equivalente de dos días en secar, y puesto que había estado en un constante prueba y error la semana anterior, mejor estar prevenida. No quería perder la materia, significaría que los dos años que trabajé después de graduarme de la secundaria para poderme pagar la universidad serían en vano. No decepcionaría a mamá y no le quitaría el entusiasmo a mi hermana por su sueño de estar en la universidad.
Aunque eso era inevitable.
Cuando ella finalmente entre a la universidad, se dará cuenta de dónde realmente salieron mis marcadas ojeras, y no eran de las interminables fiestas como ella pensaba.
Mientras caminaba por las casi vacías calles del centro, no pude evitar pensar en que el karma me estaba asechando. De nada me había servido consultar a amigos de semestres superiores por los profesores recomendables para continuar en quinto semestre, ahora estaba en la cuerda floja con al menos tres de los maestros de las siete materias que tenía. Isabel, mi mejor amiga de toda la vida, al parecer tenía fuentes mucho más confiables que las mías. Ella terminó en el mejor curso que pudo haber pedido; no más presión de la necesaria, no deberes de último minuto, y compañeros de clase espectaculares. A veces pensaba que su despreocupación por la universidad le daba mucha más suerte que a mí.
A decir verdad, siempre tenía más suerte que yo. Y no exageraba.
El viento de las cinco de la tarde era menos frío que de costumbre, se notaba que el verano se estaba abriendo paso. Los puestos comerciales estaban cerrando, no se abrirían hasta mañana y ya no podría permitirme recorrer lo que me faltaba por recorrer, tenía otros deberes que cumplir como ir a la librería, tenía turno para descargo.
Me estaba acercando a la zona de entrada de varios hoteles lujosos, uno de ellos el Zeus. Aunque cualquiera podría pensar que más allá esa calle no habría nada como del nivel de una modesta tienda de manualidades, mamá me había hablado de algunas.
Mi celular comenzó a vibrar en el bolsillo de mi cartera. El optimismo comenzó a cubrir lentamente a la dura capa de pesimismo que había estado rodeándome y solidificándose desde hace una semana que llevaba buscando el material. Los pocos compañeros que había hecho en el semestre habían ofrecido su ayuda si yo hacía lo mismo. Habíamos quedado en llamarnos los unos a los otros si lográbamos encontrar la anilina primero.
No era ninguno, la foto de Isabel apareció en la pantalla de mi celular. Suspiré de decepción.
—Isabel —Fue lo primero que dije cuando contesté. Lo dije con un gemido de decepción.
—Es bueno saber de tu aprecio por mí —dijo a través del teléfono. Su acento colombiano estaba presente, como siempre—. ¿Ya encontraste ese asunto?
—No, ya he buscado en prácticamente todas las tiendas —respondí con un quejido—. Estoy por ir a las últimas. —El sonido de la música de fondo no se me pasó desapercibido— ¿Estás es una fiesta?
—Más o menos, es como una pequeña reunión que se convirtió en algo muy animado recientemente. ¿Quieres venir? —preguntó después de pedirle a alguien un vaso de cerveza.
—No puedo, me queda un trabajo escrito por hacer. Además, mañana es domingo, tengo que ir a la librería y quedé con Isis para un trabajo…
—¿Y eso qué? —preguntó despreocupada. No sabía cómo lograba desconectarse con todo lo demás para ir de fiesta—. Siempre te deja plantada —. Era verdad. Eso era lo que pasaba cuando escogías compañera de trabajo por compasión a ella.
—Como sea. El lunes tenemos clase, Isabel. Y hay tarea por entregar. Además, no es como si me entusiasmara recibir clase en medio de una resaca —dije sinceramente. Estaba segura de que ella ya lo había intentado por lo menos una vez.
—No es tan malo —dijo entre risas. Alguien en el fondo estaba hablando y los demás vitorearon. Sí, definitivamente la “reunión” se había animado—. Mira, veré si hay esa cosa tuya por mi casa y te aviso.
—Si pudiera ser hoy mismo, te lo agradecería.
—Lo intentaré. Nos estamos hablando. ¡Suerte! —Antes de colgar pude escuchar cómo ella se unía al grupo escandaloso. Al menos alguien tenía su vida social intacta.
Me giré por un momento para comprobar quién caminaba a mis espaldas y sólo me encontré con una pareja de esposos con sus hijos y un par de personas que caminaban con bolsas en la mano. Nada sospechoso. Cuando retomé mi camino, me encontré con un tubo dorado que tenía como destino mi nariz. No pude reaccionar lo suficientemente rápido, me fui encima de lo que fuera que estaba frente a mí.
Algunas cosas salieron volando por encima de mí, y se escuchó el fuerte sonido de metal golpeando el suelo asfaltado. Para cuando ya estaba en el suelo, me tomó unos segundos darme cuenta de lo qué había pasado. Mientras un botones entraba al hotel con su carrito lleno de maletas, yo me había cruzado en su camino y ahora estaba tendida en el suelo con mis rodillas y palmas de las manos adoloridas.
Era todo un desastre.
Cerré mis ojos queriendo reunir toda la valentía que tenía para levantarme y salir corriendo de la vergüenza. Todo el vestíbulo del lujoso hotel presenció mi épica caída. No sabía dónde había volado mi cartera ni dónde había parado mi celular, y a decir verdad en este momento no podía importarme menos.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó alguien con voz algo preocupada—. Parece que la necesitas.
Me hubiese gustado lanzarle una respuesta mordaz, pero mi vergüenza ganó.
—Sí, por favor —Abrí mis ojos al tiempo justo en que el botones se ponía de cuclillas y se acercaba a mí. Me encontré con una imagen para nada desagradable. ¿Por qué tenía que hacer el ridículo frente a alguien tan guapo?
Me sonrió compasivamente y extendió su mano para que la tomara. Después de un momento de quedarme mirándola y de que mi cara se ponga más roja de lo que ya estaba, la tomé. Su mano apretó la mía y me levantó. Mientras iba en ascenso, las maletas se hacían a un lado y caían al suelo. El ruido atrajo más atención.
Cuando estuve de pie, pude observar el caos que había creado.
Las maletas, sin excepción alguna, estaban fuera del carrito, que yacía olvidado a un lado de chico botones. Mi cartera se había abierto y su contenido estaba esparcido por todos lados. Un maletín negro y de cuero, que obvio no era mío, también se había abierto y papeles y otras cosas estaban tiradas por la acera.
Nadie nos ofreció su ayuda.
Comencé a agacharme para ayudar a recoger lo que había causado, y un dolor explotó en mi rodilla.
—Auch —gemí de dolor.
—¿Estás bien? —dijo mientras buscaba el daño con la mirada. Me había raspado la rodilla ya que llevaba una falda, y más allá de importarme la herida sangrante, esperaba que durante la caída no se me haya visto nada comprometedor. No pude mirarlo a los ojos.
—Lo siento muchísimo, estaba muy distraída —comencé a disculparme mientras ahogaba el dolor y reunía los papeles sobre una maleta. Encontré algunas cosas mías, entre ellas mi celular, que fui apartando de lo demás—. Te ayudaré con esto. Lo siento…
—No te disculpes. Fue mi culpa, no te vi —me dijo restándole importancia al desastre que había causado. Quise ver si lo decía sinceramente y me encontré con una belleza despreocupada brindándome simpatía. Sentí que debía decir algo, pero las palabras habían muerto en algún lado. Nos limitamos a recoger todo.
Terminamos muy rápido. Metí mis cosas en la cartera que había terminado bajo una maleta y ayudé a apilar las maletas dentro del carrito del botones.
—Lo siento de nuevo, espero no haberte causado problemas —dije mientras colocaba mi cartera en el brazo. Me obligué a mirarlo por completo. Era alto, de un metro ochenta por lo menos. Nada que ver con mi metro y medio. Si antes ya me sentía pequeña, ahora estaba peor.
—¿Quieres que revise esa rodilla? —Sugirió mientras señalaba la raspadura sangrante—. No se ve muy bien.
—Estoy bien, no es necesario. Gracias y lo siento.
Me alejé del lugar sin mirar atrás, no quería ver cómo los transeúntes me miraban con una mezcla de vergüenza ajena y pena.
---------

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 3 años

A buen lío, pero para fortuna de volverlo a ver. Si pudieras unir entusiasmada mente. Te sigo

Zaper
Rango10 Nivel 47
hace más de 3 años

Cuidado con estos detalles...
En las primeras lineas "entusiasmada mente" va todo junto
Tiempos verbales, "estaba" es pasado, mientras no sea parte del dialogo debería ser "estoy" ya que la narración es en primera persona.

Despues de esos detalles, me gusta el rumbo que toma el texto, se lee con ligereza y generas buena espectación, ¡mañana continuo!

Kin_Montes
Rango4 Nivel 17
hace casi 3 años

Mira que me a gustado mucho la manera en que conectaste a los personajes. de hecho cada personalidad ya empieza a tomar forma.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace casi 3 años

Gracias @Kin_Montes me alegra que te haya gustado, espero lo siga haciendo. Gracias por leerme.

Sweetdreamsbaby
Rango11 Nivel 53
hace casi 3 años

Me encanta😍😍
Yo creo que no será la primera y última vez que se vean ellos dos 7u7 ya los shippeo 😂😂

Sweetdreamsbaby
Rango11 Nivel 53
hace casi 3 años

Me lo imaginaba♥
Por supuesto si tú fuiste quien la escribió n.n


#3

CAPÍTULO 1 (parte 2)

Tuve que parar más adelante para limpiar mi rodilla, las personas no dejaban de mirarla. A pesar de que decidí que la vergüenza era preferible antes que irme sin encontrar el material, cuando pasó un transporte hacia mi casa, me subí en él. Me tomó casi una hora en llegar.
Cuando tiré las llaves en la pequeña canasta de la mesa junto a la entrada, estaba completamente exhausta. Solo podía pensar en echarme una siesta. Tomé un baño muy largo, sintiéndome culpable con cada minuto que sentía el cálido chorro de agua caer sobre mi espalda, y me puse un pijama cómodo para ver una película mientras esperaba a mamá.
Me decidí por Up, la película preferida de mamá. Aunque mi estómago protestaba por comida, no me levanté a prepararme algo; la manta que siempre reposaba en el sillón ya me había calentado y mamá traía comida todos los sábados, así que solo tenía que esperar.
Cuando la película apenas empezaba, mi teléfono comenzó a sonar desde mi habitación. No esperé, podía ser un compañero con noticias, o Isabel con el material ya comprado.
Llegué a mi habitación y comencé a buscar el aparato telefónico. No era tan pegada a los celulares, por lo que no tenía cuidado dónde lo dejaba, ni lo revisaba muy a menudo. Fui hacia mi cartera, y rebusqué en su interior.
Encontré el celular y contesté de inmediato.
—¿Bueno?
—¿Quién habla? —dijo la voz de una mujer. Su tono fue tan demandante que no pude aguantar las ganas de responder con lo mismo solo que de una forma diferente.
—¿Quién habla? —pregunté alegremente para hacer enojar a la mujer.
—Necesito el celular de vuelta —dijo sin más.
—¿Disculpe? —pregunté de vuelta.
—Podemos rastrear fácilmente el celular, no te metas en problemas. Devuélvelo y no pasará nada grave…
—De qué está…
Alejé el celular de mi oreja y vi lo mismo que había visto cuando lo recogí del suelo después de haber caído frente al hotel: misma marca, mismo color. Nada distinto. Fue cuando vi la pantalla de inicio que supe que este celular no era el mío. El fondo de pantalla no era de un estante de libros como lo tenía, sino negro, simplemente negro.
La mujer detrás del teléfono pensaba que lo había robado.
—No lo robé si eso es lo que piensa. Ni siquiera me he dado cuenta del cambio hasta ahora —me expliqué.
—Quiero el celular. —El tono grosero con el que hablaba no me agradaba para nada.
—Y yo el mío.
—Lo tendrás. Ven al hotel Zeus déjalo en la recepción —dijo. Abrí mi boca sin poder creerlo. ¿Me había tuteado? Eso no se hacía, al menos por educación.
—Pero que hay del mi... —colgó.
Apreté mis dientes para resistir lanzar el celular contra la pared. ¿Cómo no me había dado cuenta? Lentamente inhalé y exhalé para tranquilizarme. No estaba en mis planes salir, de hecho, la pereza invadía lentamente mi cuerpo, pero ahora tenía que hacerlo. Me vestí muy rápidamente tratando de combinar las prendas lo más que pude y salí por la puerta llevando la misma cartera que antes.
Tranquilízate, Melanie, por lo menos tendrás tu celular de vuelta.
Y con ese pensamiento bajé las escaleras de mi edificio.

Zaper
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 3 años

Vigila los espacios despues de guion, y creo que faltan algunas comas
Termina en un punto interesante, no se porque me imagino que sera alguien importante la señora de esa habitación

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Gracias por tu aviso enseguida lo reviso, y sí sera un personaje importante.


#4

CAPÍTULO 2 (parte 1)

Al llegar a la inmensidad del hotel, empezaba a caer la noche y las calles comenzaban a iluminarse con un dorado brillante que hacía parecer todo más tranquilo, incluso con un toque romántico. Lastimosamente para mí el sector no estaba entre mis cosas preferidas, los lugares lujosos me intimidaban, de alguna manera me ponían incómoda. Pero me dije a mi misma que tenía que hacerlo. No estaba vestida como para entrar a un hotel como este, mi jean negro, botas bajas cafés y mi blusa blanca cubierta por el abrigo beige que me cubrían hasta la mitad de mis muslos, no encajaban con los atuendos elegantes de los huéspedes.
Mientras caminaba al recibidor después de haber recibido una mirada extraña del portero, llegué a la recepción. Era increíble cómo hasta el recepcionista tenía mejor presencia que yo. Tal vez el señor de rostro amable y sonrisa simpática estaba mejor entrenado para situaciones inusuales, porque él no me dio ninguna mirada incómoda.
—Buenas noches, señorita. Bienvenida al hotel Zeus —dijo en cuanto me vio—. ¿La puedo ayudar en algo? —Su tono de voz era tranquilo y educado, con un mínimo rastro de acento.
—Buenas noches —comencé. Traté de nivelar mi voz para que no me escuchara el señor que acababa de llegar a recepción y que se colocó al lado mío. Otro recepcionista apareció de la nada para atenderlo—. Mire, esto le va a sonar raro, pero tengo que dejar un celular aquí.
El hombre de unos cuarenta años sonrió con reconocimiento y después de asentir, habló de nuevo.
—Sí, por supuesto. Nos lo acaban de informar. Puede dejarlo aquí, con gusto lo entregaré.
Esta vez fui yo la que asintió y busqué el celular en mi bolso. Extendí el aparato hacia él hasta que se me ocurrió preguntar por el mío primero.
—Si no le importa, me gustaría tener el mío primero —le dije. Su entrenado rostro amable se contrajo un poco ante la confusión.
—¿Disculpe? —preguntó el recepcionista
—Mi celular —Aclaré esta vez—, lo quiero tener primero.
—Lo sentimos, señorita, pero solo nos informaron que teníamos que recibir un celular, no nos entregaron nada —dijo con tono de disculpa después de teclear algo en la computadora que tenía al frente.
Suspiré. Entonces yo tampoco entregaría nada.
—Bueno, muchas gracias —dije antes de dejarlo con la boca abierta y la mano extendida sin recibir el paquete que le habían pedido.
Cuando salí por la puerta que había entrado no pude evitar pensar en el desperdicio de tiempo. Ahora estaba en medio de la calle cuando podía estar empezando a escribir de nuevo la crónica que tenía que entregar el lunes. Me reprendí a mí misma por no haber enviado a mi computadora lo que había empezado a escribir en el celular. Ahora tenía que repetir todo porque dudaba que volviera a verlo.
Guardé el celular en mi bolso mientras me alejaba de la entrada del hotel. El viento agitaba mi cabello casi seco conforme caminaba lentamente hacia la primera parada de bus que encontrara. Al menos podría llegar a casa y comer algo delicioso antes de amanecerme con la tarea.
Alguien colocó su mano en mi hombro y no tardé ni un instante en darme la vuelta mientras tomaba su muñeca y la mantenía contra su espalda. Con mi corazón agitado por el repentino cambio de situación, hice mucha más presión en el brazo y el tipo lanzó un gruñido.
—Lección aprendida —dijo con la voz controlada—. Ahora, ¿me puedes soltar?
Lo solté, y le di un empujón hacia el frente antes de darle tiempo de abalanzarse hacia mí. Metí mi mano en el bolso, tenía listo el gas pimienta en mi mano, con el dedo nervioso posicionado en el botón de acción. Cuando se giró, aflojé mi agarre del pequeño tuvo de líquido doloroso.
El botones, ahora sin uniforme, parecía querer devolverme el ataque en cualquier momento y reafirmé mi agarre en el gas.
—Eres un infierno, chica —murmuró mientras movía su brazo en círculos—. Soy el botones con el que chocaste.
—Ahora lo sé —dije con tono acusatorio—. Todavía no me han desarrollado ojos en la nuca.
Una media sonrisa quiso aparecer en su rostro, pero la disfrazó inmediatamente. El chico era apuesto, lo reconocía. Su cabello castaño claro y sus ojos del mismo color contribuían a su belleza, al igual que su altura y musculatura. La clase de chico por el que doy media vuelta y salgo de una discoteca. Las veces que voy, claro está.
—¿Cómo ha ido eso? —preguntó señalando con su dedo hacia el hotel.
—Ha sido un desperdicio —respondí rápidamente—. Ahora si me disculpas… —comencé a girarme. No estaba acostumbrada a hablar con extraños.
—Te puedo llevar a la habitación si es que lo quieres —dijo cuando ya le había dado la espalda. Eso me detuvo.
—Si me dices la habitación y piso, puedo encontrarla sola —respondí a su oferta con tono neutro. Sin demasiado interés, pero sin dejar de mostrarlo.
—Como quieras —dijo con el mismo tono que usé—. Habitación 210, octavo piso.
—Gracias —le dije. Le di una última mirada y me dirigí de nuevo hacia el hotel. Haría un último intento. Comencé a caminar.
—Pero… —escuché que decía atrás de mí—. No llegarás hasta los ascensores.
Me detuve y no pude evitar voltear mis ojos. Una forma de contener la frustración.
—Entonces, ¿por qué me lo dijiste? —pregunté esta vez ya molesta.
—Te dije que te llevaría hasta ahí, tú fuiste la que quiso ir sola —dijo mientras alzaba sus hombros. Estreché mis ojos hacia él—. Mira, solo quiero ayudarte a recuperar ese celular. Esas personas no son agradables, sería mejor si te acompaño.
—Eres muy amable, pero puedo manejar a las personas poco agradables yo misma. Soy buena con eso —Alzó sus cejas ante mis últimas palabras y supuse lo que estaba pensando—. Sin necesidad de la violencia física.
—Se nota eso —murmuró mientras fingía ver más allá de mí—. Bueno, si no quieres, me marcho. Sólo trataba de ser amable.
Comenzó a caminar hacia mí para alejarse, pero lo detuve.
—Espera —dije. Apreté mis ojos, no podía creer que aceptara su ayuda—. Si yo no puedo entrar, ¿cómo puedes hacerlo tú?
Su mirada y media sonrisa me indicaron que estuvo más que satisfecho cuando lo detuve.
—Bueno… —dijo rebuscando en su bolsillo. Sacó una tarjeta dorada, que tenía una letra Z en el medio—. No me han quitado esto todavía. Podemos entrar por el área del personal.
Miré la tarjeta primero, luego a él. Todo el sentido común y años de enseñanzas de mi madre de que no hable con un extraño estaban a punto de hacerse nada ante la urgencia. Era cierto que no era tan apegada a ese aparato, a decir verdad, si no fuera por la tarjeta de memoria, ni siquiera pusiera esfuerzo en recuperarlo. Ya tenía el celular de quien sean esas personas, simplemente lo usaría, después de todo ellos tienen el mío. No había robo en ello, simplemente un intercambio no acordado y conflictivo.
Y con lo de rastrearme, no soy estúpida, si lo apago, no pasará nada. Ver películas de espías debía servir de algo después de todo. Al darme cuenta de eso, tomé el celular y lo desarmé por completo. La última ubicación sería unos metros cerca de su hotel. Cuando regresé mi vista hacia el chico bien parecido, pude ver que me miraba con sospecha por lo que acababa de presenciar.
—¿Qué? Dijeron que me iba a rastrear —me justifiqué—. Ahora, vámonos. El último autobús pasa a las ocho y media, tendré que regresar a casa de algún modo.
Comencé a caminar y él hizo lo mismo sin decir ni una sola palabra. Sentía que me miraba de vez en cuanto, pero en lugar de pedirle que dejara de hacerlo, decidí continuar caminando. No quería una pelea innecesaria ahora misma.
Cuando me condujo hacia una calle secundaria, que ni siquiera estaba tan bien iluminada, me preparé para que un grupo de delincuentes me interceptara. Solo solté mi agarre del gas pimienta cuando atravesamos una amplia puerta de aluminio y apareció ante mí un amplio pasillo bien iluminado con varias habitaciones sin puerta de los que salían y entraban muchas personas. El lugar olía a ropa limpia, desinfectante, y aromatizante de eucalipto.
Algunas personas reconocían al chico alto a mi lado. Los que estaban vestidos de uniforme lo saludaban y los que estaban vestidos con ropa informal se despedían. Una chica muy bien parecida, con más maquillaje del que había usado yo en toda mi vida, lo llamó Christopher. Me sentí aliviada de conocer por lo menos su nombre.
—Tendremos que ir rápido, no hay que encontrarnos con Sandra —dijo mientras entrabamos en una de las habitaciones y dentro de ella fuimos hacia otra que nos condujo a su vez a un recibidor con una serie de ascensores. Había una fila de personas esperando para ingresar a ellos, algunos con caritos de limpieza y otros con uniforme de chef.
Christopher empezó a rebasar la fila para colocarnos al frente, mi cara comenzó a arder de la vergüenza. Nunca me había metido en la fila en toda mi vida. El timbre del ascensor al llegar fue como una bomba para mí; pude sentir la mirada de la señora con el carrito de limpieza, la cual era la siguiente para subir al ascensor. No me atreví a regresar la mirada.
En cuanto un grupo de hombres vestidos con el mismo uniforme de botones con el que estaba Christopher cuando lo choqué, la señora se aventó con su carrito dentro del ascensor. Antes de que este se cerrara, el chico tomó mi muñeca y entramos junto al carrito. Aunque ajustados, entramos todos. Fueron quince segundos hasta que la señora se tuvo que bajar del ascensor, los conté. La tensión me causaba su mirada se fue en cuanto el ascensor se cerró.
—De acuerdo, este es el ascensor de servicio. —Explicó. Tuve que voltear para no señalar que era lo obvio—. Iremos hacia la habitación y entraremos…
—De hecho, estaba pensando que sería mejor si entro sola. No creo que lo que estás haciendo sea permitido. No seré la causante de tu despido, tengo suficientes culpas en mi vida.
—No lo creo. Como dije no son…
—Personas agradables, créeme, te escuché —comencé—. Y dije que soy buena en manejar situaciones como esas.
...

Elayha
Rango15 Nivel 72
hace más de 2 años

Me gusta tu narrativa, tiene salseo ;) ;)

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 2 años

@JoaquinGodoy Gracias, aunque no estoy muy segura de qué significa "salseo", espero que en la connotación buena. Gracias de nuevo.


#5

CAPÍTULO 2 (parte 2)

—No dejarás que te acompañe ¿verdad? —preguntó dándome una mirada de rendición. Lo miré también, realmente lo miré. Era un buen chico, sus acciones y preocupación lo demostraban. Ahora lamentada haber pensado que era un secuestrador miembro de un grupo de trata de blancas.
Le sonreí.
—Serán sólo unos minutos —Le dije mientras sonaba el timbre indicándonos que habíamos llegado al octavo piso.
—Entonces, te esperaré afuera una vez hayas recuperado tu celular —dijo mientras caminábamos por el pasillo alfombrado en busca de la habitación.
La puerta 210 era exactamente igual a las demás, no sé por qué esperaba que sea diferente. Los números grabados en una placa dorada era lo único que variaba. Subí mi mano con la intención de tocar, pero de repente me entró algo cercano a la cobardía.
—Estaré justo aquí y entraré si lo necesitas —dijo Christopher cuando vio la duda. Me sonrió, una sonrisa que no lo tranquilizaba ni a él mismo.
Tomé una respiración antes de asentir y tocar tres veces la puerta antes de arrepentirme. Mi corazón comenzó a latir con nerviosismo. Christopher se alejó de la puerta mientras tardaban en abrirla.
Escuché pasos y la voz apagada de una persona antes de que una mujer de mediana edad abriera la puerta. La mujer se me quedó viendo, no, me examinó por completo para ser exactos. Sus ojos verdes se posaron en mi rostro una vez terminó con mi cuerpo.
—Al fin ha llegado —dijo mientras daba un paso hacia atrás para permitirme entrar. Hizo hacia atrás su cabello rubio antes de hablar—. Pasa.
La puerta se cerró tras de mí y me encontré en medio del lujoso y desconocido lugar. La mujer se puso frente a mí y me envió una mirada muy estricta.
—Has llegado una hora tarde —dijo. No me agradaba su tono de voz, me hacía sentir intimidada y eso no me gustaba. Hace años me dije que nadie volvería a tratarme así—. Apenas tendremos tiempo de arreglarte.
—¿De qué está…
Alzó su dedo deteniéndome en media pregunta. Escribía furiosamente un mensaje de texto en su celular. Lancé un bufido mientras mantenía su dedo en alto, algo en su uña perfectamente limada me molestaba. Todo lo lujoso me molestaba. Alzaba la mirada de vez en cuando para mirar alguna parte de mi cuerpo y luego seguía escribiendo. Todo el maldito tiempo manteniendo su dedo en alto y yo callando, como si de alguna manera la acción me hubiera puesto un tapón en la boca.
Abrí mi boca para empezar a demandar por mi celular, pero el teléfono en sus manos sonó y ella contestó. Alzó su mano haciéndome callar de nuevo. Me iba a dar una taquicardia si volvía a hacer eso.
—Tal vez un negro —dijo regresando su mirada hacia mí. Me escaneó con la mirada de nuevo—. Sí, definitivamente negro. No blanco, he dicho negro. —dijo esta vez con la voz firme—. Si no hay uno, búscalo. —Casi gritó. Definitivamente era la voz de la llamada que me hicieron hace un par de horas, su tono demandante me terminó por convencer.
—Escuché, sólo quería…
—Luego —dijo mientras pasaba por mi lado y salía por la puerta. Nunca me sentí tan confundida y frustrada al mismo tiempo.
—Bien, esta es mi señal —dije para mí misma mientras pasaba mi mirada por la habitación en busca de mi celular. Empecé por el sofá en medio de la habitación, busqué entre los almohadones luego entre las numerosas revistas repartidas en la mesita de centro. No estaba ahí. Comencé a abrir los cajones de una mesita donde estaba un enorme jarrón de rosas blancas y luego continué con la cama de tres plazas que estaba detrás del sofá. Me monté a la cama y comencé a hacer a un lado las almohadas y las cobijas. En algún lado tenía que aparecer el aparato.
Cuando ponía las almohadas en su lugar, alguien se aclaró la garganta. Me paralicé. Cerré mis ojos. Atrapada, aunque sin las manos en la masa, eso por lo menos era un par de meses menos en la cárcel. Me bajé de la amplia cama y me di la vuelta lentamente como lo hace un criminal al verse amenazado con un arma.
Mis ojos se encontraron con una persona de perfil hacia mí. Alto, notablemente atlético, vestido con un traje negro, camisa blanca sin corbata, abierta los botones suficientes como para lucir como un chico despreocupado. El hombre era todo un ejemplar.
El cabello húmedo le daba el toque final a su apariencia rebelde, que me azotaba con tal fuerza que me dejó sin palabras. No dije una palabra mientras lo miraba y él comenzó a arreglarse el puño de su camisa sin mirarme siquiera.
—No te ofendas, pero no fuiste contratada para eso —dijo con un tono que quiso ser de disculpa, pero que no fue más que indiferencia. Incluso grosero. Entonces me dio la cara y detuvo el arreglo del otro puño de su camisa. Nunca había visto unos ojos tan oscuros como los suyos—. Aunque haría una excepción si tuviera tiempo —dijo mientras se acercaba.
—Sólo buscaba mi celular —expliqué rápidamente mientras lo rodeaba para acercarme a la puerta. Mi mirada se encontró con mi yo reflejada en un espejo. Nunca me había avergonzado de mi rostro sin maquillaje, pero ante este hombre, que no despegaba la mirada de mí mientras me alejaba de él, quería escapar lejos. Bajé mi cabeza para cubrir mi rostro mientras caminaba y como consecuencia me tropecé con el extremo derecho del sofá.
Cuando alcé la mirada, el hombre estaba parado frente a mí. Tomé una respiración profunda. Me comenzaba a sentir intimidada y realmente no quería patearlo en la entrepierna, aunque lo haría si tenía que hacerlo.
Su mirada más intensa e intrigada no podía estar. Inmediatamente me puse nerviosa. No es que cualquier hombre me ponga nerviosa, ninguno lo había hecho después de Miguel Fuentes, el niño de mi escuela al que nunca le había hablado por vergüenza. Claro, una excepción era mi profesor de comunicación, él sí que me ponía nerviosa. Pero este nerviosismo era diferente, burbujeante de una manera peligrosa y alarmante de una manera curiosa.
—Celular —dice con reconocimiento. Me da una sonrisa de medio lado que dispara todo tipo de alarmas en mí—. Debo decir que es un alivio. Pensé que eras otra persona.
A este paso prefería ser esa persona.
—Si no te importa, quisiera mi celular y me marcho —dije mientras ponía todo de mí para alejarme de él. Lo hice más rápido de lo que esperaba, ahora tenía la seguridad de un sofá entre nosotros.
Se me quedó mirando por un rato más antes de alejarse y rebuscar en un par de cajones. Regresó con mi celular en su mano. Me lo extendió sin ninguna clase de duda. Me quedé viendo su mano con el aparato. No pensé que fuera a ser tan fácil. Extendí mi brazo y tomé el celular. El intento por no tocar su piel fue inútil, él se las arregló para que terminara pasando.
—Gracias.
Asintió. Se me quedó viendo, como esperando algo a cambio y tardé unos segundos en recordar que yo tenía el suyo. Metí mi mano en el bolso y saqué el aparato. Me di cuenta demasiado tarde que lo había desarmado y las demás partes debían estar en mi bolso. Comencé a buscarlas ante su mirada divertida.
—Lo siento, es que pensé que era lo mejor —murmuré mientras volvía a armar el celular ante sus ojos—. Aquí tienes —dije mientras extendía el celular hacia él. Lo tomó despacio, pareciendo disfrutar el rose de sus dedos en la piel de mis manos.
—Sí, bueno… Me voy, muchas gracias —murmuré mientras retrocedía. Cuando ya no me era posible seguir caminando hacia atrás, le di la espalda. Abrí la puerta sin problemas.
Dijo algo mientras salía que no pude escuchar, así que tuve que pedir que me lo repitiera.
—¿Cuál es tu nombre? —repitió con una media sonrisa.
En ese momento vi todo en retrospectiva. El corazón roto de mamá, todas las lágrimas que derramaba cada noche que me creía dormida, todas las veces que tenía que esconder las fotos de papá para que no se sienta triste. Hace años me había preguntado si quería eso para mí. La decisión había sido unánime y rotunda, no lo quería.
Sin embargo, en contra de toda mi convicción, abrí mi boca.
—Melanie.
Abrió su boca y pronunció mi nombre, repasando cada letra con sus gruesos labios y con una delicadeza que creía imposible. Sonrió, está vez unos dientes perfectamente alineados y blancos salieron a relucir.
—Está bien, Melanie —Que diga mi nombre hacía cosas raras a mi estómago—. Soy Aarón. —Y el conocimiento de su nombre sólo hizo que quiera saber más de él. Comenzó a caminar hacia mí, pasos lentos y seductores—. Hay un evento hoy —dijo cuando dio el primer paso—. Y estaba pensando, si no tienes nada que hacer por supuesto, ¿quisieras acompañarme?
Tragué fuerte. Mi estómago comenzaba a dar volteretas y ya no era tan pequeña como para no darme cuenta de que se trataba de una creciente ilusión. Algo peligroso que, si lo controlaba, no me haría más daño del que estuviera dispuesta a sentir; algo que, con mucha suerte y voluntad, si se enfriaba con el tan común aburrimiento, incluso ni dolería.
Algo que me había permitido hace algunos meses después de cumplir veinte y que nunca había sobrepasado el umbral de la curiosidad, curiosidad que se zaceaba con un poco de coqueteo y un par de toqueteos en los casos más expectantes.
Un acuerdo justo para ambos.
Se paró frente a mí, lo más cerca que le permitía una relación de cinco minutos en los que se intercambiaron nombres. Me pregunté brevemente si sus coqueteos serían más emocionantes que los de Pedro, un chico ardiente que conocí en una salida de fiesta con Isabel hace unos meses. Una mirada hacia sus labios me indicó que quería que lo sean, quería que sean tan o más emocionantes como con Pedro.
...

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Te dejo algunos consejos para que rectifiques algunos pequeños errores:
¿Qué me tenia que decir que lo tenia así de nervioso? Tal vez perdió mi celular.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

De hecho al terminar de leerlo, todo el escrito necesita ser releído para rectificar algunos errores que sigue teniendo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias @AngelMagat lo revisare... es de mucha ayuda tus correcciones.. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

@Valeria_96 Cuando lo hayas hecho si quieres volveré a leerlo para ver qué tal ha quedado.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

ya lo he arreglado, una vez más gracias por tu corrección :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

No has acentuado el qué en la pregunta que te puse más arriba:
¿Qué me tenia que decir que lo tenia así de nervioso? Tal vez perdió mi celular.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

En esa misma frase la palabra tenía también lleva acento

RedDany_5
Rango3 Nivel 13
hace más de 3 años

uyyy si las correcciones son muy importantes, pero no te preocupes vas a ir mejorando.

Kin_Montes
Rango4 Nivel 17
hace casi 3 años

Tu texto es adictivo... e inquietante. Me ha atrapado con todos esos giros de acontecimientos. Ya quiero seguir la lectura :p

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

@AngelMagat Muchas gracias por tus comentarios. Sé que han pasado dos años (¡qué increíble!) desde que comentaste, te confieso que en ese momento no me parecieron importantes tus consejos. Sin embargo, no sabes lo mucho que me ayudaron a mejorar en todo este tiempo. Actualmente estoy actualizando todas las partes de esta historia con todas las mejoras que he hecho, e incluso he escrito otra historia. Una vez más, muchas gracias. Me ayudaste a mejorar mucho.


#6

CAPÍTULO 2 (parte 3)

—No creo estar para la ocasión —dije.
—Para mí estás perfecta —respondió simplemente.
—No, en serio, no estoy vestida para la ocasión —dije en respuesta a su comentario.
—Puedo encargarme de eso —comentó esta vez con la voz más ronca, llena de intención. Un tipo de escalofrío, del que disfruté al instante, se extendió por mi espina dorsal.
—Después del evento… —dije sin rodeos. Estaba más que claro que aceptaría a su invitación desde el momento en que vi todas las posibilidades deliciosas que me podría traer esa sonrisa—. ¿Te importaría dejarme en mi casa?
Lamió su labio inferior y me encontré a mí misma queriendo pasar a segunda fase ahora mismo.
—Te dejaría donde tú quieras, Mel.
Alcé mis cejas y me mordí el labio, me estaba empezando a agradar el tibio coqueteo que se ocultaba en su mirada.
—Si no te importa, haré una llamada primero —dije. Asintió y dio un paso hacia atrás. Pude ver como su pecho se inflaba con orgullo ante el triunfo que había conseguido en esta noche.
—Te estaré esperando justo aquí —dijo.
Salí por la puerta, no sin antes ver cómo se recostaba en el sofá.
Desbloqueé el celular y marqué el número uno. Sonó dos veces antes de que la conocida y apaciguante voz contestara.
—Mamá —dije después de que ella dijera que me estaban esperando con la deliciosa comida que había comprado—, creo que tendrán que comer sin mí.

#7

CAPÍTULO 3 (parte 1)

A pesar de que no soportaba la mirada confundida de Christopher, no iba a dejar que me convenciera de ir con él. Tal vez debí considerar que no era importante salir a decirle que me estaría quedando en esa habitación, pero si no salía, probablemente hubiera llamado a la puerta y preguntado por mí.
—No lo conoces —dijo como si no supiera eso.
—A ti también no te conozco —dije de vuelta.
—Al menos sabes mi nombre —dijo finalmente como si con eso ganara algo de ventaja.
—Y también sé el suyo —respondí un poco frustrada. Suspiré porque sabía que lo que iba a decir era duro, sin embargo, tenía que hacerlo—. Mira, sin ánimos de ser desagradecida contigo, pero he salido únicamente porque no quería que esperaras por mí, no porque necesitara tu permiso. Así que…
Pareció pensárselo y después de unos segundos asintió.
—Me excedí, lo siento —se disculpó, aunque no parecía que lo sintiera en realidad—. Entonces, esta es la despedida —dijo finalmente.
—Gracias por todo —dije. Él asintió y dio un paso hacia atrás para después darse la vuelta y hacer su camino por el pasillo. No me quedé a ver cómo tomaba el ascensor, solo empujé la puerta medio abierta y entré.
Me encontré con Aarón sentado en el sillón, donde dijo que esperaría. Aunque tal vez estaba equivocada, por la mueca en su rostro pude deducir que escuchó parte de mi absurda discusión con Christopher.
—Siento la tardanza —dije mientras daba unos pocos pasos al frente.
—¿Amigo o exnovio? —preguntó simplemente sin elevar la mirada. La pregunta me tomó desprevenida y tardé unos segundos en responder, más por mi estupor que por otra cosa. No necesitaba darle explicaciones a nadie.
—No importa
Por fin alzó la mirada y en ella pude ver una avalancha de preguntas que no estaba dispuesta a responder. No quería ese tipo de conexión personal con nadie, no importaba cuán prometedora resultara una salida con él. Si hacía tan solo una pregunta más estaba segura de poder alcanzar a Christopher si salía ahora mismo.
Antes que dijera una sola palabra, la mujer que me había abierto la puerta apareció. Tenía su atención centrada en el mensaje de texto que furiosamente escribía.
—Bueno, todo está listo, en unos minutos estará todo el equipo —dijo la mujer alegremente mientras se paraba junto a mí y despegaba su atención del celular—. Quedarás perfecta —dijo poniendo mi cabello delicadamente hacia atrás.
Fruncí el ceño ante la acción y busqué inmediatamente la mirada de Aarón en busca de alguna explicación.
—Necesito hablar con ella —dijo mientras me miraba de la misma manera que un león mira a su presa—. ¿Nos podrías dejar solos, Amanda? Solo será un momento.
Antes de alejar sus manos de mí, peinó mi cabello y luego miró hacia él.
—No te demores, el equipo no tarda en llegar —respondió y volviendo su atención en el celular, salió de nuevo de la habitación.
Se instaló de nuevo el silencio e increíblemente mi corazón comenzó a latir con nerviosismo. Evitaba su mirada y supe que se estaba acercando a mí porque escuché sus pasos. Con cada paso luché contra la Melanie que quería salir corriendo de esta habitación. Cuando estuvo frente a mí, no tuve más remedio que mirarlo. Era alto y ahora lo notaba aún más. Su altura me intimidaba, pero al mismo tiempo me hacía sentir un tipo extraño de seguridad. Debía estar volviéndome loca o demasiado débil.
—Es una fiesta sencilla, sólo un poco de invitados y charlas aburridas, nada que no puedas manejar. Pero tengo que confesarte algo —me dijo.
No sabía si era lo correcto, si tenía tiempo o si me gustaría lo que quería confesarme, pero como decía Isabel, mi vida siempre era lo mismo de lo mismo, y no haría daño agregarle algo nuevo. No perdería nada. O eso esperaba.
—Está bien —respondí.
Dio un paso hacia atrás y me indicó con su mano el sillón, tras darle una mirada hice lo que pedía. Una vez los dos estuvimos sentados no hizo más que mirarme sin decir ninguna palabra. Me ponía nerviosa lo que estaría pensando y me incomodaba un tanto el silencio.
—Mel —dijo comenzando a hablar. Lo interrumpí inmediatamente antes de que crea que aceptaba que me llame así, lo había dejado pasar una vez, pero ya no.
—Melanie —Lo corregí. Vi cómo lentamente se comenzaba a formar una sonrisa en sus labios.
—Te queda bien —dijo de repente.
—¿Eh? —dije confundida.
—Tu nombre, te va perfecto. No he tenido oportunidad de decírtelo —respondió. Mantuvo mi mirada fijamente. Otra vez esa mirada.
—¿Cómo es eso? —pregunté casi susurrando, afectada por su mirada. Se acercó aún más a mí y elevando su mano a mi rostro, depositó las yemas de sus dedos bajo mi mentón.
—Me hace recordar a algo tentadoramente dulce, justo como tú —dijo. Aspiré aire bruscamente Sí que era bueno con las palabras, pero, aunque la piel de mi mentón quemara por su toque, no era suficiente como para hacerme perder mi juicio. Me levanté y di un paso hacia atrás.
—¿Cuál es esa confesión? —pregunté.
Se quedó en silencio por unos segundos, pero después respondió a mi pregunta.
—En la fiesta que estamos por ir serás mi prometida —dijo. Sinceramente me esperaba cualquier cosa menos eso y la forma en la que lo dijo me sorprendió aún más.
—Sí, emmm —me quedé sin palabras ante eso—. Buena suerte con eso —dije finalmente y me di media vuelta. Una cosa era tener un simple encuentro placentero con un chico guapo, otra muy diferente ser la prometida de alguien. Hasta aquí llegaba mi voluntad por hacer algo nuevo en mi muy típica vida.
Di la vuelta a la manija y hasta ahí llegó mi intento por abrir la puerta. El brazo de Aarón salió disparado y cerró la puerta. Me encogí ante la sorpresa.
—No sé si sentirme ofendido por eso —dijo. Sentí su aliento rozar mi nuca y mi cuerpo se tensó al instante con expectación. Su voz era grave, con una ligera raspadura cuando terminaba las palabras. Había leído una vez que esas voces eran de mayor atractivo para las mujeres. Al parecer, era verdad.
—Lo dejo a tu decisión —dije sin enfrentarlo—. Ahora si me permites…
Cubrió mi mano con la suya cuando volví a querer abrir la puerta y luego giró mi cuerpo con un solo movimiento. Estaba atrapada entre la puerta y su cuerpo. Su pecho subía y bajaba con movimientos lentos y controlados, muy diferente a mí, que no lograba controlar lo rápido de mi respiración.
No ayudó mucho cuando se agachó hacia mí.
Tuve que girar mi cuello para que nuestros rostros no quedaran uno frente al otro. Demasiado peligro vendría de esa situación.
—Dulce —susurró contra mi cuello. La temperatura a de mi cuerpo se elevó al instante—. Tu perfume es dulce.
—No uso perfume —respondí automáticamente. Y era verdad, el simple olor a algo artificial hacía que me maree, por lo que no los usaba.
—Me pregunto si lo demás será tan dulce como tu olor —dijo sin más.
Dios, este chico no tenía filtro. Puse mi mano en su pecho y lo empujé amablemente. Afortunadamente no se resistió.
—Sólo para aclarar, odio que hagas eso —y era verdad. Aunque a un rincón muy, pero muy profundo de mí le guste—. Y ¿a quién en su sano juicio se le ocurre pedirle a una chica, que ni siquiera conoce, que sea su prometida?
—Sólo será fingido —dijo. Fruncí el ceño.
—¿Fingido? —pregunté—. Por qué querrías fingir algo así, ¿no te descubrirían cuando después de un tiempo no haya matrimonio?
—Los compromisos se rompen todo el tiempo. Simplemente diría que te fuiste con otro hombre —dijo simplemente. Me puse de pie y sofoqué una carcajada.
—Yo nunca haría algo así —dije divertida—. Es una locura —reí sin poder creerlo.
Se puso de pie y tomó mi muñeca. Se quedó un momento con su mirada fija en el punto donde nuestra piel se tocaba. Rozó un dedo por mi piel haciendo que me estremeciera. Mi cuerpo parecía el de otra persona ahora mismo.
—Puedes considerarlo un favor, algo que tendré que pagar después —dijo soltando suavemente mi muñeca. Me quedé callada por un momento más la sensación de su toque que por otra cosa. Tragué.
—¿Por qué necesitaría un favor de ti? —dije finalmente recuperando el control de mi cuerpo. Me repetí a mí misma que tenía que abrir esa puerta y marcharme. Y lo iba a hacer, pero entonces dijo algo que me dejó pensando.
—Te sorprendería lo que un favor puede llegar a salvar.
Lo miré fijamente. Mamá decía lo mismo. Suspiré y con la sensación de que estaba a punto de cometer el peor error de mi vida, abrí mi boca.
—Está bien, pero me debes una y una muy grande.
Sonrió y antes de que pudiera decir algo, se abrió la puerta y comenzaron a entrar por lo menos tres personas con maletas y una pila de ropa. Regresé la mirada hacia Aarón en busca de una respuesta, pero simplemente sonrió y alzó sus hombros. Metió las manos en sus bolsillos.
—Estaré aquí en treinta minutos —dijo mientras se dirigía a la puerta.
—Ni se te ocurra, ella bajará y tú estarás en la recepción esperándola. Más vale que luzcas sorprendido cuando la veas y eso será en una hora—dijo la mujer.
Regresó su mirada hacia mí por un segundo y luego retomó su camino.
—Eso es un hecho, Amanda —y cerró la puerta.
Sintiéndome sobreexpuesta y confundida, simplemente miré cómo las chicas desempacaban todo. La mayoría de las cosas eran zapatos de tacón, vestidos y maquillaje.
—Sean muy cuidadosas con ella, tiene que quedar perfecta —Ordenó la que ahora conocía como Amanda. Luego me hizo una seña con las manos para que vaya con las chicas.
Suspirando y tragándome las palabras que le iba a decir, me dirigí hacia la habitación. Una de las mujeres, la de mayor edad, sugirió que me diera un baño, pero le dije que ya lo había hecho hace poco. Asintió.
—Bueno, señorita. Empecemos, puede sentarse aquí —dijo la mujer, que debía tener la edad de mamá, mostrando la silla que estaba al frente de una mesita de maquillaje.
......

#8

CAPÍTULO 3 (parte 2)

Me senté. La mujer comenzó a ponerme lo que creí eran cremas para el rostro. Finalizó después de un largo tiempo y luego examinó mi rostro, comenzó a mezclar varios frascos de base líquida y, después de que lo comprobara varias veces en el dorso de mi mano, comenzó aplicándola suavemente en mi rostro y cuello. Luego todo fue un borrón y cuando me di cuenta estaba lista, mi maquillaje no era tan recargado, era más bien simple. Ojos un poco ahumados, que me daban una mirada más intensa y mis labios eran de un color suave, semejante al rosa pálido y nude.
Empezaron con mi cabello y cuando finalizaron, llevaba un recogido suave hacia un lado, que suavizaba mis facciones y me daba cierta elegancia. Por supuesto no se olvidaron de mis uñas y terminé con una bonita manicura color piel. Después de un tiempo, me pidieron que me levante y me dieron el vestido para que me lo ponga, así que me dirigí al baño, pero una de las chicas me siguió.
—Puedo hacerlo sola —dije antes de entrar al baño.
—Podría, pero arruinaría su peinado o maquillaje —dijo la mujer de edad y luego asintió a la otra chica, quien se metió al baño conmigo.
Fue el tiempo más incómodo y vergonzoso de mi vida. Me puse muy nerviosa y puse nerviosa a la chica. La chica me vio indecisa cuando no me desvestí enseguida y trató de tranquilizarme diciendo que no debo preocuparme, que ella también es mujer, pero no es que fuera así de fácil. Luego ofreció no mirar demasiado y asentí no muy convencida. Era un vestido muy bonito, no sabía mucho de vestidos, no era mi fuerte, pero este debía ser muy caro.
Cuando terminé de ponérmelo, vi cómo la señorita asintió en aprobación.
—Se ve muy bien, señorita —dijo.
—No me llames señorita, llámame Melanie —dije inmediatamente. A ella se le iluminaron los ojos.
—Está bien, Melanie —dijo con una sonrisa—. Ahora, déjeme ponerte los accesorios y tome sus zapatos de tacón.
Me puso los accesorios, mientras yo trabajaba con los zapatos y, al finalizar, salimos. Las mujeres afuera, la que hizo mi maquillaje y la que hizo mi cabello, me miraron y asintieron.
En ese momento Amanda entró y me miró. Su mirada recorrió todo mi cuerpo, finalizando en mi cara.
—Quién lo diría —dijo para sí misma—. Ahora, vamos que se nos hace tarde. —Me dio las espaldas y se dirigió hacia afuera.
Yo me dirigí a las mujeres me ayudaron antes de salir y dije:
—Gracias por su ayuda y deséenme suerte —La chica que me ayudo con el vestido me tomó el hombro.
—Suerte —dijo animadamente, le sonreí, más para tranquilizarme a mí que a ella.
Mientras caminaba por el pasillo alfombrado, me di cuenta de lo nerviosa que estaba. No sabía qué me esperaba y odiaba eso, pero, aunque lo que quiera ocultar, no era la situación lo que me ponía nerviosa.
Era él.
Seguí a Amanda y después de un minuto entramos al ascensor. Una vez sumidas en el silencio noté que me observaba fijamente y con curiosidad. No sabía qué decir, no la conocía de nada así que me quedé callada. Aguanté la incomodidad que me producía su mirada.
—¿Cómo es que trabajas en un lugar que presta esos servicios? —dijo Amanda mirándome a los ojos como si pudiera conseguir la respuesta en ellos. No respondí enseguida, su pregunta me tomó por sorpresa y además no la entendía del todo. Al darse cuenta de mi cara de desconcierto y confusión, aclara—. Me refiero a ser dama de compañía.
—Una dama de… —digerí las palabras lo más que pude—. Yo... no soy una dama de compañía —dije con firmeza.
Ella sonrió, una sonrisa fría, pero educada. ¿Qué era tan gracioso?
—Lo sabía —dijo mirando hacia al frente, recuperando su rigidez. Me quedé callada y confundida.
—No quiero saber cómo demonios terminaste aquí y ni siquiera me importa —dijo sin mirarme. Yo aparté la mirada y junté mis manos al frente, frotándolas impacientemente. ¿Quién le había enseñado modales a esta mujer?
—Lo supe desde el primer momento y, aunque no sé cómo es que logró convencerte —dijo mirándome de nuevo—. Me alegro de que lo haya hecho.
—Sólo estoy haciendo un favor —dije en tono seco para quitarle importancia.
—No lo creo. —rió secamente, pero no dijo nada más.
Cuando al fin me decidí decirle algo, el ascensor se abrió y ya no tuve la oportunidad. Di unos pasos fuera y cuando alcé la mirada, lo vi.
Mi corazón saltó involuntariamente cuando nuestros ojos se encontraron.
Dios, estaba perdida.

#9

CAPÍTULO 4 (parte 1)

Aarón

Había pocas cosas que me molestaban en la vida: las salas de cine, que no contesten el teléfono y esperar. Lo demás me tenía sin cuidado. Por eso no entendía cómo es que tardaba una hora arreglar a una mujer. ¿Qué tanto tardaba Amanda en ponerle un vestido y traerla a mí? Decidí esperar hasta la siguiente vez que se abriera el ascensor, porque ya me comenzaba a sentir como si me estuvieran plantando en una cita. Y a mí no me plantaban. Sonó la breve campana que había escuchado tantas veces en la última hora, pero esta vez fue diferente. Mi cuerpo se tensó de inmediato.
Mis ojos fueron directamente a su rostro, luego a sus ojos y por último a sus labios.
Negué con la cabeza. Mierda. Se veía hermosa.
Nuestros ojos finalmente se encontraron y juro que sentí como si la maldita vida que tenía valía la pena. Ella bajó su mirada e hice lo mismo sin saber qué hacer con lo que estaba sintiendo. Mientras avanzaban hacia mí, no puede evitar examinar el vestido que llevaba puesto Melanie.
Nunca había tenido un color favorito, pero inmediatamente decidí que sería el negro. Definitivamente el negro y su piel combinaban a la perfección. Y la forma en que el vestido abrazaba las suaves curvas de su cuerpo le hacía cosas a mi cordura. El recogido de su cabello la hacía lucir aún más inocente de lo que ya era y aunque su maquillaje lo disimule un poco, no hacía mucho.
Tendré que cuidarla, pensé inmediatamente. Los empresarios en el banquete seguramente estarán al asecho. Conozco a los hombres, incluyéndome, y ninguno llegaría a ser suficiente para ella.
Amanda se detuvo frente a mí, interponiéndose entre Melanie y yo. Aunque no la podía ver completamente, supe que sucedía algo, se abrazaba a ella misma.
Mi hermana comenzó a hablar, pero apenas la escuché y respondí. Murmuró un par de cosas más, pero tampoco le ponía atención y se marchó molesta por eso. Tampoco me importó.
—Hola —dijo tímidamente.
—Hola —respondí mirando brevemente su rostro y sus labios. Seguía abrazándose a ella misma—. ¿Está todo bien?
No tuvo tiempo de responder, Amanda vino y la interrumpió.
—Bueno entremos ya, estamos tarde —dijo—Recuerda que tiene que parecer que la adoras —sólo asentí— ¿Puedes tomarla en tus brazos? —dijo exasperada por la falta de movimiento.
Melanie comenzó a moverse inquieta.
—Entra primero, te seguimos en unos minutos —dije por fin mirando a mi mal humorada hermana.
Ella me miró con una curiosidad que no había visto en mucho tiempo e inmediatamente supo lo que pensaba. Pero estaba equivocada, no volveré a cometer el mismo error.
Se fue sin decir más y me acerqué a Melanie.
—¿Qué ocurre? —pregunté en tono suave. Alzó su mirada y vi la duda en sus ojos.
—¿Y si no lo hago bien? —dijo frotando sus brazos.
—¿Qué no harás bien? —pregunté confundido.
—Bueno, eso de ser la prometida. Aunque no lo creas, no he estado en esta situación antes —dijo bajando la mirada. Sin pensarlo demasiado, tomé su mentón para lograr que me mirara. Mierda. Sus labios estaban tan cerca, y pensé que no me costaría nada besarla. Tuve que reunir todo el auto control que tenía para no hacerlo.
—Créeme, no hay forma de que lo hagas mal —respondí y luego sonreí para tranquilizarla.
Ella asintió, dudosa. Me separé un poco de ella y tomé su mano. Dios, el contacto tan próximo hizo que mi piel sintiera un maldito hormigueo y otra parte de mi cuerpo reaccionara positivamente. ¡Perfecto!
Caminamos hacia la enorme puerta y de repente ella se detuvo.
—Espera —dijo apretando mi mano. Un leve gruñido se me escapó. No me estaba poniendo fácil lo del autocontrol.
—¿Qué ocurre? —pregunté distraído por el esfuerzo de mantener mi mente y mis manos alejadas de donde quiero.
—Necesito saber al menos tu nombre y lo que haces, tal vez tu edad —dijo. Tardé un momento en entender su pregunta. Sonreí con diversión. Logré mirarla a los ojos sin que todos mis malos pensamientos sobre ella me traicionaran.
Y tenía razón, no sabía mi nombre completo. De repente me molesté por eso. ¿Cómo es que pudo haber aceptado un trato de un hombre del que ni siquiera sabía su nombre completo? Más tarde hablaría de eso con ella.
—Aarón Coleman —respondí finalmente— Veintiséis años y represento a la empresa de tecnología EuroTec —La miré y vi cómo repetía los datos varias veces para memorizarlos. Cuando lo logró sin ningún problema, sonrió.
Un gruñido mental rugió dentro de mí. No sonrías así, Melanie. Estoy tratando de portarme bien, pedí silenciosamente. Luego ella asintió.
—Ok —dijo en un tono optimista— Entonces Aarón Coleman, representante de EuroTec, hagámoslo.
Me gusta cómo suena mi nombre en sus labios, pensé mientras caminábamos hacia el gran salón. Al instante me reprendí por mis pensamientos. ¡En qué diablos estaba pensando!
Con un suspiro pasamos por la puerta del salón. Vi cómo todas las personas que ya estaban presentes nos miraron sorprendidos. No pude evitar dirigir mi mirada hacia los hombres en la habitación y como lo sospechaba, veían a Melanie con tal anhelo que casi la saqué de la habitación.
Para dejar en claro que ya no estaba disponible, solté su mano para poder rodear su cintura con mi brazo. Los hombres desviaron un poco la mirada y con eso supe que mi objetivo había sido cumplido. Quería que sepan que ella está conmigo y no se le podían acercar.
Amanda me miró con una mezcla de sorpresa y satisfacción.
Miré a Melanie y la descubrí observando su alrededor educadamente. Ella dirigió su mirada a mí y me sonrió tímidamente. Mi corazón saltó al ver su sonrisa.
Estaba malditamente perdido.
--------
Melanie

Entré con su brazo en mi cintura. No pude evitar que mi cuerpo temblara cuando lo hizo y realmente espero que no lo notara. Tenía un tonto revoloteo en el estómago y sentía que mi piel se calentaba en las zonas en que nuestros cuerpos se tocaban.
Antes nuestras manos estuvieron unidas y lo que pasó fue algo absolutamente inusual. Mi piel se electrificó. Electricidad completa. Y, a pesar de que ya no estaban unidas, el hormigueo no pasaba. Miré hacia el frente. El lugar era impresionante, todo muy elegante e iluminado. Dirigí mi mirada hacia Aarón y nuestros ojos se encontraron. No supe qué hacer, así que sonreí para tranquilizarme a mí misma. Él apretó levemente mi cintura y comenzamos a avanzar hacia las personas. Al mirar más detenidamente, vi que tenían presencia de tener mucho dinero. Mi cuerpo se estremeció desagradablemente recordándome que no me agradaban estos lugares.
—Oye, todo estará bien, estoy contigo —dijo Aarón y fue cuando me di cuenta de que mi cuerpo estaba completamente tenso, más de lo normal. Estaba a punto de disculparme por no ser lo suficientemente fuerte como para disimular mi desagrado hacia el lugar, cuando se acercó alguien.
—No podía creer lo que Amanda me contó —dijo un señor que calculé tenía unos cuarenta y cinco años. Iba acompañado del brazo con una mujer muy hermosa. La mujer dio un leve golpe en el brazo de su acompañante y luego nos sonrió a Aarón y a mí. Sólo para confirmar lo que ya sospechaba, miré la mano de la mujer y encontré un gran anillo de matrimonio.
—No seas grosero —regañó dulcemente la mujer a su esposo.
—Así que decidiste cambiar, muchacho —dijo el hombre dando un golpecito en el hombro de Aarón— Y que mejor que con una hermosa colombiana —dijo mirándome con aprobación.
Alec soltó mi cintura, pero no alejó nuestros cuerpos. Puso su mano tras mi cintura y extendió la otra hacia el señor y la señora.
—Melanie, él es Sebastián Rivera, presidente de una de las firmas más importantes de hoteles y ella es su hermosa esposa, Alexa —dijo Alec dirigiéndose hacia él hombre—. Sebastián, Alexa ella es Melanie mi novia.
Mi cuerpo se sacudió al escuchar "mi novia", nunca lo habían dicho de esa forma, claro que esta vez era todo actuado, pero se sentía como si fuera de verdad.
—Mucho gusto —dije con educación dando la mano a cada uno. Ellos me sonrieron y la mujer con mucha amabilidad me preguntó.
—¿Realmente eres colombiana? —preguntó Alexa de repente. Sonrío ante la pregunta.
—No de nacimiento, nací en Ecuador, pero me críe en Colombia. Me siento colombiana, aunque no rechazo a Ecuador para nada —me detuve sin querer dar más detalles sobre el porqué soy Ecuatoriana.
Alexa miró a su esposo y comentó animadamente.
—Yo también soy Ecuatoriana, pero por trabajo me mude a Colombia. Claro, es obvio que mi acento no es tan neutral como el tuyo —dijo sonriendo. Su esposo la miró y le dio un tierno beso en la frente.
—Veo que ambas van a congeniar muy bien —dijo Sebastián dirigiéndose hacia mí.
Sonreí. La verdad estaba muy nerviosa e incómoda como para hacer amigas, pero tener a mi lado a Aarón me tranquilizaba muchísimo.
—Bueno, este evento es para negocios y eso realmente me aburre —dijo Alexa— Como seguramente hablaran de ello, nos retiraremos —Tomó mi brazo delicadamente. Miré hacia Aarón y sonrió. Yo hice lo mismo tratando de que no se note mi creciente pánico a medida que nos alejábamos de ellos.
Una vez lejos, nos sentamos en un mullido sillón. Desde aquí los podíamos ver platicando.
—No sabes cuán emocionada estoy de que estés aquí —me confesó—. ¿Las ves? —preguntó señalando con la cabeza a un grupo de mujeres que se veían muy distinguidas.
—Sí, se ven muy elegantes —respondí mirando disimuladamente.
—Y muy presumidas también —dijo con una sonrisa irónica—. Es difícil encontrar a una buena persona en este tipo de reuniones, no he encontrado a ninguna hasta ahora —Tomó una copa de vino del mesero que se nos acercó.
—¿Quieres? —preguntó.
—No, muchas gracias no tengo cabeza para eso, seguramente con el primer sorbo, comenzaría el espectáculo —dije para que no insista.
Ella comenzó a reírse un poco fuerte para el lugar en el que estábamos. Miré a nuestro alrededor y noté a varias personas viéndonos, incluido Sebastián y Aarón. Él sonrió al ver a su esposa reír y después de un rato, volvió a su plática con mi prometido. Falso, claro estaba.
Alexa de repente preguntó:
—Entonces ¿Cómo conociste a Aarón?
...

#10

CAPÍTULO 4 (parte 2)

Tragué fuerte. Debí haber tomado esa copa de vino.
El brillo de curiosidad en su mirada me dijo que no iba a dejar de insistir.
—Nosotros... —comencé a decir—. Pues fue.... —¿Qué diablos iba a decir? Busqué con la mirada a Aarón, pero no estaba a la vista.
Cuando miré hacia Alexa de nuevo, noté que ya no me estaba poniendo atención. Suspiré aliviada y agradecí a cualquier cosa que haya llamado su atención.
—Llegó la hiena —dijo desanimadamente. Soltó un suspiro medio cansado, medio aburrido. No entendí lo que dijo, así que me limité a esperar que continúe.
De repente su cuerpo se tensó, tomó su copa de vino y bebió todo el contenido. Dejó la copa vacía en la mesita del frente.
—No te preocupes, no te dejaré sola —dijo en un tono firme, pero amigable.
—¿De qué está hablando? —pregunté esta vez ya que no entendía a qué se refería. Como respuesta recibí una mirada de preocupación e hizo un movimiento casi imperceptible con su cabeza.
Dirigí mi atención hacia el lugar que señaló y entonces la vi.
Una mujer, un poco más alta que yo, cabello rubio, recogido en un peinado similar al mío. Su cuerpo totalmente esbelto combinaba muy bien con el vestido rojo de diseño, muy similar al mío también, con la diferencia de que el de ella tenía un escote enorme en la espalda. Por lo que podía observar desde aquí, su maquillaje era impecable, al igual que sus labios totalmente rojos.
Normalmente no me fijaba en nada de una persona. Ni la apariencia, ni la vestimenta, ni el maquillaje.
Pero esta vez era diferente.
Porque prácticamente colgada del cuerpo de Aarón.
-----

Aarón

No sabía cómo pasó, ni siquiera lo vi venir. Lo único que sabía es que ahora Kendra estaba prácticamente frotando mi cuerpo.
—Aarón ¿Por qué no me has llamado? —dijo en un tono meloso.
Sebastián alzó sus cejas e hizo un movimiento con su copa en ademán de despedirse.
¡Demonios!
—No he tenido tiempo —respondí una vez Sebastián se había alejado. Traté de hacerla a un lado, pero parecía un chicle sobre mi cuerpo.
—Estoy muriéndome por ti ¿Qué tal si salimos del evento? —preguntó con un tono nada discreto. Me tensé, no quería que nadie la escuche diciendo eso. ¡Demonios! No quería que Melanie la escuche diciendo eso.
—No creo que pueda, querida —dijo una voz femenina atrás de nosotros. Me di la vuelta inmediatamente. Vi a Alexa y detrás de ella estaba Melanie. ¡Mierda!
Al fin Kendra se despegó de mí y dirigió su cuerpo hacia Alexa.
—Cuanto tiempo —comentó fingiendo amabilidad— ¿Cómo está Sebastián?
—Mejor que tú seguro —respondió Alexa con una mueca de molestia y tono de queda.
Kendra sonrió malvadamente.
—Y tú ¿Cómo estás? ¿Qué tal esa descendencia? —contraatacó Kendra.
Lentamente la posición firme de Alexa se fue desvaneciendo y sus ojos comenzaron a humedecer. Dirigí mi vista hacia Melanie que miraba la escena confundida, hasta que después de un breve instante entendió qué fue lo que hirió a Alexa y se puso hacia adelante, protegiéndola.
A Kendra se le borró la sonrisa de triunfo y frunció el ceño.
—¿Y tú quién eres? —preguntó en un tono demandante.
—Kendra —gruñí ante su tono. Ella me ignoró y Melanie también.
—Alguien mucho más perra que tú, así que ten mucho cuidado con lo que sale de tu boca —respondió Melanie sin inmutarse por el tono de Kendra.
—Kendra, vete —dije enojado por su comportamiento y también porque presentía, que sí no se iba, aquí habría un intercambio de insultos.
Al notar que no tenía la intención de moverse y dirigía una mirada asesina hacia Melanie, tomé su brazo y me alejé con ella. Atravesé la corta distancia hacia donde estaban sus abuelos, que estaba muy cerca de donde estaban Melanie y Alexa.
—Gusto en verlos de nuevo señor y señora Méndez —dije con amabilidad fingida.
—¡Aarón! ¡Qué sorpresa! —dijo la señora Méndez muy sonriente. Al ver mi mano en el brazo de su nieta preguntó—. ¿Ocurre algo?
—Disculpe, señora, creo que Kendra no ha aprendido cómo comportarse en estos eventos —dije soltando su brazo. La miré a los ojos y vi que tenía una mirada confundida.
El señor Méndez que no había dicho una palabra dijo:
—Nos disculpamos por cualquiera de sus disparates.
—No es conmigo con quien tiene que disculparse es con otra persona, ella sabe quién.
—Claro que se disculpará —dijo la señora Méndez.
—Bueno, que lo haga —dije dándole una última mirada a Kendra—. Me retiro, gusto haberlos visto —me despedí.
—El gusto es nuestro —respondió la señora.
Di la vuelta y me dirigí hacia Melanie, que estaba consolando a Alexa. Alzó su mirada y vi decepción y tristeza en sus ojos, algo que no quería ver. Antes de separar su mirada de la mía, suspiró. Le dijo algo a Alexa y las dos se alejaron.
Dejándome parado solo en medio del salón.

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

@Valeria_96 Me encanta como va la historia, loca por seguir leyendo. Te aconsejo que revises algunas palabras que parece te a cambiado el word.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Me alegra que te guste, ya lo reviso gracias por el aviso :) :) me ayuda mucho.


#11

CAPÍTULO 5 (parte 1)

Vi el conjunto de pañuelos manchados de maquillaje sobre el mesón del lavamanos. Alexa había llorado bastante desde que entramos al tocador en busca de más privacidad. No me gustaba que la gente llore, me recordaba demasiado a la época en que mamá no podía dejar de hacerlo. Mi mano fue por instinto hacia un lado de mi cintura. Pude sentir por sobre la tela a la cicatriz.
—Gracias —dijo de repente. Regresé mi atención hacia ella. Ya había comenzado a retocar su maquillaje.
—No he hecho nada —dije para restarle importancia.
—Has hecho mucho —dijo mientras se daba la vuelta para mirarme. Me sonrió, aunque sin ánimo—. Empezando por no darme el discurso de “no te preocupes, hay muchas opciones”. No sabes cuánto lo odio —Regresó su atención al espejo. Sus ojos ahora se veían tristes y no tenían ni un rastro de ese brillo que había visto antes—. Siento que hayas tenido que ver a esa mujer junto con Aarón —Me regresó a ver a través del espejo.
Me quedé callada y traté de tener una cara neutral. En una situación normal estaría furiosa, pero el y yo no teníamos nada. A duras penas reconocía un sentimiento parecido a la traición muy al fondo de mi pecho, pero era algo muy pequeño. Aarón debió de haberme dicho que tenía sus encontrones con alguien más. No podía creer que haya intentado coquetear conmigo cuando ya tenía a otra persona con la que entretenerse.
Ahora que lo pensaba, empezaba a enojarme un poco la situación.
—Sé que ella puede llegar a ser un dolor de cabeza —comenzó a decir—. Pero tienes que aprender a confiar en Aarón si quieres que su relación funcione. Háblenlo juntos, no dejes que tu enojo se interponga entre lo que tienen.
Sonreí de medio lado por dos razones, una porque me parecía divertido estar recibiendo consejos de pareja cuando ni siquiera tengo una, y otra porque no era del tipo de personas que montaba una escena de celos. Me respetaba y valoraba a mí misma como para hacer eso. Tan solo me marcharía y lo terminaría todo.
—Él te quiere y mucho —comentó—. Lo puedo ver en sus ojos, además, nunca ha presentado a una chica como su novia.
Me la quedé mirando. No sabía lo que Alexa había visto en los ojos de Aarón, pero sin duda no podía ser algo que parezca a que me quiere mucho. Nos acabábamos de conocer, con lo mucho lo que había visto era lujuria disfrazada, nada más.
—Ya está —dijo dándose el último vistazo en el espejo—. Como nueva.
Sonreí. Aunque había hecho un buen trabajo con el maquillaje, todavía podía ver que seguía triste. Lo lamenté por ella, debía estar esforzándose por estar bien. Se dirigió hacia la puerta, aunque no salió. Me acerqué a ella y vi por qué. Dos anchas espaldas bloqueaban la salida.
—Por favor, necesito ir —rogaba una chica de no más de quince años.
—¿Puede ir al del otro lado del pasillo? —preguntó Sebastián educadamente.
La chica puso los ojos y se alejó haciendo resonar sus tacones sobre el azulejo. Alexa regresó su vista hacia a mí buscando una respuesta a lo que acababa de pasar, pero yo alcé mis hombros. No tenía idea de lo que estaba pasando.
—¿Se puede saber qué están haciendo? —preguntó entonces. Ambos hombres se dieron la vuelta, cada uno buscando los ojos de cada una de nosotras. Sebastián fue el primero en reaccionó, fue directo a abrazar a Alexa y la abrazó. Ella hizo lo mismo.
—¿Está todo bien, nena? —le preguntó mientras le besaba la frente.
—Mucho mejor ahora que puedo verte —respondió ella. Sentí que estaba viendo lo que no debía, así que aparté mi mirada. La escena estaba poniéndome incómoda—. Y ahora que he encontrado una amiga, estoy muy feliz —comentó.
Abrí mis ojos y para disimular un poco la sorpresa, puse una sonrisa en mis labios cuando Sebastián me miró. Gesticuló un gracias con sus labios. Yo sólo asentí y después de intercambiar un par de palabras más, ellos se alejaron. Finalmente salí del tocador y me puse frente a Aarón. Había estado evitando su mirada todo este tiempo, pero ya no podía hacerlo más. Lo miré y él hizo lo mismo. Nos limitamos a eso hasta que se encargó de romper el silencio.
—¿Todo bien? —preguntó.
Tomé una respiración antes de responder. Me sentía traicionada, enfadada y avergonzada, pero vi la realidad. No tenía derecho de estarlo, él y yo no éramos nada. Todo era parte de una farsa, un favor que algún día cobraría. Puse una sonrisa en mi labios.
—Sí, todo perfecto.
Me miró por un segundo, y una parte de mí sabía que no me creyó, pero lo dejó pasar. Y eso era mejor, entre menos vínculo, menos sentimiento. Eso significaba que al final de todo esto me iría menos dolida.
Durante toda la noche me vi obligada a actuar como si estuviera a punto de casarme. Deje que Aarón me presentara a un decena de personas y sujetara mi cintura cuando veía que un hombre prestaba demasiado interés en mí. Fingí no molestarme por eso, aunque estaba a una respiración de quitar su brazo. Amablemente, por su puesto. Se supone que era su prometida.
Agradecí el momento en que Sebastián se paró frente a la improvisada tarima y anunciaba el gran proyecto hotelero que estaba yendo a comenzar en una zona costera de la isla de San Andrés en el Caribe, sobre todo porque me concentré en poner atención en ello y no en la mano de Aarón en mi cintura.
El proyector reflejaba maquetas gráficas de cómo se vería todo una vez terminado. Se dijo un par de cosas más y finalizó con discretos aplausos de parte de los invitados. Amanda se nos unió casi inmediatamente. Son tenía una copa de vino en su mano.
—¿Hablaron acerca de la propuesta? —le preguntó a Aarón. Él respondió con una afirmativa y un par de palabras más que la dejaron satisfecha y después de darme una breve mirada, se alejó de nosotros. Suspiré aliviada.
—Entonces —comenzó a decir Aarón—. Cuéntame un poco más de ti.
Abrí mi boca con la intención de responder con una negativa, pero había un par de personas muy cerca de nosotros por lo que solo dije.
—No hay nada que decir.
—Estos seguro de que hay mucho —dijo.
Me separé de él hasta estar frente a frente.
—¿Por qué te interesa? —pregunté tranquilamente.
—¿Por qué no lo haría?
—Porque esto no existe —dije señalándonos—. Porque todo esto es un favor que cobraré algún día y nada más. No necesitas saber nada de mí y tampoco necesito saber nada de ti.
Él me miró y asintió lentamente. Metió una mano en su pantalón.
—En eso te equivocas —dijo mientras daba el paso que nos separaba—. Me interesa saber de ti. Me interesa cómo es que, sin usar perfume, tienes un olor extremadamente dulce. Me interesa saber hasta dónde llega ese olor. Me interesa…
—Créeme, me ha quedado claro lo que te interesa —dije. Mi respiración se había acelerado y sentía el calor inundar mis mejillas—. Pero quiero que te quede en claro una cosa. Si antes pensaba que podíamos tener un roce o como lo quieras llamar, ahora sé que no. Tienes mucho con lo que lidiar y yo me ahorro las complicaciones, porque realmente me disgustan y tú eres una. Y una demasiado grande como para siquiera intentarlo —Lo empujé con un poco de fuerza—. Y por si no lo escuchaste, no me gusta que hagas esto.
Él simplemente me quedó mirando sin hacer nada, mi respiración seguía estando acelerada. Negué con la cabeza y lo dejé ahí parado mientras caminaba hacia la salida. Tenía ganas de quitarme los tacones, así llegaría mucho más rápido al ascensor, pero no podía hacerlo porque había muchas personas en el lobby. Esperar el ascensor fue una tortura, sentía que en cualquier momento podría aparecer Aarón y quién sabe que podría hacer o decir. Pero no apareció.
Cuando estuve frente a la puerta ya no supe qué hacer, no había pensado hasta ese punto. Me quedé viendo la placa con el número de la habitación como si mágicamente se fuera a abrir, pero por supuesto que no iba a pasar. Por mi cabeza se comenzó a formar una idea loca, irme tal y como estaba. Quién sabe qué le pasaría a mamá por la cabeza al verme vestida de esta manera, pero seguro que no me pedía explicaciones. Lo cual estaba bien para mí.
El problema con ese plan es que no tenía absolutamente nada para regresar a cada, ni un peso partido por la mitad. Y sin mencionar que mi celular todavía se encontraba dentro de la habitación. Lancé un suspiro. No podía haberme equivocado de peor manera. Ahora que lo pensaba, ¿quién en su sano juicio aceptaba una invitación como esta sin conocer a la persona? Debía estar perdiendo el juicio, sólo eso lo podría explicar. Cerré mis ojos y esperé que algo ocurriera, algo que me sacara de este apuro. Me apoyé en la puerta y no me moví hasta que mis pies comenzaron a protestar por el dolor.
Me quité los tacones y mi altura se redujo notablemente y ahora el vestido tocaba el suelo. Reí por lo bajo. Podría haber comido deliciosa comida junto a mamá y mi hermana, pero las cambié por una prometedora aventura. No podía ser peor persona. Miré los zapatos de tacón que estaban a mi lado y decidí ponerme en cuclillas para recogerlos. Cuándo me iba a poner de pie, perdí el equilibrio y ya me había visto tirada en el suelo, pero sujetaron mi muñeca.
—Oh —dije. Dejé que me pusieran de pie, miré hacia los zapatos que había soltado primero y luego hacia a la persona que me había ayudado—. Muchas graci… as
Aarón no soltó mi muñeca hasta que se aseguró de que no perdería el equilibrio de nuevo. Una vez lo hizo, me alejé de él un par de pasos y enseguida me agache a por los zapatos. Cuando me levanté, no pude elevar mi mirada, sentía que la incomodidad sería mayor si lo hacía. Estaba a punto de alejarme e irme con el vestido y sin todas mis cosas, cuando habló.
—Yo… —murmuró— quería darte tu espacio.
Qué considerado de su parte, pensé sarcásticamente. Me atreví a mirarlo y mis ojos se encontraron con los suyos. Su mirada tenía duda y algo más, pero no lo quise descifrar. Me lo quedé viendo y asentí.
—Me cambiaré y me iré —dije.
...

Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Me encanta como creaste el conflicto en él... fue súper fácil imaginarlo. Mega likeeee

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Muchísimas gracias. Me alegro que te guste y si, trato de hacerlo lo mejor posible. Espero te siga gustando.

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 3 años

"Una ves en el silencio veo como me observa! ese ves es con z. Disculpa mi interés es ayudar. Cuando escribo largo, eso me pasa a mi también.
Otra vez el cambio de protagonista. Eso debes consultarlo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias por tu consejo, enseguida lo reviso, lo del cambio del protagonista es para poder incluir la versión del lado de chico. Pero dime cual sería tu sugerencia @eleachege me interesa mucho escuchar consejos.


#12

CAPÍTULO 5 (parte 2)

Nos miramos por unos segundos más y después se puso a buscar en su bolsillo, sacó una tarjeta, alzó un compartimento y la ingresó. La puerta hizo un sonido como de desbloqueo y se abrió un poco. Aarón la abrió por completo y me indicó con la mano que entrara. Dudé antes de hacerlo, pero finalmente lo hice. La luz de la sala se encendió en cuanto di los primeros pasos dentro. Me quedé parada en medio y escuché que la puerta se cerraba a mis espaldas. Mi espalda se tensó un poco, miré hacia la habitación y noté a mis cosas puestas ordenadamente sobre la cama.
—Yo voy a cambiarme —dije sin mirarlo y caminé hacia la habitación. Tomé rápidamente mis cosas y me encerré en el baño. Busqué mi teléfono rápidamente y marqué el número de Isabel. Timbró dos veces y contestó.
—¿Vas a venir? —preguntó de inmediato. Por como sonaba, parecía que la pequeña reunión estaba yendo de maravilla.
—No, lo siento. Es que necesito que vengas por mí —dije tratando de bajar la voz lo más que pude—. Estoy en un aprieto.
—¿Cómo un aprieto? —preguntó seriamente. Escuché que murmuraba en el fondo y luego que el sonido de a poco se estaba haciendo menos atronador—. Ahora sí, dime dónde estás. Vamos ya.
Le dije rápidamente la dirección y dijo que estaba en camino. Cuando colgué, me quité el vestido rápidamente y me puse mi ropa. Doblé todo y salí del baño. Coloqué la ropa en la cama y salí de ella.
—Bueno, ha sido un gusto —dije mientras me dirigía rápidamente a la puerta sin darle una mirada a Aarón, pero no contaba con que estaba a unos pasos de la puerta. Me paré en seco. Su rostro no tenía expresión alguna, simplemente me miraba, a toda yo, desde la punta de mis pies hasta mi cabeza. Me puse nerviosa.
Un poco de su estoica expresión se rompió cuando lamí mis labios y puse un cabello que se había salido de su lugar tras mi oreja. Un tipo de tensión cubrió mi cuerpo y apreté mis manos. A este paso me iba a lanzar a este hombre y no me importarían las consecuencias. En un tipo vaga lucidez, tomé una respiración, lo rodeé y puse mi mano en la manija de la puerta. La abrí, pero su mano la cerró de inmediato. Tomó mi cadera y me giró. De alguna forma me levantó con su brazo alrededor de mi cintura y se pegó a mí. Sentí su respiración sobre mis labios y al siguiente ya me besaba.
El beso fue… fue todo lo que nunca podré imaginar.
La ferocidad con la que nuestros labios se encontraba hacía que mi piel se caliente y mi cuerpo se pegara aún más al suyo. Aarón reaccionó con un sonido gutural lleno de intensión y yo cedí completamente, mi voluntad se rompió. Pasé mis dedos por su cabello y el metió su mano por debajo de mi blusa, tocando mi ombligo.
Sentía que iba a explotar. Sus labios se separaron de los míos y tomé el aire que necesitaba. Comenzó a besar mi cuello.
—Creo que me gusta tu olor —murmurar contra mi piel.
Mi respiración era agitada, pero escuchar su voz me volvió lentamente a mis sentidos.
—No —dije tratando de separarlo empujando su pecho. Se detuvo. Su mirada era salvaje y estaba nublada por deseo, tal como la mía—. No puedo hacer esto. Esto no está bien.
Retiró su mano de mi ombligo y separó nuestros cuerpos levemente. Mi corazón golpeaba fuertemente contra mi pecho.
—¿Qué no está bien? —preguntó.
—Tú —respondí mirando a sus ojos—. Yo. Esto es un error.
—Hey —dijo tratando de tomar mi rostro con sus manos, pero no se lo permití. Lo obligué a que se alejara a mí poniendo mis manos sobre su pecho y empujarlo.
—Esto fue un error —Apreté mis ojos—. Tú eres un error.
Tragué ante lo último que dije, tomé la manija de la puerta la abrí y tras darle la última mirada, salí.

Hace más de 3 años

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rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

muy buena historia, me gusto.

rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

revisa al comienzo donde dice "El lugar era impresionante, too era muy elegante" me imagino que quieres decir todo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

GRACIAS. Me alegro que te haya gustado, espero lo siga haciendo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

gracias por decírmelo, no me había dado cuenta :) :)

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 3 años

Una vez lejos de ellos. Revisa. Lo importante es que el texto es interesante y mueve a seguir leyendo.


#13

CAPÍTULO 6 (parte 1)

Los dos golpes sobre la mesa me hicieron sobresaltar. Regresé a ver a Isabel.
—¿A vos que te está ocurriendo? —preguntó mientras apoyaba sus manos sobre la mesa—. Andas como divagando la mayor parte del tiempo. Además, no has querido salir conmigo ni una sola vez. No sé cómo aceptaste desayunar con nosotros.
Tomé el vaso con jugo de naranja y bebí un sorbo.
—Por si no lo sabías, estamos en exámenes finales y se supone que debemos estudiar —recalqué—. Y ¿de qué estás hablando? He estado perfectamente.
Alzó las cejas.
Sonreí inocentemente para ocultar la verdad.
Ya había pasado dos semanas desde que salí de la habitación de Aarón y no volví a saber de él. Sabía que me estaba tomando más tiempo del que debería olvidarme de nuestro encontrón, pero sabía también que pronto se me pasaría. Se supone que así funcionaba esto de coquetear. Le daba una semana más y perdería el interés completamente.
Isabel tronó sus dedos frente a mi cara.
—¿Ah? —dije volviendo de mis pensamientos.
—¿Sí ves a lo que me refiero? —dijo Isabel mientras miraba a su novio. Él únicamente asintió—. Ha estado volada, completamente volada.
—Sabes que las pruebas me vuelven un desastre —me excusé—. Entre esto y aquello se van mis pensamientos.
—¿A dónde exactamente? —preguntó—. ¿Tal vez a la habitación de un lujoso hotel en el centro, en la que, según tú, no pasó nada?
Entrecerré mis ojos hacia ella y ella sonrió en respuesta.
—No pasó nada —repetí por deseaba vez. Decían que repetir las mentiras mil veces las volvían en verdad. Esperaba que realmente fuera cierto.
—Y yo y Miguel no tenemos sexo —dijo. El chico se atoró con su bebida y lancé una risita incómoda—. Sí ves, nadie se lo cree.
Negué con la cabeza mientras Miguel se despedía de Isabel. Aparté la mirada cuando los vi aproximarse para besarse y sólo volví a mirarlos cuando se despidió de mí. Agité mi mano y se fue.
—Ya en serio, ¿qué pasó? —Se cruzó de brazos. La miré por un momento y luego aparté la mirada.
—Tal vez nos besamos —murmuré. Fue como si lo hubiese dicho con un megáfono. Los ojos de Isabel se abrieron a tal punto que creí que se saldrían.
—¡¿Lo besaste?! —gritó.
—¿Qué? ¡No! —respondí—. ¡Él me besó!
—Y supongo que lo rechazaste —dijo con entusiasmo. Podía ver la diversión en su rostro.
—Bueno…
Lanzó un chillido demasiado alto. Vi alrededor de nosotras y varios estudiantes nos quedaban viendo. Mi rostro se sonrojó.
—Pero lo hice —dije para menguar su emoción—. Claro, después de un rato.
—Tienes que contarme cada detalle —dijo fijando sus ojos en mí—. Sin omitir los no tan decentes.
—No hay detalles no tan decentes —sentía que mi rostro estaba en llamas—. Solo fueron un par de minutos a lo mucho.
—Un par de minutos… —dijo pensativa. Luego sonrió como si le hubiese dado un premio—. ¿Y lo tocaste?
—Yo no —respondí inmediatamente. Aunque luego me acordé que mi cuerpo se apegó al suyo por un momentos y tuve que apartar la mirada por la vergüenza.
Se mordió los labios mientras sonreía.
—Entonces él sí —dijo pensativa—. Dios, esto sí que es emocionante. ¿Cómo es que se llamaba?
—Aarón —respondí—. Pero ya dejemos ese tema…
—Ni hablar, no me has contado nada todavía —dijo con una mueca—. No puedo creer que me hayas escondido esto por dos semanas. ¡Dos semanas! Yo te cuento todo. Todo —Y era verdad, no obviaba detalles, aunque yo no quisiera saberlos—. Pero a ti tengo que sacarte todo con cucharadas. Lo de Pedro tardé días en sacártelo y con esto dos semanas. Dime algo ¿en la siguiente cuánto será? ¿Tres semanas? ¿Un mes?
Con un poco de suerte, no volvería a tener que contarle ningún desliz de mi parte.
—¿Te ha llamado? —preguntó.
—¿Cómo lo haría? —dije con una risita—. No le di mi número.
—Dijiste que te habían llamado para que devolvieras el celular, eso quiere decir que tienen tu número —razonó—. Que él tiene tu número.
También lo había pensado, pero no le tomé mucha atención en los primeros días. Fue cuando llegó el cuarto día de no saber de él que me comencé a preguntar por qué no llamaba. La estúpida parte de mi conciencia hacía que le preste atención a mi celular, cosa que antes no hacía.
Alcé mi hombro con indiferencia. Afortunadamente dejó de hablar del asunto y mencionó que tenía un examen. Me tomé el jugo de golpe y envolví lo que quedaba del sánduche de queso en servilleta y lo metí en mi cartera. Hice lo mismo con el celular, no pensaba volver a estar expectante cada vez que sonaba.
No más y desde luego no por él.
¬---------
—¿Donde siempre? —preguntó el señor que llevaba las cajas de libros en el carrito.
—Sí, gracias —dije mientras volvía mi vista hacia la factura, repasando que la cantidad de libros fuera correcta. La campana de la puerta sonó.
—Buenas tardes —saludé antes de alzar la vista. Cuando lo hice, vi a mi hermana caminar hacia donde estaba—. No pensé que vendrías —comenté.
Ella se quedó viendo al señor que apilaba las cajas en conjuntos de tres.
—Dije que lo haría —dijo mientras apartaba la mirada—. ¿Mamá?
—La llamaron hace poco y salió —contesté.
—¿Quién? —preguntó mientras dejaba su mochila en el suelo—. ¿Un hombre tal vez? —sonrió.
—Es más posible que tú dejes de ir de fiesta que ella salga con alguien —dije.
Y era la verdad. Mamá no había salido con un hombre desde que papá… Bueno desde que papá se fue. Había pasado diez años, pero ella no daba señales de haberlo superado ni de querer hacerlo.
Ella golpeó suavemente mi brazo.
—Muy graciosa.
El señor se acercó a la caja y me pidió que firmara la factura. Lo hice rápidamente y se fue.
—¿Qué tal el colegio? —pregunté mientras tomaba su cara y la examinaba. Lo soportó por unos segundos hasta que aparó mis manos.
—Bien —respondió.
—Qué bien —comenté mientras me dirigía hacia las cajas. Abrí la primera y entró a mi campo de visión la portada del primer libro de la saga Lux. Arrugué mi nariz un poco. No es que me desagradara la nueva portada para esta edición, pero a mi parecer las anteriores eran mejores por mucho. Tomé el libro entre mis manos y observé con detenimiento el libro, hice un repaso de las páginas. Cualquier defecto de imprenta significaba que serían regresados.
Repetí el proceso con cada libro. Serena se unió a mí cuando iba por la mitad.
—¿Has estado bien? —preguntó. Regresé mi vista hacia ella, pero ella seguía revisando el libro.
—Claro —respondí. Lanzó una respiración.
—Ayer la escuché llorar —dijo dejando el libro en la caja. Miré al frente, encontrándome con la ventana que daba con la calle. Yo también la había escuchado y no pude quedarme dormida hasta que dejé de escucharla—. Es como si comenzara a penar por él desde ya.
Cerré mi boca y tragué tratando de abordar la conversación lo mejor que podía.
—Sé que te enoja —comencé, pero me interrumpió.
—¿Que me enoja? —preguntó sarcásticamente—. No me enoja, lo odio. Odio completamente este mes. Odio lo que le hace a mamá, odio lo que te hace a ti. Odio lo que le ha hecho a nuestra familia.
La miré sin saber qué decir.
—Y no odio a papá, nunca podría odiarlo —se quedo callada por unos segundos—. Odio al amor, lo odio porque destrozó a mamá y acabó contigo.
Me acerqué a ella y la tomé de sus brazos.
—Escucha, Serena —comencé—. Entiendo que creas que odias al amor, pero entonces ¿qué es lo que sientes por mamá? ¿qué es lo que sientes por mí? No puede ser algo muy lejano al amor. Y ya sé que mamá llora por la pérdida de papá, pero estoy segura que si le preguntamos, nunca diría que preferiría no haberlo amado. Sin su amor no estaríamos aquí.
Ella me miraba muy atentamente, negándose a ceder ante mis palabras.
—¿Y ese amor de qué te ha servido a ti? —preguntó.
—Para recordarlo —respondí—. Me ha servido para recordarlo.
Su mandíbula comenzó a temblar y lágrimas inundaron sus ojos.
—No quiero llorar —dijo mientras se limpiaba las lágrimas—. Y no quiero que mamá llore, o que tú dejes de dormir para evitar las pesadillas.
La abracé y ella hizo lo mismo. Y permanecimos así hasta que sonó la campanita de la puerta.
---------
Aarón
Permanecí en el auto hasta que la luz de la librería se apagó y la vi salir. La calle estaba casi desierta, pero ella comenzó a caminar con despreocupación en dirección contraria al carril, como lo hacía desde que la había comenzado a seguir. Me bajé del auto y comencé a seguirla desde el otro lado de la calle.
La noche era fría, más de lo normal, pero en lugar de tomar el autobús en la parada más cercana como solía hacer, se colocó sus audífonos y continuó caminando. Después de un tiempo comprendí que no se dirigía a un lugar en particular, tampoco iba hacia su casa porque caminaba en dirección contraria.
Cuando ya habíamos caminado un poco más de ocho cuadras sin girar hacia ninguna calle alterna, repentinamente se giró. Crucé la calle y esta vez la seguí a unos metros de distancia, era o más cerca que había estado de ella desde la última vez que la vi. Alcanzaba a escuchar cómo tarareaba la letra de alguna canción. Sonreí ante lo tierno que era. Giró en la siguiente esquina y cuando hice lo mismo, me encontré con ella parada frente a mí. Lanzó una patada a mi entrepierna que no pude frenar por la sorpresa.
Lancé un gruñido de dolor y me abalancé hacia ella previniendo el siguiente golpe que ya se dirigía hacia mí. Tomé su brazo y la atraje hacia mí para abrazarla. En cuanto nuestros pechos se tocaron, ella lanzó una patada a mi canilla que terminó por hacerme caer sobre mis rodillas.
—Espera —dije alzando mi brazo para detenerla—. Soy yo, Aarón.
—Lo sé —dijo mientras ponía sus manos sobre sus rodillas para ponerse a mi altura. Sonreía. Estaba jodidamente sonriendo.
—¿Entonces por qué me has golpeado? —pregunté mientras trataba de ponerme de pie.
...

Hace más de 3 años

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Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

Me has hecho seguir tu historia hasta este punto, espero y puedas continuarla. Es muy fácil identificarme contigo, me gusta como escribes y tranquila esos pequeños deslices de palabras pegadas o repetidas son muestra de la que inspiración cuando llega se aprovecha. @Valeria_96

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

@Isacar No sabes cuanto agradezco tu comentario, en un momento subiré la siguiente parte. Gracias de nuevo y espero te siga gustando. :)


#14

CAPÍTULO 6 ( parte 2)

—Mmm… —su rostro adquirió un aire pensativo—. Número uno, me estabas siguiendo y eso es completamente retorcido. Número dos, trataste de abrazarme y te dije que no hicieras eso…
—Fue para detenerte…
—Y número tres —Siguió como si no hubiese hablado—, me besaste. Sin mi permiso —Lo dijo de una manera que pareció ser lo que más pesaba dentro de las tres razones.
Se irguió y comenzó a caminar de vuelta. Fui tras ella casi inmediato, intentando disimular el cojeo. Esta chica pegaba fuerte.
—Si vuelves a poner un dedo sobre mí —advirtió sin dejar de caminar—, te romperé cada uno.
No dudé que pudiera hacerlo. Antes de que pudiera decir alguna cosa, ella comenzó a hablar.
—Estoy a un paso de llamar a la policía. —Toda la oración lo dijo con un gruñido—. ¿Sabes lo extraño que es que estés ahora conmigo? Porque eso significa una cosa, que me seguiste.
—Por muy raro que parezca, no te seguí —mentí. Hasta yo admitía que era algo loco que la haya seguido. Y si supiera que lo había hecho una cuantas veces más, no estaba seguro de poderla detener de llamar a la policía—. Pero mientras pasaba por aquí, te vi
Ella se detuve de repente y se giró.
—¿Y pensaste que lo más sensato sería seguirme? —me miró fijamente. Sin tacones, tenía que inclinar el cuello demasiado para ver mi rostro. Y entonces la pude ver, ver de verdad. Sin mucho maquillaje lucía mucho mejor y sin duda sus ojos brillaban aún más. Aunque no sabía si era por el enojo o porque realmente brillaban así todo el tiempo. Realmente esperaba que brillaran de esta manera todo el tiempo—. ¿Lo pensaste? —preguntó desconcertada cuando no respondí.
Me enfoque en otra cosa que no fueran sus ojos y fue en sus labios. Fue una mala, muy mala idea. Tenían una apariencia tan suave que quise volver a comprobarlo.
Lanzó un gruñido, me empujó y se dio la vuelta de nuevo.
—No puedo creerlo —murmuró. Llevó su mano hacia cabello y se desató el moño desordenado que llevaba. Las ondas cayeron libres, las alborotó y continuó caminando.
No dijo nada mientras cruzábamos la distancia que había dado desde su habitual parada. Giraba de vez en cuando su cabeza para enviarme una mirada llena de furia. De alguna manera no me atrevía a decir ni una palabra, sentía que iba a empeorar su enojo.
Cuando llegamos a su parada, se sentó y decidió volver a ponerse los audífonos mientras esperaba el autobús. Me paré a su lado y esperé pacientemente. De repente se retiró los audífono y preguntó:
—¿Por qué sigues aquí? —La exasperación se notó en cada sílaba.
—Esperaba a que llegue tu autobús —respondí.
—¿Por qué? —preguntó de nuevo.
—Porque, a mi parecer, usar audífonos en una calle tan solitaria es peligroso.
Se quedó callada y después de unos segundos, enrolló el cable y lo guardó en su mochila. Se aclaró la garganta y miró hacia otro lado. Vi mi oportunidad de hablar.
—Y a disculparme por lo que hice. Me refiero a lo del beso —dije.
Lentamente ella volteó a verme lentamente. Su quijada se movió mientras me examinaba, parecía en busca de algo. Apretó los ojos y murmuró algo inteligible para mí.
—Bien —dijo sin dejar de mirarme.
—¿Bien? —pregunté en busca de una respuesta más clara.
—Bien —repitió.
—¿Entonces disculpas aceptadas? —pregunté de vuelta.
—Depende de lo que quieras que signifique —respondió. Una leve brisa fue hacia ella y sacudió su cabello, quitándole los cabellos que caían en su cara. Me distraje un poco por eso—. Si crees que significa, “ok, hagámoslo de nuevo”, no, no las acepto. Pero si crees que significa, “ok, amigos”, pues sí. Tómalo o déjalo.
Lo tomaba, por supuesto que lo tomaba. Y sólo me había costado dos patadas.
—Lo tomo —dije mirándola. Ella suspiró.
—Bueno, pero déjame de mirarme así —dijo mientras señalaba mi cara.
—¿Así cómo? —pregunté mientras sonreía.
—Justo así —dijo. No entendía cómo era eso—. Así no se miran los amigos.
—¿Y cómo se miran los amigos? —me atreví a preguntar. Se quedó callada por un momento mientras pensaba la respuesta. Finalmente se rindió.
—Yo que sé, pero así no —Me reí ante su respuesta y ella sonrió de medio lado.
Escuché al autobús aproximarse y me apresuré a decir.
—¿Puedo tener tu número?
Aseguró la mochila en su brazo.
—Emm. Creo que ya lo tienes.
—Sí, pero no se sentía bien usarlo. No me lo diste.
Se quedó quieta por unos segundos mientras me miraba fijamente. Negó lentamente con la cabeza. Se aproximó al autobús cuando se detuvo. Creí que no me daría una respuesta cuando subió el primer escalón, pero dio la pedía vuelta.
—Pues ahora tienes mi permiso —y se subió.
Y yo me quedé sonriendo como un idiota.

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Cada vez más envuelta con la historia. Me encanta!

Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

Las buenas historias son como droga, siempre necesitas leer mas.


#15

Entramos al tocador e inmediatamente veo como gruesas lágrimas se desprenden de los ojos de Alexa.

Nerviosa y sin saber que decir, acaricio su espalda. Fuertes sollozos escapaban de sus labios y no puedo resistirme, la abrazo. No sé cuanto tiempo pasó, pero finalmente su llanto cesa y aflojo mi abrazo. Ella se aleja y veo como sus rostro está enrojecido y su maquillaje estropeado.

—Gracias —dice en tono apagado por el llanto.

—No he hecho nada —digo para restarle importancia.

—Has hecho mucho, empezando por no darme el discurso de "No te preocupes, hay muchas opciones" no sabes cuanto lo odio —dice con vista en el espejo, veo la tristeza en sus ojos.

—Lo siento —digo afectada por su tristeza y apenada a la misma vez. Alexa deja de limpiarse el maquillaje y regresa su vista hacia mí.

—Te acercaste a ella solo porque ella estaba con Alec y creíste que me afectaría —digo avergonzada.

Alexa me ve un rato y luego niega con la cabeza.

—Veo algo en esos ojitos —dice Alexa acercándose a mí y tomando mis hombros en sus manos.

—No es nada —digo bajando la mirada.

—No no no no —dice, no iba a dejarlo pasar—. Conozco esa mirada porque es la misma que tuve cuando esa perra se metió con Sebastian —dice con la mirada de comprensión.

—¡Se metió con Sebastian! —digo sorprendida. Ella asiente.

—La muy perra lo hizo, pero fue antes de que estuviera con él —dice— Sé que puede generar dudas y debes estar pensando que Alec no es como creías, pero él te quiere, lo puedo ver en sus ojos —dice amablemente.

Bajo la mirada aun más, ella no sabe la verdad, pero lo cierto es que me siento muy decepcionada de Alec y lo estúpido de esto era que no eramos nada. No tenía derecho a estarlo.

—Por favor, solo no pienses en eso, quítate esas ideas de la cabeza —me pide Alexa dándo un ultimo apretón en mis brazos. Arregla en silencio su maquillaje y ahora se ve como antes, cualquier persona que no la conozca diría que está muy bien, pero sé que no lo está.

—De acuerdo, estoy lista regresemos —dice en el mismo tono alegre de cuando la conocí.

Sonrío ante su valentía. Nos dirigimos hacia la puerta. Cuando la abro me sorprendo al ver dos hombres parados en la puerta como escoltas.

—Por favor necesito ir —dice una chica de no más de quince años.

—Ve al otro, hay uno al lado del pasillo —dice Alec. La chica frunce sus cejas y se aleja un poco molesta.

—¿Qué están haciendo? —dice Alexa en un tono divertido.

Sebastian da vuelta y busca con la mirada a Alexa, sus ojos se iluminan y yo me hago a un lado para que pueda ir con ella. Él la abraza y le da un beso.

—¿Está todo bien nena? —le pregunta. Alexa se separa un poco de él y dice:

—Mejor que nunca —reponde sonriendo, da una mirada hacia mí— Creo que encontrado una amiga —dice mirándolo y lo abraza.

Él apoya su mentón en la cabeza de Alexa, alza su mirada y gesticula un gracias hacia mí.

Asiento y siento que de repente mi rostro enrojece. Unas manos rodean mi cintura y veo que son sus manos. Las suaves y fuertes manos de Alec.

Él me mira y pregunta:

—¿Todo bien?

Lo miro y veo la realidad. Él y yo no somos nada, esto es solo una farsa, parte de un favor. ¿Cómo podía ser tan estúpida como para tener un mínimo sentimiento hacia él?

Lo miro y trato de que mi mirada transmita que todo está bien. Con un esfuerzo extra, sonrío y digo:

—Claro, todo está bien.

Su mirada me dice que no me cree, pero no tratare de hacer nada para arreglarlo.

Entre menos vinculo, menos sentimiento y por lo tanto me iré menos dolida.

Al apartar la mirada me doy cuenta como Alexa me mira y sé que sabe lo que estoy pensando.

Hace más de 3 años

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#16

—Damas y caballeros, con ustedes Sebastian Rivera.

El hombre sonríe ante la presentación que hizo su esposa. Ella se ve muy hermosa.

Todas las personas aplauden con ímpetu pero sin dejar de ser educados, Alec no lo hace, pero yo si lo hago. Sebastian sonríe, aprieta a Alexa contra él y le da un beso en la frente. Cuando los aplausos cesan, la voz del hombre resuena por toda la sala.

—Gracias por tal maravillosa presentación y gracias también por su presencia —dice con una sonrisa que simplemente cautiva a todos.

Continua el discurso y escucho atentamente como un gran proyecto hotelero está empezando en una nueva zona costera adquirida por él. Se presentan imágenes del terreno y una simulación de cómo se verá todo.

Todo está maravilloso y pudiera admirarlo mucho más si tan solo Alec soltará mi mano. Eso no permite que me concentre.

La presentación acaba, meseros con bandejas aparecen por todos lados y todos comienzan a formar grupos una vez toman sus copas. Noto que Amanda avanza hacia nosotros. Ya tiene una copa en su mano.

—Apresúrate hacia Sebastian, tienes que presentar nuestra intensión de trabajar con él en el área de tecnología —le dice a Alec. Él toma mi cintura para acercarme a él.

Siento que mis ojos se abren como platos. Mi cuerpo experimenta una serie de descargas eléctricas al sentir los firmes músculos de sus brazos en mi cintura. ¿Por qué hace esto?

Amanda mira su brazo alrededor de mi cintura y luego mira mi rostro, yo automáticamente me sonrojo.

Sonríe y dice:

—Eso es todo, me voy —deja su copa en la bandeja de un mesero que pasaba y se dirige su paso hacia la salida.

Cuando ella se pierde entre los grupos de personas, Alec suspira, suelta mi cintura y mira mis ojos. Lo miro también. Sé que mi rostro muestra mi urgencia por salir de aquí, he permanecido callada desde que nos despedimos de Sebastian y Alexa.

Mira mi mano como pidiendo permiso para tomarla y yo sólo asiento. La toma y siento el calor de su cuerpo a través de su mano. Miro nuestras manos unidas y experimento un sentimiento de gusto. Sonrió involuntariamente y soy atrapada por la mirada de Alec que también sonríe.

—Así me gusta, Dulce, sonríe —dice tomando mi mano.

¿Dulce? Lo miro, pero él ya tiene su mirada dirigida hacia la salida. Mi mente trata de salir del estupor. Al pasar, miro a Alexa y me detengo. Alec regresa su vista hacia mí.

—Me despediré —digo, el asiente y nos dirigimos hacia la pareja.

Alexa alza su mirada y inmediatamente se aleja de Sebastian y me abraza. Mientras me abraza susurra a mi oído.

—Por favor no lo hagas, primero escucha, ¿está bien? —sé que trata de ayudar, pero en este momento. Se separa de mí y se despide de Alec. Sebastian hace lo mismo, dirige su mirada hacia mí y me agradece de nuevo.

Una vez terminada la despedida, nos dirigimos hacia el ascensor. Subimos al octavo piso, entramos a la habitación y encontramos a un grupo de personas.

—Ayudaremos a desvestir a la señorita —dice un chico, que no había visto antes.

—No lo creo —dice Alec de repente a la defensiva.

—No lo haré yo señor, lo hará la persona que ayudo a ponérselo anteriormente —dice el hombre son un atisbo de sonrisa.

Alec accede y de inmediato me encamino a la habitación. Me quito la ropa con la ayuda de la misma chica que me ayudó antes, y me pongo la ropa que traía puesta. La chica me pregunta un par de cosas de la fiesta y respondo lo más atenta posible dado el estado de ánimo que tenía.

Salgo de la habitación lista para salir de aquí. El grupo de personas guarda todo en sus maletines y sale por la puerta. Agradecí a todos y Alec también lo hizo. Ahora estamos solos. Un silencio incómodo se forma en el ambiente y sin saber qué hacer ni decir, tomo mi bolso y me encamino hacia la salida.

Lo veo parado algunos pasos lejos de la puerta con sus manos metidas en los bolsillos de sus pantalones. Siento que soy mal educada al irme sin decir nada así que siento la necesidad de hacerlo.

—Bueno, supongo que eso es todo, espero haber ayudado —digo mirándolo a los ojos, su mirada es neutra, no muestra ninguna emoción. Al ver que no dice nada, continuo:

—Adiós y gracias por todo —me dirijo hacia la puerta y paso de él.

Ni siquiera escuché sus pasos, solo sé que cuando abrí la puerta, apareció de repente y su mano inmediatamente la cerró. Toma mi muñeca y gira mi cuerpo hasta pegarme de espaldas a la puerta. Pone su mano extendida a un lado mío y sostiene mi muñeca con su otra mano.

Ni siquiera puedo comprender qué paso. Dirijo mis ojos hacia los suyos. Veo que tiene una mezcla de irritación y determinación en ellos. Su rostro está muy cerca del mío cuando dice:

—No recuerdo haberme despedido, Dulce.

Hace más de 3 años

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#17

No podía respirar. Si tan sólo me movía un centímetro, nuestros labios se tocarían o más bien, mis labios tocarían los suyos. No, no, no, me reprendo a mí misma. Sus labios tocarían los míos porque era él el que no se movía. ¡Dios estoy divagando!

Su mirada es intensa, muy intensa. Tomo su brazo y trato de empujarlo para poner salir, pero él lo fija con más fuerza. Suspiro, entonces intento con la mano que sujeta mi muñeca, pero la aprieta. No duele, pero sí la sujeta con firmeza.

Vuelvo a mirarlo y veo diversión en sus ojos. Me estoy comenzando a enojar y voy a decir algunas palabras desagradables. No me importa si nuestros labios se tocan, de todos modos no significaría nada, aunque la sola imagen provoca que mi cuerpo se estremezca.

—¿En qué piensas tanto? —pregunta Alec.

—En que si no me das mi espacio personal, vas a perder a tu descendencia —digo lo más agresiva que puedo.

Él suelta una risita, lo cual me molesta aún más.

—Sería una lastima, destruirías una descendencia excepcional —dice mirándome a los ojos.

—Excepcionalmente arrogante —digo para contraatacar, pero inmediatamente me arrepiento porque se apega aún más a mí y puedo sentir el calor de su cuerpo. Eso me enoja y al mismo tiempo hace cosas extrañas a mi cuerpo.

—Aléjate de mí o grito —advierto y trato de apartarlo.

Cuando está a punto de responder a mi advertencia, tocan la puerta. Abro los ojos y veo mi oportunidad para gritar. Él sorprende mi mirada y rápidamente quita su brazo de mi lado y cubre mi boca.

—¿Si? —dice Alec mandándome una advertencia con la mirada.

—Disculpe, creí escuchar algo —dice una mujer que seguramente es una camarera.

Abre un poco la puerta y muestra su cabeza en el espacio abierto.

—No pasa nada, no se preocupe —dice Alec para tranquilizarla.

Aprovechando su descuido golpeo su entrepierna con mi rodilla. Él se dobla en dos, entonces me alejo y abro la puerta.

La camarera sigue ahí. la miro y sonrió.

—Tiene razón, no pasa nada, no se preocupe —digo.

Nunca volveré a verlo así que, para qué sentirme mal por lo que acabo de hacer.

Dirijo la ultima mirada a la habitación.

Y me voy.

Hace más de 3 años

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#18

Dos semanas han pasado y estoy tan agobiada por las finales que no puedo pensar en nada más. Ok, Ok tal vez no es del todo cierto, si pienso en Alec, más tiempo del que debería, pero pronto se me pasará, se supone que así funciona.

—¿A vos qué te ha estado ocurriendo? —pregunta Isabel en un susurro ya que estamos en la biblioteca.

—¿Qué quieres decir? —respondo con otra pregunta. No entiendo lo que dice.

—Las últimas dos semanas has estado muy distraída y eso por no decir volada —dice Isabel en su particular acento colombiano.

—Es el estrés de las pruebas —respondo bajando la mirada a los libros para terminar la conversación.

—Mira como me mentís —dice Isabel con los ojos entrecerrados, aunque decide pasar de tema— ¿Y cómo vas con esa Isis? —pregunta.

Suspiro.

—Lo mismo de siempre. En los dos últimos trabajos, solo me ayudó en uno —digo evadiendo que sólo me ayudo por diez minutos en esa ocasión.

—Pero ¿qué le pasa a esa pelada? —dice alzando la voz un poco más de lo permitido en la biblioteca. La bibliotecaria alza la mirada y nos dirige una mirada de advertencia.

—Baja la voz —le susurro.

Isabel hace unas muecas hacia la bibliotecaria, lo que hace que sonría con diversión.

No decimos nada más y continuamos estudiando para nuestra siguiente prueba.

****

—Nunca te he pedido nada Amanda —digo.

—¡No! Lo haré yo misma —dice.

—Se negará —digo tratando de conseguir lo que quiero.

—Se negara, sí tu la llamas —dice en tono recriminatorio.

Estoy seguro de que, en cuanto escuche mi voz, colgara, pero solo quiero escucharla. No es que me importe, solo quiero probar mi punto, cosa que no pude hacer con el golpe que recibí la ultima vez.

—Sabes que puedo conseguir su número si quiero —digo.

—Entonces ¿por qué no lo has hecho? —dice Amanda dándome la cara.

—Bueno entonces llámala y convencela —digo resignado.

—¿Por qué estás tan empeñado en conseguir su número? —pregunta Amanda cruzándose de brazos.

—Es solo curiosidad —respondo alzándome de hombros.

—Ella no es como las mujeres con las que sueles estar —dice Amanda y luego veo que su mirada cambia a intriga—. Hablando de mujeres, no has estado con ninguna desde hace dos semanas —finaliza y su mirada me examina.

—No es como si te hubiera avisado —digo tratando de restar importancia.

—Es verdad —dice con una sonrisa y comienza a alejarse. Estoy a punto de decirle que la convenza a toda costa, pero eso levantaría sospechas. Con el pensamiento me reprendo a mi mismo ¡Sospechas de qué!

¡Diablos!

****

—¿Qué hay para mañana? —dice Isabel a través de la cámara.

—No lo sé, estamos en clases distintas, recuerdas —digo examinando mi cuaderno.

—Por tu culpa —me acusa—. No tomaste las clases en el aula que habíamos quedado.

—No fue mi culpa —digo en un tono inocente.

—Mira tan bella la niña —dice con sarcasmo.

Cuando iba a defenderme, suena mi teléfono.

—Hablamos luego —digo cerrando la conversación.

Tomo mi celular y veo que es un número desconocido. Estoy a punto de no contestar, pero recuerdo que Isis me avisó que cambio de número y tal vez era ella.

—Hola —digo en un tono dudoso.

—Melanie, soy Amanda —contesta, su voz es firme, como la recordaba.

—Sí, lo recuerdo ¿Ocurre algo? —pregunto tratando de mantener a mi tono a raya.

—La verdad sí, ¿Recuerdas a Alexa? —dice.

—Claro que sí —digo. ¿Cómo podría olvidarla?

—Te ha invitado a desayunar —dice sin preámbulos.

¿Eh? Trato de dar sentido a lo que acabo de escuchar. No sé que decir, si me invito a desayunar, quiere decir que a Alec también ¿O no?

—¿Sólo a mí? —pregunto

—No, también irá Alec

Mi corazón deja de latir por unos segundos, solo pensar en volver a verlo hace que me sienta nerviosa.

—Yo... —digo sin saber que decir— No creo que pueda —finalizo.

—Lo tendrás que hacer o eso será algo malo para Alec dice con un poco de duda en la voz.

—¿Cómo? —digo con un poco de miedo.

—Alec necesita eso, te necesita. Lo dejaste la vez anterior —dice en un tono acusador.

—Yo no quería... —empiezo a decir, pero me interrumpe.

—Entonces vendrás, te mandare por mensaje el día y la hora, alguien te recogerá —dice Amanda.

—No iré —digo rápidamente, pero ella ya colgó.

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Loca por leer ese nuevo encuentro entre ellos.


#19

**Viernes 8:00 a.m Envía tu dirección, te recogerán dos horas antes**

Eso era todo lo que decía el mensaje.

**No iré**

Respondí de vuelta.

Me acuesto en la cama de mi hermana y espero a que llegue la respuesta. Cierro los ojos he inmediatamente viene la imagen de Alec a mi mente. Abro mis ojos y digo:

—¿En qué piensas idiota?

—¿Por qué hablas sola? —pregunta la voz de mi hermana. Miro hacia la puerta y ahí está parada mirándome con una sonrisa en su rostro.

—¿Puedes dejar de asustarme? —pido mirando hacia la pared. Ella se ríe y se acuesta a mi lado.

—¿Qué te ocurre? —dice dándome un golpe con su hombro.

—Nada —digo con tono ausente.

—Cuando vienes a mi habitación y te acuestas de esta manera en mi cama, es que pasa algo.

—No es nada, solo es la universidad —digo restandole importancia.
—Has estado rara últimamente —dice en un tono para si misma—. Ya sabes que estoy aquí y me puedes contar lo que quieras —finaliza y toma mi mano.

—Parece que eres la mayor —digo en un tono divertido—. Ese es mi trabajo —la golpeo en el hombro.

—¡Qué te pasa! Soy menor, acaso mi perfecto cutis no lo prueba —dice con un tono de suficiencia.

Golpeo su hombro de nuevo, ella suelta una risita y hace lo mismo, comenzamos a hacer lo mismo repetidas veces entre risas. De repente suena mi celular. Me detengo y mi hermana también. Tomó mi celular y leo el mensaje.

**Entonces le daré tu número a Alec, para que lidie contigo**

Abro mis ojos de golpe, ¡Me está chantajeando!

**Cambiare de número**

Respondo rápidamente.

-¿Qué pasa? —dice mi hermana estirando su cuello para observar mi celular.

Cubro mi celular y trato de cambiar de tema.

—¿No tienes tarea? —digo, ella entrecierra los ojos y antes de que diga algo, me alejo.

Entro a mi habitación y cierro la puerta. Llega un mensaje.

**Será lo último que hagas por nosotros, por Alec, está visto que no te agrada, así que después de esto, no lo volverás a ver, te lo prometo**
**No, me desagrada**

Respondí sin pensarlo.

**¿Entonces vendrás?**

Bajo la mirada, no sé que hacer, la ultima vez que lo vi, fue cuando estaba doblado del dolor por el golpe que le di, debería disculparme pienso, pero una voz en mi interior dice ¨Si claro, esa es la razón¨ empujo a la voz y escribo.

**Está bien, iré ,pero a las diez necesito estar en otro lugar**

Presiono enviar. Al poco tiempo recibo una llamada, es Amanda.

—Llegarás, lo prometo, no necesitas vestir nada en especial, aquí lo haremos, envía tu dirección, hasta entonces —y cuelga.

¡Ni siquiera un gracias! Digo mirando al celular. Entonces la sensación viene a mi cuerpo, los nervios. ¡Lo volveré a ver! Bueno faltan tres días, así que todavía tengo tiempo para prepararme mentalmente.

O eso espero.

Hace más de 3 años

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rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

cada vez mas interesante.


#20

—¿Desayunamos mañana? —pregunta Isabel

—No puedo, lo siento —respondo.

—Pero mañana es Viernes, siempre desayunamos juntas ¿Qué pasa? —dice sorprendida.

—Solo tengo algo que hacer —digo. Miro su rostro y veo que está herida— ¿Podemos, en la tarde, ir al cine? ¿Qué te parece? —repongo para arreglar las cosas.

—¿Me estás abandonando? —dice mirándome. Suspiro, he herido sus sentimientos.

—No es eso —digo tratando de enmendarlo, miro su rostro y veo que està totalmente devastado— La cosa es que... —digo tomando una respiración— La cosa es que hay alguien y....

—¡Ahh! —hecha un gritito. La miro y la devastación ha desaparecido de su rostro.

—¿Estabas actuando? —pregunto lo que es obvio, es una gran actriz.

—Lo sabía, ¡es alguien! —dice emocionada.

—Eres increíble —digo con una sonrisa resignada a su trampa.

—¿Tan difícil fue decirme? ¿Es guapo? ¿Es alto? ¿Besa bien? —dice impulsivamente por la emoción.

—En primer lugar nunca dije que fuera hombre y en segundo lugar, no fue difícil decirte, ya que no era algo que contar

—A mí no me mentís —dice apuntándome con el dedo— Se ve en tus ojos.

Abro mis ojos ¿Se ve en mis ojos?
—jajajajaja nos vemos mañana y me cuentas todo ¿entendiste? Absolutamente todo —dice mientras se aleja y sube a su auto.

Yo me quedo parada en medio del estacionamiento preocupada por mis ojos.

¿Realmente se ve en mis ojos?

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Me pude imaginas la escena a perfección jajaja esa Isabel no tiene un pelo de tonta.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Si no lo tiene ggg


#21

—¿Señorita Betancourt? —dice un señor bien vestido desde la puerta de un auto muy familiar. Miro fijamente el auto, lo recuerdo, de algún lado.

Pero no sé de donde exactamente.

—Si lo soy —respondo. Me acerco a él. Sé quién es, es la persona que habían enviado en mi búsqueda.

El señor se acerca a abrir la puerta de atrás, agradezco, haciente con la cabeza y cierra la puerta. Entra en el asiento del conductor y comienza a alejarse de mi casa. Ni siquiera pude despedirme de mamá, estaba dormida y no quise despertarla.

Vamos un tiempo en marcha y desde que entré al auto noté que el señor ve por el espejo retrovisor hacia mí repetidas veces.

Para romper el hielo pregunto su nombre.

—William señorita —dice el hombre en un acento muy marcado que antes no había notado.

—¿Habla ingles? —pregunto en el idioma. William suspira y responde que si.

—Yo también —digo sonriendo. Oh, ahora está sé por qué ha estado viéndome, está nervioso por el idioma.

—Lo siento estaba muy preocupado, porque tal vez no me entienda —dice William.

Solo me rió. Tenía razón, era el idioma.

—Disculpe la pregunta, pero se me hace un poco conocida ¿Nos hemos visto en algún lugar? —dice William examinándome.

Lo miro y trato de recordarlo, pero no puedo hacerlo.

—¿Vive en la ciudad? —pregunto. Él niega con la cabeza— Entonces no lo creo. O tal vez no lo recuerdo, lo siento —digo dándome por vencida.

—Tal vez solo es una impresión —dice en un tono sin importancia, luego se pone más serio y pregunta algo que no me lo esperaba.

—¿Desde cuándo conoce al señor, nunca la he visto?

—En realidad no lo conozco —digo. Su mirada se vuelve más severa que antes.

—Entonces ¿Por qué va hacia él? —dice curioso.

—No es porque quiera al cien por ciento, es solo un favor —explico.

—Hemos llegado —dice y mi corazón se cae.

Él me mira y dice:

—Es la habitación 210, octavo piso —dice, yo asiento y bajo del auto.

Entro y veo que Amanda está parada al frente, al notar mi presencia se acerca.

—Tenemos que arreglarte ¡De prisa! —dice sin si siquiera saludar.

Ya estaba acostumbrada así que, solo la seguí.

****

Llegamos a la habitación y observo que únicamente dos personas está esperando.

—¡Apresúrense! —dice Amanda mientras sale por la puerta.

—Disculpen al parecer no tiene modales —digo.

Ellas me arreglan en silencio y en una hora estoy lista. No es algo que yo usaría para un desayuno, pero que más da.

Dan dos golpes en la puerta y una de las chicas se dirige a abrirla.

Es William. Viene a buscarme.

Salgo, tomo el brazo que me ofrece William y nos dirigimos hacia el ascensor. Mientras esperamos William me dice que me veo muy hermosa, murmuro un gracias y me sonrojo.
El ascensor se abre y salimos, damos unos cuantos pasos.

—A partir de ahora ella tomara mi brazo, gracias William.

Es su voz. De nuevo puedo escuchar su voz.

Y no hago más que apretar el brazo de William.

BardemPure
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Oh no! Quiero seguir leyendo ! Me has envuelto con tu historia!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Mañana seguro continuo... Me alegra que te haya gustado


#22

Me vestí en otra habitación por qué no quería incomodarla. Bueno, bueno, no es cierto, Amanda me lo advirtió y no le hubiera dado la mayor importancia si no hubiera advertido que no me daría el número de Melanie.

Ahora estoy esperando a que bajara, ya que tampoco podía verla antes del desayuno. Ya estaba perdiendo la paciencia ¿Por qué las mujeres se tardan tanto?

Tomo mi celular con la intención de marcar a Amanda cuando suena el timbre del ascensor.

Inmediatamente la veo, es lo único que puedo ver, no miro nada más, veo que su rostro está sonrojado y es cuando veo que William la tiene de su brazo.

Me acerco con rapidez y digo a sus espaldas:

—A partir de ahora ella tomara mi brazo, gracias William.

Notó que ella aprieta el brazo de William, ni siquiera regresa su mirada lo cual me hace pensar que tal vez necesite verme del todo.

Camino frente a ella, ella automáticamente mira mi rostro y desvía la mirada. Está asustada y nerviosa puedo verlo en sus ojos.

—¿Puedes mirarme a los ojos? —digo en un tono suave. Ella lentamente levanta su rostro y veo que su mirada es determinada. Sonrió al ver su coraje y pongo mi brazo en posición para que lo tome. Ella mira mi brazo y lentamente desenvuelve su brazo del de William. Le agradece y lentamente toma mi brazo sin apretar mucho. Yo tomo su brazo, lo envuelvo totalmente y lo afirmo al mío. Veo sus ojos. Por dios, su ojos. Me dirijo a William y veo que tiene la mirada de concentración hacia Melanie, me parece un poco extraño, pero decido no hacer caso.

—Gracias William —digo.

—No ha sido nada, Alec —dice y se aleja discretamente.

Cuando finalmente lo veo desaparecer, me dirijo a Melanie. Me doy cuenta que únicamente vi su rostro y no noté qué vestía, tenía curiosidad ya que Amanda hizo todo un lió por eso. Tomo su otro brazo y la pongo suavemente al frente mío, miro que tiene una interrogación en su mirada así que digo:

—Solo quédate así por un momento.

—No me molestaría que digas "por favor" —dice en tono severo. Si que tiene un temperamento.

No hago caso y la miro. Mi respiración se detiene por un momento. Lleva puesto un short blanco de tela que se ajusta perfecto a sus realmente estimulantes piernas y lo cual las hacen aún más estimulantes los tacones color nude. Lleva una blusa tela gasa de color celeste cielo que combina con la corbata que me dio Amanda.

Lleva un cardigan color nude que le llega hasta más abajo del short. Tiene un pequeño y delicado collar color plata en su esbelto cuello que hace conjunto con sus pendientes tipo perla pequeña. Su cabello esta suelto con suaves ondas que caen sobre sus hombros.
Su maquillaje es delicado y dulce, perfecto en ella.

—¡Melanie! —dice alguien emocionada, giro hacia la voz y veo que se están acercando Alexa y Sebastian.

Melanie tiene una sonrisa en su rostro y en cuanto Alexa se acerca a darle un abrazo ella lo recibe con mucho entusiasmo. Se hacen sus saludos y sus elogios mutuos yo saludo a Sebastian quien también es ignorado por su esposa, las chicas comienzan a charlar sobre algo que Melanie no hizo, lo cual atrae mi atención.

—Creo que sería mejor ir a desayunar, antes que terminemos olvidados por completo —dice Sebastian sujetando delicadamente la cintura de Alexa.

Ella ríe, y Melanie sonríe con diversión. Aprovecho el momento para sujetar la maño de Melanie. Decido molestarla un poco.

—¿Vamos golpeadora? —digo. Ella me mira suspicazmente y luego dice:

—Claro acusador —toma mi mano y seguimos a la pareja que nos miran divertidos.

—No juegues conmigo Alec —dice Melanie muy bajito cerca de mi oído. Antes de que aleje su cara la tomo entre mis manos y la acerco a la mía.

—No acepto trampa —digo

Ella ríe.

—Porque hablas de trampa, cuando no hay reglas —dice en contraataque. Toma mi corbata y la aprieta, yo la suelto de mi agarre.

Toma de nuevo mi corbata y la acomoda. Mira a mis ojos y veo su mirada.

Para contraatacar tomo su cintura y la acerco a mí. Me apego a su oído y digo:

—Mi especialidad son los juegos sin reglas ¿Sabes por qué? —pregunto, al ver que no contesta finalizo:

—Porque siempre ganamos los dos —le doy un beso en la mejilla— Y no hay límites.

Ella está paralizada, puedo notarlo porque su cuerpo está junto al mío.

Finjo no darme cuenta y continuamos caminando.

Hace más de 3 años

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#23

En el desayuno Alexa y yo conversamos de muchas cosas, una de ellas, que involucró un montón de comentarios sobre la prensa y de movimientos feministas. Tenía casi toda mi atención en ella, digo casi porque no podía olvidar las palabras de Alec.

Intercambiamos algunas platicas en pareja hasta que vino la pregunta por parte de Alexa.

—¿Y dónde se conocieron?
Los dos nos miramos y aprieto su mano para que me deje hablar, pero al parecer él lo interpreto como si le diera la palabra y los dos respondimos al mismo tiempo

—"En el aeropuerto" "En un bar"

Alexa nos mira con curiosa.

—Queremos decir que fue en el bar de un aeropuerto —repongo para no despertar sospechas.

—Oh —dice Alexa— ¿Y cómo fue?

—La verdad es que Melanie me coqueteaba abiertamente, así que decidí darle una oportunidad —dice Alec. Piso su pie ante la respuesta.

—No es cierto, Alec coqueteaba con por lo menos tres chicas cuando lo conocí —digo mirándolo.

—No dulce, yo no coqueteo, yo voy directo al punto —dice Alec mirándome.

—Sí, lo recuerdo —digo con tono de sarcasmo. Alec suelta una risita.

—La verdad es que estábamos en el bar, por error tomé su celular cuando me fui y cuando subí al vuelo me di cuenta —explica.

—Sí y después de un momento me di cuenta, pero cuando salí a buscarlo ya no estaba, en fin, es una historia larga —digo

—E interesante —dice Sebastian, quien opina por primera vez.

—Si, lo es —dice Alec.

Algo llama mi atención, veo hacia esa dirección. Es William mostrando su reloj. Inmediatamente me doy cuenta de lo que trata de decir.

—Emmm —comienzo a decir— Disculpen, pero tengo que retirarme primero.

—¿Por qué? —pregunta Alec y piso de nuevo su pie lo cual hace que inmediatamente diga en medio del dolor:

—A sí, ahora lo recuerdo. Lo siento nos retiramos

—Es una pena —dice Alexa.

Comenzamos a despedirnos, Alexa pide mi número y se lo doy, Sebastian se despide muy educadamente y pide luego hablar con Alec en privado. Una vez me reúno con William, pregunto.

—¿Es muy tarde?

—Lo es, pero llegaremos, pero no tendrá tiempo de vestirte. He recogido sus cosas.

—Pero no puedo ir así —William me envía una mirada exasperada— Ok, ok, no importa, podemos irnos.

—Claro —dice William.

—Un momento —dice Alec— ¿A dónde vas?

—A mi universidad —respondo rápidamente y luego al darme cuenta de que tal vez no lo vuelva a ver, digo:

—Adiós fue muy bueno conocerte.

El saca de su bolsillo, su celular y lo tiende hacia mí.

—Tu número —ordena.

Dudo por un instante y cuando estaba a punto de tomar el celular una voz dice:

—¿Alec?

Miro hacia la voz y sin duda es ella, Kendra. Aprovechando la distracción de Alec, doy la vuelta y desaparezco de su vista.

Y de su vida.

Hace más de 3 años

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Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

Vivo esta historia con ansiedad jeje. aun enganchada!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Me alegro que te cause ansiedad... gracias por seguir leyendo. :) :)


#24

—¿Llegaré a tiempo?

—Seguro que si señorita, no se preocupe.

William avanza con más rapidez por las calles, y en cinco minutos ya estamos fuera de mi facultad. Cuando el auto se detiene frente a la facultad, todas las personas del alrededor dirigen sus ojos hacia él.

William se baja y abre mi puerta, yo dudo por un instante al salir ya que no quería que todas las miradas estén en mí, pero no podía negarme, así que salgo. William toma mi mochila y una bolsa en la que puse mi ropa. Un gemido se escapa de mis labios. No me cambie de ropa y todos me iban a ver con esta.

—Bueno señorita, dirija el camino.

Estoy a punto de decir que no es necesario que me acompañe, pero sería mal educado de mi parte, así que sólo camino hacia adelante.

Al subir las escaleras notó que todas las personas a mi alrededor no apartan la mirada de mí y creo que no ayuda el hecho de que un hombre, alto, que me triplica en peso y vestido con un impecable esmoquin, me acompaña.

Al llegar a mi clase, suspiro con alivio al ver que él maestro no ha llegado. Giro y veo que William examina a toda la gente de mi alrededor.

—Gracias Willian, sin ti no lo hubiera logrado, gracias por todo, Amanda podra tener su ropa para la tarde —digo.
Él extiende mis cosas hacia mí, las tomo y dice:

—No es nada señorita, fue un placer. Y por la ropa, no creo que sea necesario devolverla.

—Quiero devolverla y puedes llamarme Melanie —digo, pero me doy cuenta de que lo más seguro es que no lo vuelva a ver.

—Digo, para algún día que nos encontremos por casualidad.

—Está bien —dice William.

Sonrío.

—Nos vemos, algún día, por ahí —me despido y entro a mi clase.

A penas doy una paso dentro, todos ponen su atención en mí. Rápidamente me dirijo hacia la parte de atrás y me siento queriendo que todos me ignoren, pero al mirar hacia el frente veo que todavía no me han quitado la vista de encima. Finjo no darme cuenta, tomó mi celular y comienzo a mandar un mensaje a Isabel, pero ni siquiera me da tiempo.

—¿Dónde está? —grita Isabel desde la puerta. Todos miran hacia mí, respondiendo a su pregunta. Ella dirige su vista hacia donde miran todos y abre sus ojos como platos.

—¡Oh por dios! —dice casi a gritos mientras se dirige hacia mí.

—¿Puedes bajar la voz? —pido una vez está más cerca de mí.

—Tienes que contármelo todo, todos dicen que bajaste de un auto muy costoso y que un hombre te dejo en la puerta de la clase ¿era tu cita? ¿Y esa ropa? ¿Cómo fue? —lanza una decena más de preguntas, pero antes de poder abrir la boca para decirle que le contaría luego. Una voz anuncia:

—Compañeros el maestro no vendrá, el examen será el lunes —dice Henry, pero nadie lanza grititos de emoción, están más pendientes de lo que yo responda.

Henry se acerca a alguien para preguntar que está pasando y cuando alguien le dice, regresa a ver hacia mí. Ahora veo que se aproxima ¡Oh dios lo que me faltaba!

—¡Melanie! —dice con sorpresa—Hoy estas hermosa.

Oh, gracias por hacerme saber que los demás días no me veo hermosa. Respondo en mi mente.

Antes de poder decir algo, Isabel dice:

—Aléjate, ella está tomada —toma mi bolsa y mi mochila— Vamonos.

Me pongo de pie y salgo ante la vista de todos.

—Dejen de mirar ¿qué nunca han visto a una mujer? —dice Isabel hacia todos.

Nos dirigimos hacia afuera y le pido ir al baño. Tomo la bolsa de ropa y me cambio.

Cuando salgo, Isabel me regaña por haber cambiado mi atuendo, pero dice que ve algo en mis ojos y pregunta por ello.

—¿Qué ha ocurrido?

—No mucho, solo desayunamos, no hubo química —digo muy convincente.

—Por lo menos disfrutaste de un desayuno gratis —dice Isabel.

—Es verdad —digo lo más convincente, puesto que me estoy debilitando. ¿Cómo pude crear lazos tan rápido? ¡Qué tonta!

—Bien ahora podemos ir a desayunar —dice Isabel.

—Pero yo ya lo hice —digo

—Solo una arepa —dice Isabel.

—Está bien.

Cuando salimos del baño todos miraban con curiosidad, pero al ver que mi atuendo había cambiado, perdieron todo el interés. Solo les llama la atención lo que ellos consideran fino, bonito y elegante.

Y lo mismo ocurre con Alec.

Pronto perderá el interés, no creo ser su definición de fino, bonito y elegante.

Hace más de 3 años

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rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

genial, lo he leído de corrido desde el comienzo, me gusto.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Me alegra te haya gustado... gracias por leerme :)


#25

—Oh vamos William, solo dime dónde vive

—No creo que la señorita quiera eso

Llevo más de una hora intentando persuadirlo, pero no he conocido hombre más necio.

—¿Ella lo dijo?

—No, no lo dijo

—Entonces ¿cómo lo sabes?

—Porque se despidió.

—De ti, no de mí —digo un poco molesto con él. Si no le tuviera tanto afecto, despediría al hombre.

—¿Por qué insistes tanto por una chica? Que yo sepa, nunca lo has hecho. Sólo son una compañía para ti.

—Lo más probable es que vuelva a necesitarla —respondo de lo más simple. William me mira con firmeza.

—Con ella no vas a jugar, ella no es un reto, ten cuidado. Ahora me retiro, tengo trabajo que hacer.

Y me deja con sus palabras, no sé porque razón siento enojo. No quiero jugar con ella, solo quiero conocerla mejor, sería una buena amiga. Una persona en su sano juicio no dejaría pasar una amistad así y mucho menos a una persona como ella.

Tengo que encontrarla. Pero la pregunta es ¿Cómo?

****

—¡Cómo que regresarás esa ropa!

—Lo tengo que hacer, no me quedare con nada —digo lo más firme.

—Pero ¿cómo así? Déjamela a mí —dice Isabel en un tono suplicante.

—No esta vez, mejor acompáñame a dejarla. Incluso lo harás tú —digo al recordar que tal vez Alexa o Sebastian estén por ahí y no quería que me vean.

—¡Yo! ¿Por qué no haces esa vuelta tú? —me pregunto curiosa.

—Porque no quiero encontrarme con él, sería algo incómodo —digo y era verdad, no lo quería ver, bueno si quería, pero no era lo correcto.

—Está bien pelada, pero tenes que llevarme al cine, no te olvides —dice Isabel.

—¿Lo dejo en recepción?

—Sí, habitación 210, solo tienes que decir que quieres dejar esto para esa habitación, es tan simple como eso, te esperare aquí ¿ok? —digo con tono de ánimo y le doy la bolsa.

—Lo que se hace por vos, pelada —dice, sonrío y ella se aleja.

****

Despues de cordinar con Sebastian, quedamos en encontrarnos. Cuando salgo hacia la entrada para tomar mi coche, notó que una señorita de muy buena presencia, es decir, un muy buen cuerpo, se acerca hacia la recepción y dice:

—Buenas tardes ¿será que puedo dejar algo para una habitación?

—Claro señorita.

—Muy amable señor —extiende una bolsa y se la entrega— Habitación 210.

Eso llama mi atención. La señorita se aleja y yo rápidamente me dirijo discretamente hacia la salida al igual que ella.

Se me detiene el corazón cuando la veo. Esta ahí parada esperando, su amiga habla desde atrás y ella gira. Su rostro se ve tan inocente como siempre. Ella dice algo, pero no puedo escucharlo, estoy muy lejos, su amiga le responde y toma su mano. Ella mira por un instante hacia mí y me oculto, pensando que tal vez me puede ver. Mira un poco más y se aleja. Su amiga llama a un taxi, actuó rápidamente y voy en busca de un taxi.

Tomo mi celular y marco a Sebastian.

—Estoy retrasado, lo sé solo espera un momento —dice Sebastian.

—Escucha, surgió algo con Melanie, podemos quedar mas tarde —digo.

—Claro, ¿ella está bien? —pregunta.

—Nada grave.

—Eso espero, nos vemos luego —dice y cuelga.

Tomo el taxi y le pido que siga al otro taxi.

Está es mi oportunidad.

Y no la voy a desperdiciar.

Hace más de 3 años

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#26

—Y entonces ¿qué película? —pregunto mirando hacia la cartelera.

—Una con mucha sangre —dice Isabel.

—Mmmmm, elegiste la vez pasada esta vez me toca a mí —digo examinando la cartelera. Examino cada película detenidamente, tenemos que ver una muy buena. Al final, casi al tope de la cartelera veo la portada de la película que he estado esperando hace mucho tiempo. Suelto un gritito y señalo hacia la película, no tengo palabras. Isabel dirige su mirada hacia donde apunta mi dedo.

—¿Yo antes de ti? —pregunta Isabel. Yo asiento con entusiasmo.

—Bueno pelada, pero ¿no es muy ñoña? —pregunta tratando de leer la descripción.

—¿Ñoña? —pregunto confundida.

—Cursi, romántica, besitos, abrazos —explica Isabel.

—No, para nada —digo tratando de no hacer caso a lo que dijo, de lo contrario seguro que la mataría ahora mismo por decir algo así de un libro.

Pagamos la entrada, comparamos un combo de palomitas y esperamos a la película.
Mientras pasaba la película y llegaba la parte triste, gruesas lágrimas caían por mis mejillas, pero trataba de no hacer ningún ruido, en cambio Isabel lloraba como si su perrito hubiera muerto, yo trataba de consolarla, pero no tenía remedio, incluso una chica le pregunto si quería un pañuelo.

Cuando terminó la película, todas las chicas pasaban por el tocador para revisar su maquillaje arruinado.

Isabel tenía el rostro enrojecido y su maquillaje totalmente corrido, trató de arreglarlo, pero como no fue posible, decidió quitárselo. Yo en cambio tenía el maquillaje levemente corrido, no había llorado mucho, leí el libro y creo que las lágrimas de un año quedaron agotadas, así que no era un completo desastre.

Isabel me reclamo por haberla hecho ver una película tan triste, me excusé diciendo que no lo sabía. Salimos y ella tomo un taxi para su casa —su auto estaba averiado— y yo tome el bus. No quería tomar un taxi, así que no me importo subir al bus, aunque no contaba con que iba a ir tan lleno.

Cuando estaba a unas cuantas manzanas de mi casa, me bajé del bus y continué caminando.
La calle de mi edifico está desierta. Excepto por un taxi que se acababa de paquear. No le doy importancia así que busco las llaves en mi mochila.

Abro la puerta principal y entro. Mientras subía por las escaleras me quité los zapatos que llevaba. Mis pies me agradecieron inmediatamente, aunque no son tacones sino unas bailarinas, esa clase de zapatos también podían llegar a ser un infierno para mí. Cuando al fin llego a mi piso, abro rápidamente la puerta.

Estoy muy cansada y por fin podía descansar.

Y mañana también.

****

¿Por qué había tomado bus? ¿Acaso no tenía dinero para un taxi?

Estuve a punto de bajarme del taxi en que estaba para ir con ella en el bus, la pude ver a través de la ventana y casi no soportaba como la empujaban y la apretaban, menos mal y a su alrededor solo había mujeres, porque de otro modo no hubiera soportado.

Me sorprendió al ver que se bajo del bus únicamente para caminar. Me preguntaba en qué estaba pensando y al mismo tiempo en qué estaba pensando yo al estar siguiéndola como un completo acosador.

Cuando llegamos a un edificio, muy alto pero no lujoso, mas bien muy sencillo, aunque no demasiado, un lugar tranquilo donde parecía que vivía gente decente, Melanie se detuvo y miró hacia el taxi por un instante. Inmediatamente me oculte. Después de un momento pregunte al taxista:

—¿Ya no está mirando?

—No, solo lo hizo por un momento. Está a punto de entrar, parece que está buscando sus llaves ¿Por qué la seguimos señor? ¿No es un secuestrador? ¿O sí?

—Por supuesto que no —digo un poco ofendido, aunque mis acciones no hayan sido la mejor guía para este señor. Entiendo al taxista—. La conozco y quiero enviarle un regalo, solo quería su dirección.

—¿Y por qué no se la pidió a ella?

—Es muy terca.

—¿Es una mujer que quiere conquistar? ¿Le gusta? —pregunta el taxista con una sonrisa.

Me quedo paralizado ante su pregunta ¿Por qué la sigo? ¿Por qué me tomo el tiempo para seguirla? ¿Por qué me gusta el hecho de que sonría con frecuencia? ¿Por qué me disgusta el hecho de que no tome un taxi, que es más seguro? ¿Me gusta? Suspiro resignado:

—Creo que si, creo que me gusta.

Estoy perdido, pero ahora ya no hay regreso, no si ella no me acompaña en el. Solo habría un regreso con ella.

Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Me sigue encantando cada día. :)

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

@Dyna_87 Gracias por leerme y por tus palabras me animan mucho :) :)

rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

completamente de acuerdo, te mantiene atrapado.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Les agradezco completamente @Dyna_87 y @rudaru por no abandonarme y por darme ánimos para seguir.


#27

—Despierta —dice una voz. Suelto un mmmmm.

—Hija tendré que ir a una reunión de urgencia, volveré en unas horas —dice mamá en mi oído. Se ha sentado en mi cama.

—Ok mamá, te amo mucho —digo abriendo un poco los ojos, para mirar donde está. Me levanto y la abrazo.

—Yo también cariño, dejé dinero donde ya saben, si quien salir háganlo, si quieren cocinar háganlo, pero si hacen pastel esta vez asegúrense de que sea azúcar y no sal, ¿ok? —dice mamá dándome un beso en la frente.

—Te prometo que parecía azúcar —digo recordando la escena de todas haciendo caras cuando probamos el pastel.

—Estoy segura de que sí, pero esta vez pruebenla —dice dándome un ultimo abrazo.

Daniela me despertó al poco tiempo de que mamá se fuera y lo hizo para que viera televisión con ella. Cuando voy a acostarme en el sillón esperando a que Daniela salga de su habitación y encienda el televisor, ella aparece con las manos llenas de al menos una docena de películas.

—¿Lista? Son los capítulos de Uncontrollably Fond —dice Daniela.

—Por supuesto —digo. Decidimos primero bañarnos y cambiarnos para comenzar y media hora más tarde. Estamos listas para ver las películas, pero Daniela tiene hambre así que vamos a la cocina y buscamos los paquetes de palomitas instantáneas.

—No hay y ahora ¿qué vamos a hacer? —pregunta Daniela.

—Mira —digo mostrando el recipiente con canguil —, hay para hacerlo nosotras mismas —digo agitandolo.

—¡Qué bueno! Yo pondré el agua —dice animadamente Daniela.

—¿Agua para qué?

—Para las palomitas.

—No se hace con agua, Daniela.

—¿A no? Pues bueno encárgate de eso y yo me voy a preparar todo por allá —anuncia y se aleja. Definitivamente fue Daniela la que me pasó la sal para el pastel.

Termino de hacer las palomitas y las llevo a la sala. Una vez llego, comenzamos a ver los capítulos. Cuando terminamos el cuarto capítulo paramos porque Daniela tiene màs hambre, aunque yo también un poco, ya han pasado cinco horas.

Regresamos a la cocina y encargo a Daniela lo más fácil ya que no es nada hábil en la cocina. Comienzo a sacar lo que iba usar y colocarla en la mesa de mármol del centro, Daniela habla.

—Al parecer la vecina tiene un nuevo novio.

—¿Por qué lo dices? —pregunto mientras me dispongo a lavarme las manos.

—Hay un auto esperando al frente, tal parece que subió de categoría, el auto es muy lujoso. Me parece que lo he visto antes en algún lado.

—¿En serio? —pregunto curiosa. Tomo una cebolla y comienzo a picarla.

—Supongo que de algún lado. Creo que es un auto muy común ahora que lo pienso bien —responde.

—Si es común ¿Por qué dice que ha subido de categoría?

—Por el chico que espera fuera del auto, está muy, pero muy guapo.

Me limpio las manos y tomo una uva antes de acercarme a ver, soy humana y lectora, es decir soy curiosa por naturaleza. Cuando veo por la ventana, me atraganto con la uva y al dirigir mi mano hacia mi garganta, golpeo la ventana, lo que hace que el chico dirija su mirada hacia arriba. Inmediatamente retrocedo. Mi hermana golpea repetidas veces mi espalda, me da un vaso con agua y una vez estoy calmada pregunta:

—¿Què ocurre? ¿Lo conoces?

Oh claro que lo conozco, pero no se lo iba a decir.

—No solo fue mmmm, el auto. Muy bonito —miento tratando de redirigir la conversación.

—¿En serio te gusta? —pregunta dudosa con su mirada de "no te creo"

—Claro —digo dirigiéndome de nuevo a picar la cebolla.

—Sigue, esperando ¿por qué la vecina no baja? —dice Daniela.

Quizá porqué probablemente la vecina no conoce a Alec, respondo en mi mente.

¿Qué está haciendo aquí?

Hace más de 3 años

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#28

Continuo cocinando aunque no puedo concentrarme del todo. Varias veces veo hacia la ventana. Me está tentando.

—Sigue mirando aunque ahora hacia nuestro piso.El piso de la vecina es aún más arriba —dice en un tono condescendiente— Ni siquiera sabe dónde vive. Esa vecina es muy inteligente.

—Eso creo —comento tratando de poner toda la indiferencia posible en mi tono.

—Es muy guapo, alto, musculoso y tiene cierta clase. Definitivamente la vecina está en ascenso —dice en tono de admiración. Mi cuerpo se tensa por mi molestia ante sus palabras.

—Tal vez sea mucho mayor a ti —digo sin mirarla a los ojos. Tengo miedo de que vea lo molesta que estoy por su comentario.

—Y no es mi tipo, lo mío es más bien, más caribeño, latino, se nota que él es ario. Europeo —dice en un tono indiferente. No le gustan los europeos. Y siempre los nombra como si fueran un insulto.

Suelto un suspiro.

—Los arios tienen ojos claros y cabello claro, él no los tiene, sus ojos son casi negros —digo reprendiendo a su comentario de "arios". Sigue picando Melanie.

—¿Cómo sabes que sus ojos son casi negros? Desde aquí no se ve —dice. Se aleja de la ventana y se acerca a mí.

—Tengo mejor vista que tú —digo en broma. Ella usa lentes de contacto.

—Si claro, búrlate de tu hermana —dice dándome un golpe en el hombro y se aleja.

—¡Ya no está!

—¿Qué? —suelto el cuchillo y me dirijo rápidamente hacia la ventana. Ya no está.

—Se ha ido, bueno es decir, él se ha ido, su auto sigue allí.

Suspiro, tal vez solo es una coincidencia que este aquí. Ya se fue y ahora ya no tengo de que preocuparme.

****

La vi en la ventana. Trató de esconderse, pero la vi.

No iba a salir, lo sabía, tenía que averiguar cómo llegar hasta ella. Espere un momento viendo hacia su ventana hasta que se me ocurriera algo. Vi a una señora y a su hijo entrar al edificio. Me acerqué rápidamente viendo mi oportunidad.

—Disculpe, señora —digo tratando de que mi acento no se note demasiado. Aunque casi no lo tengo.

—¿Sí? —dice girando y mirándome amablemente.

—Estoy buscando a Melanie ¿sabe cual es el número de su departamento? Soy un amigo, me dijo que podía venir, pero he olvidado mi celular y no puedo llamar y preguntarle —digo intentando que me crea.

La señora me mira y dice:

-¿De dónde la conoce? ¿De las agencias de periodismo? ¿De la librería? —su mirada ahora es dudosa, pero no deja de ser amable.

—Yo la conocí en una librería —digo recordando que en su bolso había un libro el día que fue el evento.

—¡Oh! Claro, le encanta leer —dice — ¿Club de lectura?

Yo solo asiento. Ni siquiera sé que quiere decir eso. Ella asiente aprobatoriamente y me abre paso por la puerta. Lo he logrado.

—Es el departamento 12 en el tercer piso —dice, ahora distraída porque su hijo la jala hacia donde supongo es su departamento.

—Gracias —digo con una sonrisa. Ella sonríe de igual manera y me alejo hacia las escaleras pues el edificio no tiene ascensor.

Subo hasta el tercer piso. Mis piernas tiemblan por el esfuerzo, necesito volver a retomar el ejercicio. Avanzo por el pasillo y me detengo ante la puerta con el número doce. Doy tres golpes lo suficientemente fuerte para que me escuchen.

Escucho que se encaminan a la puerta.

Sonrío.

Lo he conseguido. La encontré y esta vez no se me va a escapar.

Hace más de 3 años

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#29

Daniela fue a contestar una llamada y yo continué cocinando. Ya faltaba un poco, tenía mucha hambre. Cuando estaba a punto de probar la salsa. Escucho el timbre. Debe ser mamá.

Me dirijo hacia la puerta y la abro.

—Hola Melanie ¡Qué sorpresa! —dice Alec.

Esos impresionantes ojos oscuros es lo primero que veo. Mi corazón se detuvo en cuanto escuché su voz. No creo ser capaz de decir nada, solo lo miro con asombro. Está usando una camiseta blanca cuello v, unos pantalones jean azules y unas zapatillas semi formales. Me fijo especificamente en las áreas en que su camiseta está muy pegada a su piel. Por ejemplo, sus biseps. Escucho un ruido dentro de la casa y eso me hace reaccionar. Me doy cuenta que lo estaba mirando demasiado y aparto mi mirada de su cuerpo. Él sonríe.

—¿Impresionada? —pregunta.

¡Qué si estoy impresionada! Ahora miro su rostro. Es muy guapo, con sus cejas pobladas, su cabello casi negro perfectamente despeinado hacia un lado, barba incipiente, parece mmm. Y sus ojos. ¡Dios! y su mirada. ¡Por supuesto que estaba impresionada!

—¿Qué estás haciendo aquí? —digo logrando salir de mi análisis de cuerpo y rostro. Examino su reacción en busca de algo que me diga que se dio cuanta de mi escrutinio de su cuerpo. No hay nada que me indique eso.

—No te despediste —responde simplemente.

—¿Y qué con eso? —digo en tono de voz bajo, para que mi hermana no escuche.

—¿Te acuerdas de nuestro juego sin reglas? —dice acercándose a mi rostro—Creo que habrá solo una. Despedirse. Recuerdas que dije que ganaríamos los dos —susurra a mi oído— Pues vine para eso —finaliza.

Un escalofrió recorre mi cuerpo, sentir su aliento cerca de mi oído hace que mi cuerpo se caliente. Trato de recuperarme lo más rápido posible, le diré lo que pienso, pero no aquí. Tomo su brazo y lo alejo de la puerta.

—No estoy interesada en tu juego —digo mirándolo aunque no fijamente. Él examina mi rostro y sonríe.

—Mentirosa —dice.

No podía mentir, era verdad, pero tampoco iba a preguntar a qué se refería. Su mirada es intensa, no la puedo aguantar. Hace que mi estomago se contraiga.

—Quiero que te vayas —digo desviando la mirada hacia la puerta. Daniela no tardará en venir por mí.

—No lo haré —dice apoyándose en la pared.
-Esta es mi casa, no puedes quedarte. Eso es ir por encima de los límites —digo molesta, no me gusta cuando se comporta así.

Él se separa de la pared y se acerca a mí con la mirada intensa. Yo me voy alejando hasta volver a estar en la puerta. Él toma mis brazos y me acerca a su cuerpo.

—Sin límites, dulce. Y Seré sincero, nunca he perseguido a una chica de esta manera, tienes algo Melanie, algo que no se ve muy seguido —dice mirándome a los ojos.

¿Me está coqueteando? No, no lo creo. ¿O sí? Trato de romper mis brazos de su agarre ya que el calor de su cuerpo no me deja pensar con claridad, pero no puedo. Él suelta un gruñido.

—Eres tan necia —dice ahora tomando mi cintura. Yo abro mis ojos aún más, ahora lo puedo sentir completamente.

—Me interesas Melanie y mucho —dice con una mirada intensa.

—¿Por qué? —pregunto en un susurro.

—¿Y por qué no? —responde.

—Apenas me conoces —digo, esta vez mirándolo a los ojos.

—Me gusta lo que conozco —dice y se acerca a mi oído para susurrar— Y también lo que he visto.

Sus palabras tienen algo implícito y me doy cuenta de lo que es. Inmediatamente mi cuerpo se calienta aún más. ¡Dios! ¿Qué me está pasando? Mis hormonas están en fiesta o qué.

Estaba a punto de decir algo cuando la puerta se abre.

—Se está queman...

No puedo regresar a ver, sé lo que está pensando y diciendo en su mente. Alec me suelta delicadamente y yo logro darle la cara mi hermana.

—No es lo que parece —digo inmediatamente.

—Oh no, para nada —dice mirándolo a él y sonriendo.

Se crea un silencio incómodo. No sé que decir, ni siquiera puedo moverme. Siento que mi rostro está sonrojado. Mi reacción parece a la de una niña de cinco años siendo descubierta en un acto muy malo. Se me sale un leve gemido y escucho la suave risa de Alec a mis espaldas. Maldito.

—Ya que mi hermanita no me va a presentar, lo hago yo misma. Soy Daniela, hermana de Melanie —dice animadamente dándome una mirada al acercarse y ofrecerle la mano a Alec— Hermana menor —aclara.

—Mucho gusto hermana menor de Melanie, mi nombre es Alec y soy su... —dice haciendo una pausa-...amigo.

—¿Amigo? —dice en un tono sarcástico. Niega con la cabeza— Está bien, mmm bueno ¿quieres pasar? Mi hermana tiene que cocinar, lo haría yo misma, pero seguramente lo echaría a perder ¿Entramos? —dice y yo la miro severamente. No puedo creer que lo haya invitado a pasar. Ella me manda una mirada de "¿Qué?"

—Claro, gracias —dice Alec. Toma mi cintura para hacerme avanzar. Estoy medio tentada a dar la vuelta y dejarlo inmóvil. Cuando estamos dentro y él suelta mi cintura, Daniela comienza a darle un discurso mientras lo conduce a la cocina.

Los miro atónita ¿acaso mi hermana está poniéndose de su lado? ¿Qué falta? ¿Qué mamá llegue a casa?

Cuando llego a la cocina me dirijo hacia la estufa a mover la salsa. Finjo no escuchar sus comentarios, estoy un poco molesta. De repente, Alec rodea mi cintura y me aprieta a su lado. Asoma su cabeza por sobre mi hombro. Le doy un fuerte codazo para que se aleje y l hace.

-¿Te gustan los espaguetis? tenemos pan de ajo, Melanie lo hizo ayer —dice Daniela.

Alec me mira y mientras frota su abdomen dice:

—Me encanta el pan de ajo.

¡Oh perfecto!

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Jajaja pobre melanie.... Me encanta. Tienes q revisar casi al final @Valeria_96 tienes una repetición de palabras.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias @Dyna_87 ya lo reviso y si pobre de ella. :)

Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

o.o haaaaaaaaaaaaaaaaaaaa que maravilla @Valeria_96 me encanta a donde has traído la historia. Eres genial de verdad una vez mas felicidades por tu trabajo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias @Isacar tu comentario hace que me sienta bien conmigo misma, gracias por tu apoyo, gracias por leerme y espero te siga gustando. :) :)


#30

—Y entonces ¿Son...amigos? —pregunta Daniela, mientras se sirve un vaso con agua.

—Claro —respondo antes que Melanie diga que no. Melanie está sentada frente a mí y con su hermana a su lado. Ella parece nerviosa y enojada ¡Qué divertido!

—Realmente apenas nos conocemos —dice Melanie, en ataque.

—¿A sí? —dice Daniela mirándome con una ceja arqueda.

—Lo que ella quiere decir es que apenas nos conocemos a nivel muy... personal —digo haciendo un énfasis en "muy personal", miro como ella abre sus ojos de la impresión.

—¡No es así! No hemos hecho eso —dice mirando a sus hermana que la está mirando como si fuera un bicho raro. No puedo dejar de sonreír, se ve tan condenadamente linda tratando de salir de un apuro.

—¿Y qué es "eso", Melanie? —pregunta Daniela con tono de burla.

—Sí Melanie ¿Qué es eso? —digo mirándola directamente. Me envia una mirada que promete venganza.

—Nada, no es nada —responde metiéndose un bocado de espagueti en la boca. Mastica furiosamente.

Quiero reírme, pero sé que sí me río en estos momentos, probablemente termine con un plato de espagueti en mi cabeza. Tomo un pedazo de pan y lo meto en mi boca preparándome para no hacer ninguna cara si no es de mi agrado.

Joder, es jodidamente exquisito. Una cosa más que me gusta de Melanie.

Con una amena conversación con su hermana, acabamos la comida. Melanie no ha dicho una sola palabra.

—Recogeré los platos —dice Daniela y comienza a tomarlos todos y se aleja hacia la cocina.
—¿Puedes irte? —pregunta Melanie cuando su hermana desaparece en la cocina.

—¿Por qué? —pregunto algo dolido por su rechazo, tal vez no le agrado. Ella suspira y dice:

—Mi hermana se está haciendo ideas.

Antes que pueda contestar, su hermana entra hacia el comedor.

—Me tengo que ir, tengo que hacer algo muy, pero muy importante, llamare a mamá en el camino, nos vemos y un gusto conocerte Alec —dice con una sonrisa y desaparece antes que Melanie pueda decir algo.

—Tu hermana es muy agradable —digo riéndome.

—Si claro —dice Melanie en tono sarcástico— ¿Ya te vas?

—¿No te agrado? —pregunto en su lugar. Ella me mira sorprendida.

—¿Por qué piensas eso? —pregunta. Yo me encojo de hombros— No es eso, me agradas, pero no me gusta que vengas a mi casa, no digo que no vengas nunca es solo que... —intenta encontrar las palabras— es muy repentino y no nos conocemos bien.

—No era mi plan entrar a tu casa. Solo quería encontrarte y como no tengo tu número no pude hacerlo. Lo siento si te incomodo —me disculpo.

—Está bien —dice suavemente— ¿Y cómo me encontraste?

Te seguí.

—El conocimiento es poder —respondo simplemente. Ella entrecierra sus ojos. Me encantan sus ojos.

—¿Puedes estar aquí? ¿No tienes cosas más importantes que hacer?

—De hecho si, pero no colaboras ¿Qué puedo hacer ante eso?

—¿Me estás culpando de algo? y ¿En qué no colaboro?

—Solo quiero tu número —digo tan simple como es.

—Iré a lavar los platos, puedes quedarte si quieres, cierra la puerta si te vas —dice poniéndose de pie y alejándose. Es tan necia.

Ahora puedo verla, lleva un par de jeans rasgados descoloridos con unas zapatillas blancas y una blusa blanca que deja ver una parte se su piel. Mi cuerpo reacciona ante tal panorama.

Desaparece y tomo un profundo respiro para mantener el control con ella.

Me pongo de pie y voy tras ella. Ánimo, Alec, a intentarlo de nuevo.

Hace más de 3 años

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#31

Tomo el delantal y me lo pongo. Tomo una bandita de mi muñeca y comienzo a peinar mi cabello con los dedos para atarlo en una coleta alta. Cuando estoy en la tercera vuelta de la bandita, entra Alec y se detiene abruptamente al verme. Mis manos están paralizadas en el aire, su mirada escanea mi cuerpo detenidamente hasta que se detiene en mi cintura. Lentamente bajo la mirada hacia donde está mirando, mi blusa está por encima de mi ombligo dejado a la piel desnuda a la vista. Hago la tercera vuelta de la bandita rápidamente y bajo mi blusa. Cuando vuelvo mi mirada hacia él sigue mirando mi cintura, solo que ahora está cubierta. Trato que mi cara no muestre nada, trato de mostrarme amable ante su presencia y no quiero echarlo, ya hice que se sienta mal y me sentí terrible por eso, pero él es demasiado, hace que quiera hacerlo.

—Me quedaré todo el día —anuncia. Apoyándose en el gabinete donde ponemos los platos, copas y demás cosas. Cruza sus brazos sobre su pecho.

Aunque su presencia me ponga muy nerviosa y me mire descaradamente, no lo sacaré de mi casa. No soy capaz. Comienzo a ponerme lo guantes.

—Puedes hacerlo, no me molesta, pero no puedo ponerte atención mientras lavo los platos —digo sin mirar hacia él. Me giro y comienzo a lavar los platos. Siento su mirada y estoy tentada a darme la vuelta, pero no lo hago. Resisto las ganas y me siento orgullosa por ello.

Continuo lavando, con nada más que el ruido de los platos al chocar unos con otros. Cuando estoy a punto de terminar, habla.

—¿Por qué no me darás tu número?

No respondo a la pregunta enseguida, quiero terminar con esto para poder enfocarme en esto completamente. Cuando he acabado, me quito los guantes pacientemente y los dejo a un lado.

—Nada personal, sólo no creo sea necesario —digo tomando cada uno de los platos y secándolos para ponerlos en su lugar. No responde, tal vez se rindió, no sé porque no me alivia eso, me molesta un poco.

Termino de secar los platos y me giro. Él sigue apoyado en el gabinete. Me dirijo hacia el gabinete para poner las platos en su lugar. Me paro frente a él y alzo mis cejas, él alza sus hombros y se hace a un lado.

Pongo cada plato con cuidado.

—Tal vez debería irme —dice de repente.

—¿Te iras? —pregunto rápidamente un poco desanimada. Él suelta una risita.

—¿Me lo has pedido varias veces y ahora no quieres que me vaya? —dice en un tono irónico.

Tiene razón. Primero quieres que se vaya, luego no quieres que se vaya. ¡Decídete Melanie!

—Puedes irte cuando quieras, iré a ver la televisión —digo suavemente. Cierro la puerta del gabinete y empiezo a alejarme de la cocina hacia la sala.

De repente, él toma mi muñeca y me gira hacia él. No sé como, pero estoy atrapada entre sus brazos.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto en tan sólo un susurro.

—Esto está mojado —dice cerca de mi oído, siento sus manos desatando el nudo del delantal, luego retira cuidadosamente el nudo del cuello, lo retira completamente de mí y se aleja.

¡Oh! Había olvidado el delantal.

—Toma —dice entregándome el delantal. Miro su mano extendida y tomo el delantal. En sus ojos veo que está un poco... triste o algo así. ¡Genial! De inmediato me siento mal por eso.

—Gracias —digo mirándolo y él hace lo mismo—. Ok, escucha he sido un poco mal educada, te he explicado por qué, más o menos. Además hace un rato, pensé que tú... —no sabía como decirlo ¿coqueteando?— como sea, no importa. Si quieres quedarte un poco, no me molesta y esta vez te pondré atención ¿Te gustaría quedarte un poco más? —ofrezco tratando de arreglar las cosas.

Sonríe. —Me gustaría.

Suspiro y le sonrío de vuelta. —Ok, entonces vamos —digo y hago una señal para que me siga. Cuando llegamos a la sala, él se sienta en el sillón del frente de la televisión después de mí.

—¿Qué te gustaría ver? —pregunto.

—Lo que estabas viendo está muy bien —dice con una mirada pensativa.

—¿Seguro? Es que, es un poco romántico —le advierto.

—Seguro.

Lo miro y en sus ojos veo todo lo que alguna ves quisiera ver en un chico, seguridad, confianza, delicadeza, fuerza. Sonrío y aparto mi mirada de la suya. Tomo el control de la mesita del centro y pongo reproducir.

Me concentro en la serie, aunque no se me olvida su presencia. Cuando dirijo mi vista hacia Alec, veo que tiene sus ojos cerrados. Probablemente se aburrió. Voy hacia mi habitación y tomo una manta. Lo cubro con ella y sigo viendo la serie.

No pasa mucho tiempo hasta que también me quedo dormida.

****

Abro mis ojos. Mi celular vibra en mi bolsillo. Cuando miro hacia el lugar de Melanie, veo que está dormida, su cabello está sobre su cara y su cuerpo retorcido en una posición incomoda. Noto que tengo una manta encima. Eso me sorprende ¿no debería cubrirse a ella misma?

La miro. Así es ella: amable y desinteresada.

Me levanto despacio y la tomo en mis brazos, ella se inquieta un poco, pero no se despierta. La bajo en el sillón más grande y coloco la manta sobre ella. Acomodo su suave cabello y la contemplo por un momento.

Mi celular vuelve a sonar. Me levanto, saco el aparato de mi bolsillo y miro quién es. Amanda. Le envió un mensaje rápido y con una última mirada a Melanie me dispongo hacia la salida. Se me ocurre algo antes de irme. Tomo su celular, que está en la mesa del centro, y marco a mi número para registrarlo en mi celular.

Una vez hecho, lo dejo en su lugar y ahora sí me dirijo hacia la puerta de salida.

Antes de cerrar la puerta. Pienso para mí mismo.

Me voy.

Por ahora.

Hace más de 3 años

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RedDany_5
Rango3 Nivel 13
hace más de 3 años

No lo puedo creer me has enganchado totalmente, no tengo ni palabras solo te puedo decir que me ha encantado sigue así y bueno ya tienes una seguidora mas


#32

—¿Dónde has estado?

—Fui a dar un paseo.

—¡Un paseo! ¡Un paseo! ¡Te has saltado otra reunión con tu abuelo!

—¿Qué dijo? —pregunto tranquilamente quitándome los zapatos y poniéndome cómodo en el sillón.

Amanda me fulmina con la mirada y creo que está a punto de sacudirme, le sonrío y doy unas palmaditas al sillón para que se siente a mi lado. Ella cruza sus brazos y por un momento no cede, doy tres palmaditas más a mi lado y con eso logro convencerla.

—Nada, le dije que estabas en una reunión con Sebastian —responde Amanda mientras se sienta. Todavía tiene los brazos cruzados.

—Lo ves, no ha ocurrido mayor cosa.

Amanda suspira resignada y pone sus delgados brazos sobre mis hombros.

—¿Podrías tomar esto con un poco más de responsabilidad? —pregunta con el tono que usaba conmigo cuando era niño.

—¿Qué crees que he estado haciendo? Cerraré el contrato con Sebastian, me he esforzado por ello, ¿no debería ser eso suficiente? —digo un poco molesto mientras me deshago de su agarre y me pongo de pie. Voy a mi habitación y me acuesto en mi cama para descansar un poco, en la noche seguro que Amanda tiene algo preparado para mí.

—Y estoy orgullosa de ti por eso, cerrar un contrato con Sebastian Rivera es algo duro y lo lograrás, pero sabes que para tu abuelo eso no será suficiente—dice entrando a mi sentándose a mi lado. Cierro mis ojos para darle un mensaje claro, quiero que se vaya. Suelta un suspiro— Si tan solo Lucia...

—¡No la nombres! —digo en tono mortalmente controlado. Amanda no se detiene y con calma dice:

—Han pasado diez años. Sé que la amabas más que a nadie, pero eso te ha estado destruyendo. Desde que no está con nosotros te has empeñado en hacer tu vida extremadamente miserable, haciendo que tu abuelo no confíe en ti. Tu abuela te defiende, mi padre está cada vez más preocupado por ti al igual que yo —toma una respiración y se pone de pie—. No sé como ayudarte, ¿me puedes decir cómo?

Hemos pasado por esto, un millón de veces. Vuelvo a decir lo de siempre.

—Ya te lo he dicho, nadie puede —me doy la vuelta y le doy la espalda. Ella rodea la cama para de todas formar mirarme.

—¿Crees que no lo he visto? Te conozco más que nadie, después que Lu... —se detiene y trata de recuperar el hilo de su discurso—. Sé que ella te importa y puedo ver porqué, se parece mucho —abro mis ojos y me siento apoyando mi espalda en el tablero de la cama. Ya que no me dejará dormir, decido hablar con ella, después de todo es la única con la que hablo.

—Si, tienes razón, se parece mucho a ella —reconozco sinceramente—, pero nunca podría acercarme demasiado a ella, ¿qué tal si la daño? ¿Qué tal si quito esa inocencia que tiene? Después de... —me callo, no quiero mencionar ni su nombre— Después de que todo pasó, me he convertido en mi padre, soy igual a él —ahí está, lo he dicho. Mi respiración ahora es agitada y los latidos de mi corazón retumban en mis oídos.

>>Sé que solo haré que se pierda a si misma, tarde o temprano lo haré, no quiero hacer eso- digo apartando las cobijas de la cama para acostarme.

Amanda se sienta rápidamente en la cama y me abraza.

—No eres igual a tu padre, el solo hecho de que no quieras hacerle lo que piensas que le harías lo prueba, no eres igual a él —no digo nada, solo dejo que me abrace y quiero abrazarla de vuelta, pero me resisto.

—Estoy cansado, Amanda, voy a dormir —digo y ella despacio se separa de mí— antes de darle la espalda, pregunto— Abra algo en la noche, ¿verdad?

Ella asiente.

—Reprogramé lo de Sebastian —dice ahora con tono profecional—, te vendré a buscar a las siete.

Asiento y me doy la vuelta. Escucho los pasos de Amanda cruzando la habitación, abre la puerta y se va.

Me levanto enseguida y voy hacia el sillón, me siento, tomo mi celular que lo había dejado ahí y busco el número de Melanie. Amanda me había hecho volver a pisar la tierra otra vez, no podía hacerle esto a Melanie. Debería eliminar el número, debería dejarla en paz, debería seguir con mi vida de mierda, pero no puedo.

Simplemente ya no puedo alejarme.

Y sé que me arrepentiré de ello.

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Cada vez mejor.... Loca por mássss


#33

—¿Por qué estamos aquí papi?

—Veremos a la tía, dulce.

—¿De la que siempre hablas?

—Sí, la veré después de mucho tiempo, también conocerás a tu primo.

—¿Por qué no está mami aquí ?

—Está en camino, se quedó con tu hermana.

No hago más preguntas, trajeron la comida, y papá me pide que esperara a mamá y Dani.
Mi estómago rechinaba, tenía mucha hambre y estaba apunto de pedirle a papi que me deje comer algo, pero escucho una serie de ruidos extraños y fuertes, las personas gritan.

Papi me toma entre sus brazos y me arrastra hacia el baño que está cerca. No me gusta este ruido, me comenzaba a asustar. Papi cierra la puerta y mira hacia todos los lugares.

—¡Demonios! —dice papi y mira hacia arriba. Toma el bote de basura de uno de los cubículos, se sube en el y retira la tapa del techo.

—De acuerdo, dulce, necesito que me escuches, necesito que te subas ahí, y que permanezcas callada, pase lo que pase, veas lo que veas, no puedes hacer ningún ruido, ninguno dulce, promételo —dice mientras me toma en sus brazos y me ayuda a subir al techo, entro en él. Está muy oscuro.

—Ven conmigo, por favor, por favor, por favor —digo con lágrimas en mis ojos. Papi quería cerrar el techo y tenía mucho miedo.

—No puedo —dice mientras escucho un sonido feo en la puerta. Papi toma rápidamente la tapa y cierra el conducto.

Veo por la rendijas que pone el bote de basura en su lugar y la puerta se abre de un sólo golpe.

Abro mis ojos, siento lágrimas en ellos. Mi corazón bombea rápidamente en mi pecho que casi es doloroso. Me levanto y comienzo a sollozar más fuerte. Nunca lo podré olvidar.

Nunca.

Hace más de 3 años

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Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

ok. he quedado O.o

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

ooo espero de una buena manera :)


#34

Nada de arrepentimientos, solo hazlo, Alec, solo llámala. Pero ¡Dios! No quiero hacerle daño. Apuño mis manos fuertemente para no acercarlas a la pantalla del celular, la tentación es grande, pero me doy cuenta que apuñar mis manos no es suficiente, así que me paro y voy hacia mi habitación, me acuesto de un salto y el colchón a penas rebota. Miro al blanco techo de la habitación. Seguramente Amanda está por venir y no tengo mucho tiempo para llamar a Melanie y hacerle saber que ahora tengo su número. ¿Me pregunto cual será su reacción?

Si quiero saber su reacción, entonces tengo que jodidamente marcar su número. Me levanto de la cama rápido y camino hacia la sala, sin darme la oportunidad de pensar en todas las maneras que puede salir mal mi cercanía con Melanie. Tomo el celular y marco.

Lo llevo a mi oído y escucho los timbres. Uno, dos, tres...

—Hola —dice desde el otro lado. Su voz suena dudosa y algo ronca.

—Dulce —digo al instante—, pensé... pensé que no contestarías.

No contesta, escucho su respiración al otro lado de la línea y un sollozo contenido. Mi corazón da un vuelco.

—¿Dulce? ¿Sucede algo?

—¡Basta! ¡Basta! Solo para, por favor, para —susurra sollozando suavemente. La impotencia llena mi pecho y sin esperar un segundo más, tomo una chaqueta y empiezo a buscar las llaves del auto. ¿Dónde están?

—¿Que ocurre con tu voz? —pregunto mientras barro todo el lugar con la mirada— ¿Dónde estás? ¿En tu casa? Voy para allá.

—Ahora no es un buen momento —dice con la voz entrecortada—, ahora mismo no puedo contigo —dice con sus sollozos controlados— Adios.

Espero a que cuelgue, pero no lo hace, alguien dice algo del otro lado de la línea, su voz se escucha lejana.

—Lo siento mamá, lo siento tanto, no pude y lo siento —solloza Melanie.

Me doy cuenta que ella piensa que yo colgué el teléfono, así que lo hago. ¡Que demonios! Arrojo con fuerza mi chaqueta al suelo.

"Ahora no es el momento"
"Ahora no puedo contigo"

Paso las monos por mi cabello, estoy frustrado y me siento impotente, muy impotente. Siento la tentación de arrojar mi celular contra la pared, pero me detiene el hecho de que allí está el número de Melanie.

Suena mi celular, lo tomo y veo que es la abuela. Cierro los ojos y contesto.

—Abuela ¿Qué ocurre? —respondo con tono de exasperación algo reprimida.

—Oh, Alec, ¿por qué no has contestado? Te he estado llamando desde hace días.

—Por favor abuela, ahora no —no estoy de humor.

—¿Estás muy ocupado? Lo siento, seré lo más breve posible. En unos dos meses iré a Colombia con tu abuelo.

Y eso hace mucho a mi humor.

—¿Por qué? —pregunto agresivamente. Ella ignora eso.

—No hay una intensión de por medio, solo vamos a ir. Te quiero ver.

—Llama cuando llegues, adiós —cuelgo.

Quiero que me diga cuando llegarán para poder desaparecer.

Melanie se encuentra mal, el abuelo y la abuela vendrán de visita ¿Y Amanda espera que tenga una reunión con Sebastian? Melanie se escuchaba tan... rota. Solo de pensarlo mi cuerpo se tensa, no quiero que se sienta así, no quiero que sienta lo que siento cada día de mi vida.

Pero... ¿Qué podía hacer yo, si no podía hacer nada por mi mismo?

Amanda llega justo a tiempo a decirme de la cena con Sebastian, tiene una mirada de determinación en su rostro, no dejará que me safe de esta. Sin decir nada, fui a mi habitación, me preparé en silencio y cuando estuve listo salí junto con Amanda pisándome los talones. La reunión con Sebastian me mantuvo un poco distraido de Melanie, hablamos de su proyecto y yo le hablé del que había escogido para presentárselo, me pidió que se lo enviará a su secretaria a primera hora. Luego continuamos conversando de cuales serían los mayores problemas que él tendría con este proyecto y le daba algunas opciones de cómo solucionarlos. Cuando nos ibamos a despedir, él decidió pasar a un otro tema.

—¿Cómo está Melanie? —no respondo enseguida. En parte por la sorpresa del cambio de tema. Aprovecho el tiempo, que me brinda el mesero al acercarse a retirar los platos en este momento, para pensar en la respuesta.

—Muy bien. Ha preguntado por Alexa —respondo una vez e ha retirado el mesero. Uso el tono natural que he ido mejorando tras años y años de practica.

—Alexa también ha preguntado por Melanie —dice con media sonrisa. La sonrisa es reemplazada por una expresión severa—. Tal vez sabes de mi historia con Alexa —comienza y mira hacia los lados. Yo solo asiento sin saber hacia dónde va la conversación—, no fue fácil, yo no lo hice fácil, en ese tiempo no quería compromisos —hace una mueca—. Melanie se parece mucho a ella y tú a mí, en ese tiempo, claro está.

Creo que no me está gustando lo que está diciendo.

—He escuchado rumores —¿rumores?—, solo quiero decir que si vas a hacerle daño, mejor te alejas de ella ahora mismo. No queras que nuestros negocios se vean afectados por nada ¿verdad?

¿Me está amenazando? Se pone de pie y cierra los botones de su traje. Me mira a los ojos.

—Asegúrate que no pase —al pasar junto a mí, antes de alejarse, me da unas palmadas en el hombro.

Me quedo sentado por un buen rato en mi lugar pensado en lo que dijo Sebastian. Fue una clara amenaza y no estoy seguro si tengo que darle mi enojo o mi respeto al hombre, apenas conoce a Melanie y ya quiere protegerla. Protegerla de mí.

Me pongo de pie y voy hacia el bar a buscar algo para aliviar todo la presión sobre mí. Tenía que hacer lo único que funcionaba. Después de todo, es por eso que Sebastian me amenazo, por lo que suelo hacer.

Antes de llegar, encuentro lo que necesito. Mi objetivo se acerca a mí.

—Alec, ¡qué coincidencia!

Miro a mi alrededor buscando a alguna persona conocida, pero no encuentro a nadie, luego la miro a ella; su impecable y maqullilldo rostro, el vestido muy atrevido y los tacones negros hacen que no quiera perder el tiempo.

—Salgamos de aquí —digo tomándola por la cintura.

—No sabes cuanto he esperado por escuchar eso —dice Kendra apegándose aun más a mí.

Caminamos directo hacia nuestro objetivo en común.

Hace más de 3 años

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BardemPure
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Maldita Kendra, necesito leer más 😯

BardemPure
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Genial, no quiero que acabe esta historia...

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

las historias nunca acaban @BardemPure sigues pasando de persona en persona, son inmortales.


#35

Mamá no me dejó sola en mi habitación, no quiso, sólo lo hizo cuando fingí estar dormida. Seguro que mamá estaba muy cansado y no quería que en lugar de descansar se quedara conmigo. Cuando se aseguró de que estaba dormida, se retiró silenciosamente de mi habitación y de igual manera cerró la puerta.

Una vez ya no escucho ningún otro ruido, abro mis ojos, no quiero quedarme dormida, trataré, en lo posible, de no dormir por lo menos dos noches, eso es lo que duraban mis sueños en desaparecer, así que si no dormía, no había sueño. Cuando tenía quince intente no dormir, no quería volver a dormir nunca, había leído de personas que nunca dormían, ellos tan solo reemplazaban al sueño con alimentos y suplementos, así que lo intenté yo también. Mi cuerpo no se acostumbró y bueno, tuve que volver a dormir.

Mi mamá no entendía por qué quería dejar de dormir, traté de explicarle, pero aún con mis razones no accedió de buena, fue un gran alivio para ella cuando no funcionó. Me enoje con ella por no aceptarlo, creía que no podía entender que tan sólo no quería volver a vivir esa experiencia, siempre me preguntaba si era tan malo no querer recordar. Cuando cumplí los dieciocho, entendí que no era malo querer hacerlo, solo estaba huyendo.

Aparto las cobijas y me siento en mi cama. Me quedo mirando hacia la pequeña luz de mi laptop, encontraba algo relajante en el prende y apaga de la luz. Permanecí así por un buen tiempo y creo que fue mucho tiempo ya que tuve que volver a cubrirme con las cobijas. Me cubrí y volví a mirar hacia la luz.

No sé cuanto permanecí así, pensando en esto y aquello, cuando escucho un zumbido, pensé que tal vez era un mosquito, pero el sonido era muy fuerte. Hago las cobijas a un lado y me paro sobre el piso alfombrado, me quedo quieta y en silencio para escuchar de dónde se generaba el zumbido. Comienzo caminar muy despacio hacia un lado mi habitación ya que parecía que el sonido se originaba en algún lugar por ese lado, pero entonces desaparece.

Me detengo en seco y camino de nuevo hacia mi cama, pero antes de volver a ella, lo vuelvo a escuchar, me pongo de nuevo en alerta y trato de seguir el sonido, esta vez más rápido. Tengo que agacharme ya que parece que viene de abajo.

Veo la pantalla de mi celular iluminándose. Está debajo de la cama. Me arrastro por el suelo para poner llegar al celular y lo tomo. Cuando salgo finalmente estoy de nuevo de pie miro las dos llamadas perdidas que he tenido. Número desconocido.

Dejo el celular sobre el escritorio, no sin antes poner en silenciador, y me dirijo de nuevo a mi cama. Nunca contesto números desconocidos y no comenzaría ahora, además tenía una pequeña idea de quién era.

Cuando llamó más temprano, contesté para que el teléfono dejara de sonar, había escuchado que alguien había llegado a casa y no quería que entrara a mi habitación. Pero cuando me dijo dulce, perdí todo control que había reunido en un caso que la persona que había llegado, sea mamá o Daniela, entrara. Él me recordó cómo papá me llamaba y eso era más de lo que podía soportar.

Esta vez me acuesto y tomo el libro que está en mi mesita de noche para leerlo. Leer lograría que no durmiera en toda la noche.

No tenía idea si volvió a llamar de nuevo y sinceramente ahora no me interesaba.

Tengo que cambiar mi número.

Después de pensar eso, me concentre en la lectura. No existía más en este mundo.

Al menos hasta que terminara el libro

****

Cinco veces. Le marque cinco veces y no contestó. Estuve torturándome a mi mismo para no llamarla, cosa que no sirvió, y ella no me contestó.

Tal vez estaba dormida, pienso. Sí, eso debía ser, si está dormido, no puede escuchar y si no puede escuchar no puede contestar.

Volvería a llamar, necesitaba escuchar su voz. Finalmente en medio de mi auto tortura, decidí que podíamos ser amigos, ya después le explicaría a Sebastian que decidimos terminar y ser amigos. Buenos amigos.

—Apaga la luz —dice Kendra con un gemido.

La miro acostada en la cama,su cama. Ya había hecho lo mío. Me levanto y me voy de la habitación.

Necesitaba adelantar trabajo, le enviaría un mensaje al equipo 004 para que me hagan llegar el proyecto por escrito mañana por la mañana, cuando termine de hacer eso, me quedaría tiempo libre.

Tiempo para reflexionar, tiempo para hacerme a la idea de tener una amiga, una buena amiga, porque algo me decía que Melanie era algo grande en mi vida y tendría que esforzarme mucho en mantener nuestra amistad.

Melanie, Melanie, Melanie. ¿Por qué has llegado ahora?

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Tu historia me va a sacar canas jajajaja por lo regular puedo leer un libro en uno o dos dias y tener q esperar por mas ufffd me vuelve loca jajaja.... Me encanta

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias @Dyna_87 ya casi salgo a vacaciones y voy a poder escribir mucho más seguido, me alegro que te guste y gracias por leerme. Me emociona mucho tus palabras y te agradezco de nuevo.


#36

Todo transcurrió con normalidad el resto de fin de semana. Fui a la librería todo el sábado para colocar los libros que habían llegado el jueves y hacer inventario de todos los libros para nuevos pedidos. Mamá estuvo un poco reacia a dejarme ir, pero le insistí en que eso me ayudaría y acepto, pero cuando llegué a la librería y me puse a trabajar, noté que Lori me miraba todo el tiempo y siempre se acercaba a mí a comprobar si quería algo, entonces comprendí que la había llamado para que me vigile.Esa noche recurrí a una vieja confiable para no quedarme dormida. Maratón de Harry Potter en mi celular. Eso ayudo a que llegará hasta el domingo sin dormir.

El domingo salí de mi habitación temprano y preparé el desayuno. Levanté a mamá y a Daniela y comimos juntas, aunque Daniela se durmió una vez cuando comía su tostada. Mamá solo me veía mientras comía, sabía que quería decirme algo, pero no se atrevía y tampoco la animaba. Cuando terminamos de comer, mamá se ofreció a limpiar y acepté que lo haga, ya que así puedo prepararme para salir. Tenía que ir al club de lectura.

En el club de lectura estuve muy distraída y los chicos lo notaron, pero nadie me preguntó por qué, no somos así de cercanos. Me uní a este grupo, así como a muchas otras actividades para matar el tiempo, para no tener un espacio de tiempo en el que pueda pensar en mis traumas (así lo llamaba mi psicólogo). Quería llamar a mamá y decirle que ya iba a casa, pero lo tenía, había ignorado a mi celular desde el día en que él llamó. No tengo humor para eso, además me sentía muy cansada, incluso me maree en el bus camino a casa. En la noche, tomaba con mamá una tasa de leche tibia mientras veíamos un programa de televisión de cirugías mal hechas. No sé en qué momento, pero me quedé dormida y cuando desperté me sorprendió no haber soñando de nuevo.

No tuve tiempo de hacerme un desayuno rápido ya que había despertado tarde, asi que fui al colegio con el estómago vacío. Llegué con diez minutos a mi favor para revisar rápidamente algo para mi examen. No había estudiado nada durante el fin de semana, al menos había estudiado un poco para la vez que se cancelo el examen. Cuando todos terminamos con el examen, nos quedamos inquietos, esta era la materia en la que todos teníamos problemas y no nos convenía malas notas. El profesor pidió tres horas para calificar el examen y publicar la lista de los estudiantes que pasaron, los que no lo hacían tenían que repararse para el arrastre.

Esas tres horas las ocupe en ir a comer pues me habían entrando hambre e ir a la biblioteca a leer algo, estaba muy preocupada por el examen, pero no podía hacer nada más que esperar, al menos traje un libro. Cuando faltaba alrededor de una hora, decidí emprender mi camino de vuelta a la facultad y esperar a que se publicará la lista, prefería verla primero, seguro habría toda una multitud después.

Llegué a la oficina del profesor y con un vuelco en el corazón me acerqué a ver la lista que ya estaba pegada en la puerta cerrada. Habían tan solo tres lineas de palabras, mi corazón dio otro vuelco, solo tres aprobaron. Con un ojo cerrado y el otro abierto, leo los tres nombres.

Melanie Betancourt.
Henry Guerra.
Isis Montenegro.

Mi corazón cayó en picada ante el alivio, con un suspiro de alivio me alejo antes que venga la multitud a comprobar su nota. En la salida ya hay un gran grupo en camino, me despido de ellos al pasar. Al salir me encuentro con Isabel.

—¿Estás libre como el viento como yo? —pregunta cuando todavía esta a unos pasos de mí. Mira al cielo y sube sus brazos para escenificar su libertad.

—Sí —digo con una sonrisa acercándome a ella—, supongo que tú también

—Pues claro, me he esforzado mucho, ademas, no te tuve para distraerme —dice dándome un golpe juguetón.

—Claro, porque siempre te distraigo —digo en tono sarcástico.

—¡Exacto! —dice dirigiéndose al estacionamiento. Al ver que no la sigo pregunta:

—¿No iremos a celebrar?

No estoy de humos, así que no. Estoy a punto de contestar, pero mi celular suena. Miro el número y sé que es Alec. Rechazo la llamada. Vuelvo mi mirada hacia Isabel y sonrío con simpatía.

—No puedo, tengo algo que hacer, nos veremos algún día en vacaciones —digo mientras guardo mi celular.

—Siempre dices eso y nunca nos vemos en vacaciones —dice con un puchero y el ceño fruncido.

—No me gusta salir mucho —digo en mi defensa.

—Esta vez iré a tu casa, ¿qué te parece? —propone entusiasta.

—Claro, eso estaría mejor —digo sonriendo, esta es mi amiga, nunca se rinde.

—Bueno, pues iré con mi nuevo prospecto —dice acercándose para darme un abrazo.

Mi celular vuelve a sonar y ni siquiera me molesto en contestar.

—Cambiare mi número, te enviare un mensaje desde el nuevo —digo antes de que se aleje.

—¿Por qué lo harás? —pregunta separándose de mí. Me examina curiosa.

Ella es más alta que yo y con su imponente apariencia intimidaría a cualquiera, pero la conozco de toda la vida y además su padre es socio de mi madre, así que nos une un laso más que la amistad. Para todos ella es extrovertida, chica de fiesta y diversión, pero muy responsable a la hora de cumplir su objetivo que es ser reportera de televisión y está dispuesta a pasar por encima de cualquiera si eso le lleva a su objetivo, menos mal no quiero ser reportera.

—Melanie —me reprende—, ¿por qué?

—Tengo problemas con este —respondo simplemente.

Ella responde que estará esperando mi número nuevo y nos despedimos. Salgo de la facultad y voy hacia la estación de bus. Paso por una serie de autos estacionados en la acera y cuando intento seguir con mi camino, se abre la puerta de un auto azul. Me detengo abruptamente porque de lo contrario golpearía el auto, entonces veo que alguien pone su pie en la calle y se baja. Cuando sale completamente, lo reconozco. Alto, cabello casi negro y ojos del mismo color. Lleva puesto unas gafas de aviador, sonríe y dice:

—Hola, Melanie. ¿Has estado ignorando mis llamadas?

Hace más de 3 años

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rudaru
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

cada vez mas interesante.


#37

Su cara estaba dividida entre sorpresa y enojo. Abría y cerraba la boca, pero sin decir una sola palabra.

—Sabía que te alegrarías al verme, pero no pensé que tanto. Hasta te he dejado sin palabras —digo fingiendo sorpresa, aunque creo que no se ve como eso.

Abre su boca de nuevo y sin decir nada suelta un suspiro y aprieta sus dientes. Suelto una risita al ver cómo contiene la ira. Eso hace que se enoje aún más. Esta vez cierra los ojos y suelta otro suspiro. Entonces abre sus ojos, camina hacia delante y trata de esquivarme. Ya sabía lo que iba a hacer y actué más rápido que ella y cubrí el paso. Ella comienza a ir de un lado a otro sin ningún éxito ya que yo sigo cada uno de sus pasos. Veo que en sus ojos esta comenzando a formarse una idea.

—Esta vez no te dejare, me defenderé y me vengare —digo como una advertencia, no quería otro golpe en mi entrepierna.

Sonríe con malicia y me da un golpe en la espinilla. En ese momento ella va hacia mi lado derecho con rapidez, pero a pesar del dolor que siento con mi mano libre tomo su cintura con mi brazo. Ella se sacude violentamente, pero no puede soltarse de mi agarre. Un vez el dolor en mi espinilla disminuye, la tomo con más firmeza y la pego a mi cadera.

—De acuerdo, admito que no lo vi venir —digo acercando mis labios a su oreja. Ella se sacude cuando siente mis labios rozar la piel de su oreja.

—Suéltame —dice con un gruñido y sacudiéndose con más fuerza, pero soy más fuerte y alto que ella así que eso no funcionara.

—No, estoy bien en esta posición —digo alzándola para que quede a mi altura.

Lucha por un minuto más, pero después se rinde y está totalmente tranquila en mis brazos.

—¿Por qué estas aquí? —pregunta calmadamente. Se ha resignado.

—No has respondido mis llamadas —digo simplemente. En este momento no tengo la capacidad mental para responder con algo más complejo, el fragancia de sus cabello me esta volviendo loco.

—No he querido hacerlo.

—¿Por qué?

—Tú...

Espero que complete su respuesta, pero no lo hace, así que insisto.

—Yo... ¿Qué?

—Nada —dice ahora a la defensiva. Pone sus manos sobre mi pecho y yo me sacudo ante el inocente toque, ella se detiene y abre los ojos ampliamente como si se diera cuenta que ha hecho algo malo. Suelto una risita y su mirada se endurece, afirma sus manos sobre mi pecho y empuja para alejarse de mí y yo no pongo resistencia. Cuando está a dos pasaos de distancia de mí, suspira, toma su cartera (que no me había dado cuenta que traía), la acomoda en su hombre, acomoda su cabello. Contengo la respiración, esperando lo siguiente que va a ser. Sonríe.

¿Sonríe?

—Supongo que somos amigos. ¿Es por eso que insistes?

La miro a los ojos y veo que su sonrisa es real. ¿Qué demonios? Pensé que estaría molesta, irritada, confundida, molesta, pero esto rompía con todo lo que una mujer haría. Una vez más, ella me confirma que es diferente. Ni siquiera puedo responder a lo que dijo. ¡Demonios! Ni siquiera recuerdo qué dijo.

—En ese caso, creo que el principio de nuestra amistad fue algo rara —dice algo divertida. Rodea sus brazos en su cuerpo y suelta una risita. Me mira. La sonrisa en sus labios, hace que mi cuerpo se sienta un poco entumecido.

Sigo sin decir nada.

—Ahora eres tu el sorprendido. Hasta te he dejado sin palabras —dice imitando mi voz, suelta otra risita y niega con la cabeza—Contestaré tus llamadas, ahora ¿está bien si me voy?

No, no está bien. Me mira por un momento esperando mi respuesta, pero al notar que no puedo dejar de mirarla, decide continuar.

—Adiós, nos vemos emm... —se detiene a pensar— Cualquier día, supongo —se encoge de hombros, ajusta su cartera y comienza a alejarse.

Ni siquiera giro a ver cómo se va, solo escucho sus pasos que van menguando conforme se aleja más y más de mí. Reacciono inmediatamente. Se está alejando de mí. Me subo a mi auto rápidamente, lo enciendo y conduzco a una velocidad que me permita alcanzarla. Al llegar a las esquina, me encuentro en un aprieto, ¿izquierda o derecha? Avanzo un poco, arriegandome a tener un accidente, pero eso es suficiente. Giro rápidamente hacia la izquierda y la alcanzo. Conduzco a la misma velocidad que camina y es de mucha ayuda que la calle no sea muy transitada. Ella continua caminando, tiene la cabeza metida en un libro. Quiero bajarme y arrancarle el libro de las manos, se podría lastimar si seguía leyendo de esa manera. Miro hacia el fin de la acera y mi corazón se paraliza, se caerá y no podré alcanzarla. Aprieto el volante fuertemente. Ella se detiene en el borde y baja su libro, mira hacia ambos lados de la calle y cruza rápidamente, cuando llega a la siguiente calle, continua leyendo. Avanzo hacia ella y bajo la ventana.

—No deberías leer de ese modo —digo desde mi auto. Ella se sobresalta y casi deja caer el libro, se gira hacia mí, su rostro está descompuesto por el susto. Antes de que me grite o me lance el libro, digo:

—Solo para aclararlo, nunca dije que quisiera ser tu amigo.

Su rostro ahora es de confusión, frunce el ceño. Su cuerpo se tensa. Ya entendió de qué estoy hablando. Decido terminar con lo que dije.

—Pero por el momento está bien, puedes pensar eso.

Ella me mira severamente, aunque no parece enojada.

Antes de que me reprenda, acelero.

Hace más de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 3 años

Nunca y por ser nuevo aquí había likeado tanto. Pero lo asimilado con la lectura , que aún no termina de tu historia ha sido muy experimental para mi. Espero encontrarte por mis humildes escritos. Un cordial saludo y no abandonaré tu narrativa.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Gracias por leerme @eleachege Por su puesto que pasare por tus escritos y gracias por leerme.


#38

Se notaba que le gustaba jugar y fastidiar a las personas, pero esto era demasiado. Decidí hacer de lado todo lo que había pasado entre nosotros, es decir, era un buen día, pasé todas las materias, incluida la más difícil, no había soñado, ahora llegaría las nuevas ediciones de cazadores de sombras y las colocaré en el espacio del estante reservado, estaba tan emocionada por eso. Era un día perfecto. Era, porque llegó Alec y lo daño.

—Otra vez estás acostada en mi cama, ¿ahora qué pasó? —dice Daniela en un tono suave, dejando sus cosas sobre el escritorio.

—Nada —digo levantándome— ¿Cómo te ha ido? —pregunto para desviar la atención de mí.

—¡Super! —dice en tono animado— Terminé con Adrián —finaliza y se acuesta a mi lado.

Yo la miro, pero no veo ningún atisbo de tristeza o enojo.

—Daniela... —comienzo a decir. pero me detiene.

—Es un imbécil. ¿Sabes qué quería? —me pregunta y al ver que no sé qué responder, lo hace ella misma— ¡Sexo! Quería sexo. Sabes que no tolero esas cosas, especialmente con solo dos semanas de relación ¡Qué desperdicio de mi tiempo!

Al ver que Daniela ni siquiera muestra estar enojada digo:

—Bueno es hombre y ya sabes que son como animales, solo buscan una cosa, dejar marcado su territorio —digo sonriendo.

Ella se ríe y me da un golpe en la pierna. Cuando termina de reír, se levanta y pregunta:

—¿Y qué hay de Alec? ¿Él también quiere dejar marcado su territorio?

Siento que mis mejillas se encienden. ¡Por dios! Le regreso el golpe que me dio en la pierna. Decido hacerme la tonta.

—No lo sé ¿Por qué debería saberlo? —digo poniéndome de pie y saliendo de su habitación.

Escucho su risa y dice:

—Estas perdida Mela, completamente perdida.

Finjo no escuchar y voy a mi habitación. Miro la cama y dudo por un momento, no quería quedarme dormida, no había soñado la noche anterior, pero todavía había una posibilidad de que lo hiciera ahora. Después de pensarlo, decido acostarme sólo por un momento, recojo un libro de mi escritorios y finalmente me acuesto. Me decía a mi misma que solo serían dos capítulos, pero se alargó hasta el sexto capítulo leído y quería ir por el séptimo, pero mis parpados pesados me lo ponían difícil.

No sé en qué parte del séptimo capítulo me quedé dormida, pero lo hice, el caso es que me desperté sobresaltada por el fuerte tono de llamada de mi celular. Me levanto rápidamente y de inmediato tengo un mareo de muerte que hace que caiga de nuevo en mi cama. Espero que pasé el mareo y esta vez me levanto lentamente, trato de localizar al aparato rápidamente ¿Por qué siempre lo pierdo?
Deja de sonar ¡Rayos!

Me dirijo hacia mi cama de nuevo, pero vuelve a sonar. Entonces más rápidamente trato de localizarlo. Lo encuentro debajo de mi computadora y un montón de libros. Esto se está siendo un hábito. Un horrible hábito.

Miro el número y suelto un suspiro.

—Hola —digo simplemente.

—Pensé que no contestarías aunque dijiste que lo harías —dice Alec. Su voz suena ronca y débil. Aparto el celular de mi oreja y miro la hora. Tres y media ¡Rayos! Voy tarde a la librería.

—¿Te ocurre algo? Tu voz es un poco... diferente —digo mientras meto las cosas que necesito en un bolso y busco rápidamente un abrigo en mi closet.

—¿Ahora te preocupas por mí? Whoa ¡Qué cambio! —dice con su voz casi inaudible. Toce un par de veces para aclarar su voz y dice— Me gusta eso.

Me detengo y sin querer sonrío, pero al darme cuenta sacudo la cabeza y borro la sonrisa de mi rostro. Continuo mi búsqueda con mis dos manos, sostengo mi celular con mi hombro.

—Entonces, ¿estás enfermo? —respondo en tono suave y duro a la vez, llegaré tarde y alguien colocará los libros por mí.

—Solo es un resfriado —dice. Su voz es como un susurro. Encuentro el abrigo y me lo pongo.

—No parece "sólo un resfriado", tu voz casi no se escucha —digo regañándolo, tomo mi bolso y lo coloco en mi brazo— Amanda debería llevarte algo para la gripe, tal vez un caldo y antigripales.

—No está, fue a ocuparse de un asunto —me detengo en medio de mi habitación. Demonios, ¿dónde puse mis llaves?

—Bueno, entonces llama al servicio del hotel.

Mi cartera de la escuela, ahí están las llaves. Me dirijo hacia ella, saco las llaves y me dirijo a la puerta.

—¿Crees que quiero que el servicio de hotel cuide de mí? —y entonces suelta una serie de tosidos, cuando finaliza dice— De todos modos, eres mi amiga ¿Qué no deberías venir?

Eso me toma por sorpresa y me detengo en medio de la sala. No respondo, me quedo durante un tiempo callada, pero luego salgo de mi estupor y respondo.

—Dijiste que no querías ser mi amigo y además no creo que estés tan mal —digo para no tener que ir hacia él, aunque me siento culpable por usar esa escusa.

Entonces escucho otra serie de tosidos, pero esta vez son más fuertes y se escuchan lastimeros. Mi cara se frunce ante lo que escucho. Ok, tal vez está un poco mal.

—Sí, tienes razón, no es nada —su voz es casi inaudible.

¡Dios! ¡Qué no era nada! Pero parecía que era capaz de expulsar su alma por su boca. Dije que era su amiga y las amigas hacen eso, las amigas cuidan de sus amigos cuando están enfermos y cancelan algo tan importante como colocar nuevas ediciones en estanterías por ayudar a otro amigo ¿Verdad?

Si Isabel estuviera enferma, seguro iría a cuidarla. Seguro cancelaría cualquier cosa. Suspiro.

—Iré no te esfuerces mucho, sólo espera —digo y cuelgo.

Guardo el celular en mi bolso y regreso a mi habitación por un libro. Ya casi termino Eleanor y Park, podría terminar en el camino. Voy saliendo y me encuentro con Daniela.

—¿Vas a la librería a colocar las nuevas ediciones? —pregunta. Mira su reloj— Estás tarde.

—No voy hacia allá, tengo que salir a algo que surgió, volveré en unas horas —digo cerrando la puerta, pero no sin antes ver su cara sorprendida.

Salgo del edificio, voy hacia el restaurante en el que comemos Daniela y yo cuando no tenemos ganas de cocinar y pido un caldo para llevar. Apenas recibo mi pedido, voy hacia afuera y paro un taxi, le digo la dirección y le pido que vaya lo más pronto posible. Si me apresuraba tal vez podría llegar a mirar los libros colocados.

Al llegar, voy hacia la recepción y pido subir hacia su piso. Esta vez ni siquiera pregunta mi nombre, solo designa a un chico que me acompañe y subo sin problemas. Cuando estoy frente a la puerta, toco tres veces.

Espero durante un momento y cuando abre la puerta, me encuentro con un pecho totalmente desnudo y sudoroso. Al alzar mi mirada veo que Alec está mirando mi reacción.

—¡Llegaste! Pasa —dice haciéndose un lado.

Entro y dejo el caldo en la mesita del centro. Escucho la puerta cerrarse tras de mí, se sienta en el sillón, aún con su torso desnudo.

—¿Te sientes mejor? —pregunto para romper con la tensión y con el tono más natural que puedo. Debo admitirlo, no veo a hombres con el torso descubierto muy seguido.

—No —dice dejando caer su cabeza hacia atrás. Bueno entonces tal vez ponerte una camiseta ayudará, digo en mi mente.

—¿Qué hacemos? ¿Qué sueles hacer para recuperarte rápidamente?

Él alza su cabeza ahora interesado en lo que digo y en su rostro se refleja una sonrisa malvada.

—Sudar —responde con su sonrisa aún en el rostro.

—¿Y cómo podemos hacer que sudes? —digo pensando en la forma de hacerlo. Cuando tengo una idea de cómo hacerlo, él habla y con una sonrisa aún más ancha dice:

—Bueno, tengo un par de ideas, pero sólo una es la más efectiva.

Hace más de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Jajaja Alec es un charlatán jajajaja

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Si lo es, @Dyna_87 pero la Melanie piensa complemente diferente, ya lo veras en el siguiente capitulo.

Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace alrededor de 3 años

Ansiosa por leerlo...

RedDany_5
Rango3 Nivel 13
hace alrededor de 3 años

Es un loquillo ggg


#39

Y coloqué la quinta manta encima de él.

No fue nada fácil convencerlo que esta era la mejor manera de hacerlo sudar, así como tampoco fue nada fácil colocar la quinta encima de él. Al principio fue fácil, pero para la quinta manta, todo se complicó. Estaba muy decidida a no tocarlo, ni siquiera encima de todas las mantas, así que para colocar primero Traté de decidir en dónde poner las piernas, no sabía donde estaban las suyas y después de meditarlo, decidí que lo más seguro era ir por los bordes de la cama. Puse mi pierna en el primer borde e inmediatamente escuché un gruñido amortiguado, la retiré de inmediato y pedí disculpas. ¿Quién ponía su pie en el borde? Intenté por otro lugar y funcionó, lo hice poco a poco.

Cuando termino con la manta, estoy sudorosa y mi respiración algo agitada, quién diría que poner mantas podría ser tan difícil. Doy unos cuantos pasos hacia atrás y tras pensarlo un momento, decido que ya son suficientes mantas.

—Creo que me voy a asfixiar —dice Alec con su voz amortiguada por las mantas.

—Pues bueno, dijiste que tenías que sudar y esta es una excelente idea, además te he dejado un pequeño orificio —digo simplemente—. Por cierto, bien pensado —puntualizo . Recojo los platos.

—Morir asfixiado no era mi idea —dice moviéndose entre las mantas.

—¿Pero entonces cuál era? Creí que teníamos la misma idea —digo dejando los platos a un lado.

—Digamos que era un poco más divertida y menos homicida —dice abriéndose un espacio más grande entre las mantas.

—No puedes hacer eso, se supone que tienes que sudar —lo regaño.

Él se deja de mover y yo me siento en el sillón que está en el pie de la cama. tomo mi libro y me pongo a leer. Durante un buen rato estamos en silencio. De repente, él comienza a reírse. Creo que ya está delirado.

—¿Todo bien ahí dentro? —pregunto con duda. No aparto al libro de mi rostro.

—Si, todo bien —responde entre risas y luego se calma.

Me salé una risa ante lo absurdo de esta situación. Bajo mi libro.

—Cuántos años tienes?

¡Por Dios! Fingía ser su novia, habíamos desayunado juntos, lo he golpeado en su... em parte privada, conocía mi casa y hasta había comido lo que preparé en casa, ¡y no sabía su edad!

—Veintiséis años.

—Oh, whoa, no lo esperaba —digo sinceramente. Vuelvo a subir el libro a mi rostro.

—¿Por qué?

—Bueno pareces más joven, aunque pareces muy maduro —digo pensando en voz alta.

—¿Muy maduro?

—Sí, es que eres, mmm, bueno, es decir, tienes una apariencia muy dura, cuando estás con otras personas alrededor te muestras... —me detengo al ver que se ha descubierto.

—¡Hey! No puedes hacer eso —digo apartando mi libro.

—¿Mientras leías, hablabas conmigo? —pregunta con una sonrisa burlona.

—Sí, alguna queja —digo desafiante.

Alza sus brazos en símbolo de rendición.

—No —dice con la misma sonrisa burlona— Continua.

—¿Qué cosa? —pregunto confundida.

—¿Cómo es que me muestro alrededor de otras personas?

Oh, ya me había olvidado de lo que dije. Tras tomar un momento para recordar lo que iba a decir, respondo:

—Diferente.

—Creo que me serviría una respuesta más específica —dice alzando sus cejas ante mi respuesta.

—Pues...

Comienzo a decir, pero escucho que alguien entra y me detengo, tras esperar un momento para ver quien entra, Amanda aparece, su vista en el celular.

—Tendremos que ir a las islas en un semana, pero... —entonces alza su vista y dirige una mirada hacia Alec y luego hacia mí.

—¿Qué ocurre aquí? —dice haciendo a un lado a su celular y prestando toda la atención a lo que está viendo.

—Estoy enfermo —dice Alec. Su expresión es la más fría que he visto en él hasta ahora. Se Se retira las mantas de encima y sale de la cama. Me trago una queja.

—Ok, ¿Melanie qué hace aquí? —pregunta con un tono condescendiente, cuando me disponía a contestar ella dice— Sabes que, no importa, me alegro que estés aquí, así podré decírtelo en persona —dice acercándose y sentándose a mi lado.

—¿Decirme qué? —pregunto curiosa.

Entonces Amanda me lo explica todo y Alec suelta un suspiro que parece decir "lo que me faltaba". Estaba sentada escuchando las preguntas y respuestas entre Amanda y Alec. Entonces Amanda dice que lo arreglara todo y que no tengo que preocuparme por nada.

—No —digo en voz alta para que me escuche entre su voz.

—¿Qué has dicho? —dice poniéndome toda la atención.

Suelto un suspiro y cierro los ojos. Al abrirlos finalmente digo:

—Dije que no, de ninguna manera, no puedo hacer eso.

Hace alrededor de 3 años

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Dyna_87
Rango7 Nivel 31
hace alrededor de 3 años

Me e reído en cantidad con la escena de las mantas. Jajaja

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Me alegro que te gustara, gracias por leerme.

MelaPalacios_96
Rango1 Nivel 0
hace alrededor de 3 años

Exactamente me he muerto de la risa, que buena que estuvo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Gracias por leerme @joss prometo que en cuanto solucione un problema que tengo con esta cuenta subiré las continuaciones. Espero me esperes :)

SaraGlezRuiz
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

Sigue subiendo capítulos por favor!!!!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Hoy lo hago, hasta las seis de la tarde. Me alegro que te haya gustado @SaraGlezRuiz Gracias por leerme.


#40

Amanda va de un lado a otro haciendo que sus tacones suenen más de lo debido. Me estaba volviendo loca y me ponía cada vez más nerviosa que estuviera tan callada. Esa mujer da miedo cuando habla, pero realmente asusta cuando no lo hace.
—Puedes simplemente parar, estás volviéndome loco —dice Alec a Amanda.

Por primera vez estaba realmente de acuerdo con él. Amanda se detuvo abruptamente y envío una mirada de muerte a Alec, lo que hizo que me asustara con lo que me tocaría a mí.

—Estás siendo completamente irracional —me acusa. Su tono era calmado, pero tenía cierto aire peligroso escondido.

—Mucho cuidado con cómo le hablas, Amanda —dice Alec con una mirada dura.

Amanda se queda inmóvil, dirigiéndome una mirada de incredulidad, mantiene una mirada fija hacia mí. Alec se para frente a mí, cubriéndome con su cuerpo, sólo miro su amplia espalda.

—Ya basta, la estás asustando —dice en un tono mortalmente calmado—. Hablaré con ella, vete.

No puedo ver el rostro de Amanda, pero tampoco son tan valiente como para intentarlo ver. Durante unos segundos no hubo ningún ruido, pero después los tacones de Amanda comenzaron a sonar y luego se escuchó el sonido de la puerta.Cierro mis ojos fuertemente y encojo mi cuerpo esperando el portazo, pero no llegó.

—¿Qué está haciendo? —dice Alec, puedo notar su tono divertido.

Abro mis ojos lentamente y veo que ahora está parado con vista hacia mí. Tiene sus brazos cruzados, lo que hace que sus biseps se noten aún más, suerte que lo obligué a ponerse una camisa antes. Tiene una sonrisa divertida y sus ojos brillan con picardía.

Desencojo mi cuerpo.

—Pensé que daría un portazo —digo sinceramente y soltando un suspiro de alivio.

—Y por eso te encogiste como una pequeña tortuga —dice entre risas— Pensé que tu cabeza y tus piernas en cualquier momento desaparecerían —mira hacia el techo de la habitación y comienza a reír.

¡Tortuga!
Tomo el cojín que está a mi lado y se lo arrojo, pero al parecer tenía buenos reflejos, lo esquivó y río aún más fuerte. Instintivamente me puse de pie con otro cojín en mis manos y fui hacia él. No me notó y aprovecho eso para golpearlo lo más fuerte que puedo con otro cojín y luego huyo a la sala. Escuché que paró de reír y luego que me seguía, conseguí llegar hasta la sala, así que tomé otro cojín para defenderme, pero no me había dado cuenta que ya estaba frente a mí. Él tomó el brazo con el que pensaba atacarlo causando que suelte el cojín y me apega a su cuerpo al mío. Podía sentir el calor de su duro cuerpo invadiendo el mío. Me miraba más intensamente de lo que solía normalmente.

—Me gusta salvaje también, dulce —dice con la voz ronca, apretando mi cintura con su mano. Calor profundo recorre mi cuerpo y su brazo envía pequeños toques eléctricos en mi piel. Mis piernas hubieran cedido si él no hubiera estado sosteniéndome. Mi cuerpo estaba completamente en su poder y eso me molestaba mucho.

"Débil"
"Todos ustedes son unos débiles"

Mi cuerpo se tensa completamente. Ya no sentía calor en mi cuerpo, ahora vibraba con completa ira.
—¡Suéltame! ¡Quiero que me sueltes! —no era mi intención gritar, pero no lo puedo controlar.
Alec aflojaba su agarré y yo me separo dando un suave empujón.

—No lo vuelvas a hacer —mi cuerpo está temblando, todavía escuchaba las palabras que un día había escuchado— Si quieres seguir siendo mi amigo, no lo vuelvas a hacer.

Me senté en el sillón de la sala y recosté mi cabeza hacia atrás cerrando mis ojos. Necesitaba respirar y calmarme.

Inhala.

Exhala.

De verdad perdí el control, mi doctor estaría decepcionado de mí, yo lo estoy. Lo que acabo de hacer no soy yo. Necesitaba trabajar en el manejo de ira otra vez, tal vez tome unas cuantas cesiones.

—Lo siento —digo abriendo mis ojos lentamente. Alec me mira como tratando de comprenderme—, perdí el control. Debes pensar que soy una completa loca.
Su mirada intensa regresa y una sonrisa se dibuja en su rostro.

—Generalmente manejo bien a la locura.

Y...Punto para Alec.

Hace alrededor de 3 años

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Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Gracias @Isacar me alegra que te gusten mis escritos. Espero te sigan gustando.


#41

Tenía que confesar que me estaba comenzando a gustar tener un amigo. Solo podía estar de esta forma con Isabel y ahora Alec. Este sensación de descanso emocional me gustaba, y mucho, aunque con él también tenía que soportar la mirada. Su intensa mirada.

Su intensa mirada está fija en mí y para no tener que soportar el peso de ella, cierro mis ojos mis ojos, ya que los había abierto para ver si lo de manejar la locura era cierto. Su mirada me decía que lo era.

Muchos sentimientos y sensaciones se arremolinaban en mi cuerpo, corazón y mente. No podía pensar muy bien, comer muy bien ni sentir muy bien cuando él estaba cerca. Su sola presencia hacía que mi corazón dé volteretas extrañas. Su sólo toque hacía mi piel sienta un calor que no había sentido hasta ahora y que con solo escuchar su voz, mi mente quedara parcialmente de vacaciones en algún lugar, lo cual hacia que pierda la razón y no pueda pensar con claridad.

Abro mis ojos ante mi repentino autosinceramiento, alzo mi cabeza y miro hacia él. Sus ojos habían perdido un poco de su intensidad habitual y en cambio habían ganado un poco de determinación y con eso supe lo que venía.

Me pongo de pie y me acerco un poco a él enfrentándolo.

—Ok, Alec, puedes decir lo que estás pensando —digo adelantándome a él. Quería escucharlo decir que busque ayuda para mis problemas, eso haría que me aleje de él sin mirar una sola vez atrás.

Él lleva su cabeza hacia atrás y suelta un gutural gruñido. Acto seguido comienza caminar hacia mí con aire de cierto peligro y determinación en su mirada. Yo instintivamente comienzo alejarme de él y por cada paso que daba hacia delante, yo daba uno hacia atrás. Cuando había dado unos cuantos pasos hacia atrás, choqué contra el filo del sillón y caí hacia atrás. Alec tomo rápidamente mi cintura y por reflejo extendí mis brazos para sostenerme de algo, lo tomé por la cintura clavando mis uñas en su piel para no caerme.

Creo que lo hice demasiado fuerte porque de repente giró mi cuerpo un poco más a la izquierda y caímos en el sillón. Cerré mis ojos ante el impacto y esperando el peso de su cuerpo, pero no llegaron ninguno de los dos, caí suavemente. Cuando abrí mis ojos Alec sonreía y noté que tenía sus antebrazos a cada lado de mi cabeza. Estaba prácticamente encarcelada por su cuerpo.

Calor puro se disperso por todos los puntos en que nuestros cuerpos levemente se tocaban y medio lamenté que no hubiera tanta presión entre su cuerpo y el mio. Bajo su cabeza hasta que apenas había una pulgada de separación entre nuestros labios, pero giro un poco su cabeza y hablo cerca de mi oído izquierdo.

—Tu tientas a la suerte, dulce.

Su aliento chocaba contra mi cuello y eso hizo que mi cuerpo se estremeciera de manera vergonzosamente evidente. Cuando alzo mi cabeza para verlo mejor, tenía sus ojos cerrados y el cuerpo tenso. Parecía estar esforzándose mucho por mantenerse en esta posición.

—Alec tal vez deberíamos...

Suelta otro gruñido y habla con los dientes apretados.

—Tal vez deberías dejar de decir mi nombre de esa manera, dulce.

—¿De qué manera? —pregunto confundida, pero él no responde a mi pregunta y decide cambiar de conversación.

—Bogota no está muy lejos de las islas.

Sabía lo que trataba de hacer y cuando toqué su pecho para hacerlo a un lado, el bajo su cuerpo, y este choco con el mio. Totalmente nos tocábamos en algunos puntos interesantes.

—No creo que los amigos deban hacer eso —digo tragando ruidosamente, lo cual hizo que me enojara conmigo misma por mi carencia de capacidades cuando estoy cerca del él.

—Bueno creo que he cambiado de idea con eso de amigos, tal vez me precipité un poco a la idea, aunque pensándolo bien, fuiste tú la de la idea —dice con una descarada sonrisa en sus labios.

—Yo creo que... —digo tratando hundir mi cuerpo más hacia abajo para que no se tocarán demasiado, el calor que sentía era casi asfixiante. Pero fue una mala idea porque eso hizo que presionara aun más sus cuerpo al mío, lo que me dejó sin respiración. Podía sentir su...

—Alec... —digo, medio en advertencia y con medio gemido. Él tenía su mandíbula apretada.

—Lo sé, no podemos ser amigos —dijo al final, pero no hizo nada para separar nuestros cuerpos.

—Entonces deberías... —digo tomando su brazo para impulsarlo lejos de mí, pero aprieta su cuerpo y no logro que se mueva ni un solo centímetro. Me estaba comenzando a enfadar y era posible que lo pateara en su parte feliz ahora mismo. Él debió haber visto la intención en mis ojos porque presionó mis piernas juntas con una de sus piernas. Suelto un gritito enojado.

Con tono que espero sea más duro y enojado digo:

—Alec, te he dicho que si querías seguir siendo...

En un segundo sus labios cubren los míos, cortando mis palabras y mis pensamientos.

Hace alrededor de 3 años

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SaraGlezRuiz
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

Necesito que sigas escribiendo por favor!!!!

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Ahora mismo.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 3 años

Gracias @Dyna_87 Al fin Alec se animó a hacerlo.


#42

Me está besando.

Alec me está besando.

Alec me está besando como nunca lo han hecho. Mi menté está nublada por una sensación que no conocía, pero que me encantaba. Su beso era... exigente, pero superficial al mismo tiempo. Me dejé llevar por sus labios y me permití sentir. El calor invadía cada rincón de mi cuerpo, en algunas zonas más que otras, y eso me estaba volviendo loca. Sentía que necesitaba algo más, pero no sabía qué era. Cuando Alec comenzó a ralentizar la velocidad, pensé que pararía y mi cuerpo se inquietoó por eso.

No podía respirar mucho y la falta de oxigeno hizo que mi cerebro no respondiera como normalmente lo hacia, es por eso que involuntariamente moví mi cuerpo hacia él y le devolví el beso, pero esta vez lo hice más profundo, quería sentir más.

Eso hizo que gruñera y alineara su cuerpo al mío, presionando en zonas donde lo necesitaba. Abandono mis labios y comenzó a explorar mi cuello con sus labios deteniéndose donde mi pulso latía rápidamente. Rozó ligeramente con sus dientes la zona y mi aliento salio sofocado.

—Alec...

De nuevo sus labios volvieron a los míos y esta vez el beso es... puro éxtasis. Su lengua entró en mí boca, demandando algo que quería darle voluntariamente. Nuestros labios se movía rápidamente buscando cada vez más, pero no encontrando lo que nos hacía falta. Su mano se posó en mi cadera y la acerco hacia la suya. Vi miles de luces de colores y mi sangre en llamas corrió por todas las venas de mi cuerpo en tan solo un segundo. Un gutural gemido salió de mis labios y fue amortiguado por sus labios.

De nuevo separó nuestros labios por un momento y fue hacia mi oreja. Estiré mi cabeza hacía un lado para darle más acceso. Abrí mis ojos por un instante y entonces vi la bandeja en la que había dejado los restos de la sopa que había traído.

Eso fue como un balde de agua fría en mi cuerpo muy caliente. Vine aquí como una amiga, solo para ayudarlo, pero terminé en esta posición. Sus labios volvieron a los míos, pero esta vez la razón ya había penetrado en mi cerebro. Sin darle tiempo al beso para que nuble de nuevo mi mente, muerdo su labio.

Alec apartó sus labios de los míos y me mira divertido. Tenía la respiración irregular al igual que yo y en su frente se veía una fina capa de sudor. Después de unos segundos sonríe mientras toca su labio mordido con una mano libre.

—¿Me mordiste? —pregunta con la voz entrecortada mientras examina su mano en busca de sangre. Y la encuentra. De su garganta escapa una risa gutural y ronca — ¡Me mordiste! —esta vez lo afirma.

—Lo siento, no quería... —me sorprendía mucho haberlo hecho muy fuerte— herirte. Solo quería parar... —¿cómo debería decirlo? ¿Nuestro beso? ¿Había sido nuestro siquiera?

—¡Me mordiste! —dice sonriente, vuelve a hacer el mismo tipo de risa y sacude su cabeza— Esto sí que es inusual —dice para si mismo, con la vista lejos de la mía.

¿A qué se refería? No trataría de averiguarlo, necesitaba apartarlo de mí para dejar de pensar en cosas inapropiadas. Pongo mis manos sobre su pecho y empiezo a empujarlo.

Sentía como los músculos de mis brazos se hinchaban por el esfuerzo, pero no lograba moverlo ni un solo centímetro. Intenté con mis piernas, pero apenas hice un movimiento cuando volvió a inmovilizarlas.

—¿Quieres que te haga daño? —pregunto enojada, golpeando su pecho con mis puños lo más fuerte que puedo.

—¿Crees que te dejaré? —dice entre risas.

Suelto un gruñido enojado poco femenino y comienzo a golpearlo aún más fuerte, pero ríe aún más fuerte. Al parecer no le afectan mis golpes en absoluto. Sólo me queda una cosa por hacer, es muy arriesgado, pero estoy dispuesta a hacerlo.

Tomo su cabeza en mis manos y separo la distancia entre nuestros labios. De inmediato baja la guardia y libero mis piernas. Las doblo aplicando una técnica de aprendí en mis clases de Jiu-jitsu y en un segundo está en el suelo. Escucho el sordo sonido de su caída ya que cae sobre la alfombra y me levanto de inmediato antes de que me atrape de nuevo.

Acomodo mi cabello, golpeo mis manos como si estuvieran con polvo y hablo:

—Te lo dije —él esta mirando hacia el techo con los ojos paralizados sin decir una sola palabra— Te haré daño.

No dice nada. Sigue mirando hacia el techo por un largo tiempo y comienzo a preocuparme de que en realidad le hice daño. Pero tenía miedo de acercarme a él, podría ser un engaño o algo así.

—Alec...

—¡Diablos! —dice exaltandome. Su rostro es de completa satisfacción—. Eso fue lo más sexy que he visto.

De acuerdo, no sabía como responder a eso.

Después de un silencio incómodo, él se pone de pie habilidosamente, mueve su cuello y cruza sus dedos para estirar sus brazos. Eso hace que su camisa muestre un poco de la piel de su abdomen y ¡Oh Dios! Eso se veía bien. Dirigí mi mirada hacia otro lado hasta que termine para no quedarmele viendo como una acosadora.

Después regresé mi atención hacia él. Tenía sus brazos a cada lado de su cuerpo y su cabeza ligeramente hacía un lado. Su mirada llegó de un nivel intenso a uno sobreintenso ¿Acaso era eso posible?

Comenzó a caminar hacia mí y yo estaba paralizada sin poder moverme mientras él se acercaba en cortos pasos. El coraje y confianza que tenía hace unos segundos se habían esfumado completamente. Se paró frente a mí sin que nuestros cuerpos se toquen. Me dio una media sonrisa engreída.

—¿Recuerdas nuestro juego? —dice acercando su cara a la mía—, el de sin reglas y todo eso —siento su aliento cálido en mi oreja—. Me está gustando, pero no me gusta perder—dice rozando sus labios en la piel de mi oreja lo que causa que mi cuerpo se estremezca—. Aunque debo admitir—dice ahora regresando su vista hacia mí—. Esta vez no me importó.

Acerca su cara a la mía y por un momento mi corazón se alborota expectante. Cuando sus labios estaba a punto de tocar los míos se da la vuelta y me da las espaldas.

—Ahora vamos a lo importante —dice acercándose al mismo sillón en el que nos habíamos... besado y se sienta en el. Pone sus codos sobre sus rodillas y girando su rostro hacia mí, sonríe engreídamente como si supiera que estaba pensando en la escena de hace unos minutos. —Iremos a las islas.

Y regresa el enojo.

Hace alrededor de 3 años

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#43

Tranquila Melanie, no te exaltes.

—No puedo ir —digo lo más calmada que puedo— Creí que lo había dicho antes.

—Como dijo Amanda, no estás siendo racional.

—Crees que es de una persona racional pedir que me vaya por dos semanas a las Islas de San Andrés así sin más —digo perdiendo la calma— Lo siento, pero una cosa es que te haya ayudado a fingir una relación y otra muy diferente es irme contigo a unas islas lejanas por dos semanas —niego con la cabeza— Ni siquiera te conozco lo suficientemente bien.

—Pero somos amigos —dice tocándose el pecho fingiendo estar herido.

—¡Acabas de decir que no lo somos! —digo ahora un poco gritando— No después de que...

Me sonrojo involuntariamente ante el recuerdo del beso y eso causa que una sonrisa tire de sus labios.

—¿Después de qué? —su tono es divertido y me sonrojo aún más, él suelta una risa y dice—Tan dulce.

—Eres un idiota —suelto sin pensarlo.

—Y ruda a la vez —completa.

Entorno mis ojos.

—Como sea, no lo haré —digo apegandome más a la pared.

—Sería la última cosa que harías por mí, después de eso ya me iré y no volverás a saber de mí —dice sin mirarme.

Eso hace que mi corazón se apreté con dolor y decepción. Niego con la cabeza.

—No lo entiendes ¿Qué le diría a mi mamá?

—Puedes decirle que es algo de la universidad o que vas a unas pequeñas vacaciones —dice dando opciones.

—Lo de las vacaciones no serviría —digo ya que no me gustaba ir de vacaciones, no después de lo de papá— Sospecharía.

—Entonces otra cosa.

—No es tan simple como eso —digo algo ausente porque estaba pensando ya en una mentira perfecta.

—Pero se te ocurrirá algo —dice.

¿¡Pero qué estaba haciendo?! ¡¿Ya planeaba una mentira para ir con él?! Sacudo mi cabeza para sacar todas esas ideas locas de mi cabeza. ¿Dice unas pocas palabras y me convence?

"Débil"
"Todos ustedes son unos débiles"

Las palabras se reproducen en mi mente.

—No —digo negando con la cabeza—, no hay oportunidad.

Mi celular comienza a sonar y voy hacia el sillón de la habitación a tomarlo para contestar. Busco el celular en mi bolso y contesto.

—Melanie ¿Dónde estas? —pregunta Daniela sin saludar primero.

—Lejos de casa —respondo.

Un gemido se oye atrás de la línea. —Tengo hambre —dice en protesta.

—Entonces come —digo simplemente.

—Quiero un poco de pasta de la que tú haces, en serio quiero comer tu pasta ¿Puedes venir ya? —ruega.

—Yo... —comienzo a decir y miro hacia Alec— estaré en casa en una hora.

—¡¿Una hora?! Es mucho, me muero de hambre —dice quejándose.

—Bueno tal vez cuarenta y cinco minutos.

Otro gemido y luego suspira — Está bien, pero si puedes venir antes, hazlo, comeré lo que encuentre hasta que llegues, nos vemos entonces —y cuelga.

—Me tengo que ir —digo metiendo el celular en el bolso.

—¿Iremos entonces?

Lo miro por un momento y luego niego con la cabeza. Me pongo el bolso cruzado sobre mis hombros.

—Lo del contrato —dice de repente—. Lo logramos.

—¡Que bueno! —digo sinceramente— Aunque yo no hice nada.

Él niega con la cabeza.

—Hiciste mucho —sonríe levemente—. Sebastian me dio el contrato por ti.

—¿Por que dices eso? —pregunto curiosa. Él se queda callado por un buen rato.

—Ya no importa —dice sin contestar a mi pregunta— Lo importante es que ayudaste en esto, y bueno, ahora solo queda ir a ver el terreno y ya. Eso es todo.

—Si solo es de trabajo, ¿para qué iré yo?

—Porque nos han invitado, Alexa lo ha hecho.

Me quedo pensando en sus palabras. Es muy difícil para mí ir a lugares bonitos, me recuerda tanto a papá y a las vacaciones a las que íbamos. Y además, era muy posible de que tuviera algún sueño en las noches y no quería que viera eso. Pero por otro lado, quería ir. Por más contradictorio que suene, quería ir a un lugar que me recordara a papá. Ya casi no recordaba su rostro, ni siquiera en los sueños veía su cara tan bien como antes.

—Si fuera —digo dudosa—, ¿podrías hacer dos cosas por mí?

—Lo que me pidas.

—Podrías no decirme "dulce" y... —comienzo a decir— Cuando estemos en las islas ¿Podré hacer cosas por mí misma?

—¿Cosas? —pregunta curioso.

—Sí —afirmo y luego aclaro—. Caminar, ver el lugar, cosas así.

—¿Sola?

—En buena parte del tiempo, sí.

—No sé si sea seguro.

—Sé cuidarme sola, es decir, tengo veinte años.

Alec me mira dudoso y comienza a acariciar su mentón. Está pensando. Es como si tuviera una batalla dentro de él. Niega y asiente varias veces para si mismo.

—Está bien —dice asintiendo, esta vez hacia mí—, pero también tengo una condición.

Enmarco mis cejas ¿Condición?

—Cual sería...

—No estar con nadie más que yo, recuerda que estamos en una relación.

—¿Eh?

—Tu sabes —dice como si fuera obvio—. Mientras hagas "cosas" sola, conocerás a personas y bueno no quiero que te relaciones con nadie, a menos que sea mujer.

—¿Por qué? No, no espera —digo tratando de entender— ¿Te crees mi dueño?

—No —dice negando—, solo es para mantener las apariencias. Sólo es eso. Entonces ¿Trato?

Ahora soy yo ya que tiene que pensar. ¿Quiere que no hable con nadie? Y a ese nadie se refería a hombres. No me gusta que me controlen. Nunca me gusto. Tampoco me gustaba que alguien se hiciera cargo de mí, es por eso que en cuanto pude comencé a trabajar para tener dinero para mi misma. Mamá se quejaba de eso y Daniela decía que es absurdo lo que hacía ya que teníamos dinero de sobra, pero jamás tomaría ese dinero, ese dinero no era mío. Emy y mamá pudieron haberlo usado, pero no yo, no lo usaré nunca.

Él trataba de controlarme, pero no es como si fuera estar pegado a mí si le dije que iría sola y en todo caso no estaba interesada en relacionarme con chicos.

—Es un trato.

Hace alrededor de 3 años

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#44

Llegué a casa y mamá ya estaba cocinando la pasta. Sálude desde la sala y fui directo a mi habitación a ponerme algo más cómodo. Después fui a la cocina y junto con mamá hicimos la cena. Daniela solo veía y hablaba de noticias que había leído hoy.

—También leí una historia de amor —dice suspirando—, quisiera encontrar a alguien como la historia, no un idiota que solo piensa en sexo —se lamenta— Ufff, necesito unas vacaciones.

Eso me pone tensa. ¿Por qué justo tiene que mencionar eso cuando estaba muy nerviosa por comentarle a mamá sobre mi repentino viaje?

Mamá le pide que le cuente cómo ocurrió lo de Adrían y ella lo hizo. Resulta que cuando estaban viendo la película, la llevó al baño y allí ocurrió todo. Resulta que Daniela le gritó hasta el punto en que un empleado del cine fue a ver qué pasaba. Daniela terminó con Adrián cuando el otro chico estaba presente. Eso debió haber dolido, y mucho, aunque creo que a ella no tanto.

Cuando terminamos, servimos los platos y Daniela obtiene doble ración. Al parecer sí tenía hambre.

—Estos días estaré un poco ocupada —comienza mamá—. Tengo nuevos libros que revisar en la editorial y también grandes cargas que llegarán en los próximos días. Daniela ¿te podrías encargar de la librería del sur?

—No hay problema —dice con la boca medio llena.

—Y tu Melanie, ¿te podrías ocupar de la del centro?

¡Dios! Me encantaba recibir las cargas de los libros y acomodarlos en su lugar, era la cosa más desextrezante de la vida, pero ahora...

—Mmmm —comienzo a decir dudosa— Me encantaría, pero tengo que hacer un viaje. Precisamente de eso quería hablarles.

Mamá y Daniela dejaron de comer y me miran completamente sorprendidas. Daniela niega con su cabeza una y otra vez. Mamá, bueno ella es buena escondiendo cosas y emociones.

—¿Un viaje? —pregunta finalmente mamá en tono aparentemente normal.

—Sí, es un viaje —afirmo—. En realidad, es un proyecto fotográfico al que me uní ayer. Es por vacaciones.

—Oh, ya veo —dice mamá dejando los cubiertos sobre el plato— ¿Y cuándo tendrás que ir?

¡Oh rayos! Alec no me lo dijo.

—Pues no lo sé, pero al rato me llaman y me lo dicen —digo un poco nerviosa. Me tendría que cuidar muy bien de mamá, si no, me descubriría.

—¿Irá Isabel? —pregunta mamá, volviendo a su comida.

—No lo creo, ella quiere disfrutar de sus vacaciones.

—Mmmm —dice mamá mientras come una bocanada de espagueti, continuamos comiendo y un silencio incomodo se forma en la mesa. No lo soporto.

—De acuerdo, díganme lo que quieren decir —digo finalmente.

—Es una sorpresa —escupe Daniela al instante— Es decir, nunca viajas, no te gusta y ahora sólo lo sueltas así nomas.

—No solo es eso lo que sorprende —dice mamá— Lo sorprendente es que lo hiciste por ti misma, no tuve que convencerte, lo hiciste voluntariamente.

Daniela asiente con entusiasmo.

—No es para tanto —digo con una risa. De verdad, era una exageración.

—¡Y hasta te ríes por eso! —dice sorprendida— ¡Whoa! eso si que es de locos —murmura para ella misma.

Entorno mis ojos.

—En fin —digo para terminar con su animada confesión—, es en las islas de san Andres. No tienen que preocuparse por nada ya me encargué de todo y mamá —lo voy a decir antes de que ella lo diga— no necesito dinero.

Hace alrededor de 3 años

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Isacar
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

si te tardas un poco mas en seguir, creo que me dara un colapso jeje por favor @Valeria_96


#45

No sé cuando iniciará el viaje, pero quería tener preparadas mis maletas. Tal vez tendré que llevar unas cuantas piezas más de lo que haría normalmente. Doblé cada pieza cuidadosamente y las coloqué ordenadamente en la maleta. Cuando la maleta estaba llena, tomé un bolso y guardé dos libros, objetos de aseo y una foto de papá. La foto la puse entre las páginas de un libro.

Golpean a la puerta.

—¡Pase! —digo mientras cierro el libro y lo guardo en el bolso.

Abren la puerta y Daniela entra a mi habitación.

—Alguien te busca —dice Daniela mirando la maleta preparada sobre mi cama.

—¿A mí? —digo extrañada. Ella me da una mirada de sospecha y sé que quiere que diga algo, pero ni siquiera yo sé que es todo lo que estoy haciendo.

Asiente después de unos segundos.

—¿Quién es? —digo acercándome a la cama, cierro la maleta y la pongo a un lado.

—No lo sé, nunca lo he visto —dice mirándome curiosa. Su mirada sigue cada uno de mis movimientos.

¡Qué extraño! ¿Quién podría buscarme a estas horas? Salgo de mi habitación y al instante ciento menos cincuenta libras encima, la mirada de Emy siempre causa eso en mí. Voy hacia la puerta que está entreabierta, la abro y me encuentro con William en toda su altura de por lo menos metro ochenta, noventa tal vez. Está vestido con un pulcro traje negro, su cabello rubio muy bien peinado y sus ojos miel centellando. Me sonríe.

—Buenas noches señorita Betancourt, espero no ser inoportuno —su voz es tan amable y formal a la vez, como antes.

—No lo ha hecho, William —le doy una sonrisa educada— ¿Qué hace aquí? —pregunto mientras entrecierro la puerta de nuevo.

Mete su mano a un costado de su chaqueta y saca un sobre amarillo. Acerca el sobre a mí y con algo de duda lo tomo.

—El señor Alec me pidió que le entregara esto, es muy importante —dice juntando sus manos hacia delante.

—Lo acabo de ver hace unas horas ¿Por qué no me lo dio antes? —digo examinando el sobre con detenimiento.

—No sabría decirle, señorita.

—Melanie por favor —corrijo. No me gustan las formalidades—. Que tenga una buena noche —dice asintiendo hacía mí, da un paso hacia atrás y comienza a alejarse. Era muy profesional conmigo y eso no me gustaba.

—¡Ava! —me llama mamá atrás de la puerta, me acerco a la puerta

—Estoy aquí, mamá —digo para tranquilizarla y regreso mi vista hacia donde William.

William estaba parado en medio del pasillo ¿Qué no se estaba alejando? Mira sobre su hombro como si intentara ver algo.

—Gracias —le agradezco, él sigue mirando sobre su hombro y después de unos segundos asiente y retoma su camino. Espero hasta que desaparezca por el pasillo y finalmente entro. Mamá está parada a una distancia prudente de la puerta.

—¿Quién era? —pregunta mirando hacia la puerta ahora cerrada.

—Un mensajero —miento y muestro el sobre—. Seguramente es del viaje que te comenté.

—Respecto a eso —comienza mamá—, ese viaje, estoy muy feliz de que lo hagas.

Me quedo callada. Sé que está feliz, no he salido a un viaje desde que... desde la muerte de papá. Estaba tan asustada de hacer un viaje, todavía lo estoy, pero el terror es menor ahora. El terror no es por el peligro, ahora es por los recuerdos y eso es mucho más aterrador.

—Sabes que hubiera dado lo que sea por ser la que hubiera visto... —se le quiebra la voz.

La muerte de papá la dejo completamente vacía. Cuando murió papá fue como si mamá ya no estuviera ahí. Estaba ahí con nosotras, pero no realmente. Su cuerpo estaba, pero solo eso. Se preocupaba por nosotras por supuesto, pero ya no era la misma. Lloraba todas las noches. Todavía lo hace de vez en cuando en su habitación, lo sé porque siempre que lo hace, la escucho.

—Lo sé, mamá —digo acercándome a ella, tratando de no llorar. La abrazo—, sé que lo hubieras hecho.

—Pero tú mi Melanie —dice con la voz ronca—, tú haz soportado tanto, incluso lo de...

—Podemos no mencionarla —pido separando nuestros cuerpos. No quería siquiera recordarla. Ella asiente y yo le agradezco en silencio.

Toma mi rostro en sus manos y lo examina, acomoda mi cabello tras mis orejas y me da un beso en la frente. Mirando su hermosa cabellera oscura y sus grandes ojos oscuros sé porque papá se enamoro de ella. Es hermosa por dentro y por fuera, un poco más alta que yo y con un rostro muy característico de Colombia, pero por lo demás muchos nos han dicho que nos parecemos mucho, aunque tiene un ligero asentó y yo no tengo ni un atisbo de el. Da un paso hacia atrás y junta sus manos hacia delante.

—Ahora bien —dice con su voz normal—. ¿Quién es Alec?

Hace alrededor de 3 años

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Isacar
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

jajajaja las Madres, que bella!

RedDany_5
Rango3 Nivel 13
hace alrededor de 3 años

A ver, a ver. Por favor sube otra parte quiero saber que pasa en ese viaje.


#46

Esquivo la pregunta de mamá diciendo que tenía que revisar mi sobre. Ella se cruza de brazos y con una sonrisa cómplice me dice que luego hablaríamos. Espero que se olvide del asunto. Juro que matare a Daniela cuando la vea.

Voy hacia mi habitación y cierro la puerta despacio. Enciendo la luz de mi lampara y abro el sobre amarillo. En él estaba un tiquete de avión y un papel con las instrucciones de lo que tenía que llevar. Pasaporte, identificación...

Entorno los ojos. ¿En verdad piensa que no sé qué tengo que llevar? Reviso el sobre por algo más, pero no hay nada más. ¿Eso era tan importante? Niego con la cabeza ante la ridiculez.

Me recuesto en mi cama, intentando pensar en algo que se me olvide para el viaje. No se me ocurre nada y sin darme cuenta me quedo dormida.

Despierto por que mi celular estaba sonando. Gruñendo a quien esté llamándome tan temprano busco mi celular. ¿Por qué siempre perdía mi celular? Me pongo de rodillas y gateo buscando el aparato ya que parecía sonar desde el piso. Veo una luz prendiéndose y apagándose debajo de mi cama. ¿Cómo es que termina allí?

Me agacho y me estiro para tomar el celular, pero no alcanzo así que voy a tener que meter mi cuerpo debajo de la cama. Cuando lo hago el celular deja de sonar.

—¡Por los santos del libro! —protesto. Lo había atrapado y deja de sonar. ¡Qué desgracia!

De repente, vuelve a sonar y del susto golpeo mi cabeza con la cama.

—¡Auch! —gimo y me rindo acostándome en el suelo alfombrado. Tomo mi celular y contesto.

—¿Por qué me llamas tan temprano? —pregunto con un gemido, mientras acaricio mi adolorida cabeza.

—¿Dónde estás? —pregunta sin hacerme caso.

—Debajo de mi cama —respondo sinceramente.

—¿Qué haces debajo de tu cama? —pregunta en tono reprobatorio.

—Estaba... —comienzo a responder— Espera un momento. No me hables en ese tono —digo con tono de fingido enojo— ¿Por qué llamas, Alec?

—Duermes debajo de tu cama —dice con voz ausente. Suena como si estuviera realmente sorprendido.

—No duermo... —suspiro, no quiero explicarlo. Tengo sueño y quiero acostarme ya— ¿Puedes concentrarte?

—Alguien irá por ti a recoger tus cosas. No es necesario que lleves ropa, sólo lo necesario —dice finalmente.

—¿Y la ropa no es necesaria? —pregunto divertida.

—No para mí —responde con la voz ronca— No desvíes mi mente, Melanie —me regaña.

—Pervertido —digo mientras me arrastro para salir de mi encierro— Y ya empaqué ayer, y estoy llevando ropa, no planeo hacer topless —digo esta vez acostándome de nuevo en mi cama que ya estaba fría por mi ausencia.

—¿Viste el vuelo? —pregunta tras un largo silencio.

—Me quedé dormida —digo ya casi con el tono adormilado, me estoy quedando dormida—. Creo que me voy a dormir ¿podemos hablar luego? —digo ya lista para colgar.

—¿Melanie? —dice antes de que cuelgue.

—mmmm —murmuro. Y no responde de inmediato. Miro la pantalla de mi celular con un ojos abierto de mala gana. Pensé que ya había colgado, pero no.

—¿Alec? —esta vez lo llamo yo.

—Cuídate —susurra— Y ya no duermas debajo de tu cama, nos vemos —su tono suena vulnerable y temeroso. Iba a preguntar que ocurría, pero no se pudo.

Ya colgó.

Me deja un poco desconcertada ante su tono. Nunca lo había escuchado así. Dejo mi celular en la mesita de noche asegurándome de no taparlo con nada. No quiero buscarlo de nuevo después. Tomo mi almohada, le doy un par de golpecitos y me acomodo.

—Cuídate tu también Alec —digo como si me pudiera escuchar.

No tardo mucho en quedarme dormida y soñar con Alec.

#47

El reloj marca las cinco y treinta y nueve, no pude dormir de nuevo así que me levanté y decidí darme un baño. Voy hacia el baño mientras me quito la camisa de dormir y al pasar por la sala veo algo muy inusual. Dejo caer la camisa de dormir y me acerco al sillón en el que besé a Melanie. Me siento en el y tomo el libro medio oculto entre cojines. Es de tamaño normal y parece tener unas trescientas páginas. La cubierta es de un delicado color melón.

Eleanor y Park es el título. Tiene en su portada a un dibujo de una pareja que ellos están unidos por un cable de los audífonos que llevan puestos.

Miro atentamente el libro. Es sencillo. Su portada no llama mucho la atención, si pasara por una librería y mirara la portada, pensaría más de una vez antes de comprarlo, nunca lo haría. Pero había algo en ella, algo que me llamaba a tomarla, a sentirla, a devorar el libro tan pronto como fuera posible en tan solo unas horas.

Es sencillo, por supuesto, pero al mismo tiempo elegante, sutil, delicado, frágil, suave y ... dulce.

Como Melanie.

Al pensar en ella, un sentimiento desconocido se esparce por mi cuerpo. La terrible pesadilla que tuve de ella hizo que la llamara sin importarme que fuera muy temprano. Cuando no contesto en la primera llamada, temí lo peor.

Pensé... pensé que lo mismo que ocurrió con ella, ocurrió con Melanie.

Pero luego contesto y a pesar del enorme alivio que sentí, tuve ganas de gritarle por no responder en la primera llamada, pero reprimí muy bien el impulso. Fue bueno que me distrajera con su raro habito de dormir bajo su cama, de verdad me distrajo.

Cuando pidió explicación de mi llamada respondí algo sobre su ropa y que solo lleve lo necesario y también me distrajo con su comentario sobre la ropa necesaria. Una sonrisa tira de mis labios al recordarlo.

Suspiro frustrado al darme cuenta de lo que estoy pensando. Paso demasiado tiempo pensando en Melanie y eso no es bueno para mi maldita salud mental.

Dejo el libro sobre la mesa del centro y me dirijo hacia el baño. Tendrá que ser una larga ducha.

***

Al cabo de treinta minutos estoy listo y en camino a una reunión con la los equipos de proyecto. No lo hubiera recordado si no fuera por Amanda que me lo dijo de último minuto, cuando planeaba desayunar algo para luego ir a casa de Melanie. Con mi plan siendo levemente modificado, tuve que pedir que alguien arreglara mi equipaje y lo enviara al aeropuerto.

Tomé el auto del estacionamiento subterráneo del hotel y conduzco rápidamente hacia la empresa. Cuando finalmente llego y me dirijo al ascensor, todas las personas que están en el recibidor me miran como si vieran a un fantasma. Guardo la exasperación para mí mismo, y cuando se abre la puerta del ascensor permito que bajen las personas que están en el y me subo bloqueando todo paso. Una mujer que, imagino es una secretaria me envía una mirada molesta. Sonrío con fingida amabilidad.

—Señor Coleman un gusto tenerlo aquí —saluda Martha, la secretaria de mi abuelo en la cede Colombia, cuando salgo del ascensor.

—Martha —respondo y me dirijo directo hacia la oficina de mi abuelo, con mi cuerpo tenso por tenerlo que ver.

—El señor Torrents no está —dice Martha antes que entre a la oficina.

Mi cuerpo se relaja inmediatamente y veo que Martha se da cuenta, seguramente le contará al abuelo cuando lo vea, o tal vez lo llame una vez ya no esté a la vista. Ni siquiera me despido de ella, sólo salgo de su vista para que haga lo que seguro va a hacer.

Cuando entro a la sala de reuniones todos se levantan, murmuro un saludo mientras tomo asiento al frente del proyector otra vez murmuro mi aprobación para que empiecen. La reunión empieza muy aburrida, el equipo 007 no me dicen nada que no sepa y se enfoca más en el presupuesto del equipo tecnológico y sus honorarios. Cuando el hombre acaba su presentación lo hace con su pecho elevado de orgullo. Sonrío levemente resistiendo las ganas de bajar su equivocado orgullo, pero solo pido al siguiente equipo y espero la nueva tortuosa presentación. Este equipo es más joven y como me había advertido Amanda, inexperto, así que no espero mucho de ellos no son más que pasantes, pero para mi sorpresa, su propuesta es mucho más sostenible y con beneficios fiscales muy buenos, su deficiencia estaba en el tipo de transporte y la busqueda de personal que esté dispuesto a ir a la isla. Abro la carpeta con su propuesta en escrito que está frente a mí y pongo esas anotaciones. Y sigo escuchando la exposición de la joven frente a mí, se ve extremadamente joven y me sorprende la facilidad con la que expone el proyecto de su equipo. Al contrario del presentador del equipo 007 que hablaba del proyecto como si fuera solo suyo, la presentadora del equipo 004 siempre comenzaba con "junto a mi equipo planeamos" "nosotros cotizamos" nunca dejaba de lado a sus compañeros, eso me gustaba.

La reunión estuvo mucho menos aburrida con la presentación final. Me tomé unos pocos minutos para analizar cada uno de los proyectos y decidirme por alguno. Era bueno en mi trabajo, lo reconocía, y si pusiera empeño a esta empresa le fuera mejor que en todos los años en que el abuelo estuvo al mando, pero no me interesaba en absoluto como le fuera a esta empresa. No me interesaba en nada que tenga que ver con mi abuelo, estaba aquí por mi abuela.

—De acuerdo —digo viendo entre las carpetas de los dos proyectos—, ambos proyectos son adecuados, así que se unirán y discutirán en los puntos que he subrayado en cada una de las carpetas —cierro las carpetas y alejo de mí para que las tomen.

—Señor, no puedo trabajar conjunto con el equipo 004 —se queja el jefe del equipo 007—. Nuestro proyecto no se compara con el otro, en mi opinión es el mejor de ambos. Hay ciertas inconsciencias que está pasando por alto y...

—En mi opinión —le interrumpo enviando una mirada de advertencia—, el proyecto del equipo 004 es el más adecuado para el hotel en la isla San Andrés y no veo las inconsistencias que usted...

—Cuando no se hace una cotización de presupuesto del cobro del equipo del que sale la idea, es obvio que hay una inconsistencia —dice como si yo fuera un tarado en no darme cuenta de eso.

Sonrío amargamente.

—Cuando no se tiene una solución de a donde irán todos los residuos químicos una vez utilizados es una inconsistencia, lo que observo del equipo 004 es que son un equipo excelente que todavía no se ha visto cegado por la codicia de cuanto cobrar por su proyecto.

Observo que todo el equipo 007 me mira con el ceño fruncido, este equipo está conformado solo por gente de la edad del padre de Amanda, unos cincuenta y tantos, es por eso que la experiencia se les subió a la cabeza. Esperé un momento hasta que alguno de ellos responda y al no hacerlo, abro nuevo la carpeta del proyecto 004 y hago unas anotaciones extra.

—El proyecto 004 será ejecutado. He hecho algunas anotaciones más —miro hacia el equipo y todos se ven felices por su logro—. Su proyecto es casi perfecto, les ayudare a que lo sea completamente —firmo al final en la hoja de aprobación.

—Señor... —dice el jefe del proyecto 007—, pensé que dijo que uniríamos los proyectos y...

—He cambiado de idea —digo cortante.

Bebo un poco de agua, me levanto, acomodo mi chaqueta y me dirijo a la todos..

—Fin de la reunión —digo cortesmente— Suerte equipo 004, estaremos en contacto.

Y salgo de esta molesta oficina de reuniones. Faltaban diez horas para mi vuelo con Melanie y debería ir a verificar que no faltara nada en mi equipaje, pero primero pasaría por la casa de Melanie y la vería. En mi coche tenía la excusa perfecta para verla. Su libro.

Sonriendo paso por la oficina de mi abuelo y veo a Martha.

—Que tengas un buen día, Martha —digo contento. Ella me mira sorprendida y yo le sonrío.

Iba a ver a Melanie y nadie me arruinaría eso.

rudaru
Rango11 Nivel 51
hace casi 3 años

muy buena caja, no puedo dejar de leer. esperando mas.

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace casi 3 años

Gracias @rudaru me alegro que te haya gustado, prometo publicar más seguido, esta semana no estoy tan atareada.

Sus
Rango5 Nivel 22
hace casi 3 años

Me encanta la trama, te atrapa debido a que ambos tienen demonios con que combatir.... :)

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace casi 3 años

Gracias @Sus espero que las continuaciones sean de tu agrado :)


#48

Avancé rápidamente por el tráfico. No me detuve ni cuando la abuela llamó. No tenía ganas de escucharla y mucho menos si era el abuela haciéndose pasar por la abuela.

Cuando al fin llego a su edificio, por un buen rato miro fijamente la puerta principal con la esperanza de ver a Melanie. No aparece, y ya son casi las diez de la mañana. Tomo el libro del asiento del copiloto y abro la puerta del auto.

Espero a que una fila de autos pasen para poder cruzar la calle y mientras espero la puerta principal del edificio de Melanie se abre. Y la veo.

Lleva un diminuto short blanco que hace que sus largas piernas se vean aún más largas, una blusa de tirantes blanca que no cubre mucho de ella y un abrigo color piel—si se le puede llamar así— de tela transparente que le cubre su hermoso trasero latino. Sus zapatos son lo mejor. Son tacones, no de mucha altura, pero tacones. Ahora sé porque sus piernas lucen más largas. No son el tipo de tacones que usan las chicas con las que estoy acostumbrado, esos de tacón aguja que siempre me sorprenden, son de tipo delicado, no muy alto y del mismo color de su abrigo.

Corre hacia la derecha y su cabello mojado vuela un poco por el viento.

Quiero tocarla.

Comienzo a correr con ella, desde la calle contraria, no quiero perderla. Cuando noto que ya no hay autos que vayan a pasar, cruzo la calle y corro más rápido para alcanzarla. ¿Cómo corren las mujeres con eso? Cuando estoy casi junto a ella, ella detecta mi presencia y da un brusco giro hacia mí. Esto hace que pierda el control de sus pies y tropiece.

Actuó rápido, tomo su brazo con mi mano izquierda, brazo que salió disparado por el giro, y la atraigo hacia mí. Rodeo su cintura con mi brazo derecho. Su cálido pecho golpea el mío y su cabello mojado da pequeños latigazos a mi mentón y cuello.

Permanecimos así por no sé cuanto tiempo y estuvo bien para mí. Melanie se aferraba a mi brazo hasta el punto de hundir sus uñas en mi piel, su agitada respiración hace que su pecho se presione con el mío aún más cada segundo. Ella no me mira, su cabeza está escondida en mi pecho.

Cuando creo ya está estable, suelto su brazo y aflojo el agarre de su cintura. Doy un paso atrás, no sin antes poner las manos en sus hombros, por si acaso. Ella tiene sus ojos abiertos como platos y sus labios levemente separados. Sus labios.

No lleva maquillaje, por lo que veo su rostro completamente desnudo y debo decir que me gusta. Mucho. Tiene un leve rubor en sus mejillas. Eso también me gusta. Mucho.

—No volveré a usar estos zapatos —dice finalmente. Mira hacia sus zapatos y frunce el ceño.

Eso hace que sonría con malicia.

—Lástima, tus piernas son extraordinariamente largas con ellos —dirijo mi mirada hacia sus piernas para examinarlas. Si, extraordinariamente largas.

Ella se sacude y da un paso hacia atrás, liberándose de mi agarre. Pone su pequeña cartera, que no había visto, frente a ella cubriendo la vista. Vuelvo mi atención a su rostro y noto que está completamente ruborizada. Eso me hace sonreír aún más.

—Pervertido —suelta— ¿Qué haces aquí? —exige.

¿Qué vine a hacer? Miro por un momento a su lindo y ahora pálido rostro. Ella arquea un ceja exigiendo la respuesta. Entonces recuerdo su libro. Miro mis manos. El libro. Doy la vuelta y ahí está, tirado a unos pasos más allá de mí. Me dirijo hacia él y me inclino a recogerlo. Me vuelvo a acercar a ella y extiendo el libro.

Melanie frunce el ceño por un instante, no toma el libro. Parece sorprendida. Cuando sale de su estupor, toma el libro enseguida. Lo examina, lo limpia con su manos y repasa rápidamente las páginas. Una vez su comprobación termina, abraza al libro.

—Lo siento, lo siento, lo siento —susurra— No quise olvidarte —parece afectada por eso.

Sin dejar de abrazar el libro, se dirige a mí con una sonrisa.

—Gracias, Alec.

—No hay de qué, dulce —digo de repente emocionado por ser yo quien cause esa sonrisa.

—No me llames así —dice en el mismo tono suave— ¿Viniste solo por mi libro? —pregunta con tono culpable.

No, lo use como escusa para verte.

—No realmente —respondo— ¿Cómo te fue con tu madre?

—Existen los teléfonos, pudiste habérmelo preguntado con una llamada, no tenías que venir hasta aquí, seguro estás muy ocupado. Iba a ir por mi libro ahora mismo —parece molesta por tenerme aquí.

—Si te iba a molestar que viniera, no hubiera venido —digo en el mismo tono que ella usa conmigo— No volverá a pasar —giro y voy hacia mi auto. Ahora estoy molesto.

Seguro tiene novio y no quiere que la vea conmigo. Demonios, quiero golpear algo.

—¡No me molesta! —grita.

Giro hacia ella y veo que no se ha movido de donde estaba parada. Viene un viento y eso alborota su cabello húmedo. Mi mirada se profundiza, me gusta como luce su cabello alborotado por el viento. Cuando el viento para, ella coloca un mechón de su cabello atrás de su oreja.

Eso me gusta. Todo de ella me gusta.

Demonios.

Ella comienza a caminar hacia mí, con su libro aferrado en su pecho, como si lo usara como protección. Cuando está frente a mí, me mira.

—Le he contado a mamá y está todo bien para ella —responde a mi pregunta inicial— He arreglado mi equipaje, con ropa incluida. Creo que estoy lista.

Sus ojos son tan...

El sonido insistente de la bocina de un auto, interrumpe mis pensamientos. Yo giro rápidamente hacia el ruido que no deja de insistir. Una chica agitaba su brazo furiosamente desde en asiento del conductor. Un chico se abre espacio para aparecer por la ventana y también agita su mano.

—¡Mel! —grita la chica— ¡Mel! ¡Por aquí!

—Isabel —dice Melanie.

—¡Mel! —ahora grita el chico.

—Rick —dice Melanie con la voz alegre.

No dejan de agitar su mano hasta. Después de un rato ya no lo hacen.

—Tengo que irme —dice en tono de disculpa—. Si hay un cambio, me lo haces saber. Nos vemos cuando sea el viaje.

Y comprobando ambos lados de la calle, cruza. Llega hasta el auto, habla por un momento desde fuera con la chica. Luego mira hacia mí, se despide agitando su mano y abre la puerta trasera del auto. Sube y cierra la puerta.

El auto no arranca enseguida. La chica mira hacia mi dirección un buen rato. Veo que Melanie está hablando y golpea varias veces a la chica en su hombro, pero esta no aparta su mirada de mí.

Y yo tampoco lo hago. Si esto es un duelo de miradas, no voy a perder. Sonrío desafiante. La chica sonrié satisfecha. Aparta la mirada y dice algo mirando hacia el frente.

Después de unos segundos arranca el auto y desaparece de mi vista.

Mi celular vibra en el bolsillo de mis pantalones. Con mi mente todavía en los ojos, las piernas y de Melanie, saco el celular y sin ver quién es contesto.

—Reunión en la noche —dice la fría voz del abuelo— Es una orden.

Y cuelga.

Hace más de 2 años

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Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 2 años

Lo siento tanto @Isacar :( :(. No he podido escribir últimamente. He estado corrigiendo los capítulos y no me ha dado tiempo. Ahora mismo escribo la siguiente parte, así me quede hasta el amanecer.

Isacar
Rango6 Nivel 25
hace más de 2 años

Un abrazo inmenso @Valeria_96 ya sabes el drama que agregamos cuando nos desesperamos por leer cosas maravillosas. Eres una grande tomate tu tiempo yo aunque sufra, espero...

Oasis
Rango11 Nivel 51
hace más de 2 años

Gracias por el apoyo @Isacar , me conmueves mucho. Eres una de las personas que me motivan a seguir.


#49

Ya eran casi las dos de la tarde y todavía nos faltaba media serie. Teníamos hambre, pero la curiosidad por saber qué va a pasar, hace que no queramos levantarnos. Estamos acostadas en la cama de Isabel, cubiertas por una enorme manta. La madre de Isabel nos ha traído palomitas hace dos horas y es todo lo que, al menos yo, he comido y mi estómago empezó a protestar hace una hora.

—Tendremos que levantarnos —dice Isabel— Mi estómago no para de protestar.

No entiendo cómo tiene hambre, ella ya había comido junto a su hermano en el auto y cuando llegamos a sus casa se comió un par de barras de granola, yo por mi parte, no he comido más que un par de puñados de palomitas, Alec hizo que se me quitara el apetito. No entendía porque vino a buscarme.

Temprano me levanté con ganas de terminar de leer Eleanor y Park y cuando busqué el libro en mi bolso, no estaba. Me llevé un susto de muerte cuando creí que lo había perdido, luego comprendí que pudo caber la posibilidad de que lo haya olvidado en la habitación de hotel de Alec. No tardé más de media hora, sólo tome un baño y me puse algo que estaba lindo, sólo iría a ver el libro y luego tenía planes con Isabel. Me había llamado después una hora después que Alec.

Cuando salí a toda velocidad de mi casa, jamás me imaginé encontrarme con Alec, bueno no nos encontramos, prácticamente caí sobre sus brazos, pero en mi defensa, no fue mi intención en absoluto. La cosa es que había traído mi libro, al principio no comprendí por qué estiraba algo hacia mí, pero luego noté el libro y debo decir que fue un gran alivio. Ya que mi habilidad para entablar conversaciones era escasa, lo hice enojar, había sido tan amable de traerme mi libro y yo voy de mal agradecida a reprocharle por qué lo hizo.

Hoy comprendí que podía llegar a ser una perra, como Isis.

—Ese chico... —comienza Isabel. Había estado tratando de sacarme información de Alec desde que me encontró con él fuera de casa— podría ser un nuevo admirador.

—¿Nuevo admirador? —me río— ¿Cuándo he tenido uno antiguo?

—No te hagas la tonta, sabes que lo has tenido.

Me encojo de hombros.

—Pero el es extranjero, o al menos parece uno, hemos subido de nivel —dice orgullosa.

—¿Por qué si es extranjero se sube de nivel? —protesto— No por ser extranjero cuenta como algo de nivel alto, Isabel —la fulmino con la mirada.

—Está bien, lo siento —dice. No se inmuta en lo más mínimo por mi mirada— Volviendo a lo nuestro, ¿él te invitó al desayuno?

—¿Por qué tanto interés?

—Me interesa porque él te interesa y ya que no bajó la mirada cuando lo mire fijamente creo que es alguien bueno.

Isabel tenía una teoría, todos los chicos que no resistieran su mirada no se merecían a ella o a mí. Cuando estamos en el colegio, ella ahuyentó a todo aquel que se me acercaba. Incluyendo Henry.

—Vamos a comer.

Me paro rápidamente y voy hacia la cocina, no es que tenga urgencia por comer, tenía urgencia por escapar de Isabel. Isabel no viene tras de mí, lo que es bueno, así preparo mi comida con tranquilidad.

Cuando estaba picando los tomates para la ensalada, entra Isabel y me hace asustar .

—¡Melanie!

Me corto el dedo y una gruesa línea de sangre cae sobre el mesón. Un leve gemido escapa de mis labios. Al revisar mi dedo, veo que el corte no es tan grande aunque he llegado al borde de mi uña. Necesito una bandita.

—Tu teléfono.

De repente, ella se aparece y pone el celular en mi cara, tan cerca de mi cara que tengo que hacerme para atrás. La miro un poco enojada y ella frunce el ceño, no se ha dado cuenta de mi corte. Tomo el celular con mi mano derecha.

—Habla Melanie —contesto con tono severo. No es buen momento para recibir una llamada. Me aproximo al lavamanos, abro la llave e introduzco mi dedo. Al contacto del agua con la piel abierta, me trago un gemido, la herida escuece.

—Estaré en tu casa en una hora, tal vez menos —comienza Alec— Prepárate y despídete. Volveremos en dos semanas.

Me detengo, ante lo que dice. ¿El vuelo es ahora? Y ni siquiera saludó ¡qué se cree!

—¡Dos semanas! ¡Estás loco! —reclamo. Cierro la llave de agua cuando creo que ya no hay sangre, pero en cuanto lo hago la sangre comienza a brotar de nuevo. Me giro e Isabel me alcanza un pedazo de papel de cocina. Me doy cuanta que me mira con curiosidad, así que me alejo de ella y hablo más bajo— Es mucho tiempo, tal vez para ese tiempo ya tenga que hacer matrícula en la universidad, además, mi mamá se preguntará por qué tanto tiempo.

—Por lo que sé, las vacaciones durarán un mes y medio y las matrículas empezarán dos semanas antes del inicio de clases —explica Alec.

—¿Investigaste eso? —no quería estar molesta con él, pero si lo hizo, me parece demasiado.

—Lo hizo, Amanda.

Esa mujer me comenzaba a molestar. Siento que el papel se había empapado completamente. Sostengo el teléfono con mi hombro y con mi libre aprieto la herida. Tengo dos opciones, molestarme y gritarle ahora arriesgándome a que Isabel me escuche o hacerlo en canto lo vea. Creo que la primera opción es la más segura. Respiro y calmadamente digo:

—No sabía que el vuelo era hoy y no estoy en mi casa. Si me das unos cuarenta y cinco minutos, tal vez llegue y...

—Te recuerdo que nuestro trato está en que no veas a nadie —me dice. Su voz demuestra ira contenida y disfrazada con aburrimiento. ¿Cree que estoy viendo a alguien? ¿Me cree capaz de hacerle eso a una persona mientras estoy en semejante trato con él? ¡Idiota!

—Te recuerdo que ese trato es válido únicamente mientras estoy haciendo "cosas" SOLA —prácticamente grito la última palabra. Al darme cuenta de eso, cierro los ojos con frustración, suspiro y continuo—. No puedo creer que me creas capaz de hacer algo así. Si tuviera a alguien, ni siquiera te hubiera volteado a ver, Alec —suficiente, Melanie—. Mira, hablaremos de esto cuando estemos frente a frente.

—Yo no quería...

—Hasta entonces, Alec —y cuelgo. Creo que estoy enojada, un poco, pero enojada. Manejo de ira, Melanie, manejo de ira. En cuanto vuelva, tomaré cesiones.

—¿Todo bien?

Casi suelto el celular del susto, me giro e Isabel está parada inocentemente frente a mí. Espero un instante para que los latidos de mi corazón disminuyan de velocidad y respondo que todo está bien. Gracias a la presión, el sangrado se detuvo y me alejo balbuceando que me tengo que ir, voy por mi cartera. Ella intenta detenerme para un interrogatorio, pero soy rotunda ante mi salida.

Cuando llego a la calle, Isabel se detiene en su puerta y se despide de mala gana. Me alejo rápidamente y me siento en la estación de bus. No tuve que esperar mucho y cuando por fin me subí al bus, pude ir pensando en lo malo que podría ser para mí este viaje. Podían salir mal muchas cosas, bueno, sólo me preocupa una, mis sueños.

Sólo espero no enfadarme demasiado con Alec cuando lo vea y no soñar mientras esté de vacaciones.

Hace más de 2 años

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