A_Pereira
Rango9 Nivel 42 (3694 ptos) | Escritor autopublicado
#1

El verdor fosforescente del radio-despertador parpadeó en la oscuridad de la habitación. Eran las tres y cuarto de la madrugada cuando el lejano aullar de un perro me asaltó en mitad de oníricas divagaciones. Me levanté ligeramente de la cama, algo aturdido y cogí un cigarrillo del paquete, a medio terminar, que había en uno de los cajones de la mesita de noche. A su lado, una de esas cajas de cerillas, cortesía del bar al que solía ir antes de volver a casa. Nada más encenderlo creí oír un ligero susurro procedente de la calle. Pasos, pasos lejanos acercándose hacia aquí...
−«¿Quién será a estas horas?»−me pregunté−«No será nadie»−dijo mi parte indiferente.
Al momento volví a oír los pasos; esta vez justo frente a la ventana de mi dormitorio. Me sobresalté ligeramente y fui hasta la puerta, amortiguando mis pasos; me acerqué hasta la chaqueta, la cual colgaba de un desvencijado perchero y cogí la pistola que pendía de la bandolera. Amartillé el percutor con sigilo, tras lo cual apagué el cigarrillo dentro de un jarrón en cuyo interior se deshacían varias flores secas.
De repente sonó el...

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InternetGuide
Rango1 Nivel 0
hace más de 4 años

Me encantan estos comienzos, ojalá pase esta historia!!!

Paco_Puerto
Rango1 Nivel 4
hace más de 4 años

Es buenisimo el relato, enhorabuena A_Pereira.

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias escritor_1006

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias escritor_1006

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias a tod@s por vuestro apoyo ;-)


#2

...celular; sobre el mueble del pasillo, vibrò con un sinuoso quejido. Con suspicacia mirè hacia la puerta tras lo cual agarrè el aparato.
–«Tiene-un-mensaje-en-el-buzòn...»–comenzò a decir un artificial contestador.
–«Es Clara..., algo ha debido de pasar, pero ¿què?»– con ciertas dudas pulsè el nùmero del buzòn de voz...
–«(Sollozos) Lo-lo siento Marco...–se oyó el lamento de una chica; entrecortado–, lo sabe todo..., (sollozos), se ha vuelto loco (sollozos), dice que va a ir a tu casa y...»–de repente se cortó la llamada.
–¡Maldiciòn!–gritè desesperado.
Un ruido atrajo mi atenciòn; procedente de la puerta principal, pude oìr con claridad un leve sonido, como si alguien arañase la hoja desde el otro lado.
–«Pero...»– pensè inquieto.
Con cuidado, fui aproximàndome a la entrada, con el dedo puesto en el gatillo. Contuve la respiraciòn un segundo y echè un vistazo a travès de la mirilla. Un gato se lamìa una de sus patas, al otro lado del cristal; la luz de una farola reverberó, con un metálico quejido, provocando que las estáticas sombras de los árboles «bailasen» de un lado a otro.
Tras de mì, de soslayo, pude ver una silueta entrando en el dormitorio.
–«Hay alguien en la casa»–pensè sumamente estremecido.
Sentí como si una brutal descarga recorriera mi espalda desde la cabeza a los pies.
Di unos pasos y descubrì algo en el suelo, unas huellas de pies descalzos de un gelatinoso color rojizo; parecìan dirigirse directamente hacia el salòn. Aquello provocò en mì una profunda sensaciòn de miedo. Unos acordes desordenados procedentes del extremo opuesto del corredor atravesaron mi corazòn, y mi alma.
–«Pero ¿què està pasando aquì?»–pensè tembloroso.
En aquel instante no pude evitar que el arma se agitase entre mis manos de un modo involuntario.
Un haz de luz se colò por debajo de la puerta precedido por el ronroneo del motor de un coche, retrotrayèndome de mis espectrales temores; el sonido de una puerta cerràndose de golpe, y los solitarios pasos de dos individuos acercàndose hacia la casa.
Sonaron unos ligeros golpes en la hoja.
Traguè saliva y con sigilo fui hasta la misma. Al ojear por la mirilla, observè a dos tipos; uno de ellos mostraba una placa de policìa...

Benny
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

¡Me encanta! Para ser tan breve mantienes muy bien la tensión. ¡Suerte!

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias Benerince :-)

escritor_992
Rango1 Nivel 0
hace más de 4 años

Escribe un comentariointrigante jeje...

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Era noche cerrada y en el interior del camposanto solo se oían leves sonidos procedentes de las tumbas...

Atienza
Rango1 Nivel 0
hace más de 4 años

Intrigante, tengo ganas de saber más...

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias; ojalá pueda segui r hasta el final


#3

…en una mano; miraba fijamente hacia la madera, como si intentase adivinar si había alguien observándolo desde el otro lado del agujero.
Contuve la respiración durante unos instantes, con la mirada puesta en lo que acontecía fuera, y los oídos a mi espalda. Con suavidad dejé el arma en el suelo, oculta por la hoja. Tuve la sensación de que alguien me observaba desde el otro lado del pasillo; unos ojos inamovibles.
Con rapidez giré la llave y descorrí el cerrojo que, a la antigua usanza, daba fe de la antigüedad de aquella construcción. Con reservas asomé la cabeza, hecho que pareció sorprender a los dos individuos que aguardaban en la entrada. Advertí que ambos vestían un traje de corbata, algo desaliñado y arrugado; parecía como si hubiesen dormido con ellos más de una noche.
−Buenas noches, señor Leyton, disculpe que le molestemos a estas horas− saludó el que portaba la acreditación; el otro se limitó a asentir conforme.
−Buenas noches ¿en qué puedo ayudarles? –respondí abriendo de par en par. Miré con atención la placa junto a la cual había una acreditación con la foto del mismo tipo que la portaba. Acto seguido se la guardó en el interior de la chaqueta.
Ambos advirtieron que vestía un pijama de verano.
−Verá, señor Leyton, soy el detective Bernáldez y él es mi colega, el detective Cross, nos gustaría hacerle algunas preguntas, si no es mucha molestia…
−Claro ¿qué ocurre? –le pregunté extrañado.
−Esto… ¿Cuándo fue la última vez que vio a su secretaria?
− ¿A Clara? –pregunté con cierto temor. Sopesé la respuesta− Ayer, más o menos a la hora del almuerzo, había quedado con unos clientes para comer ¿sucede algo con Clara?
Los dos policías se miraron con un semblante bastante serio.
−Aproximadamente, sobre las cinco de la tarde, unos vecinos oyeron una fuerte discusión en el número cinco de la avenida Holidays, seguido de fuertes golpes y roturas de cristales –el detective hizo una pausa, observando con atención mi rostro.
−Es la casa de Clara…−dije cabizbajo.
−En efecto, minutos más tarde, uno de nuestras patrullas se personó en el domicilio de…, la señorita Mendes y encontraron la puerta abierta−prosiguió el detective.
−En el interior encontraron huellas de una...

#4

...pelea, gran cantidad de sangre y mobiliario destrozado− matizó el otro.
−Dios mío…−dije yo, en voz baja; no daba crédito a aquellas palabras.
− ¿Sabe usted si la señora Mendes tenía problemas en casa, de algún tipo?
−No…, bueno, mi relación con Clara era estrictamente profesional…, alguna vez me comentaron algo…, pero no recuerdo el qué−les dije con bastantes dudas−. ¿Sospechan de su marido, tal vez?
Los dos policías se volvieron a mirar con un semblante circunspecto.
−La razón por la que hemos venido hasta aquí es que hemos encontrado el vehículo del señor Mendes a dos kilómetros de aquí, fuera de la carretera.
−Por razones que desconocemos, sospechamos que el marido de su secretaria, tras agredir a su esposa, se dirigió hacia aquí…, por algún motivo ¿entiende lo que quiero decirle?
Asentí en silencio; algo ruborizado.
−Lo-lo siento, señores agentes, pero no sé qué decirles al respecto…, me reafirmo en lo que les he dicho hace un momento, mi relación con Clara solo era profesional, eso es todo.
− ¿Sabe lo que significa obstrucción a la justicia, señor Leyton? –dijo uno de ellos con un tono amenazador.
Asentí muy serio.
−No tengo nada más que decir, si no les importa…
−Volveremos, señor Leyton−dijo uno de ellos, forzando una sonrisa, tras lo cual se dieron la vuelta y se dispusieron a marcharse.
Nada más cerrar, noté el frío cañón del arma en mi sien. Al momento pude oír como arrancaba el coche y se marchaba a gran velocidad.
−Sabía que eras tú ¿qué harás ahora?, ¿matarme a mí también? –dije dándome la vuelta con lentitud.
Pude ver una forma frente a mí, oculta por las sombras; se podía adivinar pobremente que llevaba alguna clase de casaca de color verde y unos pantalones de color oscuro.
− ¿Qué?, ¿no tienes nada que decir?, ¿o vas a apretar el gatillo sin más? –dije con rabia.
Un tímido sollozo surgió del individuo cuando de repente apretó el gatillo. Al hacerlo un brillante fogonazo surgió del cañón, momento en el que yo aproveché para agacharme, arrebatándole la pistola de un veloz tirón. Le propiné un fuerte empujón que derribó a mi atacante, haciéndolo caer de espaldas.
Reí, negando con la cabeza.

#5

−Maldito estúpido, la primera bala siempre es de fogueo –le dije con un tono de reproche.
El agresor extrajo un objeto del interior de sus ropas; por su tamaño parecía un cuchillo que enarboló de un modo amenazador.
−Si lo intentas…− comencé a decir, sin embargo aquel desconocido hizo oídos sordos a mis palabras y se levantó como una exhalación, momento en el que disparé dos veces; sin pensar.
Cayó al suelo como un fardo; inmóvil.
−«Maldición…»−pensé.
Pude advertir un sonido gutural de lo más desagradable, tras lo cual me acerqué a la pared y pulsé el interruptor de la luz.
− ¡Clara! –no pude evitar exclamar confundido; abatido−. ¡Clara…! ¿Por-por qué? –pregunté al tiempo que las lágrimas bañaron mi rostro.
Allí estaba ella, vestida con esas ropas. Uno de los disparos le alcanzó en la garganta.Una sonrisa se dibujó en su rostro, momentos antes de escupir gran cantidad de sangre, tras lo cual quedó inerte y con los ojos abiertos; ausentes.
De repente sonó el timbre. Con la respiración entrecortada y sin dar aún crédito a todo cuanto allí había acontecido, me dirigí hacia la puerta y eché un vistazo por la mirilla. Al otro lado pude ver a alguien, con una visible contusión en la cabeza; sus ropas parecían haber sido arrastradas por un barrizal. Su rostro me resultaba vagamente familiar por lo que abrí con cautela.
− ¿Señor Leyton? –dijo el recién llegado con un tono de alivio−. Creí..., creí que no llegaría a tiempo…−dijo él jadeando.
Hice un gesto, como de no comprender lo que decía.
−Soy yo, Sam Mendes ¿me recuerda usted?
Le miré a los ojos, consternado, sin saber qué decir. Lo único que pude hacer fue asentir, mientras las lágrimas bañaban mi rostro a la luz de una reverberante farola.
− ¿Señor Leyton? −insistió.
−Es usted..., es usted el marido de Clara ¿no es cierto?
Él movió la cabeza en señal de afirmación.
−Y su psiquiatra, señor Leyton, y su psiquiatra−dijo con un tono de comprensión.
Le miré con incredulidad; no podía creer lo que estaba oyendo.
−« Su psiquiatra…» −pensé negando con la cabeza.

A_Pereira
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

Gracias y Feliz Navidad

A_Pereira
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hace más de 4 años

Gracias y Feliz Navidad

escritor_1216
Rango1 Nivel 0
hace más de 4 años

En cada parte me quedo esperando la proxima


#6

Le hice un gesto para que entrase en la casa alejándome del umbral. El tipo abrió la puerta completamente, y descubrió el cuerpo de Clara sobre el suelo.
− ¡Vaya…! Lo-lo lamento, jamás…− dijo ante la visión del cadáver de su mujer.
− ¿Por qué se disculpa? Es lógico que…− comencé a decirle, sin embargo al darme la vuelta, descubrí que aquel tipo portaba un arma con la cual me apuntaba−. ¿Qué hace?, ¿qué significa todo esto? –le pregunté inquieto.
−Deja ese revólver en el suelo, por favor−me dijo con un tono veladamente amenazador.
Lo miré con rabia, pero el insistió moviendo el cañón hacia un lado.
Contrariado, lo deposité sobre el suelo; él sonrió con malicia, cerrando la hoja tras de sí, sin dejar de apuntarme con la pistola. Se acercó al cuerpo de la mujer y lo tocó con la punta del pie, cerciorándose de que estaba muerta, tal vez.
−Una pena, no tenía que haber ocurrido pero…, así son las cosas− dijo mirándola con detenimiento.
Advirtió algo en ella que le llamó la atención; se agachó extrañado. Giró su cabeza y observó que la joven llevaba un diminuto tatuaje en la nuca.
−No-no es posible, Lisa…−dijo en voz baja completamente consternado−. ¿Qué haces tú aquí?
−«Lisa… ¿De modo que ese es su verdadero nombre? No era más que una mentira tras otra»−pensé con indignación.
Noté que algo brilló junto a mi pie; se trataba del cuchillo con el que aquella mujer intentó matarme.
−«Tal vez pueda alcanzarlo ahora que parece estar entretenido y tal vez…»−pensé al tiempo que comencé a agacharme poco a poco.
−Lisa ¿cómo has llegado hasta aquí? Te dije que te quedaras en casa, esto no era para ti ¿qué has hecho con Clara?
−« ¿Con Clara?, ¿a qué se referirá?» −me pregunté sin dejar de flexionarme, sigilosamente, sobre mí mismo».
−Maldita sea, todo es por tu culpa− dijo con rabia−. ¡Todo es por tu culpa! –gritó levantándose al tiempo que me apuntó con el arma.
Me agaché con suma velocidad y agarré el cuchillo con la punta de los dedos; se lo lancé sin saber muy bien lo que estaba haciendo.
El arma voló por el aire, dándole un fuerte golpe en la frente, con el mango, momento en el que se echó una de las manos al cara.

Hace más de 4 años

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#7

Ante aquella situación corrí en dirección opuesta, agachándome tanto que casi corrí como un animal, «a cuatro patas», cuando él comenzó a disparar sin ton ni son.
− ¡Malnacido! ¡Vas a lamentar lo que has hecho! –gritó enfurecido.
Como pude me colé por la puerta de la cocina antes de que una de aquellas balas pudiese alcanzarme.
− ¡Te cogeré! –volvió a vociferar recuperándose, tras lo cual corrió tras de mí con la pistola en la mano.
Superado por la situación, me arrastré por el suelo, sabedor de las pocas posibilidades que tenía ante aquella amenaza, cuando de improviso me topé con dos piernas las cuales se ocultaban en la penumbra de aquella estancia. Sentí un profundo temor, máxime cuando se encaminó hacia la puerta encontrándose de cara con el doctor Mendes. Éste se detuvo en seco, mirando con estupor a aquella persona que parecía recién salida del mismísimo Averno.
−Clara…, eres tú…−le oí decir completamente patidifuso.
Miré al rostro de aquel desconocido y pude comprobar que se trataba de una mujer; de Clara.
−Perdóname cariño, no sabes cuanto me alegro de que te encuentres bien, yo…−comenzó a decirle, dubitativamente, al tiempo que, de súbito, levantó el arma y apuntó directamente al rostro de la mujer−. Lo siento, pero no puedo permitirme errores.
Apretó el gatillo, sin embargo solo se oyó un inofensivo «clic».
−No, perdóname a mí−dijo ella con cierto desdén.
Le apuntó con una escopeta y le disparó a bocajarro, de modo que «el buen doctor» salió disparado contra la pared, dejando una enorme mancha rojiza sobre la misma.
No daba crédito a todo cuanto acontecía ante mí. Me limité a observar el rostro de aquella mujer completamente anonadado. Ella se giró y me dedicó una tímida sonrisa. Se colocó un el índice sobre los labios en señal de silencio, momentos antes de desaparecer en dirección a la calle. Pude oír como abrió la puerta, cerrándola tras de sí. Pasaron unos minutos hasta que tuve el valor de levantarme del suelo; aún me temblaba todo.
−Vaya…, de modo que, de repente, una heroína surgida de la oscuridad le salvó la vida ¿no es eso? –preguntó el detective Bernáldez−.Menuda historia señor Leyton.−dijo impresionado.

AL_Garcia
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

Me gusta mucho tu historia, está genial


#8

−Así es, me salvó la vida−le respondí rememorando en mi cabeza toda aquella secuencia de escenas, desde el principio hasta el final.
− ¿Usted dijo en una primera declaración que aquella mujer era exactamente igual a la señora Clara Mendes?, ¿se reafirma en ell? –preguntó el detective Cross.
−Tal vez solo fue producto de la situación, supongo…−le dije al detective con aire pensativo.
−Verá, resulta curioso que mencionase lo del parecido con su…, secretaria−dijo el policía dubitativamente.
− ¿Por qué lo dice? –me sorprendí.
−Resulta que según nuestros informes, la señora Clara Mendes tenía una hermana gemela, falleció hace unos cinco años en el Saint Gregory, el hospital en el que trabajaba el señor Mendes, por ese motivo aquella afirmación nos resultó una coincidencia de lo más chocante ¿me comprende usted?
Asentí conforme.
−Ya le digo, supongo que los sucesos de aquella noche me hicieron ver cosas que no eran totalmente ciertas, eso es todo –les dije con tranquilidad.
Ambos policías se miraron con resignación; acto seguido cerraron el dossier del caso y lo guardaron en uno de los archivadores.
−Creo que necesito recuperar mi vida−les dije levantándome de la silla y saliendo de aquel despacho.
Una vez en casa, me di una ducha, tomé un bocado ligero y me fui a la cama. En mi cabeza aún bullían todas aquellas escenas, una y otra vez; sin parar, cuando de improviso algo llamó mi atención. Bajo el umbral de la puerta descubrí una silueta; se trataba de una mujer la cual vestía un blanco camisón de seda que permitía vislumbrar sus femeninas formas bajo el mismo.
−No deberías estar aquí, creo que sospechan algo –le dije.
−No te preocupes, cariño, si algo aprendí en aquel psiquiátrico es que el sistema no funciona tan bien como algunos creen− dijo con una sonrisa al tiempo que subió a la cama como un libidinoso felino.
−Clara... Clara..., nunca cambiarás…−le dije.
−No lo sabes bien, amor mío−me dijo al tiempo que de debajo de su atuendo extrajo un alargado y brillante destornillador el cual refulgió ante el verdor del radio-despertador de la mesita de noche.
−Vaya…−dije frente la visión de la amenazadora herramienta.
De repente sonó el timbre.