Z634
Rango10 Nivel 49 (5697 ptos) | Fichaje editorial
#1
    Partes:
  • #2

Nunca pensé que esconder un cadáver fuera tan difícil. Lo cierto es que nunca me había detenido a pensar que yo sería capaz de llevar a cabo un homicidio.

¿En qué momento obtuve el valor para asesinar a alguien? Fue la exaltación del momento; un impulso meramente animal que me llevó a cometer esta atrocidad.

Es verdad, a lo largo de mi vida me vi atraído por los retos que presentaba ser un criminal, porque si algo admiraba, era la inteligencia que los asesinos seriales demostraban al burlar a la policía a través de los años. No importaba cuanto avanzara la tecnología, siempre había alguien que lograba burlar el sistema.

No sé porqué prefería el lado oscuro de las historias, tal vez por el riesgo, por rebeldía o por simple estupidez: pude soñar con ser el héroe, resolver los enigmas y convertirme en el detective de mis propias historias, pero no fue así.

Hace casi 4 años Compartir:

5

9
Jorge_TzN
Rango10 Nivel 47
hace casi 4 años

*obtuve el valor para... ¡siempre manejando muy bien la intriga!

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace casi 4 años

Allá vamos.

Me sumergo de cabeza.

Me encanta el intento de racionalizar el mal, cuando el arte que contiene es caos....

Z634
Rango10 Nivel 49
hace casi 4 años

Me pone de excelente humor ver sus comentario @Romahou y @Jorge_TzN
Gracias por estar aqui siempre apoyando. Los quiero!!
A ver que puedo hacer en un caja màs ;D
Saludos


#2

Miles de veces repasé mentalmente el plan: pasos estudiados a profundidad en tiempos de ocio; seleccioné el arma homicida, pensé en la coartada, la forma más efectiva de deshacerme de la sangre remanente en las fibras de mi ropa, estudié los puntos muertos de las cámaras de seguridad, pensé en qué haría con el cuerpo...

Sin embargo, no era más que una fantasía, alimentada por decenas de películas y novelas que satisfacían mi curiosidad y enajenación. Los errores que se cometían en ellas parecían evidentes; me decía a mí mismo que yo no sería tan tonto, provocando con esas palabras que los engranes en mi cabeza comenzaran a formular posibles escenarios.

Cualquiera habría dicho que me tomaba este asunto del “crimen perfecto” demasiado enserio.

Parece que esas fantasías me condujeran hoy hasta aquí, como si el destino hubiera decidido poner ante mí todos los factores determinantes: llevarme al límite y provocar este desastre.

El reloj acaba de anunciar las seis de la tarde con su acostumbrado ruido metálico, en unos minutos todos comenzarán a desfilar camino a casa, con sus mochilas al hombro y la expresión vacía que deja un día más de ajetreadas labores impuestas.

«No puedo salir de aquí, no ahora, mientras mi corazón late desenfrenado, mientras las manos aún me tiemblan, mientras mis pupilas lucen dilatadas y la sangre colorea mi camisa... No, es imperativo aguardar hasta que no quede nadie en el edificio, deslizarme sigilosamente al patio de prácticas y escalar la cerca que da al parque: las sombras creadas por el caer de la noche me permitirán escapar sin ser visto.»

La sangre ha comenzado a coagularse: ese tono de carmesí ahumado siempre me ha fascinado, podría decirse que es mi color favorito. Va extendiéndose despacio por el frío suelo de piedra, desbordándose lentamente de las heridas infringidas al cuerpo sin vida que descansa a unos metros de mi: visto desde aquí luce indefenso.

Su rostro aún conserva la expresión desencajada, aunque el brillo en sus ojos se apagó antes de que asestara el último golpe. La sangre brotaba de las heridas bañándome en ese líquido vital: acariciaba mi rostro con un tacto cálido y avivaba una llama en mi interior que me impidió detenerme.

Tenía tanto odio acumulado, que a la más leve provocación: estalló. Estalló después de tantos años, como un globo de agua al estamparse con el suelo desde el segundo piso de un edificio, y ahí estaba él, para su mala suerte. Él, que había arrebatado de mi lado lo único que mantenía con calma a la fiera que me devoraba desde adentro.

Y así empezó: lo vi desde las regaderas, guardando su equipo en la maleta azul que yo le había regalado a ella. Y me acerqué como un depredador a su presa: sorteando los obstáculos, resguardándome en las sombras. Susurré su nombre, tomé el palo de hockey que descansaba a su lado: giró y fue ahí cuando solté el primer golpe: le di en la nariz. La sangre comenzó a brotar y él se avanzó sobre mí. Pero ya era tarde.

Me convertí en un animal, devorado por los instintos más sanguinarios de venganza: no importaron las horas invertidas en la plantación, ni la sangre manchándolo todo, no me importó el lugar ni la hora ni lo estúpidamente fácil que sería ser descubierto: tenía la oportunidad y no pensaba desaprovecharla.

Fueron trece golpes, cada uno por las cosas que él le había hecho: por ese beso que le robó en la fiesta de fin de curso, y las flores que cortó del jardín de alguien, por aprovechar su noble y confiado corazón para sus tretas. Por abusar de su inocencia. Por envenenarla y manchar su ingenuidad con actos vulgares.

Por herirla.

Dejó de respirar al décimo golpe, los demás fueron la inercia actuando a voluntad.

Me quedé aún sobre él, con el palo de Hockey en ristre, con el corazón a punto de explotarme en el pecho; la respiración agitada, el sudor mezclándose con la sangre y deslizándose por mi frente, reptando, consumiendo y al mismo tiempo, apaciguando la ola de furia que provocaba estremecimientos a mi cuerpo.

Deposité el palo de hockey a un lado del cuerpo, me incorporé y vi desde lejos el desastre que había creado: era abominable, pero había algo de hermoso en todo ello.

Fue entonces cuando todo cobró sentido en mi mente; las razones dejaron de ser un enigma. Por ello había sido seducido; las emociones erizándome la piel, la fuerza súbita apoderándose de cada musculo de mi cuerpo: la libertad.

Esa sensación de ligereza, de indestructibilidad: el poder.
****
Un ruido lo sacó de su ensimismamiento: el eco de unos pasos acercándose. No se inmutó. Quería ser descubierto. Quería que todos supieran de lo que era capaz.

Los pasos cambiaron de dirección, se alejaron en dirección a la biblioteca. Fue en ese momento que entendió por qué los criminales cometían errores que parecían evidentes, y era, porque se suponía que así debían ser. Era su firma. Como una migaja de pan. La forma en que les permitía a los buenos llegar hasta ellos.

Era cuestión de ego. El querer ser descubierto. Porque después de crear ese tipo de arte, sería absurdo no querer ser reconocido. Como el excéntrico Picasso o el fantástico Dalí. Cada error estaba ahí porque ellos así lo deseaban.

Tomó el palo: ese sería su trofeo. Salió despacio de los vestidores de chicos y se dirigió al patio de prácticas, cubierto por una sudadera del equipo y la gorra que alguien había dejado olvidada. La escuela ya se encontraba desierta para esos momentos. Limpió la sangre de su rostro. El aire al salir lo recibió con un soplo helado.

Camino despacio, sin preocupaciones, preguntándose cuándo hallarían el cuerpo, qué pasaría al llegar el siguiente día a clases, como cualquier otro jueves. Arrojó el palo de hockey por encima de la cerca, y de un brinco alcanzó el borde, no sin un poco de dificultad y aterrizó en el parque. Todo salía a la perfección.

La escuela Secundaria Juan Bocajarro fue haciéndose más pequeña a sus espaldas, mientras una sonrisa torcida se dibujaba en su rostro. Debía apresurarse. Su madre no tardaría en llegar a casa, y antes tenía que deshacerse de la ropa y pasar por el pastel que le había prometido a su hermana para su cumpleaños.

-Nadie te hará daño a partir de ahora, mi princesa.

Z634
Rango10 Nivel 49
hace casi 4 años

No entiendo porque el código para las cursivas ya no funciona... =(
Espero no resulte fácil perderse entre los cambios de voces

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace casi 4 años

Se entiende bien, de hecho es atrayente ese cambio de narrador.
Abundas además de la buena descripción para introducir evento y personaje.

El protagonista, por otro lado, para ir perdiendo años y rejuveneciendo al avanzar el relato, lo cual no sé si realizas con propósito.

Suerte y abrazos

Z634
Rango10 Nivel 49
hace casi 4 años

Con propósito se hizo, ¿quién sospecharía de principios que el prota es tan sólo un niño, puberto, si a caso?

Me alegra que se entienda, me temía que tan súbito cambió desconcertara al lector. @Romahou gracias por tus observaciones.
Abrazos, querido amigo!