SagrarioG
Rango6 Nivel 25 (810 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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Miró a aquel extraño hombre a los ojos y, sin muchas dudas, firmó el papel. De repente la hoja resplandeció y, acto seguido, se convirtió en una bola de fuego y desapareció, pero el pacto ya estaba sellado y una sensación indescriptible se apoderó de ella.

Estaba hecho, había decidido vender su alma al diablo y cuando muriera, ardería eternamente en las llamas del infierno, ya no había vuelta atrás. Podría haberle dejado morir, esa habría sido la otra alternativa, pero le amaba demasiado y lo tuvo muy claro cuando ese extraño hombre salió de la nada y se ofreció a salvar su vida. Tampoco tuvo que pensarlo mucho y cuando por fin accedió, el hombre le sonrió de una manera fría y le dijo: “Vuestro afán por aferraros tanto a la vida es mi ventaja”. Fue en ese momento cuando a ella le entraron algunas dudas, pero no por ello cambió de opinión.

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#2

De regreso al hospital, pudo ver como él abría sus ojos lentamente, se incorporaba en la cama y sonreía mostrando muy buen aspecto. No recordaba la última vez que le había visto así después de tantos años de enfermedad. El equipo médico no daba crédito, unos hablaban de milagro, otros de curación espontánea, pero las pruebas no dejaban lugar a dudas, no quedaba rastro de la enfermedad terminal que todos aseguraban que acabaría con su vida en cuestión de pocos días.

Solo ella sabía la verdad, el diablo se había llevado su mal y por ese motivo su alma pagaría para siempre, pero había decidido no compartir su secreto con nadie. Creía que había hecho lo correcto, que había merecido la pena, y volverle a ver lleno de vida la hizo sentirse tan bien que sintió que pagaría gustosa el alto precio.

Regresaron juntos a casa, a ese hogar que apenas habían pisado en los últimos meses y que habían cambiado por el hospital de blancas paredes y largos pasillos, recorridos en innumerables ocasiones. Pero eso ya se había acabado y mientras conducía en la oscuridad de la noche se sentía agotada pero feliz y tenía claro que quería aprovechar con él todo el tiempo que le quedara en este mundo.

A la mañana siguiente, le vio bastante taciturno y le preguntó qué le pasaba, tras unos instantes de cavilación, él le respondió que no entendía lo que le había sucedido, desconocía por qué se había recuperado de repente, pero eso no importaba, se daba cuenta de que, por algún motivo desconocido, la vida le había dado otra oportunidad y había decidido aprovecharla. Por eso le agradecía de todo corazón su amor y dedicación, pero no quería volver a su antigua vida, quería experimentar cosas nuevas y vivir otras relaciones que le hicieran sentirse más vivo todavía, y ella no estaba incluida en esos planes.

Entonces vio con horror como él se ponía a hacer las maletas y un creciente pánico se empezó a apoderar de todo su ser. Trató de hacerle cambiar de opinión, pero sus esfuerzos fueron en vano, él estaba completamente decidido a marcharse. Entonces comprendió con desesperación que el amor que sentía por él no era correspondido y que había cometido el mayor error de su vida. No había querido dejarle marchar y por ello había condenado su alma por toda la eternidad y ahora él se marchaba de todas maneras para continuar su vida sin ella, qué cruel se mostraba el destino. Le había hecho un regalo cuyo alto precio pagaría sin ser merecedor en absoluto y, además, ahora tendría que vivir sin él, sin el amor de su vida.

Cuando horas después él se marchó tras una fría y breve despedida, ella lloró y lloró hasta que no le quedaron más lágrimas. Sentía el corazón hecho pedazos y el miedo se le había adherido con tanta fuerza, que pensaba que había pasada a formar parte de ella irremediablemente. Se puso a dar vueltas por la casa y empezó a llamar a gritos a ese extraño hombre con el que había firmado el acuerdo maldito, pero nadie apareció ante sus súplicas y tuvo que desistir de sus vanos intentos cuando se le quebró la voz de tanto gritar. Al final, agotada, se quedó dormida.

Cuando despertó y abrió los ojos, se dio cuenta de que no estaba sola, se sobresaltó al ver que el extraño hombre estaba sentado a los pies de su cama y la miraba con un gesto que le heló la sangre de inmediato.

–¿Por qué me has estado llamando? –Preguntó él en un leve susurro.
–Quiero romper el acuerdo.
–No es posible, yo he cumplido con mi parte, tu marido ha sanado.
–Sí, pero me ha dejado.
–Ese no es mi problema, la decisión fue tuya.
–No, por favor, haré lo que sea.
–Lo lamento, el acuerdo es irreversible y cuando mueras me llevaré tu alma para siempre. –Dijo el extraño hombre que, de repente, se desvaneció y la volvió a dejar sola en la habitación.

Acto seguido, el extraño hombre apareció en la habitación del hotel donde él se encontraba. Desde que había llegado por la mañana, no había tenido fuerzas para deshacer las maletas y se encontraba sentado en un lateral de la cama y con la cabeza apoyada entre sus manos.

Cuando sintió su presencia, levantó lentamente la cabeza hasta que sus miradas se encontraron y el extraño hombre le dijo: “He traído el contrato.”

–Entonces, ¿cuándo ella muera su alma no te pertenecerá? –Le preguntó él.
–No, es completamente libre. Tu alma será lo que me lleve cuando abandones este mundo.
–Pero si yo entrego mi alma en lugar de la suya, ¿por qué no podemos estar juntos?
–Si solo cambio un alma por otra no gano nada, necesito obtener algún beneficio adicional.
–¿Y ese beneficio cuál es?
–Mientras sigáis con vida y estéis separados, me alimentaré de vuestro dolor, y el sufrimiento humano es algo muy valioso para mí.
–Entiendo, y si rompiera el trato y volviera con ella, ¿qué pasaría?
–Ambos moriríais y vuestras almas pasarían a ser mías.

Entonces, miró a aquel extraño hombre a los ojos y, sin muchas dudas, firmó el papel. Ella había entregado su alma para salvarle, pero él la amaba tanto que no podía consentirlo. Cuando la hoja resplandeció y se convirtió en una bola de fuego, ésta desapareció, y sus mejillas quedaron empapadas por las lágrimas, volviendo a encontrarse solo en la habitación.

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