Kika_Delgado
Rango6 Nivel 29 (1333 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Un lunes más Julia apaga a desgana su despertador y sin más preámbulo se levanta dispuesta a embutirse un nuevo día en su disfraz de oficina.
Hace tiempo que ya no tiñe su pelo de colores ni desata su moño. Hace tiempo también que dejó de preocuparse por maquillarse y adornar sus brazos y cuello con pulseras y collares.
Atrapada en ese edificio tan feo como aburrido pasa los días sumergida en números sin sentido para ella. De lunes a sábado despide las jornadas sin mayores estímulos que llegar a casa, darse una buena ducha y sumergirse en su mayor placer: escribir.
Cada noche dedica horas, hasta que el sueño la vence, a expresar sus sueños y deseos ocultos sobre el papel. Casi siempre queda dormida en mitad de aventuras imaginarias, en las que se siente libre y protagonista.
Los domingos le gusta pasear por un gran parque cercano a casa.
Cuando se cansa de caminar, ocupa el mismo banco de todas las semanas y observa el mundo que la rodea.
Parejas marcando sus nombres en troncos de árbol, niños jugando en los columpios, familias acomodadas sobre el césped, ancianos solitarios...

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#2

Y como cada domingo, recrea en su mente historias imaginarias sobre cada persona que se cruza en su camino.
Inventa una vida llena de desgracias y buenos momentos para esos dos ancianos que pasean de la mano, imaginando una gran historia de amor que perdura tras el duro paso de los años.
Augura un futuro para esa familia, para esos niños que un día abandonarán a sus padres para crear la suya propia.
Sonríe a esa pareja que juguetea en el banco de enfrente, esa adolescente que dentro de unos años, cuando sea mujer, quizás pasee por ese mismo parque y acaricie el tronco del árbol que fue testigo de su primer amor, mientra quizás él la observe desde lejos, sin ser visto, admirando la belleza que el tiempo le regaló.
Cuando la noche está llegando, de nuevo vuelve a casa y plasma todas sus sensaciones en papel.
Todas esas personas se tornan personajes entre sus páginas, cobrando la vida que ella les regala, esa vida que permanece cuando Julia cierra los ojos y sueña con que alguien imagine una historia para ella.

Hace más de 4 años

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PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 4 años

Me gusta mucho el tono melancólico y a la vez esperanzador que le das. :-)

Kika_Delgado
Rango6 Nivel 29
hace más de 4 años

Gracias, me alegro que te guste :)


#3

Este lunes hay una auditoría prevista en la oficina de Julia, lo cual significa que su jefe estará mas nervioso y borde que de costumbre. Estas reuniones son completamente aburridas, tipos más estirados aún que los pocos que componen su lugar de trabajo se pasean de un lado a otro, solicitándole montones de cuentas y detalles minuciosos que la hacen sudar.
Ella sólo quiere salir huyendo de allí y continuar con sus historias, pero estos días se suelen alargar más horas que las que componen una jornada normal y acaba harta y agotada.
Por eso, esta mañana se ha levantado de muy mal humor. No hay horquilla que consiga mantener su moño intacto, sin pelos fuera de su sitio. No hay ropa que la convenza, a pesar de ser casi todas iguales, decantándose al final por una camisa gris y un pantalón negro, y no hay suficiente café en toda su casa que accione su cuerpo.
Y para rematar el comienzo del día, pierde el autobús, lo que implica media hora de más en la parada, con el calor que ya a estas horas aprieta intuyendo un sofocante día de casi verano del mes de junio.
Ya es imposible llegar a su hora. A pesar de que la auditoría no comienza hasta una hora después de su hora de entrada, el histérico estado en que sabe que encontrara la oficina la desespera.
Se baja una parada antes de la suya, convencida de que llegará antes así que aguantando los interminables semáforos en rojo que la retrasan más, así que llega correteando, casi sudando y con la mitad ya de su pelo casi suelto a su edificio gris.
Pasa por la entrada sin saludar a Susana, la amable y sonriente recepcionista que con su energía y amabilidad diaria recibe a todo el mundo. Odia su vitalidad y alegría. Es la única que no esta consumida por el grisáceo tono de los trabajadores del lugar.
Sube de dos en dos los escalones hasta la segunda planta, lugar donde se producirá la reunión y para su disgusto comprueba que la sala de juntas ya tiene la puerta cerrada y se escuchan varias voces, lo que significa con casi toda certeza que la reunión habrá empezado antes de tiempo.
Con las ganas que siempre tiene de que no se alarguen estos momentos que suelen tardar en arrancar y para un día que se le hace tarde, ya han comenzado.
Golpea con sus nudillos suavemente la puerta y, tras escuchar como Mario, su jefe, casi le grita que entre, abre la puerta.
Y entonces, dentro, apareció el color...

Hace más de 4 años

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#4

- Señorita Ferrán, llega tarde. Espero que el balance de resultados del trimestre pasado esté listo sin errores. Imprima seis copias ahora mismo y vuelva inmediatamente.
- Sí, señor Montes, no se preocupe, enseguida estoy de vuelta.
Julia cierra la puerta, se apoya sobre la misma, visualiza mentalmente la escena que acaban de grabar sus retinas y se dirige correteando al primer piso, a su mesa, pensando en lo maleducada que ha sido, ya que ni siquiera ha dado los buenos días a los presentes en la reunión.
No obstante, no está pensando en la bronca que después le caerá de su superior, ni en los balances que debería haber examinado minuciosamente el día antes, puesto que los realizó hace ya más de un mes y seguro que la avasallan a preguntas sobre los importes reflejados que no se ve capaz de responder. Ahora mismo su visión mental está cegada por lo que ha visto al abrir la puerta de la sala de reuniones.
Se sirve un vaso de agua fría junto a la fotocopiadora, mientras espera que terminen de salir los informes que está imprimiendo y repasa uno a uno a los integrantes de la reunión.
Entre ellos está su "querido" jefe don Mario Montes; los señores González de Gea, dos hermanos economistas bastante antipáticos que se dedican a observarla con cara de desprecio y superioridad que detesta, pero que por ordenes estrictas de don Mario debe tratar como si fueran algo así como semidioses de las finanzas; el señor López Arnau, un empresario bajito y callado que bajo los consejos de dichos economistas intenta sacar varias de sus empresas casi en la ruina a flote, una de ellas asociada a su oficina y, por tanto, quebradero de cabeza de Mario y consiguiente tensión diaria y junto al señor López un desconocido, bastante más joven que los demás ocupantes de la sala, que con solo mirarla ha conseguido que las piernas le flojeen. ¿Quién será el dueño de esa luz que destaca entre tanto gris?.
Los pocos segundos en que ha mantenido la puerta abierta han sido suficientes para observar sus ojos grandes y verdes, su mirada penetrante, su cabello moreno y rebelde entre tanto repeinado medio calvo, su jersey azul oscuro y sus vaqueros ajustados, un atuendo bastante más informal que el del resto de los ocupantes de la sala.

- ¡Julia! Por Dios, ¿Me estás escuchando?.

- Susana, que susto. ¿Porqué me gritas así?.

- Pero corazón, que no sé que estarás soñando esta mañana, hija mía, vas a destrozar esos papeles de tanto arrugarlos, mira que no sé que te habrán hecho pero el jefazo te pegó un buen grito y un portazo hace como diez minutos, yo que tú no tardaría mucho en subir.
Julia, ensimismada en sus pensamientos, ni siquiera lo había escuchado, así que sin más preámbulo, sube al piso de arriba dispuesta a descubrir a quien pertenece esa nueva mirada desconocida para ella.

Hace más de 4 años

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#5

Cuando Julia entra, Andrés González, el mayor de los hermanos, casi le arranca los papeles de las manos y él mismo los reparte entre los presentes. - Ya era hora señorita, estamos impacientes por conocer los resultados de este trimestre, esperemos que las palabras de su jefe sean algo más que eso y hayan aumentado las ventas, ya que las anteriores dejaban bastante que desear.
- Disculpe la tardanza señor González, balbucea Julia, agachando la cabeza y tomando asiento junto a Mario, el cual ya aprieta los puños y está comenzando a sudar.
La reunión da comienzo, mejor dicho, prosigue tras la llegada de Julia, quien observa ensimismada por encima de sus folios al desconocido que, echado hacía atrás en su silla, y en apariencia bastante más relajado que los demás hasta el momento no ha pronunciado palabra.
Sus miradas se cruzan por un instante y Julia, incapaz de apartar la vista de él, queda paralizada por la sensación de calor que le produce.
El silencio de ambos contrasta con las voces agitadas de los demás asistentes, que comienzan a elevar su tono y a hablar todos a la vez, sin que Julia se percate de nada de lo que dicen. En esos momentos, Mario comienza a avasallarla con varias preguntas sobre los datos reflejados en las cuentas, preguntas que a malas penas sabe cómo responder, mientras por el rabillo del ojo observa como aquel que aún no se ha dignado a desvelar su identidad la está mirando y se está riendo disimuladamente, parece que disfrute de su cada vez más claro agobio, lo que de repente a ella se le vuelve insoportable.
Julia no aguanta más y sale corriendo de la sala, refugiándose en el cuarto de baño. Se siente mareada así que moja su nuca, sus manos, acaba casi metiendo la cabeza entera bajo el agua fría y se sienta en el suelo a esperar.
Imagina que Mario entrará como un loco a pedirle explicaciones y a exigirle que vuelva, o que cualquiera de esos indeseables aparecerá estampándole sus cuentas en la cara, mientras los números bailan a su alrededor.
Sin embargo, ninguna de las visitas que ella espera viene a buscarla, y, agotada por la presión, cierra lentamente los ojos.

Hace alrededor de 4 años

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#6

-Julia, despierta, ¿Estás bien?
Julia entreabre los ojos sin recordar por un momento donde está y se levanta casi de un salto al ver que pegada a ella está él, el chico desconocido mirándola fijamente.
-Vaya, tranquila, no te asustes, estás muy pálida, ¿Por qué no dejas que te ayude a levantarte y salimos a comer algo? La reunión hace un buen rato que acabo y no me digas que yo que no he dicho nada te doy más miedo que los demás.
La reunión, eso es, allí estaba Julia intentando decir algo coherente en la maldita reunión y ya no recuerda nada más. – Em, perdona, ¿Y tú eres?
-Tienes razón disculpa, que maleducado, aún no me he presentado, soy Roberto Arnau, sobrino del gritón de Carlos López, y nuevo en su empresa. Desde luego como todas las reuniones en tu oficina sean como esta voy a tener que frecuentarla más a menudo, nuestra empresa es bastante más aburrida.
-Oh madre mía me van a despedir, ¿Sobrino de quién? ¿Cómo es que Mario no ha venido a buscarme? ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¡Joder que desastre! Yo, me voy a buscarle, tengo que hablar con él.
Roberto la agarra suavemente del brazo, impidiéndole salir del baño.
- Relájate, todo está bien, al final no ha ido mal del todo y según parece ser tus informes estaban bastante detallados y se han aclarado entre ellos. Además, es bastante tarde y creo que casi todos se han marchado.
Si Julia estaba nerviosa ante el repentino encuentro, el leve roce en su brazo ya la hace temblar, habla muy rápido, aunque apenas dice nada con sentido, solo desea salir huyendo, pero Roberto la mira sonriendo de la misma forma que la hizo flaquear un rato antes, reteniéndola una vez más.
-De verdad, déjame compensarte el mal rato que has pasado, te prometo que todo está bien.
Julia, dividida entre la rabia que le produce la seguridad de su sonrisa y la inevitable atracción que la domina, accede a acompañarle.

Hace alrededor de 4 años

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