Asfare
Rango5 Nivel 22 (549 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Pesaroso es el recuerdo de quienes trataron de ser libres sin comprender que ya lo eran. Yo, en mi pueril ignorancia, pugné por lograr ese año sabático de épica felicidad unidireccional. Más no tengo miedo de equivocarme ahora, sé muy bien que fue un pensamiento erróneo, mi madre me lo dijo: "Echarás de menos la actividad".
Era cierto, cruel y cierto, pero no cruel como la maldad que ve esta decadente sociedad en el mundo, no. Cruel como el inframundo descrito y creado para Hades, cruel porque es así y solo así. Cruel porque no es malvado, aunque puede que dañino.
Ese año empecé a estudiar, y continué, me acostumbré al trabajo, al tiempo ocupado, a poner metas que alcanzar, a crearme a mí mismo. Y fue genial, real, increible y en efecto, constructivo. Pero acabó.
Y con ese fin, comenzaron muchos otros que no fueron. Como aquél edificio que reposaba su envejecido cuerpo en contrafuertes a modo de muletas, malbaratado por uno y mil parches de indebida corrupción. El trabajo parado en un tiempo, antes fluido, ahora arenoso, pedregoso. Las metas, lejanas. Mis obras paradas. Mamá fue cruel.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace casi 5 años

Me gusta especialmente el tono del relato, dejas con ganas de más. ¡Suerte!

rebek
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

bah.. yo no soy objetiva, me gustan tus historias y siempre quiero saber más porque siempre sorprendes. Esta me pica la curiosidad en concreto, es.. no se.. llama jeje

Asfare
Rango5 Nivel 22
hace casi 5 años

Gracias por apoyarme en mi andadura! ^^


#2

Fue mi padre, a quién siempre miré con la visión hiperbólica de un niño, la persona que negó y cerró mi futuro literario. Le recuerdo ahí plantado, con brazos semejantes a enormes vigas, grandes como rascacielos, mientras la vena de su frente bailaba al sensual ritmo de un corazón decepcionado. Nunca decía nada, no tenía palabra desagradable que dedicarme en su frustración. Solo una mirada vacía de emoción, de calor, unos ojos que enfocaban directamente el alma de uno tornándola hielo en su mudez pasajera.
No fueron mis huesos desesperados por arrastrarse en turbulenta desbandada los que me impelieron el valor para continuar escribiendo. Ni fue el apabullante léxico de los latinoamericanos el que me mostró que en efecto, la novela es el bistec de la literatura. Quizás fueron las toses de mis versos ahogados en el polvo primaveral los que me despertaron del letargo.
En realidad solo recuerdo el pasado como una sucesión de confusas imágenes sombrías proyectadas sobre una pared rugosa. Las luces, sombras, animales y personas, entremezclándose en una evolución darwiniana que con el tiempo conformaría lo que yo denominaría mi "imaginería". Ahora, en mi madurez, sólo queda óxido sobre el pantagruélico festín de remembranzas ya irrecuperables, obsoletas.
Mi padre me lo dijo una sola vez: "El arte te cuesta la vida, te derrota poco a poco y te sume en un mutismo afásico hasta matarte". Comprendí la preocupación de mi padre, él había pasado por lo mismo. Pero lo que no comprendió fue que era, soy o, quizás seré, pintor de emociones con trazos de pluma. Retratista de almas de modelos horripilantes. Escultor de esa irrealidad que se agita bravo contra la contención de los despeñaderos. Seré, soy o quizás siempre fui el ego que da vida o se la quita a ese ser humano desmemoriado que rememora la vida de los que pasaron antes que sus antepasados y, sin embargo, padece amnesia con la suya propia. Pero como ya dije en una ocasión, escribir no es solo escribir. A ti padre te quitó la vida una cuartilla blanca escrita a un lector inexistente.
Pero no hay cuartilla enquistada en mi pecho, sí tinta en mis arterias. Ahora grito en silencio. El gran derrotado fue el silencio, papa. Tu silencio.

David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace casi 5 años

Sigo tu historia muy de cerca, me gusta mucho el tono que tiene, tienes mi voto de nuevo. ¡Saludos!

rebek
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

Somos dos que te seguimos de cerca buen amigo =) Para mi gusto, un poco sobrecargado en lo que a las florituras de comparaciones y adjetivos se refiere, pero por ese mismo talento te admiro.

escritor_1051
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

El rechazo paterno nunca es el final, sino el principio. Deja de intentar demostrarle algo a tu padre y empieza a demostrártelo a ti mismo, hasta que no seas tú no dejarás de ser él.


#3

Recuerdo con truculenta nostalgia digna de Shelley la imagen de mi hermano mayor: La voz de mi madre, constante cuál arroyo, indicándome en qué debería fijarme y en qué no; la remendada figura de mi prometeico hermano mostrándome que la bondad y maldad absolutas podrían convivir en un mismo cuerpo; la inevitable confusión entre el mundo de la divinidad y de lo mundanal apenas delimitados por una cama...
¡Que razón tenía mi hermano!, "El orgullo será tu perdición". Dijo con una preocupación que yo, en mi envidiosa juventud y marcado como felino por los astros confundí con acritud y blasfemias descorazonadoras.
Una vez más, me equivoqué. Tardé veinticuatro años de duro trabajo en percatarme. Luché en vano por vestir la más ansiada tela de Nemea que resultó estar bajo mi propia piel desde el principio. Centenares de sequías en mis ojos fueron precio suficiente para entender que, con cada excusa, cercenaba una de las cabezas de un animal con forma de pecado y creaba nuevos problemas en mi ya de por sí, maltrecha realidad. Mi hermano siempre dijo que lo más valioso de las personas se encuentra en el interior. Esto, junto a tantísimas otras reflexiones fueron mi particular rastro de huellas que seguir para cazar el intangible valor personal, al que incontables veces le había puesto los cuernos.
Difícil es el camino de quienes van bien encaminados. Sé bien que no hay camino fácil al interior de uno mismo y, quizás por eso, estoy seguro que valdrán más estos años de viaje introspectivo que eternidades estudiando materias que jamás querré dominar. Sólo puedo agradecer la deseada guía que mi madre, querida artesana de las piedras, esculpió con delicioso cuidado para mi hermano y el exquisito y reverencial cuidado con el que este pulió los bordes con experiencias del color de la gratitud.
Quizás el vergel de tinta que describo a diario y al que sueño llegar algún día es posible, aquí en mis escritos o allí en ese arcano paraíso que todas las religiones prometieron. Gracias a ti, hermano mayor, comprendo que, igual que tu, estoy hecho con la escindida genialidad del monstruo de Frankenstein.
Corazón de escritor y poeta, manos de pianista y amante, y sonrisa de taimado zorro me conforman.

#4

No puedo más que alabar la labor de mi mejor amigo. Persona de polifórmico rostro y cabellos del color y longitud de la vicisitud. Cada palabra tuvo un aroma distinto: Olía a agradecimiento cuando me ofrecí a darle cobijo el día que quiso evitar enfrentar sus colmilludos fantasmas; los efluvios del reconocimiento llegaron cuando fue testigo de la purga que hice en mi alma; jamás olvidaré el hedor de la reprimenda del día en el que mis acciones hirieron sus aladas emociones.
Fue la liquidez de sus gestos que, como álveo de cristalina agua, me ayudó a limpiar la mácula con esencia de estiércol que había en mi espíritu. Fue riego del pasado espinoso que recorre las rosas y la hizo florecer en el culmen de las buenas vivencias. No puedo más que rendirme y postrarme, orgullo a un lado, para reconocer tus logros.
Amigo mío, eres prolegómeno constante de mi siguiente historia, siempre preparada en exceso, nunca del todo conformada. Tus manos de salvadera están impregnadas del negro de mis letras. Tus ojos, llenos de desprendida ambición, han retenido mis sueños incluso cuando yo mismo los olvidé. Tu pluma ha corregido mis errores y subrayado mis deseos.
A ti, amigo, que has sido padre, hijo y hermano. Que te he enseñado y me has educado, con quien he hecho la más irresponsables locuras al ritmo de sermones mutuos. A ti, amigo, te debo poemas versificados con métricas que enloquecerían de placer a Harold Bloom usando palabras que Lázaro Carreter aprobaría sonriente. A ti, amigo, te escribo hoy estas palabras sentidas con helénica reminiscencia y ubérrimo afecto. Te escribo para agradecer que seas mi aliado en la belicosa y en ocasiones veleidosa aventura que es para mí, la vida del escritor. Te escribo para adscribir tu colaboración en cada una de las palabras que he dibujado.
Mis padres acertaron al reconocerte como amigo en cada una de tus mutables caras, en cada una de tus reencarnaciones coetáneas, en lo prismático de tus intervenciones. Tu me enseñaste que la envidia, con amor, es admiración. Me mostraste que la agresividad, con orgullo sano, es competición. Me hiciste ver que no hay mentiras que contar o que engullir más allá de aquellas que se crean para entretener y soñar.

rebek
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

Este fragmento me ha gustado en especial ^^ pero me ha resultado corto...


#5

Salvador de mis pecados es el último miembro de mi familia, mi hermano menor, benjamín perpetuo en el frío mar de la lógica inhumana. La prueba viviente de que el poder no reside en la habilidad, el dinero o el esfuerzo. Orgullosa y presuntuosa humildad que quienes son dictadores han enarbolado como primera virtud y que en él, es palpable y real.
Benjamín que aún por llegar me hizo recrear con boato las alegorías más dantestas y platónicas. Tú, que me hiciste padre con apenas cinco años, con esa distancia de once meses y medio que con el tiempo convertimos en cien y más adelante caímos en la cuenta de que sobraban los ceros. Añoré tu capciosa presencia aún cuando estabas a mi lado, preguntándome cuantas veces las cosas podrían haber sido diferentes. Ni se me ocurrió pensar en como lo hubiera enfocado nuestro hermano mayor. La nívea hoja blanca de tu destino pendió largo tiempo en mis manos, inocentes manos, incapaces de dar catarsis a tan pura alma.
He aquí pues mi dádiva, en medio de esta caterva de letras deleznables que nunca fueron mías y aún menos hoy. Todo lo que tengo y fui, lo he empeñado en beneficio de un díscolo demiurgo depauperado. Ha llegado el momento de enfrentar juntos a tan poderoso toro, apretarse el cinturón de prestado y cuál cuatreros de brazos enraizados a la tierra bregar con la sombra epatante que encapota nuestro cielo cada día.
Si algo he podido darte en la totalidad de mi concepción, es poder ser el fanal que ilumine todo lo que no has podido sentir, hacer fausta cada hora, desvelarte aquello que permanece ignoto a tus ojos. Cada palabra, cada frase que escribo para ti, es para engastar tu mágica existencia en una nueva de mis novelas. Para que seas quien eres y quien pudiste ser...
Hermano menor, inefable es el sentimiento de dolor que guardo en mi pecho al comprender que, aún incólume no me entenderás, que aún cuando mis emociones son inalienables no seré más que niebla. Que aún en el día de mi matrimonio disfrutarás solo a medias de la música, la comida y el placer de ver a tu hermano mediano, formar uno con su cara más amable.

#6

Lúgubre dolencia que no deseo terminar de sentir. Emoción inacabada a la que Neruda, Becquer y Benedetti dedicaron sus más bellos versos. Amor, gasolina de mi vida, esclavista de brillante armadura. Me dijeron que el amor era una jaula de diamante, celdas de hilos bañados en el falso oro de la adulación. Una falsa sensación de seguridad en la belleza costumbrista.
Pero desde que te conozco... eso dejó de ser verdad, contigo el amor es viento bajo mis alas, es aire en mis pulmones, es disfrutar de experiencias que jamás ocurrirán y sorprenderme por volver a hacer lo que ya hemos repetido una y mil veces. Y todo, incluso las discusiones, que las tendremos, merecerá la pena.
Porque te quiero.
Porque tu sonrisa es mi paliativo.
Porque cuando estás a mi lado no quiero dormir para estar unos minutos más viéndote.
¿Esclavitud? Tal vez, pero las cadenas pesan mucho menos cuando son compartidas.
¿Esclavitud? Sí, del dinero, del saber, pero, ¿Del amor?, no. ¡Diablos, no!
¿Por qué?, porque una vez mi madre me lo dijo: "El amor es una espada de corazones imbricados". Poderosa arma sibilina de tiempos pasados, capaz de henchir pechos o desinflar orgullos. Hoja fetén que retiene los hálitos de cuantos han suspirado en tu nombre. Malvado veneno corruptor que haces tuyo el mundo... Gracias. Gracias por darme la oportunidad, las herramientas e inspiración para ser concepto y persona. Gracias por responder a mis plegarias y contaminar mis latidos con tu poderosa magia. Tú, ardiente murmullo de cabellos ruborizados, que te insertas rubicundo en la tinta de mi alma.
Y es que sin tus miradas colmadas de luz navideña, lanzadas como dardos de cerbatana, sin tus charlas mudas e incongruentes gritadas a mordiscos o sin tus lastimeros quejidos liberados entre risas pixeladas, no serías el combustible de una pluma cansada de volar entre mundos divergentes.

Así que, madre, familia, amigos, amor, gracias por hacer de mí quien soy. Gracias por las frases de ánimo y guía, por intercambiar papeles. Como decía mi madre: "Gracias por ser como sois".

JoanPeris
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

Éste es el que más me gusta. ¡Muy buen trabajo, artista de las palabras!