Zurack
Rango6 Nivel 27 (1107 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

Me era difícil contener los pensamientos, no sabía de donde salían, los sentía como una fuente tan abundante como la que fluía entre mis piernas, recordaba las lecciones de religión al terminar el bachillerato, yo estudié en un colegio de monjas toda mi vida, se habla del sexo como del demonio en la religión.

Yo entiendo esa noción; hay algo sagrado que palpita más allá del deseo.

"Mi cuerpo es mi templo", siempre ha sido una premisa que repetía desde que no sabía qué era un templo ni porqué era importante aprenderlo.

Es un pensamiento que me ha servido al irme dando cuenta de la trascendencia de esta afirmación, mi dios es mi mente y mi cuerpo es el templo en el que le sirvo, siempre he huido de pensamientos que son como cadenas, uno tras otro atando las ideas y fijando patrones que se estancan y hacen podrir la carne.

Siempre he sido inocente he incluso mojigata, pero jamás estúpida. ...

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Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace más de 3 años

Interesante declaración de intenciones. Vale.


#2

A mis cinco años mis padres tuvieron que viajar por ocho días dejándome en la casa de uno de mis tíos y su esposa, mi tío se las arregló para quedarse a solas conmigo, empezó a contarme un cuento, fue la primera vez que sentí las cadenas, se acercó a mí, ahora sé con qué intención y puso suavemente su mano en mi pierna de niña, es el momento en el que no sé qué me salvó en realidad, más que el miedo: el miedo me hizo llorar y no paré de llorar escandalosamente hasta que él llamó a su esposa para que volviera, desde ahí nunca quise quedarme sola cerca de él... no me pasó nada pero he escuchado historias parecidas que no terminan igual de felices.

Mi primer novio lo tuve a los 17 años, era un amigo con el que jugábamos desde niños, luego, cuando crecimos y nos miramos, siempre un hilo de electricidad se metía desde sus ojos a los míos y me llegaba a la boca del estómago, causándome corrientazos que me dolían de lo mismo adictivos.

Para ese momento ya había leído muchos libros, me han gustado siempre las novelas trágicas y gracias a ellas he estado más preparada para la miseria del corazón del humano de lo que muchas de mis compañeras de colegio estaban, nunca pasamos de besos, aún cuando la sensación de calor era agradable y constante y yo misma me despertaba en las noches sintiendo placer indescriptible de imaginar su cuerpo sobre el mío... ese vaivén que describen los poetas como olas del mar.

Decidí dedicarme a mis estudios, a lo largo de mi carrera muchos hombres me han gustado, incluso alguna mujer; y son muchas las propuestas que he recibido, propuestas galantes y grotescas, siempre sé cómo evadirlos, prefiero ser yo misma quien sacié mi propia sed, incluso tengo un juguete para los momentos más oscuros... pero esto es inadmisible, no sé qué voy a hacer o cómo me voy a salvar...

Lo vi por primera vez en el ascensor de la compañía para la que trabajo ahora, no fui capaz de mirarlo una segunda vez, apenas nuestros ojos se cruzaron sentí un haz de fuego atravesar mis entrañas, sentí que me iba a caer y nunca había luchado tanto contra mi propio ser de fuego, este, amenazó con quemarme si no lo miraba de nuevo; pero yo sabía que iba a ser más que una llaga si lo miraba; se bajó en el piso en el que está mi oficina, yo tuve que seguir derecho, al llegar a la terraza salí corriendo y tenía miedo de volver a bajar, de perder el aire, de perder mis entrañas.

Pude bajar después de media hora, aun alejando de mi mente las imágenes de sus ojos penetrándome, de su piel tan soñada rozando la mía, ahora tan húmeda y sonrosada...

Abrí la puerta y ahí estaba, en la sala de espera, me miró como si fuera a mí a quien buscaba y tuve que sentarme a su lado para disimular que me iba a caer por el temblor de mis piernas, me dijo que venía de parte de mi hermana, que me había mandado un detalle con él desde Venecia, la ciudad donde vive ella hace algunos años... con cada palabra se abría un portal en el que su voz me susurraba al oído, sacó de su bolsillo un pequeño cofre, cuando me lo iba a dar, empecé a actuar en modo automático sin tener el control real de nada de lo que ocurría, le puse la mano en su mano y empujé suavemente, le dije que mejor me lo entregara en la cafetería y que si me acompañaba a un café, mientras su mirada me hacía el amor frenéticamente asintió y salimos. Con cada paso yo sentía mayor placer y no sé cómo respondí a todas esas preguntas que se hacen siempre dos desconocidos. Ya en la cafetería me entregó el cofre en el que había un hermoso collar de piedras rojas encerradas en hilos de oro, él también parecía sorprendido por lo lindo de la pieza y me preguntó si quería que me la pusiera, a duras penas si pude mantener los temblores y juro que cuando su mano se posó sobre mi cuello, sentí más placer del que nunca me dieron mis manos o mis juguetes, sentí que un mar de lava me subía por los aires y flotaba en su vapor, quemándome, haciéndome mujer.

Seguramente notó mi sudor, tuve que decir que me sentía un poco enferma, ya que no le podía exponer la situación real, se ofreció a llevarme al apartamento, de la manera más casual, yo no pude más que aceptar de la misma manera, como si esa fuera una propuesta a la que estuviera habituada a decir que sí, cuando llegamos lo invité a pasar, le ofrecí algún trago y tomó tequila, yo ya no podía, sabía que era mi fin, sabía que el demonio había llegado a mi puerta y no tenía intención ni métodos para rechazarlo, hablamos un rato, me dijo que le gustaba el lado oscuro de la luna y lo pusimos a sonar una y otra vez, en mi mente todo pasaba muy rápido, ya me había penetrado un millón de veces sin tocarme más que en esas dos ocasiones mencionadas, mientras me hablaba, imaginaba que gemía y no dejaba de desear que extendiera sus manos a mis piernas, bajo mi falda todo era humedad, sentía que me palpitaba el clítoris, mis manos sudaban, cosa que nunca antes habían hecho y mi boca estaba seca, mi boca, no paraba de imaginar el calor de su miembro y yo sentía que se me estaba agotando la energía de tanto entregarme a su presencia, hubo un momento de silencio... yo estaba imaginando el peso de su cuerpo, podía sentir mis sabanas mojadas por nuestro sudor mientras la sensación de mar iba y venía, para mi su piel era una avenida y mis manos eran los autos que una y otra vez recorrían sus caminos, tenía sed de su cuerpo y hambre de su calor.

Dijo que se iba, me pidió que me cuidara y me miró con deseo, se notaba que era un hombre de principios, no me dijo nada insinuante y se despidió dándome un beso en la frente perlada de sudor, me dijo que si quería volvería mañana para ver cómo seguía... no sé qué respondí.

Hace más de 3 años

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