Zurack
Rango6 Nivel 27 (1107 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

De repente una marea, todas las palabras que se quedaron en mis dientes estaban ahí, el dolor había abierto una fisura en la herida, las palabras salían fluidas como materia empujada por la sangre, un momento antes había dejado el esfero sobre la mesa, sólo un maldito momento en el que desapareció, de alguna manera no tenía nada con qué escribir, busqué debajo de la cama, detrás del escritorio, sobre la mesa. Me cortaron la luz la semana pasada por no pagar la factura, dos meses trabajando algunos días hasta más de doce horas, lo único que recibí fueron promesas, pero eso no importaba en ese momento, sólo necesitaba mi esfero, seguro que lo tenía, al menos un lápiz en algún lugar...

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Nadie deberia verse imposibilitado de escribir cuando quiere hacerlo.


#2

Las palabras venían hermosas, bañadas por la luz de luna que alumbraba la habitación mejor que las velas, pensaba en la serena melodía que susurraba ecos en la noche, pensaba en la hermosa seguridad de sentir que los que amo están durmiendo en algún lugar, en sus hogares. Un gato se paseaba solitario en el jardín, era tan blanco que la luz de la luna reflejaba joyas argénteas en su piel, el rosal que cubría el muro de esa parte de la casa estaba en flor, la dueña de la casa cuidaba ese jardín más que a sus ocho hijos, la mía era una de las mejores habitaciones por la vista al jardín, ello incrementaba la renta, mis deudas y mi inspiración.

¿Cuántas veces busqué escribir? incluso un instante antes, cuando tenía el esfero en mis manos...
Me decidí a buscar cobija por cobija, destendí la cama y la volví a tender, volví a buscar debajo de la cama y sobre la bendita mesa que tenía montones de papel e incluso basura de alguna golosina.

Me decidí a recoger el desorden, boté lo que no servía, pero antes miré dentro de la caneca para ver si algún Hado había botado mi esfero, mi lindo esfero... En realidad era un Bic que llevaba conmigo unos meses y que compré por setecientos pesos en la tienda de la esquina, siempre tengo varios métodos para escribir, el celular lo dejé cargando donde una compañera de casa, (cada uno tiene su contador) todo se dio para que yo no tuviera con qué escribir, y me dolía el pecho y murmurar no servía... me asomé a la ventana a mirar el cielo para encontrar entre las estrellas algun consuelo y me atacó la belleza cuando mientras miraba el vanidoso Venus, tres estrellas fugaces, una tras otra, me derrumbaron, no pensé en pedir ningún deseo, la consciencia del momento, del lugar, de la presencia mágica de la luna y su precioso manto que llena los árboles de los colores más bellos que jamás vio la Muerte, mi alma embriagada de belleza recordó demasiado tarde que hubiese podido pedir un deseo, recuperar el esfero, escribir lo que sentía y no pude más que maldecir el momento, tan lleno de gracia, tan pleno y tan esperado, con la quietud necesaria en mi cuerpo y mi alma con el silencio misterioso de la noche pagana, con los labios rojos de la inspiración respirando suave sobre mi cuello, con mi sangre hirviendo por poner una palabra en ese blanco estúpido papel, sin una mancha, inmaculado y dispuesto a contener la pesada podredumbre de mis palabras, entonces con rabia.
Nunca aprendí a llevar el ritmo o bailar, ni a tocar un instrumento para limpiar mi alma y volver arte los desechos de mi ser... lo único que siempre tuve fue un esfero y un papel.

Volví a buscar antes de permitir las ideas más retorcidas entrar en mi mente, mientras buscaba unas voces murmuraban: "la sangre es la tinta para el lienzo de la vida" empecé a buscar en mis recovecos, si no el esfero, el miedo, que estaba bloqueando una idea que rasgaba por salir.

Abrí mi ojo interno y le pedí a mi verdadero yo ver cómo el miedo es mi propia creación. Al abrir los ojos me dirigí al espacio donde me alimento, de la cómoda saqué un cuchillo, un platito e hice una rajadura en mi dedo anular, al principio con poca fuerza y fue doloroso y sin sangre, entonces recordé las estrellas y logré cortar lo suficiente, no era mucha sangre pero servía, con un palito chino me dispuse a escribir:

Heme aquí que la noche y sus ecos
me cuentan los secretos de un ayer olvidado
he aquí el descuido de caos: la belleza
las vivencias como mantras
configuran la armonía del latir

Me tomé el tiempo suficiente para sangrar al máximo, pero ya no me salía esa savia que recorre mi cuerpo. Eso era todo lo que había podido escribir, no era ni lo más importante ni lo mejor dicho, mucho menos era algo que me pudiera realmente liberar, no soy amante de la auto-laceración, así que decidí acostarme a dormir, al fin y al cabo iba a tener lindos sueños teniendo en cuenta la visita de la muy inconstante Inspiración, antes de dormirme volví a buscar por todas partes, di muchas vueltas en la cama antes de conciliar el sueño, a veces volvía a pensar en el esfero, lo busqué tanto, en realidad no quedó ningún lugar por escarbar. Al día siguiente, cuando me desperté agitada por complejos sueños no busqué más, en el día compré un esfero y garabateé un rato una hoja "inmaculada", ahora suena chistoso... antes de entrar a la casa compré tres esferos más, en caso de que alguno fallara, los probé todos. Al entrar al cuarto y prender una vela, parecía que sonreía, sobre la cama, ubicado de la manera más casual, yacía aquel condenado objeto que tanto busqué por más de tres horas. Nunca nadie entra en mi habitación, ignoro cualquier explicación, no tomo medicamentos, no fumo, no bebo. Hay cosas que simplemente no tienen sentido y muchas otras que lo tienen; pero nunca lo podrás explicar.

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