MintgreenSpirits_57
Rango7 Nivel 32 (1917 ptos) | Autor novel
#1

I. QUÉ

Tal vez nunca sepamos cómo se llaman. Son pequeñas criaturas que parecen figuras de luz etéreas, de algún tono de lila, con delicados destellos adornando sus ¿cuerpos?. Tienen formas graciosas, como pequeñas hadas en quienes solo podemos ver claramente los ojos: dos pequeñas galaxias vigilando el entorno para no ser vistas. Vistas por nosotros, por supuesto. Cualquier otro ser es bienvenido a mirarlas y hasta a jugar con ellas.

A nuestros oídos, sus expresiones de alegría y su idioma, bastante completo y complejo, suena a un montón de campanas de viento mecidas por una brisa leve que apenas permite oírlas. Nada remotamente parecido al ruido que emiten en sus momentos de furia, una furia que ni siquiera ellas sabían que existía hasta el día en que decidieron apresar a la escasa población de la isla, una comunidad humana de unas 70 personas que creían ser los únicos seres racionales en su remoto paraíso, y arrancarles los ojos.

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace alrededor de 3 años

El inicio me ha ganado.

Espero leer más

Saludos


#2

II. CUÁNDO

¿Quién sabe? Tal vez no parecen hadas y, en realidad, lo son. O, al menos, el origen de lo que para nosotros ahora son seres salidos de la imaginación de gente inventando historias desde siglos atrás.

Estas pequeñas nubecitas brillantes aman el sabor de las alubarias, especialmente cuando llueve y las gotas pasan por sus tres blandos pétalos y absorben un poco de su esencia y de su aroma, su preámbulo preferido al primer bocado de un gusto incomprensible para nosotros. Para ellas no son solamente alimento. Desde su primera comida del día todo a su alrededor es más colorido, más amable, más feliz. No se cansan hasta que el sol se esconde y descansan revoloteando entre sueños más felices aun.

Grande fue su decepción cuando empezaron a notar que las alubarias florecían menos frecuentemente conforme pasaba el tiempo. Era necesario empezar a racionarlas, organizar, distribuir pero... ¿organizar y distribuir? Estos pequeños seres no son contadores, son entes que deambulan felices y el planeamiento más extremo que conocen es no dejarse ver por los humanos. Pronto la decepción se convirtió en desesperación. Tal vez fue eso lo que generó las reacciones violentas de aquel día.

Poco antes del ataque, ya se habían dejado ver en algunas ocasiones. Ya no les importaba. En realidad, más adelante, esto contribuyó a ejecutar un plan que nunca hicieron (que, planeado, no hubiera resultado mejor). Habían decidido olvidar la distancia que siempre habían guardado de las personas y buscar, buscar en todos lados sus benditas flores y deseaban que lloviera y pudieran jugar mientras exprimían los pétalos, bailaban bajo al agua y mordían y mordían y mordían.

Solo a veces hallaban lo que tanto querían. Hasta que no lo encontraron más. Y fue entonces cuando sucedió.

Hace alrededor de 3 años

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#3

III. CÓMO

Lo más sencillo fue reunir a los niños. Las siguieron como hipnotizados al ver su baile lleno de fantasía y no opusieron resistencia alguna al ser cercados por las ramas que sus pequeñas y brillantes amigas iban tumbando de los árboles, justo al centro del bosque, en lo más espeso de la vegetación. No sintieron miedo hasta que la jaula terminó de cerrarse y la mirada de las nubecillas cambió. Los miraban directamente a los ojos de una forma extraña, obsesiva tal vez.

Con los mayores fue necesaria un poco más de "persuasión". Ninguna de estas personas había podido ver el sonido antes. Poco a poco iban siendo rodeados en pequeños grupos, empujados por el sonido que emitían estos seres que no conocían (aunque estos los conocían bastante bien), como una mezcla de truenos con chillidos de dolor iracundo y la mirada clavada en los ojos de los humanos, y una onda tras otra quitándoles el equilibrio si no se dirigían en la dirección correcta.

Los fueron adentrando en la vegetación casi hasta llegar a la jaula de los niños. Los pequeños veían a sus padres y los padres de sus amigos avanzando a tumbos hasta que la primera persona, una mujer, cayó boca abajo y no pudo más que girar hacia arriba justamente antes de que tres nubecillas tomaran una rama y le atravesaran el estómago, dejándola clavada al suelo. Entonces brotaron las lágrimas, deslizándose por las sienes de la primera desafortunada, como gotas de lluvia sobre una flor, mientras la expresión inmóvil de horror se congelaba acompañada de un grito ahogado.

Mientras los demás intentaban recuperarse de esta escena y observaban a sus niños, encerrados, las nubecillas empezaban a gritar con más fuerza sin dejarlos moverse. Mientras un grupo se mantenía encima de ellos, inmovilizándolos, otro tomaba las enredaderas y los ataban a los árboles. Cada vez que alguien intentaba moverse, el sonido de las nubecillas aparecía nuevamente, ocasionalmente haciendo volar alguna rama de advertencia, ahora incluso sin tocarlas.

Entonces, sucedió por primera vez: mientras un pequeño ser tiraba de las pestañas superiores de la primera víctima, otra introducía sus etéreas extremidades entre el párpado inferior y el globo ocular hasta levantarlo lo suficiente como para que otra se introduzca por debajo y ayude con la tarea mientras envolvía con sus destellos el nervio óptico, tensándolo hasta que fue cercenado a mordiscos para, por fin, cosechar.