rubensc91
Rango6 Nivel 28 (1168 ptos) | Novelista en prácticas
#1

- El 3 de marzo de 1945, el senderista y deportista español Martín Belmonte inauguraba una señalización para reconocer el tipo de caminos y senderos por los que una persona podía transcurrir. Una serie de colores que parecían escogidos al azar daban la bienvenida a una clasificación que ha perdurado hasta nuestros días. Muchos son los que la utilizan para guiarse por cualquier parte del territorio español, pero solo yo puedo contar su origen, la historia de mi abuelo. Le pedía continuamente que me la volviese a relatar para ver salir de su boca aquellas palabras que inundaban mi mente de olores, colores y sabores de su infancia. Ahora soy yo quien os la quiere narrar a vosotros.
Iván introdujo su mano en el bolsillo para comprobar que el objeto seguía ahí. Podía empezar.

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#2

“- Desde que era niño, mi padre me inculcó el deporte y el ejercicio como una forma de vida. Pasábamos los domingos recorriendo senderos entre montañas y pasajes que desembocaban en alguna playa o acantilado. Siempre me gustaba sentarme en cualquier roca y mirar hacia el infinito.
Como todo aventurero, mi padre tenía a un compañero de fatigas: Diego. Solo un par de años menor que él, apuntaba en un cuaderno todos los sucesos y acontecimientos importantes que les iban ocurriendo. Cuando mi padre murió, me dejó aquel diario como herencia. Entre sus páginas se relataban historias increíbles de monstruos y animales salvajes, luchas encarnizadas entre la especie humana y depredadores inimaginables. Por aquel entonces, mi raciocinio me impedía creer tales sucesos. La razón predominó ante la imaginación.
A partir de aquel momento me empeñé en recorrer todos los senderos del mundo en busca de nuevos paisajes para recordar a mi padre en cada uno de ellos. Por cada lugar que visitaba, construía una pequeña torre de tres piedras, una encima de otra, a modo de pirámide. A veces, los gestos más pequeños se convierten en las señales más descaradas.

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#3

Fue en uno de esos viajes donde conocí a Eva. Nuestros caminos se cruzaron por pura casualidad, coincidencias del destino. Vestía una camiseta verde de manga corta y unos pantalones remangados por los tobillos de color marrón. Nada más verla, me percaté que sostenía un mapa en su mano derecha, al que no dejaba de mirar de forma muy detallada mientras cazaba gamusinos con la mirada. Supuse que estaría buscando un punto perdido del mapa en aquel sendero.
- ¿Puedo ayudarle?
- Ah, sí, hola – se asustó nada más verme -. Estoy buscando… esta pequeña colina que se ve aquí al fondo.
Puso el mapa de tal forma que quedó entre medio de ambos. Se trataba de un plano hecho a mano, con sus trazos de carbón y sus manchas de goma. En la esquina inferior derecha, unas iniciales se mostraban ante mí: HSD.
- Si quiere, puedo acompañarla. Me conozco este cerro como la palma de mi mano.
Con cierto aire de curiosidad, le mostré la palma de mi mano. Ella sonrió al ver las líneas que la atravesaban de un lado a otro, y al entenderlo todo, mostró una sonrisa de novela. En ese momento, una ráfaga de viento hizo su aparición, provocando que el mapa que Eva sostenía entre las manos saliese volando por los aires. Al comprobar el desliz, ella saltó para intentar retenerlo y yo alargué la mano con el mismo objetivo. El resultado fue que el mapa quedó roto en dos mitades, cada una de ellas sostenida por uno de nosotros. Nos miramos y nos reímos, sin saber qué decir.
- Menos mal que tenemos su mapa “manual” - añadió ella.

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#4

Le acompañé en aquel camino y en muchos más que no solo estaban en nuestra imaginación. Nuestras camisetas blancas y verdes eran reconocibles por todo el territorio español. Le mostré todo el trabajo que había realizado mi padre, y ella me dijo que aunque no estuviese conmigo, nunca estaría solo. No llegué a entender del todo sus palabras, pero no le di mayor importancia.
Fue descansando en el borde de un acantilado, cuando Eva tuvo la mejor idea que nunca había tenido nadie antes.
- ¿Te has dado cuenta que todo el mundo nos pregunta siempre cómo llegar a los sitios? Parece como si tuviésemos un imán…
La miré, riéndome.
- Estaría bien que existiese una señalización para indicar a los senderistas por dónde tuviesen que ir…
Eva me observó, intrigada.
- ¿Qué he dicho?
- Señalización…
- ¿Qué está pasando por tu mente?
Eva me contó su gran idea. Sus palabras no cabían en mí de la magnitud de su importancia. Lo que me decía era extraordinario.”

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#5

- A los pocos días de que a Eva se le ocurriese la idea, mi abuelo y ella empezaron a llevarla a cabo. Marcas amarillas, rojas, verdes y blancas empezaron a aparecer por todos los caminos y senderos de las ciudades sin que la gente supiese muy bien el por qué. Mi abuelo no tardó en dar una conferencia en un conocido periódico para explicar lo sucedido: “se trata de una forma de señalizar los senderos. Una raya blanca y roja, es un sendero de gran recorrido. Si es blanca y verde, es de corto recorrido. Y si es amarilla y blanca, el recorrido es local. Así mismo, si las líneas son paralelas entre sí, la dirección a la que indican es la correcta. Sin embargo, si están en forma de cruz, ese sendero no tiene salida.” La gente quedó fascinada con su nueva invención, los senderistas y deportistas alagaban su entrega y colaboración al mundo de la orientación. Y Eva era la persona más feliz del mundo.

“- Tengo que enseñarte algo.
Me paré a medio camino de subir aquel monte. No era normal que Eva me detuviese en esos momentos. Un gran precipicio se abría a mi derecha.
- Necesito que me dejes el diario de Diego.
Acepté sin poner ningún tipo de oposición. Cuando ella lo sostuvo entre sus manos, abrió la primera página y despegó el primer folio de la contraportada del libro. Ante mí quedaron unas letras.
- HSD…
- ¿Te suenan?
Asentí.
- Son las mismas que había en el mapa, el día que nos conocimos.
- ¿Ahora lo entiendes todo?
Claro que sí. “Nunca estarás solo, aunque tu padre no esté contigo”. Se refería a eso. Eva era la hija de Diego.
Sin entender muy bien cómo, el precipicio que se extendía a nuestro lado empezó a rellenarse de rocas y tierra. Ambos elementos surgían del mar, como monstruos vivientes que acudían a su labor. Tras formarse una pequeña llanura, tres piedras planas cayeron del cielo. Al impactar con la nueva superficie, formaron una extraña figura, ya muy conocida para mí. Una pirámide.
HSD. Hic sunt dracones. Aquí yacen dragones.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
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Enhorabuena, me gusta mucho como escribes. ¡Ánimo!

rubensc91
Rango6 Nivel 28
hace más de 4 años

Muchísimas gracias!! =)


#6

A pesar de compartir con Eva todos y cada uno de los instantes de mi vida, fue esta misma vida la que me tenía preparado un duro revés. Eva murió el 10 de septiembre de 1960, a sus 50 años. Nunca me contó que había tenido una hija un par de años antes de que nosotros nos conociéramos. Al verla en el funeral, se dirigió hacia mí con las lágrimas cayéndole por las mejillas. Y simplemente, me abrazó.”

- Nos pasamos toda la vida perdiendo llaves, cargadores de móviles, monedas debajo del sillón… y sin embargo, cuando perdemos a una persona, nos invade una tristeza que nunca antes habíamos tenido. Tantos planes que habían hecho juntos, tantos senderos que habían recorrido, tantas ideas que habían tenido… Ah, por cierto. Hablando de ideas… Creo que os debo la explicación del por qué de las señales de caminos y senderos. Mi abuelo me la contó pocos días antes de morir, al mismo tiempo que me dio un pequeño objeto que todavía conservo conmigo. Aquel fue uno de sus últimos guiños a las casualidades de la vida. Eva, siempre vestida con una camiseta verde… Él, siempre ataviado con una camisa amarilla… Y el amor, rojo como la sangre. Todo y nada tiene sentido cuando dos personas están enamoradas.

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DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
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Cuando empecé a leer tu historia no esperaba encontrar romance, pero me alegra que así sea. Lo llevas muy bien, ¡Saludos!

rubensc91
Rango6 Nivel 28
hace más de 4 años

Muchísimas gracias!! =)


#7

Iván paseó su mirada por todos y cada uno de los presentes. Era gente de lo más variopinta: atletas, historiadores, escritores de ciencia ficción, deportistas de cualquier índole… Le parecía curioso cómo su abuelo, sin estar presente, había conseguido reunir a tanta gente en aquel pequeño anfiteatro.
Tras despedirse de alguna que otra persona conocida, el chico se disponía a recoger los apuntes de encima de su mesa cuando notó que una sombra se proyectaba a unos centímetros de él. Alargada, delicada y fina, sintió como alguien llamaba a su espalda con la timidez y fugacidad propia de un soplo de aire fresco. Al girarse, contempló a la chica.
- Bonita historia.
- Gracias – respondió él -. Pero creo que todo fue una invención de mi abuelo para hacer que me durmiese por las noches. Nadie recuerda haber visto nunca a un hombre vestido de amarillo acompañando a una mujer con una camiseta verde.
La chica se mostró extrañada.
- Eso no tiene nada que ver…
- Además, - agregó Iván – la historia de los dragones y el precipicio que resurge de las aguas… ¡no hay quien se lo crea!
- ¿Usted es de los escépticos que tiene que comprobarlo todo a través de la experiencia?
A Iván le sonó raro que aquella chica le llamase de usted. Se estaba empezando a poner nervioso.
- Sí. Mi profesión así me lo exige.
La chica cambió de tema.
- He visto que no paraba de tocarse el bolsillo de su pantalón durante toda la exposición. ¿Llevaba ahí dentro el mando de las diapositivas?
Definitivamente, a Iván no le gustaba lo que le estaba pasando con aquella chica. ¿Cómo lo había visto?
- No… es solo que… llevo un amuleto.
- ¿Un amuleto? ¿Usted, que se declara como la persona más racional del mundo, posee un amuleto?
- Si me disculpa, debo irme.
Iván comenzó a recoger los papeles a una velocidad más rápida. Quería acabar con esa extraña situación cuanto antes. Al volver a girarse para abandonar el escenario, se topó de bruces con un papel que la chica sostenía entre sus manos.
- Necesito a alguien que me indique cómo llegar a esta pequeña colina que de aquí al fondo…
Iván se quedó sin palabras. El mapa. Era ella, tenía que serlo. Iván introdujo la mano en su bolsillo, y sacó el objeto que llevaba tanto tiempo guardando. Aquel objeto que le dio su abuelo días antes de morir, prometiéndole que encontraría a la familia de Eva. Lo desdobló, y la segunda mitad de aquel mapa se mostró ante él. Con mucho cuidado, lo encajó en la mitad que tenía la chica entre sus manos.
- Si quiere, puedo acompañarla. Me conozco este cerro como la palma de mi mano…

FIN.

Hace más de 4 años

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