asfaloth
Rango3 Nivel 14 (179 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Rafael despertó antes de tiempo de su siesta sobre el prado acolchado que, como un mar dorado, se extendía ante las puertas de la finca. El sol quemaba la cara y la tarde olía a verano. No le habían despertado las aspas del molino que descansaban en silencio, ni los trabajos del señor Alfonso con la azada, afanado en levantar terrones de tierra seca. Había sido la motocicleta negra que se acercaba por el camino de acceso la que con su ajetreo lo había sobrecogido en sueños. Desde las hierbas altas, como un león acechando en la sabana, Rafael observó cómo el motociclista desmontaba, y se aproximaba sin quitarse el casco al señor Alfonso que, sereno, esperaba su llegada, como si supiera de quién se trataba. Tenía la figura de una mujer. Sin mediar palabra, la desconocida mostró un revolver, que centelleó bajo el sol, y apuntó al campesino.-Te he querido siempre... -respondió el hombre. El viento sopló y el molino giró desperezándose ruidosamente, ahogando las siguientes palabras del bracero. Rafael no escuchó tampoco la réplica de la asesina, tan solo un disparo seco y cruel...

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Javi
Rango13 Nivel 61
hace más de 5 años

Wow. Un dominio muy bueno de la narrativa. Felicidades

asfaloth
Rango3 Nivel 14
hace más de 5 años

Muchas gracias por el comentario :)

Vg87_
Rango5 Nivel 20
hace más de 5 años

A mí me ha encantado este comienzo, en plan peliculero. ¡Mola!


#2

...cuyo sonido estridente se extendió sobre la pradera como una brisa portadora de dolor y muerte.
Rafael se tiró de bruces al suelo instintivamente. Apretó los puños contra la tierra y se agazapó como un animal asustado bajo las mieses altas que habían crecido doradas durante el verano y que ahora parecían lúgubres y asfixiantes, cerniéndose sobre el muchacho.
Sin saber por qué, a su mente vino la noche de la muerte de su abuelo, el momento en el que el decrépito anciano había fallecido en su cama en silencio tras varios meses de enfermedad y una noche de solemne quietud y espera. Aquella fue la primera vez que había visto exhalar a alguien su último suspiro desde tan cerca y de esa experiencia había heredado la idea equivocada de que la muerte llegaba como un espectro silencioso y furtivo.
Ahora en sus oídos no dejaba de repicar un frenesí de metal y fuego. La muerte había llegado de una forma escandalosa y la imagen del señor Alfonso cayendo inerte al suelo como un muñeco perturbó de tal manera a Rafael que por un momento pensó que había enloquecido.
La curiosidad se impuso a la desazón y el joven elevó los ojos por encima del mar de cereal para espiar aquella macabra escena desde su escondite. La asesina se encontraba inclinada sobre su víctima, dando la espalda a Rafael, comprobando que no quedaba resquicio de vida en el cuerpo del señor Alfonso. Como atraída por el susurro de la brisa que remolineaba sobre el campo e insuflaba vida al molino, la mujer se giró bruscamente y dirigió su mirada, oculta tras el casco del que nunca se había desprendido, hacia las tierras donde crecía el grano. Allí vio a Rafael, tras la tupida red de oro y, ahora sí, invadido definitivamente por el mayor de los terrores.

Hace más de 5 años

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#3

Con los miembros atenazados por el miedo, Rafael tenía imposible la posibilidad de escapar. La situación había sobrepasado el carácter dócil del muchacho, que no alcanzaba a comprender qué terrible razón había motivado el acto que acababa de presenciar y si todo aquello no era en realidad producto de una macabra ilusión o burla de una oscura pesadilla.
Y entonces la asesina entró en el mar de cereal. A medida que avanzaba pausadamente hacia él, las mieses en sazón acariciaban la figura negra justo antes de plegarse a su alrededor. El viento estival cesó de repente, dejando sin vida al molino, y ahora los tallos quebrados, crujiendo bajo los pasos de la mujer, eran perfectamente audibles.
Y Rafael seguía siendo testigo mudo e inerte de lo que parecía significar su funesto destino, aferrándose todavía a la falsa esperanza de que su presencia estuviera pasando inadvertida. El joven parecía haber elegido rendirse ante su cazador, como aquellos que tras experimentar en sus propias carnes el producto de la locura del ser humano quedan entregados esperando la muerte o al menos el olvido. Y entonces, el sonido discreto del martillo del revólver se elevó por encima del terror. Como si fuera la señal de su última oportunidad, el espíritu de Rafael se despertó finalmente. Era todavía muy joven para entregarse sin luchar. Sin vacilar más, se puso en pie y salió corriendo en dirección contraria a la de la asesina del señor Alfonso.
-Quieto ahí, Rafael, ¿eres tú? No voy a hacerte daño-dijo entonces la mujer, deteniéndose completamente en medio del campo de cultivo con las manos en alto.
Rafael obedeció la orden, más por curiosidad que por temor. Había reconocido esa voz, una voz que había escuchado hacía muchos años, pero que ahora mismo no podía identificar con una cara en concreto en medio de sus recuerdos.
-Siento que hayas tenido que ver esto-siguió diciendo con voz quebrada al mismo tiempo que volvía a acercarse poco a poco al chico.-¿Sabes quién soy? Y en ese momento, la figura negra se había aproximado tanto a Rafael que este podía distinguir dos ojos verdes bajo el casco que tenía la visera levantada. Los recuerdos de Rafael se ordenaron inmediatamente en ese preciso instante. La mirada verde que se estaba cruzando con la suya bajo la calidez del sol era totalmente inconfundible, e inexplicablemente el miedo desapareció por un instante.
-Sí, sí. Pero… ¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué ha matado al señor Alfonso?
-Sabía que eras tú, Rafael, sigues siendo el niño preguntón que conocí hace años, como no podía ser de otra forma-respondió ella de una forma cómplice, sin severidad.
-Rafael, en la vida hay muchas preguntas que tienen difícil respuesta-continuó diciendo con gravedad en su voz-. Pero me siento en deuda contigo, en deuda por haberte privado de la inocencia de la juventud. Intentaré responder a tu pregunta, pero es una larga historia, tan larga que ni siquiera yo estuve presente cuando comenzó... Pero me esforzaré. Déjame intentarlo, déjame contarte la historia del asesinato del señor Alfonso.

Hace más de 5 años

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Vg87_
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 5 años

Cuéntanos más!


#4

Torre del Caballero había sido durante siglos una elegante villa hundida en el valle del río Quiebrasauce. Sus señoriales casas de piedra se apiñaban sobre las faldas de la colina de la Memoria a un lado y sobre la ladera del monte del Olvido a otro. En medio del laberinto de callejuelas y patios, en el punto más profundo del valle, se levantaba el puente de Roca, una obra que se suponía romana y de aspecto distinguido que era el orgullo de los habitantes del pueblo. Por debajo de él corrían las caprichosas corrientes del río Quiebrasauce que decían que durante el día rugía como llevado por los demonios y por la noche en cambio fluía con el sosiego de una melodía tocada por los ángeles. Por encima de todo, gobernando el valle desde la cima de la colina de la Memoria, se encontraba la torre adosada al castillo que daba nombre al pueblo, porque Torre del Caballero había sido también cuna de familias que fueron el orgullo de Castilla y trajeron esplendor a España entera.
Pero ahora todo aquello había sido olvidado. Había sido borrado por la maldición de los Ecuestres, la casa ilustre que había gobernado la villa durante siglos y contra la que se unieron el resto de familias nobles del lugar para destronarlos del poder, traicionando sus votos de lealtad. Antes de caer el último señor de los Ecuestres, este convocó todo el poder de dioses y hombres para condenar por siempre la sangre de aquellos que le habían traicionado. Todas las familias se agostarían en la oscuridad salvo una, que redimiría el pecado cometido.
Desde aquel día, Torre del Caballero se volvió oscura y tétrica. Las familias desconfiaban unas de otras y se enfrascaron en nuevas luchas de poder que acabaron con todo rastro de varias de ellas. Otras cayeron en desgracia y pasaron a formar parte de la servidumbre. Las casas quedaron vacías y los tejados se hundían por abandono. La enfermedad se propagó y los niños de nobles y plebeyos morían en la cuna. Muchos abandonaron el pueblo dando crédito a los que aún recordaban la maldición del señor de los Ecuestres. Mientras tanto la torre del Caballero se convertía en una ruina horadada por el tiempo y el viento y la leyenda envolvía el infortunio que había caído sobre el...

Hace alrededor de 5 años

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#5

...pueblo.
El día que el señor Alfonso nació, muchos siglos después, solo tres de las antiguas familias mantenían aún parte de la plenitud de los años antiguos, pero por poco tiempo. En el mismo instante que el señor Alfonso veía la luz de su primer día de vida, las campanas de la Iglesia del Cristo de Oro tocaban repiques fúnebres. Manuel Soto, último miembro vivo de su linaje moría sin heredero conocido, consumido por la locura. Con él desaparecía una de las tres casas supervivientes a la maldición de Torre del Caballero.
En el hogar de la familia Castro el recién nacido Alfonso descansaba bajo la atenta mirada de sus padres, Alejandro y Cristina Castro. El niño tenía la tupida cabellera y los ojos oscuros que eran marca familiar y que se repetía en los otros dos hijos del matrimonio.
En una sala contigua, Enrique y Manuela Alba, acompañados de su hija pequeña Helena, esperaban para felicitar a sus vecinos, tal y como se esperaba de personas de su talla.
En ese momento llegó el padre Augusto, sudando por el ascenso que debía hacer para llegar a la casa. Traía la noticia del fallecimiento de Manuel Soto que había sido por cierto un hombre pérfido y enemigo declarado de los Castro.
-Ahora los Castro y los Alba sois los últimos supervivientes en Torre del Caballero -dijo cuando se encontró con los Alba en el recibidor. -El resto de familias habitan en la desgracia o en el olvido -añadió el párroco sin ser consciente de la importancia de sus palabras. El hombre tampoco tenía ninguna simpatía por Manuel Soto y si no mostraba su alegría abiertamente era porque su compromiso con Dios se lo impedía.

Hace alrededor de 5 años

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#6

El padre Augusto fue llamado entonces por los Castro para bendecir al pequeño Alfonso. Los Alba permanecieron en la sala anexa al dormitorio, pero aún así pudieron escuchar claramente lo que el sacerdote tenía que decir.
-No necesita bendición este niño por mi parte, puesto que su nacimiento despide a lo malvado y aborrecible. Aquel cuya llegada coincide con la expulsión de un enemigo es querido por Dios. No habrá mal que venga fuera de la familia que pueda traer dolor a este niño.
Los Castro acogieron estas palabras con satisfacción y alegría, no en vano aún eran la familia más próspera de Torre del Caballero y los augurios que pronunciaba su venerado párroco eran más que favorables.

Pero al otro lado de la puerta, Enrique Alba se encontraba paralizado. No supo qué se movió en su interior por las palabras del párroco, pero por alguna razón comenzó a recordar cierta leyenda que se contaba en el pueblo sobre una maldición que era la culpable de su desgracia, que consumía a las familias de Torre del Caballero una a una y agotaba a sus hijos hasta hacerlos desaparecer en la tierra. Entonces miró a su pequeña Helena y se fijó en sus ojos verdes, que destellaban con la fuerza de las aguas del Quiebrasauce. Y él, que nunca antes se había visto invadido por el odio ni el rencor, que no conocía lo que era la malicia, de repente sintió una imperiosa necesidad por conseguir que la promesa del padre Augusto no se cumpliera jamás.

Hace alrededor de 5 años

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rllavero
Rango9 Nivel 41
hace casi 4 años

He dado con este relato de hace un año. Tengo que decir que me parece sobresaliente en cuanto a narrativa. Mis felicitaciones.