Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37 (2762 ptos) | Poeta maldito
#1

Aisha es una joven soltera, con un trabajo que le apasiona, su empresa está distribuida a lo largo y ancho del país. Un día Aisha descubre un mundo nuevo, y comienza a chatear con gente. Gente con gustos diferentes, con experiencias distintas, un mundo realmente oscuro… aunque si se para a pensarlo quizá es un mundo escondido a la luz, si a la luz de los ojos castigadores, a los ojos acusadores, a la moral y a la ética. Escondido desde los tiempos inmemoriales al mundo exterior.

Cuando ella comienza a indagar, tiene más atractivo para ella que cualquier otro mundo exterior que está a la vista. Durante años ha buscado, y buscado el amor, claro está sin encontrarlo, quizá fuera eso, después de varias parejas estables y de varios años con dichas parejas todo se acaba, ella no soporta la rutina, la monotonía, ella es sin más, un espíritu libre.

Hay que decir que Aisha no es su nombre real, quien sería tan tonto de mostrase en un mundo nuevo, desconocido y mal visto por la sociedad, con su verdadero nombre.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Sumisa y rebelde, buena unión. Seguro que me interesa.

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Gracias, en mi blog personal esta mucho mas avanzada la historia...

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace casi 3 años

Me fascina esa característica de Aisha "...ella no soporta la rutina, la monotonía, ella es sin más, un espíritu libre...", pudiera una tipología de sueños. Un saludo @Mia_Garcia y nos leemos.

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace casi 3 años

Gracias @eleachege... hay momentos en las historia que recae en lo común, lo normal... las flores y bombones... jajajaja

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace casi 3 años

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#2

Una mañana durante una jornada laboral, sentada frente a su ordenador, lee un artículo de una revista digital, el arte del bondage. Las primeras impresiones, fueron claves para comenzar lo que tiempo después Aisha se atreverá a probar. Aquellas imágenes de cuerdas enroscadas en cuerpos desnudos, dejándolos coartados de libertad, sintió una leve humedad salir de sus interiores, y cesó su lectura, sacó un pen y guardo el artículo, ya lo leería más tranquilamente en su portátil, en casa, donde nadie podría molestarle.

Después de varios días de búsquedas e indagaciones por la red, descubre un grupo, donde la gente no solo comparte sus experiencias propias, también fotografías de sus actos, y ella comienza a sentir pánico, cierra el portátil de un golpe, y nerviosa se va a dormir. Tres días después, de nuevo abre el portátil, no lo había apagado, no había cerrado nada, y allí esta ella, delante del grupo que días atrás le dio pánico. Se había creado un perfil, poco explicaba en él, de hecho, tenía varios mensajes, algunos subidos de tono, otros eran un “hola”, descartó aquellos que tildó de fuertes o subidos, y aquellos Nick que denotaban cierta “agresividad” y solo entabló varias conversaciones, una fue con Jorge.

Jorge, ese gran desconocido. Hombre soltero, con trabajo estable, un trabajo que le gusta. Es un hombre que pasaría desapercibido a los ojos de una mujer como Aisha. Tiene mucha experiencia, de hecho, su Nick no enseña nada, solo es Jorge a secas. Aisha encuentra en él un apoyo, durante meses hablan y hablan, él va indicando a Aisha como y donde debe buscar para documentarse. Pues su primera conversación fue la siguiente:

Jueves 4 de octubre de 2012
< Hola Aisha

Domingo 7 de octubre de 2012
< Hola Jorge

< Hombre la desaparecida, ¿qué tal guapa? Después de tantos días, creí que te habías asustado, seguro que te han entrado… mínimamente 30 o 40 amos y dominantes pidiéndote que seas su sumisa, o ¿me equivoco?

No se equivocaba, cuando Aisha cerró el portátil fue porque en menos de 1minuto le llegaron cerca de 10 conversaciones y en ellas no paraban de presentarse y mandar fotos. Aisha creo el perfil, sintió sed y fue hasta la cocina a por su botella de agua, cuando volvió, tenía entre 10 y 20 conversaciones, con mogollón de comentarios obscenos y pidiéndole cosas, se asustó y cerró.

Durante meses estuvieron hablando, ella había conseguido varios contactos, mujeres y hombres, que compartían con ella confidencialidades. Un día recibió una invitación de los administradores, habían organizado una fiesta en un local de una ciudad, y habían cerrado precios de entrada a la fiesta y en varios hoteles para el alojamiento. La información de la fiesta indicaba que se realizaría un mes después, por lo que podría tranquilamente tomar una decisión.

Estuvo varios días intentando contactar con Jorge, pero él no daba señales de vida, de hecho, nadie de los del grupo, sabía nada de él desde hacía varias semanas. Aisha había estado muy ocupada, en el trabajo había que organizar varios eventos, sumados a varios eventos personales de ella, hizo que no pudiera entrar en semanas, semanas que él tampoco había estado, pensó, tras hablar con varias personas.

A dos semanas de la fiesta de grupo, él apareció, era tal la confianza que tenían él uno con el otro, que él comenzó a escribir en el chat privado de ellos.

9:15
< ¿Nena lo siento, he tenido muchos problemas personales, y de trabajo, me he tenido que marchar unas semanas fuera a solucionarlos, no pensé que sería para tanto… pero al final se alargó más de lo que pensaba, por cierto, he visto la invitación de los admin, vas a ir a la fiesta??

9:21
< ¡Hombre, desparecido! ¿Todo bien?, me alegro de poder hablar contigo, pues me lo estoy pensando, pero no me apetece ir a los hoteles que proponen, seguro que todos van a esos, y mira que sí… en fin, me corta mucho, es que a saber que me encuentro, y tengo miedo.

9:23
< No tengas miedo nena, eres intocable lo sabes, te lo he dicho muchas veces, recuerdas la conversación en la que te dije que tu solo podías mirar, pues ya sabes si se te acercan para acecharte, con decir estoy mirando… nadie te molestará. ¿Quieres quedarte en mi casa?, sin ningún compromiso. Lo que Aisha jamás sabría es que no era su casa, era de un amigo. Pues él también se iba a desplazar, pero en ningún momento, ninguno de los dos sabían, de donde eran.

Aisha vio aquella invitación, y sabía que no podía aceptar, aunque con Jorge probablemente se sentiría cómoda, pero ella todavía tenía miedo de él, y si él no le atraía físicamente. No sabían cómo eran, aunque su mente ya estaba atraída por aquel hombre, y aquello no se borraría fácilmente. Jorge estaría encantado de hacer de anfitrión, solo que sabía que ella no estaría dispuesta y tras un rato sin conversar, y antes que ella se pensase cualquier cosa él nuevamente indicaba.

9:26
< ¿Prefieres que busque un hotel, para que te sientas más cómoda? Así podremos quedar después de la fiesta si lo prefieres.

No era una mala idea, por lo que Aisha aceptó su ayuda, pero claro, si aceptaba su ayuda… tendría que desvelar su identidad real, y ella no estaba dispuesta.

9:45
< Vale, si me buscas varios, yo ya llamaré y haré la reserva.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Se pone interesante la cosa, a ver qué pasa en esa reunión, supongo que hará mucho calor.

Mardus
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Siendo un diálogo de chat no me termina de convencer lo de usar el guión normal de diálogo. Yo usaría > o algo similar. Pero es sólo una idea. Un saludo. Seguiré atento a cómo sigue la historia.

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Buena observación Mardus, no se me había ocurrido... ¿crees que debería cambiarlo?

Mardus
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Eso es según tu criterio, por supuesto, sólo lo digo como forma de dejar claro que es una conversación en un chat y no cara a cara.

Mardus
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

Incluso se me ocurre que puedes poner la hora de las respuestas y eso te daría juego. Por ejemplo, si él responde al minuto y ella tarda 20 minutos entre pregunta y respuesta, eso es algo que da información al lector. :)

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

gracias... lo tratare de mejorar.


#3

Semanas después Aisha viajaba, hecha un manojo de nervios, aquella noche asistiría a la fiesta. Llegó a la ciudad y tomó un taxi, indicó el hotel, y media hora después se encontraba frente a la puerta de hotel, hacía calor, era el mes de junio.

Subió a la habitación, era media tarde, conectó el portátil, y se metió en el grupo, e intento a hablar con Jorge, pero no estaba. Pasaban las horas, y él no aparecía, así que se duchó, vistió y salió hacia la fiesta.

Estaba allí, tan bella con aquel vestido rojo que se ceñía a sus curvas, rodeada de hombres babeando por ella. Y de pronto sus miradas se cruzaron, y aquella conexión tan especial, hizo que ella abandonase su posición y fuera hasta donde estaba él.

—Jorge…

—Recuerdas nuestra última conversación.

—¡Jorge, mi Amo!— salió en un suspiro de excitación.

Jorge agarró su brazo y tiro de el, caminaban rápido, llegaron a la puerta de los aseos, y sin mirar, abrió la puerta, no había nadie. Estaba tan excitado y ella era tan caliente, que, tras masajear su clítoris por encima del tanga, lo retiró un poco e introdujo dos dedos por su abertura comprobando que ella estaba preparada. Le cogió del culo y subió a la encimera de los lavabos, colocó su culo al borde, sacó su pene, y se lo ensartó hasta el fondo, un gemido ahogado salió de la boca de Aisha.

Aquel fue un aquí te pillo aquí te mato, en toda regla. Había estado esperando aquel momento tanto tiempo, que le hubiera gustado que hubiera sido mucho más calmado. Menos rápido, con más tiempo, después de cuatro o cinco embestidas profundas por parte de él, Aisha cayó en picado hacia el orgasmo, y agarrándose como pudo al mármol de la encimera del baño, clavó las uñas, hasta partir varias de ellas.

Sumida en un mar de sensaciones, notaba el frio mármol sobre su trasero, pero el calor se hacía presente en su cuerpo, no podía más, completamente tensa, por la situación. Estar en un aseo de señoras haciendo aquello, jamás lo habría imaginado, que vergüenza si alguien los veía, aunque quien lo viese seria de la fiesta, más vergüenza aun, pensaba.
Después de varias embestidas, y miradas furtivas, Aisha se concentraba en Jorge, en sus movimientos, en su placer, y su cuerpo se destensó, pudo disfrutar de cada oleada de placer. El orgasmo comenzaba desde lo más profundo de su ser, le envolvía el cuerpo, y ya sin importarle que les vieran. Notaba como con cada embestida de él, su cuerpo vibraba, las oleadas de placer se traducían en fuertes corrientes eléctricas que sacudían cada parte de su cuerpo con leves espasmos, el calor provocado por ellas, se disipaba hasta llegar a su piel, donde perlada por el sudor del momento se hacía presente.

Jorge notó como se estremecía en torno a su pene, solo pudo cogerle nuevamente por el trasero, y llevarle en volandas hasta el interior de uno de los baños, abrió la puerta con el pie, y cuando estaban dentro, ella se apoyó sobre el wc, y con su mano cerró la puerta. Aquello no había terminado, no para él, y mucho menos para ella. Jorge pretendía arrancarle varios orgasmos más, antes de volver a la fiesta.

Contra la pared, pegada la espalda, sudada, se dejó hacer. Podía con su peso, parecía una pluma ondeando al viento, no hacía falta que tuviera que apoyarse, para ayudarse. Con las palmas pegadas haciendo fuerza, notó como nuevamente crecía dentro de ella un nuevo orgasmo, y agarrándose al cuello de Jorge. Escondió la cabeza entre su cuello y hombro, y ahogando sus gemidos y jadeos. En aquel momento comenzó a sentir un orgasmo más intenso, más largo, que sacudió su fuero interno.

Clavó las uñas sobre la camisa de Jorge, quien con movimientos certeros no cesaba en su empeño por darle placer, los estremecimientos producidos por las oleadas de placer, se ceñían como un guante al pene de él, las paredes de su sexo, se acomodaban a cada centímetro de él.

Jorge notaba como aquella hermosa mujer, como aquel hermoso cuerpo respondía a cada penetración que el realizaba, se estrechaba con cada oleada de placer, aquello era algo encantador, lujurioso, para él, quien no dejaba de dar para poder recibir.

Minutos después, ella estaba cansada, varios orgasmos habían hecho aparición, y su cuerpo aun temblando por ello, necesitaba descanso, él aun no había llegado al clímax, por lo que Aisha, aguanto como buenamente pudo.

Notó como apoyada sobre él, siguiendo como podía el ritmo, él tiraba levemente del pelo que tenía colocado hacia un lado, en décimas de segundo, la levedad se volvió fiereza, y se vio torciendo su cuello, dejando espacio, para Jorge posase su cabeza en el cuello de ella, como minutos antes había hecho ella, y ahogando sus gemidos, notó como mordía su clavícula, y aquello fue detonante para que, aunque cansada y exhausta, dentro de ella creciese un orgasmo.

Tres empellones más tarde, Jorge aprisionaba con mucha dureza el cuerpo de Aisha contra la pared, sumida en un mar de sensaciones, su cuerpo, su sexo, succionaba, comprimía, se estrechaba con cada sacudida, al pene de él. Completamente cansada, le faltaba la respiración, solo notaba la presión que ejercía contra la pared, un suave frescor recorrió su cuerpo, devolviéndola a la vida, despertaba del letargo producido por haber llegado juntos al clímax.

Se separó un poco de ella, dejándola que pudiera despegar la espalda de la pared. Como pudo levantó un poco más a Aisha y se salió, le bajó al suelo, dejándola apoyada sobre el mismo, y esperando a que no se tambalease. Permanecía apoyada contra la pared, no se creía lo sucedido, miró su reloj, y pudo ver que habían pasado más de 40 minutos. Pensó que durante ese tiempo, alguien podría haber entrado en el aseo, y con un suave movimiento de cabeza, pasó olímpicamente del tema, pues aquella experiencia era irrepetible, estaba allí con él. Lo vio como cogía papel, se agachaba a limpiarle los restos que salían de ella.

Jorge se levantó, coloco la ropa, metió su pene en el calzoncillo, y se abrochó la cremallera, instantes después le dio un beso en la frente. Abrió suavemente la puerta, miró hacia los lados y salió, diciendo:

—Con tranquilidad… Aisha te colocas, y sales, tomate tú tiempo… Estaré fuera; sonaba a una orden, tajante y discreta.

Saludando a dos de las invitadas de la fiesta, que estaban delante del espejo, salió del aseo. Aquellas miraron a través del espejo, buscando a la persona que estaba dentro del W.C.
Aisha que las había divisado, un instante antes de quedar sorprendidas ante la presencia de aquel hombre al que no quitaban ojo, cerró la puerta.

Escuchó como aquellas dos mujeres, después de criticarle abiertamente, salieron del aseo. Se apresuro a salir, se puso delante del espejo, y se dijo a sí misma, ¡que te quiten lo bailado maja! Se adecento como pudo un poco el pelo, colocó el vestido en su sitio, y después de retocarse un poco el brillo de labios, y los coloretes, salió a su búsqueda.
Jorge permanecía apoyado en el pasillo, esperando.

Cuando llegó a su altura, tomó su mano, pasaron por delante de aquellas dos mujeres, quienes permanecían en un grupo de cotillas y cotorras, que no dejaron de mirar desde que la vieron salir del aseo. Jorge pasó delante de ellas, y con un ademan de cabeza se despedía, mientras entre dientes, le decía Aisha:

—No agaches la cabeza, mirada al frente, barbilla alta…

Salieron por la puerta, dejando atrás aquella fiesta. Pasearon durante minutos por los alrededores, y después de un rato dando vueltas buscaron alguna cafetería tranquila, donde poder charlar un rato.

Mardus
Rango11 Nivel 51
hace más de 3 años

—Recuerdas nuestra última conversación,

—Jorge, mi Amo… salió en un suspiro de excitación.

Esas dos líneas de diálogo me desconciertan un poco. ¿Lo de "salió en un suspiro de excitación" es algo que ella dice?
¿Y por qué la coma al acabar la frase que dice él?

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Hay cosas que me quedan por corregir... no me da para más!! Jajajajaja. Hay veces que escribo de corrido. Con mis propios signos para separar y reestructurar. Gracias por recordarmelo


#4

Después de un tiempo y varias conversaciones por internet, se aventuraron, nuevamente a quedar. Lo harían a medio camino entre sus hogares, reservaron una habitación, en un hotel. Ambos estaban aceptando las condiciones, sobre su relación de dominación y sumisión.

Ella vivía lejos de él, y solo podrían mantener esa relación, si podía llamarse de alguna forma, a distancia y viéndose una vez cada varios meses, o con un poco más de frecuencia.

Aquella cita después de la fiesta, fue una primera toma de contacto. Ambos estaban sentados de forma informal sobre la cama, Aisha yacía con las piernas cruzadas como los indios, él simplemente estaba recostado de lado, apoyado sobre su codo. Después de hablar de las condiciones, Jorge se tumbó e indicó, que hiciera lo mismo. Tumbados y mirándose de frente, no apartaban la mirada.

Aisha observaba cada milímetro de aquel rostro, parecía grabárselo a fuego en su mente. Jorge acariciada el contorno de su rostro, simplemente se escuchaban sus respiraciones, él se incorporó un poco y la besó, aquel beso le supo a gloria.

Instantes después hizo que ella se levantara, y comenzó a desvestirla, dejándole solamente vestida con aquel conjunto negro, tan elegante, de encaje, que realzaba su belleza, o por lo menos eso era lo que pensaba. Era la perfección en persona, con ella había conseguido sentir, y abrirse como con ninguna otra persona, ocupaba su mente y en parte su corazón.

Entonces volvió a posarla sobre la cama, e indicando que se relajase.

Jorge fue hasta su maleta y cogió un aceite de coco, él comenzó con un masaje sensual. Primero los pies, se deleitó en masajear con calma cada dedo, la planta, el talón. Cuando comenzaba a relajarse, continuó su masaje hacia las piernas, posó una sobre su pecho, y acariciaba lentamente un gemelo, y después repetía la acción con la otra pierna. Fue haciendo caricias, y masajeando su piel a lo largo de su cuerpo. Terminó la parte de delante, y con un giro brusco, le dejó tendida boca abajo, y comenzaba a masajear sus cervicales y espalda, hasta dejarla completamente relajada, excitada y con ganas de más.

Comenzaba a conocer aquel cuerpo, se sentía cómodo, y tranquilo. Las respuestas que ella mostraba a través de su cuerpo, le hacían sentir vivo. Por lo que, con un nuevo girón brusco del cuerpo, la colocó boca arriba, ella lo miraba con los ojos encendidos. Aquella mirada en la que mostraba adoración por aquel hombre.

Necesitaba de su tacto, se notaba, la tensión sexual había crecido, el aire estaba cargado de pasión, de lujuria. En décimas de segundo, yacía tumbada sobre la colcha de la cama, desnuda de cintura para abajo, notaba como comenzaba suavemente a soplar sobre su sexo. Lamía, chupaba, y después soplaba, aquel frescor avivaba su excitación, y los jadeos comenzaban a hacer aparición.

Estaba completamente extasiada, sumida al placer que le daba, y notaba como poco a poco, él iba poseyendo cada vez más, un centímetro más de su cuerpo, y sin saberlo y notarlo el orgasmo crecía en ella. La carga sexual del ambiente. Aquel olor a coco, del aceite con el que había masajeado todo su cuerpo, el calor que desprendían sus cuerpos, mezclado con aquel olor previo al sexo, aquel sudor, que perlaba su piel.

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

@Mardushe corregido, lo que has ido comentando a lo largo de las cajas. Muchas gracias por tu ayuda. un saludo


#5

Notó una invasión por parte de él, no sabía cómo, pero Jorge estaba encima, penetrándola suavemente, de forma calmada y tranquila. Mientras ella lo acomodaba en su sexo. Los gemidos y jadeos brotaban sin cesar, y en poco más que unos minutos, Aisha se deshacía, convulsionaba lentamente, aquel orgasmo era un pecado, era largo, pausado, profundo, las oleadas, iban y venían como un vaivén de las olas del mar.

El calor soporífero se abría paso, hasta los poros de su piel, saliendo en minúsculas gotas de sudor, que perlaban su piel. Ese fue el primer orgasmo que sucumbió su cuerpo, fue un orgasmo intenso, calmado, pero que, cansó su cuerpo, dejándolo en un pequeño letargo. Fue el primero de muchos, que durante aquellas horas consiguió cansarla hasta casi dormirse, pues Jorge no tenía prisa ninguna, y hasta que no lo consiguió, no se dejó arrastrar al clímax.

Tras horas de juegos previos, de practicar sexo y deshacerse el uno en los brazos del otro, comenzaron a hablar sobre el desarrollo de una posible sesión. Ella parecía entusiasmada, indicaba su palabra de seguridad. Él con mucha calma, simplemente explicaba, que no solamente ella podría usarla, sino también él podría finalizar aquello cuando la dijese, Aisha se quedó sorprendida.

Habían comentado como debía comportarse durante la sesión, y en todo momento el avisó, que las sesiones no solo se practicarían en la intimidad, si no en lugares públicos. La cara de confusión de ella, era un poema. No entendía a que se refería, el trató de explicarse, que las sesiones no solo serían sexo y juegos sexuales. Si no un compromiso de sumisión por su parte, una obediencia absoluta fuera de la intimidad.

Después de cerca de dos horas hablando pidieron al servicio de habitaciones la cena, pues ya eran cerca de las 11 de la noche. Comenzaban a tener hambre, aunque lo único que ella deseaba y anhelaba, era que aquella noche no terminase, y que su relación comenzase con su primera sesión.

El servicio de habitaciones tocó a la puerta, Jorge se puso el albornoz y recogió el carrito de la cena. Después de cenar, sentados sobre la cama, desnudos completamente.

Jorge cortó la cena de Aisha y había ido dándosela poco a poco, ella cada vez que, él acercaba el tenedor, abría de forma sensual y delicada su boca. Estaba provocándole en todo momento, sus ruidos, saboreando cada trozo que le ofrecía, resultaban una tortura. Vio como crecía su erección, y cada vez que sus miradas se cruzaban, sabía que aquello, lo pagaría muy caro.

Jorge destapó el postre, y allí delante de ellos aparecieron unas fresas con nata. Aisha cogió una y unto la punta en el bol de nata montada. Se la llevó hasta la boca y lamió la nata, mordió suavemente la fresa, y unas gotas de zumo de la fresa, corrieron la comisura de su labio, goteando suavemente su clavícula. En décimas de segundo Jorge se abalanzó sobre ella lamiendo aquellas dulces gotas, y se retiró, ahora el que provocaba era él.

Nuevamente volvía a coger una nueva fresa, y a untarla sobre la nata. Solo que esta vez, ella se la dio, quien muy receptivo abrió su boca. Estaba juguetona y posó la nata sobre su nariz, quien, al ver, aquel gesto se echó a reír, a carcajada limpia.
En un tierno gesto, se fue hasta su nariz y posando sus labios sobre ella, limpió la nata, con la que le había manchado.

Estaba tan excitado, ella estaba tan natural, tan cómoda, con aquella situación. Que se le ocurrió dar comienzo a lo que minutos antes de cenar, habían comentado.

Cogió la botella de cava y la abrió, él dijo la palabra, y las instrucciones comenzaban a resonar por la habitación. Aisha se tumbó sobre la cama, y él derramó sobre su cuerpo el cava, y comenzó a lamérselo. Habían comenzado la sesión, sin saberlo, mucho antes de decir la palabra de seguridad, pues los juegos con el postre, había avivado sus pensamientos, y su excitación.

Por lo que, comenzó a besar suavemente su cuerpo, lamiendo los pocos restos de cava. Instantes después, ambos estaban sumidos en una vorágine de jadeos y gemidos, abandonados al placer, abrazados, sintiéndose piel con piel.

Hasta que después de muchos minutos, ambos llegaban juntos al clímax. Las fuertes embestidas de él, cargaron el centro de su ser, quien convulsionaba sin parar antes las oleadas de placer, que le inundaban el cuerpo, estremeciéndose alrededor de la fuerte erección.

Después de jugar durante horas, y practicar sexo, caían rendidos uno en brazos de otro. Él simplemente dijo la palabra de seguridad cerrando sesión. No creía que fuera el momento, no estaban en ese punto, no aquella noche. Aquella era para disfrutar el uno del otro, sin sesión.

A la mañana siguiente, ambos se despedían del fin de semana maravilloso, y regresaban a sus hogares. Cuando Aisha llegó a casa le escribió, indicando que ya había llegado. Era más de media tarde del domingo, cansada del viaje y del fin de semana, pues escasamente habrían dormido más de ocho horas, se tiró en el sofá y dejó su maleta sin deshacer.

******

Como de costumbre antes de marcharse de su fin de semana, ambos desayunaban juntos, mientras Aisha tomaba una ducha, aprovechó a meter una carta en su maleta. Habrían preferido desayunar en la habitación, pero prácticamente no habían salido de ella, y les vendría bien un cambio de aires, y ver a más gente.

El lunes de madrugada, se despertó de un sobresalto, estaba en el sofá todavía, se había quedado dormida, eran más de las cuatro de la mañana. Se levantó y caminaba hacia la habitación cuando tropezó con la maleta, la cogió y la llevó hasta el dormitorio. Se había desvelado lo suficiente como para deshacer la maleta. Abrió la cremallera y levantó la tapa, y allí sobre su ropa, reposaba un folio doblado. ¿Qué será?, pensó.

Desdobló el folio y comenzó a leer:

Carta

La belleza que desprende unos brazos cubriendo un bello cuerpo, después de una sesión, no se puede comparar con nada en esta vida.

La belleza que da un cuerpo cuando está en plena sesión, no es comparable en esta vida. Pero todavía no estamos preparados.

Tengo el gran placer de haberte conocido, ya que no siempre se encuentra en el camino a gente tan especial.

No sé lo que ocurrirá en el futuro, no sé ni lo que ocurrirá mañana. Sé lo que ha ocurrido hoy, y ya, es pasado. Ahora me permito unos minutos para sacar cosas de tan dentro, que no debería.

Tan solo te dedico estas palabras para que no pierdas la motivación en ningún momento, pues si luchas en esta vida, al final obtienes la recompensa, pues si luchas por tus sueños, dejaran de ser sueños.

Aunque si te digo la verdad, tengo un don, el don de fastidiarlo todo, de arruinar las cosas bellas, de no saber explicar algo tan sencillo, algo tan natural como el amor.

Aunque ya sabes que esto no es AMOR. No soy un hombre sencillo, tal vez practico, tal vez inquieto, exigente y en algunas ocasiones muy dominante. Mi corazón ya no sabe amar, o quizá sí.

Pero nuestra relación no es de amor, jamas lo será, eso no quiere decir, que no te respete, porque desde mi postura como Maestro, Amo o Dominante, como tu quieras denominarlo, solo tratare de llevarte a tu limite, de franquearlo cada día un poco más.

Sé que dejo muchas preguntas en el aire, pero no tienen respuesta, o si la tienen, el tiempo las dirá.

Quiero que luches, por ti, para ti y por tu bien, nada más.

Jamas te pediré más de lo que me puedas dar, tan solo estaré el tiempo suficiente, tu serás quien decidas. Pues eres un espíritu libre, y algún día no podremos evitar despedirnos. Nunca tendremos una relación normal, pues no soy normal, soy atípico, quizá también un espíritu libre como tú, aunque diferente. Tú eres pura, integra, dulce.

Gracias por estar. Gracias por haber llegado a mi vida. Gracias por querer formar parte de esta relación extraña.

*******

Cuando Aisha terminó de leer, se quedó tumbada en su cama, pensando, con la carta pegada al cuerpo, y con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Y de pronto se paró a pensar en todo lo que le decía.

Nada era comparable en esta vida, a un cuerpo que se abandona en una sesión, que cede el control de la dominación de un Amo. Razón no le faltaba, era cierto, ella estaba dando el mejor regalo que le podía hacer, su sumisión.

Eso que ahora estaba tan de moda, aquello que nadie conocía, si es muy bonito jugar, jugar con el dolor, pero aquello podría resultar peligroso en manos de un desconocido. Nada es fácil, y mucho menos llevar aquellos gustos a la práctica, pues ambos se debían conocer, saber cuáles son los límites, no esos que se ven en los libros como infranqueables, sino el límite de un cuerpo al dolor, la forma que responde un cuerpo ante una “agresión”.

Que alguien comprenda cuáles son tus necesidades, cuáles son tus deseos, los gustos sexuales o no, y que los gustos sean prácticamente similares, aquello era una suerte. Eso que llaman, encontrar la media naranja, aunque las personas podemos ser la naranja completa. Aquella historia sobre el destino, sobre el hilo rojo, que une a las almas gemelas, se venía a su cabeza, y las lágrimas volvían a brotar y recorrer las mejillas hasta caer sobre la almohada suave y mullida de su cama.

No dejaba de pensar en el fin de semana, en lo ocurrido en la conexión especial que se estaba formando entre ellos, aquello que, con solo mirarse, ya sabían lo que el otro quería o necesitaba en ese preciso momento.

Entonces volvió a releer la carta, porque hablaba de normalidad, ¿qué es lo normal? jamás se había sentido normal, jamás sus gustos habían sido normales. Porque habla de normalidad, se preguntaba, ¿A qué se refería con normalidad?, tendría que hablar con él, la próxima vez.

Decía que ella era un espíritu libre, que siempre la querría con sus virtudes y sus defectos, hasta que ella decidiese algo distinto.

Finalmente, después de pensar durante minutos, volvió a caer en los brazos de Morfeo.

Hace alrededor de 3 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace alrededor de 3 años

Supongo que será una cosa u otra según le convenga jajajajajaj


#6

Capítulo 3: Primera sesión

Un mes después de volver a verse, Jorge la llamó, era miércoles, quería quedar de nuevo ese fin de semana, necesitaba estar con ella, poderla tocar, ver su cara, su rostro, sus gestos.

Su llamada fue clara y concisa:

—Aisha el viernes, quedamos en el mismo hotel de la otra vez, tengo reserva a nuestro nombre, nos quedaremos el fin de semana completo, espero que puedas y no tengas ningún plan. Le había indicado nada más descolgar, sin apenas haber preguntado, ni dicho buenos días, ni nada por el estilo.

—Buenos días Jorge, yo también me alegro de hablar contigo, tendré que mirar mi agenda, y probablemente realizar cambios, pero yo también tengo ganas de verte.

—Sí, si nena disculpa mis modales, hay veces que se me olvida y me sale solo. Pues, ya me dices lo que sea, a lo largo del día.

Y sin casi despedirse, colgaba el teléfono. Tan solo hacía un mes desde la última vez que se vieron, prácticamente hablaban todos los días. La noche anterior, ambos se habían despedido de forma muy melosa, Aisha lo echaba tanto de menos, poder tocarle, poder besarlo, acariciarlo, y sin embargo no podían, estaban tan lejos el uno del otro.

Entonces Aisha comenzó a pensar, que habría pasado por la cabeza de Jorge aquella noche, después de su despedida tan amorosa. Estaba claro, el contacto diario causaba en ellos algo que no tenían en cuenta, u observaban a primera vista, estaban creando un vínculo, uno muy especial, uno que podría deducirse irrompible.

Cuando llegó a trabajo, y vio la agencia, realizó todos aquellos que fueron necesarios y pertinentes, para dejarse el fin de semana libre y disfrutar de su relación.

*******

Ella había llegado casi a media noche del viernes, estaba cansada y necesitaba una ducha rápida. Jorge llevaba esperando varias horas, a que ella llegase. Había tenido varias reuniones de última hora, para poder tener el fin de semana libre.

No dejaba de dar vueltas por la habitación esperando a que Aisha saliera de la ducha, y cuando vio como salía de la bañera, corrió a taparla con la toalla, le quitó suavemente la toalla diciéndole:

—Yo puedo Jorge, yo sola puedo secarme, gracias. Su voz sonaba molesta, los kilómetros y el cansancio hacían mella en su carácter.

Entonces espero tranquilo, y pacientemente en el umbral de la puerta del baño, observando como terminaba de echarse la crema por el cuerpo, terminaba de vestirse para salir a cenar. Se dirigió hacia él, no pudo hacer otra cosa que cogerla en volandas y llevarla hasta la cama, donde la lanzó, sin contemplación ninguna.

—No me has dejado salir del baño por mi propio pie; decía ella tirada en la cama. ¡Si, literalmente tirada!

Nada de contemplaciones, nada de susurros. Nada suave, en definitiva. Había sido tosco y duro, mostrando su lado oscuro, estremeciendo con su dureza el cuerpo de ella. No creía que fuera capaz, y de pronto se abalanzó sobre ella y arrancó sin más el vestido vaporoso.

Los girones de la tela, profirieron unas suaves marcas sobre su piel, en definitiva, nada con él era suave. Su instinto animal florecía a cada paso, cada movimiento, y de nuevo se vio allí expuesta ante él. Y en décimas de segundos lo vio al pie de la cama, arrodillado, y notó un fuerte tirón en sus piernas que le hizo arrastrarse hasta el borde de la cama. Y allí comenzaba su tortura del fin de semana.

Adiós a la cena, pensó Aisha, aunque aquella cena era mucho mejor, estaba desnuda. Y él, él estaba dando todo lo que podía, se dedicaba a darle placer. Dedicaba cada lametón, cada mordisco sensual, a avivarle su deseo por él, y ella abierta de piernas, sucumbía una y otra vez a la lengua de Jorge que se posaba hábilmente sobre su clítoris.

Los pequeños golpes que daba con contundencia sobre él, con su lengua, la excitaban cada vez más. Quien completamente excitada, comenzaba a estremecerse por las oleadas de placer, que comenzaban a sucederse sin parar, las corrientes eléctricas se habrían paso hasta llegar a la su piel, abrasando cada milímetro de ella. Jorge que notaba como Aisha llegaba, no cesaba en su tarea, lamia, y lamia sin cesar. Ella agarró su cabeza, para no dejarle marchar antes de que pudiera morir de placer, y él a notar la presión de sus manos, sobre su cabeza, profundizaba con su lengua, abriéndose paso por el sexo de ella, quien no dejaba de convulsionar.

Aquel primer orgasmo, arrancado de la forma más brusca, trataba de alejarse, necesitaba un descanso, y él al notarlo, se separó de ella, dándole un respiro.

Después de varios minutos de descanso, le indicaba que se vistiera, o se les haría tarde para ir a cenar.

Por lo que, a toda prisa, recogió su ropa que permanecía dispuesta sin orden ninguno por la habitación. Inmediatamente después de, vestirse y adecentarse el pelo, como había realizado posterior a la ducha, salían el pasillo adelante, hasta los ascensores, donde se reunieron con otra pareja. Eran más o menos de su edad. Estos, no dejaban de mirarles. Entonces en voz baja le pregunto:

—¿Por qué nos miran?— su cara era un poema.

—No, lo sé— dijo con tono burlón.

Hace alrededor de 3 años

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AngelMagat
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hace alrededor de 3 años

¿Por qué los mirarían?
¡Qué interesantes son esas quedadas en los hoteles!


#7

Después de la cena, regresaban acaramelados, caminando agarrados de la mano, como una pareja normal. Entonces Aisha pensó, aquello sería a lo que se refería Jorge, aquella normalidad de pasear como una pareja, a compartir espacio, a compartir tiempo. ¿Jorge no querría aquella normalidad? O simplemente ¿no podría tenerla?

No tenía ganas de sacar el tema, quizá era demasiado pronto como para preguntar. Pero claro, la primera regla fundamental de aquella relación, su relación, era la comunicación. Esa comunicación, siempre se había basado, en la comunicación de necesidades y gustos sexuales, no habían extendido su comunicación, a mucho más de aquello. Por lo que, pensando que él no se abriría, o se molestaría, prefirió callar. Con caminar agarrados tendría suficiente, por ahora, se dijo a sí misma, auto convenciéndose.

Entraron de nuevo por la recepción del hotel, y fueron hasta el vestíbulo de los ascensores, de nuevo se encontraban con la pareja, y de nuevo las miradas se sucedían. En esta ocasión Iba sumida en sus pensamientos, y las miradas pasaron desapercibidas para ella, pero no para Jorge. Los cuatro entraban y el otro chico, pulsó el botón de la planta.

Segundos después, los cuatro salían del ascensor, y cada pareja se encaminaba a su habitación. Aisha sin prestar atención, y Jorge sin quitar la mirada en la otra pareja, comprendía las miradas de aquellos, eran sus vecinos de habitación.

Y los pensamientos de él, fueron más allá, pobrecitos no iban a pegar ojo en toda la noche, pensaba una y otra vez, mientras con un gesto de cabeza, se despedían de ellos frente a la puerta de su habitación.

Una vez entraron en la habitación, no le dio tiempo a girarse, cuando Jorge pronunció la palabra de seguridad. Se vio arrodilla en el suelo, casi a la entrada de la habitación, de aquella hermosa habitación, de la que prácticamente, no había podido observar mucho, solo espacio del baño, pues justo antes de salir a cenar, se vio envuelta en un tórrido encuentro.

No había observado cada detalle, pues, ella siempre hacía un reconocimiento previo, miraba cada detalle que marcaba el espacio, decoración, cortinas. Estaban en el mismo hotel que meses antes, pero distinta habitación.

En décimas de segundos, escuchaba su primera orden, debía colocarse en la misma posición en la que había quedado tras escuchar la palabra de seguridad. Pero esta vez, debía estar desnuda, solo con la ropa interior, y sobre aquella enorme cama. Una vez que se desnudó, y quedó en ropa interior sobre la cama, arrodillada con las palmas de su mano posadas sobre sus rodillas y mirando al techo, esperando a que él, soltase algo sobre ellas.

Estaba tan ansiosa, ya habían hablado sobre la sesión la última vez que se vieron, y él había comenzado aquella ver algo, que zanjo a los poco minutos. Pensando en lo que habían hablado sobre conocer los límites de su cuerpo al dolor, esperaba ansiosa, colocada en la postura que Jorge le había enseñado tiempo atrás. Sumida en sus pensamientos, solo pudo escuchar a Jorge decir:

—¿Aisha estas preparada?
—Si Jorge, lo estoy; decía en un leve susurro.

Entonces Jorge rodeaba la cama, y se ponía en un lateral, mirando a Aisha arrodillada sobre el colchón. Entonces se subió a la cama, y dio un beso en la mejilla, ella se estremeció, pues permanecía mirándose las rodillas, y no podía mirarlo a él. Solo, notó ceder el colchón, al peso de él.

Poco después, notaba como el colchón volvía a su ser. Jorge caminaba por la habitación, y su excitación crecía tanto, que, se revolvía ansiosa sobre la cama, y entonces escuchó:
—¿Aisha recuerdas que no puedes moverte?
—Sí, Jorge, lo recuerdo.

Seguía su camino hasta el otro extremo de la habitación, donde situada sobre una sobre mesa había una maleta de cabina.

Aisha escuchó abrirse la cremallera y divisó, levantando un poco la cabeza, como el sacaba un flogger morado y unas tobilleras, Jorge permanecía de espaldas a ella. Volvió a agachar la cabeza cuando vio que regresaba.

Se situó frente a ella, y dijo:
—¡Aisha, Mírame!

Levantó su cabeza, y sus miradas se cruzaron, sus ojos ardían en deseo, de pasión y lujuria. Verlo allí delante, sin camisa, pues se la había quitado de regreso al borde de la cama. Permanecía con el flogger metido en el bolsillo trasero del vaquero, se veían las puntas moverse al caminar. Y sujetaba con su mano derecha, mostrándoselas, haciendo que se bamboleasen las tobilleras sobre su dedo, las lanzó dejándolas tiradas al lado izquierdo de ella.
—¡Aisha, Póntelas!

No sabía cómo colocárselas, y mirándolo, pregunto:

—Jorge, ¿te puedo hacer una pregunta?
—Aisha por supuesto, dime
—Jorge, ¿cómo he de colocarlas?
—Aisha como tu creas…

Tomó las tobilleras, y comenzó a ponérselas. Cuando las tuvo puestas. Jorge indicaba como debía colocarse, de rodillas con el culo mirando hacia fuera, y con los pies al borde de la cama, dejándolo acceso en todo momento. Tocó suavemente su espalda, y le agachó colocándola para comenzar a azotarle el trasero.

Azotó suavemente su trasero, y en varias ocasiones después de retirarle el tanga, le azotó su sexo, rozándole el clítoris. La respuesta fue clara, ella lo ansiaba. Pero su cuerpo respondía moviéndose, cuando azotaba el trasero, ella lo buscaba, y cuando fustigo su sexo, simplemente se tumbó huyendo del flogger.

Jorge que veía sus respuestas, cesó de azotar, estaba excitada por completo. Por lo que Jorge, comenzaba a penetrarle suavemente, y aumentando el ritmo, ella no podía casi moverse con las tobilleras puestas, era realmente incomodo, hasta que se salió y se las retiro. Ambos no tardaron mucho en llegar juntos al clímax, y se fundieron en un abrazo.

******
Después de una maravillosa noche, pensaba en disfrutar la mañana se giró buscándole en la cama, pero estaba sola. Se incorporó para divisar toda la habitación, pero Jorge había desaparecido. Sobre su mesilla, reposa un papel doblado, se pueden divisar las letras escritas a mano. Cogió la carta y se dispuso a leerla.

Carta

¡Oh! Aisha me vuelves loco, tu sabor suave, me hace enloquecer, no consigo apartar mi boca de tu sexo, no consigo despegar mis labios de tus labios, busco y busco tu placer a cada paso.

¡Oh mi sumisa rebelde!, eres tan tú, tan independiente, tan fresca, la verdad es que necesitaba verte, necesitaba tocarte, sentirte, sentir tu excitación, y, sobre todo, que me regales tu sumisión, esa que estas empezando a aprender. Esa que poco a poco voy moldeando a mi gusto.

Jamás pensé en adelantar nuestra cita, y mucho menos casi dos semanas. Pensé que jamás te necesitase tanto, que necesitase respirar tu aroma, tomar tus dulces y delicados fluidos, esos de los que me podría alimentar en exclusiva durante nuestras citas. Aunque descuidar nuestra alimentación, sabes que no me lo puedo permitir. Además, nuestros juegos con las comidas y bebidas están llegado a un punto que me gustan tanto, me excitan tanto, me vuelve loco por momentos, e incluso podría decirse que en algún momento podría llegar a perder el control.

Si nena, sí, mi sumisa rebelde, has leído bien. Perder el control, si el control, ese que ostento cada vez que nos vemos, ese que ejerzo, y que exhibo, y consigo doblegarte bajo mi voluntad y con tu consentimiento previo. Ese control que, en cualquier momento, sea de la dureza que sea, puede parar, ese que podemos ostentar ambos. Bueno, aunque en realidad tú jamás ostentaras el poder como lo hago, eso sería imposible e improbable.

Sabes que me gusta doblegarte, aunque después de 3 citas todavía no sabes, no conoces, no entiendes, no comprendes, hasta qué punto puedo conseguir que te sometas a mi voluntad, no tengas prisa mi preciosa sumisa rebelde, lo sabrás, con el tiempo conocerás la dureza de mis actos. A través del dolor te provocaré un placer infinito, pero eso será con tiempo, ¡Oh Mi sumisa rebelde! estoy deseando verte arrodillada ante mí.

Es ese poder que no has conocido todavía, hoy no he mostrado mi dureza, solo un poco, bueno quizá algo de lo mucho que puedo dar, de lo mucho que puedo ser, de lo mucho que te puedo enseñar, y sobre todo Aisha de lo mucho que a partir de ahora puedes llegar a aprender.

Del camino que todavía tenemos que recorrer como pareja, como Amo y sumisa, del placer que nos vamos a regalar, y del amor que nos vamos a manifestar. ¡Oh Mi sumisa rebelde!, de carácter incorregible, indomable, intransigente. Vas a aprender a base de dolor y placer, sobre todo de placer, vas a conocer tus limites, y vas a necesitar cada vez más, mucho más.

Aisha mi sumisa rebelde, ahora te escribo estas palabras para que puedas conocer algo más de lo que como Amo puedo llegar a ser. No quiero que te asustes, quiero que entiendas que nos complementamos tanto… que he necesitado verte antes de tiempo, necesito olerte, tenerte entre mis brazos, y sobre todo doblegarte a mi voluntad.

¡Oh Mi sumisa rebelde!

******
Las dudas atenazaban su pensamiento, comenzaban hacerse visibles en su mente. Abrazó el papel contra su pecho, la experiencia había sido maravillosa, pero aun así todavía tenía muchas dudas. Dudas en base aquella relación, hasta ¿qué punto podía llegar a enamorarse de él?, y su más mayor desvelo era, si ¿él tendría una capacidad de enamorarse?, de sentir tanto, como ella podría llegar a sentir.

Y no solo de la parte romántica le surgían dudas, sino, de eso que había plasmado en la carta, ese poder, la dureza de los actos. Sabía perfectamente, que la dureza no era de los actos en sí, sino más de lo duro que podría llegar a ser con ella, su indiferencia, la incertidumbre de no saber o no conocer sobre ese mundo, que se postraba ante sus pies.

Miró a su alrededor, ni rastro de su maleta, ni de él. Sentada sobre la cama, tomó su móvil, ni una llamada, ni un mensaje, nada. Decidió que no era el momento de preguntas. Era el momento de hacer de nuevo la maleta, darse una ducha, desayunar algo y terminar de recoger.

Hace alrededor de 3 años

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MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

¡Con esa carta a cualquiera se le acelera el corazón!
Y no soy la excepción.

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Rango1 Nivel 0
hace alrededor de 2 años

ve, no es para criticas pero "Una vez entraron en la habitación, no le dio tiempo a girarse, cuando Jorge pronunció la palabra de seguridad. Se vio arrodilla en el suelo", si no sabes lo que significa "pronunció la palabra de seguridad." desusala, ya que eso es explicitamente un termino para Finalizar abruptamente una sesion, corrige y modifica.

un error tan simple deja mucho que desear.

Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 29
hace 9 meses

Hola Mia, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos, que aquí escribes, en librerías físicas. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas. O bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarle su dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros le financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
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#8

Capítulo 4: Segunda sesión

Aisha llevaba varios días sin saber de él. Desde la última vez que se vieron, los buenos días y buenas noches, se sucedían día tras día. Pero hacía tres días aproximadamente, que le escribía y no contestaba. Preocupada, no sabía qué hacer, él no le había avisado. Recordaba como en otras ocasiones, le había indicado que salía del país, o de la ciudad por motivos de trabajo.

Ninguno conocía más allá de lo estrictamente necesario, no conocían los nombres reales de cada uno, ni si quiera, sabían las ciudades de referencia de ambos, habían quedado las últimas veces en un lugar intermedio para ambos.

Ella tomó la determinación, después de una semana, llamar a su móvil. La llamada no surtió el efecto esperado, no había cogido la llamada y su preocupación aumentaba. Después de varias horas, devolvió la llamada, explicaba que no era su intención preocuparle, y que había tenido asuntos que solucionar.

Ambos quedaron en volver a verse, la cita sería en dos semanas. Ya sabía o planeaba, lo que haría durante aquel encuentro, había muchas cosas que hablar, tantas y de tan suma importancia que no se podían hacer por teléfono, esperaría hasta entonces, para sacarlas a colación, y poder tratarlas.

******

No podía creérselo, estaba allí frente a ella. Salía de trabajar, y Jorge estaba allí, apoyado sobre su coche, con las mangas de camisa remangadas con ese aire desenfadado, que le aportaba una juventud a su rostro. Y lo único que pudo hacer fue sonreír. No habían pasado, nada más que un par de días. Y lo que, hasta ahora había sido incertidumbre comenzaba a ver la luz.

Había conseguido localizarla, estaba en su trabajo, en su ciudad. Y entonces la alegría se tornó preocupación. Hasta ese mismo momento todo quedaba en un juego, a cierta distancia, fuera de sus hogares, algo que podría terminarse y nadie saldría perjudicado. ¡Pero, ahora ya no!

Se acercó hasta él:

—¿Se puede saber qué haces aquí?— preguntaba con tono de preocupación y con cierta molestia.

—¿No te alegras de verme?— dijo molesto por su pregunta. Era lo último que se esperaba. Y más después de la conversación que habían tenido días antes. Esperaba, aunque sonara ridículo, que ella hubiese salido corriendo a sus brazos, y por el contrario se encontraba frente a una mujer fría.

—No, no es eso… es solo que no esperaba verte,— dijo en un leve susurro, mientras lo miraba a los ojos, y buscaba sus labios. Había notado el enfado en su pregunta. ¿Pero que esperaba? Que se tirase a sus brazos, ni mucho menos. Ahora sí que había cosas que hablar.

— Bueno montemos en el coche, y decidamos que hacer. Tengo reserva en el hotel de las afueras. Iremos a coger algo de ropa y…— antes de terminar notó como el dedo de ella, se posaba sobre sus labios haciéndole callar.

—Perdona que te corte, pero tengo mi coche allí— dijo señalando hacia el final de la calle.

—Iré a mi casa a por ropa y te veo en el hotel, ¿Te parece?— pregunto por cortesía, pero estaba, más que claro, que no iba a ceder ni un ápice en lo dicho.

—Está bien, te espero— dijo si mucha gana, no era ese el plan, pero no bueno, no podía hacer otra cosa. Es más, quizá ella, no debería saber mucho más, sobre todo lo que él sabía sobre ella, tal vez podía asustarse. Solo llevaban un par de meses.

Se marchó con paso firme hasta su coche, no dejando opción a nada. Haría las cosas como debía hacerlas. Su cabeza, iba a mil por hora, los pensamientos iban y venían, y las preguntas aturullaban su mente.

*********

Dos horas después llegaba al hotel. Justo cuando llegó a su casa, recibió un mensaje con el número de habitación. Tocó suavemente y segundos después, se abrió la puerta, una luz tenue asomaba por el fondo de la habitación. Apoyado en la puerta con un vaquero desgastado, el pelo húmedo, parecía recién duchado, un aroma la embriagó de pronto, su rostro se sonrojó por un momento, hasta que consiguió levantar la mirada de su pecho, y se encontró con sus ojos, estaban embravecidos, tenía la mirada tensa, enfadada, y supo la que se le venía encima.

Se vio arrastrada hasta el fondo de la habitación, la dureza con la que le agarró del brazo, notaba el dolor de su fuerza, y de pronto un fuerte golpe de su cuerpo contra el colchón la sacó de su ensoñación.

Todavía recuperándose de la entrada, se vio atada por las muñecas y los tobillos. Arrancó su ropa, rompió sus bragas y sujetador, y la dejó completamente desnuda. Aisha no conseguía hilar una sola frase, las palabras no salían por su boca. Jorge era más rápido:

—Ah no! No, no… —le decía mientras posaba su dedo en la boca de ella, de la que no salían nada más que exhalaciones. —Te vas a portar bien, y vas a pagar por tu frialdad. Eso no se hace nena, no, no. No pensé que pudieras ser tan distante conmigo, con el esfuerzo monumental que he hecho —decía con voz ronca, ardiente en deseo.

******

La tortura estaba por comenzar. De vuelta al hotel, planeó minuciosamente su venganza. Y ya tenía todo lo que le iba hacer falta. Al final de la habitación, junto al mueble bar, había una mesa del servicio de habitaciones con varias cosas. Una cubitera con hielo, con una botella de champan dentro de la misma, una cesta con frutas frescas.

Se fue hasta la mesa y tomó un hielo, al verlo avanzar hasta el borde la cama, palideció. Posó el cubito sobre su monte de venus, y dijo:

— Tenemos dos opciones, la primera, que sea un castigo leve, y placentero. Y la segunda que, si te mueves, pase a ser un castigo fuerte, donde exploraré tus límites.

Y justo antes de terminar las normas, el frío hielo hizo que se movieran sus caderas, tirando el hielo sobre la cama.

— ¡No, por favor! —chilló desesperada en busca de clemencia.— ¡Por favor, dame una oportunidad! —exclamó sollozando, había visto la dureza de su mirada cuando se cayó el hielo, pero su cara de enfado, aumentó con su grito.

********

Estaba claro, que hoy estaba enfadado, pero ¿cuál era el motivo? pensó Aisha. Podría haber sido su desplante, el esperaría otra cosa de ella, pero no podría haberle dado algo más, pues estaba tan desubicada y desconcertada con su actitud. Un leve bofetón, la sacó de su ensoñamiento.

— ¡Aisha! ¿Estás aquí conmigo? —su voz enfada y su rostro pétreo. Hicieron volver al momento a Aisha. Quien, con cara asustada lo miraba.

— Si, si claro —dijo titubeando, su voz denotaba miedo, estaba tan asustada, no sabía hasta donde podía llegar aquel juego.

Estaba tan distinto, hasta ahora había sido un caballero, un hombre de palabra, cariñoso y afectuoso. Pero hoy, su gesto había cambiado, el hecho que ella lo hubiera dejado así, de aquella manera, cuando él había hecho algo tan importante como encontrarla. Tenía miedo, él sabía muchas cosas de ella, y ella ninguna sobre él.

Apartó los pensamientos por un momento y volvió a mirarle, su cara lo decía todo, estaba enfadado, hoy no había amor, o preocupación, sino todo lo contrario.

La vio con la mirada perdida, pensativa, aunque ella dijera que estaba allí presente, era completamente mentira. Se posó sobre la cama, intentando acariciar su rostro, que permanecía con un gesto indescifrable. ¿Qué había hecho? estaba sacando una furia contenida durante semanas, sus problemas los estaba trasladando a aquella habitación, un hecho que no debía permitirse. Desató los tobillos y muñecas de Aisha, y antes que ella se diera cuenta, había desparecido de la habitación.

Varios minutos después, ella recobraba en parte, la noción del tiempo. Entonces, notó el peso de su cuerpo sobre el colchón, lo miró a los ojos, la dulzura había vuelto, parecía preocupado, meditando las opciones, cerró los ojos y se limitó a respirar. El suave terciopelo que aprisionaba sus muñecas y tobillos parecía deshacerse, ¿sería que la respiración, había hecho aplacar sus temores y miedos?, cerró sus ojos y respiró profundamente.

Tiró de sus brazos y notó que estaba libre, abrió los ojos y delante de ella el techo blanco de la habitación se hacía presente. Oyó el agua de la ducha correr, miró a ambos lados de la cama, se había marchado, pensó que se habría ido a la ducha. Se incorporó y tocó suavemente masajeando las muñecas y tobillos. No entendía nada, ¿Qué estaba pasando? Espero pacientemente hasta que regresó.

Volvió con una toalla anudada a las caderas, aquella visión era francamente fascinante, verlo así, húmedo, algunas gotas de agua recorriéndole el cuerpo. Se centró en descifrar su rostro, había cambiado por completo, caminaba hacia la cama. Se sentó y le tocó la mejilla.

Hace alrededor de 3 años

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AngelMagat
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hace alrededor de 3 años

La última parte de esta caja es todo sensualidad.


#9

— ¡Lo siento nena! —exclamó con un tono vehemente—. No pretendía excederme de ese modo. Pero he sabido para a tiempo, no merecías todo eso que tenía planeado que te hiciera.

— ¿Entonces, esto se ha acabado? —preguntó preocupada. Realmente no estaba preocupada, tenía miedo de perderle, quizá él se había dado cuenta que no era posible que eso fuera a algún sitio.

— ¡Oh, no! —exclamó, con una sonrisa picarona en el rostro—. ¡Para nada, esto no se ha acabado!.

Su rostro cambió por completo, paso de la incertidumbre más pesarosa, a la alegría. Entonces tomó nuevamente las tobilleras y comenzó a amarrarlas otra vez. Y con una voz suave y engatusadora dijo:

— Ahora vamos a jugar un rato, no te voy a castigar, o bueno quizá sea un castigo para ti —terminó diciendo, levantándose de la cama y yendo hasta la mesita auxiliar.

Explicó con todo lujo de detalle lo que iban hacer, que esperaba de ella. Mientras la risa floja de Aisha hacia aparición, y el trataba de aplacarle aquella risa tonta.

— ¿Preparada? —murmuro con dulzura.

— Por supuesto —expresó, y terminó lanzándole un beso al aire.

Dispuso ordenadamente la comida sobre su cuerpo, la sabrosa fruta que iba a ir comiendo lentamente sin que ella moviese un ápice de su cuerpo. Iba torturando suavemente con caricias, lametones y succiones, comiendo placenteramente todo lo dispuesto. Una vez hubo terminado, cogió el champagne frio y derramó un poco sobre su vientre, llenando el ombligo, sorbió, y ella se deshizo.

El frescor de la fruta se trasladó hasta su piel, aquel contraste hacia que su acalorada piel se apaciguase por momentos. Solo eran décimas de segundo, pues el volvía al ataque. Posaba sus delicados labios sobre la piel ardiente, y dejaba un beso tierno, mientras la miraba con dulzura, masticando el trozo de fruta que acaba de coger.

Iba despacio, avivando cada vez más el deseo de ella, que miraba de perfil, intentando identificar cual sería el próximo trozo. Comenzó por su cuello, bajando por sus pechos, se hallaba parado, saboreando uno a uno, los pequeños fragmentos de fresa, desperdigados por su vientre. Las cosquillas no cesaban y por muy quieta que quería estar, no podía evitar moverse de vez en cuando.

Respiró profundamente y notó la punta de la lengua jugando sobre su monte de venus, donde reposaba el último pedazo de fruta. Sin penetración sin haberla tocado prácticamente nada, solo lo necesario para comer esos cachos dispersos y bien distribuidos. Comenzó a sentir que el centro de su sexo latía por él, por quererlo dentro, pero notó una suave brisa sobre su monte de venus que le activo, soplaba suavemente, mientras oía una y otra vez su respiración excitada y entrecortada, pequeños gemidos, salían de sus labios, y una oleada de placer recorría cada centímetro de su piel, tras posar un beso que se adueñó del fragmento de fruta que se haya sobre ella. Sin poder evitarlo convulsionaba suavemente, su cuerpo se abandonaba a aquel placer.

Él se apartó lo suficiente, como para verle el rosto inundado de placer. Aun notaba su peso sobre ella, conseguía que sus movimientos fueran leves, pausados, como reteniendo sin querer, aquel orgasmo.

********

Había aguantado pacientemente aquella tortura, y en aquel momento en el que todo era tan dulce, llegó un momento de calma, y casi la amargura se hace con el ambiente. Una llamada al móvil sonaba sin parar, había cortado aquel maravilloso momento. Se levantó embadurnado de ella y de la fruta, fue hasta su chaqueta. Sacó el móvil y lo apagó, no sin antes ver, de quien se trataba.

Regresó a la cama, pero su gesto había vuelto a cambiar, y eso hizo que la dureza con la que le tomó fuera, de una fiereza inhumana. Estaba preparada para él, tanto que, aunque la dureza del acto fuese desmesurada, lo acogió sin problemas. Sus respiraciones acompasadas, y los ritmos lentos, desaparecían. Dando lugar, a unos muchos más rápidos, los jadeos y gemidos, eran su melodía, aquella que encendía el centro de su ser.
Notó como golpeaba su sexo sin cesar, y el orgasmo le sobrevino, llevándole a un tormento sinuoso que no cesaba, el continuaba, y segundos después, tras varias embestidas más, un sonido gutural salía de su más profundo interior, dejándole sin fuerza, y posándose sobre el cuerpo atado de ella.

*******

Después de varias horas de sexo, ambos quedaron dormidos. Con los primeros rayos de sol Aisha despertaba sola, como siempre. Aquella cama vacía, eso a lo que durante sus encuentros se estaba acostumbrando.

Se incorporó dolorida, con agujetas de la noche de lujuria y pasión vivida. Miró a ambos lados de la habitación. Sobre la mesilla reposaba un folio doblado, otra cosa a la que también se estaba acostumbrado. Las cartas donde reflejaba, eso que nunca expresaba de forma directa.

Carta

¡Oh! Mi pequeña sumisa rebelde, lo primero que quiero decirte de todo, es pedir disculpas por ser Jekyll y Hide. Siento en el alma haber sido un dulce y caballero, y luego la antítesis, no pretendía sobrevalorar lo que tenemos. Todavía hay muchas cosas que debemos hablar, como te encontré, como sé dónde vives, muchas más cosas que más adelante hablaremos.

Pero lo segundo, y lo más importante, después de estas horas juntas, es ver lo que poco a poco avanzamos, en realidad como avanzas, como te sumerges en tu papel, como cedes el control de tu cuerpo a mí, incluso cuando iba a ser totalmente injusto contigo, conseguiste que mirase en mi interior y calmase mi furia, ayudándome a volver en mí, pero, aunque aplacase esa furia, no te confundas Aisha, algún día saldrá y tú no podrás volver hacerme volver.

¡Oh! Mi sumisa rebelde, todavía tienes ese carácter incorregible, debes saber lo que necesito en cada momento, y dármelo sin pensar, en el que dirán. Pues me perteneces en cuerpo y alma, y así lo has demostrado hoy.

Comer sobre tu cuerpo tembloroso lleno de cosquillas, ese que debes aprender a controlar, ese que debe mantenerse quieto, para que yo, acaricie con mis labios tu piel, al mismo tiempo que retiro la comida de él. Esa fruta dulce que sobre tu piel sabe aún más dulce, esa bebida refrescante y burbujeante, que sobre tu piel tiene otro sentido, otro aroma, otro placer al paladar.

Hoy has demostrado calma, paciencia, no solo con el juego, sino conmigo, contigo
.
¡Oh! Mi sumisa rebelde, dormir unas horas contigo me hace volverme loco, no puedo dejar de mirarte, de ver como tus gestos me indican tus sueños, la angustia reflejada en tu rostro, el placer, el miedo, la felicidad, todo ellos yendo y viniendo.

En algún momento, todo saldrá a la luz, tu conocerás mi oscuridad, y tendrás miedo, nunca volverás a sentir amor y cariño por mí.

**********

Sentada en la cama con las piernas cruzadas, la sabana arremolinada sobre su cuerpo, con las manos ocupadas sobre el papel. Tocando una y otra vez, cada letra de la carta, añorando sus abrazos, sus besos. Pensando en, en todo lo que él decía, sin contar nada.

Está claro que, tenían mucho sobre lo que hablar, tanto que les llevaría horas. La verdad ahora mismo, allí sentada le importaba muy poco, y pensar que horas antes, tuvo miedo, porque él sabía mucho más de ella, de lo que decía, mostraba o expresaba. Había temas sobre los que no habían hablado, trabajo, lugar de residencia, hasta ahora eran unos desconocidos, o por lo menos, ella no le conocía.

Aisha parecía preocupada, pero desde luego, lo que no iba a hacer, era llamarle. Pasaría un tiempo sopesando los pros y contras de aquella relación. Pondría cada palabra de él, en una cuarentena, todo debería ser analizado, hasta que el decidiese hablar con ella.

Recogió sus cosas, las pocas pertenencias que había llevado hasta el hotel, y volvió a su casa. Sumida en un mar de dudas, pero con algunas cosas claras, no le llamaría, no caería en la tentación de ponerse en contacto con él. Pues deberían hablar largo y tendido. Aquella relación no era la que ella buscaba.

Hace alrededor de 3 años

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#10

Capítulo 5: La conversación

Durante un mes Jorge no había dado señales de vida. La última vez que se vieron, había estado raro. Aisha pensó que quizá ese era su final. No tenía que darle más vueltas. Tenía muy claro, que jamás se arrastraría. Después de los años, había sido muy valiente por su parte, tomarse así la vida.

Sentada en la mesa de su oficina, charlando alegremente con algunas compañeras, sobre los planes que tenían para el fin de semana. En ese mismo instante, en el que las risas del grupo inundaban la oficina, entró un repartidor. El silencio se hizo, mientras todas miraban con cara de incredulidad hacia la recepcionista, que indicaba la mesa a la que debía dirigirse. Si, si, se auto convenció que aquel repartidor no se estaba acercando a su mesa, que era una leve equivocación. Se encontró observando cómo aquel joven, se acercaba, su cara fue tornando de la sorpresa al enfado. De frente a ella, con un ramo enorme de flores, el chico preguntaba por ella. El codazo de una de las compañeras le sacó de su ensoñación. Automáticamente, como si fuera un autómata, se levantó, tomó el ramo de flores, y firmó en la tablet.

Miró entre el ramo de flores y encontró la nota:

Aisha siento haber desaparecido, de veras que lo siento, no sabía cómo volver a acercarme a ti, te pido perdón. Si tú eres capaz de perdonarme, esta noche estaré donde nos vimos la última vez.
J. Arcos

Antes de comenzar a la leer la nota, su mirada se fue directamente a la firma, ¿quién era J. Arcos?, no conocía a nadie que se apellidará así. Por lo que su mente comenzó a leer la nota. No salía de su asombro, como era capaz, había vuelto, pero esta vez no se acercaría a ella. Aisha no estaba dispuesta a que Jorge hiciera siempre lo mismo.

Un encuentro casi casual, dos días inolvidables, tres miradas cargadas de deseo, cuatro palabras perfectas, cinco paseos agarrados de la mano, seis besos robados, siete caricias, ocho momentos sexuales, nueve orgasmos, diez minutos de sueño y se acabó. Él volvería a marcharse con una nota, como lo hacía todo. Incluso en aquel momento, con las flores de la mano, y otra nota.

¿Qué ocurría con aquel hombre? Era de una naturaleza indescifrable. En varias ocasiones ella había tratado de sacar la conversación. No era fácil, pues cada vez que decía algo, de ellos como pareja, él cambiaba el tema. Aunque en conversaciones banales, indicó como le gustaban las cosas, con lo que sufría, lo que odiaba del otro. Y, aun así, parecía que Jorge no comprendía nada.

Volvió la mirada a las flores, cuando sus compañeras no paraban de darle codazos preguntando, —¿de quién son?; sus griteríos hicieron salir al jefe de departamento; —¿Qué pone la tarjeta?, preguntaban bajito después de sentir la presencia del ogro tras sus espaldas. Olió el perfume floral, y se preguntó ¿que debía hacer?, ¿ir o no?, era un dilema, tenía toda la mañana y parte de la tarde para valorar, ¿qué hacer?

Después de un día duro de trabajo, con la mente abstraída durante todo el día. En varias ocasiones llamaron su atención. Se había quedado pensativa durante la reunión de la mañana. Ya era hora de salir, y todavía no tenía claro que hacer. Cogió el ramo de su mesa, lo miró y su boca se torció, era como una media sonrisa.

Cuando salió del trabajo miró a su alrededor, nada resultaba extraño. Llegó hasta su casa, paranoica pensando que él vigilaba. Metió el ramo en un jarrón, se sentó sobre el taburete de la cocina, mirándolo detenidamente, pensando en Jorge, en lo que despertaba en ella. Por fin, tomó una decisión, se dispuso a darse una ducha rápida, vestirse e ir, a su encuentro.

********

Iba en el coche, recordando todos y cada uno de los temas y reproches que debía hacerle. Cuando llegó a la puerta del hotel, no era capaz de salir del vehículo. Se había quedado bloqueada, su cuerpo no respondía. El miedo a que él, dijera tienes razón, así no podemos seguir, pero yo no puedo hacer más por nosotros, la tenía acobardada.

De pronto, un golpeteo en el cristal de la ventanilla, la hizo salir de sus pensamientos.

—Señorita, ¿está bien?, ¿Va a salir de su vehículo? Solo pudo gesticular, abrir la puerta y entregar las llaves al aparcacoches.

Camino con paso seguro, visto desde fuera. Pues los nervios le hacían tambalearse por dentro, había pasado tan solo un mes. Era poco la verdad, pero en ese mes, no había recibido nada más que una triste nota, después de un fin de semana y unas hermosas flores, con una disculpa, que parecía articulada por protocolo.

Se apoyó en el mostrador de recepción, y antes de que saliera el recepcionista, unos brazos fuertes, y seguros, tomaban su cintura, un calor estremeció su cuerpo, un olor al perfume de Jorge, se abría paso por sus fosas nasales. Antes de que pudiera darse cuenta, la giró sobre sus tacones, y ella estaba respondiendo al primer beso robado, de ese fin de semana. Sin poder evitarlo, su cuerpo se estaba entregando sin dudarlo, necesitaba de sus caricias, de sus besos, de su fuerza, de todo él.

******

Sin saber cómo, se encontraba dentro del ascensor. Como si se tratase de un par de desesperados, el beso robado del vestíbulo, pasó a un manoseo desmesurado. El ascensor se paró en su planta. Jorge sacó de golpe a Aisha, quien iba medio tambaleándose sobre sus tacones. Se apresuró a abrir la puerta de la habitación.

Un golpe seco resonó en toda la habitación, un gemido de dolor contenido salió de los sus labios. Jorge había conseguido como por arte de magia, arrastrarla y tirarla sobre la cama.

Minutos después, los gemidos y jadeos desacompasados, se convirtieron en un compás musical. Por un momento, trató de apartarlo, pero estaba encima, sus manos aprisionaban sus muñecas. Eso no era, a lo que había ido, pero, aun así, él tenía esa virtud, por llamarlo de alguna manera. Aisha necesitaba a Jorge, y quizá Jorge necesitaba de Aisha.

Después de varias horas, de buen sexo, esta vez sin, haber entrado en sesión. Ambos se encontraban exhaustos, quizá no les hacía falta ninguna sesión, tan solo, con aquello, les sería suficiente, pensó ella.

Tumbados en la cama, los dos miraban al techo, cuando él se giró, y preguntó:

— ¿En qué piensas?
— En nada, la verdad.

Ella mentía sin más, sus pensamientos fluían sin parar, él conocía tan bien, aquel gesto, sabía que estaba mintiendo, pero le dejó recapacitar. No estaban en sesión, y no podría obligarla a hablar.

Y entonces ella lo tuvo claro, sabía que lo que sentía era puro, no llevaban más que unos meses. Pero no quería mostrar sus sentimientos, y mucho menos a él.

No había sido sincero con ella, ocultaba muchas cosas. Además, su primer acuerdo tácito, fue que no habría sentimientos, se comportarían como pareja cuando estuvieran fuera de la intimidad. Aquellas muestras de sentimientos, dentro de su intimidad, no lo permitiría. Eran una pareja atípica.

Por miedo a que todo aquello acabase tras una confesión. Se aventuró a decir, después de ver como él, no había dejado de mirar ni un solo momento. Se había puesto algo inquieto, se veía con total claridad, se había incorporado, buscando una respuesta.

— Creo que hay una conexión especial, creo que estoy perdida…
— ¿Perdida?
— Si claro, perdida, creo que siento algo muy fuerte e intenso por ti, sé que no debería, y juro que no pienso dejar que afloré más de lo necesario.
— ¡Vamos dilo! —sonó tajante, era una orden.
— Creo que te quiero.

Nunca jamás, aquel gesto fue tan duro, su expresión cambió y de nuevo se volvió a tumbar sobre él colchón.

Hace alrededor de 3 años

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12
#11

Fue el momento más doloroso para Aisha, vio como Jorge desconcertado recogía sus cosas, las metía a toda prisa en la maleta. No sabía muy bien que hacer, acababa de pronunciar las palabras prohibidas, sentada sobre la cama, viendo a Jorge como alma que lleva el diablo, decidió tomárselo con humor.

Una mezcla entre la decepción, los nervios, la liberación de explicar con palabras lo que sentía después de un tiempo, después de tanto tiempo. Llevaban mas de un año con aquel juego. Y de pronto vio, como jugar con fuego, producía quemaduras. Comenzó a reírse airadamente. Jorge miró hacia la cama, su cara era un poema.

Cuando terminó de recoger todo, simplemente la miró, y sus palabras salieron como un último aliento de un moribundo:

— Lo siento mucho Aisha —su cara reflejaba el dolor, el dolor que sentía por lo que por su boca salió—. De veras, yo no buscaba una relación, creo, que quedo claro. Nada de sentimientos. Esto no puede seguir.

Sin mediar palabra, Aisha asintió, estaba más claro, aquello había llegado a su fin. No pudo decir nada, Jorge espero paciente alguna suplica por su parte. Pero ninguna se produjo, cogió su maleta y salió por la puerta.

Caminaba apesadumbrado por el pasillo, tocó suavemente el botón del ascensor, guardo la furia y la ira. Esa que le producía, dejar allí, a la que quizá fuera la mujer por la que cada día se levantaba.

Llegó a la recepción, entregó su llave e indicó que la señorita pasaría la noche, o eso se pensaba él. Aisha escuchó como se cerraba la puerta tras él, no quiso ver como se marchaba, las palabras no salían por su boca, ni si quiera un reproche, quizá sería mejor así. Se tumbó sobre la cama, y meditó. Era lo mejor, después de un año, haciendo el tonto, era hora de pasar a otro punto. Él no estaba dispuesto, pues a otra cosa mariposa, se dijo alentándose.

Se levantó y fue al baño, se pegó una ducha, pues pensó en irse cuando se levantó de la cama, pero olía a él. Se iría limpia y refrescada a su casa, oliendo a su perfume, no al sexo desenfrenado que habían tenido. Pues era el peor recuerdo que podía llevarse.

Jorge se quedó mirando a su alrededor antes de salir, era cobarde, por marcharse, pero no podía hacer otra cosa, él no era de poesía, de cenas a la luz de las velas, de bombones o flores. Era de utilizar la vela para dar placer, de comer la cena sobre el cuerpo de Aisha, de dar los bombones para comer. Y rozar o castigar usando como utensilio las flores.

Caminó dubitativo, como si algo le atase allí. Subió a su coche, y se marchó.

******

Después de varias semanas, Aisha había vuelto a su vida. La rutina la consumía. Aun así, no dudo ni un momento, él había decidido dar por terminada aquella estúpida relación, no tenían nada que decirse, y mucho menos reprocharse, sabia a lo que se exponía.

Como cada día salió tarde del gimnasio, cuando llegó al portal una vecina, le aviso de tener el buzón lleno de correspondencia. Aquellas semanas, evitó a toda costa abrirlo, por no encontrarse con algo que no quisiera ver. Pues después que Jorge se marchará, no había dejado una nota, como hacia siempre.

Asintió con la cabeza a la vecina, y se limitó a sacar la correspondencia. Una vez en casa, fue haciendo montones. Y allí sobre su mano quedo una. Si, era de él. Observó por un tiempo el sobre, meditó si tirarla directamente a la basura. No tenía fuerzas para enfrentarse a la carta, la dejó sobre la mesa grande del salón.

******

Hacia tan solo cuatro días que había mandado la carta, no obtuvo respuesta por parte de Aisha. Quizá se había extraviado en el correo, o simplemente sus indagaciones de donde vivía no eran ciertas. Barajaba varias ideas, pero ninguna le convencía, quizá tan solo necesite tiempo, se dijo. Pensó, que el había sido un cobarde, tardo varias semanas en escribir aquella carta estúpida. Estúpida porque no decía nada, y lo decía todo, había que leer entre líneas. Recordaba cada palabra, los sentimientos que le embargaban el corazón.

Sí, lo dijiste y sabias de sobra que no debías, ¿Por qué Aisha? ¿Por qué?, no dejaba de preguntarse, y entonces comenzó la carta.

Carta

Jorge no para de pensar en las palabras de Aisha. No sabía cómo comenzar aquella carta:
“cielo, nena, no sé si… he sido capaz de enseñarte algo, quizá me he equivocado contigo… solo pretendía tener una sumisa dócil, una sumisa a la que enseñar, no una a la que tuviera que amar”; lo leyó cerca de tres veces no le convencían, por lo que comenzó:

¡Oh mi pequeña sumisa! Oh mi pequeña y linda rebelde, espontanea como la vida misma. Cada vez me sorprendes más. Jamás quise tenerte como sumisa, ¿o sí?; todavía no lo tengo claro. Hay algo en ti, que me vuelve loco, tanto que desajustas mi vida. Quizá me he equivocado contigo, solo pretendía tener una sumisa dócil, una sumisa a la que enseñar, no una a la que tuviera que amar. Una de la que no tuviera nada que aprender.

Realmente Aisha, no es que te tenga que amar, ni mucho menos, es que tu rebeldía, tu espontaneidad, saca ese pequeño corazón. Durante tantos años ha permanecido cerrado, tanto que había olvidado que lo tenía. Tanto que quizá ya no sepa amar, bueno si se amar, pero a mi manera, aunque sé, que, a tu lado, comenzaré a amar de cero.

Aisha, no confundas mis cartas, con amor, porque no es así, son mis sentimientos inexpresivos, jamás recibirás un te quiero salido de mis labios. Sabias a lo que te exponías cuando comenzamos con esta locura, que tú llamas. Sabes que esta relación que comenzamos hace aproximadamente un año, comenzó tras una noche loca.

Aquella noche Aisha, aquella fiesta de aquel grupo. Aquel día, todos querían saber quién eras, quien se escondía tras aquel Nick. Tú hablabas siempre con todos, pero aquella noche me reconociste, nunca jamás nos habíamos visto, solo habíamos cruzado palabras por un chat, y tú desde el otro lado de la barra me viste, supiste que era yo.

Ya sabias que aquella conexión, que siempre decías que marcaban las relaciones, estaba presente cuando hablábamos. Abandonaste aquel grupo de hombres que te seguían con la mirada y viniste a mí, me llamaste por mi Nick, y yo te dije que recordaras nuestra última conversación… de tus labios salió como un suspiro ahogado Jorge mi Amo…

Lo de mi Amo, me excitó, aunque no lo hiciste con aquella intención, sino con la de cortar el hielo y forzar una conversación cara a cara. Aquella noche solo pude arrastrarte hasta mí. Aquel primer polvo en los aseos de señoras, fue lo único que me unió a ti hasta hoy.

Y hoy después de tu “te quiero”, hoy trastocas mi mundo, recuerdo como sentí con la primera conversación que mantuvimos, cómo conseguías voltear mil veces mi mundo. Yo no buscaba una sumisa, y te conocí, conocí tu fondo, tu historia, tu vida. Estaba claro, eras la elegida, lo supe.

Iba a ser la adecuada, aquella a la que poder enseñar, porque nena, tú eras una persona libre, una persona de carácter, de una irreverencia pura, no entendías por debías doblegarte a mí. Y aun todavía no lo entiendes.

No soy hombre de palabras dulces, tal vez, si de actos caballerosos, pero no los confundas. Que me comporte, como una persona normal, no significa ni mucho menos, que mi vida sea normal. Que si en algún momento, compartimos nuestra vida, sea normal.

Hace alrededor de 3 años

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#12

Capítulo 6: El arrepentimiento

Después de varias semanas, la carta seguía sobre la mesa grande del salón, donde poco a poco Aisha, iba acumulando papeles, y documentación del trabajo. Una mañana de sábado se limitó a limpiar la mesa. Después de tirar publicidades, cartas sin importancia, y colocar la documentación del trabajo, se encontró de frente con “la carta”.

Sus dudas comenzaron a atenazarle el corazón. ¿Debía abrirla? Había pasado un mes desde su recepción, lo mismo Jorge desvelaba algo importante, o quizá simplemente se había limitado a excusarse. Rasgó la parte de arriba, desdobló el folio y comenzó su lectura.

“cielo, nena, no sé si… he sido capaz de enseñarte algo, quizá me he equivocado contigo…

Sí, desde luego que se había equivocado, cada vez lo tenía más claro, pero no era él, quien se había equivocado, sino ella. Aquella relación no permitía sentimientos, y ella no supo separarlos. Aun así, él no había sabido estar, a la altura de la situación.

Según fue avanzando en la lectura, fue divisando que, Jorge había escrito aquella carta nada más llegar a casa. O quizá había parado en el camino a escribirla. Daba igual, ella no estaba dispuesta a volver a sus brazos, no después de aquello. Él debía haber intentado, quedarse, haber hablado.

Al terminar la carta, pensó en contestarle, pero de que serviría. Simplemente poner un punto y final a esa relación. Aunque ya estaba todo dicho.

Pasaron los días, y un viernes al salir del trabajo, Aisha lo volvió a encontrar con aquel aire desenfadado que mostraba apoyado en su coche, con un ramo de flores en la mano.
Intentó por todos los medios, pasar de él. Pero que poco corazón tendría, debía dejarlo disculparse o excusarse.

— Aisha, solo quiero que hablemos —su cara de tristeza, sus ojeras marcadas, había envejecido unos años, en tan solo un mes.
— ¡Creo que ya nos dijimos todo, o mejor dicho nada! —exclamó enfadada.
— ¿Déjame que te invite a comer? —estaba realmente arrepentido.

Al final Aisha desistió, su enfado no debería durar. Quizá estaba arrepentido, y se había pensado las cosas. ¿Pero que cosas debía haberse pensado? Sí él, lo tenia muy claro, no es un hombre dulce, de corazones, de flores. Él, es él.

Aceptó su invitación. Durante la comida, hablaron de cosas triviales. Él fue desvelando algunos temas, como trabajo, o lo mucho que viajaba, aunque eso ella, ya lo sabía. No imaginaba que viajase tanto, que estuviera entre varias ciudades viviendo, y ni si quiera que su trabajo fuera su vida.

El miedo de pronto, se apoderó de ella, aunque aquello fuera un arrepentimiento real, y quisiera avanzar, aunque fuera un ligero paso, ella no tendría cabida en aquella vida, su vida. Estaba adelantando más, de lo que él decía. Y de pronto salió de su ensoñación:

— He estado pensando, Aisha… tu empresa, tiene filiales por todo el país, y si pidieras un traslado… —su voz sonaba dubitativa, casi imperceptible, se entrecortaba—. ¿Te concederían el traslado? —terminó diciendo en un leve susurro, estaba nervioso.

¿Jorge nervioso? ¿Quién era aquel hombre? ¿Qué había pasado con él? las preguntas, se agolpaban en su mente, y su cara debía resultar indescifrable, pues al mismo tiempo que él iba diciendo, su asombró crecía. Estaba tan asombrada, ¿A que venía aquello? ¿Un traslado? ¿Pero en que estaba pensando aquel loco? Después de casi dos meses sin saber el uno del otro, se presentaba allí, y ¿le pedía algo más?

— Creo que me estas confundiendo Jorge, ¿Explícate?... —no paraba de gestualizar un no con la cabeza, su asombro era monumental, ¿Se habría vuelto loco? —. Estoy desconcertada, la última vez que nos vimos, te dije que te quería, y saliste huyendo. ¿No esperaras que cambie mi vida normal y tranquila, a una vida a tu lado llena de incertidumbres?

— Me he dado cuenta, que yo también siento cosas por ti, algo muy fuerte, no sé, si llamarlo amor, querer, o necesidad. Pero jamás, me había pasado antes. Por eso estoy aquí, quiero que te vengas conmigo a vivir.

— No creo, que sea una decisión que deba tomar tan a la ligera. Necesito tiempo, y quizá conocer algo más de tu vida.

Después de una larga conversación, plantearon los términos de la nueva relación. Por el momento, dejarían atrás lo vivido. Ella pasaría sus vacaciones de invierno junto a él, tan solo diez días de convivencia para comenzar a probar. Aunque antes de aquello, algún fin de semana, viajaría a su nueva ciudad, para establecer un contacto, conocer el entorno, quizá visualizar una nueva vida lejos de lo conocido.

Al final estaba dando su brazo a torcer, pensó. Y él tan si quiera saldría de su zona de confort, era algo surrealista, pero por intentarlo no perdía nada.

******

Aquella comida había sido productiva, pensó Jorge, quien respiraba algo más aliviado. Su situación con Aisha, había evolucionado hacia donde él se esperaba. Su arrepentimiento por perderla era sincero, aunque escondía todavía sus verdaderos motivos.

Habían hablado de trabajo, desveló algo durante la comida, que ella no pudo asimilar, estaba demasiado pensativa. Quizá no se habría dado cuenta. Pero él, lo había hecho entrever. Necesitaba una mujer a su lado, para seguir ascendiendo dentro de su entorno, no solo laboral, sino personal. Eso sí, no era algo emocional. Y ella lo había confundido.

*****

Tres meses después, Aisha cogió sus vacaciones de invierno, hizo un gran esfuerzo y embaló parte de su vida. Pues en aquellos diez días, pensaba dejar algunas cosas en su nuevo apartamento. Ya había solicitado el traslado, y en la empresa estaban valorando la situación.

Los pocos fines de semana juntos, habían sido maravillosos, casi como sus encuentros. Ella se adaptaba perfectamente a la nueva ciudad, era tan grande como donde residía en la actualidad. Había conocido algunos amigos de Jorge, algunos familiares, aunque no eran los directos. Todavía reservaba su familia, quizá todavía no estaba seguro.

Aunque todo había sido maravilloso, durante aquellas vacaciones Jorge planteó nuevos términos en la relación. Nuevamente establecía, una nueva relación de dominación, ella volvería a disfrutar de los juegos, o eso pensaba. Sin embargo, todo cambiaría mucho, tanto que se percataba que la nueva relación no se establecería tanto en juegos, sino en una convivencia de Dominante y sumisa. Viviría con él, estaría a su disposición, todo su tiempo de ocio.

******

Días después de volver de sus vacaciones, salía del despacho de su jefe:

— Muchas gracias por todo, —no se lo podía creer, le habían concedido, por fin el traslado—. ¡Seguiremos en contacto! —exclamaba emocionada.
Volvió a su mesa, miró el reloj, era buena hora para llamarlo:
— ¿Jorge? Me han concedido el traslado. ¿no, es genial?
— Claro cielo... —su voz era distante.

Su 24/7, cada vez estaba más cerca, no podía decir nada más, o los nervios de la incertidumbre le delatarían. Había muchas cosas que Aisha, estaba dejando en el tintero. Pequeños matices, en los que no se paró a pensar, y él lo sabía, tenía miedo que descubriera todo demasiado pronto.

Por un momento las dudas le consumieron, pero pronto el ansiado momento estaba a punto de llegar. Y sentado en el escritorio de su despacho tomó un papel, y comenzó a escribir. Pero esta vez, jamás la leería, no podría mostrar su parte dulce, pues jamás sería dulce o tierno, no más allá de aquellas palabras. Pues, aunque quisiera amar, y lo reconociera, lo único que necesitaba y le daría, sería lo que hasta ahora había buscado y conseguido de otras mujeres. Su pasado le atormentaba, haber sufrido aquel abandono, le hacía ser el hombre duro, y a veces cruel. Ese, que solo mostraba su lado salvaje, basado en la sexualidad.

Hace alrededor de 3 años

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MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Jorge, Jorge... ¿Qué escondes?

Enganchada totalmente con la historia, es genial.


#13

Carta

¡Oh! Aisha tu viniste a mi mundo a trastocarlo, a volver patas arriba mi vida. No entiendo lo que me pasa, bueno sí. En un principio comenzamos como un juego por Internet, aquellas conversaciones subidas de tono. Aquellas ganas de poder enseñarte mi mundo, sin verte.

Tenía claro que lo que más me atraía de ti.

¡Oh! Mi sumisa rebelde, era esa rebeldía, esas ganas de ser sumisa, sin saber lo que implica. Ese conocimiento previo que tenías, y ponías en juego cada vez que nos veíamos. Recuerdo nuestra primera sesión, como te arrodillaste sobre la cama con tus palmas mirando al techo, aquella vez sentí pura excitación, y supe que serías mía.

Hoy sigo pensando que no tienes un carácter dócil, aunque a veces la conexión que tenemos es tan grande y tan perfecta, que ciegamente te pones a mis pies sin decirte nada, y sin comenzar la sesión.

Aisha apareciste en el peor momento de mi vida, iluminaste de nuevo mi camino, estas consiguiendo que me abra a ti. Tu solo conoces esas partes que otros no ven, esas que escondo al mundo, no habló de mis gustos o preferencias, no Aisha, hablo de mis sentimientos como hombre, hablo de lo que siento cuando se comienza de nuevo amar.

La verdad Aisha que pensé que jamás volvería a sentirlo, nunca jamás permitiría que me volvieran hacer daño, no después de que mi pasado me atormentase. Cree una coraza alrededor de mi mundo, que consigues resquebrajar con tus miradas, con tus caricias, con tus besos, en definitiva, con tu tiempo.

¡Oh! Aisha, de verdad me estas volviendo loco, sé que puedo volver amar, lo que no tengo claro es que la vida que por ahora te puedo ofrecer, sea la que tú necesitas. Necesitas amor y comprensión, lo segundo puedo dártelo, lo primero pasará tiempo un tiempo muy largo hasta que ocurra.

Amar y sentirse amado no entra dentro de mi cabeza, no después de tanto dolor, no después de tanta decepción. Pero tu Aisha, has conseguido que se cree no solo un vínculo de Amo/sumisa, estas consiguiendo en tu día a día, con tus mensajes de buenos días y buenas noches, que necesite no solo el vínculo puro dentro de esa relación. Si no un vínculo creado desde el afecto y cariño, desde el amor en su estado puro.

Comprenderás que tenga miedo a sentir de nuevo. Pensé que mi corazón jamás lo volvería a usar, y ahí estas tú, dándome una calidad de vida y una vida alternativa a mi oscuridad.

¡Oh! Mi pequeña sumisa rebelde, comienzo a quererte, aunque sea a mi manera.

******

Un mes después el traslado de Aisha se hizo efectivo. Jorge le ayudó a mudarse, a adaptarse durante los primeros días. Disfrutaron de su primer fin de semana juntos. Y el lunes, él comenzó un nuevo viaje, uno que duró más de lo previsto.

Pasó dos semanas sola, en su nueva ciudad, se adaptó a su nuevo puesto de trabajo. No solo fue un traslado, sino además se había producido un ascenso profesional, ahora era la jefa del departamento, cuando antes era la mano derecha del jefe. Un gran cambio, se aventuraban buenos tiempos, o eso se creía.

Por fin llegó el viernes, y con él, una gran sorpresa. Cuando abría la puerta del apartamento cargada con las bolsas de la compra, pues paró en un restaurante, y en la tienda de alimentación. Lo primero que encontró tras abrir la puerta, fue la chaqueta de Jorge apoyada sobre la barandilla que subía a la parte de arriba.

— ¿Jorge? ¿Has vuelto? —su voz resonó por todo el apartamento. No obtuvo ninguna respuesta.

Fue hasta la cocina, caminó lentamente hasta el salón, deshaciéndose de los zapatos de tacón. Observó que él había estado en el apartamento, quizá salió, pensó. Cogió el teléfono de la mesita, y llamó. Tampoco obtuvo ninguna respuesta.

Volvió hasta la cocina y se calentó la comida, se sentó en un taburete de la barra americana, y comenzó a comer. No cesaba de mirar a su alrededor. Era extraño, no le había avisado, no sabía cuándo volvía. A decir verdad, tenía que haber regresado al comienzo de aquella semana, pero problemas de última hora le obligaron a quedarse algunos días más.

Recogió la cocina, y se encamino a subir las escaleras. Llegó al dormitorio y se desnudó, calmada y tranquila, se dio una ducha, y se puso cómoda. Cuando bajó al salón, allí estaba él, de pie, sirviendo sobre la camarera de cristal un par de copas de whisky, había otros dos hombres con él. Tosió con fuerza, y los tres hombres se giraron.

— ¡Oh! Aisha, cielo… ¿no sabía que habías vuelto? —se dirigió hasta ella, y agarró fuerte del brazo, llevándola a la cocina.
— ¿Qué haces? ¡Suéltame! —su rostro mostró enfado, no había avisado de su vuelta, ahora parecía una extraña en su propia casa—. Ni si quiera vas a darme un beso, solo arrastrarme fuera de… —un beso, calló la boca de Aisha, quien se deshizo de él— Jorge me quieres explicar —no había terminado cuando comenzó a decir.
— Aisha ya te lo explicare más tranquilamente, ahora tienes dos opciones, te disculpas indicando que no te encuentras bien y te vas arriba, te vas directamente a la calle a dar una vuelta, o comienzas a ser la sumisa que eres.
— ¿Perdón? —dijo con fiereza. ¿A que venía aquel comportamiento?, observó su cara y se limitó a ir hasta el salón—. Disculparme, me tengo que marchar, he dejado algunas cosas pendientes en la oficina—. Subió al vestidor, se enfundó unos vaqueros, una camisa y unas botas de tacón.

Bajó los escalones a toda prisa, y salió sin despedirse. Caminó sin rumbo, iba muy enfadada, no comprendía aquella actitud, solo se había limitado a dar órdenes, o haces esto, o esto. Por lo menos, se desquitó entrando en un par de tiendas y comprando algunas cosas, pues había cogido esa tarjeta que él le había dado hacia dos semanas, por si necesitaba cualquier cosa. Esa era su venganza.

******

Después de varias horas volvió. Aunque, cuando entró por el apartamento un silencio sepulcral, dejó paso al eco del cierre de la puerta. Jorge se había marchado de nuevo, esta vez una carta sobre la mesita del salón, daba una explicación.

Carta

¡Oh! Aisha, sé que no ha sido justo, pero todavía no estas preparada para saberlo todo. ya hablaremos con más calma, y empezaremos un adiestramiento en condiciones, uno que no me haga de hacerte daño emocional.

Un adiestramiento que te ayude a soportar todo aquello que vas a tener que vivir. Iremos poco a poco, volveré para cenar, prepárate te voy a llevar a un lugar especial, conocerás a gente de mi entorno.

Te estarás preguntando quienes eran los que ya conoces, ¿verdad? Esos son personas normales, con las que me relaciono, de vez en cuando, con las que asisto a eventos de la empresa y otro tipo de eventos sociales.

Donde iremos hoy, son gente peculiar, como tú y como yo. Los dos hombres que estaban conmigo son amigos de toda la vida, de mi vida oscura. Hoy conocerás sus perversiones más profundas.

Espero no asustarte. Tienes la ropa que debes ponerte sobre la cama.

Besos

Jorge

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Ya me hago una idea de lo que viene... ¡ay Jorge!


#14

Capítulo 7: Las grandes perversiones

Sobre la cama había un vestido ceñido, no era demasiado elegante, más bien sencillo. Era de tono oscuro, y los zapatos de medio tacón, situados al lado. Se vistió y esperó pacientemente.

Sobre las nueve de la noche, Jorge hacia aparición, su semblante era serio. Aquella era la mejor forma de mostrar lo que quería de ella. Habían quedado a cenar en casa de uno, de aquellos dos hombres.

Todavía tenía muchas cosas que descubrir de su nueva vida, mejor dicho, de la vida que envolvía a Jorge. Nerviosa, lo miró, aquel rostro pétreo, tan serio, le hacia sentirse indefensa, aunque esa no era la palabra, más bien, se sentía pequeña, insignificante.

Lo vio caminar hasta la puerta, no había dicho ni una sola palabra, ni un halago, nada, estaba distante frío. Era otra persona.

— Vamos, nos esperan —fue lo único que salió de su boca, y sonó tan frio, que a Aisha le recorrió un escalofrío.

De camino al hogar de aquel hombre, en la distancia corta, dentro del coche, parecía haberse suavizado la tensión, más tranquila, y más dispuesto a calmar los nervios de su chica. Comenzó a explicarle con detalles pormenorizados, donde iban, que esperaba de ella, y que necesitaba que hiciera. Aquella no iba a ser una velada realmente agradable, y mucho menos para ella, pensó Jorge. Quien, con todo lujo de detalles, explicó y explicó, lo que se esperaba de ella.

Parecía mas tranquila, pero toda aquella información, hacia que su cabeza no parase de dar vueltas. Cuando entraron por la puerta, una chica alta, esbelta, de cabello rubio, les indicaba a donde dirigirse. Podría ser de su edad, más o menos. Pero recordaba que aquellos hombres, eran algo más mayores, no mucho más, pero quizá si una década.

Llegaron a un gran salón, donde multitud de gente permanecía arremolinada al final del mismo, donde estaba situada una mesa larga con bebidas. Aquello, no parecía una cena informal, más bien, parecía una fiesta.

Después de aproximadamente una hora, les hicieron pasar a otro salón. Jorge no se había separado de ella, durante la recepción, había sido presentada a multitud de hombres de las altas esferas, grandes empresarios, y políticos. Algunos de ellos después de una gran cena copiosa, comenzarón a marcharse. Pasada la media noche, Jorge cogió de la mano a Aisha, y se la llevó por un largo pasillo.

— No ha sido para tanto, ¿no? —decía ella, sin saber lo que todavía quedaba por venir.
Un risa malévola, salió entredientes de la boca de Jorge, quien apretando fuertemente su mano, tiró más enérgicamente de ella, hasta entrar en una nueva sala.

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Ahhhhhhhh!! su mano es el boleto directo a la boca del lobo.
Mentiría si dijera que no estoy emocionada e intrigada.


#15

Una risa malévola, salió entredientes de la boca de Jorge, quien, apretando fuertemente su mano, tiró más enérgicamente de ella, hasta entrar en una nueva sala.

— Qué confundida estas, oh mi pequeña sumisa rebelde.

El tono con el que se dirigió a ella, le asustó un poco, justo lo suficiente como para pararse a mirar a su alrededor. Una sala casi tan grande como la primera, donde habían esperado pacientemente a la cena. Pero muy distinta, aquella sala estaba en penumbra, luces tenues que iban alrededor del techo, escondidas en unas molduras de escayola, con filigranas antiguas. La decoración parecía antigua, desde varios puntos del techo colgaban cuerdas, y cadenas, algunas paredes escondían en sus frescos, armarios donde reposaban, fustas, látigos, y otros elementos. Lo supo, porque según terminaba la frase, caminaba hasta una de las paredes descubriendo sus secretos.

Se movió nerviosa, cuando Jorge la cogió de una mano, y susurro al oído:

— Vamos hermosa, comienza el juego… —dijo la palabra de seguridad, abriendo sesión—. Te voy a desnudar, y voy a llevar hasta aquella cadena, ataré tus muñecas, y ya sabes, como te he dicho en el coche, lo que espero de ti, lo que esperan de ti. Ni un jadeo si no te lo permito, y ni una lagrima si me excedo, tan solo la palabra. ¿De acuerdo?

Como pudo se recompuso, sabia después de tanto tiempo, que algún día ocurriría aquello, no sabía si estaba preparada, pero desde luego, ella accedió a aquello cuando se mudó con Jorge.

Tras varios minutos en el más absoluto silencio, había observado la sala, era grande, amplia, de tonos oscuros, con demasiados elementos de decoración, o eso parecían en la oscuridad. Aquella luz tenue, que envolvía la sala, dejaba entrever la multitud de elementos, pero no era tan definido como para poderlo diferenciar, un fogonazo de luz, salido de uno de los extremos, la hizo salir de sus pensamientos.

Durante su observación, había dejado de percibir como algunos de los hombres de la cena, y algunas mujeres, hicieron aparición en la sala. Comenzó a ponerse nerviosa, ya escuchaba claramente el susurro de las personas que no quitaban ojo a su desnudez, por lo que, un pequeño estremecimiento, le hizo tensar la cadena, que retintineo, haciendo callar el murmullo. Instantes después, un roce certero, y doloroso en su trasero, la hizo moverse. Lo siguiente que consiguió percibir, fue un leve susurro sobre su oreja, pues en la oscuridad no podía ver los rostros de los presentes, no podía moverse, sentía algo que la hacía permanecer anclada al suelo.

— ¡Oh, mi pequeña sumisa! Creo que vas a sufrir, te dije claramente, que no quería ni un gesto, ni un jadeo, ni un movimiento. Y lo has incumplido. Ahora tendrás un castigo acorde.

Miró al suelo, y vio como sus pies estaban sujetos con unas tobilleras, sus piernas estaban abiertas, no como para dejarla muy expuesta, pero su lo suficiente, como para que Jorge la castigase. ¿Pero por qué? ¿Qué había hecho? y entonces lo supo, tensar las cadenas, un leve quejido tras el primer azote, seguido de un pequeño y suave jadeo.

Y sin darse cuenta, los azotes comenzaron, la quemazón en sus nalgas, pedían a gritos moverse, pero calmada, tranquila supo llevarlo lo mejor que pudo. Aunque el movimiento lo tenía prácticamente controlado, los jadeos y los gemidos, comenzaban a salir por su boca. Primero empezaron como leves susurros, tras recibir varios fustazos en su sexo, que la hicieron temblar del placer. Pero según Jorge iba golpeando con más fuerza, se fueron convirtiendo en quejidos y lamentos, acompañados de sollozos. Era placentero a la par que doloroso, aunque el placer la consumía por dentro, su sexo vibraba con cada certero latigazo, estaba a punto de sucumbir al orgasmo, pero la vergüenza, y Jorge no se lo permitían.

El murmullo de los presentes, resonaba en su cabeza, alguna risa floja, algún comentario en tono más alto, la hicieron perder su concentración, y terminó gritando de dolor, al tiempo que Jorge la azotaba.

No era por el dolor infligido, pues se paró a meditar unas décimas de segundo, justo antes de chillar la palabra de seguridad. Quizá el haber estado expuesta, desnuda, ante desconocidos, y jugar, a algo, que, aunque ya había probado con Jorge. No era lo mismo, con gente presente, aun no estaba preparada para aquello, y quizá, tampoco para su vida con él.

Brat_TuSub
Rango1 Nivel 0
hace más de 2 años

Que sigue???? Quede enganchada!!! 😭

Brat_TuSub
Rango1 Nivel 0
hace más de 2 años

Que sigue???? Quede enganchada!!! 😭

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

@Brat_TuSub lo siento, he estado separada de mi escritura... aish... esta noche actualizo

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Y de repente ese balde de agua fría que cae sobre tu cabeza, despertándote de la ensoñación, haciéndote reflexionar. Que duro, pobre Aisha. Sin embargo, estaba advertida. Ahgs, soy un lío.

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

¿Duro??? @MR_Castillo8 Creo que duro es lo que se va quedando en el tintero para próximas... jijiji


#16

Capítulo 8: El castigo

El camino de vuelta a casa, fue una verdadera tortura. Aisha no dejaba de pensar en todo lo sucedido, después de gritar la palabra de seguridad, Jorge se limitó a desatarla, a tirarle la ropa y salirse de aquella sala, donde la gente permanecía, quieta, callada. Cuando se notó libre, la flojera de sus piernas solo dejo caer su cuerpo avergonzado, sobre el suelo frío. Cogió como pudo su ropa, se levanto, y tapó con ella la desnudez de su piel, y salió por donde él instantes antes había salido. No iba en su búsqueda, se limitó a caminar por el pasillo enmoquetado, eso si lo había notado, aquella sensación cálida en sus pies, consiguió calmarla. Intento abrir varias puertas, hasta que una se abrió, que casualidad era un baño enorme, la sensación de calidez se desvaneció, y el frío del mármol que le recubría, ahondo su ser. Al fondo divisó un cuerpo, tras la mampara empañada. Pudo contemplar la figura, justo antes de darse cuenta de saber quien era.

¿Cómo podía estar tan tranquilo apoyado sobre un brazo, contra la mampara? Y más ¿después de lo sucedido?, no había habido ni un solo atisbo de compasión con ella, no se preocupó de ella, solo de desatarla y tirarle la ropa al suelo, según ella iba cayendo.

Desconcertada, se vistió como pudo, y él con toda su calma salió de la ducha, y las únicas palabras que le dirigió fueron:

— ¡Date una ducha!, así no vuelves a casa.

Sin saber muy bien cómo, aceptó su mandado, aquello sonó a orden tajante, se desvistió, y se metió en la ducha. Se limitó a mirarla desde fuera, y justo antes de salir, él aguardaba esperándola con una toalla caliente, secó con mimo cada centímetro de su piel, sin decir nada. Cuando hubo terminado, la indicó con su gesto frío, que se vistiera.

Instantes después ambos salían juntos de aquel enorme baño. Andaba unos pasos por detrás de él, dubitativa, pensando en todo lo ocurrido, sin decir ni una sola palabra, con la cabeza cabizbaja, sin apenas percatarse de lo que ocurría a su alrededor.

*****

En los siguientes días, él había cambiado, estaba distante como siempre, pero se mudó de habitación, ya no compartía cama con ella. Las palabras que cruzaban durante el día, se limitaban a pura cortesía, buenos días, ¿como has dormido?.
Durante la jornada laboral, no había correos entre ellos, ni llamadas, ni mensajes. Todo cambió.

Aisha después de 4 o 5 días, ya no sabía muy bien el tiempo que había pasado, desde que Jorge tomó aquella distancia absurda. Aquel comportamiento, no era el que ella buscaba en un hombre, o quizá aquella relación había muerto, se decía una y otra vez.

Esa misma tarde, al regresar del trabajo, abrió la puerta, y un ramo de rosas rojas reposaban sobre el aparador de la entrada, incrédula caminó hasta él, quintándose los zapatos, sintiendo de nuevo correr la sangre por su venas. Agachó la cabeza y respiró profundamente el olor de aquel maravilloso ramo. No se atrevió a tocarle. Una pequeña nota reposaba entre los tallos de las rosas. La cogió, y se fue a sentar al sofá, no había ningún ruido en la casa, estaba sola, Jorge habría dejado aquel ramo, y se habría marchado.

Lo siento mucho Aisha, quizá haya pretendido exigirte mucho más de lo que podías darme, pero después de tu palabra de seguridad y de la ducha, te comportaste como quería que realmente lo hicieras.

Jorge

¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Después de la ducha? ¿Qué ocurrió después de la ducha?. Su mente comenzó a reconstruir todo lo sucedido desde el momento en que gritó la palabra de seguridad. Recordaba una y otra vez, que había salido de la sala, tapándose como pudo. Quizá cuando él la tiró la ropa, ¿le dijo algo?, no estaba segura, un murmullo atronaba su cabeza mientras recogía la ropa y se tapaba. Aquella sensación de vulnerabilidad la oprimió el pecho. Se levantó del sofá, dejando por unos minutos los pensamientos que se agolpaban en su mente, y fue hasta la cocina, cogió un refresco y volvió nuevamente al salón. Mientras deambulaba sin parar, volvió a recodar, el suelo enmoquetado, la calidez, la calma, pasó por varias puertas, antes de ponerse frente a una, y abrió la puerta. Pero recuerda perfectamente que intentó abrir todas las puertas por las que había pasado, quizá pensaba que no se abrían, aquel recuerdo estaba borroso.

Entonces ¿Cómo llegó hasta él?, ¿se había limitado a seguirle? En ese instante algo distrajo su mente, mirando por la ventana, pudo observar como pequeñas gotas de agua hacían acto de presencia, comenzaba a llover.

Durante esos días, esperó pacientemente una respuesta por parte de él. De nuevo se sentó en el sofá, leyó otra vez cada palabra, de aquella escueta nota, y deliberó la importancia de cada una de ellas.

¿Sentía mucho el qué? Haberse comportado como un gilipollas, se preguntaba Aisha. Estaba claro que él pretendía que aquella relación llegase a un punto; en el que, ninguno de los dos estaba, o por lo menos ella no, no estaba preparada para todo lo que había sucedido durante aquellas horas.

Que significaba aquel pero… ¿pero luego sí se había comportado como se esperaba de ella? Reflexionó durante lo que parecían minutos, y cuando quiso volver la mirada a la ventana ya era de noche. Se quedó demasiado tiempo meditando sobre aquel “pero”. Todavía no sabia muy bien lo que significaba, y entonces de pronto, vio aquello desde fuera, desde otro punto de vista, se vio arropada por Jorge con la toalla, dejándole hacer, salió detrás de él, pensando en sus cosas, con la cabeza cabizbaja, mirando al suelo enmoquetado. No se lo podía creer, lo que para ella era una forma de aislamiento, ante lo sucedido, para toda aquella gente, y para Jorge, era un comportamiento ejemplar, una verdadera sumisa, que paró en seco una distracción para muchos, se arrepentía, no hablaba, no miraba, solo caminaba tras su Amo, pensando.

Al fin llegaba a comprender la naturaleza de aquellas palabras, sin quererlo había realizado algo innato en ella, algo que desde siempre había hecho, cuando algo no salía bien, meditaba en silencio, cabizbaja, eso era lo que Jorge pedía, aquella enorme abstracción del mundo, que le hacía no mirar, no ver, no percatarse de lo que ocurría a su alrededor.

Quizá había sido muy dura, consigo misma, con él, con aquella relación. Nunca sería de bombones y flores, aunque eso no fuera siempre, si las había. Pero ella pretendió en las ultimas semanas, una relación normal de pareja, y aquello jamas funcionó con nadie antes, ¿Por qué lo iba a hacer con Jorge? Su relación con él se basaba, en otras muchas más cosas, alejadas de la norma, del comportamiento común, si apostó meses antes por aquella relación, y en aquellos términos, ¿porque había dejado que sus miedos se apoderaran de ella?.

Después de mucho sopesar como volvería a retomar el contacto con Jorge, se dispuso a darse una ducha y a prepararse para la ocasión, pues después de tanto pensar, dilucidó que todavía las cosas podrían arreglarse. Sin saber muy bien la reacción de él, se acomodó como en la primeras citas, aquellas de las que ya había pasado casi un año. Arrodillada frente a la puerta, junto a la escalera, pensó ¿Y si viene con alguien? O ¿no viene?. Aunque aquella, nota en el ramo de flores, mostraba que él, necesitaba el contacto tanto como ella, y que aquella situación era insostenible para ambos.

Esperaba impaciente, los nervios, la hacían temblar, quizá era el suelo frío que comenzaba a enfriar sus piernas. Su mirada centrada en sus rodillas, y en la nota que se apoyaba sobre ella, esa nota, que decía poco, o más bien mucho.

Hoy me siento delante de ti, desnuda, expuesta.

Hoy no puedo obviar lo que llevo meses anhelando, que me tomes no solo física sino también mentalmente.

Ofendí tu persona, y ahora me siento delante de ti a recibir mi castigo… quiero que seas duro, que me marques para que no consiga olvidar mi error tan fácilmente.

Necesito que me perdones, no que me lo digas, no que digas que, aunque haya faltado a mi promesa de ser como querías que fuera, vas a acabar con esta historia.

Necesito que descargues tu furia en mi… lo merezco, no debía haberlo hecho… mi cabeza inconsciente, mi rebeldía no tiene perdón.

Siempre dudaste de mi sumisión plena y he demostrado que jamás lo había sido, pero te juro que aguantare cada latigazo que desees darme, que hoy seré lo que tú deseas y anhelas, que no saldrá una muestra de dolor, por mucho que lo sienta.

Aisha, Tu pequeña sumisa rebelde

Nala_88
Rango2 Nivel 9
hace más de 2 años

Que paso??? Volvió Jorge?? Dios,no me dejes así....

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Aishhh @Nala_88... otros tantos meses a la espera. Es broma!!! No sé... ya veremos

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

No se que decir!! solo que necesito la continuación, no nos dejes con esta intriga. Gran trabajo n.n

girasol
Rango1 Nivel 0
hace casi 2 años

cuanto falta para la continuacion?

Mia_Garcia
Rango8 Nivel 37
hace casi 2 años

Hola @girasol pues espero que pronto. Para después del puente quizá. Puedes leer el resto de historias

girasol
Rango1 Nivel 0
hace casi 2 años

despues del puente? nose a que te refieres con eso pero ojala sea pronto para saber que paso con jorge muy buena la historia te pasaste hiciste un muy buen trabajo

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace casi 2 años

Esta historia me sigue encantando, espero que puedas actualizar pronto <3

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace casi 2 años

Holaaaa, te vengo a leer de nuevo, solo espero ansiosa la continuación c:

TanGeese_55
Rango1 Nivel 0
hace alrededor de 1 año

necesito la continuación!! :(

GreyKangaroos_46
Rango1 Nivel 0
hace 11 meses

Ohhh la historia me ha envuelto totalmente y no tiene final??? Noooo por favor no seas cruel. Para cuando la continúa?

GreyKangaroos_46
Rango1 Nivel 0
hace 11 meses

Ohhh la historia me ha envuelto totalmente y no tiene final??? Noooo por favor no seas cruel. Para cuando la continúa?