JM18
Rango8 Nivel 37 (2754 ptos) | Poeta maldito
#1

Gula

En el restaurante, los comensales disfrutaban del exquisito y elegante plato: Escargots con aderezo de ajo y vegetales.

Del otro lado de la acera, una pareja de indigentes rebuscaban entre las bolsas de basura. -Oye Gaspar- dijo la mujer, -Hoy comeremos trozos de rata con sobrecitos de salsa de tomate-.

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace alrededor de 3 años

Jajaja @JM18 muy irónico el mensaje. Me gusta. Un saludo amigo.


#2

Pereza

Con extrema flojera, se levantó de la cama. El desánimo no lo abandonó, cuando en el baño echó una larga meada y se arregló el cabello frente al espejo. Su humor no mejoraba, tampoco, cuando tomó el desayuno antes de irse el trabajo. Se fue hasta la calle, casi obligado, arrastrando los pies. La pesadumbre no se le quitó de encima, ni siquiera cuando bajaba las escaleras de la estación de trenes. Se paró detrás de la raya amarilla, así, sin ganas. -Otro día aburrido de mi aburrida vida-, pensó

Y contando (uno... dos... tres...) se lanzó contra las vías, solo para variar un poco el día. Así, sin ganas.

Hace alrededor de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace alrededor de 3 años

Para recordar "Ética para Amador" de Fernando Savater. Te sigo @JM18 en tus Pecados capitales. Saludos.

JM18
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 3 años

@eleachege Qué pifia de mi parte! Corregido! Gracias por los comentarios!


#3

#3 Avaricia

El político estaba contento. Había cobrado un soborno por la construcción barata de un hospital que ni siquiera funcionaba. 10.000 $ por firmar dos papelitos, entregados en su oficina, en un sobre de manila. Un estrechón de manos, una despedida y el día estaba listo. ¿Qué más da? Con tal, para eso es la política. Una vez revisado el fajo de billetes, despidió a su interlocutor, cerró la oficina y bajó las escaleras, presto a irse a su casa. Dio cinco pasos hacia su automóvil. Buscó las llaves entre sus bolsillos. No alcanzó a abrir la puerta. En medio de la tarde, sonaron 7 disparos. Los que estaban cerca, ni se inmutaron. El asaltante cogió las pertenencias del hombre, abordó su vehículo y se dio a la fuga. Total, así la vida. Ni esperanza de llevarlo al hospital, donde cosían a la gente con hilos de bordar.

***

Aquél era un chivo gordo, como dicen en el lenguaje hamponil. Luego de perder a su mujer por falta de asistencia médica, El Brayan estaba decidido a descobrárselas. Revolver en mano, esperó que el hombre de traje saliera de su oficina. Cuando el hombrecillo bajó las escaleras hacia el estacionamiento, todo estaba decidido. El Brayan quitó el seguro del arma, se bajó de su carro y empezó a descargar plomo sobre su objetivo. Tomó el maletín del tipo ese, precipitadamente regresó a su auto y dio marcha. Unas calles más adelante, revisó el botín. -"A ver qué llevaba la bruja esa"-, dicen los de su clase. Por un momento, se distrajo. Notó el fajo de billetes verdes, suficientemente llamativos para que soltara el volante y se pusiera a contarlos. -"¡Coño, marico, qué beta!"- se alegró por un instante, una última alegría, quizás merecida, antes de estrellarse contra un poste.

Hace más de 1 año

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#4

Lujuria

Por la esquina, la hermosa chica exhibía una falda corta que dejaba ver unos muslos exuberantes. La camisa escotada, como siempre. de color vivo, que resaltaba sus curvas. El cabello al viento, ondulante. La postura erguida. Decidida. No le importaban los piropos que los "babosos" le restregaban. La cara de asco como siempre, pero con esa sonrisa gustosa de recibir tal cantidad de halagos. Ella era coqueta, y nunca dejaría de serlo.

***

En el callejón, la chica se tapaba con un montón de periódicos viejos y cartones. Trataba de ocultar las cicatrices de su cara. La calle era dura, y una chica como ella lo sabía. Se arregló un poco en su improvisado escondite. Espejito en mano, adornaba sus labios con un labial rosado, para no perder la coquetería.

Hace más de 1 año

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#5

Ira

El menudo hombre se había formado en la fila. Un palpitar golpeteaba sus sienes. El calor de la sangre recorría su cara. Con la cabeza gacha, apenas escuchaba el murmullo de otras voces que también hacían cola. El calor, insoportable. Aquella mezcla de aromas nauseabundos completaban la escena: olor a sudor, a sal, a humedad, a podredumbre. Ese olor humano, gris y amarillo a la vez, fuerte, que impregnaba el aire. Ese olor a asco.

Llevaba la cuenta de los empujones. -Cuatro. Cinco. Seis-. Los oficiales de inmigración empezaron a balbucear cosas inentendibles. Él tampoco tenía intención de escucharlas. El séptimo empujón fue el detonante. Un gordo oficial que estaba a su lado, lo empujó hasta hacerlo caer. Espetó algo sobre los "malditos inmigrantes que llegan al país", lo que causó el estupor de la gente. De manera ecuánime, el hombre se puso de pie. Sacudió su sobretodo y recogió sus cosas. Mientras a su alrededor la turba indignada confrontaba al oficial, el hombre agachó la cabeza. Murmuró el nombre del Dios de sus padres, mientras que acariciaba la pistola escondida en el maletín.

Con suma determinación, abrió los ojos. Dirigió una mirada furibunda al que lo había empujado. Se abrió paso entre la multitud, contando los disparos. Uno... Dos... Tres... Cuatro...

Ese día, definitivamente, había agotado su paciencia.

Hace más de 1 año

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#6

Soberbia

"Dios no existe", dijo el ateo. Y al callar, un rayo lo partió en dos.
Para los más escépticos, aquellos que no creen en las casualidades y desconfían de toda suerte de supercherías, un segundo rayo cayó en el mismo lugar, como para borrar todo rastro de aquel infeliz.

SkyblueExorcists_27
Rango4 Nivel 16
hace 3 meses

Me encantan tus historias pero ésta me dejó medio... Meh .-. la sentí diferente a las demás