Lady_Nieve
Rango4 Nivel 16 (244 ptos) | Promesa literaria
#1

Hacía un sol cegador, a pesar de ser las 7 de la tarde. Había sido una mañana de julio demasiado calurosa y todos los preparativos del concierto habían sido lentos debido a ello. Hacía mucho tiempo que no tocaban, pero eran muy conocidos en la ciudad y aquella ocasión era realmente especial, ya no solo por la reunificación del grupo, sino porque lo hacían por una causa benéfica.
Yo llevo muchos años haciendo vídeos para grupos, pero empecé con ellos, son mis amigos, y hoy grabarles era importante.
Con todas las cosas fuera del coche, me puse a montar una de las cámaras en un trípode, sobre el escenario. A mi alrededor, en la plaza, estaba la carpa de la organización que dirigía el evento, familias de la asociación y familias de la ciudad que se acercaban a ver el concierto y colaborar. Lo que más animaba el ambiente eran las voces de los niños jugando y riendo. Sonreí. Era una sonrisa triste. No tenía hijos ni pareja, pero en ese momento deseé tenerlos, que me acompañasen a eventos como este y que me ayudaran a montar. Me sentiría orgulloso.

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#2

Mientras estaba concentrado en mi trabajo, vi por el rabillo de ojo, un pelo rubio y rizado subir por las pequeñas escaleras que daban acceso al escenario. Me giré y me topé con unos ojillos azules intensos y juguetones y una sonrisa divertida y pícara. Era una niña de unos dos o tres años, pero me llamó la atención por lo mucho que se parecía a mi sobrina, que tenía en ese momento seis. La miré más fijamente, por si era la hija de mi hermana, pero no.
De mis pensamientos me sacó una voz de mujer, una voz que también conocía.
-¡Ava! ¡No te subas ahí!
Cuando me fijé en la mujer, creo que mi corazón se dio cuenta antes que yo de quien era. Ella no me había visto, iba directa a por la niña, pero lejos de llevar un semblante de enfado, iba con una sonrisa divertida en el rostro, como la que había visto en la pequeña. Comprendí.
La mujer se acercó a Ava y la cogió por los pantalones con cuidado. Eran de esos “cagados” pero de colorines, como hippies. Se me escapó una sonrisa. La cría era como ella.
No estaba preparado para verla en realidad, pero cuando levantó la cabeza para pedirme perdón, se topó con mis ojos. Su cara se tornó color blanco, y sus ojos se pusieron tensos.
-Perdón. Siento que la niña se haya subido aquí.
Acto seguido me dio la espalda y se fue deprisa hacia la plaza, a perderse entre la gente.
Me quedé con cara de bobo y sin quitar la sonrisa bobalicona. Estaba preciosa, más adulta, más responsable quizá. Hacía casi tres años que no la veía…

Aquel pensamiento me trajo a la mente la imagen de la pequeña, que se parecía tanto a mi sobrina. Una garra me oprimió el corazón. Me tuve que sentar.

#3

Un montón de recuerdos se agolpaban en mi cabeza, imágenes sin conexión. Mi cabeza era un totum revolutum y apenas llegaba a comprender algo.
Mi amigo se me acercó y me preguntó que si estaba bien, me había visto sentarme y tenía mala cara.
-He visto a Estrella.
-¿Y qué, tío? Se fue hace mucho de aquí, ¿no? No recuerdo donde…
- A Italia.- respondí como una exhalación. –Y me importa, porque estuve muy enamorado de ella.
-¿Qué dices? Sabíamos que había buen rollo, pero nunca que hubiera sentimientos. ¿Ella…?
-Sí, creo que ella también me quiso.- dije con un suspiro cansado, con ganas de acabar la conversación
-Y… ¿Te has puesto así por verla?
Miré hacia arriba, como un niño al que echan la bronca.
-Haber cómo te digo esto. Tiene una niña, rubia y de ojos azules…
-Y eso… ¿Te molesta?
-Déjame terminar. La niña es clavada mi sobrina y tendrá unos dos o tres años, justo el tiempo que hace que se fue a estudiar fuera y dejó los grupos de música, el ballet, y varios amigos.
-Entre los que me incluyo- quiso ser simpático mi amigo.
-¿No lo entiendes? ¿No te concuerda?- dije ya exasperado, haciendo caso omiso a lo que me acababa de decir.
La cara de mi amigo se puso de repente muy seria.
-¿Qué puedo hacer?- le dije con un hilito de voz ya que mi estado de excitación se estaba convirtiendo en pánico.
-Vete a verla. Aquí, ahora. Yo monto la cámara.
Algo me subió hasta la boca del estómago. No sé ni cómo comencé a andar, pero en un segundo me metí entre la multitud en pos de ella.

#4

Me llevó un buen rato buscarla, pero de nuevo la niña apareció por mi lado. Una especie de electricidad me recorrió el cuerpo y me acerqué a cogerla, casi sin pensar en mis actos, pero me topé con Estrella.
-¿Qué haces?- me espetó con dureza.
-Bueno… Hacía mucho que no te veía y bueno… Quería saludarte. Ve…veo que tienes una niña.
Al oír la palabra “niña” su rostro se dulcificó y noté un brillo especial en la mirada.
-Sí, se llama Ava. Tiene dos añitos, y bueno tres meses.
Me latió el corazón muy fuerte. Creo que mi cuerpo iba más rápido que mi mente, porque no comprendía lo que estaba sintiendo. No era consciente de lo que me estaba enterando.
-Me alegro. Tenéis que estar muy contentos con la niña. Es muy graciosa.-le dije nervioso.
-¿Tenéis?-preguntó divertida.
-Sí… Bueno tú y tu… pareja.
-Yo no tengo pareja.- Rió.-Soy madre soltera.
Creo que debí poner cara de tonto. Algo en esas palabras me alivió. Me gustaba el hecho de que no tuviera a nadie. Sé que se me reflejó en la cara, porque ella enarcó una ceja y me miró mal.
Creo que fue la excusa que tomó mi inconsciente para sacar mi lado borde, y sin consultarle a mi consciencia, le espeté a Estrella:
-Tienes algo que decirme, ¿no? Porque la niña no se parece mucho a ti. Rubia y con los ojos azules.
La cara de Estrella se puso roja de indignación, y supongo, que también sin pensar y sin darse cuenta de la información que me rebelaba, dijo:
-Ni a ti.