Mauricio_VS
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#1
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En una noche centellante de verano, cuando aún podía ser llamado árbol, el ciruelo blanco se hallaba al borde de un insondable sueño.
Rememoró con júbilo la maravillosa tarde que había disfrutado siendo rodeado por las figuras infantiles y blanquecinas de tres hermanos que habían jugueteado alrededor de su esbelto tronco.
Se preguntó qué tan felices serían ellos, qué tan libres podrían ser con esas raíces carnosas que se movían y los llevaban a través del bosque y del mundo. Se preguntó qué pasaría si fuese uno de ellos.
Entonces, en medio de su desborrada razón, pudo distinguir cómo una entidad mística se le acercó y acarició las flores de su copa.
Dentro de sí había un estrépito, un sentimiento de unión y fe hacia su sutil acompañante.
«¿Te gustaría un humano ser?», le fue susurrado a su inusual consciencia, donde él asintió despacio.
«En ese caso has de luchar por ello, has de encontrarme, has de ser digno.»
Y se desvaneció apartando al ciruelo de su inmóvil existencia, dejándolo dormir en silencio para que al amanecer pudiese ser testigo de una nueva vida, de su primer viaje.

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Alicia_Jaume_DS
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Parece que no soy la única que cuenta la historia de una entidad vegetal como protagonista. Me ha parecido un lindo inicio. Suerte :)

Mauricio_VS
Rango16 Nivel 75
hace más de 3 años

Y espero no seamos los únicos, @Alicia_Jaume_DS . El personaje así es fascinante. De igual forma te deseo éxito con tu historia.

Arendar
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Tiene este comienzo un lirismo y una sensibilidad que a veces despunta que me ha hecho entregarte mi corazoncito, @Mauricio_VS. Sin embargo, esa voz tan mísitca y profética me ha sacado un poco del texto, quizás no esté en completa armonía con el resto del texto la forma de introducirla o la propia idea en sí.

Acabo comentando esa forma que tenéis en otros países que me choca un poco: "Se preguntó qué tan felices serían ellos, qué tan libres podrían ser con esas raíces carnosas..." ¿No sería más correcto "se preguntó cómo de felices serían...?

Mucha suerte, @Mauricio_VS, espero la continuación con mucho interés.

Mauricio_VS
Rango16 Nivel 75
hace más de 3 años

Sí, @Arendar , puede que me haya excedido al intentar enmarcar el relato como uno de fantasía. No sería la primera vez que me ocurre algo parecido. Sin embargo, esto sólo lo hago como una práctica de narrativa para ser capaz de mejorar y así entregar mejores trabajos.

Bueno, de hecho considero que no tiene nada que ver con lo correcto o lo incorrecto, sino con detalles geográficos. En varios países de América se preserva el uso del «qué tan(to)»que es equivalente al «cuán(to)» o a la locución que tu mencionas. En México, que es mi país de origen, si usas el «cómo de» , de inmediato pondrías en exhibición que eres extranjero.

Claro, @Arendar . Espero tener la oportunidad de construir una segunda parte.

leo1
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

que hermoso inicio: )

Paco_HL
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

Buena historia, me agrado. :)


#2

Los ojos del ciruelo se abrieron como dos pesados telones que le ofrecieron entrada a una mística luz que bañaba el bosque de Chrelfhos. Cegado por ella, cubrió su semblante aletargado usando uno de sus brazos de madera como refugio.
Entonces, en medio del primer bostezo que arrojó hacia el mundo, se percató de las acciones instintivas que se encontraba realizando.
El alma se le arrugó como papel, como si ésta le hubiese sido oprimida por un puño hecho de miedo, de verdadero asombro.
Extendió sus brazos frente a sí para admirar que eran sus propias ramas las que era capaz de utilizar como extremidades. Palpó su astillado rostro; después, su desmesurada cabellera hecha de las flores albas que lo acompañaban radiantes durante esa estación.
Inclinó la mirada hacia su delgado tronco, hacia sus raíces que se habían desprendido del suelo para adquirir la forma de exóticas piernas.
Frescura se adentró por dos cavidades en su cara.
Inhaló y exhaló un aire prístino. Capturó el aroma somnífero del bosque.
Respiraba, observaba, se movía. Estaba vivo, más que nunca.
—Por fin has despertado, ciruelo— una voz aguda lo sacó de su abstracción—. ¿Cómo te encuentras?
Él escuchó con nitidez pero, al intentar responder, sólo pudo articular aullidos absurdos.
—Ya veo, ya veo, te será imposible hablar hasta que se te enseñe cómo hacerlo— le comentó el caballero diminuto y de orejas en forma de espiral que se le había presentado—. Por ello, he de suponer que deberemos avanzar en un carro de corceles. Eso hasta que sepas caminar, claro está.
El ciruelo sabía quién le hablaba. Una vez los niños habían platicado de él bajo su sombra. Esa criatura que poseía arbustos por cejas y prendas excéntricas no era otra que Gamedoll, un asistente del espíritu.
El ciruelo quería preguntar, saber el porqué de su cambio. Sin embargo, sus dudas y expresión tortuosa fueron tan obvios que Gamedoll le respondió de inmediato.
—Te ha elegido para una prueba definitiva, Prhunus— lo bautizó sin aviso—, ¿puedo llamarte así, cierto?
Él asintió. Poseer un nombre no era de su desagrado.
—Ha invitado a las criaturas del Chrelfhos a unirse a una singular competencia— continuó Gamedoll—. Anoche, el espíritu visitó a cada uno de ustedes para saber si alguno deseaba trascender de su existencia. Verás, mi estimado Prhunus, en este reino quedan pocos seres humanos nobles, y aún menos que le sean devotos al espíritu. Por eso, los seres del bosque que han aceptado su propuesta han despertado a esta realidad.
»Los ha reunido para encontrar humanos dignos de su confianza, humanos que puedan desaparecer la deshonra que los otros han construido por siglos. El espíritu te ha seleccionado para participar porque ha visto tu potencial, porque tu anhelo de andar te ha anegado. Quieres ser más que un árbol aferrado al suelo.
»Si aceptas, ahora mismo llamaré a mis caballos y empezaremos tu viaje. Nos encontraremos con tus rivales en las orillas del río transparente e iremos hacia el espíritu, ¿qué dices, Prhunus?
El ciruelo se estremeció como si las hormigas azules de Chrelfhos ascendieran por su entera estructura. No entendía por completo su incipiente vida mas sí su deseo.
Era innegable. Quería ir más allá.
Sonrió por primera vez; eso significó un sí a la propuesta.
Viajó sobre una carreta jalada por arrogantes caballos que era dirigida por Gamedoll.
Al avanzar, el viento lo abrazó. Sus alrededores lo saludaron con imágenes de las cuáles jamás había sido testigo. Había árboles de tonalidades y frutos estrafalarios. Criaturas luminosas volaban cercanas al vehículo en movimiento, permitiéndole atisbar la diversidad de su universo. Se desplazó bajo las nubes de formas infinitas y textura algodonosa que adornaban el firmamento.
El rugido de un caudal impregnó sus oídos.
A las orillas del río transparente había una congregación de vida. Desde los conejos orejudos hasta los petirrojos y gatos salvajes se habían reunido ahí. Decenas de criaturas esperaban por su destino al borde de las aguas traslúcidas, sobre pastizales de tintes verdosos.
Todos ellos, con el sueño de convertirse en humanos, viraron cuando la carreta de Gamedoll arribó.
El ciruelo los contempló expectante, ávido por conocerlos, por descubrir lo que el mundo le había mantenido oculto, lo que había ignorado hasta ese día de verano.
Gamedoll reunió a los presentes a su alrededor.
— Ya todos saben el motivo de mi aparición, sin embargo, hay algunos detalles por aclarar—anunció—. A partir de esta tarde nos dedicaremos a atravesar el bosque de Chrelfhos. En dos semanas, estaremos fuera de él y nos dirigiremos hacia el castillo de las cuatro estaciones, donde el espíritu nos espera. El espíritu ansía que sólo los más aptos asistan a su lado para reflejar su interés. Ahí, se evaluará quiénes de ustedes son adecuados para convertirse en humanos. Procuren dar lo mejor de sí, para honrar de esa forma al espíritu.
Dos horas antes del ocaso, el ciruelo partió hacia el este. Avanzó junto a las demás criaturas siendo llevado por Gamedoll. Rebosaba alegría a cada metro del viaje, a cada segundo de su reciente existencia.
Se fue lejos, dejando atrás el río transparente y las cuevas de los lobos ciegos. Su travesía se detenía para comer y dormir; después, se reanudaba con más fuerza y fe.
A partir del segundo día de viaje el ciruelo aprendió cómo caminar. Anduvo tropezando mil veces, recibiendo consejos del ciervo de cornamenta filosa, adaptándose al mayor ritmo posible. Al concluir la primera semana, ya había abandonado la carreta.
Seis días más pasaron mientras atravesaba el bosque, seis días en los que Gamedoll trató de enseñarle a él y a sus compañeros a hablar.
En el atardecer del decimotercero día de viaje, ante los ojos del ciruelo se presentó un milagro colosal.
En primera instancia le costó reconocer lo que observaba. Era distinto a todo lo que había visto con anterioridad.
Sobre las lejanas copas de los últimos árboles del límite del bosque se asomaba una construcción monumental. Había un castillo cuyas torres parecían a punto de encajarse en el cielo. El brillo provocado por los millones de haces de luz que rebotaban en su superficie opacaban a las nacientes estrellas, haciéndolas parecer insípidas.
El hogar del espíritu poseía ventanales de los colores más deleitables, que le observaban cual gigantes ojos del tamaño de lagos.
— ¡Aquí dormiremos!— exclamó Gamedoll—. Pronto estaremos en ese lugar— señaló en dirección al castillo de las cuatro estaciones—. ¡SU DESTINO ESTÁ CERCA!
El ciruelo se recostó junto a un grupo de margaritas inertes. Durmió cerca del ciervo, del hurón y de Gamedoll.
Descansó gustoso. Soñó con el amanecer, soñó con peregrinar por su reino, con ser un humano admirable.
Entonces, entre los humos oníricos, un calor potente y caloso lo hizo despertar.
Su realidad se tornó rojiza.
Las nubes ya no se encontraban en el cielo sino en la tierra; las nubes ya no eran blancas y acolchonadas sino grises y sofocantes. Eran nubes irregulares que lo hicieron toser. Eran despedidas desde los árboles, arbustos y pasto que decaían entre llamas ardientes.
El entorno que lo rodeaba era abrasador. Estaba saturado de desesperación.
Los animales huían para salvar sus vidas, para no ser víctimas de una muerte de pesadilla. Corrían a toda prisa rebasando al ciruelo petrificado que moraba cerca de la carreta incendiada de Gamedoll.
No había señales del asistente del espíritu, tampoco indicios de cómo había dado inicio el infierno.
De sus ojos manaron las primeras lágrimas de su vida, provocadas por el dolor de ver a sus hermanos sufriendo ante él. Todos ellos consumidos por el fuego. Miles de hojas siendo calcinadas sin remedio.
Unos arañazos hicieron reaccionar al ciruelo, quien no entendía el porqué de tal tragedia. Fue sacado de su confusión por el hurón, quien lo llamó con angustia para que se marchasen.
No había otra opción.
El ciruelo avanzó con lentitud, ya que sus raíces aún no podían moverse con la suficiente velocidad. No obstante, el hurón lo animó para seguir adelante. Lo estaba logrando. Se salvaría.
Sin embargo, entre el crujido de sus torpes pasos, distinguió un sonido inquietante.
Un grito de dolor lo hizo girar.
Un árbol mantenía atrapado al ciervo, cuyo cuerpo era asechado por las flamas asesinas del tronco que lo aprisionaba.
El hurón llamó a Prhunus para que se alejasen de ahí.
No había tiempo para vacilar.
Pero el ciruelo caminó de regreso, decidido, con rumbo hacia el ciervo. El hurón saltó de su tronco e intentó hacerlo cambiar de parecer. Al no conseguirlo, decidió abandonar el lugar.
Prhunus llegó adonde el cuadrúpedo dando traspiés. Utilizó sus ramas. Trató de levantar el tronco.
Pero falló.
Entonces, el ciruelo se aferró con todas sus fuerzas al pesado árbol, dejándose envolver por las llamas. El dolor era insoportable. Lo despedazaba de a poco. Sin embargo, lo consiguió. Elevó el tronco lo suficiente para que el animal pudiese ser liberado.
El ciervo lo miró con tristeza, mientras su cuerpo era devorado por el calor y el sufrimiento.
Él habló agotado, regalando la primera palabra que había podido aprender.
—Vive.
Y sin más, el ciervo se alejó cojeando.
La muerte arribó al ciruelo, cálida y silenciosa. Le destruyó los sueños, cerró sus ojos envueltos en llanto, ojos que anhelaban abarcar el mundo entero.
Tras ser todo luz caótica, la oscuridad lo hundió al final.
La última de sus blancas flores fue calcinada; sus raíces se extinguieron en el mismo suelo del cuál habían brotado.
Se fundió con el bosque de Chrelfos.
Se unió de nuevo a él.

Hace más de 3 años

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Submarino
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

No se si describirlo como algo triste o contemplar la belleza natural. Fue polvo, y volvió donde pertenecía. Si vamos a algo mas filosófico , el ser humano vuelve a la tierra de una manera natural y única llamada muerte, ella nos recibe con amor y a veces somos parte de un árbol, arbusto, etc. Hermoso Ciruelo! te contemplo en mi imaginación!

Mauricio_VS
Rango16 Nivel 75
hace más de 3 años

Lo podríamos analizar desde muchos puntos de vista, @Brend . Quise reflejar la tragedia de alguien que sí valoraría ser humano, para que de cierta forma nos demos cuenta de cuán afortunados somos. Un enorme saludo.

Submarino
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Su punto de vista como creador tiene mucho sentido! Ojala los cerezos pudieran hablar se enamorarían de los Ciruelos! @Mauricio_VS

Mauricio_VS
Rango16 Nivel 75
hace más de 3 años

Ojalá así fuese, @Brend . Nos podrían contar miles de historias de amor.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Justo cuando todo iba tan bien con Prhunus. En algun momento llegue a pensar que todo formaba parte de cierto tipo de prueba que debian presentar para mostrarse dignos ante el espiritu del castillo. Pero creo que los seres humanos no somos tan valientes como el ciruelo.

Mauricio_VS
Rango16 Nivel 75
hace más de 3 años

No lo somos, @andres44 . O sólo algunos lo son. La historia presenta diversas interpretaciones, y de hecho yo no sé cuál es el final concreto. Ya veré después si puede continuar o si sólo se queda en esto. Un saludo enorme.