ValentinBayonMuntaner
Rango11 Nivel 50 (6184 ptos) | Artista reconocido
#1
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  • #2

Anjali gritaba desesperada, la infección no remitía, la gangrena comenzaba a hacer acto de presencia.

—Hice todo lo que pude, por Dios que lo hice —dijo Joan llorando.

—Lo sé —dijo Marola—, pero por desgracia tendremos que amputarle la pierna. La infección puede pasarse a algún órgano vital.

Con mucho pesar, Joan asintió. Había viajado como médico en prácticas a la india en un voluntariado de la OMS para aplicar el tratamiento medicamentoso a personas que padecían las primeras fases de la lepra. Ese era su trabajo y no otro, pero cuando apareció la niña herida no pudo dejar de ayudarla. Y ahora tenía que cortarle la pierna. Sentía en el fondo de su corazón que le había fallado.

Fue una intervención sencilla, mucho más que erradicar la infección. Se deshicieron del miembro tirándolo al cubo de la basura, pues en ese poblado no disponían de contenedores sanitarios.

Por la noche, con la niña ya estable, escuchó un desagradable ruido fuera de la cabaña y salió. Casi se desmayó al ver un ser parecido a un hombre descompuesto desgarrando con los dientes la extremidad aun caliente de la niña.

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leo1
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

Luce impactante...el drama de una terrible enfermedad que ha acompañado al hombre desde tiempos lejanos...suerte!!!

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 3 años

Tétrico y oscuro, como siempre...

Más..... Más......

lasourise
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

¡Aaayyyy! @ ValentinBayonMuntaner, te aseguro que me duele el alma tan solo de imaginarlo. Muy bien narrado y expresado. Adelante.


#2

—Señor, ¿está bien? —preguntó Joan asustado—. ¿Necesita ayuda?
El hombre le miró. Tenía los ojos inyectados en sangre y los párpados se habían podrido hasta desaparecer. El hueco sangrante de una nariz inexistente dejaba ver el hueso. De repente saltó con violencia, aunque con movimientos torpes y lentos, hacia el joven, que atemorizado entró en la cabaña y atrancó la puerta.
—¿Qué pasa? —preguntó Marola.
—No lo sé —dijo asomándose a la ventana. El monstruoso ser quería entrar, y lo peor era que por el camino venían unos diez seres más como ese.
—¡Coge a Anjali —gritó metiendo medicinas en una mochila—, nos vamos corriendo!
—Pero, ¿Qué pasa? —preguntó más asustada aún.
—No lo sé, tu hazme caso y coge un macuto con comida. Vámonos corriendo, después te contaré.
Llenaron las mochilas, cogieron a la niña en brazos y se dirigieron a la puerta trasera. Gritos de dolor y terror inundaron el poblado cuando Joan se disponía a abrir la puerta. Se quedó quieto mirando alrededor.
—Toma —dijo tendiéndole a la niña.
Marola la cogió y Joan buscó por la cabaña hasta que arrancó a patadas una de las patas metálicas de la cama.
—¿Para qué es?
—Para defendernos.
—¿Defendernos de quién? —preguntó cada vez más angustiada.
—No quiero asustaros más. Tú sígueme, andaremos lo más rápido que podamos hasta la base militar.
—Pero eso está a dos horas —dijo ella suplicante.
—Pues no perdamos más tiempo.
Joan abrió la puerta y se asomó. A un gesto suyo corrieron en dirección opuesta a la de los seres, pero uno salió a su paso y cogió a Marola del brazo. Joan impidió que la mordiera asestándole un fuerte golpe en la sien con el hierro. El monstruo cayó al suelo y volvió a incorporarse gruñendo.
Joan cargó a la niña y comenzaron a correr todo lo que pudieron. El panorama era desolador. Había más de una docena de esos seres, que a Marola se le antojaron muertos vivientes, despedazando a los habitantes del poblado. Ellos estaban en una de las últimas casas y pudieron salvarse yendo campo a través.
Cuando llevaban media hora corriendo sin ver ningún peligro, pararon a descansar en una casa abandonada.
—¡Joder! ¿qué era eso? —preguntó la mujer.
—En otras circunstancias diría que es una locura, pero creo que son zombis.
—Pero…
—Lo sé, lo sé. ¿Qué son si no? Tú has visto lo mismo que yo. Ni se quejó cuando le di en la cabeza. Se desplomó y comenzaba a levantarse de nuevo. Es imposible.
La niña, que lloraba desconsolada dijo algo en hindú.
—Dice que tiene miedo —tradujo Marola.
Joan se acercó y le acarició la cara para tranquilizarla. Pero entonces, un fuerte golpe en la puerta rompió el silencio, y detrás de ese otro montón de golpes. Joan miró por la mirilla.
—¡Por Dios! Debe de haber unos veinte. Tenemos que salir de aquí ya.
En la parte trasera encontraron otra puerta, pero también estaba siendo aporreada. Joan recorrió la casa buscando otra forma de escapar.
—Hay una ventana, pero no dará tiempo a salir sin que nos vean.
—¡Mierda! —dijo la mujer—, esa puerta no aguantará mucho más.
—Saldré yo sólo —dijo poniendo la mano sobre la de Marola— y los atraeré hacía mí. Cuando dejen la puerta, sal corriendo lo más rápido que puedas. No mires atrás, no pares de correr hasta que llegues a la base. ¿De acuerdo?
—Pero, ¿Y tú qué...
—¿De acuerdo? —volvió a preguntar mirándola fijamente.
—Sí —contestó bajando la mirada.
En unos segundos, Joan salió gritando. Los golpes de la puerta cesaron. Marola miró por la ventana como los seres iban tras él al interior del campo. Respiró aliviada justo cuando un ser harapiento salió de unos arbustos y se tiró sobre Joan. Los otros estaban a punto de darle caza.
Marola ahogó un grito y vomitó en el suelo. Después, sin mirar más, cogió a la niña y la barra de hierro y salió corriendo por el camino.
Sabía que los seres más rezagados se habían percatado de su presencia y que ahora ella era su objetivo. No se giró para comprobarlo, eran lentos, pero si se confiaba la alcanzarían.
Tras una hora corriendo, sus músculos le daban tales pinchazos que temía caerse y lastimar a la niña. Estaban a punto de llegar, no podía parar o las matarían. Entonces vio algo que la paralizó de terror.
Las verjas de la base militar estaban infestadas de seres, había cientos. No sabía que hacer, miró hacia atrás y más seres llegaban para cazarlas. Respiró profundamente y estudió sus alternativas. Vio una zona de la valla vacía. Se armó de valor y corrió hacia ella. Pensó que la verían los militares y la salvarían. Pero cuando llegó y comenzó a aporrear y a chillar sólo atrajo a los seres. La base estaba desierta.
Los tenía cada vez más cerca, estaba acorralada. Dejó a la niña en el suelo y golpeo la cara del primero que se acercó. La barra se hundió en la carne putrefacta, pero no tenía la fuerza suficiente para tumbarle. Reprimió una arcada. El ser, con sus ojos inyectados en sangre, comenzaba a coger sus ropas. Un fortísimo ruido estalló.
La cabeza del ser se redujo a una amasijo de carne, sangre y materia gris. Marola no logró ver la procedencia de la detonación. Tres tiros más hicieron lo propio con tres seres que se aproximaban.
De pronto, del mismo camino que vino ella, apareció un Jeep. En su interior había tres soldados que no paraban de disparar contra la asquerosa procesión putrefacta. Frenaron junto a las chicas y las ayudaron a subir.
—¿Se puede saber qué cojones hacen aquí? —preguntó el soldado mientras entraban en la base.
—Estamos perdidas. Nos perseguían —respondió Marola—. Pensé que la base sería segura.
—Han tenido mucha suerte que viniéramos a recoger medicinas —dijo mientras paraban y bajaban armados del vehículo—. No habrían sobrevivido. La base es el foco de todo esto.
—Entonces… —comenzó ella.
—¡Shhh! —la calló el soldado— dentro está plagado de seres.
Entraron en completo silencio en las instalaciones. En su camino al almacén solo tuvieron que eliminar a dos seres, sin complicaciones.
—¿Esto es cosa del ejercito? —preguntó Marola.
—No, que va. Esta Base tenía objetivos médicos —dijo mientras cogía unas cajas—. Aquí estudiaban curas para la Lepra y otras enfermedades.
—Eso lo sé perfectamente, soy médico cooperador —dijo ella ayudando al hombre a cargar—. Pero, ¿Qué pasó?
—Un investigador, un tal Doctor Romero, se volvió loco y quiso crear un arma biológica letal. Creó un agente que contaminaba a su huésped con una mezcla muy contagiosa de lepra, rabia y porfiria. Así conseguiría, por una parte, que el infectado atacara a todo el que tuviera cerca, pues la falta de hemoglobina por la porfiria les daría la sed de sangre y la agresividad de la rabia la fuerza para matar a quién encontrara y, por otra, el terror de los que le veían venir, porque, como habrá observado, el estado de descomposición de los afectados es tal que parecen zombis.
—¿Y lo puso en práctica? —preguntó Marola atónita.
—Algo así. Le descubrieron y fueron a apresarlo, pero escapó. Hace unos días propagó el germen por varios poblados de leprosos. Ahí comenzó todo. Ahora sólo…
Escucharon gritos y ráfagas de disparos. El soldado se armó y corrieron donde los dos compañeros cargaban armamento, pero ya estaban muertos. Cuatro seres estaban masticando sus entrañas humeantes. Al fondo del almacén se había declarado un incendio.
El soldado cerró la puerta y salieron del recinto. Vieron que la reja principal estaba destrozada y cientos de seres caminaban dentro. El militar comenzó a disparar. De pronto el techo tras ellos se derrumbó dejándolos acorralados.
Una fuerte explosión sonó en el otro almacén y un hombre con una sucia bata blanca salió del edificio gritando, llamando la atención de los seres, que en un éxtasis asesino se lanzaron contra él para desmembrarlo.
Tras el espectáculo, una mano se posó en el hombro de Marola, que dio un grito de espanto mientras giraba para ver al ser que iba a matarla.
—Oh Dios mío, Joan —dijo Abrazándolo— ¡Estás bien! Te creía muerto.

· · ·
Joan, acojonado, salió corriendo de la casa. Cuando llegaba al campo un ser se abalanzó sobre él tirándolo al suelo.
Sus dientes rozaban su brazo cuando un machete se clavó en su cráneo, salpicando de sangre la cara de Joan. Su salvador le ayudó a levantarse para huir cuando llegaba el resto de asquerosos seres. Le explicó que era un médico que había conseguido escapar de la base militar.
—Tiene que ayudarme a destruir la base —le rogó—, es el foco de todo esto. Ahí comenzaron a resucitar.
—Cuente conmigo -dijo Joan convencido.
Les costó, pero tras eliminar varios seres, consiguieron un camión con el que entraron en la base reventando la verja.
Dentro, el médico le dijo que debían separarse para incendiar los dos almacenes, donde estaban los agentes contaminantes.
Cuando Joan prendió el fuego en el primero, estallaron unos disparos. Asustado salió y se encontró que había cientos de zombis en las instalaciones. Se dispuso a subir al camión cuando vio a Marola salir del complejo. Hubo una gran explosión en la otra nave. De ella salió el doctor gritando a los seres, que se lanzaron sobre él devorándolo.
Sin perder tiempo, fue en busca de Marola, a la que asustó al tomarla del brazo.
—Oh Dios mío, Joan. ¡Estás bien! Te creía muerto.
—La verdad, estuve a punto. Rápido, vámonos de aquí.
Subieron al camión y les contó todo lo ocurrido. El soldado se echó las manos a la cabeza maldiciendo.
—¿Cómo se llamaba ese doctor?
—Doctor Romero. ¿Por qué?
—¡Dios mio! —dijo Marola.
—¡Estamos condenados! —dijo el soldado golpeando el salpicadero—. Ese bastardo ha ganado.
—No entiendo —dijo Joan.
—Digo que le has ayudado a destruir el único laboratorio que tenía la cura para esta nefasta enfermedad.
—¿Enfermedad? —preguntó perplejo Joan—. Me dijo que eran zombis.
—No. No son zombis. Son personas enfermas —dijo el soldado colérico—, y gracias a ti, ahora es una enfermedad imparable. Nada impedirá que se propague por todo el mundo.

leo1
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

Bueno!!! Pues si a veces se hacen las cosas con una intención y sale otra...

leo1
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

jajaja claro que me gustó de lo contrario no te hubiera dado mi corazoncito:) Me refería a Joan por ayudar...condenó por lo menos en apariencia, saludos y suerte!!!

GinoFactap
Rango9 Nivel 42
hace más de 3 años

a decir verdad, estoy un tanto decepcionado por la incorporación de zombis a la historia (ya lo sé, no son exactamente "zombis", pero vamos, que sí lo son), pensé que trataría el tema de las enfermedades un poco más serio, a juzgar por la primera caja.
además, tuve la desgracia de adivinar el giro en cuanto al doctor Romero, pero eso ya es hilar muy fino.
de igual manera, tú relato es muy ágil y la narración se desenvuelve de forma casi cinematográfica (no pude evitar imaginármelo en una película), lo cual es un gran talento que posees.

en resumen, no es uno de mis relatos favoritos tuyos, pero aun así considero que tiene dinamismo y es muy emocionante. tal vez hubiera funcionado mejor proyectado en una pantalla. saludos!

ValentinBayonMuntaner
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

@GinoFactap gracias por tu sinceridad.
La idea principal era hacer un relato de zombis, por que me apetecía hacer algo de ese género. Quise darle un toque diferente (aunque recurrente, lo sé) de una enfermedad y quise empezar dándole un toque diferente.
La verdad la primera caja quedó mejor de lo que creía que quedaría y es verdad que daba pie a hablar algo más serio sobre la miseria de las enfermedades en países pobres, pero al ir los tiros por otro lado no tuve la visión de verlo.
Gracias :)

EscritoraDeBolsillo
Rango8 Nivel 36
hace más de 3 años

No me canso de las historias de zombis :) La pena es que solo tengamos dos cajas y hayas tenido que contener tanto el argumento, pero aún así consigues una historia muy completa y emocionante. Y la redacción, impecable. ¡Enhorabuena! ;) Tienes mi voto.