Kaeli
Rango10 Nivel 46 (4800 ptos) | Fichaje editorial
#1

La vida gira entorno a la voluntad de Dios, o mejor dicho, de sus seguidores.
A decir verdad, no podemos contradecir su voluntad, a menos que quieras ser exiliado para terminar ahí fuera siendo presa de los desalmados.
Hace más de 5 años que la humanidad fue presa del desastre, primero fueron consumidos en vida, terminaban sin energía ni apetito, para originar así seres alucinantes, pues buscan dos cosas:
1) Comerse la carne viva.
2)Infectar a la población.
¿Quién sabe? Tal vez buscan terminar de una vez por todas a la raza humana.
Todo comenzó por medio oriente, donde más de la mitad de su población se perdió en un par de semanas, lo que nos dio tiempo para prepararnos en occidente. Lamentablemente no el suficiente. Ellos nos alcanzaron más pronto de lo que creíamos y nuestra única salvación resultó ser la iglesia Católica.
Pero el caos no ha cesado y tiendo a ser muy desconfiada de los religiosos. No puedo decir nada o nos expulsarán a todos a ese infierno.
Solo pretendo narrar la historia que llevó al hombre al borde de la extinción.Y a la iglesia Católica a la cima del mundo.

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#2

Mi nombre es Dalena Foster, todos me llaman Dali.
Mi vida entera estaba en Ottawa, mi familia, mis amigos hasta mi escuela. Pero poco después de mi graduación en la preparatoria, decidí viajar a Italia un año de intercambio, Roma para ser más específica. Los primeros 4 meses fueron perfectos, conocí nuevas personas, aprendí mucho del idioma e incluso llegué a trabajar medio tiempo en el Café "Gioia". Ahí conocí a Christian Macari, el hijo del dueño del lugar Libero Macari, ambos siempre fueron gentiles y supieron tratarme con mucha consideración.
Un día de pronto en el café, un cliente que nos frecuentaba, me llamó hasta su mesa:

-Hola Dali...¿Me traerías un poco de agua por favor?.- Me pedía con una pañuelo en mano, la tos apenas le permita hablar o tomar aire. Su piel era pálida y su elegancia se fue perdiendo junto con la carne en su cuerpo.

-En seguida señor... - Le respondí mientras retiraba el atestado cenicero de su mesa.

Poco después llegue con el agua y el cenicero tal cual me lo llevé.

-Aquí tiene su agua Mr. Baccani. Si me permite el atrevimiento, no he vaciado el cenicero, pues considero que ya está lo suficientemente enfermo como para seguir llenándolo.

-Querida, te agradezco... Pero mis cigarros ahora son mi única compañía, les he jurado fidelidad hasta el último de mis días.- Respondió Baccani al tirar la colilla del penúltimo cigarro en la cajetilla.

-Con todo respeto...

Quise tratar de persuadirlo a dejar su vicio. Cuando, de repente, una tos muy fuerte lo agarró por sorpresa, tan violentamente que casi no podía respirar. Traté de ayudarlo a recobrar la postura imaginando tal vez, así podría llenar sus pulmones de aire otra vez. Sus labios comenzaron a tornarse azules, manchados con salpicaduras rojizas que también mancharon todo el pañuelo. No hice más que llamar a Christian para poder llevárnoslo hasta el hospital.
Una vez ahí atendieron inmediatamente a Mr. Beccani mientras Chris y yo aguardábamos en la sala de espera. Un sacerdote se encontraba sentado justo a mi lado derecho, volteó su mirada a mí y me regaló una tierna sonrisa, seguido, otro religioso salía de un consultorio médico, dejando atrás al doctor.

-Arzobispo estamos listos.- Dijo el religioso, dirigiéndose al hombre de mi derecha.

Él no lucía nada agradable, a comparación con el sacerdote que me sonrió. De pronto mis pensamientos fueron invadidos por el sonido del televisor a alto volumen que acababa de subir una enfermera.

-Interrumpimos la programación para dar un boletín especial. La noche de ayer se reportaron los primeros casos de una influenza desconocida hasta el momento, al noreste de Ucrania. Además, los casos continúan reportándose en Irán y Afganistán. Por el momento los vuelos al continente asiático quedan restringidos. Los mantendremos informados.

El sacerdote que se encontraba a mi lado le devolvió una sagaz y amenazadora mirada al religioso que se encontraba de pie.

-Arzobispo, ¿Nos vamos?.- Agregó ignorando haber recibido tal mirada. Entonces se marcharon.

Iba ya más de una semana que advertían de una influenza, pero nadie podía decir con exactitud que la causaba, ni donde era su origen real. Lo único que conocíamos, era que provenía de Asia y que resultaba ser como un simple resfriado. Pero últimamente los primeros casos se complicaron más, volviendo a los pacientes un tanto irritables, inlcuso los incapacitaba de levantarse de la cama.
En Roma no teníamos por qué preocuparnos, todo iba de maravilla hasta el momento.
Dos semanas y media después no volví a ver a Mr. Baccani por Giogia, pero habían rumores que le diagnosticaron cáncer de pulmón. Todo a partir de ahí se volvió muy extraño, las noticias no dejaban de anunciar cada vez nuevos casos reportados, ya incluso había un par de ellos reportados en centroamérica. Ese virus o lo que sea ya había avanzado bastante rápido, pero en la ciudad todos lucían con una inmensa tranquilidad. Yo incluso me ausenté un par de días al café por averiguar la situación de mis padres, comprando lo mas pronto que pude un boleto para volver a casa, aún no se reportaban casos por la zona pero deseaba estar cerca de ellos para prepararnos en familia a lo que se venía.
Aquel 12 de Diciembre fui hasta Giogia para despedirme de Libero y Christian, cuando los encontré discutiendo en la cocina. Me acerqué un poco pero no tuve el valor de interrumpir, así que me quedé a esperarlos.

-¿¡Y todo lo que he hecho por ti Christian!? ¿¡Así es como lo pagas!?

-Sabía que no me aceptarías como soy, no sirve de nada seguir bajo el mismo techo papá.

-El cardenal Radini ya nos ha enviado la carta. Tu y yo hemos sido elegidos Christian, pero si ellos se enteran de esto ¡Nos prohibirán la entrada a los dos!

-Tú puedes ir si quieres, no pienso ver desde un cómodo balcón como se destruye todo.

Sentí temor al escuchar esas palabras de la boca de Christian. No quise despedirme entonces y eché a correr al aeropuerto. Para entonces la ciudad de Roma se encontraba completamente rodeada de enormes muros, pero no supe a ciencia cierta si era para evitar la salida, o la entrada. Como pude salir libremente asumí que no querían que nadie más entrara a la ciudad. La verdadera razón era espeluznante, y vaya que tardé muy poco en comprenderla.

Hace más de 3 años

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Edward_T_Riker
Rango4 Nivel 19
hace más de 3 años

Saludos , te pongo algunas cosas sencillas que podrías arreglar, por supuesto sin animo de molestarte, solo son apreciaciones, porque creo que puedes tener un buen estilo de narración.

". Los primeros 4 meses eran perfectos" = Fueron perfectos.
"Me pedía el hombre con una pañuelo en mano, la tos apenas le permita hablar" Me pedia con un pañuelo en la mano, la tos apenas le permitía hablar...
"tirar la coletilla..." no se de donde eres pero creo que es más adecuado decir colilla (español neutro)
"cuando de repente una tos muy fuerte lo agarró por sorpresa, el hombre no podía respirar por la agresiva tos" ... repites tos dos veces en la misma frase cuando la construcción adecuada es Cuando, de repente, una tos muy fuerte lo agarró por sorpresa, tan violentamente que casi no podía respirar.

Aparte de estas cosas fallas mucho en las tildes y en la puntuación, necesitas algunas comas y puntos. Otro aspecto curioso es que la historia comienza en un café de Roma y parece continuar en un hospital, con enfermeras y curas saliendo de consultorios médicos...
Un saludo y seguiré leyéndote.

Kaeli
Rango10 Nivel 46
hace más de 3 años

Te agradezco mucho por tomarte la molestia de leerme, tomaré muy en cuenta tu comentario, de verdad lo aprecio mucho y por su puesto que lo corregiré de inmediato.
Y referente a los sacerdotes en un hospital, no será el único lugar donde aparezcan si explicación. @Edward_T_Riker

Elayha
Rango15 Nivel 72
hace 8 meses

Sería bueno que nos muestres..... En cuanto a lo demás genial. Hay cosas que realmente hacen saltar la imaginación


#3

Al llegar a la ciudad, fui recibida por papá y y mi hermana menor Juliena en el aeropuerto. Traían rostro de angustia, pero no dudaron en entregarme el corazón entero en un abrazo. Pero las malas noticias no se hacían esperar, pues si bien era cierto, aquel virus no había llegado hasta la zona, mi hermana mayor agarró una gripe un tanto inusual, por lo que temían por ella, dudaron el llevarla al hospital ya que sabían que si lo hacían, pondrían en alarma a todo el mundo, querían descartar una simple gripe primero.

-¿Lorena? ¡Hermana soy yo! .- Le decía aproximándome a su habitación que se encontraba entreabierta.

Ella no respondía, se limitaba a sonreírme de lejos, pero a pesar de que mis padres la tenían en cuarentena decidí acercarme.

-No debes estar así de cerca Dali, puede ser peligroso...- Me decía mientras encogía las cobijas.

-Lo sé, pero tú no tienes más que un simple resfriado

-Dali, esto es diferente, sino no estaría aislada de todos. Hemos oído en la TV como son algunos síntomas y...

-Lorena, los síntomas son muy similares a un resfriado común, a demás acabo de venir de Roma que podría tener mayor posibilidad de infectarse del virus, pero no, ellos estás a salvo. ¿Cómo crees que podría llegar hasta Canadá?

-¡No lo sé Dalena! ¡¿Pero y que si ya está aquí?!.- Advirtió hasta cuanto pudo pronunciar palabra. La tos comenzó a cortarle la respiración, mientras su mirada mostraba profundo terror ante la posibilidad de estar contagiada.

-¡Alejate ya Dalena!.- Decía papá alejándome.

Horas más tarde, en la mesa nos encontrábamos comiendo cuando unos fuertes disparos se oían como a tres casas, papá fue por su arma y aseguró las puertas, juntos nos escondimos en la azotea y observamos detenidamente a las calles a ver que sucedía, no sin antes asegurar la habitación de Lorena. La policía llegó de inmediato, nuestro vecino el Sr. Robbins disparó a su esposa argumentando que tenía un comportamiento extraño después de una simple "gripe". Junto con la policía se encontraba un sacerdote quien fue el primero en hablar con el hombre, así, el Sr. Robbins se puso de rodillas ante el religioso e imploró su perdón, el sacerdote lo levanto y señaló una cruz en su frente, dándole paso hasta la patrulla de policía.
Un oficial hablaba con el religioso y éste claramente dio señales de que el cuerpo de la mujer ahí tirada en el jardín, debía ser incinerado. El oficial antes de acatar la orden acercó un aparato hasta los ojos de la víctima, analizó unos segundos y después se negó con la cabeza diciendo que la mujer vivía. El sacerdote bendijo a la mujer y tras un par de palabras en consuelo de su alma, le prendió fuego al cuerpo que aún se movía retorciéndose, el oficial que la analizó intentó ayudarla pero el resto de la policía lo detuvo mientras el hombre gritaba:

-¡Pero ella no está infectada, no ha muerto!

El religioso sacó un arma y le disparó en la cabeza a la mujer mientras la dejaba que las llamas la consuman.

-Ahora lo está...-Respondió

Nadie de mi familia comprendíamos que sucedía, pero tras esa espeluznante escena notamos que comenzaron a revisar las casas de todos los vecinos, no sabíamos con precisión que buscaban.
La idea de que ya existan infectados por nuestra zona nos erizaba la piel. La idea de que mi hermana pueda estar también infectada, lo era aún más.
De pronto, escuchamos la puerta tocar como si fuera una visita más.

-Ya están aquí.- Dijo papá

Hace más de 3 años

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 3 años

Poderosa escena la final del capítulo.

Saludos

Kaeli
Rango10 Nivel 46
hace más de 3 años

Muchas gracias por leer mi historia, te invito a continuar leyendo otras de mis publicaciones. Un saludo @Romahou


#4

Mamá abrazó a Juliena y me tomó a mí de la mano. Ella se notaba muy asustada, todo lo opuesto a papá, de hecho, papá actuaba con mucha naturalidad, como si de una visita cualquiera se tratase.

Papá comenzó a descender de la azotea poco a poco, señalando a mi madre que permaneciera muy callada mientras él atendía la puerta.
Definitivamente me rehusé a obedecer aquella orden de mi padre, así que apenas pude me solté de la mano de mamá y fui junto con él.
Papá entonces ya había abierto la puerta he invitado a un par de policías y al Sacerdote a pasar. Cuando bajé de repente por las escaleras, él mostró algo de sorpresa.

-Buenos tardes querida...- Dijo el sacerdote dirigiéndose a mí.

No sabía que responder, la verdad me encontraba muy nerviosa con todo lo que mi familia y yo acabábamos de presenciar.

-Nena...- Me decía mi padre con una terriblemente fingida sonrisa en el rostro.

-Muy buen día...Señor.- Respondí al acercarme para saludarlo. Le estreché la mano, mientras que con la otra recogía un mechón de cabello.

-Una chica encantadora sin duda, dime cielo...¿A qué le tienes tanto miedo?

De re-ojo miré a papá, pero su mirada no me decía nada, así que no supe si abrir la boca, o simplemente dejar que asuman que era tímida.

-¿Le tienes miedo a los disparos?.- Dijo un policía que se encontraba cerca del sacerdote.

-No, no no no Sr. Duncan. Los miedos son muy propios de cada uno de nosotros, no puede andar preguntando por ahí si su temor es compartido, si bien es cierto, a muchos de nosotros nos pueden causar miedo, hasta ¡Terror! las mismas cosas. Pero tenga algo siempre muy presente Sr. Duncan...
Los miedos por más parecidos que sean, de una u otra forma, son diferentes en cada individuo. ¿No es así querida? ... Así que dime, ¿A qué le tienes miedo?

-He oído los disparos.- Respondí recelosa.

-Vaya... Bien Sr. Duncan, veo que tiene temores parecidos después de todo...- Respondió el sacerdote entre pequeñas risitas.

-No he dicho que le tema a los disparos Señor...He dicho simplemente que los he oído.

El sacerdote se quedó mirándome unos segundos, sentí que me veía como una muchacha ingenua, pero al mismo tiempo, algo dentro de mí no era de su total agrado, así que entrecerró un poco los párpados, marcando las tres líneas notorias de su avanzada edad junto a sus ojos.

-Mi esposa no tardará en volver sin duda, si podrían tal vez volver unos minut...

-¡Alto! Dijo el religioso levantando su mano a la altura de la boca de mi padre, sin dejar de mirarme.- Bien Señor...¿Foster?.- Añadió mientras papá asentía con la cabeza.- No deseamos tomarnos mucho tiempo, pero me temo que es necesaria nuestra presencia aquí, podemos esperar a su linda esposa y al resto de sus pequeñas...Tengo entendido que son 3 sus niñas ¿No?... Mire, nosotros acabamos de llevar a cabo una peligrosa tarea a menos de dos casas de la suya. El Señor y la Señora Robbins por desgracia han sido contagiados de un terrible virus que ya ha tomado como su primera víctima a la Señora Robbins, el resto de mis hombres se encuentran revisando cada casa al rededor con la finalidad de detectar alguna posible amenaza. Pues al parecer muy cerca de aquí existen más infectados.

-¿Virus? Se supone que el virus no nos ha invadido aún, no ha habido ningún reporte cerca.- Dije permitiendo que mis pensamientos se hicieran presentes.

-El virus ya se encuentra en cada rincón querida, lo que sucede es que en ciertos lugares evoluciona mucho más lento que en otros, la verdad es que, somos muy pocos los bendecidos por Dios que aún nos encontramos limpios. Respondía evadiéndome la mirada.

De pronto, un desgarrador grito se escuchaba en el segundo piso, justo donde la habitación de mi hermana se encontraba. Subimos a toda prisa, mientras las escaleras de la azotea se cerraban en su parte más alta. Era más que evidente que el sacerdote lo notó, pero no le dio mayor importancia en ese momento.
Ingresamos en la habitación de Lorena y ella ya no se encontraba ahí en su cama, las cobijas estaban en el suelo y una pequeña lámpara que adornaba su mesita de noche, se encontraba totalmente pulverizada en la entrada. El miedo nos invadió por completo, esos fueron los segundos más aterradores de mi existencia, hasta el momento...

-Papaaa... Decía una voz muy débil desde el rincón del alcoba.

-¡Mi vida! ¿Estás bien?.- Decía mi padre aproximándose a mi hermana quien le extendía los brazos y no podía dejar de llorar. Pero ambos policías lo detuvieron. En eso, el sacerdote se acercó a mi hermana con un crucifijo en mano, ella no hacía más que encoger todo su cuerpo y ocultar su cabeza, aproximó a mi hermana un pequeño aparato que enseguida prendió una pequeña luz roja que no dejaba de titilar.

-Eso es suficiente, vamos... Todos afuera. Señor Foster, es muy importante que usted y yo hablemos a solas.- Decía mirándome.- Ahhh, por cierto, ya puede decirle a su mujer que puede bajar... He de mencionar también que la mentira es un pecado muy grave Señor Foster.
Así un policía se quedaba con mi hermana mientras el otro acompañaba abajo a mi padre. Yo por mi parte, estaba aterrada y a pesar que me advirtieron que me quedase quieta, me asomé un poco al pasillo donde pude escuchar.

-Señor Foster, me temo que usted y su familia corren peligro, algo malo, muy malo me atrevo a advertir, sucede con su hija la mayor.

-¿Poseída?.- Preguntaba mi padre algo inquieto.

-No, esto no tiene nada que ver con eso Señor, su hija parece estar infectada, y si no nos la llevamos ahora, su familia tendrá que pagar el duro precio.

-¡¿A dónde piensan llevarla?!

-No se altere, nosotros solo pretendemos ayudar, pues tenemos que estar de la mano de la ciencia ahora, pero nosotros como hijos de Dios, lo que pretendemos es rescatar a quienes aún tienen salvación... Pero tal vez sea tema de otra conversación Señor, ya pasarán por su pequeña más tarde...-Decía al percatarse de mi presencia, en seguida llamó a sus hombres para marcharse, pero uno de los policías, aquel que se negó a dispararle a la esposa del Señor Robbins, se manifestó por primera vez conmigo, entregándome un pequeño aparato y luego se marchó.
Honestamente no entendía en eso momento para que servía aquel aparato, era pequeño, perfectamente cabía en mi mano, su forma era hexagonal y unicamente tenía un pequeño botón en el centro, poco después comprendí que se trataba de un rastreador, entonces comprendí muy bien su mensaje, sabiendo que éste me sería útil en algún momento.
Pero a raíz de todo eso, comenzamos a vivir en carne propia el infierno que consumiría a la tierra poco más tarde, y en eso... nadie sabía lo que pasaría, solo teníamos la esperanza de que las cosas mejoraran pronto...Vaya error.

Hace alrededor de 3 años

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#5

Después de la visita del religioso las cosas en casa se tornaron oscuras, frías, e intolerantes. Mis padres discutían con frecuencia sin saber que ninguno de lo dos era el responsable.

-¡¿Cómo diablos pasó esto?!.- Gritaba papá con sus dedos entre los cabellos.

-¡No lo sé! Pero lo que sí se es que necesitamos salir de esto juntos...Como familia que somos, no te desmorones ahora, sabes que te necesitamos.-Respondía mamá

-No puedo calmarme, ellos dijeron que vendrían por ella y desde eso ¡Han pasado ya tres días! ¡Y mi hija está peor!

Bueno, papá no se equivocaba del todo, tenía razones más que suficientes para estar así de alterado. Mi hermana comenzó a cambiar totalmente, era muy agresiva, al subirle la comida se lanzaba sobre alguna de nosotras y nos arañaba, se comportaba como un animal. Lo último que como persona aún cuerda mencionó fue que quería que encontrásemos a Charlie, su pequeña mascota, su roedor favorito.

Dos días después de la visita del sacerdote, dejaron de transmitir cualquier noticia o anuncio en la TV, es como si el mundo entero se hubiese apagado por completo, comenzó a sentirse el pánico por las calles, ya casi nadie salía salvo por ir estrictamente por algo de comida. Eran muy pocos los establecimientos abiertos que tenían comestibles, la gran mayoría cerraron presa del terror, la policía patrullaba constantemente las calles con sus altavoces advirtiendo que no saliéramos de casa, pero ninguno de ellos daban razones, o al menos asumí que ellos también las desconocían.

Mi hermana comenzó a tener un abundante sangrado por la nariz, su temperatura era muy elevada y no habían médicos disponibles, en realidad, era como si se los hubiera tragado la tierra, así que mi padre decidió salir en busca de ayuda, medicinas o cualquier cosa que pudiera salvarle la vida a mi hermana.
Lo aterrador de todo esto era el no saber que sucedía, las calles estaban completamente abandonadas, salvo por las patrullas. El horror comenzó a esparcirse y nosotros aún no sabíamos el por qué.
Un par de horas más tarde papá volvió muy agitado, cerró las puertas de inmediato y lo aseguró mientras pudo, después se dejó caer en el suelo de la entrada y comenzó a llorar desconsoladamente, mi madre se le acercó mientras yo me quedé con Juliena procurando bajarle la fiebre a Lorena.

-¿Qué sucede Edward?...¡Ed!

-Los ví, yo los ví.- Respondió papá con una mirada perdida.

-¿Qué? ¡¿Qué fue lo que viste?!... ¡ED!.- Decía mamá con insistencia.

De pronto comencé a escuchar quejidos de Lorena, su respiración se agitó en cuestión de segundos.

-¡Mamá! ¡Papá! ¡Algo le ocurre a Lorena!.- Grité

Ellos se acercaron de inmediato e intentaron socorrerla, pero era demasiado tarde, el corazón de mi hermana se detuvo sin más, todos esos fallidos intentos por reanimarla frustraron aún más a mi padre, pero fue inútil, perdimos a mi hermana. Ni siquiera puedo explicar cómo me sentí en ese momento, nos ocurría todo, sabiendo nada. Fuimos presa del pánico y puede que por ello, no manejáramos bien la situación con Lorena.
Estábamos inconsolables, mi madre ya no podía llorar más, así que dejamos el cuerpo de mi hermana en su habitación, no podíamos llevarla a ningún otro lugar, pues mi padre se rehusó a salir de casa. Aquella noche desistimos de comer, pero papá insistía, y así fue como la familia tuvo que alimentarse. En la mesa, papá mostró su frustración al ver como le negaron ayuda a mi hermana, como aquel sacerdote jamás vino por ella, tal vez así se hubiese salvado, decía.

A la mañana siguiente notamos que un animal se metió a la casa, no se como ni por donde lo hizo, pero devoró nuestras provisiones de dos semanas. Mis padres, como era de esperarse, se encontraban furiosos, pues debería salir por más provisiones. Pero papá no quería dejar la casa, aunque solo él era el más valiente para hacerlo.
Apartamos todo lo que para detener la puerta colocamos, y así papá se llevó un par de cuchillos de la mesa y se marchó.
Pasaron ya tres horas, cuatro horas, oscureció y papá no aparecía, comenzamos a sentir mucho miedo por él, estábamos muy angustiadas. Juntas, nos sentamos a esperar a papá en la mesa donde solíamos servir la comida, yo apoyé mi rostro sobre mis manos, y mis codos sobre la mesa, mamá cruzó los brazos sobre la mesa y ocultó su cabeza ahí, Juliena tenía una mano sobre su rostro, codo en la mesa, mientras que su otra mano se encontraba extendida a lo largo mientras daba pequeñas palmadas sobre la madera.

-Juliena, detén ese ruido...-Decía mamá sin levantar la cabeza.

Mi hermana la obedeció, pero a los pocos segundos...

-¡Mierda Juliena! ¡He dicho silencio!.- Gritó mamá golpeando fuerte contra la mesa y esta vez, con la cabeza arriba.

-Yo no he sido mamá...- Respondió mi hermana nerviosa.

(Tock... Tock... Tock...) Seguía el sonido, cada vez más y más fuerte.

-Mamá...viene de la habitación de Lore

Hace alrededor de 3 años

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#6

Ninguna dijimos una sola palabra, sentí como se me erizaba la piel, mi respiración se volvió más profunda y cada uno de mis músculos perdieron completamente movimiento.

-¿Mamá?...- Preguntó Juliena

Mi madre se levantó despacio y se asomó por las escaleras para tratar de asegurarse si es que aquel sonido provenía de la habitación de Lorena.

-¡Mamá!.- Gritó Juliena. Tuve intención de regañarla, pero mi atención fue captada de inmediato por el cuerpo de mi hermana Lorena destrozando la puerta de su propia alcoba. Era completamente un monstruo, traía la piel pálida y con heridas que pudo hacerse ella misma, su cuerpo estaba en completo descontrol, pues no mantenía una postura normal o coordinaba bien sus pasos. Al poco tiempo, se percató de la presencia de mi madre que no salía del shock, mi hermana y yo comenzamos a gritar desesperadas al ver a mi hermana en ese estado, nada funcionaba, la llamábamos por su nombre y suplicábamos que se detenga pero ella se lanzó sobre mi madre, ella reaccionó tarde, esa cosa que ya no era mi hermana ya bajó las escaleras antes de que mamá reaccionara, ella intentó huir pero fue alcanzada por mi hermana. Traté de ayudar a mamá lanzándome sobre ella, la tire de los cabellos siendo eso lo único que me atrevía a hacer, pues no era capaz de herirla, sus cabellos se quedaron en mi mano y ella no reaccionaba ni dejaba ir a mamá, no sabía que hacer, mi madre trataba de luchar con mi hermana, y la pequeña Juliena miraba aterrada desde un pequeño rincón de la cocina. Encontré un cuchillo en la mesa en la que nos encontrábamos sentadas antes de que todo sucediera, tuve que tomar una decisión rápida, o Lorena o mamá, era imposible que ella atacara a nuestra madre de esa forma por lo que traté de convencerme a mí misma que lo que sea que habite su cuerpo, ha dejado lejos la esencia de Lorena. Así que me armé de valor y le clavé el cuchillo de mesa en la espalda, con la espera que se aleje de mi madre. Efectivamente lo hizo, se alejó de mi madre, o los restos de ella, mi madre se encontraba en el suelo, bañada en su propia sangre, su vientre estaba completamente vacío, sus vísceras fueron devoradas por ella, como dije, ella no era ya mi hermana. Quise estallar en llanto, pero ni una sola lágrima estuvo presente. Me alejé del cuerpo de mi madre huyendo de Lorena que ahora pretendía herirme a mí, corrí hasta Juliena cuando una fuerte explosión derribó nuestras paredes y me separó de mi familia.
Entre los escombros me levanté con el único propósito de hallar con vida a mi pequeña Juliena, comencé a buscar pero no encontré nada ni a nadie, de pronto los policías que acompañaron al sacerdote hasta mi casa en aquella visita aparecieron, uno de ellos estaba cargando a Juliena entre sus brazos con varios hombres completamente armados detrás, mientras que el otro se encontraba con mi padre, quien se apresuró por mí.

-¡Mi pequeña! ¡Estas viva!.- Decía mi padre entre besos y abrazos.

-Debemos marcharnos ahora, decían los hombres armados que se encontraban detrás de Juliena...

-¿A dónde iremos papá?.- Pregunté

-Estaremos seguros ahora amor, en Roma...

Hace alrededor de 3 años

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#7

Juliena no tuvo más que leves heridas en todo el cuerpo, papá se encontraba Ileso. Yo no puedo quejarme de mi condición física en ese momento pero no lograba convencerme de lo que sucedió. ¿Fue un mal sueño el ver a mi madre siendo devorada por Lorena? O realmente todo ocurrió y ahora las he perdido a ambas.
Caminábamos cuidadosamente por las calles de la ciudad, todo era completo silencio. No vi nada peligroso ahí, habían cosas personales de la gente esparcidas por el suelo, latas de soda de un gran camión derribado y ni una sola gota de sangre. Imaginé que ahora que nos encontrábamos en plena decadencia humana, encontraría la misma escena de mi madre por cada rincón a donde fuera, no fue así, no había nadie y aún así los soldados se sentían en medio del campo de batalla, siempre listos para recibir una bala o para matar con una.

La caminata para salir de la ciudad fue larga, de vez en cuando encontrábamos una puerta abierta y lo utilizábamos como refugio por una noche, así se sumaron 4 largas noches en distintos sitios, donde uno lucía más tenebroso que otro. La tercera noche, nos encontramos con una familia, era una señora de unos 60 años, con su hija y su nieto que parecía ser de la edad de Julie o un par de años mayor quizá. Ellos nos comentaron que estaban todos juntos con más personas en una casa ocultándose, todavía tenían dudas si eso era necesario, hasta que un hombre llegó a sus puertas desesperado pidiendo ayuda, tenía sangre por todo el cuerpo y su brazo derecho había sido arrancado de su cuerpo, solo lo ayudaron dijeron, no contaban con que poco duraría con vida. El hombre despertó y comenzó a atacar a todo el mundo ahí dentro, Solo lograron escapar 5 personas de las 14 que se encontraban ahí, entre ellos Maximiliano y su abuela. Pero la noche anterior a que los encontráramos sufrieron otro ataque en las calles donde murieron los 2 que los acompañaban.
No me fue difícil imaginar lo que Irina y Max pasaron, supe de inmediato que aquel hombre actuó exactamente igual que Lorena.
Llegamos a un edificio donde un helicópteros vendrían por nosotros, el plan sería entonces llegar hasta CALIS, el barco enviado directamente desde el Roma, donde seríamos trasladados hasta allá y puestos a salvo.
Todo parecía normal, seguíamos sin tener que usar ni una sola bala, mi padre cargaba a Julie mientras yo me sujetaba de su brazo, un soldado que iba delante se detuvo sin ningún razón alguna manteniendo su rifle apuntando al frente, mientras el resto continuaban caminando a lo largo de un pasillo.

-¡Hey Sandoval! ¡Avanza!.- Le decía uno de sus superiores al frente, pero él se negaba.

Entonces el superior regresó por él, cuando fuertes golpes comenzaron a azotar una puerta cercana, todos los soldados se pusieron al frente de ella y comenzaron a disparar, todo calmó, los golpes desaparecieron, pero la puerta luego fue derrumbada por un hombre de un solo brazo y atacó a los soldados, detrás de él venían 2 mujeres y 3 varones con el rostro deformado y el cuerpo bañado en sangre, unos soldados se quedaron para detenerlos, mientras que otros, entre ellos Sandoval, nos alejaron de la zona para ponernos en un lugar más "seguro", a nuestro paso más y más puertas comenzaron a ser azotadas, pero no nos detuvimos en ninguna, comenzamos a subir las escaleras para llegar lo más pronto posible a la azotea del edificio. Desde arriba aparecieron gritos y se escuchaba como si una multitud bajase, Sandoval decidió buscar una salida, nos guió entonces fuera del edificio , con mucha suerte no subimos lo suficiente y logramos escapar por la salida de emergencia hasta llegar a una tienda de ropa cercana, donde logramos ocultarnos junto con otros 3 soldados. Uno de ellos llamaba por radio solicitando ayuda, pero la respuesta a través del comunicador era escasa.

-Tenemos que llegar a la azotea...Dijo el soldado que sostenía la radio.

-No lo lograremos, son demasiados.- Respondió Sandoval

-Estarán pronto aquí, con más armas y refuerzos.- Decía el otro soldado.

-Ellos llegarán en dos días más, y si no logran vernos harán volar el edificio.

-¡¿Cómo es eso posible?! ¡No sobreviviremos dos días aquí!.- Dijo mi padre

-Subir ahora es imposible, teníamos información que ese era un lugar seguro, pensábamos quedarnos allí hasta que vinieran por nosotros.- Respondió Sandoval.

Aún se podían escuchar las balas y los gritos de desesperación y por las calles más de esas cosas comenzaron a sumarse.
Estaba consiente que morir era una gran posibilidad, pero no sentí miedo, lo único que estaba en mi mente era la vida de Juliena. ¿Qué sería de ella si le llegamos a faltar mi padre o yo?
Lo más seguro era que ninguno saliera con vida, pero Sandoval no se rendiría tan fácilmente.

Hace alrededor de 2 años

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#8

Oscureció, y todo se volvió total silencio. Teníamos hambre y ni siquiera podíamos hablar muy fuerte.

- Mis niñas tienen hambre, ¿Queda algo de provisiones? .- Dijo papá

- Señor, queda un poco, debemos racionarla.- Respondió Sandoval

Es cierto, tenía mucha hambre, pero no podía quejarme, ya mi padre estaba lo suficientemente preocupado como para añadirle algo más.
Aquella noche permanecimos sin comer, apenas hablamos o hicimos algún movimiento, pese que la situación ahí fuera parecía haberse calmado. Fueron varios los soldados que perdieron la vida al ir a rescatarnos, y pese a ello, más venían en camino para llevarnos bajo la protección de la iglesia.
A la mañana siguiente Sandoval despertó muy temprano y dio una pequeña guardia a nuestro al rededor mientras inútilmente intentaba comunicarse por la radio. Pero cuando parecía que ya todo lo peor había pasado...

- Mañana por la mañana vendrán por nosotros, tenemos que estar preparados.- Dijo Sandoval a su compañero.

- En esta tienda tiene q haber algún lugar que les permita aterrizar y partir en seguida ¿No? .- Le respondió.

-No, lo dudo. Es peligroso traerlos hasta acá, tendremos que buscar un edificio nuevo, la segunda opción que tuvimos está a unos dos kilómetros al norte desde aquí. Dijo Sandoval señalando en un mapa.

- No tenemos otra opción. Mientras más pronto lleguemos allá mejor.

- Pues andando... -Ordenó Sandoval mientras nos podíamos de pie.

Hecharon un vistazo a la salida, tenía que ser un lugar seguro para poder continuar nuestro camino. Con cuidado íbamos detrás de ellos cuando de un cristal roto emergió un par de brazos muy delgados, noté que a una mano le faltaban más de la mitad de los dedos, pero logró alcanzar la cabeza del soldado que nos acompañaba, Sandoval quiso sostener a su compañero, pero al mirarse preso de la derrota mientras el hombre tenía el cráneo destrozado y devorado de esas cosas, bajó su arma y sacó un cuchillo, mismo que le daría la muerte a su compañero antes deque todo su cuerpo sea introducido a través del cristal para terminar de comerse su carne. Sandoval mostró ira, sin decir una sola palabra nos guió unos pasos más lejos de aquella escena.

-Debo volver, ustedes quédense aquí y esperen por mí

-¡¿Está loco?! Ese hombre ya murió no hay nada que hacer...¡Sigamos nuestro camino! .- Dijo mi padre.

-¡Es que usted no entiende! ¡Él es quien portaba el Locus! Sin él jamás nos hallarán, no sabrían donde buscarnos.

-¿Locus? .- Preguntó la madre de Maximiliano

-El localizador.- Respondió Sandoval cerrando los ojos y tragando saliva .-Tengo que ir por él.

#9

Mi padre abrazaba a Juliena. Irina, Max y su hija, formaron un fuerte lazo entre sus brazos que los uniera fuerte a los tres.
Yo decidí cerrar los ojos y ocultar el rostro tras el lomo de papá, como si eso fuese suficiente para protegerme.
Sandoval era un hombre muy valiente, quien estaba arriesgando su vida por nosotros, eso es algo que no se ve todos los días.
Quizá pasaron varios minutos, o quizá eran segundos apenas desde que se fue en busca del Lotus, el tiempo ya no era tan claro.
Sí, se oyeron golpes, pero no fue algo tan fuerte como lo esperaba, él trataba de recuperar el Lotus de la manera más silenciosa posible para evitar que otros vinieran.

-Lo tengo, podemos continuar nuestro camino, que entre la noche de hoy y mañana en la mañana, ellos estarán aquí por nosotros. Conocen ya nuestra ubicación.- Dijo Sandoval al Volver.

Ya sólo él nos protegía, muchos murieron tan sólo por rescatarnos, pensé entonces que eso era algo muy noble, realmente estaríamos a salvo en Roma.

Caminaba intranquila, sujetando con fuerza el brazo de mi padre, mientras el caminaba abrazando al pequeño cuerpo de Julie.

-Mis hijas, tienen que ser fuertes. El perder a su madre y a Lore, debió ser muy duro para ustedes, pero no pueden dejarse caer, tienen que seguir. ¡Pero JUNTAS! Aquí, estos hombres han arriesgado todo para mantenernos a salvo y la única manera de que este mundo recupere su camino, es que hagamos lo mismo, pues si tienen la oportunidad de ayudar a otros, que así sea, no lo duden.

Las palabras de mi padre se quedaron entonces en mi mente para siempre, comprendí que el infierno del mundo exterior ya era suficiente para aquellos desamparados, como para no brindarles una mano amiga de así requerirlo. Este mundo es muy complejo, nunca valoré la solidaridad de un amigo, y nunca me puse hasta entonces a pensar cuantas veces pude ayudar a alguien y no lo hice. Me juré entonces, en ese momento, que dejaría de ser yo misma mi prioridad, en esas circunstancias, la mayoría deja de pensar por el resto, y no quería ser así, pese a que eso ponga mi vida en riesgo, si este mundo ha de reconstruirse, quería aportar con algo.

Tras algunas horas de caminar, nos encontrábamos ya muy cerca de un lugar donde pudieran aterrizar por nosotros, pero Irina estaba agotada, a decir verdad, todos nos encontrábamos exhaustos, pero por la diferencia de edad, nosotros aún podíamos continuar.

-Por favor, no podemos detenernos ahora, está oscureciendo y no tardarán en venir por nosotros.- Dijo Sandoval.

-Mi madre no puede avanzar más, no hemos comido y tenemos sed. Lo único que podemos hacer es descansar sólo un par de minutos, y trataremos de acelerar después el paso, por favor. -Suplicó Ana, la hija de Irina.

Sandoval era un hombre rudo, pero no pudo frente a las súplicas de Ana y la mirada triste de Irina.

-Sólo serán unos minutos, y nos mantendremos en absoluto silencio.