PrueHolmes
Rango11 Nivel 53 (7816 ptos) | Artista reconocido

CAPÍTULO 1
Abby salía del colegio como cada día. Su rutina era ir caminando hasta el apartamento, acompañada de su mejor amigo, Tobías. Vivían en el mismo edificio, separados por un piso. Durante el recorrido bromeaban para evadir las presiones que les ocasionaba estar llegando a la adultez y las responsabilidades que ello conlleva.
—¿Trabajas esta tarde? —. Preguntaba Tobías algo distraído.
—Claro, como siempre.
Ambos debían ayudar económicamente en sus casas. La madre de Abby se había divorciado hacía un poco más de un año y no conseguía que cada mes le ayudara con la cuota alimenticia,por lo que la joven no tuvo otra opción que trabajar; ya que no toleraba ver a su madre corriendo de un trabajo a otro.
Y por otro lado, la familia de Tobías estaba constituida por sus padres y cinco pequeños que había que alimentar, educar y vestir; y sus padres no daban abasto. Más aún después del accidente de su madre que había desembocado en parálisis en el lado derecho de su cuerpo.

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Demer
Rango6 Nivel 29
hace alrededor de 4 años

Pinta interesante. ¡Ánimo con el resto!

PrueHolmes
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 4 años

@CARLOS_BAJOLUPA muchas gracias. Siempre agradezco cuando me hacen ver los errores, ya que uno no siempre los nota y me sirve para aprender de ello. Ahora lo leeré para mejorarlo. Espero que te siga gustando y gracias por seguirme!


#2

Ambos jóvenes dejaban su adolescencia de lado para ayudar a sus familias, eso los convertía en adultos responsables.
—Esta noche trabajo a partir de las doce y como siempre sales a las diez, estaba pensando... en ir a cenar juntos —. Titubeó el joven.
Abby lo miró en complicidad y le sonrió. Claro que estaba de acuerdo. Todo por escapar de la realidad por escasos minutos.
Una vez que llegaron al edificio, cada uno se dirigió a su departamento. Abby ingresó esperando encontrar a su madre allí, pero sólo se encontró con su hermana dormida en el sillón, envuelta en una gruesa manta.
Abby se acercó a ella y besó su frente. Su temperatura estaba elevada y la pequeña Angie tiritaba. La joven tomó de inmediato el teléfono y llamó a su madre, el móvil estaba apagado. Colgó un tanto preocupada, mirando de reojo el reloj de pared que marcaba las tres de la tarde. Llamó al trabajo de su madre esperando encontrarla allí, pero a la una había acabado con su turno y se había marchado.
Abby no tenía mucho margen para prepararse y comer para salir a su trabajo, por lo que acudió a su mejor amigo, quien bajó de inmediato para ayudarla. Como no lograron despertar a Angie, Tobías la cargó un piso cuesta arriba.
—Me debes una muy grande por esto —. Bromeó y ella esbozó una tímida sonrisa.
Tobías le cedió su cama a la pequeña Angie, quien se acomodó y gimió para continuar durmiendo.
—No te preocupes, aquí estará bien. Si sé algo de tu madre, te lo haré saber.

Hace alrededor de 4 años

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#3

Abby abrazó a Tobías en modo de agradecimiento. Siempre se preocupaba por el bienestar de ellas.
Su madre nunca llegaba tarde y si se retrasaba, se lo hacía saber. La joven dejó el departamento, no sin antes agradecerle a la señora Margarita por permitirle dejar a su hermana allí.
Luego bajó a dejar una nota a su madre y se alistó para ir al trabajo. Salió dando pequeños brincos para acelerar el paso y comenzó a avanzar hacia las diez cuadras que debía recorrer cada día — para no generar gastos — absorta en sus pensamientos. Al cabo de dos cuadras sintió que alguien la observaba. Tomó con fuerza su bolso, temiendo que se tratara de un ladrón. Miró a su alrededor y no notó ningún comportamiento extraño en las personas que caminaban por la acera.
Volteó para asegurarse de que nadie estaba siguiéndola y tropezó con un joven. Lo miró sintiendo cómo sus mejillas comenzaban a arder a causa del rubor provocado por su torpeza.
Sus miradas chocaron y sintió que se perdía en los ojos celestes del muchacho, era como estar mirando el cielo mismo. Un hormigueo en su estómago la obligó a bajar la mirada.
—Lo siento —. Murmuró casi inaudible y el muchacho simplemente sonrió.
—Está bien, iba distraído al igual que tú, parece. Pero te veo preocupada. ¿Puedo ayudarte?
Abby lo miró perpleja. ¿Así de rápido ofrecía ayuda? Ni siquiera lo conocía como para confiarle su vida.
—Voy retardada a mi trabajo. Muchas gracias por la preocupación.
Una vez en su trabajo y sin haber dejado de lado su preocupación por su madre, recibió un mensaje que le informaba que ella ya estaba en casa y que se encontraba bien.
Más relajada realizó su trabajo con una gran sonrisa como cada día. Tomó la jarra de café y se acercó hasta una de las mesas y llenó las tazas de una pareja que disfrutaba de una cita.
Otra vez tuvo la extraña sensación de que alguien la observaba. Alzó su vista y justo detrás de la ventana un joven, vestido de negro y con un look un tanto oscuro, la miraba detenidamente. Su mirada parecía estar llena de odio y maldad, lo que provocó que el corazón de Abby se estrujara del pánico que le causó. Bajó su mirada y regresó a su trabajo, allí se sentía a salvo de cualquier mal que deambulara por el mundo.

Hace alrededor de 4 años

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Marlene
Rango5 Nivel 21
hace alrededor de 4 años

Interesante..me gusta!


#4

CAPÍTULO 2
El reloj marcaba las diez en punto, momento en que el turno de Abby en la cafetería terminaba. El tintineo en la puerta de entrada capturó su atención y ella sonrió con tranquilidad al ver que Tobías la esperaba. Él agitó su mano a modo de saludo y ella le correspondió.
Abby fue por su bolso, marcó tarjeta y salió de allí.
—La propina fue buena hoy —. Comentó tomando de brazo a su amigo, llevándolo a la salida del local —. ¿A dónde tienes pensado ir?
—No te llevaré a un restaurante caro, eso lo tengo reservado para el día en que tenga una cita —. Rieron, él siempre sabía cómo robarle una sonrisa —. Iremos a comer una pizza a la terraza del Plazza.
Caminaron por las iluminadas calles de la ciudad. Esa noche había mucha gente, pues el fin de semana comenzaba y los jóvenes salían a festejarlo.
Cenaron olvidándolo todo. Tobías le contó que su madre había demorado a causa de una vieja amiga que se había encontrado y no había tomado dimensión del tiempo que había pasado con ella. Así como le comentó que su hermana había mostrado un poco de mejora.
Al cabo de una hora y media, Tobías acompañaba a su amiga a tomar un taxi. Después de que ella le había comentado de la sensación de que alguien la seguía, él no se arriesgaría a que caminara sola por la noche. Le pasó algo de dinero para poder pagar el transporte, pero ella no lo aceptó. Él trabajaba tan duro para ayudar a sus padres, que no podía darse el lujo de aceptar su dinero, además de que era muy orgullosa para aceptar su dinero.
Al final del recorrido, bajó del taxi y los pocos pasos que dio hasta las escaleras del edificio fueron suficientes para sentir que alguien más estaba con ella. Se detuvo y miró a su alrededor. El crujir de las ramas del árbol más próximo exaltó a la joven. Un búho se posaba y la observaba. Esa mirada vacía y llena de maldad le recordó al chico que la observaba desde afuera de la cafetería. Subió corriendo las escaleras y se sintió a salvo una vez que estuvo dentro del apartamento.
Cerró la puerta y se apoyó en ella, tratando de recuperar el aliento. Cerró sus ojos para poder calmarse. Su madre la esperaba con un plato de sopa caliente.
—No es necesario que continúes haciendo esto. Quiero que disfrutes de tu juventud.
Abby no había advertido la presencia de su madre y se sobresaltó al escucharla. Caminó hacia ella y la abrazó, depositando un beso el la cálida mejilla de su madre.
—Claro que debo. Algún día tengo que crecer y quiero estar preparada para entonces.
—Las calles están cada vez más peligrosas —. Acotó su madre, pareciendo ignorar la respuesta de Abby —. Hay mucha maldad allá afuera y no quiero que te suceda nada.
—Sabes que Tobías no estará para siempre a tu lado.
—Al igual que tú —. Un silencio mortal se produjo entre ambas. Abby aprovechó para dale un sorbo a su sopa.
—Hay algo que quiero que tengas. Ha estado en la familia por generaciones.
Abby bebió su sopa con rapidez. Estaba cansada y sólo pensaba en ir a descansar, algo que se lo hizo saber a su madre.
—Mañana, má. Vamos a descansar, ha sido un largo día.
Antonella estuvo de acuerdo y acompañó a su hija hasta el cuarto. Besó su frente, deseándole un buen descanso. Luego de eso, se dirigió al cuarto de Angie y la arropó, depositando un beso en su oscura cabellera. Apagó la luz de la habitación, cerró la puerta y se retiró a su cuarto.
Pasada la medianoche, ruidos extraños sobresaltaron a Abby. Le costó distinguir los sonidos, pero una vez que logró agudizar su oído, notó que se trataban de golpes provenientes de la habitación de su madre.
Se levantó y salió hacia el pasillo con suma precaución. La casa se encontraba completamente a oscuras, salvo por la luz que se colaba por la puerta entreabierta del cuarto de su madre.
Una mano fría jaló del brazo de Abby y volteó asustada. Se trataba de su hermana, quien tenía un camisón blanco con bordados y su pelo suelto y despeinado.
—Ve a tu cuarto y no abras la puerta hasta que yo lo diga. Un ladrón ingresó al departamento y no voy a dejar que te lastime.
Angie corrió hasta su cuarto y se encerró bajo llave, tal cual las órdenes de su hermana mayor.
Abby avanzó por el oscuro pasillo. Se asomó con cuidado `por la puerta entreabierta y lo que vio a continuación heló su sangre y la paralizó por completo.
Un hombre alto y corpulento, cuya cabeza era similar a la de un cuervo, los ojos completamente negros y los dientes filosos, en punta y amarillos — como los de un perro —; tomaba del cuello a su madre y la elevaba por los aires.
—¡Dime dónde está! — vociferaba enojado; y al notar que aquella no le respondía, la lanzó contra el ropero. Antonella cayó al suelo junto con los pedazos hechos añicos de la puerta del ropero.
¿Quién era ese tipo y por qué buscaba a su madre? Eso no podía ser humano, pues su apariencia era aterradora, como sacado de las peores pesadillas que uno puede tener. Observó el cuerpo inerte de su madre, parecía no tener vida, pero podía notar un sutil movimiento de su débil respiración.
Su madre comenzó a moverse y levantó su cabeza. Allí fue que notó la presencia de su hija. Sus ojos se llenaron de lágrimas a causa del temor de que la atacara.
El intruso notó su presencia y la observó. Fue en ese momento en que Abby supo que debía correr y dejar a su madre atrás.

Hace alrededor de 4 años

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White
Rango5 Nivel 21
hace alrededor de 4 años

¿Qué traerás entre manos con este relato? Hasta ahora, va estupendo. Es atrapante, e incierto. ¡No tengo idea de que pasará! Pero voy a seguir léyendote para saberlo. Saludos

PrueHolmes
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 4 años

@White muchas gracias!!! Espero que siga siendo de tu agrado esta historia.


#5

CAPÍTULO 3
Abby corrió por el pasillo sintiendo que la adrenalina y el pánico se apoderaban de ella. Lamentaba el hecho de dejar a su madre allí, en el suelo, indefensa; a merced de aquel monstruo.
Golpeó con desesperación la puerta de la habitación de Angie. Una vez que se abrió, ingresó dando un pequeño empujón a su hermanita para así cerrar con rapidez la puerta con llave.
Su hermana parecía alterada, como si hubiese presenciado lo mismo que ella. La tomó por los hombros y la abrazó. Luego buscó un tapado para abrigarla.
—¿Qué sucede? —. Preguntó Angie con voz temblorosa.
—Tranquila, todo va a estar bien —. Mintió, porque no sabía si sería así.
Un estrepitoso golpe en la puerta sobresaltó a las jóvenes. Angie gritó horrorizada e intentó tapar su boca queriendo ahogar su miedo.
—Vamos —. Abby la tomaba por los hombros una vez más, indicándole que avanzara hacia la ventana. En cuanto salieron por allí, la puerta se partió en dos y las astillas saltaron por toda la habitación.
—¡Corre! —. Gritó a todo pulmón Abby.
Ambas jóvenes comenzaron a descender por las escaleras de emergencia, situadas en el exterior del edificio. El hombre saltó por la ventana y cayó sobre las escaleras, haciéndolas temblar bajo sus pies. Las hermanas se estremecieron de pavor.
—¡No dejes de correr! —. Ordenaba Abby.
Pronto estaban corriendo por el callejón hacia el exterior. El hombre no tardaba en alcanzarlas. Lanzó un rayo cerca de ellas, destrozando un contenedor de basura que estaba cerca. Las jóvenes cayeron al suelo.
—¿Qué demonios? —. Abby estaba desconcertada. Se levantó y ayudó a su hermana a ponerse de pie.
Observaron a aquel extraño monstruo y notaron que estaba armando algo como una bola de energía, que pronto lanzó sobre ellas. Cayeron apartadas. Abby se sentó lentamente, su cuerpo estaba adolorido y sus oídos zumbaban. Estaba desorientada, no lograba entender lo que sucedía a su alrededor. Cuando logró incorporarse, buscó con la mirada a su pequeña hermana.
El corpulento hombre se paró frente a ella. Sintió cómo cayó presa del pánico. Consumida por el temor y por no saber a qué se enfrentaba, cerró sus ojos empapando sus mejillas por las lágrimas que ardían al caer.
Sólo esperaba que todo acabara pronto, ya no le importaba cuán doloroso sería dejar su vida. Lamentaba no poder ayudar a su hermana, quien seguro correría con la misma suerte que ella. Pero al no saber cómo derrotarlo, no encontró mejor opción que dejarse morir en sus garras.
Sólo apretó con fuerzas el collar — un bello talismán — que su madre le regaló hacía un año atrás. Cada vez que el temor se apoderaba de su débil corazón, ella lo apretaba como esperando recibir las fuerzas de las cuales carecía.
En esa milésima de segundo, un recuerdo vino a su mente, uno que solía levantarle el ánimo.
—No sabes el gran don que posees, ese que te hace ayudar a las personas sin esperar nada a cambio. Tú no lo sabes, pero es muy valioso —. La dulce voz de su madre y su sonrisa se difuminaban de a poco en su memoria.
Sin saberlo, el talismán brilló cuando el sujeto aterrador estaba por tomarla, lo encegueció y lo obligó a retroceder. Cuando el colgante brilló con mayor intensidad, aquel hombre desapareció en la oscuridad de la noche.
Al notar que su muerte no llegaba, Abby abrió lentamente sus ojos y notó que estaba sola con su hermana. Quien estaba tras ellas había desaparecido y no sabía cómo. Comenzaba a preguntarse s todo era parte de una terrible pesadilla.
Corrió hasta su hermana y la sacudió con dulzura. Aquella despertó desorientada y con miedo. Abby la rodeó con sus brazos y besó su frente.
—Saldremos de esto. No sé cómo, pero lo haremos.
La ayudó a levantarse y antes de abandonar el lugar, miró por última vez aquellas cuatro paredes que un día fueron su hogar. Ya no estaba segura de regresar allí. Caminaron por las calles bajo una luna que había adoptado un color ámbar. Comenzaba a helar y la bruma no tardaba en llegar.
—¿Y mamá? —. Angie preguntó con cierta tristeza.
—Ella estará bien —. Le mintió una vez más. Porque ni ella sabía si su amada madre estaba con vida.

Hace alrededor de 4 años

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#6

CAPÍTULO 4
Dormidas bajo las puertas de la Iglesia, protegidas por el poder de un Dios cuya existencia comenzaban a dudar. Un sonido, parecido a murmullos, comenzó a despertar a Abby.
No había nadie junto a ellas, pero los murmullos estaban allí. Miró a las frías gárgolas, parecía que la observaban. Aquellas figuras parecían aterradoras.
Intentó alejar todo pensamiento de su cabeza, debía conciliar el sueño para poder buscar ayuda a la mañana siguiente. Un susurro la despertó nuevamente, para descubrir que estaban solas una vez más.
El crujir de las hojas anunciaba que alguien se aproximaba a ellas. Abrazó a su hermana, quien dormía profundamente bajo su calor. Aún afiebrada y ajena a lo que estaba sucediendo a su alrededor.
—¿Quién anda allí? —. Se atrevió a preguntar, encontrándose sólo con el silencio de la noche y el ulular del viento.
El vuelo de un búho hacia la rama de un árbol la sobresaltó. Llegó a la conclusión de que debía calmarse y dejar de ser asustadiza. Después de todo, ¿qué daño le podría propiciar un búho? Ninguno.
—No te duermas —. El viento pareció susurrarle al oído, cuando la joven cerró sus ojos para intentar descansar.
Las puertas de la Iglesia se abrieron tras ella. El lugar se veía cálido y acogedor. Se sentó y movió a su hermana para despertarla.
—Angie —. Susurró suavemente —. Despierta, cariño.
Angie refregó sus ojos y miró desconcertada a su hermana. No entendía porqué la despertaba cuando aún no amanecía y no había ningún tipo de amenaza aparente.
—¿Qué sucede? — preguntó, sentándose junto a su hermana.
—Las puertas… se abrieron —. Estaba algo excitada ante la idea de pasar la noche bajo techo y más protegida.
Angie volteó a mirar, pero para su sorpresa, las puertas estaban cerradas. Miró con desconcierto y preocupación a su hermana.
—Estás alucinando —. Volvió a mirar para corroborar que aún continuaban cerradas.
—No, no lo están —. La luz del interior se reflejaba en sus ojos. ¿Cómo era posible que su hermana menor no notara que las puertas estaban abiertas?
La miró y poco a poco su sonrisa se fue borrando de su pálido rostro. Su hermana estaba seria, observándola con ofuscación. Eso le hizo dudar y cuando miró una vez más hacia la entrada de la Iglesia, las puertas estaban cerradas, sin vida como en un principio.
—Pero… —. Musitó casi inaudible. Su voz se ahogaba en su confusión.
Se puso de pie y caminó hasta la entrada. Con sus manos temblorosas rozaba los detalles que adornaban las pesadas puertas.
—Vuelve a dormir, Angie. Debo haber estado soñando.
—Será mejor que tú también duermas, no te ves muy bien.
—En un momento.
Angie regresó a dormir, lo cual no le costó para nada. Abby, en cambio, continuó tocando las puertas buscando alguna especie de entrada secreta o algo semejante. Estaba segura de que no dormía cuando las puertas se abrieron. Pero nada mágico pasó. Tal vez estaba alucinando a causa del cansancio.
Regresó a las escaleras, junto con su hermana y se propuso dormir un poco, la falta de sueño estaba afectando su juicio. Poco a poco fue cayendo en un sueño profundo.
Para lo que ella pareció minutos, fueron horas. Cuando despertó, Angie la jalaba intentando despertarla.
—¿Hace mucho duermo? —. Un bostezo interrumpió su habla.
—Sí —. Angie le tomó las manos y la ayudó a sentarse —. Debemos regresar a casa, no puedo andar por la calle con mi pijama.
—Sí —. Se puso de pie —. Vamos a casa. Buscaremos ayuda, después de lo de anoche no estoy segura de estar cuerda.
—Lo de anoche fue real. Aquel tipo se veía fuera de este mundo.
—Sí, esperaba que se tratara sólo de una pesadilla.
—¿Cómo lo venciste?
—No lo sé.
Caminaron tomadas de la mano bajo la mirada curiosa de todo aquel con el que se topaban. Llegaron al edificio y todo parecía estar normal. Dudaron en ingresar, quedaron paralizadas en la puerta del impetuoso edificio.
—¿Es la última moda? —. Una voz masculina, seguida de una risa, encolerizó a Abby. Volteó para agredirlo, pero se trataba de Tobías, y él no sabía lo que había acontecido por la noche —. ¿Café? —. Ofreció al notar el aspecto de cansancio de las jóvenes.
—Sí — murmuró Abby.
—¿Qué hacen en la calle con pijamas?
—Café de por medio te contamos — respondió Abby.
Subieron sin mediar palabra. Tobías notaba un poco rara a su amiga y no quiso seguir preguntando.
Abby posó su mano en el pomo de la puerta. Miró a su hermana y suspiró. Temía lo que vería a continuación, pero abrió la puerta despacio.
La casa estaba vacía, a excepción por los muebles, claro. Nada parecía faltar. Tobías miraba sin comprender el extraño comportamiento de las hermanas.
—¿Alguna puede decirme qué pasa?
El silencio fue la mejor respuesta. Abby le hizo señas a Angie para que permaneciera junto a Tobías y ella obedeció. Caminó hacia el pasillo que conducía a las habitaciones. Avanzó con sigilo, su corazón bombeaba a un ritmo acelerado y la respiración era agitada. Cuando se aproximaba al cuarto de su madre, no pudo evitar recordar al hombre sujetando del cuello a Antonella y lanzándola contra el ropero.
La puerta aún estaba abierta. Volteó a mirar a su hermana que se escondía tras Tobías. Miró la puerta de la habitación de Angie y estaba destrozada. Ingresó al cuarto de su madre, esperando encontrarse con el cadáver de ella, pero no estaba allí.
—¿Mamá? —. La llamó inútilmente, porque no estaba.
Salió del cuarto y cerró la puerta. Caminó a paso apresurado por el pasillo y volvió a unirse con su hermana y Tobías.
—¿Café? —. Preguntó simulando estar calmada.

Hace alrededor de 4 años

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DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace alrededor de 4 años

Me gusta mucho como va tu historia, sinceramente, la había visto varias veces en el tablón principal y no me animaba a leerla por una simple y superficial razón: La imagen de portada no llama la atención. De hecho yo diría que repele un poco. Así que espero no ofender, y te doy el consejo de cambiarla :) seguro que más de uno cometió el mismo error que yo y por eso no se aventuró a leer tu historia. Esperaré ansioso la próxima parte. ¡Saludos!

PrueHolmes
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 4 años

Gracias por hacerme ver el tema de la portada, sinceramente no soy muy buena en hacerlas y todavía estoy aprendiendo. Ya veré que se me ocurre para cambiarla. Muchas gracias por tus votos y por tu opinión.

PrueHolmes
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 4 años

@DreamxAlchemist buenísimo!!!!Espero que sigas disfrutando de la historia!!! Así como también aguardaré por la próxima parte de Bitácora del alquimista!


#7

CAPÍTULO 5.Café de por medio, Abby le contó todo lo que había pasado a su mejor amigo. Angie, luego del desayuno, se retiró a ducharse, pero más que nada quiso darles privacidad- siempre había soñado que su hermana mayor se casaba con Tobías.
—No sé qué pensar. Estoy exhausta —. Comentó desplomándose sobre la mesa.
Las manos cálidas de Tobías se entrelazaban con las de ella, provocando un cosquilleo en la joven. Lo miró, jamás había sentido un sentimiento así por él, siempre lo había considerado como un hermano.
—Pero no lo es —. Solía comentar su madre, haciéndole ver el interés que demostraba él por ella desde que sus cuerpos tomaron mayor madurez.
—No sé dónde está mamá ni quién, o qué, era ese tipo. Mucho menos puedo explicar lo sucedido en la puerta de la Iglesia.
—Te ayudaré a descubrirlo. No estás sola.
—Quiero dejar a Angie en un lugar seguro, no quiero involucrarla mucho en esto, no quiero que salga herida… ¡Pero estamos solas! — vociferó angustiada abatida por a situación, tapando su rostro con las manos —. Si papá no nos hubiera abandonado…
—Hey — Tobías se acomodaba junto a ella y a abrazaba con fuerza —, no estás sola. No puedes lamentar los errores de los demás si ellos no son capaces de verlos. Contamos con mi abuela, ella estaría encantada de tener a Angie por unos días.
¿Días? No siquiera había pensado en que ocuparía tanto tiempo en averiguar lo que pasaba, pero era razonable.
—No sé si involucrar a tu familia.
—A mi entender, mi abuela está lo suficientemente lejos del radio de peligro.
En ese momento Angie volvía a ingresar, tratando de desenredar su larga cabellera oscura. Abby sonrió al ver la lucha desatada entre el cepillo y ella, se levantó y la ayudó. Luego fue ella quien fue a asearse y ponerse algo más cómodo para andar.
Relajándose bajo el agua tibia, cerró sus ojos por un momento. Recordó que su madre tenía algo para darle. Terminó pronto de ducharse y fue directo a la habitación de su madre.
—¿Abby? — dijo Tobías inútilmente, siendo ignorado por la joven.
Revisó el cuarto y en uno de los cajones de la cómoda halló un regalo envuelto en un papel brillante. Adherido a la envoltura, una tarjeta dejaba un mensaje para ella.
“A mi querida Abby: esta reliquia familiar te guiará por el sendero de la luz”
Le resultó curioso aquello de una herencia familiar, una reliquia de quien sabe cuántos años. De seguro sería algo frágil, algún adorno que ella colgaría de su habitación y luego olvidaría.
—¿Todo bien? —. Tobías se asomaba, viendo el ropero hecho añicos y a la joven parada junto a la cómoda con una tarjeta en su mano.
—Es el obsequio que quería darme mamá —. Lo tomó y se sentó en a cama con la mirada perdida en a envoltura.
—¿Qué esperas? Ábrelo, es algo importante para ella.
Tobías se sentó junto a ella y la miró. Corrió el cabello mojado y lo acomodó tras su oreja. Ella sonrió y sus mejillas tomaron un color rojizo.
Abrió el obsequio. Se trataba de un libro antiguo de tapa dura. Ninguno se atrevió a decir palabra alguna. Sobre la tapa del mismo, se dibujaba la misma figura del colgante de Abby. Ella lo notó de inmediato y con una mano tocó su talismán.
La imagen era una A dentro de un círculo. La letra estaba tallada en relieve y parecía tener cierta luminosidad.
Un suave golpe en la puerta de entrada distrajo a los jóvenes en la habitación.
—¡Yo voy! — gritó Angie para no interrumpirlos. Abrió la puerta y del otro lado un muchacho de tez pálida y cabello oscuro, de aspecto gótico, la observó.
Ella notó la maldad en sus ojos, que adoptaban un color cristalino. Retrocedió unos pasos y el joven ingresó. Angie sólo pudo gritar atemorizada, buscando ayuda de su hermana y Tobías.

Hace alrededor de 4 años

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#8

CAPÍTULO 6
El grito agudo de Angie alarmó a los jóvenes que miraban sorprendidos las hojas del libro.
—Angie —. Murmuró preocupada y apartó el libro a un costado, para salir corriendo hacia el living.
Tobías la siguió, pero para cuando llegaron la puerta estaba abierta y su hermana desaparecida.
—Demasiado tarde —. Se lamentó cayendo de rodillas al suelo, invadida por un sentimiento de culpa y angustia.
Tobías salía al pasillo para ver si la veía, pero no había rastros de ella. Regresó con Abby y puso cerrojo en la puerta. Notaba que las cosas eran más complicadas de lo que parecían. Levantó a Abby y la condujo hasta su habitación. Tomó un bolso, guardó dinero y algo de ropa, mientras ella se cambiaba.
—¿Qué haces?
—Estás en peligro, debes marcharte.
—No sin encontrar a mamá y a Angie.
—Yo lo haré por ti, no puedo permitir que algo malo te suceda.
—No, Tobías. Esta es mi guerra.
Tomó el valor necesario, agarró el bolso y lo vació. Lo único que llevaría sería dinero y el libro familiar, en su interior sabía que las respuestas que buscaba las hallaría allí.
—¿A dónde iremos? —. Preguntaba Tobías cuando salían del apartamento.
—No lo sé, pero tengo una corazonada difícil de explicar.
—Espérame aquí, le avisaré a mi mamá de mi ausencia, para que no se preocupe.
La joven asintió y una vez que Tobías desapareció de su campo visual, se marchó. No quería que se involucrase y saliese herido. Había fracasado como hija y como hermana mayor, no le fallaría a u amigo a riesgo de su propia vida.
Cuando salió del edificio, tropezó con un joven que caminaba a paso apresurado. Como consecuencia, el bolso de Abby cayó al suelo y el libro se deslizó fuera. De inmediato, ella se agachó a tomar lo suyo y el joven la ayudó.
—Disculpa, no te vi —. Comentó el joven.
Aquella voz le resultó conocida. Alzó su vista para encontrarse con el chico que había tropezado el día anterior. Era demasiada coincidencia y ya no creía en ellas.
—¿Quién eres? —. Se zafó del agarre del joven que la miraba con curiosidad. Ante las cosas que había vivido en tan pocas horas, Abby volteó para ingresar al edificio e ir por Tobías. Pero alguien chocó con ella y cayeron por las escaleras.
—No es mi día —. Bufó.
—¿Estás bien, Abby? —. Tobías se ponía de pie y la ayudaba a levantarse.
Una vez de pie, se sacudió la ropa y se la acomodó. Miró a su alrededor en busca del otro chico, pero aquel ya se había marchado.
—Estoy paranoica —. Acotó en voz baja.
—Te ibas sin mí.
—No… Sí… Bueno, al principio — titubeó —, pero me arrepentí. Te necesito.
Aquellas palabras resultaron reconfortantes para Tobías, quien minutos antes se había molestado porque ella se había marchado.
Abby miró al cielo y vio cuervos volando en círculos. Tobías notó que ella estaba absorta en algo que acababa de descubrir y volteó a mirar.
—Hay un cadáver cerca. Vamos.
Rogaban que no fuera el de Antonella o el de Angie, que se tratara de algún animal muerto o algo parecido.
Corrieron siguiendo los cuervos y llegaron a un callejón. Ingresaron sin ningún tipo de precaución y allí estaba, a lo lejos, el cadáver de una persona, escondida bajo mantas que intentaban ser sacudidas por los cuervos.
Tobías tomó unas latas vacías que encontró en el piso, y las arrojó hacia los cuervos para alejarlos. Caminaron con cuidado y tapando sus narices ante el hedor de basura mezclado con fluidos corporales en descomposición.
Se miraron, temían levantar las mantas. Abby se paralizó por completo, no podía actuar, ni pensar. Tobías tomó el valor y descubrió el cuerpo.
El grito ahogado y desgarrado de Abby inundó aquel solitario callejón y sus alrededores. Cayó vencida por el dolor, hundiendo su rostro en el cuerpo inerte y sin vida de su madre. La mínima esperanza de hallarla y que todo fuera como antes, murió en una décima de segundos.
Ahora no sabía quién podía explicarle lo que estaba sucediendo ni los porqués. Un cuervo se posó a unos metros de ella y la observó, graznó para llamar su atención. Tenía la misma mirada llena de oscuridad que el búho que venía observándola desde el día anterior.
—Su mano —. Le indicó Tobías, mientras ella salía del aturdimiento.
Miró al cabo de unos segundos. Su puño estaba cerrado, algo había en su interior. Abrió la mano con cuidado y un pequeño frasco con un líquido rosado se encontraba en su interior. Lo tomó y lo guardó en su bolso. Luego notó un colgante similar al de ella en el cuello de su madre. Lo retiró con cuidado y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta.
Besó la frente de su madre, enjuagó sus ojos y se puso de pie. Buscó la fuerza en su interior para continuar, ahora estaba enojada y no pararía hasta encontrar a su hermana y al culpable de la muerte de su madre.
—Vamos por Angie —. Dicho eso, cubrieron el cadáver con las mantas y abandonaron el callejón.

Hace alrededor de 4 años

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#9

CAPÍTULO 7
Una vez lejos del callejón y con todo un día por delante, Abby y Tobías caminaron directo hacia la biblioteca. Esperaban encontrar allí alguna pista de lo que significaba ese frasco y sus amuletos. No sabía exactamente qué buscar, así que fueron directo a la parte de mitología, fantasía, brujería y cosas similares. Libro tras libro no encontraban nada. Abby estaba a punto de darse por vencida, hasta que en un libro encontró la foto del hombre que había irrumpido en su hogar.
—Es él —. Señaló la imagen.
—¿Recuerdas si le dijo algo a tu madre?
Abby permaneció en silencio por un momento, intentando recordar lo sucedido. Sentía que podía transportarse allí, estaba experimentando aquella situación una vez más.
—Le preguntaba dónde estaba. No sé a qué o quién se refería, pero se veía muy decidido a averiguar y conseguir lo que andaba buscando.
Los jóvenes intercambiaron miradas, consternados por la situación. No sabían realmente a qué se enfrentaban, así como tampoco sabían si estaban listos para enfrentar lo que vendría.
—¿Qué dice el libro? —. Tobías se sentaba junto a ella, curioso ante tal rara figura que la imagen mostraba en una de las páginas.
—Ammón —. Respondió casi sin aliento, tratando de contener el miedo que se apoderaba de ella —. El demonio de la fuerza y la violencia.
—¿Demonio? —. Incrédulo a tales palabras, observaba a su alrededor nervioso.
Abby cerró el libro y en la portada se podía leer claramente: “Demonios del Inframundo”. Comenzó a dudar si estaba cuerda o se trataba de una pesadilla más.
—Esto está mal. ¿Quién cree realmente en esto? —. Abby estaba agitada. Apartó el libro y se ponía de pie, haciendo ademán de irse.
—Espera —. Tobías la retenía tomándola del brazo, al mismo tiempo que también se ponía de pie —. ¿Qué hay del regalo que te dio tu madre? Ese libro antiguo.
Abby desvió su mirada hacia el bolso que llevaba consigo. Se sentó nuevamente y sacó aquella reliquia familiar. Suspiró, no estaba segura de abrirlo y averiguar lo que había en su interior. Pero lo hizo, no tenía alternativa.
En la primera página decía en letras bien grandes: “Demonología” y abajo la definición del mismo.
—¿En qué andaba tu madre?
—Ahora me pregunto si esta es la razón por la que papá se separó y no volvió a vernos.
Pasando página tras página, descubrieron que todo se trataba de demonios y más demonios; y aquellos seres del inframundo.
—No sé qué hacer. Lo único que comprendo es que esto es lo que mató a mi madre y lo que se llevó a mi hermana.
—Vamonos. Todo lo que necesitamos está aquí —. Posó su mano sobre el libro de Abby.
Ella estuvo de acuerdo y pronto salieron de la biblioteca. Las calles estaban llenas de gente que pasaba junto a ellos, como si no existiesen.
Ninguno decía nada. Iban absortos pensando en los demonios, en especial en Ammón. Irían a un lugar más privado para revisar el libro más detenidamente y poder debatir al respecto.
Alguien empujó levemente a Abby y la sacó de sus pensamientos. Ella no alcanzó a decir nada, pero reconoció la vestimenta y a la persona. Su corazón se detuvo e inconscientemente tomó la mano de Tobías. Aquel la observó y sujetó las manos temblorosas de su amiga.
Tobías comprendió que algo fuera de lo normal sucedía con el sujeto que había visto la joven, así que la alentó a seguirlo. Corrieron entre la gente que dificultaba su camino y cuando estaban cerca de alcanzarlo, despareció por completo. Sin dar tiempo a pensar, una mujer los interceptó.

Hace alrededor de 4 años

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#10

CAPÍTULO 8.

—¿Abby? —. Una mujer de unos cuarenta años la sujetaba por los hombres y la miraba con preocupación —. Soy Zoe, la amiga de tu madre. Ella ayer vino a verme.
—Nunca antes la había visto —. Se soltó suavemente del agarre de la mujer y tomó con fuerza la mano de Tobías, apretándosela cada vez más sin darse cuenta. Ya no sabía en quién podía confiar.
—Lo sé, pero yo sí te he visto antes. Debemos ir a un lugar seguro —. Zoe miró a su alrededor y frunció el ceño —. ¿Dónde está Angie?
Abby intercambió miradas con Tobías. No había una respuesta correcta para aquella pregunta, en especial si no sabían si era verdad que su madre la había visto el día anterior, a pesar de que aquello concordaba con la demora que había tenido.
—¿Y tu madre? —. La mujer palideció ante el inevitable silencio de los jóvenes. Supo que las cosas eran peores de lo que imaginaban.
—Como usted dijo, debemos ir a un lugar más seguro —. Acotó Tobías, tratando de proteger a Abby.
La mujer asintió en silencio. Miró a su alrededor, debía asegurarse de que los agentes de la oscuridad no los observaban. Tampoco estaba segura de lo que estaba por hacer, pues no quería llamar la atención de las personas que deambulaban por allí.
Extendió sus manos y cerró sus ojos por un breve momento. Abby y Tobías miraban expectantes, no entendían lo que la mujer hacía.
Abby se escondió tras su amigo, se sentía realmente protegida con él. Miró a su alrededor y notó algo muy raro: las personas y todo vehículo parecían haberse detenido. Era como si el tiempo se hubiese detenido. Jaló la campera de Tobías, quien miró incrédulo lo que pasaba.
—Ya está, tomen mi mano — dijo Zoe con prisa.
No estaban seguros de ir con ella, pero una corazonada en el pecho de Abby le hizo sentir que era lo correcto. En cuanto se tomaron de las manos de mujer, dejaron atrás la ciudad para aparecer en una antigua mansión victoriana.
—¿Dónde estamos? — preguntó confundida Abby.
—¿Cómo llegamos hasta aquí? —. Tobías estaba muy confundido, parecía estar encerrado en una película de fantasía.
—Llegamos por tele transportación.
Los jóvenes quedaron boquiabiertos. Admiraron un momento aquella mansión. Se percataron de que muchas personas estaban allí, en especial el chico de ojos celestes con el que Abby se había cruzado un par de veces. Sabía que no había sido mera casualidad.
—No respondió mi pregunta — acotó Abby con la mirada clavada en el joven. Tobías lo notó y se sintió incómodo ante la situación, ya que aquel joven tampoco quitaba los ojos de ella.
—Es el hogar de los guardianes.
—¿Guardianes? —. Abby miraba a Zoe, riendo ante la loca idea de los guardianes, pero al ver la seriedad de la mujer, dejó de reír.
—Sí, no nada gracioso en ello. Ahora necesito que me digas qué sucedió con tu madre y Angie.
—Mamá murió… —. Cerró con fuerza sus ojos, tratando de contener las lágrimas. Cuando volvió a abrirlos, se veían brillosos y llenos de dolor —. Angie desapareció, no sabemos dónde está.
—¿Tu madre te dio el obsequio?
—Sí —. Abby fruncía el ceño. Se notaba que aquella mujer sabía más de lo que aparentaba.
La mujer los condujo a una habitación, decorada elegantemente. Tomaron asiento y les sirvió té a los jóvenes. Ahora estaban más tranquilos y confiados para hablar.
—¿Recuerdas qué pasó?
—Claro. Un hombre le preguntaba dónde estaba algo que buscaba. Escapé con Angie y aquel hombre, con cabeza de cuervo, nos siguió. Pero cuando nos iba a hacer daño, desapareció.
—¿Cómo desapareció?
—No lo sé, había cerrado mis ojos —. Se produjo un silencio. La mujer la observó y notó el colgante.
—El talismán — musitó.
—Ammón —. Interrumpió Tobías —. Descubrimos que se trata de un demonio llamado Ammón.
—Demonio de la fuerza y la violencia —. Continuó diciendo Abby.
—Sí, es muy poderoso —. Comentó pensativa Zoe.
—Permiso —. Interrumpió en la habitación el joven que enmudecía a Abby —. Me alegra saber que estás bien, Abby.
—¿Quién eres? ¿Un guardián?
El joven río y la miró, negó con la cabeza. Abby no entendía por qué tantos secretos parecían no querer salir a la luz.
—De a poco, Abby. Mi nombre es Axel y es lo único que sabrán por el momento.
Luego el joven susurró algo al oído de Zoe, quien cambió su semblante y se puso de pie de inmediato.
—Lo siento, debo marcharme. Axel los llevará a sus habitaciones.
La mujer se retiró. Abby y Tobías no dijeron nada, pero con el intercambio de miradas entendieron sus emociones y sentimientos.
—Queremos permanecer juntos por el momento —. Comentó Tobías.
—De acuerdo. Síganme.
Los condujo al tercer piso de la mansión y abrió la puerta de una habitación. En el medio había una gran cama matrimonial y sillones junto a la ventana que daba al balcón.
—Yo dormiré en los sillones esta noche — dijo Tobías, cediendo mayor comodidad a su amiga.
Antes de que Axel los dejara acomodarse, Abby lo tomó del brazo.
—No tengo tiempo para descansar. Quiero hallar a mi hermana. No importa que sea mucha información para asimilar.
—De acuerdo — dijo Axel y cerró la puerta.
Se sentaron en los sillones. Abby sacó el libro que su madre le había regalado y lo abrió en la página dedicada a Ammón.
—Ammón cuenta las cosas del pasado y del futuro. Es uno de los ayudantes de Astaroth y uno de los demonios al servicio de Satanachia. Conoce y vigila a personas que pactaron con… Satán —. Titubeó al fina, frunció el ceño y miró a Tobías —. ¿Mi madre pactó con Satán?
Un silencio incómodo se produjo. Las cosas parecían ser más serias de lo que eran. Axel suspiró y los miró por un momento.
—Tu madre era una gran mujer. Tal vez yo no sea el indicado para contar esto —. Se puso de pie.
—No, tú ya estás aquí y nos dirás qué pasa —. Ordenó Tobías y aquel se sentó nuevamente.
Se lo notaba nervioso. Refregaba sus manos intentando buscar el modo de contar los hechos que habían llevado a tal caos en la vida de Abby.
—Está bien. Primero debes saber qué son los guardianes.

#11

CAPÍTULO 9

Los guardianes fueron creados hace siglo atrás, cuando las fuerzas de Lucifer amenazaron con vivir entre los mortales y alimentarse de la fuerza de sus almas.
Fue entonces que Razvan, un ángel, creó a los guardianes constituidos por seres mágicos que podían detectar el mal y combatirlo. Bajó a la tierra para liderar dicho grupo, siendo traicionado por su hermano Desmond, provocando que muchos de los seres mágicos cruzaran hacia la oscuridad.
Desmond perdió sus alas a consecuencia de ello y Razvan se vio forzado a permanecer más tiempo del que correspondía. Poco a poco, con el pasar de los años, Razvan se volvió mortal y murió.
Varios años después, luego de su reencarnación como humano y su posterior muerte, las alas crecieron el él. Recordando su causa principal y la lucha de varios siglos entre el bien y el mal, bajaba esporádicamente.
En uno de sus viajes a la tierra, Razvan conoció a Annabelle, una joven cuyo poder mágico era demasiado poderoso. Vida tras vida la fue cuidando, sin darse cuenta que sus alas comenzaron a enredarse en el cuerpo mágico de la joven.
Razvan fue castigado por ello y lo enviaron como mortal. Indefenso cayó en los brazos de su amada, cuyo nombre en la actualidad es Antonella. Razvan intentó recuperar sus alas, probando que su amor hacia una mortal no interfería con su trabajo.
Años y años estuvo a prueba, hasta que le concedieron sus alas y conservar al amor de su vida. Pero así como el bien iba consolidándose y recuperando a su líder nato, el mal recobró fuerzas junto a Ammón y Desmond; logrando contaminar las calles con su mal,
Justo cuando el bien parecía perder las fuerzas, un ser mágico y poderoso llegó al mundo, meciéndose en los brazos de Antonella y Razvan. Para conseguir la paz y que el mal no robase dicho ser mágico, Antonella convocó a Ammón para pactar con su líder, Lucifer. No tocarían a sus descendientes, quienes no tendrían ningún poder mágico hasta entrada la adolescencia.
—Una vez que el pacto terminó, Ammón ha venido a cobrar su deuda. Pero como los descendientes de Antonella y Razvan están bajo un hechizo de protección, Ammón no ha logrado discernir cuál es el ser mágico tan poderoso.
—¿Por eso buscaba a mi madre? —. Abby fruncía el ceño incrédula a lo que estaba escuchando.
Pero algo no le cuadraba, si Razvan era su verdadero padre… ¿Quién era el hombre del cual su madre se divorció?
—¿Por qué no bajó cuando mamá estaba en peligro?
—No lo sé. No tengo acceso a ese tipo de información —. Axel se puso de pie y caminó hasta la puerta de la habitación —. Es mejor que piensen bien dónde buscar a Angie, puede estar en graves problemas —. Dicho eso, se retiró.
Abby estaba colérica, apretaba con fuerza sus dientes, haciendo lo mismo con sus puños. Debía descargar su furia de algún modo. Tomó el libro que su madre le iba a obsequiar y lo arrojó contra una de las paredes de la habitación, presionando uno de los candelabros y dando lugar a un pasadizo secreto.
Tobías y Abby se miraron asaltados por la curiosidad que ocasionó aquel accidental hallazgo. Caminaron hasta la entrada, pasando sobre los vidrios, haciéndolos crujir. Tobías miró lo que quedaba del cuadro, notando que en la parte posterior — que podía divisar —, había algo anotado. Tomó el papel y lo enrolló. Abby le hizo señas para continuar.

#12

CAPÍTULO 10:
Emprendieron el descenso por una angosta escalera. El lugar estaba muy oscuro, por lo que los jóvenes se sostenían de la pared para evitar una posible caída. Aquella oscuridad provocaba inquietud en los dos, ya que no sabían con qué se encontrarían una vez que llegaran al final del recorrido.

La mano de Abby chocó con un objeto frío y afilado que le ocasionó un pequeño corte en la palma de su mano. Maldijo en voz alta.

—¿Qué sucede? —. Tobías se preocupó y con sus manos tanteó en la oscuridad buscando a su amiga, tomándola por la espalda.

—Algo cortó mi mano —. Abby apretaba el puño intentando contener el dolor punzante y el sangrado.

Tobías tanteó con cuidado la pared para intentar descubrir de qué se trataba. Sus dedos rozaron un objeto rígido y metálico. Armando un esquema mental del mismo, notó que podía girarse ejerciendo un poco de presión. Lo hizo, poco a poco unas velas comenzaron a encenderse, guiando el recorrido por las escaleras. Los jóvenes intercambiaron miradas y sonrieron complacidos, pero Abby frunció el ceño ante el dolor de su mano.

—Déjame ver tu herida.

Abby extendió su mano hacia Tobías, aquel cortó un poco de su remera y le envolvió la mano.

—Cuando regresemos al cuarto te limpiaré la herida. ¿Duele mucho?

Abby negó con la cabeza, a pesar de que las puntadas eran muy fuertes, pero prefirió ignorarlas. Continuaron descendiendo, las escaleras se hacían cada vez más angostas. Una vez que llegaron se miraron incrédulos.

—¿Qué es todo esto? —. Preguntó atónito Tobías.

—Al parecer, mamá tenía muchos secretos —. Comentó en un suave susurro, mirando un gran árbol genealógico de su familia, colgando en una de las paredes de la pequeña, oscura y húmeda habitación.

El cuarto estaba oculto tras tres pisos — calculaban que debían hallarse en algún rincón del sótano —, contenía una mesa para preparar pociones y una ballesta.

Abby tomó el frasco con un líquido rosado en su interior, era similar al que había encontrado en las manos de su madre.

—De algo estoy seguro —comentó preocupado Tobías, luego de aclararse la garganta para atraer la atención de Abby —, no sabemos qué sucede con exactitud. Aquello que nos contaron parece ser sacado de un libro. Debemos ir por Angie y salvarla.

—Sí, pero no sé a qué poder oscuro nos enfrentamos. Tomaré un par de estas pociones y me arriesgaré a usarlas.

Tobías tomó la ballesta y se la colgó. Abby lo vio por el rabillo del ojo, nunca lo había visto tan atractivo como en ese momento. Sus mejillas adoptaron un color carmesí, e cual Tobías notó y sonrió tímidamente. Abby desvió su mirada avergonzada al darse cuenta de que él lo había notado.

—Recogiste algo allá arriba. ¿Qué era?

Tobías casi lo olvidaba. Había guardado el papel en el bolsillo cuando había vendado la mano de ella. Lo tomó y lo desplegó sobre la mesa que había en el medio del cuarto.

"En la hora muerta yo los convoco,

poderes de luz y oscuridad.

Traigan al demonio Ammón

al claro del bosque.

Sin consecuencias me reuniré

en las penumbras de la oscuridad"

Tobías lo leyó en voz alta. Frunció el ceño y miró con desconcierto a Abby.

—¿Mamá era bruja o guardiana?

—Axel dijo que los guardianes son seres mágicos —concluyó.

—De acuerdo. Pero nunca he desarrollado poderes mágicos o algo parecido —. Mencionó en tono burlesco.

Tobías permaneció pensativo, mientras Abby observaba detenidamente los artefactos que había en un aparador.

—Nunca supiste cómo desapareció el hombre o cosa que perseguía a tu madre.

—Ammón... —. Susurró casi inaudible, dándose cuenta de que era verdad —. Pero yo no hice nada, sólo cerré mis ojos. Eso fue un acto de cobardía, no de brujería.

Una idea asaltó a Tobías, era arriesgada, pero necesaria. Tomó con fuerza la ballesta y apuntó a su amiga.

—¿Qué haces? —. Creyó que su amigo estaba perdiendo la razón y levantó sus manos intentando protegerse.

—Confía en mí —. Susurró dulcemente.

Disparó la ballesta con cierto temor. Abby cubrió su rostro en un acto reflejo. El talismán brilló y como si de un escudo invisible se tratase, la flecha fue desviada, clavándose en uno de los muros.

—Eso lo explica todo.

—¿Arriesgaste mi vida por una teoría?

—¿Funcionó, no? Me dejaste hacerlo, eso significa que confías en mí. A mi entender, tu madre te obsequió el talismán para protegerte.

—¿Qué hay de Angie? A ella no le dio uno, aún sabiendo que estábamos en peligro.

—Tal vez confió en que la protegerías.

—Pero se equivocó —. Se sentó abatida en el segundo escalón. Se sentía inútil al no saber a qué iba todo eso de poderes mágicos, ángeles, guardianes y demonios.

—Encontraremos a tu hermana. Tenemos un gran recorrido hasta el bosque. Creo que llegaremos a media noche, justo para invocarlo —. Tomó unas velas blancas, según lo que había visto en las películas, eran necesarias.

Extendió su mano invitándola a continuar. Ella suspiró y tomó la mano de Tobías. Lo admiraba, era valiente aún cuando sabía que se enfrentaban a poderes que iban mucho más allá de su entendimiento y de cualquier lógica.

No alcanzaron a pisar el quinto escalón, que una débil voz los detuvo.

—Abby...

#13

CAPÍTULO 11.
Voltearon de inmediato. Recordaban haber estado solos allí. Pero Abby reconoció aquella dulce voz, invadida por un gran pavor y desconcierto.
—¿Angie? ¿Cómo… es posible? —titubeó atónita.
—No cuento de mucho tiempo. Estoy asustada.
—Iremos por ti, estamos averiguando dónde estás, y tratando de comprender lo que pasa —comentó Tobías ante la notable mudez de Abby.
—Un chico, con mirada aterradora, me llevó a un lugar que desconozco. Fue de un momento para otro. ¿Abby, qué pasa?
Ella intentó tocar a su hermana, pero sólo logró traspasarla.
—Proyección astral —musitó, comprendiendo que su hermana había descubierto inconscientemente su poder—. Escúchame, recorre el lugar donde te encuentras utilizando este poder, así podrás describírmelo y nosotros te buscaremos.
—Abby…
—Confía en mi instinto. Resiste, no te voy a abandonar-
Su hermana se desvaneció. Abby volteó a mirar a su amigo con ojos picarones. Tobías sonrió comprendiendo lo que pasaba por su mente.
—Descubriremos cuál es mi poder. Si mi hermana lo hizo sin saber todo lo que sabemos, yo podré.
Subieron motivados, dispuestos a dar todo de ello para acabar pronto con todo.
Faltaba poco para la medianoche. Ellos corrían a gran velocidad en dirección al bosque. La adrenalina recorría sus cuerpos, podían sentirse libres y salvajes, a la vez que temerosos y prisioneros del mal. No sabían cómo vencer a Ammón y recuperar a Angie —si es que él sabía dónde estaba—, pero lo harían.
Se internaron en el bosque buscando un lugar donde la luz de la luna lo traspasara. Tobías lo divisó a lo lejos y se lo señaló a Abby. Avanzaron un poco más tranquilos, precavidos ante la idea de que seres del inframundo podrían estar vagando en sigilo en busca de futuras presas.
Una melodiosa voz que se presentaba como un arrullo, cautivó a Tobías. Parecía ser el único que la escuchaba. Se detuvo sin previo aviso, tratando de encontrar el lugar proveniente de tan bella voz. Abby notó que estaba avanzando sola y volteó a mirarlo.
—¿Tobías? —. No entendía qué estaba pasando. Caminó hasta él y posó su mano sobre su hombro para atrapar su atención —. ¿Qué sucede?
Él parecía estar absorto, ajeno a su presencia. Abby notó que su amuleto brillaba tenuemente, eso significaba que estaba en peligro.
—Algo no anda bien. ¿Tobías?
Se paró frente a él en un intento de captar su atención. Con sus manos tomó con fuerza su rostro y pronunció su nombre.
—Tobías, mírame. ¿Qué sucede? —repetía incansablemente.
Él la apartó dándole un leve empujón y comenzó a avanzar. Una bella mujer aparecía con un vestido blanco que resaltaba sus atributos femeninos. Extendió su mano invitándolo a seguirla. Tobías no podía negarse a tal belleza, a sus curvas atractivas, a su sensualidad, a su encanto.
Abby la miró y supo que no era cualquier mujer. ¿Pero qué podía hacer para sacar a su amigo de tal poderoso encantamiento? Se escondió tras un árbol buscando en el libro quién era ella aquella fémina.
De inmediato la identificó casi al final del libro, donde se encontraba todo lo relacionado a criaturas femeninas del inframundo. Se trataba de “Abrahel, la reina de los súcubos. Se dedicaba especialmente a seducir hombres, adoptando la forma de una mujer bellísima que los cautiva de inmediato. Acto seguido, dispone de ellos a su antojo, llevándolos a cometer verdaderas locuras para saciar sus caprichos”.
Tras leer aquellas líneas, sintió que su corazón se estrujaba dentro de su pecho. Asaltada por la angustia, guardó su libro con prisa y salió dispuesta a hacer lo que fuese necesario por salvar a Tobías.
Quería tomar la ballesta y atravesarla. Llamó su atención y fue entonces que notó que era Tobías el que la portaba. Se puso algo nerviosa ante su mirada penetrante y desafiante, fría y cruel, carente de cualquier emoción.
Tobías se encontraba besando el cuello de Abrahel, como un amante desenfrenado.
—Deja libre de tus encantos a mi amigo y te perdonaré la vida —intentó sonar como un contrincante poderoso, pero Abrahel no se inmutó.
Tomó de la mano al joven, conduciéndolo sensualmente por el bosque. Abby no se daría por vencida. Pese a que quedaban diez minutos para la medianoche, corrió tras Abrahel y saltó sobre ella, rodando ambas por el suelo.
Abby estaba arriba de la vampir y ejerció presión en el pecho de la misma. No contaba con una estaca, por lo que debía ingeniárselas.
—¿Eres nueva en esto, eh?
—No creas que mi juventud no me lleva a tener experiencia matando a los de tu tipo —mintió, tratando de ser ruda.
—Vamos, no eres cazadora. Él lo parece.
Abby enmudeció, no sabía qué responderle. Abrahel comenzó a reír sarcásticamente. La lanzó al otro lado, haciéndola golpear fuertemente contra el grueso tronco de un viejo árbol.
—Ella intenta lastimarme —susurró al oído de Tobías.
Aquel tomó la ballesta y se preparó para dispararle a la chica que una vez fue su amiga. Abby le rogó que no lo hiciera, pero al darse cuenta de que sus palabras no tenían ningún efecto en él, se levantó y echó a correr.
Sabía que tenía mayor posibilidad de que su talismán la protegiese, peor no quería correr riesgos inútiles. Avanzó sin mirar atrás, lamentándose por no poder ayudar a Tobías. Sólo rogaba no fracasar al momento de salvar a su hermana.

#14

CAPÍTULO 12.
—Te va a atrapar —una voz burlona resobaba incesantemente por la inmensidad del bosque.

Abby se adentraba cada vez más, acosada por la idea de que todos sus seres queridos morían por su culpa. Aquella voz tenebrosa que se reía a costa de sus miedos le hacía pensar que no era lo suficientemente poderosa como los guardianes pensaban.

Su madre estaba muerta, su hermana prisionera de los entes demoníacos y Tobías había caído bajo el embrujo de una vámpir. Aquello era suficiente para Agramon, aprovechándose de la mala racha de la joven para hacerla sucumbir en el miedo hasta que muriese indefensa y sola.

Tropezó con una gruesa raíz embarrando su cuerpo por completo. Estaba servida en bandeja de plata para cualquier demonio. Empapada por sus lágrimas, susurraba casi inaudible una canción que su made le había enseñado cuando era niña, pero no la recordaba con exactitud y eso causaba más odio hacia ella misma.

Se arrastró como un reptil por el barro. Se agarró del tronco de un árbol y se sentó, suspirando en un intento por calmar su ansiedad y pánico. El crujir de las ramas secas hacía eco a su alrededor. No podía distinguir de dónde provenía, pero de lo único que estaba segura era de que se trataba de Tobías, quien aún intentaba cazarla.

—Todo es tu culpa —una voz que antes era cálida, sonaba llena de resentimiento y odio hacia la joven.

A pocos metros su madre aparecía para atormentarla y hacerla sentir más culpable de lo que se sentía.

—No, tú no estás aquí. Estabas muerta, yo vi tu cadáver en el callejón —sollozaba intentando reunir más aire para poder hablar.

—No lograste salvarme —su hermana aparecía por su lado derecho. Estaba con una soga en su cuello y con heridas que asemejaban quemaduras.

—No, no, no. ¡Angie! —vociferaba retorciéndose en su lugar, golpeando sus piernas para descargar su frustración.

Agramon observaba desde la oscuridad, divirtiéndose con la escena que se desarrollaba. La joven en cualquier momento se quitaría la vida y él absorbería su poder y su alma.

Por el lado izquierdo, Tobías aparecía. Dos orificios en la base de la nuca y sus ojos rojos indicaban que había sido convertido por Abrahel para cumplir sus caprichos. Ella era su único objetivo y no pararía hasta que la vida de Abby se escurriera en sus manos.

Abby cerró sus ojos abatida por la angustia de no ser quien todos esperaba que fuera. Un dolor punzante en su abdomen provocó un desgarrado grito en ella. El talismán había perdido su poder de protección a causa de la realidad paralela que vivía.

Llevó sus manos a su herida. Temblaba ante la idea de abandonar el mundo para siempre. Miró a su amigo, era irreconocible, ya no lo podía salvar. Estaba apuntándola nuevamente. Se puso de pie, juntando fuerzas en su interior para enfrentarlo. Una segunda flecha fue lanzada y clavada en la pierna derecha de la joven derrumbándola, obligándola a caer de rodillas.

—Tobías, no lo hagas. Soy Abby, tu amiga de toda la vida —suplicaba inútilmente. Miró a su alrededor, su madre y hermana se acercaban amenazantes.

Cerró sus ojos. Una dulce voz intentó calmarla: “Corre, hija mía”, su madre verdadera intentaba guiarla y sacarla del estado que Agramon había provocado en su subconsciente.

Su talismán brilló fulgoroso, encegueciendo a Tobías. Las apariciones producto de su miedo se desvanecieron. Abby cortó la flecha y se puso de pie.

Tobías intentó avanzar hacia ella, pese a estar enceguecido momentáneamente.

—¡Déjame! —gritó con furia la joven, extendiendo sus manos para indicarle que se detuviese.

Tobías salió expulsado por los aires, golpeando contra un árbol y cayendo inconsciente. Acababa de descubrir su poder.

A Agramon no le causó gracia que su víctima saliese de su estado de pánico. Llamó a aquellas criaturas del infierno que se encontraban en el bosque.

Ammón fue el primero en aparecer, tenía gran interés en ella. De inmediato la reconoció. Dejó su aspecto de cuervo, adoptando su aspecto de lobo negro y avanzó impetuoso. Agramon colaboró reproduciendo en la mente de la joven a varios lobos negros dispuestos a atacarla. Así no sabría cuál era el verdadero demonio.

—¡Maldición! —musitó y acto seguido echó a correr.

Otra vez la adrenalina se fusionaba con el miedo, y aunque las lágrimas continuaban cayendo haciendo su visión borrosa, no se detuvo por nada.

La espesura del bosque no le dejaba avanzar tan fácilmente. Sentía que cada vez le costaba respirar más. Mal herida, cansada, embarrada no era lo que ella había imaginado al momento de decidir salvar a su hermana. Y ahora sin Tobías, se sentía completamente sola y a merced del mal. Deseaba que Axel supiese de algún modo que ella estaba al filo de la muerte.

Miró hacia atrás para ver si aún Ammón la perseguía, pero antes de averiguarlo, una raíz de un viejo árbol entorpeció su camino haciéndola rodar, cayendo a un pozo con el cual no contaba. Golpeó fuertemente su cabeza desmayándose de inmediato.

#15

CAPÍTULO 13

Abrió sus ojos con dificultad. La cabeza le latía constantemente. Llevó su mano hacia la zona que le punzaba y tocó sangre seca. Se preguntaba cuántas ramas más entorpecerían su recorrido, pero luego recordó que había caído a un pozo. Miró hacia el lugar por donde había ingresado y para su sorpresa estaba cerrado.
—Debo buscar otro modo de salir —trató de convencerse.
Revisó sus heridas, no se veían para nada bien. De seguro comenzaban a infectarse. Sacudió su cabeza como alejando todo pensamiento ajeno a su misión principal.
Caminó con cuidado, no sabía a dónde la llevaría aquel sendero, al parecer abandonado. Ya no sabía qué esperar, sólo se convenció de que debía ser más precavida. Al final se encontró con una gran cueva conectada a seis pasillos más.
—¡Genial! —comentó, siendo respondida por su mismo eco.
Se sentó un segundo y tomó el libro para buscar las respuestas para ver qué había causado tantas alucinaciones.
—Agramon —susurró y cerró el libro con violencia—. ¿No pudiste prepararme para esto, mamá?
Escondió su cabeza entre sus piernas intentando calmarse. Cerró sus ojos y recordó cuando era niña, siempre jugaba con Tobías a casarse. Una parte de ella deseaba que hubiese sido así.
Suspiró, se levantó y miró los seis senderos que se dividían a su alrededor. Avanzó por el que estaba enfrente. Sentía cómo descendía. Pensó que tal vez estaba de camino al inframundo. Quizá había caído en un portal o algo similar.
Cuando terminó su recorrido tuvo que refregar sus ojos para corroborar que lo que miraba no era producto de su imaginación. Un cielo rojizo, vapores que emanaban desde las profundidades de la tierra, criaturas demoníacas por doquier, caminos de espinas y ríos de lava componían aquel extraño mundo al que había ido a parar.
—Todo sea por ti, hermanita —se alentó.
Buscó ocultarse tras una roca para ver qué camino tomar. Si había caído al infierno, ¿por qué Ammón o Agramon o cualquier otro demonio no la había tomado como prisionera?
Notó que todos los demonios iban hacia la misma dirección: un antiguo edificio, similar a una Iglesia. Le recordó a la que había ido la noche anterior cuando comenzó todo, la diferencia era que ésta estaba deteriorada y su aspecto era más oscuro.
Abby salió de su escondite y avanzó con sigilo. Los demonios parecían no percatarse de su presencia. No tenía ningún plan ideado en el caso de que la notara, confiaría plenamente en su talismán, el cual cubrió para que su brillo no atrajera la atención temprana de los enemigos.
A pocos metros de la Iglesia Oscura —como la había nombrado—, se escondió tras unas pilastras en ruinas. Observó cómo continuaban apareciendo más demonios y legiones de soldados al servicio del mal. Eran muchos para una sola persona, pero tal vez —al estar todos allí— podría aprovechar y rescatar a su hermana, quien de seguro estaría encerrada en algún lugar del averno.
Ya quedaban pocos demonios fuera de la Iglesia Oscura y Abby se aventuró a salir de su escondite. Tuvo curiosidad de saber qué acontecimiento había llevado a tal reunión.
—¿Perdida? —una voz masculina congeló su respiración.
No debía entrar en pánico, tenía que actuar con inteligencia. Volteó a mirar y no esperaba ver a tan atractivo caballero. Su corazón se aceleró con tan sólo cruzar miradas con él.
—Soy nueva —fue lo único que se le ocurrió. Al ver que el caballero, que portaba un cetro, enarcó una ceja algo incrédulo a la respuesta que había dado; supo que debía decir algo más —. Descendiente de Lilita, aún no he sido oficializada. Ya sabes, no he probado aún el dulce néctar que fluye de los humanos.
—Deberás hacerlo pronto o no vivirás por mucho tiempo. La primera ingesta es primordial.
Comenzaron a avanzar hacia el edificio deteriorado a paso lento.
—Lo sé, pero nos hicieron acudir de inmediato y dejé a mi presa inconsciente en el bosque. Espero no demorar tanto, estoy algo hambrienta —se arriesgó a decir. Deseaba que le creyera, pues nunca había sido buena mintiendo.
—¿Y esas heridas? —preguntó observándolas.
Abby debía penar algo rápido, caso contrario la descubriría. Entonces recordó algo que dijo Abrahel respecto a Tobías.
—Un cazador.
—¿Él es tu “presa”? —. Abby movió la cabeza afirmativamente—. Muy valiente para ser tu primera ingesta.
—¿Qué puedo decir? Soy impulsiva.
Él rió. Se detuvieron en las puertas de la Iglesia Oscura.
—No me he presentado, Abigor —estrechó su mano, esperando el nombre de la joven.
—Abby… Lith… Abbylith es mi nombre —rió nerviosa. Estuvo a punto de arruinarlo todo.
Abigor extendió los brazos, indicándole a Abby que ingresara. Ella no podía negarse, sus planes habían cambiado en pocos segundos. Ingresó ignorando los peligros que ello ocasionaría en caso de que la descubriesen. Las puertas se cerraron tras ellos, provocando un sonido seco y ensordecedor.

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#16

CAPÍTULO 14

Abigor avanzó hasta el final, donde un cetro lo esperaba. Se sentaría junto a otros demonios de alto nivel. A medida que él avanzaba se producía un gran silencio y respeto.
“Ha de ser muy importante”, pensó Abby mientras se sentaba cerca de la puerta, tratando de ocultarse de la vista de todos. Estaba atónita ante lo que estaba viendo, era como estar atrapada dentro de un sueño que se tornaba real. Analizaba tofo a su alrededor, buscando alguna salida alterna en caso de que las cosas empeoraran. Prestaría atención en lo que sucedería, tal vez aquella reunión de emergencia le daría la información necesaria para salvar a Angie.
Dos hombres encapuchados aparecieron envueltos en llamas frente a los demonios de alto nivel. Abby supuso que uno era Lucifer, pero con respecto a su compañero, no estaba tan segura.
—El alto poder ha sido activado —comenzó diciendo uno de los encapuchados—. Si logramos obtenerlo y convertirlo al mal, pronto estaremos dominando las tierras humanas, doblegando a los guardianes y alcanzando el cielo.
—¿Y han logrado localizarlo? —Abigor enarcó una ceja, un tanto incrédulo a lo que estaba escuchando.
—Sí. Teníamos uno de los mejores soldados tras una pista sólida. Como sabíamos que a Ammón no le sería fácil obtener lo que hemos estado buscando por mucho tiempo, le encargamos la misión al chico búho.
Abigor rió ante la idea de que un demonio de tan bajo nivel, como un soldado, fuese quien diera con el máximo poder.
Abby comprendió en ese momento de que nunca se trató de ella, siempre fue acerca de su hermana. Eso significaba que estaba predestinada a proteger a Angie y salvarla de caer en la oscuridad a la cual los demonios intentarían llevarla. Por ese momento, Abby se encontraba en calma, pensando más fríamente en qué paso dar.
—Y aquí está mi cosecha.
Aparecía en escena un joven esbelto, pálido y poseedor de una gran belleza. Aquel joven de capucha negra tenía un rostro que le resultó familiar a Abby. Su mirada carente de afecto y calidez, sus palabras duras y sin emoción alguna. Ella ya había visto a ese joven antes, y como en ese entonces, sintió que su corazón se helaba ante su presencia. Su rostro había adoptado una expresión de pavor.
—Para aquellos que me catalogan como el eslabón débil de la cadena, les presento al máximo poder.
Una jaula grande aparecía de la nada envuelta en llamas y levitaba a unos metros del suelo. Murmuros comenzaban a resonaren esa antigua catedral, mientras el joven sonreía complacido por ser él quien había capturado al máximo poder.
Dentro de la jaula, Angie estaba sentada. Aterrada y empapada de lágrimas, se aferró a los barrotes y acercó su rostro para observarlos más detenidamente. Esperaba ver a su hermana y ser rescatada.
Y al final de la catedral, Abby tapaba su boca para ahogar sus gritos de desesperación. Al borde del llanto, sentía cómo su corazón era apretado por las emociones que la embargaban. Era como si unas manos invisibles le estrujaran el corazón hasta hacerlo añicos.
Su mirada se desvió hacia el grupo de los vampiros, quienes estaban frenéticos ante el aroma humano. Agradecía que su hermana estuviera dentro de una jaula, de ese modo no podrían herirla. Pero ella…
—Hay mucho olor a humano aquí dentro —expuso uno de ellos, desviando su mirada hacia donde estaba Abby.
Ella se puso de pie de inmediato, su plan no era ser la cena de hambrientos chupa sangre. Abigor la observaba incrédulo por haberle creído cada una de sus mentiras.
Todo se volvió un caos en ese momento. Mientras Abby pensaba en cómo sacar a su hermana pronto de esa jaula, el demonio que la había atrapado ya había desaparecido junto a ella. Supo en ese momento que debía preocuparse por escapar con vida de allí.
Miró hacia arriba y notó que un gran agujero en el techo era su posible vía de escape. Echó a correr sin importar los obstáculos que había en su camino. Pronto notó que saltaba de pared en pared, una habilidad que ignoraba por completo. Así llegó a la cúpula y salió de aquel lugar. Miró hacia atrás, los encapuchados habían desaparecido y los demonios estaban alcanzándola, aunque pudo notar que eran minoría. ¿A dónde había ido el resto?
Volteó para continuar con su escape, pero se encontró con una gran legión de demonios y vampiros. Ammón parecía ser quien los lideraba, ya que todos estaban tras él como esperando a que diera la orden de atacar.
En milésimas de segundos, Ammón extendió su mano y las ondas empujaron fuertemente a Abby hacia el interior de la catedral.
Mientras caía sólo podía pensar en qué había salido mal en su vida, porqué su padre no hacía nada para salvarlas. Una lágrima se deslizó por su rostro. Sentía que caía lentamente hacia las garras del enemigo. Pero algo detuvo su caída.

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#17

CAPÍTULO 15

Sus ojos se encontraban con el bello rostro de Abigor. Él había saltado para atraparla en sus musculosos brazos, cayendo sobre un monstruo al cual montaba con elegancia. Hizo aparecer su cetro de la nada y mientras aún cabalgaban, éste se iluminó, abriendo un portal que los llevó directo al bosque.
En cuanto llegaron, bajaron del monstruo. Abby estaba enfurecida por estar nuevamente en el oscuro bosque y no tardó en hacérselo saber.
—¿Estás loco? Necesito volver por mi hermana.
—¿Olvidas que hablas con un demonio que está interesado en obtener el máximo poder?
—No me interesa lo que deseas. Puedo acabar contigo y con todos ellos
Abigor la miró con un gesto burlesco, sonriendo con soberbia.
—¿Una bruja que recién descubre lo que es y que no tiene idea de qué hacer? Ah, si, inspiras mucho miedo en tus enemigos que casi te devoran.
Por más que aquel comentario la irritó, él estaba en lo cierto. Dio unos pasos alejándose en completo silencio y tragando su rabia. Apretaba con fuerza sus puños y su cuerpo estaba rígido.
Abigor simplemente la observaba esperando a que dijera sus últimas palabras, como solía hacerlo su madre en vida.
—Buscaré el modo de volver al inframundo y salvar a Angie —volteó a mirarlo, demostrando que ella era la que tenía la última palabra.
Pero al notar que Abigor la observaba con una mirada traviesa y una mueca que creyó era una sonrisa. Se detuvo y regresó.
—¿Qué sucede? —indagó.
—Nada, sólo que era igual a tu madre.
—¿Conociste a mi madre?
—Algo así —musitó mientras acariciaba a su monstruo que reposaba a la espera de una nueva orden de su amo —. Si tanto quieres regresar al infierno, abriré las puertas para ti. Pero no te aseguro que no estén esperando por ti, aunque trataré de llevarte a un lugar donde no te encuentren tan fácilmente.
—¿Cómo confiar en un demonio?
—Salvé tu vida, ¿no?
Se quedó sin palabras. Hizo un gesto soberbio ante la respuesta de Abigor. Se sentía tensa, no podía confiar en él, pese a que había sido su caballero montando una bestia para rescatarla. Bajó la guardia, no supo porqué quiso que la guiara.
—Sabes que en algún momento aprenderé a usar mis poderes y de seguro tendré que matarte.
—Después de que te ayude a regresar al inframundo sin ser detectada, me deberás un favor.
—Ay, por favor. ¿Acaso los demonios no saben hacer otra cosa que no sea pactar con brujas?
—Y la manzana no cae tan lejos del árbol. Admítelo, me necesitas en este momento, soy tu llave de acceso. ¿Qué dices?
—De acuerdo.
Aceptó de mala gana y montaron a la bestia. Si bien aún no estaba del todo segura de lo que acababa de aceptar, le urgía salvar a su hermana.

—Y las brujas nunca aprenderán de los errores que comenten sus antecesoras.
Amó tener la última palabra antes de partir a las entrañas del inframundo. Abby golpeó delicadamente a Abigor a modo de reclamo por lo que acababa de decir. Él simplemente hizo media sonrisa.
Una vez que llegaron, ocultándose en la cueva que habitaba Abigor, Abby tomó su libro del bolso y comenzó a ojearlo. Se paralizó al leer las líneas referentes a su salvador. Aquel la observaba por el rabillo del ojo.
—Espero que ese apartado le haga justicia a mi nombre.
—¿No pudo salvarme alguien de bajo rango? ¿Qué quieres de mí? Digo, ¿por qué me ayudas?
—Asuntos de poder, mi querida Abby —su cetro volvía a aparecer envuelto en polvo negro que se desvaneció de inmediato, sin dejar residuo alguno—. Verás, como demonio no me gusta que venga un ángel caído a mandar como si fuera el mismo Lucifer.
—¿A qué te refieres? —Abby cerraba el libro y caminaba hacia él mostrando un gran interés en lo que decía.
—Eso lo averiguarás por tu cuenta.
—¿Y es ahí cuando te cobrarás el favor? —preguntó con suspicacia.
—Veremos.
Un silencio se produjo. El aire era tenso y ambos se sentías por demás incómodos. Abby permaneció pensativa, una rima comenzaba a tomar mayor sentido en su mente. Miró con suspicacia a Abigor, necesitaba dónde plasmar aquellos versos, pero de seguro un demonio no utilizaría la escritura como medio de comunicación.
—Si tan sólo tuviera pluma y papel —musitó y de inmediato aparecieron junto al libro, envueltos en un tenue halo brillante.
—Increíble —la admiró.
Lo observó por el rabillo del ojo e hizo una mueca de satisfacción. Empezaba a sentirse más segura de sí misma y confiaba en la magia que llevaba en su interior. Meditó por un rato cómo usar las palabras correctas, era nueva en esto y sabía que cometería muchas equivocaciones hasta aprender el uso correcto de los hechizos, mientras correría los riesgos que fuesen necesarios.
—Siempre he sentido curiosidad por lo que dice el grimorio de mí. Ese libro que parece contener todos los secretos del inframundo.
—El grimorio jamás estará en tus manos. Ahora… ¿puedes dejar que me concentre en esto?
Abigor enarcó una ceja y silbó dando media vuelta para dejar de molestarla. No supo porqué lo hizo, pues tenía la oportunidad de matar a una bruja y en cambio la ayudaba ocultándola en su cueva.

“Camino oculto tras las tinieblas
Ilumínate para mí.
Llévame hasta donde pueda hallar
Mi sangre en otro cuerpo brotar.”

“Presente ante mis ojos,
Oculto para los demás.
Un sendero que me lleve a la libertad.”

Abby releyó sus versos una y otra vez. No estaba segura de si lo estaba haciendo bien o mal. Pero decidió confiar en su inexperiencia y dejarse llevar por los instintos de su corazón.
Miró de reojo a Abigor y sonrió. Aquel miraba hacia la entrada de la cueva acariciando su cetro. Por un momento le pareció que la serpiente que lo decoraba volteaba a verla, sacando su venenosa lengua a modo de amenaza. Asustada clavó su mirada en el conjuro que había hecho. Sabía que necesitaría de un caldero y algunas especias, además de velas, para comenzar con el ritual. Se dirigió hacia una pequeña despensa que había en un costado y buscó algo que le resultara útil.
—¿Qué buscas?
La voz ronca de Abigor la sobresaltó y fue inevitable que algunas de las botellas cayeran al piso. Se puso tan nerviosa ante la mirada intimidante de él, que sentía cómo sus mejillas ardían a medida que él se acercaba, esperando por su respuesta.
—Es que supongo que necesito de un ritual para poder hacer funcionar mi hechizo.
—¿Y por qué crees que yo tendré lo que necesitas?
Enmudeció. Simplemente no lo sabía y se había arriesgado a buscar lo que necesitaba. Pero no sabía qué responderle. Mordió su labio inferior a falta de palabras y desvió su mirada hacia su libro.
—No siempre necesitas de un ritual.
—¿Qué sabes tú de hechizos?
—Llevo más años que tú en esto.
Era cierto. No supo porqué confió en lo que le decía, por lo que tomó sus cosas y se preparó para continuar.
—Necesitarás ser invisible en este lugar. Si te encuentras con Firiel en el camino, dile que vas de mi parte. Él re ayudará.
—No necesito deberle más favores a demonios.
—No lo harás. Dile que vas de mi parte, me debe un par de favores.
Abby asintió sólo para hacerle creer a Abigor que estaba de acuerdo. Las pocas líneas resaltadas del grimorio acerca de él y su protección hacia militares y guerrilleros, le fueron suficientes par saber que no podía confiar del todo en él. Sí estaba agradecida de que la salvara, pero eso no los convertiría en aliados.
Se ocultó tras un mural de espinas una vez que abandonó la cueva. Buscó en su mochila el cuaderno donde había escrito el hechizo, arrancó la hoja y la tomó con fuerza, juntando valor para leerlo en voz alta.
Palabra tras palabra salía de su boca. El suelo comenzaba a temblar bajo sus pies, siendo ella la única que lo percibía. Haces de luces emergían del centro de la tierra, dibujando un camino que se perdía en el horizonte. Sonrió complacida de que funcionara. Dobló el papel y lo guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta. Luego avanzó hacia aquel camino incierto que la llevaría hasta su hermana y posterior huída. Comenzaba a disfrutar de lo que hacía.
Ocultándose tras espinas o grandes rocas, Abby avanzaba de prisa siguiendo la luz que la guiaba. Rogaba no ser encontrada por ningún demonio, puesto que todos la estaban buscando.
De pronto todo se oscureció, dejándole ver sólo el camino a seguir. Sabía que era una trampa, ya que al no ver nada más que la luz que la guiaba, estaría a merced de los demonios. Decidió permanecer oculta, aferrada a su talismán, el cual brillaba con todo su esplendor. Lo escondió tras su ropa para que el brillo no la delatara.
Trató de contener su respiración agitada. Desde niña la oscuridad la inquietaba y ahora entendía los porqués. Su madre siempre le había hecho creer que los rostros que veía en la penumbra eran producto de su imaginación.
Un grito agudo la obligó a tapar sus oídos. Parecía que sus tímpanos se romperían. La habían descubierto. Intentó recordar algunos de los demonios que aparecían en el grimorio y recordó a las Banshiees. No había alcanzado a leer casi nada de ellas, salvo que presagiaban una muerte.
Todo a su alrededor comenzó a desvanecerse e imágenes se fueron formando lentamente como piezas de puzzle. Se vio a sí misma corriendo tras los cuervos, ingresando al callejón donde halló a su madre muerta. Las cosas se sucedían en cámara lenta. Miró con mayor detenimiento a los cuervos, quienes adoptaban una forma más “humana”. Mujeres gritando.
Féminas pálidas y con larga cabellera volando cerca de ella. Alimentándose de su dolor por la pérdida de Antonella, su madre. Si tan sólo siempre hubiese sabido de sus dones y a lo que se enfrentaría, estaría más preparada para leer las señales.

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#18

Las piezas del puzzle se desvanecieron rápidamente con un segundo grito de las Banshees. Cuando salió de su trance, notó un cansancio contra el cual intentó luchar. Fue cayendo al piso con lentitud mientras se apoyaba en la roca tras la cual se ocultaba, para poder permanecer de pie. Pero cayó. Todo giraba a su alrededor. La oscuridad se fue de a poco, dando lugar al cielo rojizo característico del inframundo y gases verdosos por doquier.
Un rostro apareció de la nada. Una lengua bífida salió de su rostro y se adentró en la boca de ella, haciéndola caer en un sueño profundo.

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#19

CAPÍTULO 16


Abby se encontraba corriendo en un laberinto de espinas. El eco de la voz de su hermana aclamando por su ayuda le helaba la sangre.
—¡Angie! ¡Angie! —gritaba casi sin fuerzas hasta perder su voz.
Delante de ella el camino se cerró. No había dónde ir, salvo que volviera sobre sus pasos y buscara otro sendero. Por un momento se paralizó. Su corazón latía desbocado provocando aturdimiento en la joven. Sus manos sudaban y no podía evitar estremecerse ante el pánico que le causó su parálisis. Intentó recordar la canción que su madre le cantaba cada vez que era presa de una pesadilla.
Se sintió envuelta por la calidez de los recuerdos que la envolvían. Ella acostada en su cama rosa y su madre acariciándole sus rulos. La luz del velador encendida para dar lugar a la calma y apartar la oscuridad.

“Pequeña luz has de guiar
mis pasos hacia la paz.
Mi inquieto corazón calma,
que está perturbado por la oscuridad.”

“No hay seres del más allá
que me puedan tocar.
Escondida tras la invisibilidad
jamás me han de encontrar.”

Y así, Abby recordaba cuando su madre ayudaba a calmarla cada noche en que temía que algo malo la atacara desde la oscuridad. Pero era ahora que comprendía que no se trataba de una simple canción para ahuyentar sus miedos, se trataba de un conjuro para ocultarla de los demonios.
Poco a poco los versos fueron tomando mayor fluidez, sonando con mayor fuerza entre sus labios. De ese modo alejó sus miedos y se animó a avanzar por los senderos envueltos de espina.
Minutos después lograba salir de allí y se encontraba en una plaza. Los demonios parecían celebrar alguna ocasión muy importante para ellos.
Envuelta en una brillante luz y con un vestido blanco, su madre se abría paso desde la multitud. Lo curioso era que solo ella podía verla.
—Cacería de brujas —musitó su madre desviando su mirada hacia los inquietos demonios.
—¿Cómo? —preguntó Abby sin comprender.
—De eso se ha tratado siempre. Ellos han caminado entre los humanos señalando nuestros actos como simples pactos con Satán. Han implantado ideas falsas en las mentes de los humanos. Pero lo que los mortales nunca quisieron ver fue que en realidad los protegíamos de los seres del inframundo.
Ambas aguardaron en silencio para ver lo que sucedería a continuación. Una gran horca aparecía envuelta en llamas y espinas. Un hombre encapuchado arrastraba a una joven con pesadas cadenas. Desde donde estaba Abby no se podía ver el rostro de la muchacha, por lo que comenzó a abrirse paso por entre los demonios.
—En honor a Adramelech traemos este sacrificio. Sangre de bruja y de ángel, nada más exquisito para ofrecer a cambio de saber quién es el portador de un gran poder —anunciaba un arlequín con apariencia siniestra.
En ese momento el encapuchado encadenaba a la bruja que ofrecían como sacrificio y pasaba una cuerda por su cuello.
—Su muerte será lenta y dolorosa. En caso de que intente escapar, la cuerda la ahorcará —comentaba el arlequín riendo con gran sarcasmo mientras los demonios gritaban llenos de júbilo.
Con un movimiento de manos, el arlequín largó una llama a la hoguera y la joven comenzó a arder lentamente. El olor a carne quemándose era insoportable para Abby. Estaba próxima a la hoguera y fue entonces que pudo ver con mayor claridad el rostro de la bruja.
—¡Angie! —vociferó horrorizada. Las lágrimas se agolparon en sus ojos. Intentó llegar a ella, pero los demonios la jalaron y trataron de encadenarla.
Un gran halcón blanco apareció surcando los rojizos cielos y se lanzaba sobre los demonios para apartarlos de Abby. La joven lo montó y se alejaron de allí. A través de un agujero escaparon hacia el mundo de los mortales y descendieron en lo alto de una colina. El halcón pronto adoptaba forma humana, dejando ver el bello y angelical rostro de Antonella.
—¡Madre! —exclamaba Abby al tiempo que se lanzaba hacia los brazos de su madre buscando algún tipo de consuelo. Sollozaba intentando calmar su adolorido corazón.
—No cometas errores, mi niña. Vuelve al mundo mortal y busca ayuda.
—Pero ya estamos aquí —la corrigió mirando a su alrededor.
—No, cariño. Esto es un sueño. Has presenciado lo que sucederá. Sola no podrás, busca ayuda y no permitas que tu hermana se convierta en un sacrificio para la deidad a la que rinden culto.
—Pero… —reclamó sin poder continuar, pues su madre se desvanecía por completo.
Abby miró hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a salir y luego emprendió el descenso de la colina. Pero inesperadamente aparecieron unas manos de entre la tierra y la jalaron, obligándola a regresar al averno.

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#20

CAPÍTULO 17

Abby despertó sobresaltada por el extraño sueño que acababa de tener. Se apoyó sobre su codo en un intento de incorporarse y mirar dónde estaba. A penas recordaba lo último que había pasado.
Un golpe seco se escuchó a lo lejos. Curiosa se levantó y caminó tambaleante, aún se sentía aturdida por los gases que habían inducido su sueño. Sus piernas temblaron y le fue inevitable caer al suelo. Intentaba inútilmente enfocar su mirada.
Alguien la jaló y la levantó cargándola en su hombro. Intentó resistirse, pero no tenía fuerzas. Cayó sintiendo una gran pesadez en sus brazos, se sentía como si fuera un costal de papas.
Lo próximo que vio fue cómo se elevaba por los cielos, dejando atrás a un montón de demonios convertidos en cenizas y otros tantos inconscientes.
Un agujero se abrió y de un segundo para otro, se encontraba surcando los azules cielos del planeta Tierra. Su hogar.
Recordó su sueño y esperanzada de que fuera su madre quien la hubiese rescatado, intentó incorporarse para ver. Sus ojos se encontraron con la gran espalda de Abigor.
—¿Por qué? —susurró casi sin aliento.
Él la miró por el rabillo del ojo y continuó en silencio. Descendió lejos del bosque y la ayudó a bajar, cargándola hasta la sombra de un sauce.
—Llama a algún ángel para que venga por ti. No puedes volver sola al inframundo y esta vez hazme caso.
Abby notaba que él desviaba su mirada, no quería verla por alguna razón. Entonces su mente formuló una pregunta: “¿Por qué?”. Antes no parecía tener problema alguno en clavar sus fríos ojos en ella. ¿Qué había cambiado?
Pese a sentirse débil, tomó sus manos para evitar que se fuera.
—Abigor… —susurró.
—Debo irme —se excusó, intentando zafarse del agarre de la joven.
Ella lo jaló con fuerza, tomándolo desprevenido y haciéndolo caer a su lado. Sus miradas se cruzaron y pudo notar cierta calidez en sus ojos fríos.
—No sé porqué me ayudas, pero gracias.
Él no respondió. Intentó apartar su mirada, pero la joven tomó con fuerza el rostro de aquel demonio y se aproximó para depositar un beso en su mejilla a modo de agradecimiento. Notó que estaba incómodo ante la muestra de afecto. Abigor quiso levantarse e irse, pero una atracción irresistible que no pudo contener lo obligó a responder aquel acto de afecto, tomándola entre sus brazos y besándola. No supo porqué lo hizo, no se imaginó nunca en una situación así con una bruja.
Se apartó pocos centímetros y la observó. Las mejillas de Abby adoptaron un color rojizo, similar al cielo del inframundo. Ella sonrió tímidamente y bajó su mirada.
—Los demonios no aman, ¿verdad?
—No.
Abigor se levantó. Su corazón comenzaba a experimentar algo más que odio y frialdad. Eran sensaciones desconocidas y difíciles de explicar, pero que por alguna extraña razón sabía que debía escapar de ellas.
Montó su bestia y se alejó sin mirar atrás. Abby lo veía perderse en el horizonte, enmudecida por el latido ensordecedor de su corazón.
Se puso de pie. Ni siquiera pensó en llamar a algún ángel. Simplemente caminaría para poner en orden sus sentimientos. Al cabo de tres horas llegó a la mansión donde se refugiaban los seres mágicos. Supuso que algunos estarían enojados con ella por haberse marchado a escondidas, pero estaba dispuesta a aceptar cualquier reproche con tal de obtener ayuda para salvar a su hermana.
Avanzó por el gran recibidor. Parecían ignorar su presencia, aunque notó que más de uno la miraba por el rabillo del ojo. Podía escuchar el eco de sus pasos y su corazón latiendo desbocado ante sus temores.
Axel la interceptó y la apartó, escondiéndola tras una columna que se alzaba gruesa e imponente a un costado del salón.
—¿Acaso te volviste loca? —reprochó con justa causa.
—Sé que actué mal. Pero no me juzgues, no sabes por todo lo que he pasado y las emociones y miedos que me llevaron a querer rescatar a mi hermana por mi cuenta.
—Imprudencia es lo que te llevó a creerte la heroína de la historia —repuso sarcástico mientras apretaba con fuerza los brazos rígidos de la joven— ¿Crees que no sé por todo lo que has pasado? Te he seguido de cerca desde que eras una niña. Soy tu “Espíritu Guía”, es mi deber cuidarte y tú echaste todo a perder.
—Lo siento —musitó cabizbaja, avergonzada por la imprudencia de sus actos.
—Zoe está furiosa contigo —comentó apartándose de ella—. ¿Y tu amigo? —preguntó frunciendo el ceño al notar que había regresado sola.
—Él… él… —tartamudeó incapaz de decir lo que había sucedido.
—¡Aquí estás! —Pronunció una voz femenina con cierta mezcla de ironía y enojo, interrumpiendo la plática de los jóvenes—. ¿Tienes idea alguna de lo que has causado con tu aventura en el averno? —preguntaba fastidiada Zoe.
Abby se sintió como una niña de cinco años siendo reprendida por su madre. Se limitó a bajar su mirada, aceptando sumisa el reto de la mujer.
—Has causado un revuelo aquí, jovencita. No me quiero imaginar lo que ha provocado tu presencia allá abajo. ¿Y tu amigo? ¿Pusiste la vida de tu amigo en riesgo para volver con las manos vacías? Y para ser sincera, no esperaba a que salieras con vida del infierno.
—NI yo —musitó casi inaudible, mientras las lágrimas se acumulaban y se empujaban unas a otras para descender por la mejilla de la joven. Ahora podía medir las consecuencias de sus actos.
—Tranquila, Zoe —una voz pacífica aparecía desde el final del salón.
Una esbelta y bella mujer aparecía con su oscura y ondulada cabellera. Sus ojos profundos y negros eran poseedores de una gran furia como de una gran tranquilidad. Su vestido negro ceñido a su perfecto cuerpo y cayendo como cascada sobre sus piernas, acariciándolas con delicadeza. En su mano derecha un enorme anillo de color carmesí combinaba con su colgante de semejante color.
—¿Tía Layla? —preguntó atónita. Jamás la había visto tan bella como en esa ocasión.
—Claro, cariño.
Layla extendía sus brazos invitándola a acercarse. Abby no tardó en unirse a ella, sintiendo la calidez familiar que necesitaba desde que todo había comenzado.
—Dicen que un amigo tuyo estaba contigo. ¿Qué pasó?
—Abrahel —por fin pudo decir lo que había sucedido con él.
—¿Está muerto? —inquirió Layla con preocupación.
—Sólo lo transformó para matarme.
—¡¿Sólo lo transformó?! ¡No ves la gravedad del asunto! —vociferaba enojada Zoe, pero ante la mirada seria y fría de Layla, se calmó.
—Ya veremos cómo lo traeremos de regreso al bando de los nuestros.
—¿Matando a quien lo convirtió? —indagó Abby.
—Claro, cariño, pero todavía hay tiempo. Primero iremos por tu hermana.
Abby asintió confiando en ella más que en cualquier otra persona. Su tía no la juzgaba por sus actos desesperados, sino que buscaba una solución.

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#21

CAPÍTULO 18

Se preparaban para partir. La visión que había tenido Abby en sus sueños corroboraba que Angie aún estaba con vida, por lo menos hasta la noche, cuando la luna de sangre reclamara el sacrificio humano.
Layla había contado con poco tiempo para llenar de sabiduría la cabeza de Abby. Contaba con que su descendencia de sangre la guiara.
Antes del anochecer emprendieron su viaje hasta el bosque. El recorrido le resultó más rápido a Abby, pero aún con lo que había aprendido, su corazón bombeaba acelerado, tocando una molesta melodía de pánico.
Cuando estaban en el lugar más oscuro y espeso del bosque, Layla colocó unas velas dibujando un pentágono. Extendió sus manos y pronunció las siguientes palabras:

“Ignis Ignis,
Lux tenebris,
Lucernas accendunt illis”*

Acto seguido, las flameantes llamas danzaban a la espera de un conjuro.
—Tu turno —ordenó con seriedad Layla, clavando su mirada fría, pero a la vez cálida, a su sobrina.

“Oculta tras la invisibilidad
Libero la verdad
Para el camino al fin hallar.
Palabras desplegadas al viento han de volar
Para mi hermana poder encontrar.”

“Sangre de mi sangre me guiarás
Por el sendero de espinas del mal.
El pánico calmarás
Para así a mi hermana encontrar.”

Abby no sabía si lo había hecho bien o mal, pero pronto un sendero se iluminó bajo sus pies, llevándolas directo al averno. Layla y Zoe encabezaban el grupo, tras ellas Abby y Axel las seguían. Iban en completo silencio. Cada tanto Abby observaba por el rabillo del ojo a su ángel, notando que al verse descubierto observándola, desviaba su mirada.
Layla y Zoe se detuvieron abruptamente. Layla extendía sus brazos como señal de que permanecieran ocultos. Abby no pudo evitar ser invadida por un sentimiento de angustia. ¿Sería que algo había salido mal?
—¿Qué sucede? —preguntó abriéndose paso para poder ver con claridad el motivo que los llevaba a ocultarse.
—¿Ves a ese demonio? —comentó señalándolo—. Lidera una de las más grandes legiones del ejército de Satán.

* “Fuego al fuego, luz a la oscuridad, las velas se encenderán”.

Abby miraba a aquel ser con cierta admiración, ya que su belleza era inigualable.
—Abigor —susurró con voz entre cortada.
—¿Lo conoces? —inquirió Zoe.
Claro que lo conocía. No estaría viva de no ser por él. Pero el recuerdo más latente y vivido era aquel beso robado bajo el sauce. Sonrió torpemente al recordarlo, sabía que no era correcto que su corazón albergara sentimiento alguno hacia un demonio, pero aquellas emociones que él había despertado en ella eran puros y sinceros. Claro que era algo que no podía contar y tuco que borrar su sonrisa y adoptar una expresión más seria.
—Leí algo acerca de él en el grimorio —se apresuro a decir.
Axel la observó intuyendo que había algo más. Casi podía decirse que sabía que mentía, a pesar de que Layla y Zoe no se percataron de ello. Suerte para Abby, porque su tía se especializaba en leer mentes, entre otros tantos dones. Pero los ojos acusadores de Axel la estremecieron.
—¿Tu madre no alcanzó a decirte nada acerca del pasado?
—¿Qué mi padre nos dejó por su deber con los ángeles? Claro que no.
—Esa es la historia oficial que manejan los guardianes.
—¿A qué te refieres, tía? —preguntó sorprendida. Layla la miro con compasión y ladeo su cabeza.
—Será mejor que lo averigües por tu cuenta.
—Estoy cansada de ignorar los detalles importantes.
—Cariño, confía en mí. ¿Sí?
Abby blanqueó los ojos y prefirió ver qué hacía Abigor. Claro que trató de no revelar sus emociones ante su presencia, pese a que sus piernas temblaban y miles de mariposas revoloteaban en su estómago.
Le sorprendió ver que Abigor seguía el sendero iluminado para ellos, ese que los guiaría hasta Angie. Cuando el demonio despareció de su campo visual, avanzaron a paso apresurado.
—¿Y cuánto tiempo dura nuestro hechizo de invisibilidad? —inquirió Angie.
—Poco tiempo. Contamos con veinte minutos —respondió Layla despreocupada.
El camino las guió hasta un imponente castillo gótico que se elevaba al otro lado de un abismo oscuro, que de seguro corría lava ardiente por él.
Abby no se imaginaba cómo harían para llegar al otro extremo. No creyó posible que un simple hechizo las llevara directo al castillo.
—¿Y ahora? —se animó a preguntar, presa de su ignorancia.
—Para los demonios es sencillo cruzar, ellos se teletransportan. Pero para eso tenemos a nuestro “Guía Espiritual”. Axel, es tu turno.
El muchacho retrocedió unos pasos para desplegar sus cristalinos y centelleantes alas. Abby se sintió temerosa de que el brillo titilante de las alas llamaran la atención de los demonios, pero de inmediato descartó la idea ya que había conjurado un hechizo de invisibilidad más uno rastreador.
Layla se tomó de uno de los brazos de Axel y luego Zoe se agarró del brazo de ella. Abby observó el panorama, suspiró y se aferró del brazo libre de Axel. Así cruzaron aquel abominable abismo.
Abby procuró no mirar hacia abajo, sufría de vértigo. Cerró sus ojos mientras su cuerpo se tensionaba causando dolor en sus extremidades. Suspiró una vez que sus pies tocaron tierra firme. Estaba agradecida por no haber caído.
—¿Lista? —preguntó con seriedad Layla. Abby movió su cabeza afirmativamente.
Los cuatro avanzaron hacia aquel tenebroso castillo que les helaba la sangre y los dejaba sin respiración. Abby sólo deseaba que las cosas salieran bien y que Abigor no saliera lastimado en el proceso.

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#22

CAPÍTULO 19

Bordearon el castillo. Abby creía que buscaban alguna puerta secreta o algo similar.
—¿Qué hacemos? El camino indica para el otro lado.
Zoe la miró con cierto atisbo de enojo que intentó ocultar dándole la espalda. En cambio Layla caminó hasta ella y posó ambas manos en los hombros de su sobrina. Era una mujer admirable, nunca perdía la calma, sus expresiones eran carentes de emociones. Tenía una paciencia infinita.
—Para cuando lleguemos o contaremos con tiempo suficiente para escapar, por lo que observaremos cuál es el lugar indicado para crear un portal.
—Entiendo —musitó Abby ladeando su cabeza.
—Presta atención, cariño. Es difícil que aprendas siglos de hechicería en tan sólo unos minutos.
Abby enmudeció. Su tía estaba en lo cierto. Ella debía ser como esponja para absorber milenios de conocimientos.
—En otros tiempos solías ser una gran bruja luchando a la par de todos nosotros —acotó su tía mientras dibujaba con una tiza casi traslúcida un pentágono que comenzó a adquirir un color azul electrificado.
Los ojos de Abby se abrieron ampliamente ante tal revelación por parte de su tía. Al final todos parecían conocerla más de lo que ella misma se conocía.
—¿En serio? ¿Cómo que en otros tiempos?
—¿Has oído hablar de la reencarnación? —preguntó Layla mientras traspasaba el portal después de Zoe.
—Sí, pero no he sido una fiel creyente de ello —comentó ingresando tras ella.
—Bueno, es momento de empezar a hacerlo —dijo, dando unos pequeños golpecitos en el hombro de su sobrina y se adelantaba hacia donde estaba Zoe.
—Hay muchas cosas que deberás contarme —susurró amenazante al oído de Axel. Él la contempló y permaneció inmóvil por unos segundos.
Avanzaron por un pasillo que llevaba a unas escaleras angostas. La observaron por un instante y continuaron avanzando.
—Si no me equivoco, Angie está en lo alto de la torre este. Siempre que capturan brujas las encierran allí —comentó Zoe.
—¿No es la primera vez? —preguntó atónita Abby.
—No. Llevamos muchos siglos defendiendo nuestros principios y cuando una nueva bruja nace, su destino está sellado. El peligro la asecha y más aún cuando la luna de sangre se aproxima. Una bruja siempre será un buen sacrificio —le explicó Zoe.
—Los humanos también hacen sacrificios humanos. Hay miles de casos registrados a lo largo de la historia. Se tratan de sectas con extrañas creencias —argumentó Abby tratando de aportar algún tipo de información.
—¿Y quién crees que lideran dichas sectas? —inquirió Zoe.
—¿Demonios?
—Vas aprendiendo rápido —murmuró Zoe.
Abby dirigió una mirada de fastidio hacia Axel. Aquel pareció comprender sus pensamientos.
—Siempre es así cuando una bruja reencarna por haber cometido tantos errores. Es difícil que alguien que poseía tantos conocimientos de pronto no sepa nada.
—O sea que era una bruja importante —intentaba adivinar—. ¿Poderosa, quizás? —Observó la expresión nula en Axel y continuó planteando hipótesis—. Hice cosas malas y tuve que pagar un precio por ello.
—No debo decirte nada acerca de tu pasado. Puede afectar tu presente. Hay cosas que debes averiguar por ti misma.
Abby blanqueó los ojos. Estaba cansándose de que tantas cosas se le ocultasen, y más si eran hechos que la involucraban.
—Bien. Supongo que puedo averiguarlo luego.
Continuaron el recorrido en silencio. Llegaron hasta un amplio corredor y se animaron a cruzarlo corriendo. Layla se apresuró a dibujar un portal para llegar al calabozo en donde debía de estar Angie.
—Ya llegamos —comunicó Zoe.
El corazón de Abby latía con fuerzas. No podía creer que al fin salvaría a su pequeña hermana. Los pocos segundos en que tardó en cruzar el portal le resultaron interminables. Del otro lado se encontró con un sucio calabozo, de cuyas paredes colgaban cadenas. Al final una gran ventana se extendía para iluminar el cuarto y para recordarles a las brujas detenidas que no había dónde escapar.
Gruesos barrotes conformaban el ventanal, dándole un aspecto oscuro y sombrío al lugar.
—No puede ser —decía Layla llevando ambas manos hacia su cabeza en señal de angustia y desesperación.
La coraza fría que la mantenía en calma parecía caer en diminutos pedazos que la debilitaban aún más.
—No puede ser —repetía al borde del llanto—. Lo siento, Abby. Hemos fallado. Te he fallado —se lamentaba buscando consuelo.
Abby permanecía inmóvil frente al portal observando cómo Axel y Zoe recorrían el calabozo en busca de alguna señal. Layla estaba absorta mirándola y con los ojos empapados de lágrimas. Su voz parecía un eco en la mente de Abby, quien caía de rodillas con la mirada perdida en el piso de cemento. Sus manos temblaban y la angustia se clavaba en su pecho. Le había fallado a su hermana, a su amigo y a su madre.
Recordó su visión y en ese momento sus sentidos parecieron despertar de nuevo. Miró a cada uno de ellos, deteniéndose en su tía. Abby ya no sentía dolor alguno, había armado su propia coraza en pocos segundos.
—La plaza —indicó con cierto odio en sus palabras.
Se puso de pie y atravesó el portal dispuesta a comerse al inframundo con tal de salvar a Angie.
Los demás la siguieron e completo silencio. Atravesaron el segundo portal, ya siendo visibles al ojo del enemigo, por lo que procuraron mantenerse ocultos.
—Axel, deberás llevarnos sin importar las consecuencias —anunció Abby.
—Es muy peligroso —argumentó Axel.
—Es del único modo en que llegaremos —dijo, indicando en el horizonte la luna de sangre que comenzaba a asomar—. No hay tiempo que perder.
Axel adoptó la forma de un halcón gigante y las tres brujas se subieron a su lomo. Surcaron los cielos a gran velocidad, buscando la plaza de la premonición de Abby.

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#23

CAPÍTULO 20

La plaza parecía estar de fiesta, concurrida por muchos demonios que esperaban con ansias el sacrificio a Adramelech. La hoguera estaba a la espera de ser encendida. Parecía solitaria con ansías de arder en llamas junto a una bruja. Todo estaba listo.
Los cuatro observaban escondidos en lo alto de una cueva tras un inmenso arbusto de espinas.
Por un momento, Abby recordó la visión de su madre descendiendo envuelta en brillantes haces de luz. Deseaba que así fuese, y mientras trataba de alimentar aquella ilusión, su corazón le susurraba que no era así. Era tiempo de despertar.
Sacudió su cabeza intentando alejar la calidez de los recuerdos y regresó a protegerse tras una coraza de hierro, invisible para los demás pero latente para ella.
—Ahí —señaló Axel al demonio de bajo nivel que se sentaba en primera fila junto a los demonios de nivel superior.
Abby sintió repugnancia con tan sólo verlo. Buscó entre la multitud a Abigor, albergando la ilusión de que no estuviese. Su corazón sintió gran alivio al notar que no estaba allí.
Un silencio mortal se produjo. Nadie se animaba a pronunciar palabra alguna. Un humo negro se hizo presente en la tarima donde se desarrollaría el acto.
Una punzada en el pecho de Abby le indicaba que había llegado el momento. Observó en el cielo del inframundo, que esta vez adoptaba un color negruzco tornasolado con matices de gris, la luna se alzaba impetuosa sobre sus cabezas. Completamente escarlata, envuelta en llamas invisibles sedientas del líquido carmesí de una bruja.
La sonrisa del arlequín se hizo presente de entre los recuerdos de Abby. Era aterrador su aspecto. El jolgorio de los presentes trajo de regreso a la realidad a la joven.
El famoso encapuchado de sus visiones aparecía arrastrando a su hermana con pesadas cadenas.
Angie lloraba sin consuelo alguno y por un momento pareció desvanecerse a los pies de su verdugo, quien la sacudió en un intento de despertarla.
—¿Qué fue eso? —preguntó atónita Zoe.
—¡Pensé que jamás llegarían! —reprochó una voz frágil tras ellos.
Voltearon de inmediato. Angie estaba aterrada y con justa razón: era muy joven para morir por una guerra que no consideraba suya.
—No te fallaré —dijo Abby tratando de sonar convincente, pero en el fondo temía que las cosas salieran mal.
Angie se desvaneció y regresó en sí. Justo para cuando el arlequín aparecía envuelto en látigos de polvo negro.
—En honor a Adramelech traemos este sacrificio. Sangre de bruja y de ángel, nada más exquisito para ofrecer a cambio de saber quién es el portador de un gran poder —anunciaba tal cual la premonición.
—Es momento de infiltrarnos —ordenó Abby.
—¿Eres consciente de que esto es aún más arriesgado que todo lo que has hecho hasta ahora? —le preguntó Layla.
—Sí, tía.
—¿Estás segura? —insistió.
Abby la miró perpleja. Era más que evidente que arriesgaría hasta su último aliento por salvar a su hermana. Asintió con la cabeza y emprendieron el descenso. En poco tiempo se infiltraron entre la multitud, mientras Angie era atada a la hoguera y pasaban una cuerda por su cuello por medidas de seguridad.
Encendieron la hoguera, pero Layla sopló y un viento apagó las flameantes llamas. Eso alertó a los demonios.
—¡Brujas! —vociferó el demonio que había llevado a Angie.
Los demás buscaron entre la multitud. Abby clavó una daga en uno de los demonios, quien se evaporó. Layla largo llamas a un par de ellos, calcinándolos de inmediato.
Zoe los paralizaba en sus extremidades y eran tragados por la tierra. A otros los convertía en hielo y luego con un movimiento de manos los hacía trizas.
Abby los lanzaba por los aires y los pulverizaba con rayos azules, mientras desviaba bolas eléctricas de otros demonios.
—Apresúralo —ordenó el encapuchado al arlequín, quien lanzó llamas con sus manos.
Ninguno advirtió lo que sucedía. Axel estaba ocupado encerrando en paredes de agua a los demonios para contenerlos.
—¡Abby!
El grito desgarrador de Angie la obligó a voltear. Su hermana estaba a punto der ser consumida por las llamas. Aquello le recordó la horrible sensación que experimentó en su visión. Pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar, un demonio la derribó con una bola de energía.
Un zumbido le precedió y permaneció paralizada. Sabía que eso era acto del demonio que la había atacado. No podía quitar sus ojos de su hermana, quien con 13 años estaba a punto de encontrarse con la muerte. “No es justo”, pensó, pero su cuerpo no reaccionaba. Un dolor punzante le atravesó el pecho, seguido de un horrible hormigueo por todo su cuerpo. Comenzaba a recuperar movilidad. Llevó sus manos a su pecho para encontrarse con un charco de sangre. Sus manos temblorosas intentaban buscar apoyo en el suelo. El frío de la muerte la abrazaba.
—¡Axel! —vociferó con perpetuo dolor.
Aquel volteó a mirarla, alarmando a Layla y Zoe. Corrió junto a la joven y la tomó entre sus brazos.
—Angie —musitó con un hilo de voz.
Un encapuchado emergió de entre la multitud, derribando con un cetro los demonios. Pronto llegó a la tarima y apartaba las llamas, separándolas en dos como si fuesen grandes muros. Tomó a la mal herida Angie en sus brazos y con un movimiento de su cetro, la liberó de sus pesadas cadenas.
Un aleteo fuerte desvió la mirada de Abby hacia el cielo oscuro. Un monstruo sobrevolaba la plaza.
—Abigor… —murmuró y desvió su mirada una vez más a la tarima. Abigor montaba su animal sin percatarse de que ella estaba agonizando.
“Alma moribunda
a este cuerpo regresa.
Las heridas sanarás”.

Su tía se encontraba sobre ella curándola, mientr4as Axel los contenía protegidos a los cuatro para no ser atacados. Pronto el dolor se aliviaba.
Miró nuevamente a la tarima. El encapuchado estaba a punto de ir tras Abigor. Abby no tardó en ponerse de pie y abandonó la protección de Axel para ir tras el encapuchado. Dando saltos y volteretas en el aire, llegó hasta la tarima. Extendió sus manos de modo amenazante.
—¡Alto! —ordenó enojada.
El encapuchado se detuvo y volteó a verla. Aquel parecía no sentirse intimidado ante su presencia. Abby intentó ver su rostro, pero la oscuridad se cernía sobre él. Miró a su tía, quien estaba inmóvil a los pies de la tarima observando con cierto atisbo de preocupación.
—Te ordeno que no vayas. Tómame a mí como sacrificio y deja en paz a mi hermana —ordenó.
—No, Abby —intervino en vano Layla.
El encapuchado se acercó unos pasos hacia ella, pero se detuvo cuando lo empujó levemente con su poder telekinético.
—No hasta que jures no tocar a mi hermana.
—Los demonios son tramposos —comentó Layla.
Empujó una vez más al hombre con su poder. No entendía porqué él no la atacaba, por qué permanecía como ajeno, abstraído. Lo empujó un poco más y la capucha cayó, dejando su rostro al descubierto.

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#24

CAPÍTULO 21

—Vuela alto, mi niña —decía Razvan sosteniendo a Abby en su cuerpito de cuatro años—. Toca las nubes y juega con los ángeles.
Abby reía divertida, simulando volar. El padre la arrojaba pocos centímetros sobre su cabeza y la agarraba.
Antonella los observaba mientras preparaba souvenirs para los cinco años de Abby.
—¿Mi hermana también volará? —preguntaba con inocencia a su padre. Ellos ignoraban el hecho de que Antonella estuviese embarazada.
—¿Cómo sabes que tu madre tendrá otra niña?
Antonella dejaba a un lado las manualidades y miraba con una amplia sonrisa a la espera de una respuesta.
—Porque la soñé.



Poco a poco su mundo se derrumbaba sumido en cenizas. Todo lo que le habían hecho creer eran mentiras. No había peor traición que esa. ¿A quién culpar cuando el paraíso arde uniéndose con el infierno?
Los recuerdos se hicieron añicos. Años de felicidad consumidos por una terrible verdad. Toda su vida había vivido en una gran mentira.
Su padre estaba parado frente a ella. Era un ángel caído, un firme esclavo de sus errores. ¿Cómo era posible que quisiera quemar a su propia hija? Sangre de su sangre. Su héroe no era más que un recuerdo desvanecido, un mártir de la libertad.
Razvan se sintió devastado al ser descubierto. Se desvaneció ante los ojos de su hija sin decir nada. A esa altura las explicaciones serían en vano. Y ese momento reemplazaría la visión que siempre había tenido de él: marchándose como un cobarde.
Sus ojos brillantes derramaban lágrimas de dolor, de decepción, de frustración. Bajó sus manos lentamente y con las pocas fuerzas internas que le quedaban, giró su cabeza para mirar a Layla.
Aquella tenía sus manos en su boca, tapando su grito de angustia. Su mirada cegada por el llanto. Subió tambaleante y con las manos temblorosas tomó a su sobrina y la abrazó.
—Lo siento, cariño. No quería que te enteraras de este modo.
Todo parecía desarrollarse en cámara lenta. Apartó a su tía y avanzó mirando cómo se perdía la figura de Abigor a través de un portal.
—¡Hay que escapar! —gritaba Axel transformándose en halcón y alzando a las tres mujeres.

—¿Y fueron felices para siempre? —preguntaba Abby a su padre, quien terminaba de leerle “La Bella durmiente”.
—Claro —contestaba Razvan cerrando el libro y besando la frente de su niña.
Apagaba la luz y encendía una más tenue de color amarillo. Miles de estrellas se encendían en el techo. Él la observaba y cerraba la puerta para dejarla descansar. Pero antes de irse, Abby lo retuvo con su dulce voz.
—Papi… ¿Nuestro amor es para siempre?
—Siempre las amaré a las tres. Siempre las voy a proteger.
Abby sonreía con la inocencia de una niña de seis años. Esa fue la última vez que lo vio.

Miraba el caos que había en el inframundo. Volaban lejos escapando de aquella pesadilla.

“Portales abiertos,
guíanos al cielo”

Conjuraba Zoe. Acto seguido se encontraban traspasando un portal. Abby simplemente veía, absorta en sus memorias, cómo se alejaba de todo aquello y cómo se cerraba el portal.

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#25

CAPÍTULO 22

—No puedo creer que me lo ocultaran —protestaba Abby, siendo presa de un abismo de emociones —. Era más fácil que me contaran la verdad a descubrirla del modo en que lo hice.
—Cariño, no es tan sencillo como parece —objetaba Layla, tratando de avanzar hacia ella para tomar sus manos y calmarla.
Abby sentía que caía en un torbellino, siendo arrastrada por las mentiras de los demás.
—Me contaste la historia —reprochó a Axel—. Eres mi ángel, cómo puede ser que me ocultaras la verdad. —Juro que no lo sabía. Abby, también me ocultaron la verdad.
Axel no mentía, pero ella ya no sabía en quién confiar. Todo era confuso en su mente. Le dedicó una mirada fulminante a Zoe y Layla.
—Hice una promesa a tu madre —intentó argumentar Layla, pero Abby no aceptaría más excusas por parte de nadie. Se sentía traicionada por todos.
Sin palabras por decir, volteó hacia donde estaba Abigor curando las leves quemaduras de Angie. En cuanto su hermana la miró, corrió a abrazarla. Ambas lloraban, habían tenido que procesar mucha información en tan poco tiempo.
—Me salvó un demonio —susurró Angie.
—Sí, eso merece una explicación —comentó Layla, avanzando hacia ellos.
Se produjo un intercambio de miradas entre Abby y Abigor. Aquel se limitó a acariciar el lomo de su monstruo.
—Esperen… ¿Ustedes ya se conocían? —Juzgó Layla y el silencio fue su respuesta—. ¡Abby, por Dios! Dime que no hiciste un pacto con un demonio.
—Bingo —musitó Abigor.
—¡Abby! ¿Qué no has aprendido nada?
—No tenía más opciones —argumentó.
—Les diría que se vayan antes de que el infierno se desate en la tierra —aconsejó Abigor.
Layla posó su mano en la espalda de Angie y la condujo unos metros lejos del demonio. Mientras se alejaba le sostuvo la mirada, llena de odio y desconfianza.
Abby miró por el rabillo del ojo a su tía y luego desvió su mirada a Abigor. Aquel sostenía con fuerza su cetro y la miraba con seriedad.
—Nuestro pacto fue que me ayudaras a regresar al inframundo, no que salvaras a mi hermana.
—Lo sé.
—¿Por qué? Trato de adivinar qué pasa por tu mente y no consigo hacerlo —Hizo una pausa para poder pensar lo que diría a continuación—. ¿Por qué continúas ayudándome?
—Porque te conocí.
—¿Qué? —preguntó sin entender, frunciendo el ceño.
—La verdad es que… —Calló, no quería revelar las emociones humanas que comenzaban a apoderarse de él—. Debo irme. De seguro mi cabeza tiene un precio ahora.
—Eres como los demás —dijo, haciendo referencia al grupo de seres mágicos que estaban con ella.
Abby dio media vuelta y caminó en dirección hacia donde estaban los demás esperándola para irse al refugio.
—Abby —dijo Abigor y avanzó hacia ella. Tomó su mano y sus miradas se cruzaron una vez más—. Confía en ellos, son buenos. No querían lastimarte.
—¿Tú lo sabías?
—Sí —respondió cabizbajo, avergonzado por no haberle dicho.
—Eres como ellos —dijo furiosa, zafándose de su agarre.
Abigor avanzó a paso apresurado y la tomó con fuerza, depositando un beso en su frente.
—No me olvides —suplicó, para luego irse en su bestia y desaparecer en el horizonte.
Abby sentía su corazón estrujándose en su pecho. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos. Tenía las esperanzas de que él no hubiese sabido que aquel encapuchado era su padre. Pero era evidente que lo sabía: ambos habitaban en el averno y llevaban siglos en esa vida.
Se unió a su grupo y se teletransportaron hasta el refugio. Layla dio las mismas lecciones a Angie, mientras Zoe reagrupaba a la mayor cantidad posible de seres poderosos y guardianes.
Por su parte, Abby aprovechaba la ocasión para darse una ducha. No podía pensar en nada que no fuese Razvan y su traición. Había olvidado por completo que Tobías aún estaba en el bosque y que era un vampiro.
Se cambió. Decidida a averiguar la verdad se encaminó hacia el sótano que había encontrado con Tobías. Tomó su grimorio familiar deseando encontrar allí lo que necesitaba. Pero no había nada respecto a Razvan.
Encontró un hechizo que logró capturar su atención. Se detuvo al leer y luego buscó lo que necesitaba. Hizo un círculo con velas y dibujó un pentágono en su interior. Con su mano simuló arrogar fuego y las velas se encendieron. Suspiró tratando de reunir el valor que necesitaba.

“Tras el velo de muerte te escondes.
Yo imploro tu regreso.
Traspasa el plano fantasmal
Y viaja del más allá”:

“Acude a mi llamado.
Tu ayuda solicito
para descubrir las sombras del pasado”:

“Una vez hija.
Una vez madre.
Una alma viajera
Baja ahora a la tierra”.

Una brisa arremolinó las llamas y arremetió contra el cuerpo de Abby. Las flamas amenazaron con apagarse por unos segundos, pero regresaron con mayor fulgor. Antonella aparecía traslúcida frente a su hija.
—Hija… —musitó. El sentimiento de culpa inundaba sus ojos. Sabía que había cometido muchos errores, pero todo había sido con tal de proteger a sus dos niñas.
—Lo sé todo, mamá —dijo entre sollozos—. Quiero saber toda la verdad, ahora —exigió, denotando en su voz resentimiento.
Antonella juntó sus manos y las frotó, luego las extendió invitando a su hija a acercarse.
—Puede que esté muerta, pero aún puedo hacer uso de mis poderes —comentó.
Tomó el rostro de su hija y sus ojos se blanquearon, le mostraría toda la verdad que le había ocultado.

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#26

CAPÍTULO 23

Antonella nunca ignoró su procedencia. Desde pequeña su madre le había enseñado todo lo que sabía, al igual que a su hermana Layla.
Tenía el gran poder de ver el pasado y el futuro, por lo que al conocer a su ángel, Razvan, supo que siempre habían tenido una conexión especial. Vida tras vida habían ocultado su amor para no recibir castigo alguno.
Pero esta vez las cosas cambiarían, Razvan había estado planeando durante años el modo correcto de hacer las cosas sin hacer enojar a los Poderes Supremos. Iba a tomar la opción de cortar sus alas temporalmente. Basándose en que los Guías Espirituales tenían la opción de reencarnar junto a sus protegidos para poder guiarlos de un modo más directo, una vez que Antonella falleciera de modo natural, ambos reencarnarían juntos para así poder vivir como verdaderos amantes.
Los seres que componían el Poder Supremo no estaban de acuerdo. Habían pasado por una situación similar con su hermano, Desmond, quien los había desafiado y había sido desterrado, convirtiéndose así en un ángel caído.
Razvan aceptó la oposición, pero por su mente pasaban miles de planes para llevar a cabo su plan de pasar su vida junto a la mujer que amaba.
Pero las cosas cambiaron de un momento a otro. Desmond había tomado la iniciativa de revelarse contra los Poderos Supremos y comenzó a reclutar seres mágicos para pasarlos al bando contrario, pasarían a ser seres oscuros cuyos poderes irían en aumento. Ante tal revolución, los Poderes Supremos acordaron en permitir que Razvan bajara temporalmente a la tierra para guiar a los seres mágicos en esa batalla desigual entre el bien y el mal.
Fue entonces que su amor por una mortal lo llevó a hacer cosas impensadas. Con un bebé en camino y la amenaza de convertirse en un ángel caído, Razvan invocó a Ammón para pactar con Lucifer. Debían ayudarlo a permanecer en la tierra como humano para poder cumplir sus deseos y formar una familia junto a su amada.
A cambio de eso, Ammón se llevaría a su hija con menos poderes y la sacrificarían a Adramelech para conseguir un ser mágico que el oráculo había dicho que acabaría con todas las huestes del mal.
Razvan dudó por un segundo, pero terminó aceptando. De inmediato le contó a Antonella para poder hacer un hechizo protector para evitar que uno de sus herederos fuese convertido en sacrificio.
Pero Desmond descubrió dicho pacto y buscó el modo de chantajear a su hermano, amenazándolo con revelar a los Poderes Supremos su pacto con Lucifer. No contento con las amenazas y con un nuevo bebé en camino, Razvan decidió romper dicho pacto y soportar el castigo que los Poderes Supremos dictasen.
Lo tildaron de traidor, el bien nunca pacta con el mal, por lo que cortaron sus alas y lo confinaron al averno. Razvan estaba devastado ante tal castigo, todo se había salido de control. Razvan estaba furioso con Desmond y se juró a sí mismo no aliarse a su hermano ni a ninguna hueste del mal.
Recurrió a Ammón para romper el pacto, pero los demonios son traicioneros y no consiguió su cometido. A cambio, Ammón le ofreció recuperar su vida como mortal, sin poderes y la destrucción total de Desmond ha cambio de su hija menor, pues tenían gran interés en los descendientes de su primogénita: ella daría a luz al decimosegundo Poder Supremo para completar el círculo de poderes y eliminar definitivamente al mal, convirtiendo el mundo en un real paraíso.
Razvan no estaba de acuerdo con hacer un nuevo pacto, pero mientras más tiempo pasaba en el averno, la maldad se enredaba en su ser. Y cayó en la codicia de obtener el decimosegundo poder para beneficio personal.

Abby estaba atónita ante la visión que su madre le transmitió. Su hermana era la llave para llegar a los futuros descendientes que podía llegar a tener.
—¿Cómo dejaste que eso pasara? —reprochó Abby.
—Tu padre estaba fuera de control, no razonaba y yo hice lo posible por mantenerlas ocultas. Inventé otra historia para proteger a tu padre y esa es la versión que la mayoría conoce.
—¿Proteger a papá? ¿Aún lo amas?
—Lamentablemente sí. Aún lo amo. Pero hija, no te enojes y enfócate en mantener a salvo a tu hermana. Si no la sacrifican vencerá el bien.
—Es increíble —murmuró enojada, luego mordió su labio para canalizar su rabia. Giró sobre sus talones, dándole la espalda a su madre.
No sabía con quién enojarse. En su interior comenzaba a albergar la simple idea de que no podía confiar en nadie. Su padre era de algún modo un demonio, al igual que Abigor.
—Todo sucede por algún motivo. No se puede escapar de destino —dijo Antonella.
—Mamá… No puedo enojarme contigo, pero… —Abby estaba al borde del llanto, no podía hablar.
—Hice todo mal —interrumpió el silencio que Abby había producido—. Y no sabes cuánto lo siento.
—Lo sé —musitó Abby—. Debo ir por mi hermana. Adiós, mamá.
El espíritu de Antonella se desvaneció y Abby tomó el grimorio familiar y subió corriendo las escaleras.
Angie estaba sentada en la cama esperándola. Balanceaba sus piernas mientras sus pensamientos divagaban por su mente. En cuanto vio a su hermana dio un brinco y corrió a abrazarla. Se sintió muy reconfortante para ambas sentir el calor fraternal.
—La tía e contó que Tobías fue transformado en vampiro. Debemos rescatarlo.
—Sí. Abrahel es la culpable. Debemos acabar con ella para que Tobías vuelva a la normalidad. Siempre y cuando no haya realizado su primera ingesta. Debe estar débil, en el bosque.
—Hiciste lo que pudiste con la poca información que tenías.
Un silencio se produjo entre las hermanas. Angie tenía tantas dudas. Había quedado en shock como Abby al saber que su padre estaba dispuesto a sacrificarla para obtener un poder mayor.
—Quiero saber toda la verdad —confesó Angie.
Abby se puso un tanto nerviosa, suspiró y buscó las fuerzas necesarias para contarle toda la verdad.

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#27

CAPÍTULO 24

Luego de contarle todo, ambas bajaron a buscar a Layla. Se sorprendieron al ver que todos estaban reunidos, preparados para una gran batalla. En cuanto notaron la presencia de las hermanas, los murmullos cesaron y un gran silencio cubrió la sala.
Angie y Abby se sintieron incómodas. Avanzaron rígidas hasta donde se encontraba Layla. Todos los ojos se posaban en ellas.
—Angie, debemos ponerte a salvo. De seguro medio inframundo caerá en este sencillo refugio —anunció algo irónica con respecto a la edificación, ya que se trataba de una gran mansión victoriana.
—No, no me iré. Esta lucha también es mía y voy a hacerlo junto a mi hermana —respondió Angie.
—Mamá me pidió que te cuidara —susurró Abby.
—¿Mamá? ¿La viste? Pero, ella está…
—Muerta… Lo sé. La invoqué para saber la verdad, esa que te conté. Ella era la única que podía confesármelo todo.
—No lo haré, Abby. Debemos hacerlo juntas, no importan los riesgos.
Abby miró a Layla y ella asintió. Les entregó unas espadas para que lucharan. Eran especiales, contenían un hechizo para provocar mayor daño en el enemigo.
Axel se aproximó a Abby y la apartó, llevándola hasta un cuarto que servía como sala de reunión.
—¿Qué sucede?
Al prestar mayor atención, notó que Axel tenía una mirada distinta, más fría y sin escrúpulos. Aquello la atemorizó. Hasta lo que sabía él servía al bien… ¿Qué estaba pasando?
—Axel… —musitó y dio unos pasos hacia atrás, dirigiéndose hasta la puerta.
Pero él movió sus manos y las puertas se cerraron con brusquedad. Abby tanteó su cuello en busca de su colgante, dándose cuenta de que luego de la ducha no se lo había colocado.
—¿Axel? —preguntó temerosa.
—¿Buscas esto? —En su mano agitaba el colgante. Su poder no tenía efecto si no estaba en posesión de su dueña.
Poco a poco Axel se transformó en Tobías. Filosos colmillos se asomaban y sus ojos adoptaban un color rojizo y se tornaban más violentos.
—Tobías —susurró en un suspiro.
No sabía si sentir alivio o terror. Extendió sus manos para empujarlo, pero él se había vuelto más fuerte. Eso era un indicio de que ya había realizado su primera ingesta, o varias.
Aquel agitó su mano derecha y Abby voló por los aires, chocando con una de las paredes y cayendo al piso. Se sintió aturdida y el cuerpo adolorido. Intentó ponerse de pie, pero Tobías ya estaba junto a ella y la tomaba por el cuello, elevándola unos metros del suelo.
Abby trataba de luchar inútilmente. Adoptaba en su rostro un color rojizo. Balanceó sus piernas hasta golpearlo con las pocas fuerzas que le quedaban. Aquel la soltó con brusquedad y ella cayó al suelo. Dio grandes bocanadas para recuperar al aire y se arrastró hasta la puerta. Se puso de pie y con un movimiento de su mano logró empujar a Tobías.

"Ata sus manos.
Congela sus movimientos.
Que el enemigo
se convierta en prisionero."

Conjuró y de inmediato de la pared brotaron raíces que sujetaron a Tobías como si se tratasen de cadenas. Abby lo tanteó en busca de su colgante. Una vez que lo encontró se lo colocó.
—Sé que en algún lado está mi mejor amigo. Aquel con el que soñé que me casaría algún día. Debes luchar y ganar. Si mato a Abrahel te mataré. Debes ser fuerte —suplicó acariciando el rostro de Tobías, depositando un beso en la comisura de sus labios.
Luego salió de la habitación encerrándolo bajo llave. Debía apresurarse y dar la orden de que no mataran a Abrahel, caso contrario la vida de su amigo se esfumaría para siempre.
Corrió hasta la sala. A medida que se aproximaba escuchaba estruendos. El enemigo ya había llegado. La adrenalina la impulsó a correr con mayor agilidad. Cuando llegó todo era un caos. Buscó con su mirada a Layla, para cuando la divisó, peleaba contra Abrahel.
Avanzó esquivando al enemigo. Estaba desesperada y angustiada. Abrahel golpeaba a su tía en el abdomen y ella le respondía con otro golpe en las piernas que obligaban a la vampir a caer de rodillas. Layla la jalaba por el cabello con fuerza y sacaba su estaca de plata, clavándosela en el corazón.
—¡No! —alcanzó a gritar inútilmente Abby. El acto ya estaba ejecutado.
Layla levantó la mirada para encontrarse con los ojos llorosos de su sobrina. La fémina se evaporó y todos sus súbditos le precedieron.
—¡No, no, no! —gritaba con frustración, golpeando el pecho de su tía.
—¿Qué sucede?
—Él hizo su primera ingesta —anunció entre sollozos.
—Cuánto lo siento, cariño. Yo… no lo sabía.
Sin darle tiempo a procesar lo sucedido, debieron unirse a la batalla.
Abby quedó cara a cara con Balrog, un demonio con gran poder para manejar el fuego. Esquivaba las llamas que le lanzaba, sintiendo gran dolor cuando una logró rozar su brazo izquierdo. Con rabia lanzó al mismo por los aires y en cuanto cayó, corrió hacia él.

“Hielo al fuego.
Congela este don.
Que la luz se lleve
al demonio Balrog”.

Conjuró en cuanto Balrog intentaba quemarla. El fuego comenzó a congelarse hasta que el hielo lo alcanzó. Una luz brillante emergió desde su interior, acabando con la vida del demonio.
Abby sonrió ante la satisfacción que le provocó vencerlo. Ese demonio suponía una gran amenaza si hubiese logrado llegar hasta su hermana. En ese momento se dio cuenta de que no había visto a Angie. La buscó con la mirada, sin advertir que un demonio se aproximaba hacia ella.
Con agilidad apareció Axel generando un escudo de protección con sus manos. Abby se sobresalto y se sintió aliviada de que su ángel cuidara se retaguardia.
—¿Y Angie?
—No la he visto. La estoy buscando.
Esa era una mala señal. Angie no había tenido tantas oportunidades de practicar su magia y eso la convertía en débil. Se arrepintió en ese momento de no haberla obligado a ir al refugio que había sugerido su tía.
Miró hacia el exterior. La luna de sangre se posicionaba frente a ella como si se burlase.
—Al jardín —ordenó a Axel.
Ambos corrieron con desespero sorteando los obstáculos. Una columna de humo se alzaba por la parte posterior del jardín. Axel se transformó en halcón y volaron rápido. Cuando llegaron adoptó su forma humana.
El cuerpo sin vida de Angie colgaba a modo de tributo a Adramelech y de burla para su hermana. Su cuerpo corroído por las quemaduras demostraba que hacía poco había terminado su sacrificio.
Abby cayó de rodillas vencida por el dolor. Lloró desconsolada en los brazos de Axel.
—Abby, algo no anda bien —anunció Axel. Sus ojos se habían agrandado y caía en su regazo.

Hace más de 3 años

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BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace más de 3 años

Que capacidad tan fluida tienes para escribir con esa impresionante habilidad. Admirable, te envidio. Me superas en cuatro años de conocimiento en la escritura. Saludos con aprecio.


#28

CAPÍTULO 25.

Abby no entendió al principio. Era evidente que todo estaba saliendo mal. ¿A qué se refería Axel? En cuanto cayó sobre su regazo notó que la sangre se escurría manchándola. Una flecha había atravesado el corazón de su ángel.
—¡Axel, Axel! —Lo sacudió sin obtener respuesta por parte de él.
Lo apartó, se levantó y caminó tambaleante. Se detuvo junto a un rosal y gritó. Estaba frustrada y con una gran pena en su pecho. Caminó como si fuese un sonámbulo hasta el interior de la mansión.
En el momento en que ingresó, Layla volteó a verla y se dio cuenta de inmediato de que todo su plan había fracasado.
Abby caminaba absorta, con el rostro empapado de lágrimas y su ropa manchada de sangre. Cuando reaccionó se dio cuenta de que el mal iba ganando. Una fuerte luz la encegueció y la obligó a cubrir sus ojos.
Un estallido la lanzó hacia el exterior del edificio, quedando inconsciente por un tiempo. Un gran zumbido la aturdía. No sabía si la sangre que la cubría era suya o de alguien más.
Se puso de pie y se encontró con un edificio en ruinas envuelto en llamas. Su primer instinto fue correr e ingresar para salvar a su tía, pero una llamarada la obligó a retroceder.
Notó que muchos cadáveres adornaban el jardín. Buscó entre los escombros a Layla. Una tos a lo lejos la obligó a correr. Era ella, cuyos miembros inferiores yacían bajo unos pesados escombros.
Abby intentó moverlos con su poder telekinético, pero no pudo.
—Los poderes… están ligados a las emociones —dijo Layla entre jadeos.
—Lo siento. Todo salió mal esta noche —se lamentó entre sollozos.
—No es tu culpa, cariño.
Abby se arrodillaba junto a tu tía y sostenía sus manos lastimadas.
—Préstame atención. En el grimorio hay un conjuro muy poderoso que abre un portal… —La tos la interrumpió—… Abre un portal que te llevará al pasado.
—Tía, yo no puedo… Yo…
—Confío en ti… —La interrumpió—. El bien de este mundo depende de ti, Abby.
—Pero viajar en el tiempo puede traer consecuencias catastróficas —argumentó Abby.
—¿Peor que esto?... Abby… el futuro está en tus manos.
Layla gimió de dolor una vez más y sus ojos se clavaron en el cielo rojo que las cubría. Abby la sacudió suavemente sin obtener respuesta alguna. Se echó a llorar sobre el cuerpo sin vida de su tía.
No estaba segura de cumplir con la última voluntad de Layla, todo le salía mal. Le había fallado a toda la humanidad.
Un aleteo atrajo su atención. Abigor bajaba de su bestia y miraba las ruinas arder.
—¡Abby! —gritó con desespero y algo lo elevó por los aires y lo lanzó unos metros lejos.
Abigor caía y rodaba hasta chocar con un escombro. Abby se paraba frente a él. Sus ojos escupían odio. Alzó su mano y la cerró.
Abigor sentía cómo le faltaba el aire. Era evidente que la bruja había aprendido a usar sus poderes. Con su mano interceptó el poder de Abby y se puso de pie. Ella comenzó a lanzar bolas eléctricas que él se encargaba de desviar.
—Escúchame. Yo no te hice esto. Fui tras tu padre, supuse que querías saber la verdad desde su boca.
—Tarde. Invoqué a mi madre. Ella me contó todo.
—¿Por qué tanto odio hacia mí?
—Eres un demonio y mira a nuestro alrededor —dijo señalando el lugar—. Esto es lo que los demonios le hicieron a los míos.
Y continuó lanzando bolas eléctricas que él esquivaba o desviaba,
—En mi defensa, yo no estaba aquí.
—Eres como ellos.
—Ellos no te ayudaron a escapar. Ellos intentaron matarte allá abajo y yo te salvé.
—Todo fue en vano.
—Lo puedo ver.
—Sacrificaron a mi hermana —dijo entre dientes.
Permaneció en silencio. Un objeto llamó su atención. Caminó hasta él y lo tomó entre sus manos. Era e grimorio familiar.
—Debes escapar —sugirió Abigor acercándose hasta ella.
—No —respondió seria—. Haré algo mejor,
Se sentó sobre un escombro y abrió el libro. Se fue directo a la parte de los hechizos. Abigor se sentó junto a ella y fue curando sus heridas. Ella lo observó por el rabillo del ojo.
Su contacto le producía cierta electricidad, su corazón latía fuerte y los nervios la asaltaban.
—¿Qué buscas? No hay modo de remediar esto.
—Sí, hay uno. Abrir un portal que me lleve al pasado.
—Es peligroso.
—Lo sé, pero no importa.
Dejó de buscar y permaneció con la mirada en la mansión. Sabía que se había involucrado sentimentalmente con un demonio y que eso no era lo correcto. Pero no podía evitarlo.
—¿Me recordarás? —preguntó Abby con un halo de tristeza.
—No lo sé.
Abby apartó una de sus manos del libro y acarició el rostro de Abigor. Sus caricias le resultaron cálidas y reconfortantes, por lo que se animó a besarla.
—No está bien esto —dijo él rompiendo el beso.
—Lo sé.
—Debí besarte antes de olvidarte argumentó Abigor.
Sombras oscuras comenzaron a emerger desde el suelo.
—Vienen por ti —anunció Abigor—. Hazlo, yo te protejo.
Besó por última vez a Abby y se paró frente a ella para protegerla. Golpeó su cetro en el suelo y la serpiente pareció cobrar vida.
Abby se apresuró en buscar el conjuro. Cuando dio con él lo leyó en voz baja para saber lo que debía decir. No había margen para cometer errores.
“Girando como las agujas del reloj
el tiempo girará.
Regresará el tiempo atrás
llevándome a mi pasado
más cercano”.

“Vuelve todo como estaba.
Acepta a esta alma.
El tiempo se alcanzará.
Y después he de regresar”.

“Pasado, presente y futuro
combinados en uno.
Llévame con las mareas.
Llévame con la tormenta”.

“Mi alma viajará.
Regresará en el tiempo.
Mi alma volverá
a un pasado olvidado”.
Repitió su hechizo tres veces. Un viento violento arremetió contra ellos agitando las hojas del grimorio y revolvió su cabello.
Mientras Abigor la defendía del ataque de los demonios que venían a llevársela para someterla y convertirla al mal.
El viento se tornó más violento y un embudo descendió de un cielo que se volvía negro. Una tormenta se desataba. Rayos, truenos y lluvia se hicieron presentes.
Para cuando finalizó el hechizo, un rayo la alcanzó y la desmayó. Abigor observó cómo su alma abandonaba su cuerpo, lista para partir al pasado.

HE AQUÍ EL FINAL DE ESTA HISTORIA. ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!

Hace más de 3 años

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