Iker_Salart
Rango12 Nivel 55 (9568 ptos) | Ensayista de éxito
#1
    Partes:
  • #2

— Es mía— dijo, retrocediendo un poco hacia la ventana abierta.
La luz desahuciada de una bombilla grasienta formaba un círculo en el centro de la estancia. La habitación de pensión más sucia del oeste de Harlem. Los dos rostros estaban bañados en sudor. Se miraban fijamente a la cara, de pie, uno frente al otro, entre la puerta de entrada y la ventana. Se oyó un grito seguido de un portazo unos pisos más abajo. Unos pasos salieron al exterior y esta vez las voces llegaron desde fuera. El más cercano a la ventana se estremeció y apretó algo en su bolsillo derecho.
— Eso tendremos que discutirlo— dijo el otro desde la puerta. Entonces en un rápido movimiento sacó su pistola y disparó.
En un reflejo trató de apartarse y no pudo. Todavía oía el estallido del arma cuando notó el golpe en la barriga con el que perdió el equilibrio y cayó hacia atrás. Encogido en el suelo con ambas manos tratando de retener la sangre que se le escapaba, miró al asesino.
— Si no es mía, tampoco será tuya—, balbuceó. Entonces llevó la mano al bolsillo, cogió la gema y la lanzó a la oscuridad de la noche.

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#2

El pistolero corrió hacia la ventana, pero ya no pudo ver nada. Cerró la ventana, se subió los cuellos de la gabardina y camino hacia la puerta. Allí se dio la vuelta, hizo una mueca, levantó el arma, apuntó y disparó de nuevo antes de salir corriendo hacia las escaleras.

En la calle un ciclista solitario pedaleaba con calma. Su figura desaparecía y aparecía bajo la luz lánguida de las farolas. El pavimento devolvía su sombra húmeda y aún caían algunas gotas aquí y allá. Inesperadamente algo cayó del cielo frente a él. Se asusto y movió el manillar tratando de esquivarlo, la rueda se cruzó en el recorrido y acabo con su cuerpo en el suelo. Boca abajo sobre el asfalto mojado levantó la mirada y lo vio. El diamante brillaba delante de él. Todavía dolorido se levantó sonriendo y lo cogió. Jugó con él entre los dedos y el juego de luces que emitía lo hipnotizo un momento, hasta que escuchó el eco unos pasos rápidos descendiendo las escaleras del edificio junto al que se encontraba. Lo metió en el bolsillo, levantó la bicicleta y salió de allí todo lo rápido que le dejaba su rodilla dolorida.

Unas decenas de metros más abajo, tras una esquina, un hombre fumaba un pitillo. Ocultaba su rostro tras la sombra recta que le ofrecía el edificio. Tenía las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta, la mirada baja y fría. Escuchaba atento el silencio de la noche. Al cabo creyó escuchar algo en la lejanía, el sonido de algo parecido al chirrido de un grillo que se acercaba. Se puso tenso, levantó su mano derecha y apagó el cigarro contra la pared, matando la pequeña luz. Se asomó cautelosamente hacia la carretera, y allí, a lo lejos, pudo ver la sombra de un hombre que bajaba rápido en bicicleta. Esperó un momento hasta que el ciclista pasó justo enfrente de él. Se incorporó y de un impulso saltó hacia delante, interponiéndose en el camino del hombre que bajaba. El otro apretó con fuerza la maneta del freno y la rueda chilló entre ellos.
- ¿Qué haces? ¿Estás loco? - gritó el ciclista.
- Ya me estás dando todo lo que lleves encima. - dijo el otro, sacando del bolsillo izquierdo una navaja que brillo ante los ojos asustados del tipo de la bicicleta.
Éste dudó un instante antes de vaciar sus bolsillos.
- Aquí, delante de mi, que yo lo vea. - dijo el de la navaja, apuntando a la luz que iluminaba el suelo

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