CorvusCorone
Rango5 Nivel 21 (514 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Otra película con final feliz: el malo pierde, el galán conquista a la chica, y estos pueden vivir felices y comer perdices.
Y fue en su sofá, mientras en la tele iban pasando esa lista interminable de nombres, que solo unos pocos valientes o madres orgullosas se atreven a leer enteros, que se dio cuenta que estaba cansado de tantos finales felices.
Y fue sentado en ese sofá, que contaba con una historia de tres genraciones de posaderas en sus cojines, que decidió buscar una historia. Pero no una historia de Hollywood, no quería mas perdices.

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#2

Como con todo nuevo proyecto, lo más difícil era empezar. Claro que las historias sin final feliz abundan en todas partes, y suelen superar y con gran diferencia las que si lo tienen. Pero no es algo que puedas ir preguntando por ahí, la gente no le suele contar sus penas a el primero con el que se cruza; porque la vida real no es una pelicula.
Y muy a su pesar, su propia historia no le valía. Ni alegre, ni triste. Siempre había considerado su vida un tanto aburrida, sin emociones fuertes. Así que no le quedaba otra opción que buscar algún probre desgraciado que quisiese contarle su desgracia a alguien con mucho tiempo libre.

#3

Y así empezo a preguntar a todo aquel, el cual pudiese ser el dueño de la historia que tanto ansiaba. Pero nada.
Primero indagó entre sus compañeros de trabajo, después empezó a preguntar a los dependientes de las tiendas que solia visitar; a los camareros de su restauramte favorito, que si le preguntasen tenía el mejor entrecot de toda la ciudad, aunque los del departamento de sanidad de la ciudad no tenían la misma opinión, por lo que fue cerrado unos pocos meses después de la partida de nuestro protagonista; incluso le preguntó al portero de su edificio, con el cual apenas había intercambiado un par de frases desde que se había mudado a ese apartamento, hacía poco más de dos años. Pero curiosamente el portero era una de las personas más felices que había conocido, y aunque tu vida no ha de ser una historia de final feliz para poder ser feliz, hay que admitir que ayuda mucho. Y es que el portero aunque a pesar de todas las dificultades y desgracias a las que se enfrentó, estaba destinado a un final feliz.
Tras quedarse sin opciones entre la gente más cercana a él, por así decirlo, puesto que no tenía muchos amigos, empezo a expandir su area de investigación. Y decidió centrarse en uno de los personajes de la sociedad que en las últimas décadas había entrado en decadencia, y que mucha gente procuraba olvidar, generalmente debido a traumas infantiles. Y es que a pedar de su fachada, los payasos siempre le habían parecido gente triste, o al menos que tenían algo que ocultar detrás de esa sonrisa, que a su parecer, parecia un poco diabólica.
Y fue entre los miembros de ese gremio que se precipitaba más hacia la tematica de miedo que hacia la de las fiestas infantiles, donde encontró el principio de su historia. Ya que en cuanto escuchó sobre Lena, supo que había encontrado su historia sin perdices al final.