Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 30 (1559 ptos) | Autor novel
#1

Tras congelar los cuerpos de la familia real, y con la mente en blanco, juntar en el recibidor los de aquellos que fielmente servían en palacio, apenas puede su propio peso. Enajenada posa el cuerpo de Lisa junto a Cindy, estira las ropas de esta y sin saber cómo, se desploma junto a ella. Minutos más tarde es el dulce olor a muerte de los cuerpos, lo que la convence de que aquella es la realidad cuando despierta. Aun así, jamás le ha costado tanto levantarse como aquella tarde.

Deshidratada de tanto llorar y sudar, motivada por la sangre que se ha secado en su cuerpo, cabello y ropa, llega a la ducha donde -sin desvestirse- se deja cubrir por el agua como un alivio momentáneo. Allí reacciona en cuanta sangre ajena la cubre... Invadida en recuerdos el aire se va de su pecho como si fuese un globo desinflándose y cuales fotografías llegan a su mente las imágenes de su pueblo muerto, sus amigos, las preguntas inevitables y la culpa... ¿Si no hubiera regresado por Umi, habría salvado al Rey, a Liria o Bonilla?, ¿Estuvo bien dejar a Chiba atrás?, ¿Por qué nos atacaron?
¿Por qué no me mataron?

Hace alrededor de 3 años Compartir:

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SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace alrededor de 3 años

Finalmente, los inicios de la esperada continuacion.
Me encanta, la culpa y tristeza se nota en el texto -ni que fuera sadomaso xd- pero ni modo, Tsuki tiene que pasar su duelo.
Por que no me mataron?" esa ultima pregunta es tan inevitable en un caso como el suyo y con la tremenda carga... un inicio muy triste y muy adoc
Ya quiero ver cuando vaya tras los enemigos jejejeje

Mariacarrion
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 1 año

Pinta bien,like, seguidor nuevo e invitación a pasarte por mi perfil. Un saludo.

LaBoheme1987
Rango6 Nivel 29
hace 8 meses

Acabo de terminar la primera parte de esta historia y sobra decir que me quedé con ganas de saber más sobre el destino de Tsuki. Aquí tienes una nueva seguidora ;3


#2

El agua golpeando su rostro con fuerza logra hacer que recobre el aliento, y ya con ropas limpias observa su cuarto como si lo viera por primera vez. Frente a su cama aún cuelga aquel añejo cuadro, en que se encuentran sus padres; la reina había mandado a colocarlo, así como sobre la cabecera se encuentra una fotografía de gran tamaño en que posa la familia real, y entre los cálidos brazos del rey esta ella. Kiara era así, siempre repitiendo que la amaban y sería siempre una hija más.
Retirando algunas lágrimas de sus mejillas camina hasta el dormitorio de Umi, sin dudar abrió el alhajero nuevo de la princesa, y sostuvo en sus manos aquella joya que le darían en la boda y se la puso; Una tosca tobillera dorada, llena de detalles pulidos a mano, en la cual se lucían el escudo de armas de la familia Nevado, así como al reverso una pequeña dedicatoria con la firma de su difunta amada.
—Ahora, solo faltan las armas... —Se dice tras un suspiro.
Su plan es simple: Seguir la pista al enemigo y detenerlos.
¿Cómo, dónde o de qué manera? Ni idea.

Sin otro interés recorre los terrenos sobre su corcel ignorando la multitud de cuerpos regados, no obstante en el camino a la herrería se detuvo por la presencia de unas tumbas ubicadas en un viejo terreno baldío. Este detalle es, probablemente, la razón de que minutos después no ataque al ser sorprendida.
—¡Quieto! —advirtió tensando el arco, mas, bajó las armas de inmediato -¿Carmen?
—¡Tsuki! —la chica soltó el hacha en sus manos y corrió a sus brazos.
—Que alegría ¿Pero cómo es posible? ¿Tu pa..
—No, él no —interrumpió sollozando inevitablemente, entre los cuales contó lo sucedido; Se puso una armadura para salir junto al hombre y luchar, no obstante, antes de poder hacerlo el hombre la envolvió en su crielgre convirtiéndola en una estatua de hielo que no se deshizo hasta que él ya estuvo muerto—. Debí estar a su lado, pero...
—Si no te hubiera protegido, no estarías aquí ahora. Fue una masacre.
—Pensé que estarías con los demás guerreros...
—Invadieron palacio, —dijo tras negar con la cabeza y se le llenaron los ojos de lágrimas de solo recordar— volví por Umi.
—Tsuki... —La mano de Carmen se posó en el brazo de la joven y no pudo evitar palidecer ante la mirada desoladora de la chica.
—Toda la familia, los guardias... no queda nadie.
—¿Y qué pasará ahora con el reino?
—Necesito equipo nuevo. Por eso vine. —Explica secando sus ojos rápidamente.
—Pero ya no se sienten hechiceros cerca. ¿Cree que se han escondido?
—No, iré a buscarlos.
—No, no puede dejarnos. —Dice con angustia ante la idea de que la sobrina del rey se vaya del planeta— ¿Qué haremos si usted se va? Sin la familia real...
—Carmen, no hay pueblo en pie. —Tajante, Tsuki la mira con frialdad levantando la voz— ¡Somos un cementerio! ¡No hay reyes que rijan!
—Por lo mismo, ¿no lo…
—¡No dejaré que hayan destruido toda mi familia y queden impunes! —Exclama frunciendo el ceño. Inmediatamente se formó un silencio incómodo.
Tsuki busca las cosas que necesita antes de suspirar y retomar el dialogo: Lo siento —Comienza a hablar sin mirarla mientras toma distintas cosas del cuarto, sabe que no tenía por qué gritarle a ella—. Sin soldados, sin reyes... solo nos queda rogar que los reinos que estén más estables se apiaden y mantengan la paz.
—Deje que vaya con usted, así sus probabilidades de volver aumentan....
—No, si te preocupa el pueblo ve a Laguna Alta, busca al príncipe Guido y dile que yo te envíe. El apoya la idea de que sigan habiendo seis reinos, si sigue vivo puede que tenga una solución al respecto.
—¿Y si no?
—...No lo sé... La duquesa, o el Conde Cazcar. —Toma una piedra de asentar antes de cerrar el morral— Con esto estaré bien, te dejaré el corcel, por favor cuídalo. —Afirma antes de envolver a la chica en un fuerte abrazo— Me alegro de que estés con vida.
—Sea fuerte Tsuki, y regrese por favor.
—Haré lo que sea necesario para vengarnos, Carmen. Incluso morir.
—Que los sabios la guíen, por favor. —Suplica, acercándose al corcel que sujeta mientras la guerrera toma asiento en una roca y respira profundamente.

Se iría en busca de venganza, ¿A dónde? Ya luego tendría alguna pista, quizás en otro planeta… o a dónde fuese que llegara.
La verdad es que jamás ha intentado salir del planeta, ni siquiera un viaje semejante, le enseñaron el método, pero al igual que a muchos otros, solo en teoría. Respirar, pensar en nada, juntar las yemas de los dedos y formar un triangulo invertido con ellos. Centrar la energía, toda en esos puntos, recitar aquella oración varias veces y nada…
Abre sus ojos una vez, algo frustrada antes de suspirar y hacer un segundo intento. “No importa el cansancio, no importa a dónde llegue, no tendré miedo esta vez. Mi ira es más fuerte!” Piensa y con toda su energía puesta en la idea de salir en busca del enemigo, recita una vez más aquella oración, que la hará llegar más lejos de lo que nunca ha viajado.

Carmen observa desde el umbral, cómo Tsuki se ve envuelta por una energía roja y su cuerpo comienza a disolverse, deformarse… concentrándose en aquel espacio que antes eran manos y hecha una especie de luz multicolor despega cual estrella fugaz hacia el cielo y se aleja en viento.
El corcel comienza a relinchar inquieto, deseando ir por su dueña hasta sentir las manos de la chica sobre su frente: ¡Tranquilo, tranquilo! —Dice, y le acaricia antes de observar el cielo despejado
— ¿Cómo no se da cuenta, Tsuki...? —Se lamenta— Si su abuela no vive... Es usted la siguiente reina. ¿Qué hará Nevada si no vuelve? ¿Qué será de su gente...?

Hace alrededor de 3 años

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Pandani
Rango1 Nivel 0
hace más de 2 años

Me preocupa Tsuki... está movida sólo por la venganza, no tiene ningún plan y ni siquiera consideró lo que dice Carmen :(

SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace alrededor de 2 años

Concuerdo con la compañera de arriba... al fin Tsuki comienza su viaje, en todo sentido motivada por la venganza. Sin pensar en las consecuencias (el lamento de Carmen lo dice todo) y menos en alguna estrategia. Aunque con todo lo que pasó la entiendo; igual de triste es lo que le pasó a Carmen con su papá. Otra caja con muchas lágrimas, pero todo indica que la próxima será más de acción.

LaBoheme1987
Rango6 Nivel 29
hace 8 meses

Es perfectamente comprensible el cabreo de Tsuki, yo también querría ver correr la sangre de los que asesinaron a la gente que más quiero ._.


#3

Tsuki sintió que sus pies se materializaron tras un hormigueo, al igual que el resto de su cuerpo. Alcanza a divisar un lugar oscuro pero que le da una horrible sensación de calor e inevitablemente siente que su cerebro da vueltas dentro de sí, que sus ojos pasean por el escenario sin enfocar antes de caer sobre sus rodillas y rápidamente sentir el frío suelo contra su cuerpo.

"Quien parece estar al mando, avanzó sin temor alguno hacia ellos buscando con la vista a quien le responderá preguntas. En consecuencia, ella se acercó disimuladamente preparada para tomar su arco y flechas de ser necesario.
—No esperaba que nos preparan tal bienvenida, ahora comprendo por qué debíamos venir hasta acá primero —dijo el hombre, dando vaga información de sus intenciones.
—¿Por qué visitan nuestro planeta?— Interrogó en su momento, y tras insistir obtuvo una respuesta.
—...serán un gran obstáculo si se ponen en nuestra contra en el futuro... Si un muro te obstruye el paso, lo derribas ¿no?— Explicó finalmente, el hechicero tenía piel algo anaranjada, lo que se le hizo muy extraño. Había oído de hechiceros, aunque siempre fueron un cuento para ella.
Lo que vino después fue una horrible masacre... dónde descubrió que los hechiceros eran reales y supo en ese instante, porqué existían algunas protecciones para la batalla en otros reinos. Los que aún temían a una poco probable aparición hostil de estos."

Al despertar siente el cuerpo cortado, y que apenas puede enderezarse. Se estira sobre su espalda y observa el cielo oscuro… El calor sofocante del lugar no la deja indiferente, apenas puede respirar, su estómago vacío reprocha y las heridas de la batalla parecen estar nuevamente latentes. Aquel viaje es en realidad desgastante, a tal punto que al intentar levantarse apenas despega un poco los hombros del suelo para volver a caer. Frunciendo el ceño insiste en ponerse de pie, hasta que finalmente logra afirmarse sobre sus rodillas y pararse con gran dificultad… Algunas personas de piel oscura pasan cerca de ella, pero siempre evitándola, observando con recelo a la extraña chica que es en el lugar.
No le costó suponer dónde debía estar, había oído de aquel planeta; uno caluroso, con volcanes y gente de ojos rojos. Uno de cuidado, ya que con la ausencia de los líquidos abundantes en el Planeta Cril24k son potenciales enemigos, debe esperar lo peor… Y ella tirada sobre el piso como un paño viejo, apenas puede observar el desfile de zapatos y tobillos a su alrededor. Definitivamente su corazón se acelera preocupado, más aún cuando… unas palabras extrañas y unos pasos rápidos se le acercan llamando su atención, entonces siente como la impulsan a sentarse, una ayuda que inconscientemente acepta levantándose al fin.
—¿Me van a atacar? —Piensa aterrada.
No obstante, el peso del aire es tal que inevitablemente tiende a caer de rodillas, si no fuera por el brazo rodeando su espalda y la mano firme y amplia que sujeta su codo, hubiera vuelto a ser un trapo en el suelo. Con las pocas fuerzas que tiene, observa de soslayo el perfil oscuro que la mira; Un hombre le habla pasivamente y guía hacia un costado de la calle. Tras caminar cerca de una pared colorida, entran por un callejón poco iluminado. Preocupada del rumbo desconocido que están llevando sigue moviendo un pie tras otro, en ese minuto lo mejor es dejarse llevar, ser dócil… hasta recuperar fuerzas o necesitar huir definitivamente… Después de todo, lo mismo sería quedarse contra el piso hasta que algo o alguien decida aplastarla.

El hombre la ayuda a entrar en un cuarto fino, con sillones elegantes y estantes llenos de archivos o libros, Tsu tropieza con la mesa de centro y si no es por el desconocido no cae sentada sobre el sofá más cercano. Aunque alza la cabeza para verlo bien, apenas consigue distinguir el color de sus ojos rosáceos, puesto que este la impulsa de sus hombros para que se quede recostada, cosa que no puede evitar. Y fijando su vista en el techo, observa las marcas de los azulejos por completo nerviosa. ¿Quién es ese tipo? ¿Por qué la llevaría a una oficina? ¿Qué planes tendría?
—Si me ataca… debo poder responder. Tsuki, tu puedes concéntrate y podrás moverte… vamos… —Se dice a si misma, mientras escucha que él se aleja y abre una puerta.

—¡Celestin, ven aquí! —Exclama al borde de la puerta que da al interior del lugar y tras unos segundos de silencio, insiste— No tengas cuidado, puedes bajar.
—Escuché que entrabas con alguien —Susurra un hombre coterráneo de Tsuki, quien se acerca por el pasillo agachado.
Sus cabellos blancos por completo, se encuentran amarrados sobre su cabeza haciendo un improvisado moño.
—Es de los tuyos, pensé que sería mejor traerla. Parece que ha tenido un mal día, y creí que te gustaría verle.
—Será… —El azul corre hasta la sala y se detiene al borde del respaldo desde donde observa a la chica que lo mira apenas pudiendo respirar— Sabios del aire…
—¿Es de tu familia? ¿Tú hermana?
—No… —responde con pesar y sonríe hacia Tsuki tocando su mejilla— Va a estar bien señorita. Está a salvo.
—Creí que esa expresión la decías con sorpresas o grandes alegrías. —Indaga el moreno, mientras abre unos estantes.
—Sí, es que es noble… Creo— Explica, soltando los cabellos de la chica frente a él.
—¿Cómo puedes saberlo?
—No estoy seguro, solo es una suposición.
Tsuki cierra los ojos más tranquila, ver sus cabellos completamente blancos le hace sospechar que podría ser de otro reino, pero aliado, al menos parece ser un refugiado. Vuelve a abrir los ojos al sentir la mano del hombre sobre su hombro en señal de apoyo y lo observa. Se ha sentado sobre la mesa de centro quedando frente a ella, al parecer revisa sus heridas con prudencia pero Tsu no puede evitar mirarlo con recelo cuando siente que toca la alhaja en su tobillo.
—Señorita, ese escudo es de Nevada. ¿Cierto? —La mira sin aparecer en el radio visual de esta, no obstante ella puede percibir como pasa un líquido por sus heridas.
—¿Quiénes son? —Susurra por respuesta.
—Yo soy Cedric, el curioso es Xiar. Puedo deducir por su estado que estuvo en la batalla. ¿Sabe que ocurrió con su guía? —Pregunta e inmediatamente la insta a mantenerse recostada, puesto que ella insiste en sentarse—. El viaje que hizo es agotador, y la densidad de este planeta es diferente a la de Cril. Tardará en acostumbrarse, es mejor que descanse.
Con mucho esfuerzo asiente, el tono de Cedric es tal que recuerda a su maestro de guerra durante los entrenamientos, resignada da un suspiro y vuelve a cerrar los ojos analizando la situación.
Un guía, aquel término hizo que rememorara aquel plan de fuga que había para los príncipes. En caso de que las cosas empeoraran el Maestro había destinado a un trío de soldados expertos que conocían el arte de viajar de un planeta a otro, ellos sacarían a los herederos del peligro, refugiándolos. Mismo plan que seguro aplicaron para otros herederos y quizás incluso algunos niños en otros reinos o villas. ¿Guido habrá huido? Su mente intentó enfocarse en el vago recuerdo del pizarrón, lo vio fugazmente cuando Bonilla hablaba con los expertos, había tres puntos de encuentro… Si encontraba a Guido podría querer acompañarla en su venganza, pero, no reconoció ningún detalle de los del pizarrón. Eran lugares extraños a los que jamás soñó llegar, puesto que aún no había siquiera intentado usar esa habilidad, era una actividad a la que muy pocos tenían permiso, solo después de muchos años de entrenamiento y honores. Cedric… debía ser un soldado de renombre… pero no recuerda ningún noble llamado Cedric. Su mente divaga en estos pensamientos y otros, durante dos días.

Hace más de 2 años

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#4

Durante el tiempo que Tsuki se estuvo reponiendo, los hombres revisan su bolso, alivian sus heridas y la cuidan. Si bien no logra dormir más de diez minutos seguidos por la preocupación de ser atacada, apenas podía su cuerpo y tampoco quiere hablar, al contrario se dedicó a observarlos con recelo descubriendo que, al parecer el hombre lleva bastante tiempo en el lugar; así como su anfitrión parece ser confiable. Sin embargo, cuando el azul toma la foto que guardaba de la familia real en su bolso, Tsuki no puede evitar un respingo e intentar ponerse en pie, pero, aún no se puede su cuerpo por completo y Cedric desaparece del cuarto para volver varios minutos más tarde.
Acercándose a ella con una sonrisa, le ofrece la foto de regreso y comenta lo bien que se le ve ahora.
—Gracias. —Responde, logrando sentarse y recuperando la imagen, la observa con nostalgia.
Cedric se sienta en la mesa de centro y la observa acomodarse con paciencia, y recibe esa mirada analítica y desconfiada de la chica; quien, finalmente descubría a un hombre de labios gruesos con una barba que se extiende por todo su rostro.
—Esa es la familia real de Nevada… Es una buena foto. —Comenta amigable.
—¿De qué reino es usted?
—Soy de Nube Clara. —Sonríe y ofreciéndole una fruta añade—, ¿Quién es usted? Es de la nobleza, pero debo admitir que no le reconozco.
—Soy una guerrera, es lo que importa. —Se niega a responder y aceptando la fruta con recelo.
—¿Qué paso con su Guía? Podemos buscarlo y así…
—No es necesario —interrumpe pelando aquel extraño fruto lleno de manchas, antes de explicar: — en Nevada solo los príncipes tenían uno. Las noticias no llegaron con suficiente tiempo, y apenas pudimos prepararnos.
—Lamento oírlo… —dice, dando un vistazo al umbral ubicado al fondo del cuarto, a espaldas de la chica— Ha venido sola entonces… ¿quiere que la dirija a un refugio? —Pregunta, pero recibe rápidamente una negativa.
—Imagino que tiene otros planes, por eso no está usted mismo en uno —. Lo mira fugazmente antes de arriesgarse a dar una mordida.
Aquel alimento jamás lo había visto en su vida, y el sabor amargo que posee no fue muy de su agrado. Algo que se notó inmediatamente en su rostro provocando una ligera sonrisa en el hombre.
—Es bueno para nuestra salud, te recomiendo aguantar el sabor —comenta. —respecto a tu inquietud, me pareció correcto no dejar a una dama a la deriva. Pero no nos tomará mucho tiempo llegar a uno. Solo debemos movernos con cuidado, varios hechiceros pasaron por aquí hace pocos días, y si tenemos suerte se han desviado a otros pueblos.
—Entiendo, pero no deseo ir a un refugio… Mi misión es diferente.
—Ya veo, puede quedarse aquí hasta que se recupere, señorita…
—Tsuki, soy Tsuki Del Silencio.
—Del Silencio… sorprendente, creí que no había descendientes de la familia Del Silencio. —Afirma mostrando gran sorpresa en su mirada.
—¿Conoció a mi padre?
Al ver cómo los ojos de la chica brillan con intriga, Cedric alza las cejas sorprendido y extrañado.
—¿Le sorprende? Rubino es famoso por su destreza con la espada, un gran soldado. Entrené con él un par de veces cuando visitó mi pueblo juntó al rey Nevado.
—Gracias por sus palabras…
—Entonces, ya que no desea un refugio… en que puedo ayudarla.
—Ya bastante me ha ayudado… ni siquiera sé cómo podría agradecerles a usted y…
—Xiar, es un hombre nativo de este lugar.
—Por qué… por qué no está en el refugio…
—Buscaba provisiones…
—Solo refugia gente de Nube clara?
—No, también hay personalidades de otros reinos, varios han sido protegidos.
—Es una alegría saberlo… —Suspira mirando lo que queda de fruta en sus manos— Pensé que habían muerto todos…
—No me imagino lo que has pasado. Lo lamento, escuché que Nevada fue destrozado por completo, lo mismo con Laguna Alta.
—¿Has sabido de ellos? ¿Los príncipes, has sabido algo?
—Pues, no mucho. Algunos refugiados comentan que la reina dio su vida protegiendo a los niños y mujeres de su pueblo, al parecer no quiso irse si no habían sido evacuados todos antes.
—Señora Camelia… —Suspira negando, y sin evitar rememorar la generosa y negra mirada que se escondía tras los lentes de media luna de la mujer.
—Los conocía de cerca, imagino.
Tsuki asiente con la mirada, y comenta que vio a Selene poco antes de la batalla con los hechiceros, pero, lamentablemente no sabe que sucedió con ella después… a pesar de recorrer los terrenos no vio luces de ella… Solo de varios nobles de Salto del Mar y Nevado, y a quienes encontró estaban muertos. Noticia que claramente no agradó al hombre, esté explicó que había algunas personas de Laguna Alta en el refugio cercano, no obstante… nada de los príncipes del reino en cuestión.

—¡Eh! Está conversando, que novedad. ¿Te sientes mejor jovencita? —Xiar entra por la puerta principal rápidamente y se acerca alzando unas bolsas.
—Gracias p…— Tsuki se pone de pie, y se tambalea de inmediato sin terminar de hablar.
—No te esfuerces, tranquila. Ya sé lo que dirás.
—Espero, espero no haber sido molestia.
—Ustedes celestinos no dejan de lado nunca la formalidad. —Se queja el hombre rascándose la cabeza.
—Es lo que sucede con la gente educada —Aclara Cedric, guiñándole un ojo a Tsu, sin embargo, esta solo lo mira sin expresión.
En su cabeza, sigue dando vueltas el pensamiento de aquel refugio en que hay personas de Laguna Alta. ¿Y si hubiera alguien que sepa el paradero de Guido? Por un lado es tentadora la idea de buscar un aliado, por otro, estaría arriesgando al probablemente único heredero de Laguna Alta vivo, suponiendo que lo esté. Conociéndolo, puede que se haya quedado con su madre… imitándola. Lo mejor que puede hacer es buscar la pista de aquellos hechiceros que pasaron hace poco por el lugar y seguirlos… si encuentra la guarida de esos hombres, podría encontrar a su líder.
La imagen del hombre encapuchado lanzando un rayo de luz contra el muro de crielgre que protegía a Umi llega a su cabeza; y así el hielo quebrándose; la princesa observándola (casi despidiéndose); el curtido rostro del hechicero al mirarla; el hombre perderse por la ventana… Con esas imágenes rápidas en su mente se le hielan la sangre. Sí. Debe buscar la guariada, averiguar sus planes y matar al hombre que mató a Umi.
Con el ceño fruncido y ya respirando un poco, recuerda su misión principal… destruir los planes de esos hombres, y matar a quien mató a Umi, si sigue vivo.
—Aunque tenga que hacerlo sola… aunque sea lo último que haga. —Piensa antes de mirar a Cedric y Xiar que discutían sobre las provisiones para la guarida. —Disculpen, ¿saben hacia dónde fueron los hechiceros después de este pueblo?

Hace alrededor de 2 años

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LimeOxen_44
Rango1 Nivel 0
hace alrededor de 2 años

quede mas que curiosa con saber si aun Guido sigue con vida y Selene ¿que sera de ella?... espero que Tsuki cambie de opinión y decida ir a buscar a Guido

Pandani
Rango1 Nivel 0
hace alrededor de 2 años

Necesito saber qué pasó con Selene ;_; aparte de estar destruida emocionalmente, ¿está bien? ¿QUÉ VA A HACER? Además, sigo preocupada por Tsuki! Tan impulsiva esta niñita u__u
¡Gracias por hacerte el tiempo para escribir! Y gracias a tu enana por permitirlo (?) <3


#5

Tras varias horas de conversar con Cedric, quien intenta disuadir a la noble de seguir su misión, solo consigue que acepte acompañarlos al refugio para al menos encontrar a uno que otro compañero y recuperarse de las heridas como corresponde. No obstante, ella no ha desistido de su venganza, es por eso que luego de ponerse una capucha cada uno de los azules sigue a Xiar por un camino de piedras rodeados de coloridos edificios que no superan los tres pisos. Soportando un calor sofocante Tsu comienza a dudar de que sus coterráneos realmente estén vivos tras una semana de vivir en este planeta tan soleado, y se pregunta cómo los habitantes del planeta pueden vestir tranquilamente de trajes con cuero, cuando ella realmente está tentada a quitarse todo lo que lleva bajo la capucha de una buena vez.
—¿Cuánto más dura el viaje?
—Al menos unas cinco horas. —Responde Xiar, acomodando sobre sus crespos cabellos una gorra que cubre sus ojos del sol, mientras con la otra mano va guiando a un extraño animal que carga varios bolsos.
—Ya veo.
—¿Estas cansada? Puedo traerte algo de beber. —Pregunta fijando su oscura mirada en la capucha que lleva encima.
—En realidad hace mucho calor aquí.
—Es por el clima del planeta, no es para seres como nosotros…— Explica Cedric, humedeciendo con la lengua sus gruesos labios, tan resecos ahora, como los de la chica.
—Les traeré líquido. —Dice Xiar, antes de dirigirse a un puesto de la calle donde un hombre posee un local ambulante.
Caminaron bajo un sol rojizo por horas, durante las cuales acaban al menos con seis litros de agua solo entre ambos azulinos, hasta llegar al límite de la ciudad donde un grupo de soldados conversan animados con unos hombres con capas, muy similares a las que usaban los que atacaron Nevada. La vista de la guerrera se fija de lleno en ellos, por bajo los cabellos sueltos que entorpecen su vista los observa hasta que pasan junto a ellos, sin embargo el emblema que llevan no es igual… podría ser que sean otros y las palabras que dicen no puede comprender.
—No son ellos, tranquila. —Murmura el joven que la acompañaba, posando firme una mano en su hombro, al parecer percibe sus pensamientos, o podría ser que el aura a su alrededor cambió repentinamente.
Tsuki solamente asiente y sigue caminando.

El trayecto es arduo, pero, a medida que avanzan una suave brisa va llegando, la cual poco a poco aumenta hasta ser agradables ráfagas que alivianan la caminata. Entonces a lo lejos divisan un pueblo pequeño junto a unas montañas, el hombre que sigue guiando al animal vuelve a ofrecerle a Tsuki que deje su bolso con los demás, pero no. Ella no soltará sus pocas pertenencias, algo que lo hace creer que habla su orgullo, mas no es así.
—Ya verás que encontrar al resto de nuestro pueblo te hará cambiar de idea. Seguir a los hechiceros no es lo mejor que podemos hacer. —Comenta Cedric, acomodando la capa sobre su cabeza.
—Eso piensas, pero tampoco te quedas en el refugio.
—Es verdad, pero eres una noble, debes resguardarte. En especial si quedan pocos nobles en nevada.
—Eso no es importante ahora, Nevada es un cementerio y es por culpa de esos seres.
—Entiendo tu ira, de verdad. Pero, estoy seguro de que lo mejor es que te repongas en el refugio, al menos unos días. Tus padres lo hubieran hecho. —Afirma en voz baja.

Ya están al interior del pueblo, el cual cuenta con unas dos o tres calles principales nada más, frente a una casa por la cual entran y salen seres del planeta, se detienen. Xiar les hace un gesto para que esperen y Cedric sostiene las riendas del cuadrúpedo. En pocas palabras explica que solo comprará algo para que se sirvan y luego ellos dos seguirán su camino sin Xiar. El refugio se encuentra tan solo a unos pasos en la montaña y aunque confía en Xiar, el mismo le ha dicho que es mejor que no conozca la ubicación del lugar… pero, la mente de Tsuki no está en esas palabras.
— ¿Está bien si miró el lugar mientras él compra? —Consulta distraídamente.
— Claro, pero no te alejes. No puedo esperarte.
— Está bien, no lo hagas. Si me pierdo, ya sé a dónde ir. —Afirma y el solamente le mira a los ojos pensativo.

El pueblo es pequeño, la gente con su piel oscura es muy llamativa para la soldado, pero aquello también facilita su tarea. Entra en más de un lugar a preguntar por la aparición de algún extranjero con esas armas de madera. Pero, tarda unos veinte minutos en obtener una pista, hace poco tiempo se habían visto comprando víveres unos extraños encapuchados también, pensaba seguirles los pasos cuando el azul que la acompañaba le alcanza.
—¡Tsuki! —Cedric la sujeta del brazo deteniéndola al salir del local— Ya tenemos que seguir. —dice, provocándole un respingo— Xiar se quedará en casa de un amigo, nosotros debemos avanzar antes de que llegue la oscuridad.
—Claro. —Afirma y camina tras él, no sin ver de reojo alrededor.
Los hechiceros habían estado cerca, probablemente buscando a sus iguales, por lo qué podría ser que siguieran aquí. Es por eso, que avanzar hacia el refugio podría ser bueno… lo más probable es que en el camino…

Ahí estaban, cómo lo había pensado; unos hombres con abrigos o capas en el brazo, agrupados a un costado de un sendero cercano detenidos, bebiendo y conversando, al parecer algo cansados. Ahí estaban; esos hombres con piel rosadas, trajes de dos piezas, cabellos unicolor y colgando del cinto unos trozos de madera bien pulidos. Eran hechiceros, claramente. Sin dejar de mirarlos de soslayo, Tsuki sigue avanzando y cuando ya los han perdido de vista al menos hacía un buen rato, se detuvo.
—Hasta aquí le acompañaré.
—Sé lo que estas pensando, pero no es lo mejor para ti.
—Yo sabré lo que es mejor para mí, agradezco sus cuidados pero, tengo que hacer esto. Tengo una misión.
—Estás malherida, sé que eres un soldado y quieres cumplir pero, deberías mejorar primero.
—Cedric, no le estoy pidiendo permiso. Me estoy despidiendo. —Dictamina y avanza varios pasos de regreso antes de detenerse—. Puedo pedirte un favor. —Dice, acabando las esperanzas de que cambiara de opinión.
—Claro.
—Si ve a Guido, cuéntele lo ocurrido en Nevada. —El hombre asiente al tiempo que Tsuki continua su camino al trote, antes de desaparecer…

Escondida tras un árbol observa en silencio, su arma primordial de ahora en adelante. Los hombres parecen confundidos y con problemas, pero sabe que son ellos, pues está segura de haber visto a uno en batalla y su herida estaba fresca en el rostro, una que causó Liria con su arma.
Ahora que los ha encontrado, no puede perderles de vista… en algún momento, en algún minuto volverían a su guarida.

Hace alrededor de 2 años

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SKSeibert
Rango3 Nivel 10
hace casi 2 años

Uuff, y ya está, ya los encontró... La cosa se pone más color de hormiga y hasta aquí llegan los intentos de Cedric y la idea que buscara a Guido. Una buena caja que me dejó más que curiosa con lo que vendrá, el preludio de la acción... y parece que los hechiceros tampoco la llevan fácil. Si bien entiendo a Tsuki, ojalá recuerde que el chiste de la venganza no es morir en el proceso XDD (Calladita y todo salió bien llevada a sus ideas jajajaja)
¡Saludos! y Gracias por escribir


#6

De entre los árboles se ve este portal, al interior del bosque hay un agujero con infinitos colores despliega un extraño magnetismo, ubicado entre dos grandes árboles de grueso tronco. Mientras espera resuenan en su mente las palabras de Cedric insistiendo en que vaya con él al refugio, los posibles futuros de haber tomado otras decisiones y las formas de morir que puede tener si cruza aquel endemoniado portal que resguardan dos hechiceros.
Pasaron horas antes de que llegaran de vuelta los hechiceros, y solo llegaron dos que cambiaron de lugar con los hombres que hacían guardia.
—Sabandijas, ¿y ahora qué hago? —Se repite de nuevo sentándose en el piso, sin dejar de observar al enemigo por entre los arbustos.

Había observado en esos días como funcionaba la entrada al portal, al parecer aquel aparato plano que sostenía el hombre en sus manos lo dirigía, ya que este se encendía o apagaba después de que lo tocaban. Una vez más lo habían encendido y era su oportunidad... Siempre repetían el patrón, unos hechiceros volvían, cruzaban el portal y nuevamente se quedaban dos vigilando.
Llegada la noche, aparecieron los tres últimos que habían salido en la mañana pero, tras cruzar, alguien salió y habló con el que tenía el tablero de forma seria… al parecer algo sucedía, podría ser que partieran del planeta y no volvieran o quizás encontraron algún refugio de azules. En su interior supo que era ahora o nunca.

Se movió fugaz hacia ellos, y en esos segundos que tardó en alcanzarlos vino a su mente el recuerdo del calor de su prometida apagándose, la sangre esparciéndose en el vestido, el grito de horror cuando cayó su Rey... Entonces vio ira.
Antes de notarlo tenía en sus manos a uno de los hombres y la ardiente sangre roja se derramaba en su brazo. Lo dejó caer sin titubeos y sacó una flecha del carcaj para atravesar al que intentaba huir entre los árboles; una, dos, tres flechas lo atravesaron de forma innecesaria. Pero, aunque quería seguir maltratando aquellos cuerpos inertes, debía avanzar. Con los hombres tirados en el piso, registró y vació bolsillos. Encontró papeles, algo que supuso serían sus monedas, también encontró armas, cosas que guardó en su bolso y entonces, quitándole las capuchas se colocó una y la otra la tiró por el camino. De ese modo creerían que fue un simple asalto, y esperaba así no pensaran en un polizón.
Hecho esto hizo lo que debía: cruzar el misterioso portal y llegar a la guarida del enemigo.

Al llegar se encontró en un cuarto de paredes grises, al que inmediatamente entra un hombre con la capucha baja que le habla en otro idioma. Procurando no mostrar su rostro asiente sin respirar, y avanza por el pasillo más cercano y sigue así hasta encontrar un cuarto vacío donde ocultarse por un momento y allí toma aire. Más calma observa por la pequeña ventana que hay en aquel cuarto lleno de cajas y archivadores, y comprende que no es un refugio cualquiera, este se encuentra en el cielo, y desde allí se transportaban al planeta. Asustada por el descubrimiento se pasea por aquel cuarto en círculos, buscando información en los cajones, libros y manuscritos. Pero, solo son archivos de seres de piel damasco y chocolate y en algunas cajas encuentra frascos de aluminio o con alimentos...

Una parte de si misma le dice que esta condenada, que no logrará nada provechoso con sus acciones, pero, otra parte le dice que debe seguir y una parte aún más consciente solo repite "Es lo que habría hecho Liria, esto habría hecho ella". Y con este último pensamiento saca unas frutas que no conoce y se arriesga a guardarlas en su morral para más adelante, abre un poco la puerta y concentrándose analiza el mejor camino para buscar otro lugar. Uno en que pueda encontrar información. Aunque tarda un poco en decidirse a salir, cuando lo hace se mueve por los pasillos de forma errática, en las cámaras de seguridad se puede ver como uno de los encapuchados avanza, retrocede y avanza de nuevo... (Si alguien la observó habrá creído que estaba ebria, pero, realmente evitaba a todo el que se acercaba). Finalmente, encuentra un dormitorio vacío cerca. Solo debe cruzarse con un grupo que conversa y ríe. A paso rápido va hacía la puerta y dándoles la espalda intenta abrir, nota que no hay picaporte y comienza a sudar al descubrir que es tecnología desconocida.
—Es mi fin —piensa y da un manotazo a la puerta que, mágicamente, se abre.
El grupo despreocupado no se detiene al pasar junto a su persona por lo que la puerta se cierra y se deja caer angustiada, apoyando sus manos sobre las rodillas. Estaba a salvo, por ahora.

Finalmente comienza a concientizar el riesgo que ha tomado, que debió trazar un mejor plan, uno completo mejor dicho.

Y se estremece ahogando un grito al oír: ¿Ya me dirás a qué has venido?— La voz ronca venía de sus espaldas, al voltear descubre que un hombre bajo estuvo siempre junto a la puerta.
Él le abrió.

Tsuki saca su daga de inmediato, endereza su cuerpo y lo apunta decidida: ¿Qué eres y por qué no puedo sentirte? —Pregunta, antes de dar tiempo al viejo de moverse.
El hombre no responde, ella habla tan rápido que no alcanza a pensar en el idioma que le estaban hablando. Pero, la observa bien y cuando reconoce sus rasgos esboza una gran sonrisa.
—Responde, viejo, que si no te mato. —Gruñe Tsuki, temerosa al pensar que podrían haber más seres dentro del lugar, de esos, de los que ella no percibe sin verlos.
—Tranquila muchacha, tranquila. Te esperaba. —Dice el viejo, con un acento extraño y de forma lenta. Claramente no es su lengua nativa.
—¿Qué eres? ¿Por qué no tienes magia?
—No soy un hechicero. —Responde con una sonrisa, presiona un botón en la puerta asegurándola y camina hacia un sillón donde se puso cómodo—. No todos los humanos somos hechiceros, por tu rostro veo que no lo sabías.
—¿u-manos? —Levanta una ceja incrédula, ¿en serio son seres diferentes?
Para ella todos se ven igual a no ser que hablemos de aquellos con piel chocolate o blanca... todo lo demás era más o menos igual.
—Sí, humanos. Es una especie compleja. Yo soy mago, uso la magia de la naturaleza, los hechiceros usan magia de su interior. Cómo tu Krielgre. —Explica el hombre con calma, palabra por palabra para que ella entienda su hablar extranjero—. ¿Puedes dejar de apuntarme? Es incomodo, no voy a delatarte. Te estaba esperando, ya te lo he dicho.
—¿Por qué confiar en usted? —Tsuki no deja de apuntar, pero sí baja un poco la guardia.
De soslayo examinaba la habitación, temiendo que apareciera alguien de pronto.
—Porque no estoy de acuerdo con lo que hicieron en tu planeta. No era necesario, cuando te metes con el destino este suele tener repercusiones indeseables.
Las palabras del hombre no logran entrar en ella, quien sigue mirando el dormitorio con desconfianza, preocupada: ¿Cuánta gente había realmente en la nave? Al menos, allí parece solo estar él: El lugar cuenta con una mesa, dos sillones, un librero lleno de papeles, carpetas, libros y pergaminos. A un costado hay una pequeña cama con una mesa donde se posan unos lentes y una botella de agua, un ropero abierto con pocas ropas colgadas y unas mantas blancas, también hay una puerta -aquella era la peligrosa- tras la cual, no puede saber que se encuentra.
—Si supieran que estas aquí ya estarían atacándote —Comenta el hombre tirando unas runas al aire y dejándolas caer al piso— Lo sabía, tú puedes salvarlo.
—¿Salvar?
—Entonces, imagino que no tienes descansar. Será un problema... —El anciano se puso a pensar, ignorando la mirada incrédula de la chica, ignorando que aún lo apunta y que lo sigue haciendo hasta que se le cansa el brazo.

El mago se dedica a leer mientras Tsuki lo observa con el estómago apretado, y echa un vistazo a los libros que tienen mapas de planetas, ilustraciones de constelaciones y visiones del cielo, así como en el librero observa muchos pergaminos en otros idiomas. Al parecer aquel hombre es un ilustrado, y aunque no hay signos de que sea amenaza, no logra quedarse tranquila. Es por esto que, él decide salir enseñándole a cerrar el cuarto por dentro y la deja sola por varias horas. No obstante, solo consigue ponerla más nerviosa; ¿y si la delata?, ¿y si vuelve con soldados?, ¿y si abren la puerta?, ¿y si el hombre era bueno, lo descubren y la descubren a ella? —Así pasa divagando por horas, buscando la mejor esquina para esconderse, el mejor punto del cuarto para atacar a quien entre. Preparándose para alguna contingencia, en lugar de relajarse como esperaba el viejo. Así descubre que detrás de la puerta solo hay una ducha y un asiento extraño, aquello es lo único tranquilizador, nadie estaba escondido ahí.