Jupiter_Menfis
Rango10 Nivel 47 (5216 ptos) | Fichaje editorial

OSCURIDAD

El sobre amarillento que había hallado tenía la siguiente inscripción:
"Si bajo nosotros vives,
Si desconoces el arriba
Y oyes pisadas en tu eterna noche,
No abras este sobre.
Pero si escuchas susurros
Y no le temes a la luz
Cuando ante ti aparece,
Lee con atención
Las siete cartas
Que te hemos dejado
Y abandona tu oscuro hogar".

Hace alrededor de 3 años Compartir:

9

24
LeonVillanova
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 3 años

Interesante presentación, me gustaria ver a donde quieres llevarnos con tus siete sobres.

Jupiter_Menfis
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 3 años

Es el comienzo de una historia que tiene una semana de vida. Como estoy escribiendo otra, tardaré un poco en subir otras cajas. Gracias por tu comentario, @LeonVillanova !!!

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace alrededor de 3 años

Intrigante.

Lo imagino y atrae.

Quedo con ganas de más...

Saludo

Sedemiuqse
Rango10 Nivel 45
hace casi 3 años

Happy_Endings! Me encantan tus historias. Gracias!

andres24
Rango6 Nivel 28
hace casi 3 años

😨 Lei la introducción y me atrapó inmediatamente. 😊


#2

Querido oculto y/o superior:
Mis sueños son oscuros, pero, de vez en cuando, aparecen luces en mi subconsciente. No es que sepa cómo lucen realmente; sólo las veo al cerrar los ojos.
En este momento, sé que estás imaginando que soy un chico ciego. Bueno, no es cierto, mas tampoco es algo tan descabellado.
Vivo bajo tierra, al igual que toda una ciudad entera. Desde que las historias orales pueden recordar, el hombre siempre ha estado por debajo de la superficie. Los motivos no se conocen, ni tampoco se sabe qué hay arriba.
Todos se atienen a la gravedad y nadie es capaz de describir la luz del Sol, pues su existencia es casi un mito. Los colores que nuestros ojos distinguen son opacos, oscuros y aburridos, vacíos y sin vida.
Desde pequeño sé que soy diferente a los demás y, por eso, lo he mantenido en secreto, pero alguien más descubrió mis capacidades, o bien, lo predijeron. La cuestión es que se las han arreglado para que encontrara las cartas que me llevarán al mundo de afuera.
Sin embargo, creo que debería comenzar desde el principio. Si me permites, continuaré mi carta así:

Hace alrededor de 3 años

2

5

#3

Mi nombre es Dum y soy el hijo único de Krad y Wodahs. De hecho, todos aquí son hijos únicos, pues no podemos exponernos a una superpoblación. Y con "aquí" me refiero a la ciudad de Somb. Tengo catorce años, edad en la que debo definir la continuidad de mi vida en forma profesional. Luego, a los quince, tendré que tomar por esposa a cualquier chica fértil.
Todos parecen satisfechos con estas fechas límites, mas yo no. Comprendo que a los cuarenta se acaba cualquier clase de productividad y que por eso todo se empieza desde temprano, pero... simplemente no encajaba en mí. Tal vez me aterra, no lo...

— ¿Qué haces, Dum?
—Casi me matas, Yerg —dije abollando el papel y guardándolo en el bolsillo más cercano.
—Casi. ¿Qué haces?
—Nada.
Con una mano, ella tomó el carboncillo con el que estaba escribiendo. Yo, como un tonto, intenté impedírselo, y terminé dejando desprotegida la carta. Yerg la alisó y leyó con ojos curiosos.
— ¿Quiénes son los oscuros y/o superiores?
—Nadie.
— ¿A quién le escribes? ¿Es un nombre clave para una chica?
— ¿Qué? Claro que no.
— ¿Y entonces?
No podía decir que era una historia porque allí los cuentos no abundaban. Sólo había leyendas y advertencias de nuestros ancestros. ¿Sobre qué hablarían si las aventuras no eran posibles, el amor se apresuraba, la vida era corta y nadie más que él conocía las verdaderas luces, y no esas tenues con las que iluminaban los rincones?
Por un segundo pensó que debía agregar a su escrito que se guiaban más por los otros sentidos que por la vista, el cual casi habían perdido.
— ¡Allí hay otra carta! Deberíamos dejar de gastar tantas raíces. Si me explicaras qué es esto, no sé lo contaría a nadie.
En un instante, también se adueñó del sobre que había recibido.
— ¡Seis más! Estarás en serios problemas... especialmente si alguien más lee esto.
—Lo harán si no me las devuelves.
—Ya sé. Le respondes a esta persona de aquí —exclamó Yerg señalando el viejo sobre.
—No sé quién me la envió.
— ¿Y entonces a quién?
—A nadie. Me gusta escribir.
— ¿Ah, sí?
—Sí —respondió imitando su tono de sorpresa.
— ¿Por qué escribir si puedes convertirlo en música?
—Si lo escribo en un papel, nadie tiene por qué leerlo.
—Sabes que pocas cosas se mantienen en privado.
—Créeme cuando te digo que no es así.

#4

— ¿A qué te refieres?
—A que todos tenemos secretos y a que, sin dudas, Somb nos oculta una gran cantidad de cosas.
— ¿Cómo cuáles?
Entré en pánico: Yerg no podía conocer sus verdaderas intenciones ni sus más profundos pensamientos.
— ¿Tienes las otras cartas? —cambió parcialmente de tema.
—No.
—Ya descubrí uno de tus secretos, aunque sonó más a una mentira.
—No mentí.
— ¿Y por qué no te estoy creyendo?
—Pues no lo sé, ese es tu problema.
— ¿Sabes qué? Ya se hizo la hora de trabajar.
—Claro, porque viniste hasta aquí teniendo sólo cinco minutos. Parece lógico.
—Sí tengo que trabajar. Lo siento —dijo Yerg despidiéndose con una sonrisa. Sabía que regresaría con más de sus preguntas.
Yerg era una chica de dieciséis años, razón por la cual mencionó que trabajaba. A pesar de su edad, ningún joven la había escogido por poseer una tez negra. Para ellos simplemente era raro encontrarse con alguien así, cuando todos eran blancos. Era algo así como una abominación de la naturaleza y, como aun así era una integrante de la naturaleza, no podía ser dejada de lado. Además, una utilidad debía de tener, por más que muchos prefirieron que la asesinaran luego de nacer. Permitir que continuara con vida fue una excelente elección, pues ella podía realizar tareas en las minas que se le dificultaban a la mayoría de los hombres. Yerg era fuerte, liviana y ágil a la vez. Ese era otro motivo por el que continuaba sola, pues de nada serviría ya si quedaba embarazada y tenía hijos. Entonces, de una forma u otra, siempre controlaron sus acciones para el beneficio de la sociedad.
Casi nadie le hablaba. Otros pocos y yo éramos la excepción. En mi caso, la conexión había surgido porque la tía de Yerg era mi vecina y la visitaba seguido. Era una persona simpática y muy sociable; a mí no me molestaba su compañía, pero de vez en cuando se volvía insoportable y simplemente tenía que echarla porque ya se estaba metiendo en sus asuntos privados.
En Somb no se conocía la privacidad, lamentablemente. Es decir, encontrar las cinco primeras cartas fue un acto complejo —y mantenerlas en secreto más —, y todavía le quedaban dos. La sexta estaba en las minas, sitio al que se le prohibía ingresar a cualquier persona que no trabajara allí. En lo que respectaba a la última... creía que se hallaba en la entrada al nuevo mundo.
¿Un ser extraño y superior los estaría observando en ese preciso instante? ¿Sabrían que él había recibido las cartas? Bueno, sentado aquí no obtendré ninguna respuesta. Aprovechando que la intrusa se había marchado, proseguí con mi escritura. Lo necesitaba y, de paso, tal vez, alguien le contestaría.

#5

Releí lo último que había escrito y continué:
Tal vez me aterra, no lo sé.
La primera carta apareció debajo de mi cama hace un año ya. Sin embargo, podría haber estado allí desde mi infancia, quizás pegada a la pared o bajo un viejo baúl, quién sabía.
La pregunta que me hago ahora es: ¿alguien la colocó allí? Es decir, a propósito, conociendo su contenido. Si dejo esta carta aquí ahora mismo, ¿vendrán a recogerla, la leerán y me responderán? Querido oculto y/o superior, ¿eres real o sólo un personaje ficticio que mi escritura necesita para llevarse a cabo? ¿Acaso eres más que la sencilla silueta de mis sueños o las pisadas sobre la oscuridad? Si existes, seas lo que seas, dímelo.

Doblé el papel y lo guardé bajo mi cama, en un lugar similar al de la aparición de la primera carta.
La verdad es que estaba volviéndome loco. Jamás había sido mi intención desviar el contenido de mis textos hasta tal punto, pero las palabras hablaban por sí solas. Ellas poseían su propia curiosidad y despertaban a la mente que las había dejado fluir.
Fui a finalizar mis deberes para darle privacidad a mi receptor. Regresé varias horas más tarde sólo para descubrir que no había cambios.
Agarré mis "obras de arte" y las destrocé. Con pasos rápidos, llevé los trozos hasta la estación de reciclaje.
¿Qué había estado pensando? La escritura carecía de sentido; por alguna razón nadie practicaba el hábito. Tan pocos párrafos me habían corrompido, me habían llevado a la demencia. Luego, recordé que la culpa inicial era de las cartas que había encontrado, que me habían llenado la cabeza con ideas absurdas. También quise deshacerme de ellas, mas, al mirarlas, al posar mis ojos sobre su tinta, algo me dijo que no debía hacerlo, y obedecí a esa corazonada.

#6

Dos semanas más tarde, cuando regresaba de la casa de mi abuela, me senté tranquilo en mi escritorio. Acomodé los pocos libros que tenía en posesión y conté cuántos carboncillos me quedaban: cuatro.
Algo no andaba bien, había un objeto extraño sobre la mesada que desorganizaba el conjunto de útiles. Debajo de un pilón de papeles se hallaba uno particularmente desalineado con el resto. Estuve a punto de devolverlo a su lugar hasta que lo toqué. Reconocí la textura al instante: era una de las cartas, aunque no las había guardado allí. La tomé para llevarla con sus compañeras, mas esa era diferente, pues estaba manchada con tierra y carbón, como si proviniese de... de la mina. Con el dedo esfumé la negrura del centro y descubrí un pequeño número seis inscripto en el sobre.
Había tenido que ir a buscar todas las cartas siguiendo las indicaciones, exceptuando la primera. ¿Por qué esta llegaría a él misteriosamente también? ¿O es que no era misterioso el asunto en absoluto? Sí, tal vez tendría que hacerle una visita a Yerg.

#7

— ¿Yerg?
Ella tardó un poco en salir de su casa. Su actitud parecía la de siempre.
— ¿Qué pasa?
—Sé que dejaste esta carta en mi cuarto.
— ¿Y quién lo dice?
— ¡La lógica lo dice!
— ¿No podría haber sido uno de esos ocultos?
—Da igual, porque sé que fuiste tú.
—Bueno, sí. Perdón. Es que necesitabas mi ayuda.
— ¿Ayuda para qué?
—Para encont...
—No me digas: ¿las has leído todas?
—Pues sí...
—No vuelvas a meterte en mis asuntos privados ni en mi propiedad privada.
—Ambos sabemos que, en el fondo, me agradeces el gesto.
En ese momento, no podía pensar, no quería admitir nada. Ni siquiera estaba seguro de lo que iba a hacer con la sexta carta.

#8

El tiempo seguía pasando y mi vida no parecía percibir cambios. Sin embargo, sentía cómo Yerg se aferraba a mí como una víbora. No me hablaba desde hacía semanas, pero distinguía que me miraba desde lejos, que buscaba la ocasión para aclarar las cosas y, un día, lo hizo.
— ¿Dum? —dijo Yerg mientras entraba a mi cuarto.
No le contesté. No abría la boca muy seguido, menos lo haría para eso; aquella conversación nonata no valía la pena.
—Dum, ¿qué te sucede? —Al ver que no respondía, prosiguió:— Sólo te falta una carta. ¿Por qué no haces nada al respecto? ¿Por qué ya no escribes?
— ¿Cuántas veces has entrado a mi casa? —quise saber enfadado.
—No es algo ilegal.
—Está mal visto.
—Pero no es ilegal, por lo que... bueno... no hay nada que puedas hacer al respecto. Volviendo a tu pregunta: sólo dos veces, para leer esas cartas y traerte la sexta. Y, además, antes vivías con las manos negras. O te has vuelto higiénico o no usas el carboncillo para otra cosa que no sea obligación.
Lo único que hice fue respirar con más entusiasmo del normal. Deseaba que comprendiera que ese tema me molestaba; era un cabo suelto que no lograba unir a nada, pues estaba allí, flotando en mi mente de un lado a otro. Por momentos, la idea de retornar a la escritura me tentaba y, por otros, me daban ganas de gritarme, aunque no lo intentaba porque no estaba permitido.
—Está bien. Si no quieres hablar, no hables, pero escucha.
—De acuerdo —exclamé algo más calmado.
—De acuerdo. Em... Al leer el sobre de la primera carta, realmente no sentí nada. Era todo muy misterioso y eso, pero nada me había impactado. Fueron tus palabras las que me impulsaron a querer saber más, quería averiguar qué te había llevado a escribir esas cartas y, además, me llamó la atención lo de las luces... que sueñes con algo que nunca viste. Eso ni siquiera es posible.
Yerg, que había estado todo ese tiempo parada, tomó asiento junto a mí y me miró fijamente.
—Fui a buscar esa carta porque necesitabas que lo hiciera. Yo ahora necesito que me acompañes a encontrar la última para descubrir lo que hay arriba.
— ¿Quieres ir arriba? —pregunté atónito.
—Sé que tú sí.
— ¿Y?
—Aunque seas una persona solitaria por elección, creo que deberías ir con alguien.
—Ya ni siquiera creo que deba ir.
—Escucha, Dum. Este no es tu hogar; se nota que no lo sientes como tu hogar, y está bien, no tienes por qué, pero nadie te está forzando a que mueras allí. ¿No sientes que algo le falta a esta vida?
—Sí...
—En ese caso, puedes ir allí arriba y ver qué es lo que tanto te intriga de ella, si cumple tus expectativas, si la luz es como la de tus sueños. Si no te gusta, vuelves.
—Haces que todo suene muy sencillo.
—Lo es. La vida es responder un par de preguntas. Dijiste que algo le falta a tu vida cotidiana, ¿cierto?
—Sí.
— ¿No quieres saber lo que te espera arriba?
—Sí.
— ¿No te fascinaría verlo, oírlo, olerlo, sentirlo? Todo con tus propios ojos y oídos, con tu propia nariz, con todo tu ser.
— ¿De... de dónde sacaste eso? —Para mí, el sentido de la conversación se había desviado considerablemente.
— ¿El que?
—Esa... pasión.
—Me... dejé llevar... Creo.
— ¿Tú quieres ir?
—Quiero estar allí. Nada más.
—Quieres buscar esas sensaciones.
—Sí.
—Pero ya las conoces porque, si no, no podrías describirlas así.
—No, Dum, te equivocas. No las conozco, pero tú sí. De alguna extraña manera, me has hecho que ansíe una aventura llena de sentimientos nuevos. Has despertado mi curiosidad.
— ¿Extraña manera?
—La escritura.
Ambos nos quedamos en silencio, reflexionando. De hecho, el único que volaba en sus pensamientos era yo, pues ella estaba decidida.
—Si sacas tan bellas pero simples palabras de una vida rutinaria y aburrida como esta, no me imagino lo que conseguirás con el arriba.
Yo tampoco, mas, en ese momento, más que nunca, todo mi cuerpo me pedía que lo intentara.
Las yemas de mis dedos rozaron el carboncillo que siempre llevaba en mi bolsillo. Lo aferré en forma de promesa.

#9

No fui capaz de conciliar el sueño en toda la semana. Estaba seguro de lo que quería pero algo me frenaba a actuar. Hasta ese momento, todo había sido una especie de fantasía, un juego o una adivinanza. Jamás se había planteado todos los cambios que conllevaría marcharse. Es decir, abandonaría a todos y a todo por un mundo desconocido que bien podría matarlo. También existía la posibilidad de que no deseara vivir allí para siempre. Suponiendo que así fuera, ¿le permitirían regresar? Lo que intentaba hacer era algo tan inimaginable que ni siquiera sabía si había una regla sobre eso; sólo estaba prohibido. ¿La Justicia y la Ley qué tendrían que decir?
Mi mente pedía a gritos que escribiera, cualquier cosa, pero que lo hiciera. Continuaría desvelado, pero, al menos, estaría siendo productivo.
Temía no encontrar las palabras adecuadas para expresarme, ya que hacía mucho había perdido el hábito y lo que necesitaba sacar era complejo. Sin embargo, las palabras fueron quienes me hallaron.

Tengo nombre pero no lo nombraré. Una edad poseo aunque esta me sentencie. Y ciertos aspectos me caracterizan mas no me definen.
Mi identidad no importa. Lo único relevante es que el arriba me llama. Siempre lo ha hecho y, esta vez, buscaré una forma de responderle.

Sin notarlo siquiera, tomé este escrito y las seis cartas y las guardé en mi saco. Salí de mi casa sin emitir sonido alguno.

#10

Toqué suavemente el hombro de Yerg y se despertó al instante. Abrió sus ojos de par en par en señal de sorpresa y se acomodó. Le enseñé una nota que ja la preparado para ella, una que resumía, básicamente, su deseo de partir en ese preciso momento.
—No, no hay nadie en las minas a esta hora. Qué bueno que...
Le indiqué con un gesto que podría hablar más tarde, cuando sus voces no fueran el único ruido.
Caminamos por largos pasillos hasta el sitio indicado. Para nuestra suerte, todos los habitantes de Somb debían dormir en ese horario. Lo que me extrañó fue que nadie vigilara. Si hubiese sabido que era tan sencillo, lo habría probado cinco veces.
Luego de pasar por la entrada principal de la mina nos topamos con una enorme pared de piedra.
—Esto no debería estar aquí —aseguró Yerg.
—Entremos por otro lado.
— ¿Por qué esto está aquí? —se dijo a sí misma.
No esperé a que se contestara. Volteé y regresé sobre mis pasos.
—Dum, aquí encontré la carta. ¿No debería ser por aquí?
—Claro, leíste la carta. Y sí.
—Esta mina no está conectada con ninguna otra. ¿Pero por qué está tapada la entrada?
— ¿Por qué es tan importante?
—Porque sé cómo las minas funcionan.
—Te dije que Somb guarda más secretos de los que te imaginas.
Yerg echó un vistazo en el muro, mas no había nada de utilidad.
—Dame la carta.
— ¿Para qué? Ya la leíste.
—Bueno, léemela entonces.
Leer. Eso sí que era algo que no hacían muy seguido.
—A una carta del final del camino te encuentras. Si quieres hallar la última, ve hacia lo desconocido. Las sombras son tu seguridad, pero ten cuidado: huyes de ellas con desesperación sin saber que son las que te protegerán. La salida es un largo camino, al igual que el conocimiento. Si quieres llegar, debes conocer.
—Debes conocer... Esta carta habla del conocimiento, ¿pero del conocimiento de las sombras o de la luz?
La ojeé velozmente.
—Ambas, porque cada carta hablaba sobre cómo encontrar a la siguiente y daba consejos sobre el arriba, pero esta dice que no podemos olvidarnos de lo que sabemos.
—No sólo eso. Nos dice que miremos hacia atrás.
— ¿Qué tan atrás?
—Sólo hay una forma de saberlo, pero debemos apresurarnos.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace casi 3 años

Chanfles... ¿Y ahora? 😰


#11

Nos dirigimos al colegio. Más específicamente, a la sección dedicada a los niños pequeños. Todo era estructurado y falto de imaginación, lo que daba lugar a una nueva generación repleta de gente estructurada y falta de imaginación.
La única reliquia era un viejo y pequeño libro que narraba leyendas e historias de terror sobre el arriba. Además, incluía dibujos sobre los monstruos que habitaban el lugar con el objetivo de asustar a los niños.
—Allí está —susurró Yerg con entusiasmo.
—Lo agarramos, lo leemos ¿y luego qué?
—La salida es un largo camino. Para encontrarla, debemos recorrerlo desde el principio.
Abrimos el libro siendo conscientes de que las pisadas que habíamos dejado no podrían borrarse y que, si no hallábamos una escapatoria pronto, nos atraparían y tendríamos que cumplir con el castigo correspondiente para evitar que un delito así no volviera a suceder.
—No se parece en nada a las cartas —comentó Yerg.
Por supuesto que no. Esos textos estaban hechos para generar terror e imponer disciplina. No encontraremos nada allí.
Recorrí la amplia habitación con la mirada y admiré el sitio en donde me había topado con la cuarta parte. Fue entonces cuando noté que el hueco reservado para aquel tomo era mucho más grande de lo que debería. Me acerqué y coloqué mi mano en la pared. Palpé la superficie y apliqué fuerza. La tierra se desintegró como si fuera arenilla, aunque no significaba una gran diferencia. El único motivo por el que le di importancia fue porque estaba determinantemente prohibida la existencia de paredes y techos poco resistentes.
Saqué de mi bolsillo el anfíbol que siempre llevaba conmigo y comprobé su dureza con un par de golpes. Como resultado, aire salió por el agujero que fabriqué; la piedra seguía intacta. Repetí la acción hasta que el hueco fue de un tamaño aceptable para que pudiéramos pasar.
—Deja eso ahí y vamos.
—Ni siquiera noté que estabas haciendo ruido.
—No fue muy alto.
Con un gesto, la invité a que se acercara. Metí primero los brazos y la cabeza y fui haciéndome lugar hasta que caí boca abajo en el suelo. Me puse de pie y exploré el pasadizo. Ni una sola luz, pero, por el eco y la corriente de aire, era largo. Un largo camino...
La muchacha se estrelló contra la tierra y se acopló en seguida.
—Agrandamos el agujero...
No contesté. Mi silencio le daría a entender que sólo quería continuar, que sólo quería llegar a la salida para pisar el arriba.


#12

— ¡Cuidado!
Ya era demasiado tarde. Una estalactita había abierto una herida en mi frente.
—Usas más la vista que los otros sentidos.
—Por algo me metí en esto.
— ¡Cuidado!
Esta vez, sí lo había visto. ¿Cómo no hacerlo cuando la oscuridad se tornaba más intensa?
—Creo que no falta mucho, ¿pero por dónde vamos?
—Agarrate al borde y tírate. No debe ser tan profundo.
En efecto, no lo era, mas, aun así, el aterrizaje fue desprolijo.
El suelo seguía descendiendo. Pronto, doblamos a la derecha y el techo bajó. Anduvimos agachados por mucho tiempo hasta que finalmente alcanzamos la mina.
— ¿Esta es la mina en la que trabajas?
—Sí... aunque esta parte no la usamos. Yo te guío.
Ya entendía por qué no la utilizaban: los pasillos eran demasiado angostos como para permitir un movimiento amplio.
—Y... aquí termina.
— ¿Qué? No. Tiene que haber algo más.
—Lo hay. ¿Ves eso a tu izquierda? Esta lleno de estalactitas y estalagmitas. No hay forma de pasar entre ellas.
Al instante en que finalizó la frase, Yerg supo que había cometido un error. Salté hacia el hueco y comencé a esquivar los obstáculos. Que nadie lo hubiese intentado para no provocar un derrumbe no significaba que fuese imposible. Además, no podía ser un terreno cubierto tan extenso...
El secreto estaba en rozar las rocas sedimentarias con delicadeza. Cuando creía haberlo agarrado la mano, tropecé con una piedra y mi costado partió una estalagmita.
—Estás destruyendo todo. ¡Lo desgastas!
A pesar de que deseaba abrir la boca, no se arriesgaría a provocar más vibraciones de las necesarias.
Volví a pararme y continué. Me convencí de que podía aguantar la respiración un segundo más, que ya no faltaba nada. El trayecto se extendió mucho como para soportarlo, pero el final existía, y tenía forma de escalera. Subí los escalones con torpes, obviando el hecho de que podían caerse a pedazos con una mala pisada. Y que no estaba solo.
Giré a la derecha dos veces, subí y giré otra vez, aunque a la izquierda. A pesar de verme imposibilitado de ponerme erguido, hice mi mayor esfuerzo mientras me frenaba en seco.
Ante mí se encontraba la salida. Era pequeña; una grieta, de hecho, pero allí estaba. Allí estaba la luz que las cartas me habían prometido.

Sedemiuqse
Rango10 Nivel 45
hace casi 3 años

jajajajajajajaja, Tranquilo. Pero no me hagas esperar mucho. Je


#13

LUZ

—Dum, te olvidaste la última carta.
— ¿Qué?
Yerg me despertó del sueño que estaba proyectando con ojos abiertos. La mitad de mi cuerpo ya estaba en el exterior, en la luz. Captaba tantas cosas con los diferentes sentidos que simplemente me congelé.
Oía cómo seguía hablándome, pero no le presté ni la más mínima atención. Miré todo con detenimiento, asegurándome de que no se me escapaba nada para poder anotarlo luego.
Algo blanco arriba me impactó y me hizo retroceder.
— ¡Cuidado!
—No mires hacia arriba. Hay algo brillante que... lastima.
—Hay muchos puntos celestes y blancos...
— ¡Deja de mirar!
—Está bien. Está bien. Toma la carta.
Si bien me sentía perdido, ya había vuelto al mundo terrenal, listo para la última carta. Extendí una mano y parpadeé varias veces antes de enfocar las letras.
—Hasta ahora, llenamos las cartas de versos y rimas, de lo positivo del arriba, pero todo tiene su lado oscuro. A donde vas, los peligros abundan, razón por la cual muchos de los tuyos perecieron al inicio de su viaje.
»Nosotros no queremos que tengas el mismo final porque a ti no te mueve la rebeldía de la revolución. Algo te llama a subir, no es un capricho tuyo, y porque tu caída no es nuestro deseo, te guiaremos hasta nosotros, para que puedas aprender a vivir en este mundo.
»Cuando la luz te golpee, ve a la izquierda hasta el gran árbol muerto. Luego, camina hacia el frente otra vez.
Nos quedamos en silencio en un segundo. Yo ya estaba listo para continuar.
—Espera, aventurero. ¿No oíste la parte de "los tuyos perecieron"? Al parecer, otros antes que nosotros emprendieron este mismo viaje pero por otros motivos, y no lo lograron. Tenemos estas cartas. Usémoslas.

#14

—Bien. Adelante.

—Si bajo nosotros vives, si desconoces el arriba y oyes pisadas en tu eterna noche, no abras este sobre. Pero si escuchas susurros y no le temes a la luz cuando ante ti aparece, lee con atención las siete cartas que te hemos dejado y abandona tu oscuro hogar.

—Eso ya lo hicimos.

Respiré hondo e hice de cuenta que no oí nada. Saqué la carta del sobre y leí:

—Si el arriba quieres conocer, seis cartas más debes leer, pero no te distraigas pensando de más, pues las respuestas se te darán con cada paso que das.

»Grandes son los seres que pisan la tierra; siempre respetuosos de primera.

»Si sigues leyendo es porque algo grande te llama, o porque estás llamado a algo grande y, como tal, debes empezar desde abajo.

—Bien. La última parte habla sobre dónde encontrar la carta. ¿Dónde la encontraste? —preguntó de repente inclinando su cabeza a un costado.

—Junto al arroyo.

—Y la del medio sólo nos informa que aquí hay criaturas enormes, pero que no nos harán daño.

Claro que sí. Hacía meses que había llegado a esa deducción, pero permitió que prosiguiera con sus diferentes hipótesis y conclusiones. Estar parado sobre esas hebras verdes le alcanzaba para mantener la calma.

—No debemos olvidar el respeto.

Asentí. Yerg, al no estar acostumbrada a charlar —menos con un chico —, aprovechaba cualquier oportunidad para provocar sonidos con sus cuerdas vocales.

—Esta es la carta más importante porque significa que has emprendido el viaje.

»Junto al agua estaba; aquí, gotas caen. Las raíces se sumergirán, pero los árboles sólo trepan.

»El silencio que conoces, con murmullos se quiebra.

»Todo lo que aparenta, terminará de cabeza.

—Otra vez los árboles... ¿Cómo lucen?

— "Terminará de cabeza" — murmuré para mí —. ¿Se parecerán a las raíces pero de cabeza?

—Es posible. Y también aparece otra vez el tema del silencio que no perdura. ¿Alguna vez escuchaste algo raro?

—Emm... De niño decía que escuchaba cosas, pero no lo recuerdo bien. Me convencieron de que no era nada.

—Bien, continúa — exclamó algo decepcionada.

—Te has metido en las raíces buscando las figuradas. Tú sabes bien dónde dicen que yacen, mas, a fin de cuentas, son sólo un par de leyendas.

»El miedo y el cambio impulsan grandes historias, porque adaptarse no quisieron y bajo el temor vivieron.

»La vida arriba no es fácil; para eso debes ser hábil.

»La valentía importa si la esperanza no se aparta.

—Nuestros ancestros solían vivir arriba, pero porque la vida era muy difícil, se acobijaron en lo subterráneo.

—En realidad, no es que la vida arriba fuera difícil, sino que lo era para ellos, porque no eran hábiles.

—Entonces, nosotros debemos serlo. Adelante.

—Libertad es una palabra que no te suena. Allí arriba es real, pero existen...

— ¿Qué fue eso?

— ¿Qué cosa?

Mientras leía, olvidé totalmente que debía ser consciente de mi entorno. Por más que su vista estuviera más adecuado a ese lugar, los otros sentidos no podían volverse inútiles, y se encontraban en una tierra desconocida. Los peligros podían vivir en cualquier rincón.

—Un animal, pero... está arriba. Se acerca... ¿y se aleja?

—"¿Sabes lo que es volar? No, porque cortaron tus alas".

— ¿Estás diciendo que son esas criaturas grandes que atraviesan los aires y con sus garras...?

—Esos son cuentos —la interrumpí antes de que entrara en pánico —, pero creo que pueden ser esas criaturas. En fin, si se alejó...

—Eso parece —dijo Yerg sin despojarse por completo del miedo.

—Libertad es una palabra que no te suena. Allí arribas es real, pero existen leyes naturales que, si te atreves, desafiar puedes.

»El castigo será divino; siempre ha sido el mismo, porque cada acto consecuencias trae, consecuencias impuestas desde los primeros tiempos.

» ¿Sabes lo que es volar? No, porque cortaron tus alas.

No fue necesario resumir estas palabras: debíamos tener cuidado y punto.

—La luz han querido tapar, pero tú sueñas con ella. Ansías su calor, necesitas su brillo, porque sabes que acobija y no abandona, que permite crecer y de guía sirve.

»Mira lo que tu mente ha amplificado, lo que ha imaginado sin conocer que aquella potencia es poca.

—Es decir que las luces de la mina son insignificantes al lado de las de aquí... pero no están tan mal...

Para no responder a futuras preguntas, obvié el comentario de que yo sí sabía que podía ser mucho peor.

Repasamos las dos últimas y concluimos que debíamos cuidarnos de las criaturas que habitaban allí —sin faltarles el respeto —, la esperanza y la habilidad no podían debilitarse y, si bien las luces eran bonitas, las sombras nos protegerían mejor en este mundo nuevo.

Sin nada más que acotar, giramos hacia la izquierda, concentrándonos en hallar el árbol muerto, fuese lo que fuese. Me aseguré que lo distinguiría cuando lo viera.

#15

— ¿Lo habremos pasado?

—No.

Hacía como una hora que había retomado la marcha y la única novedad era que, mientras las sombras se hacían más oscuras, esa figura blanca ascendía.

Por momento, esas hebras verdes lucían más amarillas y eran más largas. Por todo lo demás, el terreno a nuestro alrededor era casi llano. Sólo una muralla negra a la derecha pintaba el paisaje, aunque era distante, y los bajos montes a nuestra izquierda. Allí abajo se encontraba nuestro hogar, mas nunca había sido el mío, porque jamás me había sentido cómodo en él. Toda una vida no me había alcanzado para adaptarme. ¿Esta vida sería diferente?

—Tengo una idea.

—Pues adelante —concedió Yerg.

Probablemente, no sería de su agrado. Si los años anteriores no habían funcionado, debía ser por algo. Agotaría todas las opciones hasta que encontrara la respuesta.

Comencé a mover las piernas con más velocidad, estableciendo una distancia cada vez mayor entre paso y paso. Aquello era como aprender a caminar otra vez. Mis músculos eran débiles y mis pulmones no estaban preparados para semejante esfuerzo, pero yo sólo me enfoqué en el aire que golpeaba mi cara, en cómo una simple brisa generada por mi movimiento podía dibujarme una sonrisa. Apenas sabía cómo se sentía.

La euforia se me acabó cuando mi pie quedó atascado, por una milésima de segundo, entre el tejido de una raíz o de una roca. La caída me dolió como ninguna otra. Me propuse levantarme... cuando las energías volvieran a mí.

No mucho tiempo después llegó Yerg y me ayudó. Ella también estaba exhausta.

—Estás loco.

En cuanto me repuse, retomé la carrera. Esta vez, ya no perdería de vista el suelo, aunque siempre mantuve mis ojos en dirección hacia donde el suelo cambiaba de color y se estiraba sobre mi cabeza hasta el otro extremo.

Nada en mi cuerpo había sido creado para esa actividad, mas la sensación que me producía su realización me daba la fortaleza que no poseía. Así que seguí y seguí...

Un cuerpo extraño se interpuso en nuestro camino y yo me dispuse a pasarlo de largo. Fue Yerg la que sugirió que podía ser lo que estábamos buscando. Entonces recordé que teníamos un motivo para estar allí, y un objetivo que cumplir. No era sólo para sentir el aquí y el ahora.

— ¿Qué haces? —pregunté al instante de haber notado que estaba oliendo al objeto sospechoso. Extendió uno de sus brazos, luego el otro, y se impulsó hacia arriba. Palpaba e inspeccionaba cada sector de esa cosa.

Alcanzó una extremidad. La parte de arriba sí se parecía a una raíz, pero invertida. Era posible que fuera lo que estaban buscando, y confirmé mis sospechas cuando esa extremidad se partió y la chica terminó tendida de espaldas entre las hebras.

Se tumbó de costado y se paró con dificultad. Se acercó al brazo y le dio varias patadas.

—No sé bien cómo luce un árbol, pero esta cosa, definitivamente, no está viva. Si lo está, no quiere que nadie se entere de ello.

—Tiene que ser este.

—Sí. Ahora, hacia la derecha. Y, por favor, no corras más.

Al haber frenado, no tenía ninguna intención de hacerlo. A mi cuerpo ya no le quedaban reservas.

Después de mucho tiempo, tampoco me bastó la energía para andar con lentitud. Me dejé caer. Me dejé caer, pero el suelo no me atrapó en la cantidad de tiempo lógica. Se tardó más de lo debido. Y la verdadera oscuridad volvió a cubrir mis ojos.

#16

MADRIGUERA

Supe que ese era el lugar que nos protegería.

El ancho no se convertiría en un problema. Con respecto a la altura, no era nada que no hubiésemos superado antes.

Inconscientemente, atrapé a Yerg cuando se lanzó hacia los túneles, aunque los dos caímos.

—La próxima no tendremos tanta suerte.

—Espero que te equivoques. ¿Sabes lo que es esto?

— ¿No te resultan familiares?

—Un poco.

—Los pasillos viejos de Somb son idénticos a estos. Ya no quedan muchos de ellos, pero la marca de un topo es inconfundible.

— ¿Topo?

Yerg me miró como si fuera tonto, pero no lo era. Somb no era especial para mí, no me generaba nada, porque todo carecía de un verdadero sentido, la Justicia, la Ley, las normas, las edades impuestas, las costumbres, las escritura... todo. Por esta razón no prestaba atención en clase ni era muy observador. Es decir, soñando con luces maravillosas, ¿por qué querría estar bajo tierra?

A pesar de mi aislamiento neurológico, la apariencia de un topo formaba parte de mis conocimientos y, sus hábitos, también. Y su sabor. Era parte de la poca carne que consumíamos.

— ¿Qué deberíamos hacer si nos topamos con uno? —pregunté.

—Respetarlos.

Pasase lo que pasase, debíamos respetarlos. Me olvidé por completo de que podían convertirse en comida.

#17

Decidimos que nos merecíamos un descanso, a pesar de que deseaba continuar. Si bien estar allí abajo nos protegía de los problemas desconocidos hasta que halláramos a los autores de la carta, no podía evitar pensar que se sentía exactamente igual a estar en Somb otra vez. Lo entendía, ¿pero para eso había salido? ¿Para volver al mismo lugar?

A pesar de todas mis caídas y tropiezos, no había perdido mis objetos personales. Saqué las pocas hojas que me había guardado y el carboncillo. Debería cuidar bien de ellos o se acabarían en un sólo día.

Estoy en el arriba, buscando esa voz que me llamaba. Hasta ahora, no tuve suerte.
El suelo está cubierto de finas hebras verdes cortadas de forma irregular. Está unido a unas paredes y a un techo que se debatía entre el azul y el negro y entre los puntos blancos y los naranjas. Las luces allí se movían, especialmente la figura blanca brillante.
Las corrientes de aire traían consigo un aroma diferente, a vida, tal vez.
Los animales que vuelan y los árboles son reales. Este mundo es real, y me gustaría describirlo como se merece, pero no puedo. Semejante belleza se escapa de mis habilidades.

Realicé una pausa, pues ya había descargado lo más importante, y descubrí que Yerg me estaba observando detenidamente.

—Sigues convenciéndome.

Volví mi vista al papel, fracasando en mi intento de transcribir algo en él.

—No estás concentrado.

—Oye, no me gusta que me hablen, pero tampoco que me mires así.

—Mirarte es lo que me trajo aquí. Realmente tienes que estar aquí y escribir. Deberías ver tu cara cuando...

Traté de aislar mi mente una vez más, sin obtener los resultados deseados.

—Además —agregó cuando volví a prestarle atención del todo —, me necesitas. Si no fuera por mí, te habrías saltado el árbol muerto, y claramente estamos en el lugar indicado porque es un sitio seguro.

—Sí, hasta que aparezcan los topos.

—Como mucho, nos paralizarán. No nos harán daño, excepto que los ataquemos primero.

»Bueno, sigue escribiendo.

Lo haría, pero mi mente ya estaba en otro lado para ese entonces.

Preferiría estar solo, ¿mas a quién quería engañar? Con la compañía de Yerg llegaríamos más rápido a nuestro destino.

Las hojas y el carboncillo retornaron a su propio hogar.

#18

Retomamos la marcha para tomar una dura decisión: izquierda, centro o derecha.

—Vayamos a dónde no haya topos — propuse.

—Es un túnel de topos.

—Lo sé. Me refería a que usaras tu olfato para saber por dónde han estado recientemente.

Yerg pareció comprender que nunca iba a expresarme correctamente en voz alta y no dijo nada.

—Para mí son todos iguales —declaró luego de un minuto —. Lo siento, no soy un topo.

—Eso quiere decir que ellos sí pueden olernos.

—Probablemente.

—Sigamos por el medio —decidí de repente.

La muchacha pasó al frente para cambiar un poco la perspectiva, ya que la experiencia hacía rato que había dejado de ser divertida.

Esta vez, fui yo el que se quedó atrás. Inspeccioné las paredes y el piso, verificando cómo eran nuestras huellas y si otros animales habían dejado las suyas. Sólo parecía que éramos nosotros.

Pasé por un pasillo que se abría a mi izquierda, uno al que Yerg no le había dado importancia. Me metí en él sólo unos pasos y oí una serie de sonidos. Mientras trataba de descifrarlos, mis orejas percibieron otra vibración.

Salí del túnel y me dirigí hacia el lugar del incidente.

Grité de igual manera que Yerg lo había hecho y golpeé mi espalda contra una pared. La luz era tan cegadora que no pude distinguir dónde ni cómo estaba mi acompañante antes de bajar los párpados. Era una enorme columna amarilla que brillaba en todas direcciones y se sobrepasaba a cualquier cosa que hubiese visto en sueños. Sus membranas oculares no lo protegían del todo.

Algo rozó mi tobillo y lancé una patada hacia adelante.

— ¡Por poco me vuelas la cabeza!

—Podrías haber hablado.

Se la pasaba separando y juntando los labios. ¿Justo esa vez tenía que ser la excepción? Siempre confiaba en su vista y en ese momento no era capaz de hacerlo.

— ¿Qué te pasó?

—Creo que un animal estaba caminando por arriba y se cayó por un lugar en donde la tierra no era firme. Ocurrió justo delante de mí.

—Deberíamos avanzar en la misma dirección.

— ¿Qué? No, yo no...

—Tápate los ojos lo mejor que puedas.

Sin dudas, íbamos a encontrarnos con más esas luces; simplemente no podíamos dar la vuelta ante todas.

Luego de mucho tiempo, fui dejando que los colores fueran entrando otra vez por retina. Todo lucía seguro y no noté cambios, así que incité a Yerg a que se relajara, lo que no resultó muy bien.

—Veo borroso.

—Ya se te pasará. Tus ojos son más oscuros que los míos y yo estoy bien.

Los ojos de Yerg eran casi negros, mientras que los míos eran de un color miel. En Somb predominaban los verdes y azules. Estaba cansado de que todos fueran iguales, pero también me inquietaba que ella luciera tan diferente cuando ninguno de sus familiares se le parecía.

#19

—Creo que ya casi está —informó Yerg con respecto a su visión.

Tomé esto como un indicador de que ya podíamos caminar con más velocidad.

No sé cuál fue el momento en que la perdí, pero confié en que ella sería capaz de seguirme el rastro.

De vez en cuando, había algunas grietas en el techo u otros huecos como por el que habíamos caído. Como ahora estaba preparado, en cuanto notaba un cambio en la coloración de las paredes, cerraba los ojos.

Los rayos de la luz eran letales. Las sombras los estarían cuidando un largo tiempo hasta que fueran capaces de adaptarse. Aunque, ¿Yerg se quedaría? Yo ya sabía que permanecería allí indefinidamente, pues todo lo que la vida significaba de verdad parecía estar allí arriba y no bajo tierra, en una ciudad llena de impedimentos y de reglas que obedecer. Si corriera allá, ¿qué? ¿Me cortarían los pies? Bueno, yo no estaba dispuesto a dejar de correr.

Recordar los sentimientos que me había generado aquel movimiento hizo renacer en mí las ganas de escribir, y di un alto para anotar un par de líneas. Todavía parado, me apoyé un poco y comencé a dibujar una "c" con mi lentitud de siempre. Pocas palabras me llevaban minutos, pero sólo porque no movía el carboncillo con mucha agilidad. De todos modos, yo era el más veloz de todos los habitantes de Somb; esto jamás me había reconfortado.

Cuando ya estaba formando la "o", todo vibró y algo chilló. Mi carboncillo se escurrió entre mis dedos y se partió en tres al tocar el piso. Guardé rápido los papeles y me agaché para recoger las piezas de mi amado tesoro. Eso sólo provocaría que escribiera más lento todavía.

Una nariz rosa se asomó por un túnel detrás de mí. Olisqueó en varias direcciones y optó por tomar la que lo llevaría directo a mí.

Me paré lo más lento posible. No huiría, por más que mis anhelos fueran más enormes que el cuerpo marrón oscuro de ese animal. Lo único que se me ocurrió hacer fue bajar la cabeza en señal de respeto, esperando que lo entendiera.

Él se me acercó y me inspeccionó con su nariz. Me fue imposible no olerlo teniéndolo tan cerca. Su aroma era similar al nuestro, aunque más intenso.

Me miró con sus pequeños ojos. La simpatía y el respeto se estaban volviendo reales por mi parte. Incluso creí que me empujaría y continuaría con su camino para comerse alguna lombriz o rata.

Tal vez no demostré bien lo que sentía. Tal vez, esos animales no sabían lo que era el respeto o la rendición. Fuese yo o él el del problema, de una forma u otra, el topo lamió toda mi cara y fui perdiendo el contacto con mis nervios.

#20

TOPOS

Pasase lo que pasase, como ya había dicho, debía respetar a ese animal, y eso incluía no demostrar el miedo que sentía. El topo no me asustaba, pues sabía que no me comería. Lo que me preocupaba era a dónde me llevaba y el hecho de que las probabilidades de que estuviera mojando mis papales con su lengua eran demasiado altas.

La criatura poseía su propio ritmo: lento y tambaleándose de un lado a otro; a veces, mis pies se golpeaban contra una piedra o una pared. Tomamos infinidad de túneles, o recorrimos varias veces los mismos.

Los pasillos se volvieron más amplios y el terreno comenzó a descender. A lo lejos se oyó el chillido de un ratón pidiéndole piedad a otro topo, o a muchos, porque el olor era fuerte como para tratarse de un solo individuo.

De repente, mi topo comenzó a apresurarse. Me tiró en lo que parecía una sala y fue directo a participar del festín. Eso lo deduje por los sonidos, porque, en realidad, estaba de espaldas a la escena y el efecto de la saliva no había pasado.

Pasado un tiempo, alguno de ellos me movió con sus patas y me acomodó para que pudiera sentarme. Luego, me quitó los excesos de baba con una paño.

Eran cinco, cinco topos que se me quedaron mirando con sus cabezas inclinadas hacia un lado. De vez en cuando, echaban una buena olfateada al aire.

El que me había transportado, el más grande, dio un paso al frente e hizo bailar a su lengua por dos segundos. Llevó una de sus extremidades hacia adelante y tocó la tierra sólo con su dedo mayor. Perdió el contacto visual conmigo y se puso a dibujar un símbolo. Cuando terminó, volvió a fijar sus ojos en los míos.

#21

Un quinteto de topos estaba intentando transmitirme un mensaje que yo no sabía si sería capaz de descifrar.

Me encontraba ante un círculo no cerrado que continuaba su espiral, la cual se tornaba recta al dirigirse hacia arriba, cortando una línea perpendicular. Entonces, si apenas sabía cómo describirlo, estaría siglos dándole un sentido correcto.

Estuve en silencio con la mente totalmente en blanco hasta que mi topo me señaló y caminó en el lugar. A continuación, con su hocico apuntó hacia arriba.

—Yo. Tierra. Arriba —balbuceé con dificultad; mi cuerpo volvía poco a poco a mí. Como si ellos fuesen a entenderme. Sin embargo, parecieron hacerlo, porque emitieron un chillido enojado —. Bien, eso no es. Entonces, yo...

Me comunicaron que tampoco se trataba de eso. Remarcaron lo que para mí era "tierra" y "arriba".

—Madriguera —No —. Topos —No —. Roca —No —. Túneles.

Me mostró su lengua.

— ¿Túneles? —No de nuevo, pero era algo por el estilo —. Pasillos. Subterráneo. ¿Somb?

El sonido fue más agudo y estuvo acompañado por la lengua.

—Somb —Realizaron el mismo gesto —. Somb. Arriba —Por un momento, creí comprenderlo, así que sugerí mi idea:—. Yo estaba en Somb y fui al arriba.

Sí, eso era.

Me alegré por haberlo descubierto, pero la euforia me duró unos quince segundos. Había transcurrido una hora —o lo que se sentía como una hora — y había interpretado un símbolo que significaba algo que ya sabía.

Mientras mi topo dibujaba otro ideograma, el que tenía el pelaje más oscuro salió de la habitación.

El animal no se detuvo con su escritura, subestimando mis habilidades.

#22

El topo que se había marchado regresó con su propia presa: Yerg. En cuanto la vi, me acerqué a ella y la limpié con el paño. Aún no me movía con normalidad, pero al menos lo hacía.

—Yerg, estos topos no nos harán daño. Están tratando de pasarme un mensaje. Hasta ahora, lo que tengo es: vengo de Somb y vine al arriba. La luz nos molesta porque nos gustan las sombras, pero debo estar aquí. Con "nos" me refiero a los topos y a mí... y a ti.

Había más ideogramas, pero, por algún motivo, los animales decidieron no explicar ninguno más. En su lugar, dieron la vuelta y abandonaron la habitación por uno de sus túneles. Cuando notaron que no los seguíamos, mi topo regresó y asomó su hocico.

Levanté a Yerg como pude y nos dejamos guiar.

#23

ESTRELLAS
—Me gustaría que pudiéramos entender lo que nos quieren decir —comenté luego de muchas horas de caminata.
—A mí me gustaría que no se los comieran en Somb. No son los animales salvajes que siempre nos obligaron a creer.
—No, definitivamente no. ¿Por qué se dejarían cazar?
—No lo sé, pero mira —exclamó cambiando de tema:— ya casi camino como una personas normal.

Hace más de 2 años

0

0
#24

Arriba estaba oscuro de nuevo, momento apto para salir. Esta vez estábamos rodeados por árboles, aunque estos vivían, pues estaban pintados de verde, amarillo y de colores más intensos que nunca había visto.
Contemplé cada detalle y, cuando los ojos me fallaron, recurrí a mover mis agotadas piernas para acercarme.
—Dum. ¡Dum!
Hice de cuenta que no la había oído. En otras circunstancias, me habría enfadado, pero, ante todo aquello, ¿cómo era posible concebir un sentimiento negativo?
— ¡Dum, regresa!
Di media vuelta y regresé sobre mis pasos, los cuales eran muchos.
Yerg se hallaba en la salida del túnel junto a los cinco topos. El que me había raptado se adelantó y me explicó lo que sucedía con un par de gestos.
—Quiere decir que ellos deben regresar —me aclaró Yerg —. Creo que no pertenecen al arriba.
— ¿Y hacia dónde vamos?
A pesar de que me había asustado que un animal gigante me lamiera, me dejara inmóvil y me llevara como su presa por toda su madriguera, era consciente de que no habríamos logrado llegar hasta aquí sin ellos, porque sabía que estábamos en el lugar indicado. Me decepcionaba que tuvieran que abandonarnos, incluso si eran por razones lógicas.
—Debemos seguir esa cola brillante allí a lo alto. Señala la dirección que nos llevará a dónde nos esperan.
Mi topo realizó una reverencia y los otros lo imitaron. Nos enseñaron sus patas traseras y se metieron en sus pasadizos sin darnos tiempo a nada.
—Gracias —susurró Yerg.

Hace más de 2 años

0

0