Francisco_Merchan
Rango10 Nivel 48 (5494 ptos) | Fichaje editorial
#1

Diego pasaba la mano por el profundo arañazo de la puerta del salón. Sabía la historia de aquella cicatriz. Cuando apenas tenía doce años, su hijo mayor quería ser patinador profesional. Estaba a todas horas con aquel trasto por toda la casa. Una de las veces, mientras corría por el pasillo, se resbaló y se cayó, golpeándose además la cabeza. El patinete salio despedido y golpeo en la puerta. Resultado: 6 puntos de sutura en la parte superior de su cabeza y varias horas de carpintería. Diego sonrió con nostalgia. Había tantas historias en aquellas cuatro paredes. Se compraron su casa en el 79. Los primeros años fueron duros pero poco a poco fueron saliendo adelante. El trabajaba de encargado en una fábrica textil y su mujer echaba algunas horas ayudando en la cocina de bar cercano. Con muchos esfuerzos y no pocos sacrificios cuidaron de su familia. En aquella casa lo habían vivido todo. El nacimiento de su hija Sofia, que se adelantó y no dejo llegar ni a la ambulancia, o cuando a su padre le dio un infarto en el salón mientras veía la televisión.

Hace más de 4 años Compartir:

1

14

#2

...Aquella casa era parte de su vida y sentía que ya no podría vivir en otro sitio. En ella habían reído y llorado. Habían concebido sus hijos, disfrutado de cenas familiares y pasado noches en vela preocupados cuando los chicos salían por la noche. Cada centímetro de pared, suelo o techo tenía impregnado el aroma de su familia. Con las lágrimas resbalando por sus mejillas, Diego cerró la puerta de su casa. Nunca volvería a cruzar su dintel.
Mientras bajaba por las escaleras, se encontró con su vecino Tomas. Este le observó por encima de sus pequeñas gafas redondas mientras cruzaban la mirada.
-¿Entonces, de verdad qué no se puede hacer nada más?- dijo Tomas con apagada resignación -Podíais quedaros. Mi hijo conoce a unos cuantos del 15M que seguro que vienen y lo retrasan... ¡hay que luchar!-
-No. Gracias por el esfuerzo, querido amigo. Pero no es lo que deseo. La sentencia ya es firme y no se puede hacer nada. Aunque retrasásemos el embargo unas semanas, volverían a la carga. No quiero prolongar mas esta agonía. Estaremos bien, seguro... -
-Ha sido un honor ser tu vecino, Diego. Este bloque no sera lo mismo sin ti- dijo Tomas con toda la solemnidad que pudo.
-Para mi también ha sido un honor, Tomas- dijo Diego mientras seguía bajando escaleras.
-No os olvidéis de venir el sábado a comer. A las dos y media, que ya sabes como es Menchu con los horarios- le dijo Tomas antes de cerrar la puerta.
“Ya veremos, viejo amigo” pensó Diego para si mientras asentía con la cabeza ”Ya veremos donde exactamente estamos el sábado a mediodía”

Hace más de 4 años

2

4
escritor_5139
Rango2 Nivel 9
hace más de 4 años

Una historia conmoverdora que refleja lo que le pasa a muchos españoles en la actualidad


#3

Miró por última vez el buzón y vio que estaba vacío. Salio a la calle y observó a varios vecinos que estaban esperándolo. Unos diez minutos de abrazos y buenos deseos después, se encamino hacia su pequeño utilitario.
Ana le estaba esperando en el coche con esa alegre sonrisa vacía que miraba al infinito. Había sido una mujer excepcionalmente inteligente. Tenía una alta capacidad de organización y era muy creativa. Un día empezó por olvidar la sal en una comida. Otro por no añadir algún ingrediente. Paulatino. Silencioso. Hasta que una mañana Diego bajó a por el periódico al quiosco. Cuando regresaba, vio salir humo negro del lavadero de su casa. Subió atropelladamente la escalera y abrió la puerta. Casi sin poder ver fue a la cocina donde un cazo reseco ardía en el fogón del hornillo. Con cuidado cogió como pudo el cazo y lo echo al fregadero. Luego se puso a llamar a voces a su mujer, que no le respondía. Fue en su busca y la encontró en el borde de la cama de matrimonio, sentada, doblando calcetines.
Ana le miro. Le dirigió una sonrisa y le preguntó cómo le había ido el día en el trabajo.
Diego le respondió que bien. Mientras le embargaba la pena, con lagrimas en los ojos, fue abriendo todas las ventanas para que el humo saliese de la casa. Llamó a sus hijos y les pidió que buscaran un medico para ver que pasaba.

Hace más de 4 años

0

3
#4

Fueron a uno de los mejores especialistas de la ciudad, que tras realizar una serie de pruebas, confirmó lo que Diego sospechaba desde hacia tiempo y no quería creer: Alzheimer. Una enfermedad devastadora y terrible que elimina centímetro a centímetro el alma, los recuerdos y los sentimientos de las personas. Una enfermedad contra la que, de momento, no hay victoria posible. De eso hacia casi dos años. Ana se había ido diluyendo poco a poco, pedazo a pedazo, como se diluye un azucarillo en el café caliente. Perdido en esos tristes recuerdos estaba Diego cuando llegó al lado del coche. Ella al verle, le sonrió. No se daría cuenta de todo lo que iba a suceder.

Hace más de 4 años

0

2
#5

Diego se montó en el coche y arrancó. Un par de maletas y algunos enseres imprescindibles eran su equipaje. El resto de cosas las habían regalado a sus hijos y a una ONG local. No tenían sitio para guardar nada. Era increíble como se suceden a veces los acontecimientos y las cosas escapan a nuestro control. Parece que fue ayer cuando su hijo menor Pablo, vino a hablar con él.
- Hola Papa, ¿ Cómo estas?- dijo Pablo
-Hola hijo. Yo bien. ¿Qué tal las niñas?¿Y María?- Pregunto Diego mientras abrazaba a su hijo.
Al instante, Pablo arranco a sollozar. Diego, preocupado, le preguntó a su hijo que sucedía. Con la mirada vidriosa, su hijo pequeño le contó que estaba apunto de perder todo lo que tenían. Lo habían echado del trabajo hacía meses y su mujer también se acaba de quedar en paro. El banco ya había iniciado los tramites para la expropiación y el desahucio de su piso.

Hace más de 4 años

0

2
#6

-No sabía que estabais tan mal...- dijo Diego con la voz casi apagada.
-No quería preocuparos. Pensé que encontraría trabajo pronto y no ha sido así. Aunque, la verdad, es que tengo una última opción, papa. No es lo que siempre he soñado pero es una oportunidad. Quizá la ultima que tenga. El bar de abajo de mi casa, se traspasa. El dueño, un señor ya bastante mayor, se jubila. No quiere venderlo. Lo traspasa en 50.000 euros para 15 años. Es un bar pequeño y con clientela fija. No dará para ser ricos pero si para vivir. María cocina muy bien y me ayudaría. Trabajare duro y saldré adelante. Necesito 60.000 euros. Unos 8.000 para pagar la deuda de la hipoteca, unos 2.000 para empezar y los 50.000 del traspaso. He encontrado un banco que me lo presta, pero necesito alguien con una propiedad que me avale. ¿Porque no tienes 60.000 euros para dejarme, verdad?- preguntó con ironía Pablo.
Diego miro a su hijo. No le gustaba la idea que tomaba forma en su cabeza. El bar podría no funcionar y ellos lo perderían todo. Solo tenían una pensión de 900 euros y no podían permitirse pagar una deuda de 60.000 euros. Ellos apenas tenían 6.000 euros en el banco.

Hace más de 4 años

0

2
#7

-¿Has hablado con tus hermanos? - preguntó Diego.
-Si. Ninguno puede ayudarme. Sofia esta parada también y su marido hace 5 meses que no cobra en su trabajo. Están a punto de dejar su casa de alquiler e irse a vivir a un pequeño piso de 60 metros que tienen los padres de él. Y mi hermano mayor.....ya sabes como es. Dijo que tendría que estudiarlo, que no sabe si el negocio va a funcionar, que no cree que valga para llevar un negocio...en fin, ya sabes como es mi hermano- comentó Pablo con tristeza.
Diego era el último salvavidas de su hijo. No le gustaba lo que iba a tener que hacer pero no había otro remedio. Eran su hijo, su nuera y sus nietas. Y no se le puede negar ayuda a un hijo. Después de pensarlo, miró a su hijo a la cara. Sus ojos se encontraron.
-¿Quedamos el lunes y miramos ese bar?- preguntó Diego con un tono de resignación.
Su hijo le abrazó y se arrancó a llorar. Diego pasó sus brazos por los hombros de su hijo y le dio unas palmaditas en la espalda, intentando transmitir calma y seguridad. Aunque ni el mismo las tenia todas consigo.
Todo fue muy rápido En apenas una semana formalizaban los papeles aunque no con el banco que había buscado su hijo sino con el banco de Diego de toda la vida. El bar estaba bien, en una buena zona. Su hijo y su nuera estuvieron 4 o 5 días haciendo algunos cambios en la decoración. Diego, a veces, dejaba a Ana en casa de una vecina y se iba a echar una mano. Tras la apertura la cosa fue bien. Era verano y la terraza funcionaba bien. Su hijo y su mujer se mataban a trabajar pero estaban contentos. Estaban sacando un sueldo y estaban pagando sus deudas. Diego llegó, por un tiempo, incluso a olvidarse del préstamo. Todos los meses su hijo le llevaba el dinero de la letra y el lo ingresaba en el banco.

Hace más de 4 años

1

3
Letifebrero
Rango5 Nivel 20
hace más de 4 años

Deseando seguir leyendo tu historia!!! Buen trabajo!!


#8

Octubre fue el primer mes con problemas. Su hijo le pidió que le pusiese 100 euros porque habían tenido la vuelta al cole de las niñas y no les llegaba. Diego tranquilizó a su hijo y le puso esos 100 euros. Al siguiente mes fueron 200 euros y al siguiente, la mitad de la letra. Diego se acerco una mañana al bar y vio que estaba vacío. Su hijo estaba al fondo de la barra fumándose un cigarro. Los meses de invierno fueron de mal en peor. Poco a poco, los exiguos ahorros de Diego se fueron escapando por el retrete. Mes a mes, tuvo que ir pagando las letras hasta que llegó el momento en que no tuvo con que pagar.
Después de tres meses de impago, le llegó una carta de embargo. Diego fue a su oficina, muy preocupado. Se sentó a hablar con el director, un buen amigo suyo. Tras hablar un rato y comprender la situación, le dijo a Diego que hablaría con sus superiores para detener todo el proceso. Le dijo que intentaría darle todo el tiempo posible. Diego se lo agradeció y se fue a casa más tranquilo.

Hace más de 4 años

0

3
#9

Unos días más tarde, llegó a casa una segunda carta. Fue de nuevo a la sucursal y se encontró en el despacho del director a un joven. Cuando le preguntó por Anselmo, el director, el pipiolo le dijo que a Anselmo había sido jubilado y que él era el nuevo director de la oficina. Diego se sentó y le explicó su problema. El joven ni lo miró a la cara mientras Diego hablaba. Al parecer tenia algo muy importante que hacer en el ordenador, no dejando de teclear ni un instante mientras Diego se desahogaba. Cuando acabó, el joven director se dirigió a Diego y con una amplia y falsa sonrisa le dijo que no podía hacer nada y que si no pagaban, el banco les quitaría su casa. Diego se levantó sin hablar y salio del despacho. Aturdido, choco con uno de los empleados más antiguos de la sucursal, que le contó que a Anselmo le habían obligado a jubilarse. Le dijo que había hablado con sus superiores de su caso y les había dicho que no podían hacerle eso a una pareja de ancianos que habían sido fieles toda la vida al banco. Al día siguiente de la discusión, llegó un hombre mayor con un traje italiano de una marca prohibitiva y, casi de su mano, el joven que era actualmente director. Hablaron con Anselmo y le comunicaron al personal que a partir de esa mañana ese joven sería el nuevo director. Al parecer, era hijo de un pez gordo de la sede central del banco. Sólo atesoraba la experiencia para el puesto que le daba su ilustre apellido. En España, normalmente, eso era más que suficiente.

Hace más de 4 años

2

2
apoptosis
Rango13 Nivel 62
hace más de 4 años

Genial @FranciscodeAsisMerchan echaba de menos una historia desgarradora y realista. Me hierve la sangre. Con ganas de seguir leyendo pronto esta historia! Saludos


#10

Diego puso una sonrisa torcida en el rostro. Anselmo siempre había sido una buena persona. Y eso, en estos tiempos, era bastante peligroso. Llamó a sus hijos y les expuso la situación. Pablo no levantó la cabeza en toda la charla de su padre. Estaba avergonzado. Su hermano mayor le dijo a su padre que conocía un buen abogado. Fueron a verle y el hombre fue muy amable. Y también muy claro. No había nada que hacer. El banco tenía la sartén por el mango y sólo era cuestión de tiempo. Lo que si les dijo era que podían dilatar el proceso unos meses. Diego se negó, se levantó, le dio la mano y se despidió del abogado. Se fue a casa derrumbado y abatido.
Al poco tiempo llego la carta definitiva del Juzgado. 13 de Junio. Esa era la fecha en que vendrían del juzgado a desahuciar la vivienda. Algo más de un mes. Con más pena que alegría Diego se puso a buscar residencias de ancianos. En todas les pedían de 1500 euros en adelante por los dos. Fueron pasando los días y Diego empezó a empaquetar las cosas sin saber muy bien hacia donde ir. No esperaría allí sentado a que vinieran a echarlo de su casa. Se irían antes.
-¿Dónde vamos, cariño?- dijo Ana con una sonrisa vacía desde el asiento del copiloto.
Aquella pregunta devolvió a Diego a la realidad. Lo cierto es que estaban en el coche y no tenían ni donde ir. Diego no sabia que responder.
-Nos vamos de vacaciones, mi vida- respondió Diego con amabilidad.

Hace más de 4 años

1

3
ParaP
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 4 años

Muy real y muy triste... leña al fuego para un país en llamas. Me gusta mucho


#11

Su mujer sonrió satisfecha. Arrancó el coche y salió del aparcamiento. Sus hijos pensaban que habían encontrado una residencia en las afueras y pensaban que allí era donde se dirigían. Pero no era así. Fue conduciendo por todos los lugares de su barrio, despidiéndose de cada esquina. El quiosco, el bar, la tienda de ultramarinos,...era la ultima vez que vería todo aquello. Condujo un par de manzanas más y detuvo el coche en una esquina. Le pidió a su mujer que esperase en el coche. Antes de salir de su viejo coche cogió su pistola Parabellum P08 Luger, la cargó y se la metió en el bolsillo de la chaqueta. Era un recuerdo de la segunda guerra mundial que su padre había comprado cuando era joven. Todavía funcionaba. Un par de semanas atrás las probo en un campo de la periferia. La noche anterior la preparo a conciencia. La desmonto, la limpio y la engraso pieza por pieza como su padre le había enseñado hacia más de 50 años. Debía estar preparada y perfecta.

Hace alrededor de 4 años

0

2
#12

Empezaba a apretar ya el calor. Cuando estaba a solo unos metros de la sucursal, Diego miró a ambos lados de la calle y, cuando se aseguró que estaba sólo, sacó la pistola. Miro la característica forma de la Luger. Aunque nunca había sido un entusiasta de las armas ni las parafernalias militares, había que reconocer que la pistola era muy bonita. Era negra, reluciente y con un precioso mango de madera. Su cargador tenía ocho mortales balas en su interior. Aunque esperaba necesitar sólo una. Que fácil iba a ser todo después. Su mujer podría tener toda la ayuda que necesitase y estaría siempre bien atendida. Y también sus hijos estarían mucho mas tranquilos. Y lo más importante es que aquellos seres viles y despreciables, dueños del banco, quedarían con la conciencia cargada de remordimientos. Un disparo y todos sus problemas y preocupaciones desaparecerían. Sudaba. Miro un par de veces más a ambos lados de la calle y observó que no había ni un alma. Aunque no era precisamente un católico modelo y llevaba años sin pisar una iglesia, se persigno, exhalo un profundo suspiro y se fue derecho hacia la oficina.

Hace alrededor de 4 años

0

2
#13

Justo antes de entrar, se puso el gorro y la mascara de aquel divertido superhéroe que tanto gustaba a sus nietos. Entro en la oficina, cerro la puerta y echo el pestillo. Saco su pistola y comenzó a gritar.
-¡Manos arriba, esto es un atraco!- gritó Diego con el corazón desbocado. Todos los empleados se quedaron atónitos. Para demostrar que iba en serio Diego disparo contra el techo. Un trozo de techo se desprendió y casi le cae en la cabeza.“Mierda de pladur” pensó mientras avanzaba hacia los empleados. Encañono al cajero y le tiró una vieja bolsa de deporte encima del escritorio.
-¡Llénala, rápido!- espetó Diego mientras le apuntaba al pecho. El hombre, con las manos temblorosas empezó a llenar la bolsa de dinero. Era mes de paga extra y a los jubilados les gustaba llevarse el dinero en efectivo. El banco esos días tenia mucha cantidad en “cash”. Y Diego lo sabia. Un viejo amigo que sabia algo del tema y que recientemente había sido jubilado forzosamente de su antiguo puesto de director de sucursal se lo había contado al abrigo de un chocolate con churros. “Si alguien quisiera atracar el banco en esos días, sería un pelotazo” dijo el hombre.

Hace alrededor de 4 años

0

3
#14

Minutos después la bolsa de estaba a rebosar. Diego se la cogió al cajero y la cerró. Pesaba un quintal. Empezó a recular en dirección a la puerta mientras apuntaba al personal del banco cuando alguien por detrás le intentó agarrar. Diego, con una agilidad innata para su edad, se zafó y le dio con la culata de la Luger en la cabeza. Era el joven director de la sucursal. Cayó al suelo gimiendo y sangrando abundantemente. Diego le apuntó y durante un segundo dudo. Podía cargar con un atraco en su conciencia pero no con el asesinato de un niño de papa. Por mucho que se lo mereciese. Abrió la puerta del banco y salió. Cuando apenas llevaba 10 metros andados en la calle, se giró y vio que nadie le seguía. Se quito la mascara y la metió en la chaqueta junto con la pistola. Las piernas le temblaban. Al llegar a la esquina, la dobló y se fue directo al coche. Allí estaba Ana, feliz desde su ignorancia, sonriendo. Se montó en el coche y arrancó. Al principio su corazón latía como si se le fuera a salir del pecho. Esperaba encontrarse en cualquier momento una patrulla de policía persiguiéndole o una barricada cortando la calle. Mucho Hollywood has visto, viejo lobo. Pero no fue así. Poco a poco su corazón fue bajando de pulsaciones y Diego, se fue tranquilizando. Se iba a la playa con su mujer. Quería que en sus últimos días, estuviese feliz y contenta. Siempre le encantó Torremolinos. Sus intricadas calles y callejuelas atestadas de puestos de ropa, adornos y figuritas de toreros y flamencas. Sus largas y bonitas playas y la benevolencia de un clima cálido. Un par de horas después, mientras paraba a echar gasolina, Diego escuchó el noticiario en la televisión de la gasolinera.

Hace alrededor de 4 años

0

3
#15

-“...noticia de última hora. Siguen buscando al atracador del banco Central esta mañana en Córdoba. Se busca a un joven de unos 25 a 30 años atlético y corpulento. No hay imágenes de vídeo del atraco porque la sucursal tenía las cámaras averiadas desde hacía tiempo y no se habían reparado con el fin de reducir costes. El ladrón, que actuó con mucha rapidez y agilidad, se llevó un botín que se calcula en unos 180.000 euros. En otro orden de cosas, el FC Barcelona juega esta noche...”. Diego sonrió para sus adentros. Ya no tenia ni que contar el dinero. Con su pensión y ese colchón sería más que suficiente para disfrutar los últimos años de sus vidas. La noche antes de todo aquello había hablado con su hijo mayor. Había intentado quitarle la idea de la cabeza, pero no pudo. Diego había tomado su decisión.
Un par se semanas después del atraco, llegó al buzón del hijo mayor de Diego una preciosa postal de una bonita cala de la costa del sol. En ella sólo estaba escrito “Besos. D y A. Os queremos”.

FIN

Hace alrededor de 4 años

0

2