AL_Garcia
Rango10 Nivel 49 (5936 ptos) | Fichaje editorial
#1

Rocé a tientas la fría madera de la mesa, donde en una esquina reposaba tranquilo el libro que contaba nuestra historia.
Dudé si leer o dejarlo estar, otra vez, pero aquel tacto de terciopelo que poseían sus tapas me atraía tanto cómo tú una mañana de Enero tumbado en mi cama. Bueno no, miento, tú siempre me has atraído más que cualquier cosa del mundo, para qué mentir.

Suspiré varias veces y al final decidí tomarlo entre mis manos y abrirlo por la primera página que el destino decidiese. Justamente la peor de todas, dónde había una foto en blanco y negro nuestra.
La cogí con miedo y mis manos comenzaron a temblar cuando el papel resbaladizo tocó mis dedos y cómo si de un acto reflejo se tratase comencé a llorar mojando el papel.
Ni las lágrimas eran capaces de borrar el recuerdo, de difuminar todo aquello que ahora tanto dolía.

Así me sentía yo, el tiempo no había sido capaz de borrar el recuerdo, de difuminarte a ti y a todas tus promesas que nunca se cumplieron.

Así seguía yo, aferrandome a un libro lleno de letras que más que ayudar; torturaban.

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Benny
Rango7 Nivel 32
hace casi 5 años

Escribes muy bien, ánimo con este relato :)

Nick
Rango1 Nivel 1
hace casi 5 años

wow, excelente inicio. Espero ansioso más.


#2

- ¿No quieres bajar a desayunar? - preguntó mi madre apoyada en el marco de la puerta.

Aunque estaba de espaldas sentada en la cama sabía que mi madre tenía esa expresión de preocupación que se le había incrustado en el rostro desde que tu y yo no fuimos más "nosotros"

- No - murmuré escondiendo el cuaderno debajo de la camiseta de mi pijama.
- ¿Seguro que no? -insistió como cada mañana- Jaime ha hecho tortitas

Bufé enfadada al oír su nombre. Él era el hijo de la nueva pareja de mi madre y aunque se esforzaba todo lo posible por agradarme había algo en él que me inspiraba desconfianza.

- No quiero tortitas - dije seca levantándome y caminando hasta el armario. Vi por el rabillo del ojo cómo mi madre seguía en la puerta. Con mucho cuidado guardé el libro entre los jerseis y me giré.
- Cielo -susurró mi madre al ver mis ojos rojos y al borde del llanto- Ven aquí - suplicó con los brazos abiertos y sin pensármelo ni un segundo me abracé con fuerza a ella.

En cuanto mi mejilla rozó su camisa de flores, cómo si de una orden se tratase, mis lágrimas comenzaron a salir fuertes de mis ojos cómo si fuesen un río. Mi cuerpo convulsionaba y mi madre únicamente paseaba sus manos por mi pelo intentando que yo encontrase el consuelo que necesitaba en aquellos momentos.

- Todo está bien, mi niña - dijo con angustia pero era mentira, y ella lo sabía. Nada estaba bien desde que tú no estabas.

- Lo siento -murmuré limpiando las lágrimas con el puño de mi pijama- Bajaré a desayunar

Mi madre me miró con sus preciosos ojos chocolate y me sonrío. Sin apenas esfuerzos le devolví la sonrisa que se convirtió en una mueca ridícula aunque mi madre la diese por válida.

La vi desaparecer por el pasillo y me sentí la peor persona del mundo. Mi madre estaba sufriendo tanto o más que yo, ella odiaba verme llorar y me lo había dicho en contables ocasiones pero ella debía entender que yo otra cosa no podía hacer.
Que yo ya no te tenía y a mi eso me dolía.

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace casi 5 años

Super sensible


#3

El desayuno fue cómo todos, algo silencioso donde lo único que hacía acto de presencia era el tintineo de los cubiertos contra los platos. Incluso Jaime había permanecido callado durante el desayuno obviando sus típicos comentarios sobre el partido de rugby del equipo en el que jugaba.

Me ofrecí voluntaria a fregar los platos ya que no quería volver a enfrentarme sola a otro incómodo silencio con Jaime y Will.
Mi madre no tardó en aparecer por detrás y besar suavemente mi mejilla cómo solo ella sabía hacer. Le sonreí esta vez de verdad y sus ojos parecieron iluminarse por unos segundos que me parecieron eternos.
Me vi reflejada en sus pupilas y comprendí que esa realmente era yo, un simple reflejo de mi madre.

Ella con cuidado apartó un mechón que se había escapado del moño improvisado que llevaba y permaneció en silencio hasta que acabé de fregar los platos. Con el último cubierto en la mano permanecí un par de segundos, observándome en el lado convexo de la cuchara.
Se veía a una chica triste, con las ojeras demasiado marcadas y el rostro algo más delgado y pálido de costumbre, y sin querer-queriendo te imaginé a ti detrás de mí, sonriendo por encima de mi hombro, con tus brazos rodeando mi cintura y tus manos atadas a la altura de mi ombligo. Me sonreías y besabas el hombro que quedaba descubierto por el ancho y cómodo pijama que acostumbraba a usar. Seguías besando, aprovechando cada segundo de nuestro tiempo por si venía mi madre de improvisto y tenías que retirarte rápidamente.
Yo te miraba y sonreía, cómo una tonta enamorada del amor de su vida.

Dejé de ver mi reflejo cuando mis ojos se empañaron y comenzaron a desbordarse mojando nuevamente la cuchara.
Un quejido de dolor escapó de mis agrietados labios y mi madre corrió a abrazarme. La cuchara chocó contra el fregadero y el silencio se rompió por un fuerte llanto que calló mi madre apoyándome contra su pecho.

Lloré durante varios minutos que parecieron horas y cuando creí que no saldrían más lagrimas me alejé de mi madre. Ella con dulzura retiró las lágrimas que quedaban con sus pulgares y me recolocó un mechón imaginario.

Me separé de ella sin articular palabra y subí rápidamente a mi cuarto.


#4

La puerta se abrió con cuidado y para mi sorpresa fue Will quién apareció tras de ella. Sin moverse me avisó de que teníamos que irnos al estudio de grabación. Suspiré y asentí levantándome de la cama, colgué de mi hombro la guitarra y salí.
El trayecto hasta el estudio fue cómo todos, silencioso y asfixiante, nada que ver con los que compartíamos cuando tú me acompañabas. Entonces íbamos riendo, cantando y dándonos pequeños besos escondidos detrás de los reposa cabezas. Aquellos si eran buenos viajes y no esto.

- Ya hemos llegado, cielo - anunció mi madre. Le sonreí sin ganas y bajé del coche caminando directa hacia la sala que estaba específicamente reservada para mi.
- Phoebe -gritó mi tío entusiasmado cuando me vio entrar por la puerta- ¡No te esperaba tan pronto! - me estrechó entre sus brazos y me dejé abrazar. Mi tío era uno de los jefes de Splash Sonic, el estudio de música que produciría mi primer disco.
- Ya sabes cómo es mamá - dije poniendo los ojos en blanco. Snek me miró y sonrió cómo un niño pequeño.
- Vamos para dentro

Entré con él a la sala y me sentí cómo en casa, por primera vez en tres meses había accedido a retomar la producción del disco y parecía que a todo el mundo le había agradado mi decisión.

- Bien -dijo mi tío viendo algunos papeles sueltos- Creo que lo dejamos por "Between your hands". ¿Qué te parece si comenzamos por ahí?

Sin mirarme asentí y me obligué a sonreír. Snek era la única persona que no me preguntaba por mi estado de ánimo 30 veces al día por lo que le estaba muy agradecida e intentaba poner todas las ganas posibles en el disco, ya que para él era muy importante.
Los primeros acordes resonaron por mis auriculares y sentí el impulso de salir corriendo y olvidar aquella estúpida idea pero no podía, porque te lo había prometido, te juré que cumpliría mi sueño y por desgracia; yo soy de las que cumplen sus promesas.

Llegó el turno de cantar, abrí la boca pero ni un solo sonido salió de mis cuerdas vocales. Miré a mi tío con angustia y él me dedicó una sonrisa de apoyo. Cerré los ojos, suspiré fuerte y la primera estrofa salió cómo si fuese un susurro;

- Isn't the typical story, here the girl never knew her blue prince

#5

En cuanto la canción llegó al estribillo me vi incapaz de seguir cantando por lo que le pedí a mi tío un descanso. Sabía que habíamos empezado hacía unos diez minutos pero necesitaba con todas las fuerzas salir a tomar aire.
Asintió no muy convencido y corrí hacia una de las puertas de emergencia que daban a una escalera que posteriormente me llevaría hasta la terraza.

Respiré entrecortadamente, apoyando mis manos en mis rodillas y doblando toda mi espalda. Alcé la vista y vi una figura en una esquina lejana, podía verse perfectamente cómo aquella persona estaba fumando.

- Como te pillen te matarán - canturreé.

Jaime escondió el cigarro cómo si fuese un acto reflejo pero inmediatamente volvió a colocarlo cerca de su boca.

- Por eso lo hago a escondidas -dijo sin más- Porque sé que si tú madre me pilla, el mío me mata
- Tienes ya 19 años, no tienes por qué ocultarte

Jaime me miró y negó la cabeza sonriendo. Ambos sabíamos que ocultarse era la mejor opción porque tanto su padre cómo la mía no veían bien que fumasen los adolescentes.

- ¿Me das? - pregunté en dos tonos más bajos al que solía utilizar cuando hablaba.
- ¿En serio? -intentó reprimir una carcajada pero no aguantó más y dejó que saliese libre haciendo que mis mejillas ardiesen de vergüenza- ¿La pequeña princesa también fuma?
- Que te den - gruñí cogiendo el cigarro y dándole una larga calada.
- Puedes acabártelo -dijo levantándose del suelo y limpiando sus pantalones- Parece que tú lo necesitas más

Le sonreí débilmente y me apoyé en una de las columnas que adornaban la superficie. Jaime llegó a mi y se paró enfrente, revisando cada gesto que hacía.

- Me pones nerviosa - mascullé mirando hacia otro lado y apartando algunos mechones que volaron por el aire.
- Es que nunca pensé que te llegaría a ver con un cigarro
- Hay muchas cosas que crees seguras pero luego no lo son - contesté. Aquella frase iba con segundas y él lo sabía.

La colilla cayó al suelo a la vez que una lágrima caía en mi sweater. Sin ser consciente me vi reflejada en aquella colilla, que se había quedado abandonada una vez que ya no servía y tú el supuesto adicto a la nicotina -o a mí-.